Una cruel matanza, la primera guerra de la Historia


ABC.es

  • Un estudio publicado en «Nature» analiza un yacimiento cercano al lago Turkana, en Kenia, en el que se han encontrado los restos de 27 personas que murieron golpeadas, maniatadas y atravesadas por flechas, en el que puede ser uno de los primeros actos de violencia organizada de la humanidad

 

 Cráneo de un hombre con múltiples lesiones causadas por un objeto contundente, como un palo - MARTA MIRAZON LAHR

Cráneo de un hombre con múltiples lesiones causadas por un objeto contundente, como un palo – MARTA MIRAZON LAHR

Un equipo de investigadores del Centro Leverhulme de Estudios Evolutivos Humanos, de la Universidad de Cambridge, ha encontrado en Nataruk, Kenia, a solo 30 kilómetros del lago Turkana, los huesos fosilizados de un grupo de cazadores recolectores que fueron literalmente masacrados hace cerca de 10.000 años. Se trata de restos parciales de por lo menos 27 individuos, entre los que hay ocho mujeres y seis niños. Según los científicos, estamos aunte una auténtica matanza prehistórica que retrasa en varios miles de años el origen de la guerra tal y como la entendemos en la actualidad. El estudio aparece hoy en «Nature».

Doce de los esqueletos están prácticamente completos, y hasta diez de ellos muestran signos evidentes de una muerte violenta: traumatismos en cráneos y pómulos; manos, rodillas y costillas rotas; lesiones de flecha en el cuello y fragmentos de proyectiles de piedra en el cráneo y el tórax de dos de los hombres así lo atestiguan.

La violencia humana es probablemente tan antigua como el altruismo

Varios de los esqueletos fueron encontrados boca abajo, la mayoría de ellos con graves fracturas craneales. Por lo menos otros cinco mostraban indicios de haber sufrido fuertes traumatismos, algunos provocados por flechas. La posición de otros cuatro sugiere que estuvieron con las manos atadas, lo que incluye a una mujer en avanzado estado de gestación, como indica la presencia de huesos fetales.

Los cuerpos, además, no fueron enterrados. Algunos cayeron a una laguna que se secó hace ya mucho tiempo, conservando los huesos en su sedimento.

Los hallazgos sugieren que este grupo de cazadores recolectores, quizá miembros de un clan mucho mayor, fueron atacados y muertos por un grupo rival de recolectores prehistóricos. Los investigadores creen que estamos ante la primera evidencia histórica científicamente documentada de un conflicto humano, un antiguo precursor de lo que hoy llamamos guerra.

Los orígenes de la guerra

Los orígenes de la guerra, en efecto, son muy controvertidos. Algunos piensan que la capacidad para la violencia organizada tiene raíces muy profundas en la historia evolutiva de nuestra especie, mientras que otros sostienen que surge de la idea de «propiedad» que se desarrolla después de que los humanos dejaran la vída nómada y se asentaran, dando origen a la agricultura.

Por eso la matanza de Nataruk resulta tan importante. Se trata, de hecho, del primer registro disponible de violencia inter grupal entre cazadores recolectores de vida nómada.

En palabras de Marta Mirazon Lahr, de la Universidad de Cambridge y autora principal del estudio, «las muertes de Nataruk dan testimonio de la antiguedad que tienen la violencia entre grupos y la guerra. Estos restos humanos muestran la matanza intencionada de un pequeño grupo de recolectores que no fueron enterrados, y proporciona una evidencia única de que la guerra formaba parte del repertorio de las relaciones inter grupales entre los cazadores recolectores prehistóricos».

El yacimiento fue descubierto en 2012. Tras una meticulosa excavación, los investigadores utilizaron el radiocarbono y otras técnicas de datación para establecer la antiguedad tanto de los esqueletos como del sedimento que rodea los restos. Así lograron situar a Nataruk en un tiempo concreto. Las estimaciones indican que el suceso tuvo lugar entre hace 9.500 y 10.500 años, al principio del Holoceno, el periodo geológico inmediatamente posterior a la última Edad de Hielo.

Aunque ahora se trata de una zona de matorrales, hace 10.000 años el área alrededor de Nataruk era un territorio fértil alrededor de un lago, que daba sustento a una numerosa población humanaas. El yacimiento se encontraba probablemente al borde de una laguna y muy cerca de la orilla del lago Turkana, mucho más grande, con amplias zonas pantanosas y bordeado por bosques y corredores boscosos.

Se trataba, en definitiva, de un lugar ideal para los humanos prehistóricos que lo habitaban, con fácil acceso a la pesca y el agua potable y sin duda codiciado por otros grupos rivales. La presencia de cerámica indica que los pobladores almacenaban alimentos.

