1967 – Primavera de Praga


Primavera de Praga, nombre que reciben los acontecimientos que tuvieron lugar en Checoslovaquia en 1967 y 1968, cuando en dicho Estado se intentó llevar a cabo una serie de reformas para liberalizar al existente régimen comunista similar al modelo soviético.

Desde 1957 hasta 1968 Checoslovaquia fue gobernada por el régimen estalinista del presidente y primer secretario del Partido Comunista Checoslovaco, Antonin Novotný. Los intelectuales y funcionarios comenzaron a verter duras críticas tanto sobre él como sobre su política durante la década de 1960. Se culpó al régimen soviético implantado por Novotný de la crisis y estancamiento que habían afectado al sistema desde comienzos de dicha década. Hacia 1967, tanto la sociedad como los propios miembros del Partido Comunista consideraban ineficaz la gestión del presidente. Novotný fue obligado a abandonar el poder en enero de 1968 y su cargo pasó a manos de Alexander Dubcek, que prometió “un socialismo con rostro humano”. Su intento de transformar el comunismo se anticipó a su tiempo, y tenía muchos puntos en común con las reformas liberales emprendidas casi veinte años más tarde por Mijaíl Gorbachov en la propia Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Los principios del proyecto de Dubcek consistían en la descentralización de la economía y la burocracia, la concesión de libertad de prensa y el mantenimiento de relaciones más conciliatorias con Europa Occidental. Los cambios introducidos fueron respaldados por un importante sector de las sociedades checa y eslovaca.

En los primeros momentos, la URSS, presidida por Leonid Brezhnev, apoyó el ascenso de Dubcek al poder, pero hacia la primavera de 1968 comenzó a percibir el caso checoslovaco como una amenaza para la influencia soviética y su hegemonía sobre otros miembros del bloque soviético de Europa del Este. Brezhnev autorizó la ocupación de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia el 21 de agosto de 1968. Se produjeron sublevaciones y en abril de 1969 Dubcek fue sustituido como primer secretario del Partido Comunista por Gustav Husák, un miembro de la oposición conservadora. Se perdió así una oportunidad para el progreso y el cambio que sólo fue revivida en la década de 1980, cuando se produjo la caída final del comunismo en los países satélites de la URSS.

Siete cajas y un terrible secreto


El Mundo

  • La barcelonesa Dory Sontheimer encontró siete cajas en casa de sus padres y descubrió el asesinato de 36 familiares en el Holocausto
  • ESPECIAL: Viaje al Holocausto
Kurt y Dorel, a su llegada desde Praga en un vuelo de Lufthansa en 1935. EL MUNDO

Kurt y Dorel, a su llegada desde Praga en un vuelo de Lufthansa en 1935. EL MUNDO

La tormenta tuvo un aviso desgarrador. Antes de morir en 2002, Rosa Sontheimer empezó a delirar en Barcelona. “¡Qué viene la Gestapo! ¡Qué viene la Gestapo y se nos va a llevar!”, exclamaba en alemán. Pocas semanas después, su hija Dory confirmó sus temores. No era un delirio producto de su larga enfermedad sino el trauma de su familia, pueblo y época.

En el altillo de una casa de la Avenida Diagonal, encontró la respuesta. Siete ordenadas cajas, camufladas con mantas y edredones, esperaban a esta mujer nacida en Barcelona y educada como católica en la España franquista. Ocurrió hace 14 años, cuando enterró a su madre y resucitó un tormentoso pasado. Encontró un tesoro abriendo una tremenda caja de Pandora. A los 56 años, y ya como abuela, abrazó su verdadera identidad.

Los padres de Dory eran dos jóvenes judíos que se conocieron en Barcelona tras huir de una Alemania que mostraba síntomas peligrosos. Tras la victoria de Franco en la Guerra Civil, el miedo les hizo iniciar una nueva vida. Kurt y Rosl pasaron a ser Conrado y Rosa, se convirtieron al cristianismo y volvieron a casarse por la Iglesia. Siete décadas después, un ingente material epistolar de sus familiares revela sus desesperados intentos para salvarse de la hoguera nazi que se extendía por Europa.

