Gibraltar. Fortificaciones. Ca. 1745


Compartimos con vosotros otro extraordinario documento de la Biblioteca Nacional donde podemos ver el plan de fortificaciones de Gibraltar.

Relieve por normales y sombreado. – Caminos. – Clave numérica indicando los lugares más significativos representados en el plano

Este mapa se publicó en : The History of Englend by Mr. Rapin de Thoyas. Continued by … N. Tindal. Vol. 4. Pt. 1. p. 664 (The British Museum Catalogue of Printed Maps, Charts and Plans, T. 2 col. 401)

Mapa de los Países del Continente Europeo


El Continente Europeo está situado entre los 35°59′ y los 71°10′ de latitud norte y los 9°26′ de longitud oeste y 40°14′ de longitud este; limita al norte con el océano Glacial Artico, el mar Báltico y el mar del Norte; al este con Asia, de la que le separan los montes Urales, el mar Caspio y el mar Negro (el estrecho del Bósforo, en Turquía, es considerado como la frontera meridional entre Europa y Asia); al sur con el mar Negro y el mar Mediterráneo (el estrecho de Gibraltar, con 14 km, es el punto de mayor aproximación entre Europa y Africa), y al oeste con el océano Atlántico.

Si nos atenemos a criterios estrictamente geográficos, no cabría considerar como incluidas en el continente europeo a las islas Canarias (España) y la de Chipre; las primeras se encuentran frente a las costas africanas de Mauritania, y la segunda se ubica en el Mediterráneo oriental, cerca de las costas asiáticas de Turquía y Siria. No obstante, su historia, cultura y población son europeas (las Canarias pertenecen a España; Chipre es un Estado independiente, aunque los chipriotas son en su mayoría griegos, si bien en el norte de la isla hay una importante comunidad turca.

Un resumen de los datos más significativos del continente:

Superficie total: 10.530.750 km² (5º más extenso).
Porcentaje de la superficie terrestre: 7%.
Extremo septentrional: Tierra de Francisco José (Rusia; 80º 30′ N).
Extremo meridional: isla Gávdhos -Creta- (Grecia; 34º 32′ N).
Extremo oriental: costa del mar de Kara (Rusia; 68º 5′ E).
Extremo occidental: cabo Staalbjerg-Huk (Islandia; 24º 32′ O).
Distancia norte-sur: 4.200 km.
Distancia este-oeste: 5.600 km.
Altitud media: 340 m.
Longitud de costas: 38.000 km.

Islas y archipiélagos adyacentes: Svalbard, Tierra de Francisco José, Nueva Zembla (océano Glacial Ártico); Creta, archipiélago de las Espóradas, archipiélago de las Cicladas, islas Jónicas, Sicilia, Malta, Cerdeña, Córcega, islas Baleares (mar Mediterráneo); Hiiumaa, Saaremaa, Gotland, Öland, Bornholm, Selandia, Fionia, Lolland, Falster (mar Báltico), Islandia, islas Feroe, islas Shetland, islas Hébridas, islas Orcadas, Gran Bretaña, Irlanda, isla de Man, islas Frisias, islas del Canal, islas Azores (océano Atlántico).

Principales sistemas montañosos: montes Urales, cordillera del Cáucaso, montes Metálicos, Selva de Bohemia, montes Sudetes, Selva Negra, macizo del Harz, macizo del Jura, Macizo Central, cordillera de los Alpes, cordillera de los Pirineos, cordillera Cantábrica, sistema Ibérico, cordillera Central, cordilleras Béticas, cordillera de los Apeninos, Alpes Dináricos, cordillera de los Cárpatos, cordillera de los Balcanes, cordillera del Pindo.

Principales ríos: Volga (3.700 km), Danubio (2.850 km), Don (1.967 km), Dnieper (1.950 km), Pechora (1.809 km), Dniester (1.411 km), Rin (1.298 km), Dvina Septentrional (1.255 km), Elba (1.165 km), Vístula (1.047 km), Tajo (1.120 km), Dvina Occidental (1.020 km), Loira (1.010 km), Neman (937 km), Ebro (928 km), Duero (913 km), Oder (848 km), Sena (780 km), Guadiana (744 km), Po (652 km), Garona (575 km), Guadalquivir (560 km). Principales lagos: Ladoga (18.400 km2), Onega (9.600 km2), Vänern (5.582 km2), Peipus (3.550 km2), Vättern (1.119 km2), Oulu (900 km2), Leman (583 km), Constanza (540 km2), Como (150 km).

Monte más alto: Elbrus (5.642 m).

Estados independientes: 45 (Albania, Alemania, Andorra, Austria, Bélgica, Bielorrusia, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Macedonia, Malta, Moldavia, Mónaco, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rumanía, Rusia, San Marino, Serbia y Montenegro, Suecia, Suiza, Turquía, Ucrania, Vaticano).

Dependencias: 2 (Islas Feroe -Dinamarca-, Gibraltar -Reino Unido-).

Regiones geopolíticas: Europa Germánica, Benelux, Europa del Norte, Islas Británicas, Europa Latina, Mediterráneo Oriental, Balcanes, Europa Central, Países Bálticos, Europa Oriental.

Ciudades principales: París (Francia; 10.000.000 habitantes), Moscú (Rusia; 9.000.000), Londres (Reino Unido; 7.000.000), Estambul (Turquía; 6.000.000), San Petersburgo (Rusia; 5.000.000), Atenas (Grecia; 3.000.000), Madrid (España; 3.000.000).

Población: 729.370.000 habitantes (1996) (incluidos los de Rusia, Turquía y Chipre, países cuyo territorio pertenece a Asia en parte o en su totalidad, pero cuyos habitantes son en su mayoría europeos).

Religiones: católicos (Europa Latina, Irlanda, Bélgica, Polonia y sur de Alemania), protestantes (Europa Central, Europa del Norte, Gran Bretaña), ortodoxos (Europa Oriental, Balcanes), musulmanes (Albania, Turquía, Bosnia) y minorías judías en varios países.

