1945 – Batalla de Berlín


La Batalla de Berlín fue la batalla final entre la Alemania Nazi y la Unión Soviética, que trajo como consecuencia directa la rendición incondicional de Alemania ante el Ejército Rojo, el Ejército Rojo tuvo que pelear casa por casa durante toda batalla a pesar de su superioridad numérica. Durante la batalla, el Canciller de Alemania Adolf Hitler se suicidó, así como su Ministro de Propaganda Joseph Goebbels. Se cree que el secretario personal de Hitler, Martin Bormann también murió intentando escapar del cerco.

Hasta el inicio de 1945 el Frente Oriental se había mantenido relativamente estable desde Agosto de 1944 tras las consecuencias de la Operación Bagration. Rumania y Bulgaria habían sido forzadas a rendirse y declarar la guerra a Alemania, además los alemanes habían perdido Budapest y la mayor parte de Hungría. De esta manera el llano polaco fue abierto al Ejército Rojo.

Los comandantes soviéticos, después de su inacción durante el Alzamiento de Varsovia, avanzaron finalmente sobre la capital polaca en enero de 1945. Durante 3 días, con un amplio frente, cuatro ejércitos soviéticos comenzaron una ofensiva a través del río Narew y desde Varsovia. Después de cuatro días de lucha el Ejército Rojo logró vencer la resistencia alemana y comenzó a moverse hacia el oeste, recorriendo hasta 40 kilómetros por día, tomando los estados bálticos, Danzig o Gdan’sk, Prusia del Este, Poznan’, trazando un nuevo frente a sólo sesenta kilómetros al este de Berlín, a lo largo del río Oder.

Un contraataque fallido llevado a cabo el 24 de febrero por el recién creado Grupo del Ejército Vístula, bajo el mando nominal de Heinrich Himmler, permitió al Ejército Rojo apoderarse de Pomerania y eliminar toda la resistencia en la orilla derecha del Oder. Mientras tanto en el sur, los continuos intentos alemanes de levantar el sitio de Budapest fallaron y finalmente la ciudad cayó ante los rusos el 13 de febrero. A pesar de que la derrota era inevitable Hitler seguía ordenando contraataques imposibles, así como la ejecución de tareas irrealizables. Una ofensiva para capturar el Danubio fue llevada a cabo el 16 de marzo sin cumplir su objetivo. El 30 de marzo los soviéticos entraron a Austria y el 13 de abril tomaron Viena.

A pesar de que la producción militar alemana había caído a niveles desesperantes y las reservas de combustible eran más que insuficientes, las tropas alemanas peleaban con mayor fiereza que nunca y por diversas razones. El fanatismo nacionalista y anti-comunista, la humillación que suponía una rendición incondicional y los millones de refugiados que iban a ser capturados por los rusos eran las principales razones que tenía el soldado alemán para oponer resistencia al Ejército Rojo. De esta manera la ofensiva hacia Berlín resultaba más lenta de lo que a Stalin le gustaba. Además la negativa de Hitler a abandonar la capital del Reich obligaba a los generales alemanes a defenderla a todo costo, ya que habían hecho un juramento de lealtad al Fuhrer, el cual también había ordenado no evacuar la ciudad.

Stalin por su parte, hacia creer a Eisenhower que la ofensiva sobre Berlín era una distracción para una real ofensiva sobre Dresde, pero al mismo tiempo urgía a los generales Zhukov y Koniev a capturar la capital del Reich lo más pronto posible para capturar todo lo posible de tecnología nazi en la capital. Durante un tiempo los americanos planearon enviar paracaidistas sobre Berlín para capturarla, pero Eisenhower no tenía deseos de capturar la ciudad antes que los rusos y asegurando que las bajas serían elevadas abandonó el plan.