En lugar de ahogarse de tristeza y rabia en el río de documentos, Dory inició un valiente viaje en la máquina del tiempo siguiendo a los suyos azotados por el régimen nazi. Las cajas confirmaron el secreto que le susurró su padre a cumplir los 18 años –“Somos judíos pero no se lo digas a nadie porque nos pueden hacer mucho daño”– y revelaron otros. Como el asesinato de 36 familiares por los nazis. La deportación de sus abuelos maternos Eduard Heilbruner y Lina Levi a campos de refugiados en Francia antes de ser enviados en septiembre de 1942 a Auschwitz, donde fueron exterminados. O cómo sus abuelos paternos Max y Rosa sufrieron las leyes antijudías y las humillaciones de los que consideraban amigos en Núremberg antes de huir a Cuba.

“Cuando preguntaba por los familiares en Alemania, mi padre cambiaba de tema o decía que murieron en la guerra. Me extrañaba mucho no tener primos o abuelos”, cuenta Dory a EL MUNDO tras dar una conferencia en el Instituto Cervantes de Tel Aviv, visitar familiares y dar su testimonio en la Sala de los Nombres del Museo del Holocausto Yad Vashem en Jerusalén. “Ha sido muy emocionante visitar Israel. Tengo la sensación del deber cumplido“, resume orgullosa.

El puzle de secretos, encuentros y lágrimas en varios continentes se plasma en ‘Las Siete Cajas’ (Editorial Circe). De profesión farmacéutica, Dory halló una medicina inesperada en el desván. “Decidí que tenía que escribir este libro como homenaje no sólo a ellos sino a todas los que sufrieron aquel horror. Estos últimos años, he encontrado a familia que no conocía“.

Conversamos en el puerto de Tel Aviv. A pocos metros, en la calle Ben Yehuda -así lo revela la primera impactante caja- la alegre y joven hermana de su padre murió en el bombardeo de la Aviación de Mussolini que causó 137 víctimas en septiembre de 1940.

La barcelonesa participó en los dos minutos de silencio que paralizaron Israel en recuerdo de los seis millones de judíos asesinados por la Alemania nazi. “Cuando descubrí el contenido de las cajas, me di cuenta de lo que una sociedad culta de la Europa del siglo XX fue capaz de ejecutar. Lo que ocurrió a mi familia en la que exterminaron a 36 personas ocurrió a otras miles en Europa. No se puede olvidar jamás. Debemos asegurarnos que nunca más vuelva a ocurrir“, asegura pensando también en sus tres hijos y siete nietos.

Sus padres se acogieron al silencio como escudo vital. Dory lo rompe como necesidad vital. “Mi padre me dejó las cajas porque quería que supiera la historia familiar. Lo guardó todo para que se conociera no sólo el legado familiar sino histórico. Por ejemplo los documentos nazis contra los judíos“, estima antes de añadir: “El reconocimiento de tus orígenes es imprescindible para poder vivir tu presente y conocer la verdad”.

El libro también recrea el ambiente del bar Heidelberg en Barcelona donde sus padres pasaron horas de amor y guerra, y denuncia al cónsul español en Marsella, que no dio a sus abuelos la autorización de entrada a España. Al final, entraron en las cámaras de gas.

Una carta de su abuela bajo el yugo nazi a su madre en Barcelona resume esos oscuros días: “No tenemos noticia de ningún deportado. Desaparecen”.

Dory entiende la dolorosa decisión de sus padres de dar la espalda a sus orígenes. “Escondieron su identidad judía para seguir viviendo. Entre los amigos de mi padre se comentaba que la Gestapo operaba en Barcelona buscando a los judíos y sacándoles del país”, nos recuerda aliviada porque no tiraron su pasado. Lo guardaron en siete ordenadas cajas.

¿Teme hoy ser judía? “No”, responde y reivindica el mensaje de “universalidad y convivencia independientemente del origen, religión y raza de cada uno”. Pero recuerda a una mujer que se acercó cuando firmaba libros para susurrarle: “Yo también soy judía pero prefiero no decirlo. Siempre que surge un problema culpan a los judíos”.

El ‘Ana Frank’ de Praga


El Mundo

  • Un documental recrea la vida de Petr Ginz, un niño prodigio judío
  • Murió en Auschwitz tras escribir un diario, 5 libros, pintar 170 dibujos…

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Naciones Unidas ha elegido un revelador documental que este año verá la luz para conmemorar hoy, como cada 27 de enero, a las víctimas del Holocausto. Y lo ha seleccionado para mostrárselo en particular al público infantil, pues su protagonista es un pequeño, un niño prodigio judío que nació en Praga, amó la música, la poesía, las novelas de aventuras, dibujar……Y que nunca lo dejó de hacer aun estando encerrado en un campo de concentración (Theresienstadt) de los 14 a los 16 años. Después, moriría en las cámaras de gas de Auschwitz.