Para Mirazon Lahr, «la matanza de Nataruk pudo ser el resultado de un intento de apoderarse de los recursos (territorio, mujeres, niños, alimentos almacenados) cuyo valor puede equipararse al de la producción de alimento en las sociedades agrícolas posteriores y entre las que los ataques violentos formaban parte de la vida. Esto ampliaría la historia de las mismas condiciones socioeconómicas subyacentes que caracterizan a otros ejemplos de la guerra primitiva: una vida más asentada y materialmente más rica. Por otra parte, Nataruk podría ser simplemente la evidencia de una respuesta antagónica estándar para un encuentro entre dos grupos sociales en ese tiempo».

El antagonismo clásico entre los grupos de cazadores-recolectores de la historia reciente suele dar lugar alasesinato de los varones y a la absorción de las mujeresy los niños por parte del grupo victorioso. En Nataruk, sin embargo, parece que muy pocos, si es que alguno lo hizo, se salvaron.

Los restos de la matanza

De los 27 individuos registrados, 21 eran adultos: ocho varones, ocho mujeres y otros cinco de los que no se ha podido determinar el sexo. También se hallaron restos parciales de seis niños, mezclados o muy cerca de los de cuatro mujeres adultas y otros dos individuos de sexo desconocido. Ningún niño fue encontrado cerca de un varón. Y los seis pequeños, excepto un joven adolescente cuyos dientes revelan que debió tener entre 12 y 15 años, tenían menos de seis años de edad.

Diez de los esqueletos muestran evidencias de lesiones graves y que probablemente les llevaron a una muerte casi instantánea. Cinco de ellos, en efecto, fueron heridos por flechas, y en otros cinco se aprecian graves contusiones en el cráneo, probablemente causadas por palos de madera. Otros traumas registrados incluyen rodillas, manos y costillas fracturadas.

En dos de los cuerpos fueron encontrados tres artefactos, probablemente restos de flecha o de puntas de lanza. Dos de esos artefactos estaban hechos de obsidiana, una roca volcánica de color negro y tan afilada que podría usarse como maquinilla de afeitar. «La obsidiana –afirma Mirazon Lahr– es rara de encontrar en otros yacimientos de la Edad de Piedra en esta zona del lago Turkana, lo que sugiere que los dos grupos que se enfrentaron en Nataruk vivían en lugares diferentes».

Uno de los varones adultos aún conserva una hoja de obsidiana incrustada en su cráneo. Y aunque ésta no logró perforar el hueso, otra lesión indica que una segunda arma sí que lo hizo, aplastando toda el área frontal de su cabeza y cara. «El hombre –afirma la investigadora– parece haber sido golpeado en la cabeza por lo menos por dos proyectiles, y en las rodillas por un objeto contundente, cayendo boca abajo en el agua poco profunda de la laguna».

Otro de los varones adultos muestra dos golpes en la cabeza, uno sobre el ojo derecho y el otro en el lado izquierdo del cráneo, que quedó aplastado en los dos puntos de impacto y se agrietó en diferentes direcciones.

Los restos de un feto de entre seis y nueve meses fueron recuperados de la cavidad abdominal de una de las mujeres, que fue descubierta sentada en una posición sentada. De hecho, cuando Mirazon Lahr y sus colegas la encontraron, solo podían ver sus dos rodillas rotas sobresaliendo de la tierra. La posición del cuerpo indica, además, que sus manos y sus pies podrían haber estado atados.

Aunque nunca sabremos por qué el clan fue tan brutalmente asesinado, Nataruk es uno de los casos más claros de violencia entre grupos hallado hasta ahora entre cazadores recolectores prehistóricos. Y demuestra la existencia de guerras a pequeña escala entre las sociedades de la época.

Para Roberto Foley, también de la Universidad de Cambridge y coautor de la investigación, los hallazgos de Nataruk muestran que la violencia humana es, probablemente, tan antigua como el altruismo, cualidad que ha hecho de la nuestra la especie más cooperativa del planeta. «No me cabe duda –afirma– que está en nuestra biología ser agresivos y letales, del mismo modo que lo está ser profundamente cariñosos y amorosos. Mucho de lo que entendemos acerca de la biología evolutiva humana sugiere que son dos caras de la misma moneda».

 

 

Hallan en Kenia herramientas de piedra anteriores al hombre


ABC.es

  • Los utensilios encontrados cerca del lago Turkana son de hace 3,3 millones de años, 700.000 años más antiguas que las de la cultura Olduvayense
West Turkana Archaeological Project Una de las herramientas halladas en el yacimiento de Lomekwi 3, en Kenia

West Turkana Archaeological Project
Una de las herramientas halladas en el yacimiento de Lomekwi 3, en Kenia

Una serie de herramientas de piedra de 3,3 millones de años de antiguedad descubiertas en Kenia indican que los homínidos ya eran capaces de fabricarlas y utilizarlas mucho antes de lo que se creía. Incluso antes de que surgieran los primeros representantes del género Homo.

Los artefactos, que se describen con todo detalle en la revista «Nature», son muy anteriores al momento en que los investigadores sitúan el origen de Homo (el género al que pertenece nuestra especie). Pero se ignora qué homínido capaz de llevar a cabo este gran «avance tecnológico».