Preparación de la ofensiva soviética

El 9 de abril de 1945 la ciudad prusiana de Königsberg se rindió al Segundo Frente Bielorruso al mando del General Konstantin Rokossovsky. Inmediatamente después Rokossovsky y sus tropas avanzaron al frente del Oder. La orden de Stalin a sus generales había sido la de avanzar velozmente por un amplio frente, sin dejar espacios en la orilla derecha el río Rin que los aliados occidentales pudieran ocupar primero. Debido a dicha orden se realizó el despliegue de los Frentes de la siguiente manera: El Segundo Frente Bielorruso al mando de Rokossovsky avanzó por el norte, cubriendo el territorio desde el mar hasta Seelow, el Primer Frente Bielorruso al mando de Zhukov avanzó por el área frente a Seelow ya que a él se le había concedido el privilegio de llegar a Berlín primero, por último el Primer Frente Ucraniano de Koniev avanzaba al sur. El ejército polaco aportaba unos 79.000 hombres a los Frentes soviéticos, que sumaban 2,5 millones de hombres en total. La ofensiva también incluía 6.250 tanques, 7.500 aviones, 41.600 piezas de artillería y morteros, 3.255 cohetes Katyusha y casi 100.000 vehículos, la mayoría prestados por los Estados Unidos. Sumándose a esto, los rusos desplegaron unos 143 reflectores de luz que debían cegar a los defensores, así como iluminar el camino a Berlín.

El 20 de marzo Hitler designó al General Gotthard Heinrici como reemplazo de un inoperante Himmler en el mando del Grupo de Ejército Vístula, Heinrici, que era un hábil estratega adivinó las intenciones de Zhukov y preparó tres cinturones defensivos cerca de Seelow, protegiendo una autopista que llevaba directamente a la capital de Reich. Debilitando el frente del Oder en otros puntos, trasladó soldados a Seelow y ordenó inundar la planicie que se extendía entre la población y el río Oder. Dándose cuenta de lo inútil que sería intentar defender esta planicie, movió a todos sus hombres a la colina detrás de ésta y dejó a un puñado para disimular la retirada. La localidad de Seelow era defendida por jóvenes soldados de la Novena División de Paracaidistas, otorgados por Hermann Goering a Heinrici, estos inexpertos soldados sólo tenían dos semanas de entrenamiento en la Infantería y eran dirigidos por expertos pilotos, que no tenían ningún conocimiento de las tácticas de combate terrestre.

Primeras ofensivas

A las dos de la mañana del 16 de abril 22.000 cañones rusos de largo alcance abrieron fuego a lo largo de todo el frente, concentrándose la mayor intensidad frente a Seelow, barriendo cada palmo de terreno en la planicie entre la localidad y el Oder. Para aquel momento Heinrici había retirado el grueso de sus tropas y las bajas fueron pocas. A la luz del alba los tanques rusos acompañados de infantería empezaron a cruzar la pantanosa planicie y a acercarse a la colina, pero los cañones anti-aéreos colocados en la cima de la misma empezaron a diezmar a los tanques rusos y los alemanes empezaron a despedazar a la infantería rusa que se batió en lenta retirada debido al lodo. Por si fuera poco, la espesa niebla que cubría el terreno atenuaba la luz de los reflectores rusos y servía para delatar las formaciones del Primer Frente Bielorruso, más no era suficiente para cegar a los alemanes, como se había planeado…

Mientras tanto en el sur, el Primer Frente Ucraniano de Koniev iba avanzando de acuerdo al plan, empujando hacia atrás al IV Ejército Panzer del Grupo de Ejército Centro al mando del General Ferdinand Schörner, dicha acción estaba afectando peligrosamente tanto a Heinrici como a Schorner, ya que sus Grupos de Ejército se arriesgaban a ser envueltos.

