La increíble odisea que llevó al hombre a conquistar el mundo


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  • Un extenso y detallado retrato de genes humanos de poblaciones normalmente no estudiadas ha permitido averiguar mucho más acerca de cómo el humano logró extenderse por todos los continentes desde África
  • Además ha permitido averiguar cómo los cambios climáticos del pasado se convirtieron en motor de las migraciones
 Dos grandes teorías enfrentadas reconstruyen el pasado del hombre. Una dice que una gran oleada salió de África, la otra sostiene que hubo varias - NATURE

Dos grandes teorías enfrentadas reconstruyen el pasado del hombre. Una dice que una gran oleada salió de África, la otra sostiene que hubo varias – NATURE

La historia recuerda que el viaje está grabado en los genes. La prueba es que hace decenas de miles de años los hombres abandonaron su hogar, en África, y caminaron por todos los continentes de la Tierra, sin detenerse jamás ante los glaciares, los desiertos, las montañas, o los océanos. Aquel apasionante viaje llevó a los humanos adonde están hoy, pero en muchos casos el fracaso hizo desaparecer pueblos enteros y solo dejó un triste testimonio de huesos.

Pero gracias a los avances que se están produciendo en las técnicas de secuenciación de genomas, los científicos pueden acceder cada vez mejor a las historias que quedaron grabadas en la biología del ser humano. Esto ha llevado a que este miércoles se hayan publicado cuatro artículos en la prestigiosa revista Nature en los que se trata de recordar cómo ocurrió aquello.

«Estos estudios llenan algunos huecos del puzzle de la historia humana», han escrito Serena Tucci y Joshua M. Akey en un artículo de análisis de las investigaciones presentadas en Nature. Gracias a un trabajo muy extenso con 270 poblaciones de todo el mundo, incluyendo a algunas que normalmente no han sido muy estudiadas, la diversidad genética de los grupos ha permitido descubrir nuevas cosas sobre el pasado del hombre.

Esto es importante, porque los científicos están sumidos actualmente en un intenso debate. Unos sostienen que hace unos 40.000-80.000 años los africanos dejaron atrás el continente y que desde allí se extendieron por el resto del mundo. Pero otros creen que hubo varias oleadas de migración: una primera, hace 120.000-130.000 años, que les permitió llegar a Asia y Australasia, caminando a través de la Península Arábiga y la India, y una segunda, que les permitió llegar a Europa y al Mediterráneo oriental más tarde.

Algunos investigadores creen que hubo al menos dos grandes migraciones desde África- NATURE

Algunos investigadores creen que hubo al menos dos grandes migraciones desde África- NATURE

El hecho de que un modelo y no otro sea el más cercano a la realidad, al final implica encontrar una explicación a cómo se mezclaron los genes humanos con sus parientes cercanos, los neandertales y los denisovanos. También permitiría entender si, efectivamente, los aborígenes australianos se separaron de los africanos antes que los pobladores de Eurasia, lo que significaría que estos tienen un origen más antiguo que el resto.

Además, uno y otro modelo de migraciones podrían ayudar a entender por qué la variabilidad genética de los humanos de algunas regiones fue menor a la de otros lugares (lo que es muy importante en el proceso de la evolución), o si hay algunos hombres actuales que representan mejor a sus ancestros que otros.

Los cuatro estudios presentados en Nature han hecho su pequeña contribución a la historia del hombre. La investigación dirigida por David Reich ha secuenciado el genoma de 300 personas de 142 poblaciones normalmente no muy estudiadas en estudios de variación humana. Han apoyado la idea de que hubo una gran oleada migratoria desde África, y que la población que dio lugar a los humanos de hoy en día dejó el continente hace unos 200.000 años. Además, sostienen que desde entonces la tasa de mutación auementó en un 5 por ciento entre los no africanos.

Por su parte, el equipo de Eske Willerslev ha secuenciado los genomas de 83 aborígenes australianos y de 25 personas de las tierras altas de Papúa Nueva Guinea. Esto, que de por sí solo ya les ha permitido convertirse en el estudio más importante de los genomas de esta poblaciones australianas, sugiere que los aborígenes ocuparon el continente durante mucho tiempo. Y que sus orígenes son más antiguos que los de los demás pobladores actuales.

La investigación de Luca Pagani y Mait Metspalu, estudió 379 genomas de 125 poblaciones, sobre todo europeas, y descubrió que al menos el 2 por ciento de los genes de los papuanos modernos proviene de un ancestro que se separó de África antes que los euroasiáticos. Esto apoya la idea de que hubo varias oleadas de humanos saliendo de África, y la antigua procedencia de los aborígenes.