‘El último vuelo de Petr Ginz’ es un documental estadounidense que muestra la obra prodigiosa de un adolescente con un increíble talento que no pudo ser cercenado ni por las huestes de Adolf Hitler.

A través de los recuerdos de su hermana, que hoy día sigue viva y reside en Omer (Israel), la cinta nos transporta al mundo maravilloso de un chaval que, tristemente, se hubiera merecido la misma fama que Ana Frank y que ahora nos será descubierto a través del mundo del celuloide y del diario que dejó escrito, así como sus cinco novelas de aventuras(inspiradas en Julio Verne), sus poesías o sus 170 fantásticos dibujos.

Trágica casualidad

Petr Ginz no se rindió al horror del nazismo y canalizó “su mundo interior, emociones, esperanzas y sueños en obras de arte, poesía y prosa”. Así lo asegura a ELMUNDO.es Sandy Dickson, codirectora del documentalque nos acercará a este chaval de talento precoz y hasta ahora apenas conocido. Y es que si de algo nos suena el nombre de Ginz es por un terrible suceso acontecido en 2003. El 1 de febrero de ese año, el transbordador espacial Columbia se desintegró cuando contactaba con la atmósfera en su regreso a la Tierra. En él viajaba el primer astronauta israelí, Ilan Ramon, que llevaba en su poder uno de los dibujos del adolescente, ‘Paisaje lunar’. Una vez más, todo acabó en cenizas.

“Ese mismo día era el cumpleaños de Petr”, recuerda a ELMUNDO.esChava Pressburger, de 84 años, nacida como Eva Ginzova y hermana pequeña de Petr Ginz, a quien admiró enormemente e insta a todos a conocerle para descubrir “cómo la creatividad y el optimismo nunca pueden ser derrotados”.

“Esperamos que el documental conecte con los más jóvenes”, apunta Dickson. “Ojalá el filme inspire a niños y adolescentes, que aprendan y aprecien el poder de la imaginación en sus vidas y en las de los demás”, sentencia quien ha logrado, tras tres años de arduo trabajo, inmortalizar la vida y obra del niño-artista que segó el nazismo.

‘El último vuelo de Petr Ginz’ será presentado el próximo 29 de febrero en el Festival Judío de Atlanta y aspira a estar pronto en varios festivales internacionales como, por ejemplo, San Sebastián.

¿Fue Brahe asesinado?


EFE – El Mundo

 

  • Exhumarán los restos del astrónomo Brahe para esclarecer su muerte
  • Un historiador cree que el rey Kristian IV pudo ordenar su asesinato
  • Junto con Galileo y Kepler, Brahe contribuyó a validar la Teoría Heliocéntrica

Los restos del astrónomo renacentista danés Tycho Brahe, que está enterrado en Praga desde su muerte en 1601, serán exhumados para tratar de averiguar la verdadera causa de su muerte, según informó este viernes la prensa local.

El ayuntamiento de la capital checa y el arzobispado de Praga han dado el visto bueno a una petición cursada por el arqueólogo danés Jens Vellev, de la Universidad de Aarhus, señala el diario ‘Pravo’.

Veller y un equipo de especialistas checos exhumarán el próximo otoño los restos del científico danés , que se encuentran enterrados en la iglesia de Nuestra Señora de Tyn de Praga.

Brahe (1546-1601) fue uno de los astrónomos más renombrados del comienzo de la Edad Moderna, junto con Galileo Galilei y Johannes Kepler, y contribuyó con ellos a validar la Teoría Heliocéntrica.

Misteriosa muerte

Sus observaciones sobre de la órbita de Marte, realizadas en la corte praguense del Emperador Rodolfo II de Habsburgo, fueron más adelante utilizadas por Kepler para descubrir las dos primeras leyes que llevan su nombre.

La repentina muerte de Brahe el 24 de octubre de 1601 está envuelta hasta hoy en el misterio.

Primero se dijo que había muerto por problemas urinarios pero la primera exhumación de su cuerpo, realizada en 1901, reveló un alto contenido de mercurio en su bigote, atribuido a la experimentación de Brahe con nuevos elixires y que le podría haber causado una intoxicación.

Pero según el reciente trabajo de un historiador danés, se baraja ahora la tesis de que un lejano familiar de astrónomo, el noble Erik Brahe, lo asesinara por orden del rey Kristian IV.

