Viaje a las entrañas de una tumba del Antiguo Egipto


El Mundo

Fue el alto funcionario encargado del cuerno, la pezuña, la balanza y la pluma. Guardián de toda ave que nadara, volara o anduviera. Supervisor de lo que era y no era. El visir Ipi, «amigo único» del rey al que sirvió, acumuló tantos títulos antes de fallecer hace cuatro milenios como negligente fue la Historia con su memoria. Su recuerdo quedó extraviado en la árida ladera del valle que guarda el elegante templo de Hatshepsut, la monarca que fue faraón. La tumba de Ipi, encaramada en la colina rojiza de Deir el Bahari que se extiende más allá de los campos verdes en la orilla occidental de la actual Luxor, es el último legado de su nobleza.

«En Tebas se sabe muy poco de Ipi a pesar de sus títulos llenos de epítetos que pueden resultar rocambolescos y grandilocuentes», relata el egiptólogo sevillano Antonio Morales, profesor de la Universidad Libre de Berlín y director del Middle Kingdom Theban Project que desempolva la memoria del visir.

Son las nueve de la mañana y una cuadrilla de obreros, a las órdenes del rais Ali Faruk, excava el amplio patio que comienza frente al acceso a la sepultura y se desliza montaña abajo. Una hilera de puertas salpica el paisaje cercano. «Todas estas tumbas datan del Reino Medio (alrededor del 2055-1650 a.C.). Suelen tener un patio inmenso de 100 metros que en la parte inferior cerraba con una capilla de adobe», explica Morales mientras deambula por el talud. «Los sacerdotes eran muy listos y evitaron subir todos los días a la cámara funeraria para realizar los rituales de culto al difunto construyendo una capilla a los pies de la colina», bromea.

Entre cazatesoros y arqueólogos

Los enterramientos, horadados en la roca, fueron excavados por el estadounidense Herbert Winlock en los años 20 del siglo pasado al abrigo de una expedición sufragada por el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. El objetivo de su tarea fue, más bien, desvalijar las entrañas de las oquedades con la voracidad de un vulgar cazatesoros. «Los museos querían objetos para sus colecciones y Winlock dedicaba tan solo un mes a cada una de las tumbas. Hasta que en 1923 se descubre el inicio de la rampa del templo de Hatshepsut y el Metropolitan le ordena que baje y comience a limpiar la explanada. Lo que halla allí es un queso gruyere, un caos de sarcófagos, ataúdes y rampas al que se entrega durante años. Las tumbas quedan sin publicar o se divulga información muy pobre e inexacta», replica el egiptólogo, doctorado en la universidad estadounidense de Pennsylvania. Nueve décadas después, el propósito del equipo que lidera es precisamente elaborar el inventario que dejó pendiente Winlock. Un documento que arroje luz sobre la arquitectura del Reino Medio. «Todo el mundo habla de estas tumbas para explicar la arquitectura posterior pero nadie hizo jamás un estudio científico sobre ellas», puntualiza el mudir (director, en árabe).

La segunda campaña, que concluyó el pasado abril, ha comenzado a rescribir la historia de la tumba TT315. «Hemos descubierto que el complejo de Ipi no consistía en un patio rectangular sin estructuras que se alzaba pendiente arriba hasta el acceso de la tumba, con su muro de recinto. Hemos podido rechazar esta hipótesis al encontrar restos de una plataforma que los egipcios excavaron para hundir ambos lados y dejar una especie de rampa central desde los pies de la colina hasta la puerta de la tumba», comenta el egiptólogo. «Hemos hallado -agrega- indicios de una estructura de adobe y piedra que se construyó a la entrada del complejo, a los pies de la montaña. Probablemente se trate de una capilla de culto al difunto». La aventura de exhumar el nombre de Ipi se desarrolla bajo un sol de justicia, en un patio abarrotado de peones en galabiya (túnica tradicional). El egiptólogo local Mohamed Osman es el encargado de auscultar su perímetro. «Estamos limpiando todo el patio para comprobar lo que no se publicó y lo que Winlock desechó, tanto elementos arquitectónicos como objetos de la tumba», narra el egipcio, fascinado aún por la técnica que emplearon sus antepasados para abrirse paso a través de la montaña. «Cuesta imaginar que cortaran tanta superficie de la roca y luego comenzaran a perforarla para lograr el pasillo y el interior», murmura.

De la arena que el tiempo había ido amontonando en el patio ha emergido un primer tesoro: los materiales usados en el embalsamamiento del cadáver de Ipi. «Durante la momificación hay una serie de objetos que entran en contacto con el difunto y que tienen restos de sangre o bitumen. No se pueden tirar porque han sido usados con alguien que va a ser trasladado al más allá, pero tampoco se pueden colocar en la tumba porque es un material impuro que ha servido para extraerle los intestinos o el hígado. Se suelen guardar en otra sala que Winlock localiza y de la que se lleva parte del material. En cambio, lo que no le interesa lo arroja en la puerta de la tumba», indica Morales, entusiasmado con un hallazgo que está siendo examinado con celo. «Se trata de una colección sin igual, con tapones de jarras con sus vendas para sellar líquidos como ungüentos, perfumes y grasas animales; bolsas de tela con natrón [sal empleada para desecar el cadáver o rellenarlo al vaciarle y quitarle los órganos principales durante el embalsamamiento]; cientos de metros de todo tipo de vendas; e incluso el sudario principal del difunto, al estilo de la sábana santa de Jesús, con manchas de sangre, ungüentos, grasas y perfumes usados durante la momificación».