El papel de los cambios climáticos

Además, una investigación dirigida por Axel Timmermann y Tobias Friedrich ha establecido un vínculo directo entre varios cambios climáticos pasados y un conjunto de oleadas migratorias que salieron de África hace unos 125.000 años (por lo que apoyan también la idea de que hubo varias migraciones). Según su modelo, varias glaciaciones provocaron migraciones a través de la península arábiga y el Mediterráneo oriental. Además, su trabajo apoya la idea de que el humano llegó al mismo tiempo al sur de China y a Europa, hace unos 80.000 años.

Tal como ha aclarado esta investigación, aunque no resulta sencillo relacionar el clima pasado con el humano pretérito, hay casos en los que este vínculo es claro. Por ejemplo, hace unos 12.000-5.000 años el actual desierto del Sáhara estaba cubierto de vegetación, bosques, lagos y ríos. Por eso en la región se han encontrado restos de actividad humana hasta hace unos 5.000 años, momento en el que los cambios en la órbita de la Tierra trastocaron el régimen de lluvias de la zona.

Parece claro que los genes son poderosas herramientas para acercarse al pasado del hombre. Pero tienen sus límites. No se puede olvidar la complejidad de la historia humana, reflejada en la diversidad de lenguas, restos arqueológicos y linajes genéticos encontrados hoy en día. Solo una ciencia armada con muchas disciplinas, como la arqueología, la antropología, la genética y la climatología, puede tratar de entender el pasado del hombre. Ese gran viajero que caminó por todos los continentes.

El hombre ya comenzó a cambiar el clima hace 3.900 años


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ABC Una pista de esquí en Sierra Nevada

ABC | Una pista de esquí en Sierra Nevada

Un equipo científico internacional, dirigido por el departamento de Estratigrafía y Paleontología de la Universidad de Granada, ha revelado el impacto del cambio climático y de la acción humana en el medio ambiente a través de un proyecto que estudia los sedimentos de los humedales de Sierra Nevada.

El estudio, denominado Paleodul, ha permitido corroborar el impacto de la acción del hombre en el medio ambiente, que según ha informado hoy la Universidad de Granada se hace evidente desde hace 3.900 años por un aumento en la frecuencia de incendios.

Y también por la presencia de contaminación por plomo provocada por la minería, según el estudio, que revela además la presencia creciente del cultivo de olivo en las faldas de Sierra Nevada y la repoblación con pino en las últimas décadas.

Esta investigación, dirigida por el profesor de la Universidad de Granada Gonzalo Jiménez Moreno, está permitiendo analizar lasseñales biológicas, físicas y químicas que han quedado registradas en los sedimentos depositados en los lagos alpinos y en la turbera de El Padul, en donde hay registros de múltiples ciclos glaciares e interglaciares acaecidos durante el último millón de años.

En el proyecto participan científicos de más de diez universidades y centros de investigación.

Algunos de los resultados obtenidos se derivan del análisis de polen, que ha revelado cambios en la vegetación que crecía en la región, mientras que los carbones muestran la presencia y variaciones en la abundancia de incendios en la zona cercana a los lagos.

Además, los análisis de geoquímica permiten observar las variaciones químicas que sucedieron en los lagos y sus alrededores, así como los aportes eólicos de polvo sahariano.

En cuanto al análisis de polen, indica que después de unas condiciones óptimas, cálidas y húmedas en el Holoceno temprano, que se deducen por la abundancia de árboles y de algas, hubo un proceso progresivo de aridificación que produjo la deforestación y el aumento de hierbas xerófitas en la zona desde hace 7.000 años hasta la actualidad.

Los primeros datos de geoquímica muestran que el aumento de aridez en la región y en el Norte de África produce un claro aumento en el aporte de polvo sahariano transportado por el viento hacia esta zona.

Pero, según el estudio, este proceso de aridificación no es totalmente continuo y estuvo interrumpido por periodos más secos y húmedos que, según los investigadores, probablemente tengan que ver con cambios cíclicos en la frecuencia del fenómeno de la oscilación del Atlántico Norte.

La investigación revela también que un espacio de tiempo relativamente húmedo en Sierra Nevada es el periodo Ibero-Romano, en el que aumentan sensiblemente las especies forestales en la región.

Pero, según los investigadores, los ecosistemas en Sierra Nevada no sólo han variado por causas naturales, ya que el hombre ha poblado la zona desde hace milenios y su impacto se hace evidente en los detalles que revela el estudio.