Stalin, molesto por los contratiempos en Seelow, dio permiso a Koniev para liberar Berlín, presionando a Zhukov, que envió sus reservas a combatir, logrando avanzar solamente seis kilómetros. Sin embargo Zhukov siguió presionando, sufriendo enormes pérdidas, y en la noche del 18 de abril sus tropas finalmente llegaron al último cinturón defensivo que Heinrici había levantado. Para el anochecer del 19 de abril el Frente Oriental había dejado de existir y los restos del 9º Ejército y el IV Cuerpo Panzer corrían el riesgo de ser rodeados por el I Frente Ucraniano que avanzaba desde el sur y el I Frente Bielorruso desde el este. Éste último se encontraba a menos de sesenta kilómetros de Berlín y ningún fuerza importante se les oponía. Sin embargo para lograr esto las bajas fueron elevadas, en lo que iba el mes de abril los rusos habían perdido 2.807 tanques.

El sitio de Berlín

El 20 de abril Hitler cumplió 56 años y la artillería rusa alcanzó a Berlín, ocasionando grandes destrozos que superaron a los causados por los bombardeos aliados. El I Frente Bielorruso de Zhukov empezó a rodear la capital alemana por el noreste y el este. En el sur el I Frente Ucraniano de Koniev quebraba el flanco norte del Grupo de Ejército Centro de Schörner. Al mismo tiempo el III Cuerpo Panzer era atacado por el II Frente Bielorruso de Rokossovsky, que se abría paso entre Stettin y Schwedt.

Cuando Hitler se enteró que ciertos elementos del 9º Ejército había tenido éxito defendiendo Cotthus o Cottbus, ordenó que dicho ejército después de derrotar a las columnas soviéticas que se encontraban al norte, regresara al sur y junto con el IV Cuerpo Panzer que se encontraba más al sur, envolvieran al I Frente Ucraniano y lo destruyeran. Después de lograr esta proeza militar Hitler deseaba que las tropas se dirigieran al norte para formar la tenaza inferior que envolvería al I Frente Bielorruso, mientras que el IV Cuerpo SS Panzer comandado por Felix Steiner sería la tenaza superior. Hitler, completamente ajeno a la realidad deseaba que Steiner con 10 mil hombres y unos pocos tanques acabara con una fuerza acorazada diez veces más poderosa. Cuando Heinrici se enteró de esta orden imposible de cumplir, le hizo ver a Hitler que el 9º Ejército lejos de envolver a los rusos iba a ser envuelto por ellos, además pidió permiso para retirar este ejército al oeste, de lo contrario él pediría su remoción del mando.

El 22 de abril Hitler se enteró de que Steiner no había podido avanzar como se había planeado, sufrió un colapso. Después de culpar a los generales de cobardes y traidores, Hitler aceptó finalmente que la guerra se había perdido. Además anunció que se iba a quedar en Berlín hasta el final y que moriría allí. El General Alfred Jodl sugirió que el 12º Ejército de Walther Wenck podría abandonar el Frente Occidental y dirigirse a Berlín para unirse al 9º Ejército al mando de Theodor Busse, Hitler, más calmado, aceptó la idea y envió las órdenes a Whenck y a Heinrici.

Cuando Busse recibió la orden de dirigirse al oeste para encontrarse con Whenck y luego regresar a Berlín, se dio cuenta que el regreso llevaría a un inútil derramamiento de sangre y decidió escapar al oeste para rendirse a los norteamericanos, Whenck estuvo de acuerdo y después de sufrir numerosas bajas pasando de Halbe, Whenck y Busse se dirigieron al Elba, donde los aliados occidentales los capturaron.

Mientras tanto en Berlín, los tanques rusos ya estaba llegando al anillo defensivo de la ciudad, mientras que en el norte el II Frente Bielorruso había avanzado 15 kilómetros más allá del Oder y tenía ocupado al III Cuerpo Panzer. Cottbus se había perdido y para el 23 de abril el 9º Ejército había quedado separado de la ciudad, y parte del I Frente Ucraniano había partido al oeste a encontrarse con el 12º Ejército de Whenck.Para el 24 de abril Berlín quedo sitiada. Hitler encargó al General Helmuth Weidling la defensa de la ciudad.Al día siguiente, el II Frente Bielorruso finalmente cruzó la línea de defensa del III Cuerpo Panzer, y los rusos y los norteamericanos hicieron el primer contacto cerca de Torgau en el río Elba.