El contenido almacenado durante milenios en 67 vasijas y descartado por Winlock -que será sometido a análisis químico de las manchas, del ADN o la composición del textil- es tan solo una fracción de los vestigios rescatados del olvido. «Hemos recuperado unos 1.500 objetos, entre shabtis [estatuillas funerarias], trozos de ataúdes de época baja o Reino Medio y fragmentos de momia», detalla Morales, el primer arqueólogo español que dirige una misión extranjera en Egipto. De recibir las piezas del puzzle y documentarlas se ocupa Raúl Sánchez, de 27 años, que prepara su tesis en la universidad de Sevilla. «Trabajar aquí es cumplir un sueño y hacerlo en un ambiente internacional resulta aún más interesante», confiesa mientras estudia y cataloga los últimos hallazgos en la carpa plantada en el patio junto a la cadena de obreros que transporta los escombros. A su lado, el egipcio Hazem Sharid dibuja algunos de las piezas recobradas. «Esta es mi pasión. Empecé en las excavaciones con nueve años acompañando a mi padre. Pertenezco a una generación de arqueólogos locales que puede hacer mucho», esboza.

Pequeñas joyas de la historia

A la mesa de Sánchez y Sharid llega hasta el más pequeño de los objetos recuperados del naufragio. Como las cerdas de un cepillo faraónico. «Proceden de la escoba que empleaba el sacerdote para borrar los pasos de la tumba y conseguir que, cuando se cerrara la sala, fuera una cavidad pura donde no quedara rastro humano», arguye el director de la expedición antes de cruzar el dintel e internarse en la sepultura. En su laberinto poco permanece de su geografía primitiva. Las paredes y el suelo del pasillo han sido completamente arrasadas. «Todo estaba forrado en piedra y los muros tenían textos jeroglíficos. Lo destrozaron todo porque posteriormente fue utilizada como cantera», reconoce. Quienes la profanaron tampoco respetaron la sala de culto que se halla al final del corredor ni las losas que recubrían la estancia y ocultaban la rampa hacia la cámara funeraria. «En la sala de culto se colocaría una estatua del difunto recibiendo a los visitantes. El acceso a la cámara quedaría clausurado el último día del funeral», expone. Hoy, en cambio, toda la estudiada estructura queda a la vista, como si hubieran despojado al visir de todos sus secretos. Al final del pasillo descendente, descuella el sarcófago, una mole de tres metros tallada a partir de un solo bloque de caliza y depositada en la estancia. «Sobre el sarcófago -apostilla- se construyó el suelo de la cámara. De hecho, su tapa sería la última lasca de piedra que se colocaría, completando una superficie que evitaría que los saqueadores pudieran acceder a los restos del visir».

El ataúd de piedra fue la única joya que sobrevivió al expolio, con las preciadas huellas de su decoración interior. «Estamos recogiendo los fragmentos para reconstruirlo. Algunos se encuentran en muy mal estado. De momento, hemos descubierto que es el único sarcófago conocido que tiene textos también en la base», avanza Morales, un enamorado de los textos y prácticas religiosas del Reino Antiguo y Medio. «Este ataúd tiene Textos de las Pirámides y de los Sarcófagos. Los Textos de las Pirámides se usan originalmente durante el Reino Antiguo en, por ejemplo, las grandes pirámides de Saqqara. Los Textos de los Sarcófagos aparecen en los sarcófagos del Reino Medio pero, en realidad, son los mismos que usaban quienes no pertenecían a la élite en el Reino Antiguo». En los coloridos jeroglíficos que van surgiendo de su restauración se guarda una de las claves para desentrañar la biografía olvidada de Ipi. «Se ha hablado de que el visir sirvió a finales del reinado de Mentuhotep II (2055-2004 a.C.), el monarca que reunificó el país y desde Tebas fue creando un Estado sólido. Pero también hay quien dice que actuó al principio de Amenemhat I (1985-1956 a.C.), el primer rey de la dinastía XII. La paleografía nos ayudará a desvelar su época».

Los arqueólogos toman las trincheras


El Pais

                          Excavación de un abrigo republicano en la Ciudad Universitaria, Madrid. / UCM

Excavación de un abrigo republicano en la Ciudad Universitaria, Madrid. / UCM

Los efectos de la sexta contraofensiva franquista sobre las posiciones republicanas en la orilla derecha del Ebro fueron decisivos. El joven y capaz coronel Manuel Tagueña, al mando de los 18.000 soldados del XV Cuerpo de Ejército, dirigía las operaciones de retirada republicana en esos días de noviembre de 1938 y, tras la caída de La Fatarella, centra el esfuerzo defensivo en la estratégica línea de Raïmats. Allí se ubica la Cota 562, y en una de sus trincheras, junto con sus compañeros de la 15ª Brigada, Charlie se preparó para el inminente combate, consciente de que el futuro de los que cruzaban el río dependía de su sacrificio. Era más alto de lo habitual y también un poco viejo a sus cuarenta y tantos años entre esos jóvenes de la Quinta del Biberón. Se cercioró de que llevaba su zurrón bien provisto: las granadas polacas y munición para su fusil Mosin Nagant, y se quedó con unos pocos objetos personales: la escudilla para comer, una navaja, el cepillo de dientes y su tubo de pasta, una carta doblada cuidadosamente… En la mañana de ese 15 de noviembre, la 82 División de Franco, después de tres días de bombardeo aéreo sobre la zona, se lanzó rápida contra la Cota 562. Charlie y sus compañeros comenzaron a disparar, respondieron con sus bombas de mano. A su lado cayó una granada del enemigo y trató de devolvérsela pero no hubo tiempo. Le estalló en la mano de manera fatal. Allí mismo quedó sepultado por los soldados de la 82 que tomaron la cota. Gracias a la entrega de hombres como Charlie, el coronel Tagueña pudo afirmar en sus necesarias memorias Testimonio de dos guerras (Planeta) que en el paso del Ebro, los franquistas no capturaron prisioneros ni material.