Todos estos datos muestran que en las lagunas de Sierra Nevada se encuentra información muy valiosa aún por descubrir y que puede ayudar a comprender cómo responderán los ecosistemas de montaña frente al cambio global.

El «hobbit» cumple diez años rodeado de misterios


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  • Este extraño hombrecillo hallado en la isla de Flores en 2004 podría revolucionar lo que se sabe sobre el origen de nuestra especie y su salida de África
El «hobbit» cumple diez años rodeado de misterios

ABC | Reconstrucción de un ejemplar fenenino de los “hobbit” hallados en la isla de Flores

Con un volumen cerebral un tercio del nuestro y un metro de estatura, el esqueleto de una hembra adulta hallado en la isla de Flores en 2004 trae de cabeza a los paleontólogos una década después de su descubrimiento. Hace diez años se presentó como una nueva especie humana, que vivió hace 18.000 años y descendía del Homo erectus, el primero de nuestros antepasados que se aventuró fuera de África.

Tenía otra intrigante peculiaridad, era el primer ejemplar de la familia humana que había menguado de tamaño para adaptarse a la vida en un pequeña isla del tamaño de Flores (Indonesia). Esta merma provocada por la escasez de recursos es algo común en las especies animales, pero insólito en la nuestra. Además, el pequeño tamaño de su cráneo, semejante al de un chimpacé, iba también en contra de la tendencia general en nuestra especie a incrementar el tamaño del cerebro.

Este extraño ejemplar fue enseguida bautizado con el apodo de “el hobbit”, por su pequeño tamaño, en un guiño a los personajes de ideados por Tolkien. Y ese apodo es lo único que parece mantenerse firme una década después de su descubrimiento. Y es que el exhibía también rasgos modernos, para mayor desconcierto.

Mezcla de rasgos

El diminuto Hombre de Flores comparte rasgos con otros más modernos, como el grosor de los huesos del cráneo, los dientes pequeños y la cara poco prominente, de ahí la hipótesis de que podría ser un Homo Sapiens con alguna enfermedad que justificase su pequeño tamaño, como cretinismo o microcefalia. Un artículo reciente publicado en PNAS apunta incluso a que tiene rasgos que recuerdan el síndrome de Down. Por el contrario, sus extremidades son más parecidas a las de los grandes simios africanos, una morfología que no favorecía la carrera ni la talla de delicadas herramientas.

Sin embargo, las primeras conclusiones sobre el linaje de hobbit han ido perdiendo apoyo en la década transcurrida desde el hallazgo. La búsqueda de una explicación plausible ha abierto nuevos interrogantes que podrían poner patas arriba todo lo que se sabe y admite sobre nuestros orígenes.

En un análisis publicado en el último número de Nature, el experto en el origen de nuestra especie Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, cree, como otros colegas suyos, que el Hombre de Flores podría estar más emparentado con los australopitecus, un linaje prehumano cuyo representante más famoso es Lucy, con una antigüedad de 3,2 millones de años. Australopithecus afarensis y el Hombre de Flores tienen en común su pequeño tamaño y el reducido volumen cerebral, que salvaría el interrogante de la regresión en tamaño y volumen cerebral que habría ocurrido si fuera posterior a Homo erectus.

Migración más temprana

Esta semejanza con linajes más antiguos cuestiona de paso que el Homo erectus fuera el primero de nuestros ancestros en salir del continente africano. Y adelantaría el momento de esta migración en varios cientos de miles de años sobre lo admitido hasta ahora. Una hipótesis muy sugerente que va ganando apoyos. Esto supone que el Hombre de Flores podría haber evolucionado en África, de donde habría salido hace unos dos millones de años, ya con su reducido tamaño, que tal vez podría haber mermado ligeramente en sucesivas generaciones para adaptarse a la escasez de recursos de la isla.

En realidad, Peter Brown and Mike Morwood, que dirigían las excavaciones en la gran cueva de Liang Bua, donde apareció el hobbit, dada la mezcla de rasgos primitivos y modernos, quisieron catalogar el pequeño esqueleto con el nombre Sundantrhopus floresianus, pero los revisores del artículo que apareció en 2004 en Nature les hicieron cambiar de opinión, explica Stringer.

“Si el linaje del Homo floresiensis tiene un origen más primitivo que los fósiles más antiguos hasta ahora descubiertos en Asia de Homo erectus, tendríamos que replantearnos la explicación dominante de cómo los humanos surgieron y se expandieron desde África”, señala Stringer. Hasta ahora se asumía que la primera dispersión desde el continente africano era anterior a los cráneos encontrados en Georgia, pero un origen aún más antiguo de los esqueletos de Flores supondrían una dispersión más temprana, uno 200.000 mil años antes, y compleja de nuestra especie, concluye el investigador.

