A Júpiter le sale un ojo gigante


ABC.es

  • La imagen ha sido captada por el telescopio espacial Hubble y la NASA la ha elegido como foto del día
A Júpiter le sale un ojo gigante

NASA / ESA / A. Simon (Goddard Space Flight Center) El ojo gigante en Júpiter

El telescopio espacial Hubble de la NASA ha captado una extraordinaria imagen de Júpiter en la que el planeta gigante, el más grande de nuestro Sistema Solar, parece mirar a la cámara con un solo ojo de cíclope.

El fenómeno tiene una explicación. El pasado abril, el Hubble observaba la gran mancha roja del planeta, una tormenta circular anticiclónica más grande que la Tierra en la que los vientos alcanzan velocidades de cientos de km por hora, cuando la sombra de Ganímenes, luna de Júpiter, se extendió por el centro de la tormenta. Esto dio al planeta gigante la apariencia misteriosa de ser un cíclope, con un enorme ojo de 15.000 km de diámetro.

La fotografía ha sido escogida como imagen del día para la NASA.

Guía de supervivencia para el fin del mundo


A estas alturas ya sabrá que el mundo se nos puede ir al cuerno en cualquier momento. No me refiero al planeta, que también, sino a la sociedad. A eso que tan pomposamente llamamos civilización.

El centro de investigación Goddard Space Flight Center de la NASA está trabajando en ese escenario. Para ello, informa The Guardian, ha creado un grupo de trabajo conformado por científicos e investigadores de ciencias sociales. Su misión consiste en analizar las caídas de los grandes imperios (el romano, el mesopotámico, el gupta), en busca de los motivos de su colapso. Han buscado los patrones para ver si, como parece, también nosotros convivimos con ellos.

Dicen los expertos que la amenaza no es baladí. Hay cuatro indicadores en alerta roja desde hace tiempo. El más popular, quizá por la espectacularidad de sus imágenes, es el cambio climático. A todos se nos encoje el corazón cada vez que vemos un inmenso glaciar resquebrajándose en el telediario. Siempre con sonido directo. Catacrac, resuena el hilo, y ahora vamos con los deportes.

El segundo indicador es la crisis energética que, de un tiempo a esta parte, va ganando terreno en el imaginario colectivo. El planeta empieza a quedarnos pequeño y, por el momento, no tenemos un plan B.

Lo cual nos lleva al tercer indicador del colapso: la superpoblación. Usted y yo compartimos esta pálida mota azul con más de 7.000 millones de almas. En su informe World Population Prospects, la ONU pronostica que para el año 2050 contaremos con nada menos que 9.600 millones de bocas humanas sobre la Tierra. El doble (¡el doble!) que en 1985.

El cuarto y último indicador está enterrado en una brecha, la que separa el mundo pobre y el mundo rico. El informe de Oxfam Intermon pone números, muchos números a la tragedia, pero, en realidad, basta con dos: el 1% de la población mundial posee casi el 50% de la riqueza.

Planes para evitar el desastre

Por supuesto, hay gente, gente lista y competente trabajando en cada uno de estos potenciales desastres. Existen planes para combatir el cambio climático. Está Kioto, que cumple todo el mundo menos quien con más motivo debería cumplirlo. También se está trabajando en la búsqueda de fuentes de energía alternativas, y hay empresas buscando petróleo hasta debajo de los océanos.

El problema del absurdo reparto de la riqueza no está tan encarrilado, aunque sí es cierto que existen numerosos programas para reducir la pobreza en el Tercer Mundo. Bill Gates, el informático reconvertido en superhombre, asegura que, si la cosa no se le tuerce, en 2035 casi no habrá países pobres. Bien, ojalá sea así.

La superpoblación es una cuestión todavía más peliaguda si cabe, ya que nadie parece tener un plan al respecto. Ni siquiera la agresiva política de hijo único de China parece la solución. De hecho, hace unos meses el gobierno chino relajó esta medida, permitiendo tener dos hijos a determinadas parejas.

El Goddard Space Flight Center ha agrupado toda esta información para buscar en ella ecos de anteriores desastres. Su estudio, que pronto verá la luz en forma de publicación científica, quiere convertirse en la guía de supervivencia para el fin de nuestra civilización. Un tratado de la peligrosa deriva del mundo. Esa deriva en la que vivimos cada día mientras estamos ocupados haciendo otras cosas.

Un estudio de la NASA advierte sobre el colapso de la civilización (en pocos años)


El Confidencial

  • EL MODELO MATEMÁTICO DE LA ‘TORMENTA PERFECTA’

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Diversos estudios de todo tipo y condición han remarcado durante los últimos meses el aumento de la desigualdad social en todos los países del mundo o, lo que es lo mismo, la brecha entre ricos y pobres. La organización humanitaria Oxfam informaba hace un mes que la mitad de la riqueza mundial está en manos del 1% de la población, mientras que el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) denunciaba el pasado mes de noviembre que el 20% de los españoles más ricos acapara el 44% de los ingresos.

Las consecuencias de esta creciente desigualdad entre una minoría adinerada y una mayoría empobrecida apenas han sido analizadas, apuntando única y tímidamente hacia un deterioro democrático. Sin embargo, la NASA ha decido rellenar este vacío patrocinando un estudio en profundidad para predecir los efectos de este acusado fenómeno social. Sus resultados dibujan un escenario apocalíptico: “la civilización podría colapsar en los próximos milenios”.