Organizaciones políticas y económicas: Unión Europea, Consejo de Europa, UEO (Unión Europea Occidental), AELC (Acuerdo Europeo de Libre Cambio), EEE (Espacio Económico Europeo), Consejo del Mar Báltico, Grupo de Visegrad, Cooperación Económica del Mar Negro, CEI (Comunidad de Estados Independientes).

País más extenso: Rusia (4.552.000 km2) (sin incluir la parte asiática).
País menos extenso: Vaticano (1 km2).
País más poblado: Rusia (237.500.000 habitantes).
País menos poblado: Vaticano (1.000 habitantes).
Ciudad más poblada: París (Francia; 10.000.000 habitantes).
Ciudad más antigua: Atenas (Grecia; f. ant. s. XIII a.C.).

Gibraltar, la deuda pendiente de la independencia de Estados Unidos


ABC.es

  • La devolución de la colonia era condición para que España entrara en la guerra. La batalla que se perdió para nuestro país sirvió para ganar la contienda para EE.UU.

Benjamin Franklin – ABC

La idea de que la independencia de Estados Unidos dependió en una medida importante de hispanos y de la ayuda económica y militar de España ha sido, y resulta aún, una conclusión difícil de aceptar para buena parte de la ideología oficial de Estados Unidos. Lo mismo que Gibraltar era parte del precio. Es significativo que en 200 años los Estados Unidos no hayan sido capaces de desarrollar, con todos los recursos de la ciencia historiográfica, un detalle correcto de la participación hispánica en su proceso de nacimiento.

Sin embargo, sin ayuda exterior masiva los colonos norteamericanos no habrían obtenido la independencia de los Estados Unidos. Al menos no se habría conseguido en el momento en que se produjo y con el protagonismo de Washington, Franklin, Jefferson, Adams o Paine los caracteres que la concibieron en origen, dando lugar a la república que ahora conocemos.

El dominio del mar

¿Habría bastado sólo la ayuda francesa para lograr la independencia? Los datos del conflicto son la más eficaz refutación de esta idea: la alianza entre la rebelión americana y el Reino de Francia carecía de dos ingredientes fundamentales para producir la independencia de las colonias: cantidad suficiente de plata y el dominio del mar. Gran Bretaña era una manzana demasiado grande para la Francia de entonces. Hasta la entrada de España los datos son concluyentes y el Reino de Francia (y la rebelión americana) pasan por una situación crítica, como corrobora el número de buques destruidos y capturados franceses, la escasa dimensión de los posibles combates y sus resultados, la incapacidad de dotar de una asistencia adecuada a sus aliados, la ruina muy importante y poco analizada hasta ahora del comercio marítimo francés asolado por el corso…

En ese momento y en esas circunstancias ayudar a los rebeldes americanos no parecía ningún buen negocio. Además, España limitaba con Inglaterra en 5 continentes, a través del mar… Un conflicto con ese país sería necesariamente mundial y aquella situación amenazaba con repetir los desastres de la Guerra de los 7 años en que La Habana, Manila y Florida fueron saqueadas por fuerzas británicas.

Armas españolas

Sin embargo, Carlos III de España no se mantuvo neutral nunca en este conflicto. Financió desde el primer momento a los rebeldes, los protegió en su territorio, les abrió sus puertos y les dio acceso a sus arsenales. Como investigador, tengo la certeza de que parte de las armas que se dispararon en Lexington por los rebeldes, donde nació la guerra de independencia americana, fueron españolas, proporcionadas a Jeremiah Lee. Otro de los aportes españoles fundamentales fue el desmantelamiento de todas las posibles alianzas británicas en Europa comenzando con Portugal, el tradicional aliado inglés, a Prusia y Rusia.

Oficialmente, España, antes de la guerra, ofertó su mediación imponiendo un reconocimiento de facto de la independencia de Estados Unidos bajo la protección española y francesa con una tregua, muy similar en su concepto a la de los 12 años entre España y las provincias rebeldes holandesas (1609). El Tratado de Aranjuez (15 de abril de 1779) con Francia vinculó finalmente a España con una guerra que no podrá cerrar ningún acuerdo sin que se concierte la independencia de Estados Unidos (artículo 4) y ambas partes se comprometieron a no deponer las armas, ni hacer tratado alguno de paz, o suspensión de hostilidades, sin que hubieran obtenido respectivamente la restitución de Gibraltar para España y la libertad de fortificación de Dunquerque para Francia. Esta propuesta era congruente con el pacto secreto acordado entre los norteamericanos y Francia para que esta última pudiese acomodarse con España. El último esfuerzo británico de apartar a España de la guerra fue la oferta de Gibraltar por el Comodoro Johnson, jefe de la escuadra británica en Lisboa en 1779.

Las colonias americanas sin recursos, sin industria, sin fuerza naval considerable, poco y mal armadas se dieron cuenta que una mera dimensión local del conflicto les era insostenible frente a Inglaterra. El imprescindible teatro europeo fue posible gracias a algunas de las mentes más valiosas de Norteamérica que lo entendieron así y se desplazaron al viejo continente para que el conflicto fuera global.

Batallas decisivas

Por eso en Europa se libraron algunas de las más decisivas batallas de aquella guerra: la guerra económica que tanto debe a España, Francia y Holanda y que desbordó la capacidad financiera del Reino Unido, la de los mares europeos y las plazas de Gibraltar y Mahón. Aquellas fueron algunas de las batallas más sangrientas, duras y costosas de toda la guerra de independencia de Estados Unidos. Batallas invisibles ahora en los libros de historia pero no lo vivieron así los norteamericanos de aquella época.