Batalla en Berlín

Las fuerzas disponibles para la defensa de Berlín, ahora que Busse había escapado al oeste con el 9º Ejército, eran varias divisiones de la Waffen-SS, restos de varias unidades de la Wehrmacht, jóvenes sin mayor experiencia de las Juventudes Hitlerianas, ancianos reclutados en el Volkssturm, policías, y veteranos de la Primera Guerra Mundial. A pesar de las superioridad numérica del Ejército Soviético la lucha en la ciudad fue muy feroz y se tuvo que pelear casa por casa hasta llegar al Reichstag.

Para la defensa de Berlín se dispusieron las pocas tropas disponibles de la siguiente manera: En el oeste la XX División de Infantería, en el norte la IX División de Paracaidistas, al noreste la División Panzer Müncheberg, al sureste la División Nordland de las SS, al este del aeropuerto Tempelhof, mientras que la XVIII División de Panzergranaderos estaba como reserva en el distrito central.

El resultado de la batalla ya estaba sellado, pero el fanatismo germano impedía la rendición, de esta manera la ciudad sufrió graves daños mientras que el Ejército Rojo avanzaba desde el sureste por la avenida Frankfurter, desde el sur por la avenida Sonnen, desde el sur por la Plaza Potsdamer, y desde el norte acercándose peligrosamente al Reichstag, y por ende acercándose al búnker de la Cancillería donde estaba Hitler. Los lugares donde la lucha fue más intensa fue en el Reichstag precisamente, así como el puente Moltke, y la Alexanderplatz, una fuerte batalla también se libró por la captura de los puentes en Spandau. Los combatientes extranjeros en las SS peleaban con mayor fiereza, ya que sabían que en sus países serían juzgados como traidores y ejecutados.

El 28 de abril Heinrici se negó a obedecer la orden de Hitler de retener Berlín sin importar las bajas e inmediatamente fue relevado del mando y reemplazado por el General Kurt Student.

El 30 de abril los soviéticos llegan al centro de Berlín, y Adolf Hitler se casa con Eva Braun, luego ambos se suicidan.

Finalmente, el General Weidling rinde Berlín el 2 de mayo.

Consecuencias

Los tanques perdidos por los soviéticos superaron todos los cálculos realizados, debido a la eficaz utilización del Panzerfaust, que no fue suficiente para detener el avance blindado sobre la capital. La tenaz resistencia alemana fue quebrada al acabarse las municiones y las tropas.

Una vez conquistada Berlín, los soldados del Ejército Rojo se entregaron a una orgía de saqueos, asesinatos y violaciones, comportándose de la misma manera que los alemanes se comportaron en Rusia. Eventualmente las autoridades soviéticas tuvieron que intervenir y en ese año unos 4.000 oficiales fueron juzgados por maltratos a los civiles. Los soviéticos reportaron unos 25.000 muertos en Berlín, así como 250.000 heridos o enfermos, por su parte unos 450.000 alemanes murieron, incluyendo los civiles, y 100.000 mujeres fueron violadas, desde niñas hasta ancianas.

Los últimos deseos de Hitler, ordenaban que el Almirante Karl Dönitz se convirtiera en Presidente del Reich, mientras que Joseph Goebbels sería el nuevo Canciller de Alemania, sin embargo el suicido de éste último, junto con toda su familia, dejó a Donitz con la responsabilidad de la guerra. Finalmente, el 8 de mayo de 1945, el Alto Mando Alemán se rindió incondicionalmente a Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Soviética finalizando la guerra en Europa.