Desde que en 1958 el gobierno norteamericano creara esta agencia, las especulaciones sobre el fin de la civilización siempre miraron hacia el espacio exterior. Hollywood ha sido una de las industrias que más han rentabilizado estas visiones agoreras, siendo los impactos de meteoritos en la Tierra o, incluso, las invasiones alienígenas, las grandes estrellas. A pesar de que las amenazas creadas por el hombre siempre han estado ahí, pocos podían pensar que la NASA diese una voz de alerta en esta dirección, la de la autodestrucción.

Dos causas interralacionadas entre sí

El desastre civilizatorio sobre el que advierte el estudio del Goddard Space Flight Center de la NASA, avanzado en el diario británico The Guardian por el director del Institute for Policy Research and Development, Nafeez Ahmed, se apoya en otra pata: el cambio climático o “la explotación insostenible de los recursos”. Ambas causas van de la mano (desigualdad económica y explotación de recursos), denuncia el estudio, que se limita al análisis de la realidad, evitando caer en ofrecer soluciones.

La riqueza no se distribuye de forma uniforme entre la sociedad, sino que está siendo controlada por una éliteEl informe se centra en interpretar los datos para dar una base científica a las tan recurrentes como controvertidas advertencias sobre el colapso de la humanidad. El método de análisis es de carácter multidisciplinar y se basa en el modelo Handy (acotación en inglés de Human and Nature Dynamics), supervisado por el matemático Safa Motesharri, de la norteamericana National Science Foundation.

Entre los factores claves que convierten la actual “civilización sofisticada, compleja y creativa como la actual, en algo frágil y efímero”, se encuentran: la población, el clima y la energía. Todos ellos están convergiendo, dicen, en un proceso que lleva al colapso y que está caracterizado por “la estratificación económica de la sociedad dos bandos, las élites (ricos) y las masas (pobres)”. Asimismo, se subraya el papel que también juega “la insostenible explotación de los recursos debido a la tensión energética”. Es decir, que la brecha entre ricos y pobres se asienta en el consumo excesivo: “La riqueza no se distribuye de forma uniforme entre la sociedad, sino que está siendo controlado por una élite”.

Modificar la situación todavía es posible

El recurrido argumento de que los avances tecnológicos ofrecerán un balón de oxígeno para paliar la carencia energética y la insuficiencia de recursos de un planeta en constante crecimiento demográfico (nucleares, alimentos transgénicos, etc.) también es cuestionado por este estudio. “El aumento de la eficiencia va ligado a un aumento de la extracción de recursos y del consumo de éstos per cápita, por lo que vuelven a compensarse sin resolver el problema”, apuntan.

Los avances tecnológicos van ligados a un aumento de la extracción de recursos y del consumo de estos, por lo que no resuelven el problemaA través de una serie de algoritmos, el equipo de investigadores científicos dirigidos por Motesharri concluye que, sin cambiar el actual modelo político “es difícil evitar el colapso civilizatorio”, y apuntan dos posibles escenarios futuros en los que la población mundial se reducirá drásticamente. El primero a causa de la hambruna, y el segundo debido a la falta de acceso a recursos básicos. Ninguno de ellos se debe a causas naturales, por lo que son evitables asumiendo ciertos cambios que todavía están en nuestra mano.

La falta de agua intensificará las crisis alimentarias en el futuro. (Efe)

La lógica nos llevaría a pensar que las élites no pueden subsistir sin la masa trabajadora, por lo que serían los primeros interesados en evitar su inanición o la falta de acceso a los recursos. Una cuestión para la que también tienen explicación los autores: “El monopolio que ostentan los protegería de la mayoría de efectos perjudiciales de este colapso, al menos durante las primeras fases, por lo que seguirían actuando como siempre”.

Una tormenta perfecta

Estos mecanismos de protección explicarían por qué las élites se mantuvieron al margen de otros colapsos históricos, como el de Roma o el de los mayas, hasta que ya era demasiado tarde, comparan los investigadores. “Mientras que algunos sectores de la sociedad dieron la voz de alarma, abogando por cambios estructurales, las élites y sus partidarios se opusieron”, recuerdan a modo de advertencia sobre las consecuencias históricas de hacer caso omiso a sus predicciones y recomendaciones.

Para estos investigadores ambos escenarios son totalmente evitables si se siguen las políticas adecuadas, como sería “una distribución de los recursos de forma más equitativa” y “una reducción del consumo de recursos hasta niveles sostenibles”. A pesar del carácter apocalíptico de sus advertencias, hay que recordar las coincidentes conclusiones de otra serie de estudios, tanto del ámbito privado como público.

Entre ellos, el Resource Stress de KPMG o el Food, energy, water and the climate: a perfect storm of global events? elaborado por el comité científico del Gobierno británico. Todos ellos coinciden en que la convergencia de las crisis alimentarias, energéticas y del agua podrían crear una “tormenta perfecta”. Sin embargo, todavía se está a tiempo de evitarla, como se insiste en el estudio del Goddard Space Flight Center de la NASA.