Si conocemos la historia final de Charlie, no es gracias al testimonio de alguien, o su aparición en algún documento o imágenes de la época. Fue el mismo Charlie, 73 años después, quien nos trajo su historia y el canal que usó fue la arqueología. Desde 2006, Alfredo González Ruibal, científico del CSIC y arqueólogo especializado en el pasado contemporáneo, investiga el paisaje de la Guerra Civil y la posguerra a lo largo y ancho de España y ha plasmado los resultados de estos años de trabajo de campo en Volver a las trincheras (Alianza Editorial), una aportación realmente atractiva para conocer la tragedia española del siglo XX desde el foco científico de la arqueología, tomando como base de partida los objetos encontrados en los campos de concentración, las fosas comunes o los frentes de combate. ¿Qué conocimientos pueden aportar esos objetos en un ámbito del que se ha escrito tanto y hay tanta documentación? En declaraciones a este blog, el autor afirma que “la arqueología puede, por un lado, simplemente contar las cosas de otra manera, poniendo más el acento en lo material y en la experiencia vivida. Ese es quizá el objetivo fundamental del libro. Pero también puede documentar fenómenos de los que existe poca documentación ­-como la práctica de la violencia política (cómo se asesinaba a la gente). También puede llamar la atención sobre aspectos que pueden estudiarse a través de otras fuentes, pero que han recibido poca atención: la historia cultural, la de la vida cotidiana, que es la que nosotros recuperamos en las excavaciones y es un tipo de historia que ha sido poco practicada (frente a la política, económica o militar)”. Ciertamente, a través de la arqueología accedemos a aspectos históricos que resultan imposibles de percibir por otros caminos. El investigador se enfrenta al pasado directamente, lo toca de manera no mediada. A través del registro arqueológico se teje un nuevo relato que no discrimina en función de la importancia de la persona y aborda las vicisitudes, en este caso trágicas, de la gente corriente, los olvidados de la historia hegemónica, de todos y todo.

Con el cambio de siglo, las fosas comunes han despertado un enorme interés social y numerosas asociaciones y colectivos trabajan para que los restos de los que fueron asesinados o murieron en la lucha sean recuperados y tengan un final digno elegido por sus familiares. En este proceso, la arqueología ha desempeñado una tarea necesaria que ha contextualizado e interpretado como fueron los momentos que vivieron los que iban a ser asesinados, su identidad, cómo se perpetró el crimen. Un ejemplo estremecedor es el de la violencia que la sublevación militar focalizó hacia las mujeres, en particular las del sur de España, (a la derecha, detalle de un zapato de tacón encontrado en una fosa común de Fregenal de la Sierra, Badajoz) un colectivo que con la llegada de la República comenzó a exigir en voz alta igualdad de género y emancipación social. El trabajo del equipo de González Ruibal en las fosas confirma esta circunstancia con la descripción de lo encontrado:  adornos femeninos, costureros, peinetas, un zapato de tacón…El trabajo de los arqueólogos consiste en invocar fantasmas, y en el caso de la cercana Guerra Civil con todas las consecuencias que trae consigo. Es por ello que desde sectores conservadores se les acusa de aprovecharse de la Ley de Memoria Histórica y de estar “politizados”. Sobre este asunto González Ruibal discrepa de manera rotunda y declara: “Me atrevería a decir que los historiadores mezclan sus ideas políticas con su práctica profesional de forma mucho más evidente que los arqueólogos: no hay más que leer a Payne, Preston, Julius Ruiz o Espinosa, por citar a historiadores de ambos lados del espectro ideológico. Y no lo digo como una crítica. Es que la historia contemporánea es así. Es imposible no tener un punto de vista político (…). Aceptemos de una vez que la política y la ciencia no se pueden separar fácilmente. El problema es cuando se tergiversan los datos para defender una determinada perspectiva política. Creo que esto es algo que sucede muy excepcionalmente en arqueología, si es que sucede”.

Muy pocos de los dos millones de viajeros al año que se mueven por los pasillos del aeropuerto de Lavacolla, en Santiago de Compostela, saben cómo se construyó ese aeropuerto. La nueva pista proyectada necesitó del trabajo esclavo de cientos de presos republicanos, que en condiciones extremas de hambre y muerte, fueron hacinados en una antigua fábrica de curtidos, convertida hoy en restaurante. Este grupo de arqueólogos ha fijado también su atención en esas cárceles, campos de concentración y destacamentos penales donde malvivieron y murieron los más de 370.000 presos políticos del régimen franquista, que forman parte de lo que denominan “el paisaje totalitario”. Como afirma el autor, esta compleja red “que existió hasta los años cincuenta se puede entender como parte de la tecnología franquista para construir nuevos sujetos políticos, dóciles con el régimen”. La mayoría de los campos de concentración se ubicaron en centros o edificios ya construidos pero en el caso de Castuera, en Badajoz, el contexto arqueológico se presentaba más accesible ya que se trataba de un centro de nueva planta que no fue reutilizado después. El equipo de González Ruibal decidió acometer su excavación y una vez más se vuelve a tocar el pasado, se regresa en el tiempo y son recuperados miles de objetos que hablan de la alimentación, la higiene, las condiciones médicas, la vigilancia, el castigo o la resistencia. Uno de ellos, una irrelevante tapa de olla, le fue mostrada a una anciana vecina del pueblo, a cuyos padres fusilaron al acabar la guerra, y en ese momento su memoria recuperó el recuerdo de aquellas mujeres que pasaban por su casa y llevaban alimentos a sus seres queridos presos en el campo de Castuera.