De hecho, una de las apuestas estratégicas de Benjamin Franklin fue crear una armada de corsarios desde Europa para enfrentar al comercio y los suministros británicos. Varios de aquellos buques corsarios norteamericanos, y con el protagonismo del gran John Paul Jones, padre de la marina de ese país, concebían la lucha por Gibraltar como parte fundamental de la guerra común. No sólo actuaron cerca del Estrecho sino que Jones, además de dificultar el abastecimiento de la plaza, concibió e intentó interrumpir los movimientos de la flota inglesa del báltico por su directa conexión con los abastos a Gibraltar, afirmando que, de haber sido respaldado por el intermediario francés Chaumont, «la bandera española ondearía rampante en Gibraltar». Todo ello, por supuesto, bajo la supervisión y dirección de Benjamin Franklin. El asalto de Gibraltar y Mahón obligó a Gran Bretaña a destinar una inmensa cantidad de recursos económicos y militares para mantener ambas plazas. Cualquiera de las tres expediciones para abastecer Gibraltar por Inglaterra podría haber desequilibrado el balance de fuerzas en América septentrional, impedido la derrota de Yorktown o asegurado el control para Inglaterra del territorio de Nueva York hasta Canadá.

Incapacidad de Inglaterra

El historiador británico Piers Mackesy no dudó de que fue la incapacidad de Inglaterra de dominar el mar lo que posibilitó la independencia. En ese sentido, Gibraltar desvió la atención de recursos que podrían haber permitido el dominio del mar por Inglaterra y que habrían permitido que incluso el general Clinton se enfrentase con éxito a Washington impidiendo que la batalla de Yorktown se hubiera sucedido.

En Gibraltar combatieron más ingleses que en la batalla de Saratoga y casi los mismos que en la de Yorktown. Los costes de mantener la defensa de la plaza fueron ingentes, y hay que tenerlo en cuenta cuando la batalla de Yorktown nunca habría sucedido sin que España no hubiera financiado en esa ocasión a las tropas francesas y a las propias americanas y, desde luego, a la propia flota francesa.

En la pugna por Gibraltar son muchas las expresiones de respaldo de George Washington, Thomas Payne, el mismísimo Benjamin Franklin, el admirable John Adams, incluso su esposa Abigail… Confiaban en que la toma de Gibraltar acabaría definitivamente con la guerra.

Sin embargo, España no consiguió la toma de Gibraltar y la dura negociación por la paz exigió, por su parte, el sacrificio de la exigencia de Gibraltar. La batalla que se perdió para España sirvió para ganar la guerra para los Estados Unidos.

Utrecht, el humillante tratado con el que España perdió Gibraltar


ABC.es

  • Aprovechando la firma del acuerdo de paz entre las FARC y el Gobierno colombiano, repasamos algunos «tratados imposibles» que detuvieron las hostilidades tras un dilatado período de guerra
 Batalla de Almansa, en la Guerra de Sucesión - Wikimedia

Batalla de Almansa, en la Guerra de Sucesión – Wikimedia

«Se acabó la guerra, díganle a Mauricio Babilonia que ya puede soltar las mariposas amarillas». Con esta curiosa frase (una clara referencia al personaje de «Cien años de soledad») fue con la que Luciano Marín Arango («Iván Márquez») selló, hace menos de una semana, la paz entre las FARC y el Gobierno Colombiano. Unas palabras, además, que pusieron fin a más de medio siglo de conflicto. Este acuerdo, sin duda, pasará a los libros como algunos que cambiaron la historia de la humanidad. Entre ellos, el de Utretch, en el que se puso fin a un conflicto dinástico que acabó con miles de personas en nuestro país.

1192: La paz entre Saladino y Ricardo Corazón de León

Desde que el Papa Urbano II promovió la Primera Cruzada en 1095, fueron miles los soldados que partieron hacia Tierra Santa para proteger los denominados Santos Lugares: zonas de peregrinación que estaban situadas en torno a Jerusalén -una ciudad sagrada tanto para cristianos como para musulmanes- y Palestina. Aquella campaña fue exitosa, pues terminó con la conquista de dicha urbe.

Años después, y tras el desastre que significó la Segunda Cruzada para los enemigos del Islam (pues el ejército de la cruz se terminó disolviendo sin haber logrado cumplir objetivos que en principio se habían considerado básicos como la toma de Damasco), los problemas se multiplicaron en 1187 cuando el sultán Saladino conquistó a los seguidores de Jesucristo la ciudad de Jerusalén.

Este gran revés llevó a tres reyes (Enrique II de Inglaterra, Felipe II de Francia y al anciano Federico I Barbarroja) a llamar a las armas a sus ciudadanos para retomar la región y expulsar de allí al invasor musulmán. Aunque el plan inicial se modificó sensiblemente en 1189 tras la muerte del monarca britano (lo que provocó el ascenso al mando de sus ejércitos de Ricardo Corazón de León), aquel fue el comienzo oficial de la Tercera Cruzada. Una campaña, por cierto, que también buscaba recuperar la «Vera Cruz» (los restos de la cruz en la que había muerto Jesucristo), después de que hubiese caído en manos «infieles» tras la batalla de los Cuernos de Hattin.

Federico I Barbarroja
Federico I Barbarroja– Wikimedia

La que fue denominada la «Cruzada de los Reyes» fue, desde sus inicios, una campaña maldita para los cristianos. Así lo pudieron atestiguar los soldados de Barbarroja (quienes tuvieron que ver como -en los primeros meses de campaña- su general y emperador moría ahogado mientras se daba un baño) o la famosa orden de los Templarios (que perdió cientos de miembros combatiendo contra el enemigo).

Con todo, tampoco fue mejor para Saladino, el líder absoluto de las diferentes tribus musulmanas. Y es que, sus soldados murieron a cientos en batallas como la de Konya. Esta tensa situación se recrudeció, más si cabe, con la llegada de Ricardo Corazón de León a Tierra Santa en junio de 1191.

En principio, Barbarroja exigió Jerusalén y la «Vera Cruz», pero rebajó sus expectativas poco después

Lejos de calmar los ánimos, el monarca arribó deseoso de demostrar a los «infieles» que no había fisuras en su moral cristiana. Esa determinación religiosa le llevó, por ejemplo, a aniquilar a casi 3.000 prisioneros sarracenos capturados en batalla después de algunas diferencias con Saladino.

Así se dio pie a un conflicto todavía mayor entre ambos líderes. Un enfrentamiento que provocó multitud de batallas en las siguientes semanas y que -al igual que sucedía con la disputa milenaria entre cristianos y musulmanes- no parecía estar destinado a solventarse. Por el contrario, lo único que se avistaba por entonces en el horizonte era un futuro fabricado con espadas y sangre.