Los estudiantes que cambiaron la Historia


CET – El Mundo

  • Cuatro de estas manifestaciones masivas estuvieron relacionadas
  • Aunque había grandes diferencias, a todos los unía el idealismoactualidad080130est.jpgEs una de las imágenes más repetidas del siglo XX: jóvenes armados con piedras combaten a la policía o al ejército entre la bruma lacrimógena, los eslóganes y las barricadas callejeras.

    La escena se repitió en lugares tan alejados del planeta como México DF y Pekín, como Praga y París, como Madrid y San Francisco. ¿Las razones? Pablo Lizcano, estudioso de las revueltas estudiantiles contra Franco, cree que “en todas estas revoluciones hay unos puntos en común: el idealismo y el inconformismo de una universidad en la que han calado las ideas del marxismo o del liberalismo, que se opone a las mordazas del sistema y que exige la revolución sexual“.
    Cuatro de estos movimientos estuvieron estrechamente relacionados y tuvieron un mismo origen: la Guerra de Vietnam (1958-1975).

    Vietnam, la espoleta

    Fue el primer conflicto televisado. Toda una generación nacida después de la Segunda Guerra Mundial –durante uno de los periodos de mayor expansión económica– se pegó de bruces con la crudeza de Vietnam. Sobre todo cuando en 1965 Lyndon B. Johnson decretó reclutamientos masivos obligatorios

    Casi 40.000 jóvenes serían movilizados cada mes. Los motivos de la contienda generaban confusión y rechazo. No existía una personalización del malvado comunismo –no había un Hitler–. Tampoco la población entendía demasiado bien porqué había que ir a luchar a un país que pocos sabían localizar en el mapa. En ese mismo año se produjo la primera gran concentración de estudiantes en la Universidad de Berkeley (California) donde se quemaron cientos de actas de reclutamiento.

    Poco a poco la yesca estudiantil prendió en todo el país y comenzaron las protestas masivas. Primero en la Universidad de Míchigan y posteriormente en Nueva York y Washington.

    Arde París

    En 1966, Russell invitó a Jean Paul Sartre a presidir el simbólico Tribunal Internacional para los crímenes de guerra cometidos contra el Vietnam. En ese mismo año, el escritor francés organizó una concentración contra la contienda. En marzo del 68, ocho estudiantes que protestaban por la detención de unos pacifistas se encerraron en la Universidad de Nanterre (París) y fueron encarcelados. Así empezó el mayo francés.

    Entre ellos se encontraba Daniel Cohn Bendit. Cuando en mayo, él y sus compañeros comparecieron en la Sorbona, se produjo el primer enfrentamiento entre los estudiantes y la policía. Enseguida se desató una ola de violencia que duró todo el mes de mayo.

    A las concentraciones de estudiantes le siguieron las barricadas. Después, una huelga general que paralizó al país durante varios días y a la que se unirían los obreros. Entonces harían su aparición estelar Sartre y Simone de Bouvoir; y Mao –el tirano sangriento que se ocultaba bajo las palabras libertad y cultura–, amanecería colgado del Arco del Triunfo.

    Ésta también fue una revolución de comunistas de champán contra la URSS estalinista y sus símbolos. Así clamaban: “No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre supone morir de aburrimiento”; y al mismo tiempo ensalzaban al líder chino, desempolvaban a Trosky y nacía un nuevo icono chic: el Che Guevara.

    De Gaulle convocaría elecciones y las derechas volverían a gobernar dos legislaturas más. 

    La efervescencia del movimiento se entremezclaba con la de la propia juventud. Muchos dicen que, más que Vietnam, lo que realmente motivó a Cohn Bendit fue “reclamar el libre acceso a los dormitorios de mujeres”.

    Hoy, la mayoría defiende la negatividad de esta revolución. Nicolas Sarkozy, flanqueado por André Glucksmann, otro de los ideólogos de la revuelta arrepentidos, declaró el pasado septiembre que “el 68 destruyó la diferencia entre el bien y el mal. E impuso el relativismo moral e intelectual”.

    El 68 mexicano 

    Los estudiantes parecían invencibles. Quizás por este motivo los universitarios mexicanos pensaron que merecía la pena intentarlo. Pero chocaron con la rigidez de un sistema infrademocrático que había mantenido al PRI en el poder desde 1929. El Gobierno, temeroso de que las concentraciones ensombreciesen el halo democrático que pretendía destilar con la organización de los Juegos Olímpicos que se celebrarían en la capital azteca, ordenó ocupar las universidades. Los estudiantes respondieron organizando un mitin en la Plaza de Tlatelolco.