                Excavación de un búnker republicano de la Batalla del Ebro en La Fatarella (Tarragona). / UCM

Excavación de un búnker republicano de la Batalla del Ebro en La Fatarella (Tarragona). / UCM

 

¿Cómo se está gestionando el patrimonio que sale a la luz con el trabajo arqueológico? ¿Cómo actúan las instituciones ante el gran interés social por conocer mejor la Guerra Civil? Alfredo González opina que “los restos de la Guerra Civil todavía se encuentran en un estadio muy incipiente de transformación en patrimonio cultural. El riesgo es que con el creciente interés social por este tema se generalicen las musealizaciones triviales y repetitivas, que no solo den una visión aburrida de la guerra, sino que además omitan las cuestiones políticas (fundamentales en la Guerra Civil) para evitar problemas. El patrimonio de la guerra y la dictadura requiere un tratamiento crítico, que haga reflexionar a los ciudadanos y plantearse las narrativas heredadas, y creativo, que permita ver el pasado de una forma distinta y atractiva”.

Cuando queda poco más de un mes para que se cumpla el 80º aniversario de la sublevación militar contra la II República son ya muy pocas las voces que aún se pueden escuchar de los que vivieron la guerra. La arqueología puede ocupar ese espacio de la memoria que el testimonio oral ya no podrá llenar y Volver a las trincheras es una obra indispensable para entender lo realizado hasta ahora en esta nueva disciplina. El conocimiento crítico y científico que proporciona debe recibir el trato digno que merece por parte de las instituciones, como en los países europeos de nuestro entorno, de manera que siga contribuyendo a la demanda social que exige comprender mejor nuestro pasado cercano.

Hallan en Alemania 200 esqueletos de soldados del Gran Ejército de Napoleón


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  • Los restos, hallados en Fráncfort, habrían muerto, según los historiadores, durante la batalla de Hanau a finales de octubre de 1813
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Arquéologos examinan los restos de los soldados enterrados en Fránfort hace más de 200 años

Cientos de esqueletos de soldados del ejército de Napoleón ha sido descubiertos en Fráncfort, en un complejo donde está previsto construir un edificio. «Estimamos que alrededor de 200 personas fueron enterradas aquí», dijo Olaf Cunitz, el alcalde de la ciudad.

«De acuerdo con nuestra estimación preliminar, son soldados que pertenecieron al Gran Ejército y murieron en 1813», en el camino de regreso a casa después de la «dolorosa derrota sufrida por Napoleón durante su campaña de Rusia», agregó.

En el camino de regreso a Francia, lucharon, incluido Napoleón, en Hanau, una ciudad vecina de Fráncfort am Main, a finales de octubre 1813 y habían continuado los combates en la región, en los que murieron alrededor de 15.000 hombres.

Las tumbas fueron descubiertas gracias a los trabajos de inspección de un grupo de arqueólogos en el lugar, ya que hace varias décadas antes, en 1979, fueron encontrados en la zona otros soldados, informa «Le Figaro». Probablemente murieron a causa de heridas o sucumbieron a causa de una epidemia de tifus que diezmó el Gran Ejército de la época. Hipótesis estas que aún no han sido verificadas científicamente.

Tumbas excavadas apresuradamente

Según Andrea Hampel, responsable de la supervisión de monumentos históricos de la ciudad de Fráncfort, se trata de tumbas excavadas de emergencia, como solían realizar los servicios médicos de la armada en aquella época. El hecho de que los soldados fueran enterrados en ataúdes ha permitido una buena conservación de los esqueletos, que aparecen alineados uno junto al otro, sin presentar ningún tipo de identificación.

Según los expertos, los cuerpos están mal situados, en dirección norte/sur, mientras que la Europa cristiana tenía por costumbre enterrar a sus muertos en el eje Este/Oeste. Una prueba, tal vez, de que los cuerpos fueron enterrados a toda prisa, dice Hampel. Los botones de los uniformes encontrados en las tumbas situarían la fecha de la muerte hacia 1813. Esto confirmaría las primeras intuiciones del alcalde.

El misterioso monolito que indica el camino para hallar la tumba de Velázquez


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  • En la plaza de Ramales se encuentra una columna rematada por una cruz que recuerda a la iglesia de San Juan Bautista
ABC Monolito en la Plaza de Ramales de Madrid

ABC | Monolito en la Plaza de Ramales de Madrid

Se encuentra en la plaza de Ramales y, por sus dimensiones, puede llegar a pasar desapercibido. En el centro de la calle se levanta un monolito que puede ser la gran pista para desentrañar uno de los grandes misterios que atenazan a los arqueólogos de Madrid en los últimos años: localizar la tumba de Velázquez.

El monolito consiste en una columna calcárea sobre un pedestal de granito y rematada con una cruz de hierro realizada por Francisco Chueca en 1960, en el mismo lugar donde se alzaba la iglesia de San Juan, donde según los escritos fue enterrado el genial pintor.

No han sido pocos los proyectos que se propuesto localizar su tumba. Todos han fracasado. La última vez fue con Gallardón como presidente de la Comunidad de Madrid y con Gustavo Villapalos como consejero. Tras meses de obras, con la plaza completamente levantada, los técnicos lograron encontrar unos huesos que, al final, se descartó que pudieran pertenecer al autor de Las Meninas.