Eso parecía en principio. Sin embargo, las continuas muertes, las enfermedades, los escasos avances en materia militar de ambos bandos y (en definitiva) el hartazgo de Ricardo y Saladino, provocaron que ambos iniciaran una serie de conversaciones para lograr la paz. Y es que, el inglés andaba ansioso de regresar a su amada isla y, por su parte, el musulmán buscaba vivir lo que le quedaba de vida (era ya un anciano) lejos de la contienda.

Así pues, tras el verano comenzó un proceso para detener las matanzas con una carta enviada por el inglés al musulmán. Una misiva en la que, para llegar a un acuerdo, le exigía abandonar Jerusalén, devolver a la cristiandad la «Vera Cruz» y renunciar a los países «allende al Jordán». De esta forma, al menos, lo explica el historiador italiano del XIX Cesare Cantú en su obra «Historia universal».

Saladino
Saladino– Wikimedia

Aunque sus exigencias fueron inicialmente rechazadas (lo cierto es que eran bastante abusivas para la época), aquella carta fue el principio del fin de la Tercera Cruzada. Tras varios tratados fallidos, y un año después (en septiembre de 1192) se firmó un pacto que terminó con las hostilidades y propició que el monarca inglés regresase a su país.

«En septiembre de 1192 se firmaba el tratado de Jaffa. Jerusalén quedaba en manos de Saladino, con garantía de libre acceso para los cristianos al Santo Sepulcro. Los cristianos obtenían su porción de Palestina con capitaldiad en Acre; era la primera división formal del territorio palestino», determina el divulgador histórico Gonzalo Terreros.

1713: El tratado de Utrecht

Para entender el que fue uno de los tratados de paz más destacados de toda la historia de España es necesario retrotraerse en el tiempo hasta el año 1700, cuando el embajador francés en nuestro país envió el siguiente mensaje al rey galo, Luis XIV: «Empeora el Rey Católico. Me dicen que parece un cadáver».

Así pues, se iba a suceder algo inevitable: el fallecimiento de Carlos II (de la casa de los Austrias), y que lo iba a hacer sin descendencia. La inevitable partida de este mundo se produjo el 1 de noviembre de ese mismo año. En principio, y con el testamento en la mano, se estableció que la corona correspondía a Felipe V (Borbón), nieto de Luis XIV.

La solución, en principio satisfactoria, no gustó demasiado a algunos monarcas que vieron como, con el paso de los años, la familia del nuevo rey español podría unir en un bloque una amplia extensión de territorios en Europa.

Felipe V
Felipe V– Wikimedia

«Fue una decisión que levantó suspicacias en varias cancillerías europeas y fue rechazada de plano en Viena por el emperador Leopoldo I, representante de la otra rama de los austrias. La simple posibilidad de que las dos monarquías que se extendían a ambos lados de los Pirineos configuraran un bloque bajo un mismo monarca, algo que no fue desmentido desde Versalles, hizo que en Europa sonaran los tambores de guerra», explica el doctor en historia José Calvo Poyato en su dossier «Los Tratados de Utrecht y Rastatt. Europa hace trescientos años».

Ingleses, holandeses e imperiales formaron entonces la denominada Gran Alianza y propusieron, como alternativa a Felipe V, al archiduque Carlos de Austria (hijo del propio Leopoldo). Así comenzó la Guerra de Sucesión, un conflicto que se empezó allá por 1701 y que no tardó en convertirse en uno de los más cruentos en la historia de nuestro país.

«Fue un proceso lleno de largas y complicadas conversaciones, no siempre celebradas con conocimiento de todos los implicados»

«Se calcula que en esta guerra murieron 1.251.000 personas […]. En el momento de mayor intensidad, en 1710, luchaban cerca de 1.300.000 soldados. Y Francia, la potencia más implicada, llegó a movilizar 900.000 hombres […] entre 1701 y 1713», explica el historiador español Joaquim Albareda Salvadó en su obra «La guerra de Sucesión de España (1701-1714)».

Ya fuera por las muertes, ya fuera por lo extensa que fue la contienda, pocos años después se iniciaron una serie de conversaciones en las que se intentó lograr la paz entre ambos contendientes. Tal y como afirma Poyato en su obra, fue un proceso «lleno de largas y complicadas conversaciones, no siempre celebradas con conocimiento de todos los implicados».

Concretamente, las primeras reuniones en favor de la paz se remontan hasta 1709, cuando se alumbró en La Haya un documento que fue presentado al monarca francés posteriormente. «Entre las exigencias que se le plantearon se incluía que las tropas del monarca francés luchasen contra su propio nieto para expulsarlo de España», destaca el historiador. El galo se negó, pero retiró a los soldados de su país de la Península Ibérica para no entrometerse más de lo necesario y no favorecer un conflicto internacional.

Tratado de Utrecht
Tratado de Utrecht– Wikimedia

Tres años después, tras una extensa lista de intentos fallidos de negociación, comenzó el verdadero camino hacia la paz. Y es que, fue entonces cuando comenzaron las conversaciones que -a la postre- darían como resultado la paz. Estas se iniciaron en Utrecht y, para desgracia general, fueron acompañadas de constantes batallas. Algo lógico en aquellos años, pues se consideraba que cualquier victoria lograda por las armas en el campo de batalla derivaría en ventajas diplomáticas y presionaría todavía más al perdedor a firmar un pacto poco favorable.

En 1713, finalmente, se llegó a un acuerdo entre los diferentes contendientes, lo que llevó a la firma de los tratados de Utrecht y Rastadt.