    El ejército les rodeo y, en medio de la confusión, se abrió fuego. La concentración se saldó con 300 muertos, aunque entonces el PRI sólo admitiese cuatro.

    Tanques en Praga 

    ¿El año? También 1968. ¿El sueño? El llamado socialismo de rostro humano. ¿El contexto? La antigua Checoslovaquia, pedanía revoltosa del Kremlin con permiso de la Hungría del 56. ¿El resultado? Tanques en la calle, barricadas, estudiantes despachando cócteles molotov y políticos dimitidos a golpe de doctrina Breznev.

    A grandes rasgos, la Primavera de Praga tuvo dos trincheras: la política, en la que algunos miembros del Partido Comunista Checo –como Alexander Dubcek– abanderaron reformas aperturistas, y la social, en la que universitarios, obreros e intelectuales se metieron para defender lo que la URSS les negaba: mayor libertad. 

    Dubcek accedió al poder en enero de 1968 para sustituir al prorruso Novotny. Pronto inició una serie de reformas que tenía en la supresión de la censura su punto culminante. Con su aprobación el 5 de marzo comenzó la Primavera de Praga.

    Entonces surgieron asociaciones, periódicos, grupos de discusión. La Universidad pasó a convertirse en un foro artístico y efervescente. El escritor Milan Kundera lo describió así: “Era una fiesta ebria. Las ciudades estaban adornadas con caricaturas de Breznev y sus soldados, de los que todos se reían como de una banda de analfabetos”. 

    Desde Moscú, Breznev ordenó a sus tanques que tomasen las calles de la ciudad de Kafka, aunque no doblegaron a obreros y estudiantes. En abril de 1969, Dubcek dejó la dirección del partido y tuvo que ganarse la vida como guardabosques. El pueblo, por su parte, nunca volvió a confiar en un sistema que aborrecía.

    Franco y sus ‘grises’

    La Universidad española fue la única institución que no dejó de inquietar a Franco. Su carácter joven, contestatario e idealista cristalizó, pricipalmente, en dos revueltas clave: la primera, en 1956, no pasó de una pequeña escaramuza en Madrid y Barcelona. “Si el Gobierno se asustó, fue porque entre los implicados había comunistas de apellidos ilustres”, recuerda Pablo Lizcano, protagonista de aquellos días y autor del libro La generación del 56 (Editorial Leer). 

    Para Lizcano, la segunda gran algarada se produjo por contagio. Las noticias del mayo francés encendieron los ánimos de una Universidad amordazada: “Sólo participaron unos cientos de estudiantes, pero Franco tenía miedo de que le ocurriera como a De Gaulle. La verdad es que el resto del pueblo nos rechazaba. En algunos barrios de Madrid la gente cerraba las ventanas a nuestro paso. Y eso que cabíamos en un autobús”.

    Sangre en Tiananmen 

    El 4 de junio de 1989, el tableteo de las ametralladoras acalló la que, hasta el momento, ha sido la protesta más contundente contra los dirigentes comunistas de la República Popular China. Miles de estudiantes, hartos del inmovilismo de un Gobierno corrupto, se echaron a la calle a exigir reformas y libertad.

    La muerte del aperturista Hu Yaobang encendió los ánimos, y a pesar de la Ley Marcial, miles de jóvenes se declararon en huelga de hambre en la emblemática Plaza de Tiananmen. 

    Den Xiaoping ordenó terminar con las protestas sacando los tanques a la calle. La mañana del 4 de junio, sus cadenas aplastaron a un número aún desconocido de estudiantes desarmados –entre 400 según el Gobierno y 4.000 según la Cruz Roja– .

    Para Xulio Ríos, experto el país asiático, la importancia del papel de los universitarios fue superlativa: “A la tradicional y elevada consideración social de la educación en China (la relación maestro alumno sólo es superada por la paterno filial) hay que sumar la trascendencia política de estas movilizaciones”, afirma Ríos. 

    “Significó un antes y un después”. ¿Qué ha quedado casi dos décadas después? “El gobierno intentó cerrar la herida mediante exilios y compensaciones. Pero también se especializó en la represión silenciosa sin recurrir a los tanques”.