José I Bonaparte

En algún otro momento se le ha llegado a pasar por la cabeza a otros gobernantes retomar la búsqueda. Pero al final han desistido.

La Iglesia de San Juan Bautista fue un templo que se encontraba en el mismo centro de la plaza. Se edificó durante segunda mitad del siglo XII. Fue demolida durante el mandato de José I Bonaparte con el objeto de realizar la ampliación de la plaza, y ejecutando un plan de urbanismo que dejaba vía libre del Palacio Real a la Puerta del Sol. El espacio en el que se encontraba se denominaba Plazuela de San Juan debido a la iglesia.

Fue en la capilla de su amigo Gaspar de Fuensalida cuando el 7 de agosto de 1660 fue enterrado el pintor sevillano.

Un fortín antipiratas que regresa gracias al 3D


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  • Arqueólogos han hecho una propuesta de reconstrucción virtual en tres dimensiones (3D) de un antiguo fortín antipiratas de hace 2.500 años (época ibérica) descubierto en la costa de Alicante, un yacimiento que ha sido arrasado ilegalmente hace unos meses con una máquina excavadora.

Arqueólogos han hecho una propuesta de reconstrucción virtual en tres dimensiones (3D) de un antiguo fortín antipiratas de hace 2.500 años (época ibérica) descubierto en la costa de El Campello. Foto: Morell / EFE en español

 

Se trata de un pequeño recinto militar de planta trapezoidal de 350 metros cuadrados formado por un patio de armas y tres estancias no comunicadas entre sí que albergó una pequeña guarnición para la vigilancia y defensa contra los piratas entre los siglos V y IV antes de Cristo en la costa del término de El Campello.

Con un perímetro amurallado de piedra de un metro de anchura, se usó el control del tráfico marítimo del litoral comprendido entre el cabo de las Huertas (Alicante) y la serra Gelada (Benidorm).

Una de las arqueólogas, Feliciana Sala, ha explicado a EFE que, pese a sus reducidas dimensiones, es un yacimiento “único” porque es el primero de estas características y cronología que se encuentra en el litoral mediterráneo español.

Debía haber más recintos fortificados de este tipo porque todo apunta a que formaba parte de una red para vigilar la costa -“uno solo no era operativo”, según Sala- y el hecho de conocer el “modelo” de El Campello facilitará hallar otros en el futuro.

Los arqueólogos han presentado el hallazgo y la propuesta de reconstrucción en un congreso internacional organizado el pasado octubre en Madrid por la cátedra de Historia Militar de la Universidad Complutense.

El yacimiento (www.aiguesbaixes.wix.com/elcampello) se sitúa en una parcela privada no urbanizable sobre una colina de 30 metros de alto frente a la playa de Cala Piteres, en la partida de Aigües Baixes, y fue descubierto en 2003 aunque no fue hasta el verano de 2013 (16-26 de julio) cuando se efectuó una excavación arqueológica que permitió documentar el conjunto con ortofoto y en 3D.

Además de Sala, el equipo de excavación estuvo formado por los arqueólogos Fernando Prados y Jesús Moratalla (Universidad de Alicante) y por Ana Valero y David López (empresa Estrats, Treballs d’Arqueología SL), además de alumnos universitarios y voluntarios.
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Con el permiso de la Generalitat Valenciana y el dueño de la parcela, se efectuó la limpieza superficial de los muros perimetrales y se documentaron las estructuras mediante un alzado topográfico, fotografía aérea con un dirigible y una ortofoto con escáner láser 3D, tras lo cual se cubrió todo con una malla geotextil y una capa de tierra para su protección.

Sin embargo, todos los muros y estructuras descubiertas en el verano de 2013 fueron destruidas ilegalmente con una máquina excavadora entre enero y febrero de 2014 a causa, según creen los arqueólogos, de supuestos “intereses y expectativas urbanísticas”.

Se pretendía evitar la inminente declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) -el pleno del ayuntamiento de El Campello ya lo había solicitado a Cultura- para lo cual los infractores dejaron al descubierto la protección y arrasaron los restos, que han quedado esparcidos por los alrededores.

Se denunció ante el Seprona de la Guardia Civil y el juzgado de Instrucción 7 de Alicante ha abierto una causa por un presunto delito contra el patrimonio arqueológico en la que ya han declarado dos personas imputadas, mientras sigue la práctica de diligencias.

El equipo científico se propone pedir a la Generalitat un permiso de excavación de salvamento para, a continuación, reconstruir el fortín “piedra a piedra” hasta volver a alcanzar el aspecto inicia.

Hallan restos óseos donde se cree que fue enterrado Alejandro Magno


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  • Arqueólogos han encontrado estos restos dentro de una tumba de piedra caliza en un extenso complejo funerario griego que data de esa época.
  • Los restos están siendo analizados para ser identificados, según ha informado el Ministerio de Cultura de Grecia

Alejandro Magno

Arqueólogos han encontrado restos óseos dentro de una tumba de piedra caliza en un extenso complejo funerario griego que data de la época de Alejandro Magno. Se trata del descubrimiento más importante hasta la fecha en el lugar.

Se cree que Anfípolis es la necrópolis antigua de mayor extensión descubierta en Grecia y ha generado especulaciones sobre si el antiguo conquistador o un miembro de su familia fue enterrado allí.