«Lo acordado en Utrecht, una vez asumido que Felipe V sería rey de España, […llevó a que] los británicos se hicieran con grandes extensiones en lo que hoy es Canadá […]. Por lo que respecta a España se produjeron notables amputaciones territoriales de las cuales dos resultaron particularmente dolorosas. Nos referimos a la isla de Menorca […] que los ingleses habían ocupado en 1708. La otra cesión territorial era la plaza fuerte de Gibraltar, ocupada en el verano de 1704. […]. El llamado “caso de los catalanes” rodó por las cancillerías europeas […] pero el rey se mantuvo inflexible. Consideraba que aquellos súbditos habían faltado al juramento de lealtad que habían hecho cuando […] visitó Barcelona y juró respetar los fueros y leyes del Principado. Consideraba que los territorios que habían proclamado al archiduque habían roto su juramento y se habían rebelado contra su legítimo soberano», añade el experto.

1998: Los acuerdos de paz de Viernes Santo

Las guerras armadas no son solo cosa de la antigüedad. De hecho, a principios del siglo XX comenzó una lucha civil que, durante años, sembró el pánico en las islas de nuestros vecinos británicos. Todo ello, como parte del denominado conflicto de Irlanda del Norte. Una contienda que enfrentó, desde 1968, a los católicos y a los protestantes de la región. ¿La razón? Que los primeros eran partidarios de emanciparse del Reino Unido, mientras que los segundos buscaban seguir bajo el paraguas inglés. A partir de ese momento se desató la violencia en la zona, lo que terminó provocando la friolera de 3.500 víctimas.

La situación de 1968 fue aprovechada por el IRA (Ejército Republicano Irlandés), cuyos miembros dieron rienda suelta a la violencia y a la guerra callejera. «La intensificación del conflicto nacional supuso un nuevo impulso para el IRA, aunque sus disidencias internas dividieron a la organización en dos facciones: el IRA oficial, de ideología marxista y que acentúa la caracterización política de la lucha por la independencia del país, y el IRA provisional, que recalca la necesidad de una profundización de la lucha armada de un contexto ideológico de naturaleza exclusivamente nacionalista», explica el Gerry Adams (el líder del Sinn Féin -el brazo político del IRA durante años-) en su autobiografía.

Mientras esta insostenible situación se recrudecía, se iniciaron conversaciones de paz entre ambos bandos. La mayoría, favorecidas por John Hume (anteriormente presidente de una organización de partidaria de la Defensa de los Derechos Civiles y, entonces, miembro del Partido Socialdemócrata y Laborista). Este político se encargó, a partir de los años 80, de mantener contactos activos con todas las partes del conflicto (entre ellas el Sinn Féin -algo que posteriormente le granjeó el odio de no pocos compañeros- y el gobierno británico). Eso sí, siempre bajo la premisa de que la violencia debía detenerse en favor de las conversaciones políticas.

Tras multitud de negociaciones, se dio un gran paso para la paz el 15 de septiembre de 1997, cuando todos los partidos políticos (también el Sinn Féin) se reunieron para llegar a un acuerdo que empezase a normalizar la delicada situación existente en el país. «La premisa fundamental para poder participar se basaba en aceptar que las organziaciones políticas debían mantenerse al margen de la violencia», explica el divulgador histórico Luis Antonio Sierra en su obra «Irlanda del Norte. Historia del conflicto». En aquellos días, Gerry Adams aseguró que el IRA se comprometía a aceptar una tregua (algo que ratificó después de declarar, en julio de ese mismo año, un «alto el fuego»).

A pesar de las diferencias, 21 meses después (el 10 de abril de 1998) se firmaron los «Acuerdos de Viernes Santo». Un pacto que terminó con la brutalidad que se vivía en las calles y que estableció que serían los ciudadanos los que decidirían sobre el futuro de Irlanda del Norte. Además, se llegó a la conclusión de que era necesario un «compromiso absoluto» de llegar a acuerdos mediante «vías exclusivamente democráticas y pacíficas», y el establecimiento de una Asamblea legislativa autónoma con la capacidad de elegir representantes a los bloques.

Un grabado tallado por neandertales en una cueva de Gibraltar


El Mundo

  • El hallazgo muestra que la capacidad de pensamiento simbólico no era exclusiva de los ‘sapiens’

Grabado tallado por neandertales descubierto en la cueva de Gprham.

Grabado tallado por neandertales descubierto en la cueva de Gprham.

Una cueva de Gibraltar alberga el primer diseño abstracto realizado de manera intencionada por los neandertales que ha sido encontrado hasta ahora. Se trata de un sencillo grabado tallado en la roca de pequeño tamaño, unos 300 centímetros cuadrados: varias líneas cruzadas y paralelas en ángulo recto trazadas en el suelo de una cueva que estuvo habitada por los neandertales, una especie extinta de homínido que convivió con el Homo sapiens. Cuándo dejó de habitar el planeta sigue siendo objeto de debate entre los científicos, que sitúan su desaparición hace entre 41.000 y 24.000 años.

El hallazgo de este grabado supone una nueva prueba de que las capacidades cognitivas de los neandertales han sido minusvaloradas por los paleontólogos durante décadas de estudio de los yacimientos donde se han encontrado restos fósiles de homínidos y de los instrumentos que fabricaban.

Los trazos de la cueva gibraltareña de Gorham mostrarían, según los autores de este estudio con participación española publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que la capacidad de pensamiento simbólico no era exclusiva del Homo sapiens. «Fue un grabado intencional y simbólico, aunque nunca llegaremos a comprender su significado», explica a EL MUNDO Juan José Negro, ecólogo de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y coautor del estudio.

Se muestran convencidos de ello porque han descartado la posibilidad de que las marcas, de hasta seis milímetros de profundidad, fueran realizadas de forma accidental, por ejemplo, mientras cortaban carne o piel con instrumentos líticos. Para averiguarlo, imitaron y repitieron distintos procesos utilizando herramientas originales de los neandertales.

Pensamiento abstracto

Su conclusión es que «para hacer el grabado, hace entre 40.000 y 45.000 años, hicieron falta varias horas de trabajo. Tuvo que pasar la herramienta cientos de veces», dice Negro. «Es un trabajo ex profeso, realizado con un objetivo, por alguien que ya había hecho algo así más veces», añade Joaquín Rodríguez -Vidal, catedrático de Geodinámica de la Universidad de Huelva y autor principal. «Los neandertales eran capaces de pensar, de abstraerse y de representar ese pensamiento», asegura.