Fuente: Exordio

El Ministerio de Defensa ruso ha desclasificado decenas de informes secretos sobre las unidades que ayudaron a su país a vencer a Hitler


ABC.es

  • El Ministerio de Defensa ruso ha desclasificado decenas de informes secretos sobre las unidades que ayudaron a su país a vencer a Hitler
 Memorial Normandie-Niemen Dos de los pilotos que viajaron hasta la U.R.S.S. para servir a las órdenes de Stalin

Memorial Normandie-Niemen
Dos de los pilotos que viajaron hasta la U.R.S.S. para servir a las órdenes de Stalin

Es innegable que los franceses no lograron resistir la invasión de la «Wehrmacht» (las fuerzas armadas germanas) poco más de un mes y que solicitaron el armisticio a Adolf Hitler tras apenas 46 días de combates. Sin embargo, también es verídico que –durante la Segunda Guerra Mundial- fueron muchos los galos que se alistaron en los grupos de resistencia que se ubicaban dentro y fuera de la región (las «Forces françaises libres» y la «Résistance intérieure française» que dirían por allí) para combatir al nazismo y expulsar a los invasores de su país.

Además de tropas terrestres, entre aquellos que se decidieron a declinar el colaboracionismo del régimen de Vichy (instaurado por Petain una vez que se sacó la bandera «blanc» y se rindió el país) se hallaban también varias unidades de pilotos de combate. Y, a su vez, entre las mismas se encontraba la unidad «Normandie», un grupo de aviadores que decidieron viajar hasta la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y ponerse allí a las órdenes de Iósif Stalin para enfrentarse a sangre y ametralladora a la «Luftwaffe» (la fuerza aérea del ejército germano).

La «Normandie», desclasificada

Aunque la historia de los valientes de la unidad «Normandie» es conocida desde hace varios años, se ha vuelto a poner de moda gracias a una serie de documentos secretos que ha desclasificado hace pocas jornadas el Ministerio de Defensa de Rusia para celebrar el 70 aniversario de la «Gran Victoria» (la jornada en la que se conmemora la victoria soviética contra los nazis). Concretamente, el gobierno de este país ha publicado multitud de informes sobre la participación de las unidades extrajeras en el Ejército Rojo como combatientes.

Entre los grupos nombrados en los documentos destacan cientos de soldados checoslovacos, rumanos, yugoslavos, húngaros, polacos (con aproximadamente 80.000 voluntarios) y, como no podía ser de otra forma, los franceses. Entre estos últimos se hallan los hombres del regimiento «Normandie», los cuales lucharon desde 1943 hasta 1945 a las órdenes del dictador soviético desde territorio ruso. Su participación fue destacada, pues realizaron más de 5.000 vuelos de combate y destruyeron nada menos que 278 aeroplanos enemigos. Muchos de aquellos hombres, incluso, fueron galardonados con el título de Héroe de la U.R.S.S.

Los documentos son un total de 250 y han sido publicados en una de las páginas oficiales del gobierno ruso. Entre ellos hay órdenes entre oficiales del Ejército Rojo, acuerdos de gobierno entre varias regiones, telegramas o descripciones de combates. Con todo, esta no es la primera vez que los rusos desclasifican una ingente cantidad de documentos oficiales sobre la contienda, pues ya lo hicieron hace algunos años revelando decenas de instantáneas sobre la situación entre la U.R.S.S. y la Alemania nazi antes de la contienda.

Voluntarios al servicio de Stalin

La «Normandie» fue una de las unidades a las que el general De Gaulle (líder de la resistencia francesa exterior desde Gran Bretaña) instó a combatir contra los alemanes –y mano a mano con los aliados- después de que estos tomaran el país en junio de 1940. «Las Fuerzas de la Francia Libre continuaron su lucha contra los alemanes en Egipto, Siria, Líbano, Chad, Libia, las islas del Pacífico por tierra, mar y aire», explican en la página web oficial del museo francés dedicado a la unidad.