Los restos son analizados para ser identificados, dijo el Ministerio de Cultura de Grecia. Con anterioridad, los arqueólogos habian dicho que la tumba posiblemente pertenecía a un macedonio importante y que el lugar había sido saqueado.

Un héroe

Los restos son analizados para ser identificados, dijo el Ministerio de Cultura de Grecia. Con anterioridad, los arqueólogos habian dicho que la tumba posiblemente pertenecía a un macedonio importante y que el lugar había sido saqueado.

“Probablemente es el monumento de una persona muerta que se convirtió en un héroe, o sea un mortal que era admirado por la sociedad en ese momento”, dijo el ministerio. “El fallecido era una persona importante, ya que solo eso puede explicar la construcción de este complejo funerario excepcional”, agregó.

El cuerpo fue colocado en un ataúd de madera, que se desintegró con el tiempo. Los restos óseos fueron hallados tanto dentro como fuera de la sepultura enterrados en la cámara subterránea más recóndita del complejo.

También se encontraron clavos de hierro y bronce, así como decoraciones con hueso y vidrio del ataúd, dentro de la sepultura.

Gran complejo funerario

Las excavaciones en el lugar, ubicado en el noreste de Grecia cerca de la ciudad de Tesalónica, comenzaron en 2012. Acapararon los titulares de todo el mundo cuando los arqueólogos anunciaron el descubrimiento del extenso complejo custodiado por dos esfinges y rodeado por un muro de mármol de 497 metros.

Desde entonces, en la tumba también se halló un mosaico de colores en el suelo que muestra el secuestro de Perséfone, la hija de Zeus, además de dos estatuas con formas femeninas conocidas como cariátides.

 La tumba data de los años 325 al 300 antes de Cristo. Alejandro falleció en el 323 AC tras una campaña militar por Oriente Próximo, Asia y el noreste asiático.

Arqueólogos alemanes descubren un nuevo dios


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México, D.F.- Los arqueólogos alemanes desenterraron en un antiguo santuario de la ciudad de Doliche, en el sudeste de Turquía, un relieve romano único que representa a un dios desconocido relacionada con el culto de Júpiter Doliqueno, informa el sitio de la Universidad de Münster. Fuente: RT

Según el estudio, el relieve está esculpido en una estela de basalto de un metro y medio de altura que fue utilizada como contrafuerte de la pared del santuario. En él está representado un dios de la fertilidad o de la vegetación, según dijo el arqueólogo que encabeza la excavación, el profesor Engelbert Winter.

“La imagen está muy bien conservada. Proporciona valiosa información sobre las creencias de los romanos y sobre la persistencia de las antiguas tradiciones de Oriente Próximo. Sin embargo, es necesaria una amplia investigación para poder identificar con precisión a la deidad”, afirmó profesor Michael Blömer.

“La estela de basalto muestra a una deidad que emerge de un cáliz de hojas. Su largo tallo se eleva desde un cono adornado con símbolos astrales. De cada uno de los extremos del cono salen un cuerno largo y un árbol, que la deidad agarra con la mano derecha. Los elementos pictóricos sugieren que es un dios de la fertilidad”, añadió Blömer.

Los expertos indican que el relieve contiene sorprendentes detalles iconográficos, como la composición de la barba o la postura de los brazos, que permiten pensar que la imagen fue esculpida a principios del siglo I antes de Cristo.

Júpiter Doliqueno fue un dios romano creado a partir de la sincretización del Júpiter romano, “el rey de los dioses”, y el culto a Baal en la antigua ciudad grecorromana de Doliche, situada a pocos kilómetros al norte de la moderna ciudad turca de Gaziantep.

Arqueólogos presentan nuevas técnicas para hallar barcos bajo el lecho marino


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  • Trescientos expertos de todo el mundo comparten las últimas tecnologías usadas en hallazgos subacuáticos, en un congreso internacional

"Participantes

Trescientos investigadores y expertos en arqueología de todo el mundo participan hasta mañana en el V Congreso Internacional de Arqueología Subacuática (Ikuwa V), que se celebra en el antiguo Hospital de Marina, sede de la Escuela Superior de Ingeniería Industrial de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT). Se trata de un evento que sitúa a Cartagena estos días como centro mundial de la divulgación de los últimos descubrimientos y las tecnologías usadas en últimos hallazgos.

Durante tres días, y en tres salas diferentes, se dan a conocer los proyectos, las tendencias y las técnicas más avanzadas en este tema. Precisamente, Cartagena será el escenario de la presentación de un nuevo método de teledetección, mediante un aparato que rastrea el fondo marino e incluso es capaz de detectar qué hay dos metros por debajo de los sedimentos marinos.

Así lo anunció ayer el director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua), Iván Negueruela, minutos antes de la inauguración del congreso. «Esta nueva técnica facilitará el hallazgo de barcos y nos permitirá diseñar la cartografía del Mediterráneo e incluso la de todo el planeta. Ahora trabaja a dos metros, pero será capaz de llegar a los diez», anunció.

Por encima de Estados Unidos

En cuanto al uso de las nuevas tecnologías en este sector, Negueruela afirmó que España se encuentra entre los tres primeros países del mundo. «Estamos por encima de Estados Unidos, Alemania e incluso de Francia», dijo.

Ikuwa es uno de los congresos de Arqueología subacuática más importantes a nivel internacional, desde su primera edición en Saanitz, Alemania, en 1999. Los siguientes se celebraron en Zurich (2004), Londres (2008) y Croacia (2011). El próximo será en Australia, dentro de tres años.