Según relata por teléfono el geólogo, el grabado fue descubierto hace dos años. Desde entonces han realizado un estudio exhaustivo para confirmar que su firma es neandertal, una tarea a la que ha contribuido la naturaleza, pues estaba cubierto por sedimentos acumulados en época neandertal: «Los procesos químicos de disolución de sedimento han formado una pátina química de mineral sobre el grabado, que lo ha conservado como si fuera un barniz. Es una circunstancia excepcional», dice Rodríguez -Vidal.

Los paleontólogos creen que neandertales y sapiens convivieron durante varios milenios. Según una investigación publicada en agosto en Nature que examinó fósiles y herramientas de 40 yacimientos europeos, la convivencia duró entre 2.600 y 5.400 años dependiendo de la región. Según sostiene ese reciente estudio, los neandertales se extinguieron hace entre 41.000 y 39.000 años. Sin embargo, otros autores establecen que los neandertales vivieron en Gibraltar hasta hace hace unos 25.000 años. Juan José Negro se muestra convencido de que los neandertales vivieron en Gibraltar, al menos, hasta hace 30.000 años.

Muy parecidos a los ‘sapiens’

Tanto Negro como Rodríguez-Vidal subrayan que cada vez hay más pruebas de que los neandertales se parecían mucho a los sapiens, pese a la creencia tan extendida en el mundo académico de que nuestra especie era intelectualmente superior.

Recientemente se hallaron, también en la misma cueva de Gorham, que se excava desde mediados del siglo pasado, restos de palomas calcinadas que sugieren que los neandertales ya tenían la capacidad de cazar aves y cocinarlas usando fuego.

La cueva de Gorham, en Gibraltar, donde se descubrió el grabado hace dos años.CLIVE FINLAYSON

Asimismo, recuerda Negro, se ha documentado en distintos yacimientos el uso que hacían del fuego, el empleo de pieles para vestirse, la utilización de plumas de grandes aves y garras de águilas reales para ornamentación o la manera en que enterraban a sus muertos, hallazgos que denotan «que tenían comportamientos elaborados y ciertas capacidades intelectuales».

«Con este descubrimiento hemos abierto la puerta a que se reinterpreten hallazgos pasados, evidencias que han podido pasar desapercibidas, que no han sido publicadas o han sido publicadas en revistas secundarias, sobre sus capacidades cognitivas», dice el ecólogo de Doñana.

REFUGIO EN GIBRALTAR

El territorio que hoy es Gibraltar fue hogar de los neandertales durante los aproximadamente 200.000 años que habitaron la Tierra. Allí y en Bélgica se hallaron los primeros fósiles de esta especie. Pero los alemanes que posteriormente encontraron más restos de este homínido en el valle de Neander fueron más rápidos en publicar su descubrimiento y por eso se bautizó como Homo neanderthalensis. Recuerda la anécdota el ecólogo Juan José Negro, que subraya que Gibraltar fue «un refugio para los neandertales», pues su clima se mantuvo estable gracias a su cercanía al mar y a su latitud. «Hemos demostrado que la fauna neandertal era muy similar a la que hay ahora en Doñana».

Qué esconde Gibraltar en sus seis kilómetros de largo


ABC.es

  • El Peñón tiene una Reserva Natural con cuevas, túneles y muchos monos

Qué esconde Gibraltar en sus seis kilómetros de largo

Vista aerea del peñon. ABC

Mucho estos días se está hablando de Gibraltar, un enclave de apenas seis kilómetros que guarda sus secretos en el interior de El Peñón, una enorme formación rocosa de hace millones de años y que atrae a miles de visitantes curiosos por conocer algo más de este territorio británico en el que resulta singular oír hablar a sus gentes inglés con marcado acento andaluz. Pero ¿qué hay realmente en Gibraltar?

Tras cruzar la frontera con España, a la que está conectada mediante un istmo de unos 2 km de longitud, el visitante llega, – no sin antes atravesar literalmente la pista del aeropuerto- hasta el centro de la ciudad.

El punto de partida es Casemates Square. Esta plaza donde estaban los antiguos cuarteles y se almacenada la munición es hoy en día una transitada zona con tiendas de artesanías, cafés, y restaurantes que da paso a la calle Main, el eje principal y peatonal de Gibraltar. Sus 600 metros son un paseo obligado para contemplar los edificios que parecen haberse detenido en el tiempo con sus características ventanas de maderas de estilo típicamente inglés y balconadas de hierro forjado.

Qué esconde Gibraltar en sus seis kilómetros de largo

A pie de calle, las tiendas, muchas de ellas regentadas por hindúes, son el principal reclamo turístico. El tabaco, alcohol, chocolate, informática y artículos de joyería se puede adquirir a buenos precios al estar libres de impuestos.
Para quienes gustan de visitar monumentos son de especial interés la catedral católica de Santa María Coronada y la anglicana de la Santísima Trinidad o el Palacete de los Juzgados.

Reserva Natural de la Roca

Qué esconde Gibraltar en sus seis kilómetros de largo

Pero la visita al Peñón no termina en sus calles. En la mitad superior de la roca está la Reserva Natural, un área protegida donde se encuentra algunos de los lugares más importantes como la Cueva de San Miguel, los Túneles del Gran Asedio, el Castillo Árabe y la Guarida de los Monos. El acceso a esta zona, que es de pago, se puede realizar en coche o bien en teleférico y los macacos serán sus altaneros compañeros de visita.

Cueva de San Miguel

Qué esconde Gibraltar en sus seis kilómetros de largo

La cueva de San Miguel es la más grande e impresionante de las más de 150 que tiene el Peñón. Una de las maravillas es la Sala de la Catedral, llamada así porque las formaciones minerales de sus paredes recuerdan los tubos de los órganos de una Catedral. También destaca la famosa Cueva de Leonora, que se creía que llegaba hasta África y era el enlace subterráneo por el cual los monos llegaron a Gibraltar.