Sin embargo, no se pensó en que este grupo de aviadores podría viajar a la U.R.S.S. hasta que Hitler rompió el pacto de no agresión que mantenía con Stalin en junio de 1941 e inició la «Operación Barbarroja» (el asedio del territorio ruso). Así pues, hubo que esperar hasta febrero de 1942 para que el Ejército Rojo aprobase la idea de acoger pilotos galos en sus fronteras. La «Normandie», como así se llamó, fue el tercer grupo de caza de las fuerzas francesas ubicadas en Gran Bretaña y se sumó a los de «Alsace» e «Ile de France».

Así pues, tras extensas negociaciones con la U.R.S.S. la «Normandie» (14 pilotos de combate y 1 de enlace, además de seis decenas en personal de apoyo) se desplazó a 250 kilómetros de Moscú el 2 de diciembre de 1942. «Allí tuvieron que adaptarse a las malas condiciones climáticas. La vida fue muy dura para ellos, que soportaron temperaturas de hasta 30 grados bajo cero sin haberlas sufrido antes. También pasaron escasez de alimentos y adaptarse a volar en condiciones climáticas adversas y de nieve casi constante», se explica desde el memorial francés.

Campañas y glorias

Tras ser aceptados oficialmente por los soviéticos, la «Normandie» participó en su primera campaña a partir del 22 de marzo de 1943. Durante aquellos primeros combates, los pilotos impresionaron, según los documentos oficiales, a la aviación de la U.R.S.S. en las múltiples misiones que llevaron a cabo (entre ellas, la escolta de bombarderos Pe-2 o el simple ataque de posiciones tomadas por la «Luftwaffe»). Y es que, según, parece siempre estaban en vanguardia. No obstante, y a pesar de que sus victorias se fueron acumulando, también lo hicieron sus bajas sufridas, por lo que el 10 de mayo de 1943 tuvieron que ser enviados varios aviadores de refuerzo para suplir a los caídos.

En aquella primera campaña, los pilotos de la «Normandie» lucharon en el frente de Moscú logrando sus cinco primeras victorias y ganando en el mismo número de ocasiones la «Orden de la Guerra Patria». En este período participaron también en la batalla de Smolensk (una ofensiva masiva soviética contra las líneas germanas ubicadas al oeste de la U.R.S.S.) en 116 misiones. A finales de ese mismo año, esta unidad contó con un número de pilotos que difícilmente se igualaría posteriormente (un total de 61).

En esta campaña se destacó, entre otros tantos, el piloto Yves Mahé quien, en 1943, mantuvo un combate aéreo contra tres cazas nazis y, de forma sorprendente, logró escapar tras intercambiar varios disparos contra uno de ellos. Curiosamente, este aviador fue derribado, capturado por los alemanes y condenado a muerte por un tribunal germano (destino que logró eludir tras escaparse). Finalmente, regresó a su país de origen.

Tras un breve descanso, en mayo de 1944 comenzó la segunda campaña de estos aviadores galos, en quienes ya confiaban absolutamente los hombres de Stalin. De hecho, fue por entonces cuando se les dotó con el caza «Yak-3», uno de los mejores aviones soviéticos de la época. El 28 de noviembre de ese mismo año, el mismísimo líder supremo de la U.R.S.S. otorgó a la unidad el sobrenombre de «Niemen» para conmemorar su gran actuación en el cruce de dicho rio por las tropas del Ejército Rojo. Acababa de nacer una leyenda, la «Normandie-Niemen». Sus últimas misiones las realizaron en 1945, año en que los soviéticos iniciaron la reconquista del territorio perdido ante Hitler.

Los pilotos de la «Normandie-Nimen» regresaron a casa con 5.240 misiones realizadas, 273 victorias confirmadas, 36 probables y una ingente cantidad de condecoraciones en su zurrón. A su vez, tuvieron el honor de ser los primeros militares galos en entrar en Alemania.