A cada edición de este congreso acuden arqueólogos de diferentes países, entre los que se encuentran algunos de los mayores expertos en la materia de todo el planeta. La recuperación de las monedas de la fragata ‘Nuestra Señora de las Mercedes’ es uno de los temas que se tratan estos días. «Se hablará y mucho sobre este hecho. Lo que más asombra a todos los colegas es la rapidez con la que actuó el Ministerio de Cultura, que en tan solo siete años ha logrado recuperarlas. Supone un precedente para la lucha contra los cazatesoros», dijo Negueruela.

El acto de inauguración tuvo lugar en el Paraninfo del Hospital de Marina y en él participaron la subdirectora de Protección del Patrimonio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Elisa de Cabo; el rector de la UPCT, José Antonio Franco; la responsable del Área de Educación de la Delegación del Gobierno, María Isabel Ruiz; la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena, Rosario Montero; y el presidente del congreso, Hanz G. Martin.

Durante su discursa, Elisa de Cabo hizo hincapié en la necesidad de seguir luchando contra los cazatesoros y de proteger al máximo el patrimonio cultural subacuático.

Puertos y pecios

Las conferencias que se imparten hoy versarán sobre las nuevas líneas de investigación abiertas a nivel internacional; sobre los puertos, pecios y la navegación en la época clásica; así como sobre la cultura y la vida a bordo de barcos durante la época moderna. Mañana, las comunicaciones de científicos e investigadores se centrarán en la legislación vigente y la arqueología preventiva, en los pecios y puertos medievales, y en la construcción naval.

El mayor congreso mundial de prehistoria se celebra en casa de los primeros europeos


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“Está mal que lo cuente yo, pero siendo objetivos Atapuerca es un tesoro extraordinario. Quizá habría que valorarlo un poquito más dentro de nuestro país. Si este yacimiento estuviera, por ejemplo, en Reino Unido, sería una joya impresionante de ese país.” Quien así habla, con orgullo de padre sacando pecho por las proezas de su retoño, es José María Bermúdez de Castro, uno de los tres codirectores de los yacimientos paleontológicos de la sierra de Atapuerca.

No parece estar solo en esta opinión. Alrededor de 2.000 arqueólogos, prehistoriadores, paleoantropólogos y demás especialistas en desenterrar el pasado remoto del ser humano se darán cita del 1 al 7 de septiembre en Burgos para celebrar el mayor y más importante congreso mundial de la organización que los aglutina, la Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas (UISPP), que no se realiza en España desde hace 60 años.

El hecho de que se le ofreciera a España es por una cuestión bien sencilla: España en los últimos años ha destacado mucho, se ha publicado mucho y hay muchos yacimientos abiertos

La elección no es casual. Esta orográficamente modesta sierra es como un queso gruyer cuyos agujeros el paso del tiempo hubiese ido rellenando de restos fósiles. Más de 20 años después de los primeros y revolucionarios hallazgos, campaña tras campaña los yacimientos no defraudan y aportan nuevas evidencias de cómo eran y vivían los primeros europeos y sus descendientes. Y prometen seguir haciéndolo en decenios venideros.

Para Bermúdez de Castro está claro que organizar el XVII Congreso Mundial de la UISPP “es un honor; es el más importante del mundo en prehistoria, en arqueología y también paleoantropología”. Un honor que vendría a reconocer el nivel de los descubrimientos realizados en estas áreas en nuestro país, no sólo en Atapuerca. “El hecho de que se le ofreciera a España es por una cuestión bien sencilla: España en los últimos años ha destacado mucho, se ha publicado mucho y hay muchos yacimientos abiertos.”

Pero también una gran responsabilidad, en nada facilitada por la situación que atraviesa el país. Según Eudald Carbonell, segundo del triunvirato de directores de Atapuerca y encargado de la organización del evento, este será el congreso de la UISPP que mayor número de artículos científicos ha recibido en la historia de la organización, cerca de 2.000, presentados por más de 3.000 autores, la mayoría de los cuales visitará la capital burgalesa. Todo esto requiere hacer frente a unos compromisos económicos importantes que superan a la Fundación Atapuerca y el apoyo institucional es vital, como lo es para la continuidad de las propias excavaciones.

Excavaciones en la Gran Dolina, en la sierra de Atapuerca

Excavaciones en la Gran Dolina, en la sierra de Atapuerca

El de la continuidad es un tema que preocupa a alguien convencido de tener entre manos trabajo científico para décadas y décadas más allá de sus planes de retiro. “No solamente Atapuerca, en general la ciencia española estamos perdiendo una generación de científicos. La crisis está siendo muy dura, no ha terminado y yo creo que va a tardar en terminar. Muchas personas muy buenas que están trabajando con nosotros se están marchando a otros países y no van a volver porque aquí no hay oportunidades.” Los yacimientos de Atapuerca no sólo producen fósiles, también investigadores de talla mundial capaces de pasar a dirigir otros proyectos, dentro y fuera de España.

Pero si la coyuntura ensombrece el corto plazo, Bermúdez de Castro confía en el equipo que han formado a lo largo de los años y en la generosidad fosilífera de los yacimientos de la sierra. “Como nosotros decimos, donde pinchemos encontramos algo”.

Mucho pasado, mucho presente, mucho futuro

La trinchera excavada por un peregrino ferrocarril minero de finales del siglo XIX y la posterior curiosidad exploradora de un grupo de espeleólogos permitieron a los paleontólogos dirigidos por Emiliano Aguirre encontrar los primeros restos, pero no es hasta la jubilación de este y el paso del bastón de mando al actual trío rector cuando el nombre de Atapuerca aparece en las portadas de las revistas científicas más prestigiosas.