Túneles del Gran Asedio

Qué esconde Gibraltar en sus seis kilómetros de largo

Los túneles del Gran Asedio son galerías de hace 200 años que fueron excavadas a mano con palas, cinceles, martillos y explosiones de pólvora para defenderse de posibles ataques españoles. Hoy en día son más un «parque temático» que reproduce lo que significó la construcción de los mismos con figuras -movimiento y sonido incluido- que muestran la dureza del trabajo en las galerías que fueron terminadas a mediados de 1783. En el colofón del túnel se encuentra la Sala de San Jorge, donde la leyenda cuenta que Lord Napier ofreció un banquete al General Ulysses S. Grant, 18º Presidente de Estados Unidos.

El Castillo Árabe

Qué esconde Gibraltar en sus seis kilómetros de largo

Del castillo árabe original, construido en el siglo X, no queda mucho en pie, tan solo la «Torre del Homenaje» reedificada en el siglo XIV y que en la actualidad puede ser visitada en su interior gracias a una reciente restauración.

La Guarida de los Monos

Qué esconde Gibraltar en sus seis kilómetros de largo

La Guarida de los Monos se encuentra justo en mitad de la Cima de la Reserva Natural del Peñón. No se trata de ninguna cueva sino de un saliente en la carretera donde los animales suelen pasear y los turistas pueden contemplar a esta especial animal en su propio medio. Cuenta la leyenda que si los monos desaparecen de Gibraltar, también lo harán los británicos, razón por la que durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el número de monos disminuyó, Wiston Churchill ordenó trasladar nuevos ejemplares desde el Norte de África.

Dónde Alojarse en el Peñón

Aunque Gibraltar puede visitarse en un solo día -recordamos que tan solo tiene seis kilómetros de largo y 1,2 de ancho- existen cinco hoteles para todos los bolsillos aunque ninguno alcanza categorías superiores si dispone de establecimientos de cuatro estrellas como el O’Callaghan Eliott Hotel, recientemente restaurado y en el centro de la localidad o el Rock Hotel que en su momento fue uno de los más grandiosos de Gibraltar. Otros son el Queen’s Hotel; Bristol Hotel; Cannon hotel o el Caleta.

Una niña permite descubrir vestigios de los primeros moradores de Doñana


El Pais

  • La pequeña encontró piedras que permiten descubrir herramientas y utensilios neolíticos
Imágenes de herramientas y restos de cerámicas que constatan que Doñana fue un espacio habitado hace unos 5.500 años. / JULIÁN PÉREZ (EFE)

Imágenes de herramientas y restos de cerámicas que constatan que Doñana fue un espacio habitado hace unos 5.500 años. / JULIÁN PÉREZ (EFE)

Doñana contaba con pobladores en el periodo Neolítico. La existencia de estos primeros moradores conocidos del ahora espacio natural protegido ha sido posible gracias al hallazgo casual de unas piedras por parte de una niña. Los restos encontrados han resultado ser utensilios de unos 5.500 años: restos de cerámica con elementos decorativos, núcleos y trozos de herramientas de sílex, como un hacha pulimentada encontrada en buen estado de conservación a pesar de llevar milenios expuesta en el manto arenoso del parque.

“Doñana no tiene piedras y descubrirlas nos llevó a pensar que debieron ser transportadas por el hombre. Lo que hay en el espacio natural es un manto de arena que lo cubre todo”, explicó Juan José Negro, director de la Estación Biológica de Doñana. “La niña, una de las pocas que reside en el espacio, halló la piedra y se la mostró a su padre, este me la enseñó a mí y yo, a su vez, a un arqueólogo que precisó que se trataba de un núcleo de sílex. A partir de ahí, rastreamos en la zona y encontramos mucho más, pero ha sido puramente casual”, afirmó el director de EBD.

Los núcleos son una serie de cantos rodados de sílex que los antiguos pobladores golpeaban para obtener pequeñas láminas que usaban como cuchillas y una mano de mortero para molienda de grano. La investigación ha sido efectuada por la Estación Biológica de Doñana (EBD), el Consejo Superior de Investigación Científica (CSIC) y el Museo de Gibraltar, donde también se han analizado las piezas. La Estación Biológica de Doñana participa en el Gibraltar Cave Project, una iniciativa internacional que compara las similitudes del actual ecosistema de Doñana con el que se presentaba en Gibraltar en la época en las que los neandertales habitaron el Peñón.

El hallazgo revela que hace 5.500 años ya hubo actividad agrícola en el espacio protegido. “Se trata de un periodo interesante porque viene a confirmar que esos habitantes de Doñana ya podían tener algún animal doméstico y material para la caza y recolección”, sostiene Negro.Hasta la fecha las investigaciones arqueológicas se habían centrado en los restos romanos, sobre todo, en la localidad del Cerro de Trigo.

Los vestigios fueron hallados en la proximidad de la Vera de Doñana, espacio situado dentro de la Reserva Biológica que custodia el CSIC en el parque. Todas las piezas fueron encontradas en superficie, sin necesidad de realizar excavación alguna.

Los investigadores también barajan la posibilidad de que los materiales hallados procedan de poblaciones del entorno de la Bahía de Cádiz que se desplazaban a la zona para cazar, pescar y mariscar. “Hace miles de años, Doñana no se parecía nada a como la conocemos hoy. Las dunas litorales no se habían formado y la marisma no era tal. Era un lago. Los restos descubiertos quedarán custodiados en Doñana hasta que Cultura decida si los expone al público.

El clima y la biodiversidad de Gibraltar permitieron sobrevivir a los neandertales


El Mundo

Desaparecieron hace 24.000 años

  • Fósiles de plantas hallados en una cueva revelan la riqueza de flora de la zona
  • Hace 24.000 años era un área semiboscosa, muy apropiada para esta especie

l último reducto de neandertales en Europa fue en sureste de la Península Ibérica, donde habitaron hasta hace unos 24.000 años. La existencia en esa zona de una biodiversidad más cálida que en el resto del continente, una flora en la que no faltaban árboles y arbustos, está detrás de su supervivencia, según revela un grupo de investigadores españoles.El estudio, publicado en ‘Quaternary Science Reviews’, está dirigido por el investigador José S. Carrión, de la Universidad de Murcia, quien ha utilizado los restos fósiles de plantas encontradas en la Cueva de Gorham, en Gibraltar, para determinar las especies que había en el Peñón del Pleistoceno.