La «Normandie-Niemen», una unidad de récord

La Numancia alemana: el pueblo donde todo el mundo quiso suicidarse


El Confidencial

  • “Hijo, prométeme que te pegarás un tiro”. Es solo uno de los escalofriantes testimonios que recoge Florian Huber en su último libro, donde se recuerda cómo muchas madres mataron a su propia familia
Jerarquía nazi: Hitler, Goering, Goebbels y Hess, de izquierda a derecha (CC)

Jerarquía nazi: Hitler, Goering, Goebbels y Hess, de izquierda a derecha (CC)

“Hijo, prométeme que te pegarás un tiro”. Así de duros son los testimonios que recoge el historiador Florian Huber, y que sirven para dar título a su último libro, donde trata la oscura realidad que el pueblo de Demmin (en Alemania) trata de olvidar. Cuando los habitantes de esta localidad germana se dieron cuenta de que el Ejército Rojo había ganado posiciones en la Segunda Guerra Mundial y no podrían repeler su ataque, cientos de personas decidieron terminar con su vida con revólveres, cuchillas de afeitar, cinturones al cuello o cianuro. Cualquier cosa antes que sucumbir a los rusos. Todo. Incluso matar a los propios hijos y familiares.

“Los cuerpos cubrían toda la orilla del río Peene”, recoge Huber de Irene Bröke, una mujer testigo de los hechos que en 1945 tenía 10 años. Bröke recuerda que recogían los cuerpos de sus vecinos con carretillas –profesores, médicos, etc.– y después les llevaban a fosas comunes: “No era posible enterrarles de otra manera”. De su testimonio se deduce que la gran cantidad de víctimas hacía imposible la identificación de todas ellas. Junto a las anotaciones de enterramiento se encontraron signos de interrogación que impedían identificar con claridad a los difuntos. “Había que hacer los enterramientos y no había tiempo para confirmar de quién se trataba. Tampoco era posible contactar con familiares o conocidos puesto que ellos también estaban desaparecidos”, comenta el autor del libro. “Mamá, nosotros no, ¿verdad?”, le preguntó Bärbel Schreiner, de seis años, a su madre ante la visión de un caudal repleto de cadáveres.

Huber apunta hacia la “histeria colectiva” como el motivo que llevó a tantas personas al suicido. Las estimaciones hablan de entre 700 y 2.000 muertes autoinfligidas del total de 15.000 habitantes que poblaban Demmin en 1945. Los consejos del ministro de Propaganda de Hitler podrían haber influido en las conductas de las personas que se suicidaron y/o acabaron con la vida de sus familiares. “Mejor la muerte a caer en manos de los rusos”, llegó a decir Joseph Goebbels. Un final rápido no era tan malo como ser víctima de violaciones y bombardeos, tal y como afirmaban las noticias que llegaban de pueblos cercanos que ya estaban bajo dominio rojo.

Cuerpos colgados de las ramas de los árboles

Karl Schlosser también sobrevivió al suicidio colectivo que presenció Demmin durante la Segunda Guerra Mundial. Con 80 años, este alemán ha contado su experiencia en el libro de Florian Huber: “Mi padre había huido con nosotros al monte para evitar estar en el pueblo cuando llegaran los rusos. Días después, cuando regresamos, los cuerpos de los ahorcados colgaban todavía de las ramas de los árboles y más y más víctimas se apilaban en las orillas del río”.

Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler

Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler

Cuando la familia Schlosser regresó a su pueblo, el Ejército Rojo ya había pasado por allí. “De las casas salía un olor putrefacto de los cuerpos de familias enteras que se habían suicidado en el salón”, escribe Huber. A pesar de que habían perdido su hogar a causa de un incendio, Karl, sus padres y sus hermanos no tuvieron problemas para encontrar una nueva morada. “Nos instalamos en una casa vecina. Nadie vino a reclamarla porque todos sus dueños se habían suicidado”.

El caso de Demmin es el suicidio colectivo más numeroso de la historia de Alemania. A pesar de ello, hasta ahora no se había prestado demasiada atención a las personas que pusieron fin a sus días para no caer en manos de los rusos. Sin embargo, el libro de Huber ha removido el pasado y más de 20.000 lectores se han empezado a interesar por el tema comprando el libro.