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Templo del monarca Seti I en Abydos. NÉFERMAÂT

Templo del monarca Seti I en Abydos. NÉFERMAÂT

Un cementerio, un poblado y los restos de la vida diaria que hace 5.316 años transitó su callejero. Es el fascinante hallazgo firmado por un equipo de arqueólogos egipcios en las proximidades de un templo de Abydos, uno de los principales centros políticos del Alto Egipto situado a unos 500 kilómetros al sur de El Cairo.

“Es probable que la necrópolis y el poblado pertenecieran a altos funcionarios y supervisores de las tumbas reales y las estructuras mortuorias de los reyes de la primera dinastía de Abydos”, ha explicado Mahmud Afifi, el jefe del departamento de antigüedades del ministerio de Antigüedades egipcio en un comunicado difundido este miércoles.

El descubrimiento, que data de principios de la primera dinastía faraónica (3300-2850 a.C.), ha sido localizado a unos 400 metros del templo del monarca Seti I en Abydos, en la provincia sureña egipcia de Sohag, durante la excavación de una misión arqueológica egipcia.

En el entramado urbano, el equipo también ha rescatado algunas piezas de la vida de sus moradores como chozas, vasijas de cerámica, piedras o herramientas de hierro que -según la expedición- podrían pertenecer a los trabajadores a cargo de construir las tumbas reales. Su presencia demuestra la existencia de una ciudad habitada por los empleados. “El equipo ha logrado desenterrar 15 grandes tumbas de adobe que miden en algunos casos hasta 14 por 5 metros. Tienen diseños y estilos arquitectónicos diferentes”, ha indicado el jefe del departamento de Antigüedades del Alto Egipto Hani Abu al Azm.

“Algunos enterramientos -ha agregado- tienen mayores proporciones que las tumbas reales de la primera dinastía que se hallan en Abydos, lo que demuestra la importancia de sus propietarios y de los cargos y la posición social que disfrutaban en este periodo temprano de la historia de Egipto”. Precisamente el hallazgo puede arrojar luz sobre la renombrada Abydos, que en pleno y árido desierto albergó un cementerio para nobles en el período predinástico y se convirtió más tarde en la necrópolis de los primeros monarcas de Egipto.

A juicio del director de la misión, Yaser Mahmud Husein, “algunas de las tumbas son únicas pues están formadas por más de una mastaba [edificación funeraria con forma troncopiramidal y de base rectangular]”. “Llegan -añade- a tener hasta cuatro. Fueron empleadas en las tumbas de la primera dinastía en Saqqara [cerca de la actual ciudad de El Cairo] y luego en la tercera por lo que es la primera vez que se halla en la primera dinastía en Abydos”.

Abydos y su extenso complejo guardan aún secretos bajo sus arenas. En 2014 una misión de arqueólogos de la universidad estadounidense de Pensilvania, que ha horadado este terruño durante tres décadas, halló la tumba y el esqueleto del faraón Senebkay, un rey desconocido hasta ahora que gobernó hace 3.700 años, durante el decrépito y agitado segundo periodo intermedio (1800 a. C. a 1550 a. C.). Un año antes habían localizado la tumba del también rey Sobekhotep, formada por un enorme sarcófago de cuarcita y más de 60 toneladas.

Todos los gobernantes de la primera dinastía fueron enterrados en Abydos. En la dinastía II, sin embargo, el cementerio real se trasladó por algún tiempo a Saqqara, donde los monarcas eran enterrados en sofisticados laberintos subterráneos con gran cantidad de cámaras y corredores. Los últimos reyes de aquella dinastía se reconciliaron con Abydos y la eligieron para iniciar su vida de ultratumba.