El responsable de esta primera fama fue ‘Miguelón’, el espectacular cráneo número 5 perteneciente a un individuo de lo que en 1993 se etiquetó como ‘Homo heidelbergensis’ por parte del equipo capitaneado por Juan Luis Arsuaga

El responsable de esta primera fama fue Miguelón, el espectacular cráneo número 5 perteneciente a un individuo de lo que en 1993 se etiquetó como Homo heidelbergensis por parte del equipo capitaneado por Juan Luis Arsuaga. Desde entonces son 17 los cráneos encontrados en la llamada Sima de los Huesos, que no ha parado de producir restos humanos a cual más espectacular por su grado de conservación, desde Elvis, la pelvis más completa del registro fósil, a los diminutos huesos del oído medio.

Un total de casi 7.000 fósiles pertenecientes a una treintena de individuos de la misma especie, emparentada con los neandertales, y que vivieron hace al menos 350.000 años. Este volumen es mayor que el de cualquier otro yacimiento del mundo y está permitiendo a los investigadores realizar estudios poblacionales hasta el momento impensables, estudios que llevan a replantear la definición de la especie a la que han sido asignados, pretensión que a buen seguro traerá un vivo debate durante el congreso.

Miguelón, el cráneo número 5

Miguelón, el cráneo número 5

De forma paralela, tanto en el espacio como en el tiempo, en otro de los yacimientos conocido como Gran Dolina, se hizo el hallazgo entre 1994 y 1995 de 80 fósiles de seis individuos humanos que vivieron en la sierra hace más de 800.000 años y que a juicio de los descubridores formarían parte de una especie nueva para la ciencia, a la que bautizaron Homo antecessor, pionero, por tratarse de los restos humanos europeos más antiguos encontrados hasta ese momento y en cuya variada dieta no dudaban en incluir a algún que otro congénere. Pero si la Sima de los Huesos se trata de una estrecha chimenea, la Gran Dolina es todo lo contrario, una amplia cueva de la que sólo se ha excavado una pequeña parte en profundidad. Faltan años de escrupuloso y metódico trabajo para alcanzar el pleno potencial del yacimiento.

“Por si todo esto fuera poco, hay un yacimiento que es la Sima del Elefante, en el que se encontró el resto humano más antiguo de Europa”, perteneciente a un Homo aún sin clasificar datado en 1,2 millones de años, explica Bermúdez de Castro. “Nosotros simplemente lo que estábamos haciendo era peritar el yacimiento, que se puede estar explotando durante 40, 50, 60 años tranquilamente por el equipo que venga a continuación. Hay yacimientos que están todavía sin conocer, que sabemos dónde están, pero no los hemos tocado. Una de las cosas que queremos hacer en los próximos diez años es ir valorando las posibilidades de esos yacimientos”. Una de estas prospecciones, realizada este año eligiendo un sitio de la sierra al azar, ha encontrado restos de un campamento neandertal. Desde luego, queda Atapuerca para mucho tiempo. Y para muchos debates y congresos.

La tumba del maestro cervecero


El Mundo

Espesa, dulce y extraordinariamente nutritiva. Hace 3.200 años los litros de cerveza eran alimento de ricos y pobres: Su brebaje corría igual por las mesas de la corte faraónica que por los hogares más humildes. Elaborada a partir de cebada o malta, no solo fue bebida. También sirvió de ofrenda a los dioses. Como prueba de aquella pasión, arqueólogos nipones han hallado la tumba de un jefe de la fábrica de cerveza de la época ramésida (de los siglos XIII a XI a.C.) en Luxor, la antigua Tebas.

El distinguido Junsu Im Heb era el máximo responsable de la fábrica y los almacenes de cerveza dedicados a la gran diosa madre Mut. Su enterramiento, en la ribera occidental de Luxor, es uno de los descubrimientos recientes más formidables por la conservación de su interior. Las coloridas estampas que adornan muros y techos “revelan muchos detalles de la vida cotidiana, las relaciones familiares y las ceremonias religiosas”, relata el ministro de Antigüedades egipcio Mohamed Ibrahim en un comunicado.

Las imágenes presentan al núcleo familiar del maestro cervecero.A su mujer Mut Om Hob y a su hija Eis At Ja, que se ganaron la vida de cantantes y que aparecen saludando a otros parientes. Y muestran a un público fascinado por el ritual funerario “Apertura de la boca”, una ceremonia en la que se animaba la estatua o momia del fallecido abriendo la boca y los ojos para que el difunto pudiese comer y beber en la otra vida.

En el universo de la tumba, hay otro muro que representa al jefe de la fábrica de cerveza y su esposa adorando a Anubis y Osiris. El techo, en cambio, está decorado con motivos geométricos bien conservados. Un conjunto -detalla Ibrahim- “diseñado con delicadeza” y “gran precisión y belleza”.

El lugar, con forma de T, fue hallado por un equipo de la Universidad japonesa de Waseda mientras realizaban tareas de limpieza en la cercana tumba TT-47, perteneciente a un alto funcionario del faraón Amenhotep III, abuelo de Tutankamón. Está conectada a un enterramiento inacabado de una persona todavía no identificada llamada Hun.

Las autoridades han extremado la seguridad en los alrededores del hallazgo hasta que concluyan los trabajos de excavación. Una vez completada la exploración, se restaurará para abrirla finalmente al público y sumar un nuevo atractivo a la otrora turística Luxor, una ciudad cargada de patrimonio faraónico que luce hoy vacía por la inestabilidad política que atraviesa el país desde hace tres años.