Hallado un fémur de un antepasado del hombre de hace 500.000 años


El Pais

  • El hallazgo permitirá saber más sobre el tipo de humano que logró dominar el fuego

femuratapuercaUn hueso de fémur del Homo heidelbergensis, el antepasado de 500.000 años de antigüedad que fue capaz de dominar el fuego, es el principal hallazgo de este año de la campaña de excavación en la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca, que ha concluido este miércoles.

Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca y responsable desde sus inicios del yacimiento de la Sima de los Huesos, ha detallado que en esta campaña se habían encontrado además algunos fragmentos pequeños de cráneo humano, dos restos de costilla y un diente. Pero ha sido este último día de campaña cuando se ha producido el hallazgo de este hueso de fémur, que representa la mitad superior de la diáfisis, que según Arsuaga aportará información “muy útil” sobre la estatura y peso de los Homo heidelbergensis, especie de la que se han encontrado restos de una treintena de individuos en las diferentes campañas de excavación. Por eso, el codirector de Atapuerca asegura que es posible que se pueda completar el fragmento encontrado este año con algún resto de campañas anteriores.

El nombre de este ancestro humano se debe a que los primeros restos se descubrieron en Heidelberg, Alemania. Se trata de un antepasado directo del hombre de Neandertal que vivió en el centro y el sur de Europa. Eran cazadores de grandes herbívoros. Transformaron el medio y humanizaron el paisaje que les rodeaba. Fueron los primeros en tomar conciencia de la muerte y lo transmitieron a través del lenguaje, creando una cultura que se extendió al resto del mundo. Esos fueron los primeros pasos del arte y el simbolismo.

Además, el nuevo hallazgo amplía la superficie del yacimiento con restos humanos y augura “grandes descubrimientos” en los próximos años de esta década. Según Arsuaga, la reducción en el número de fósiles humanos hallados este año en la Sima de los Huesos con respecto a otras campañas responde a que se ha intervenido en la zonas de contacto entre las arcillas con fósiles humanos de hace medio millón de años y el depósito posterior de huesos de oso y otros carnívoros como el león que están por encima. En este sentido, a lo largo de esta campaña se ha recuperado un gran número de fósiles de oso, entre los que destaca un cráneo muy completo.

El hombre sabía hacer fuego hace 790.000 años, según un estudio


Reuters

Un nuevo estudio sostiene que los humanos eran capaces de encender el fuego hace casi 790.000 años, una habilidad que los ayudó a emigrar desde África a Europa.

Mediante el análisis de sílex encontrados en un yacimiento arqueológico en la ribera del río Jordán, investigadores de la Universidad Hebrea de Israel descubrieron que civilizaciones muy antiguas habían aprendido a hacer fuego, un momento crucial que les permitió aventurarse hacia tierras desconocidas.

Un estudio anterior del yacimiento, publicado en 2004, mostró que el hombre había sido capaz de controlar el fuego – por ejemplo, transfiriéndolo mediante el uso de ramas encendidas – en ese temprano período histórico. Pero los investigadores ahora dicen que el hombre de esa época podía realmente encender el fuego por sí mismo, en lugar de depender de fenómenos naturales como la caída de rayos.

Esa independencia lo ayudó a organizar la migración hacia el norte, indicaron los expertos.

El nuevo estudio, dado a conocer en una edición reciente de la revista Quaternary Science Reviews, trazó el mapa de 12 estratos arqueológicos en Gesher Benot Yaaqov, en el norte de Israel.

“Los nuevos datos muestran que hubo un uso continuo y controlado del fuego a través de varias civilizaciones, y que éstas no dependían de fuegos provistos por la naturaleza”, dijo el domingo la arqueóloga Nira Alperson-Afil.

Aunque no se hallaron restos de fósforos o mecheros primitivos, Alperson-Afil dijo que los modelos de pedernales encontrados en el mismo lugar empleados por 12 civilizaciones indicaban la habilidad de encender fuego, aunque los métodos para hacerlo no estaban claros.

Debido a que el sitio se encuentra en el valle Jordán – una ruta clave entre África y Europa – esto proporciona evidencias de la migración humana, agregó la experta.

“Una vez que dominaron el fuego para protegerse de los depredadores y para proveer calor y luz, estaban suficientemente seguros para avanzar y poblar territorios que no les eran familiares”, dijo Alperson-Afil.