Carrión, especialista en fósiles de flora, y su equipo han logrado determinar que, mientras el resto de Europa estaba prácticamente congelada, en esa región había pinos, encinas, robles y árboles caducifolios, vegetales que indican que el clima era cálido. Se trataba de un área semiboscosa a la que, según explica a elmundo.es, “los neandertales estaban muy bien adaptados”.

“Esta especie humana no llevaba muy bien los espacios abiertos, que son más propios de nuestra especie. Precisamente, puede que se extinguieran porque el paisaje dominante durante el último máximo glaciar fue muy estepario, y puede que sobrevivieran allí porque era uno de los últimos reductos de vegetación forestal europea“, señala el investigador.

Carrión apunta que hace 24.000 años la temperatura media era 4ºC o 5ºC menor que ahora y que el nivel del mar estaba mucho más bajo. De hecho, las cuevas de los acantilados gibraltareños en las que se refugiaban los neandertales estaban a 10 kilómetros de la costa, y daban a una sabana. Hoy esas cuevas están junto al mar.

Los coprolitos

El trabajo ha sido realizado con la información que aportan los coprolitos, heces fosilizadas de animales, en este caso de las hienas que tenían en el área sus cubiles. Pero ¿cómo llegaba el polen hasta allí?. El proceso, según explica Carrión, es el siguiente: la vegetación lo produce y lo dispersa en el aire y cae al suelo; a continuación, un herbívoro ingiere el polen a través de la dieta (ejemplo comiendo hierba), y luego, a su vez, es ingerido por un carnívoro como la hiena.

Miles de años después llega un paleobotánico, coge el coprolito, lo trata en el laboratorio y extrae los granos de polen de aquella época, de manera que puede reconstruir la vegetación que había.

Investigaciones anteriores ya habían demostrado que los neandertales eran omnívoros y se alimentaban de mamíferos terrestres (conejos, palomas, cabras montesas…) y marinos (focas monje, delfines, peces o mejillones). Se sabe, por los restos encontrados, que también se alimentaban de frutos secos y plantas.

Los paleontólogos consideran que su desaparición se debió a un cúmulo de factores, como el endurecimiento del clima y la falta de diversidad genética, dado que esta última población de neandertales estaba muy aislada.

Junto con la Universidad de Murcia, en esta investigación han colaborado expertos del Museo de Gibralar, del IPHES, del Laboratorio de Arqueobotánica del CSIC y del Instituto Pirenaico de Ecología, entre otros.

Los neandertales cazaban mamíferos marinos


EFE – ADN

Han aparecido restos óseos de focas en un yacimiento de Gibraltar que presentan marcas producidas por la utilización de utensilios de piedra para extraer la piel y la carne

Un trabajo en yacimientos del peñón de Gibraltar ha desvelado que los neandertales también cazaban mamíferos marinos y ha demostrado que esta población y los homo sapiens que les sucedieron “apenas” diferían en su comportamiento.

La investigación, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha sido realizada desde 1995 en el peñón de Gibraltar y los resultados evidencian que los neandertales tenían una estrategia de supervivencia más compleja y superior de lo que, hasta el momento, creía la comunidad científica.

El estudio, publicado en Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, ofrece nuevas pruebas para desterrar la idea de que el homo sapiens fuera el único grupo humano con capacidad para explorar todos los recursos naturales, incluido los marinos, según una nota remitida por el CSIC.

El CSIC ha recordado que siguiendo esta teoría, se ha llegado a defender, años atrás, la influencia de una dieta marina en la evolución del cerebro del homo sapiens. Sin embargo, los hallazgos de este grupo hispano-británico muestran que los comportamientos de las poblaciones gibraltareñas de neandertales “apenas diferían” de las de los asentamientos de homo sapiens en la zona.

Hace 42.000 años

Según el proyecto, los neandertales no sólo explotaban los recursos terrestres, sino que poseían conocimiento sobre la reproducción en tierra de las focas y aprovechaban este período estacional para ocupar las cuevas de Vanguard y Gorham (Peñón de Gibraltar).

En Vanguard, en niveles asociados a los neandertales que datan de hace más de 42.000 años, los paleontólogos han descubierto restos de al menos tres ocupaciones de este grupo.

En ellas, han aparecido restos óseos de focas que presentan marcas producidas por la utilización de utensilios de piedra para extraer la piel y la carne y posteriormente fracturar los huesos para obtener la médula.

En el proyecto colabora la investigadora del CSIC Yolanda Fernández Jalvo, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (Madrid), quien ha explicado que se ha conseguido analizar, también en la cueva de Vanguard, una cuarta ocupación más reciente y de corta duración, donde se han registrado restos de marisqueo de moluscos recolectados en un estuario próximo.

Estas actividades se complementaban con el aprovechamiento ocasional de cetáceos (delfín hocico de botella), posiblemente varados en la costa, y de aves marinas, y con la caza de mamíferos terrestres como cabras salvajes, ciervos, jabalíes y conejos, entre otros.

Se han encontrado restos de mamíferos marinos en niveles asociados a neandertales en Gorham, donde permanecen hasta unos 28.000 años, una época reciente para estos grupos humanos que indica su persistencia en la zona y que posiblemente constituya la última presencia de neandertales conocida antes de su extinción, según el CSIC.

El CSIC ha detallado que dado que la explotación de recursos marinos posibilita una mayor estabilidad en el territorio, los autores “sugieren, además, que la pervivencia de los neandertales hasta cronologías tan tardías en Gibraltar podría ser consecuencia directa de la buena adaptación al medio y, por lo tanto, el éxito de una estrategia económica, social y cultural compleja”.

Asimismo, hay evidencias del empleo del fuego para facilitar la extracción de nutrientes, así como evidencias sobre su alimentación, como sus propias mordeduras en presas de caza menor.