Hasta ahora, las herramientas de piedra más antiguas asociadas a Homo habían sido datadas en 2.600.000 años y procedían de yacimientos etíopes, donde fueron encontradas muy cerca de los restos fósiles del primer representante del género al que todos pertenecemos, Homo habilis, llamado así por su habílidad única para utilizar las manos. Esta «primera» industria humana recibe el nombre de Olduvayense.

Pero las nuevas herramientas, desenterradas en el yacimiento Lomekwi 3, cerca del lago Turkana, en Kenia, son 700.000 años más antiguas que cualquier artefacto Olduvayense conocido, según explica en «Nature» Sonia Harmand, primera firmante del artículo. La colección incluye yunques, martillos de piedra, adoquines y núcleos de piedra (usados para hacer los bordes afilados).

Cultura lomequiense

«Los estudiosos de la evolución humana -explica el artículo- han supuesto durante mucho tiempo que las primeras herramientas de piedra fueron hechas por el género Homo, y que este desarrollo tecnológico estaba directamente relacionado con el cambio climático y la expansión de los pastizales tipo sabana. Pero nuestro trabajo de campo en el oeste de Turkana ha encontrado la evidencia de un comportamiento tecnológico homínido muy anterior».

Los investigadores proponen el nombre de «lomequiense» para esta nueva industria lítica que, afirman, «marca un nuevo comienzo para el registro arqueológico conocido».

A pesar de que estas herramientas son mucho más primitivas que las del Olduvayense, los autores sostienen que sus fabricantes eran ya capaces de agarrar fuertemente objetos con sus manos y tenían, además, un excelente control motor. Las formas y las marcas observadas indican que se utilizaron profusamente para pulir objetos o fabricar esquirlas afiladas. Pero los investigadores proponen que los movimientos necesarios para fabricar estos artefactos se parecían más a lo que hacen los chimpancés cuando parten nueces con piedras, que a las técnicas de la cultura Olduvayense para fabricar sus herramientas.

Con todo, los autores de la investigación desconocen por completo qué tipo de homínido pudo ser capaz de construir las herramientas. «La única especie de homínido conocida que vivió al oeste del Turkana en esa época -afirman en «Nature»- fue Kenyanthropus playtops». Y no parece que reuniera las características y capacidad necesarias para llevar a cabo un logro tecnológico de esa envergadura.

Hallan tres fósiles de una nueva especie de homínido en el este de África


La Razón

  • El este de África estuvo habitado por tres especies de homínidos al comienzo de la evolución humana, el Homo Erectus, el Homo Habilis y una tercera especie recién descubierta, a partir del hallazgo de tres fósiles en un yacimiento de Kenia.

72370-550-550El descubrimiento, del que informa hoy la revista “Nature”, es obra de un equipo de científicos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Alemania y arroja nueva luz sobre los primeros momentos de la evolución humana tras la escisión de los primates.

Los fósiles, un cráneo casi completo y dos mandíbulas inferiores, pertenecieron a tres individuos diferentes que vivieron hace unos 1,95 millones de años, durante el Paleolítico Inferior, y se conservan en buen estado, según explicó a Efe Fred Spoor, paleontólogo y co-autor del artículo junto a la también paleontóloga Meave Leakey, del Turkana Basin Institute de Nairobi (Kenia).

En concreto, se trata de la cara y algunos dientes de un niño de alrededor de ocho años; una mandíbula inferior casi completa, con varias piezas dentales y raíces, que perteneció a un individuo adulto, y un fragmento de otra mandíbula inferior que conserva varios incisivos pequeños.
De hecho, según subrayó Spoor, una de esas dos mandíbulas es “la más completa hallada nunca perteneciente a un homínido primitivo”.

Los huesos aparecieron durante una excavación en el yacimiento de Koobi Fora, una región rocosa del norte de Kenia próxima al lago Turkana, rica en enterramientos y en aquel entonces un hábitat ideal para los primeros homínidos, con temperaturas cálidas y mucha vegetación.

En 1972, los investigadores encontraron un cráneo en Kenia cuyas características -un rostro más grande y plano que los demás fósiles de la zona- no permitían encuadrarlo con ninguna de las especies identificadas hasta el momento, y la comparación resultaba aún más difícil porque carecía de mandíbula y dientes.

Este cráneo se convirtió en un enigma para los paleontólogos y abrió un debate sobre si, al comienzo de la evolución humana, hubo una o dos especies de Homo además del ya conocido Homo Erectus, del que descienden el Neandertal y el Homo Sapiens.

Ahora, el hallazgo de los nuevos fósiles de Kenia, muy parecidos al de 1972, confirma que efectivamente fueron tres especies contemporáneas: el Homo Erectus, el Homo Habilis y una tercera, a la que aún no han puesto nombre, en espera de un estudio más detallado que permita conocer su parecido con el Homo Habilis.

“Cuando encontramos los fósiles de la cara, su parecido con el fósil de 1972 era inmediatamente obvio”, relató Spoor. La morfología de los huesos indica que estos individuos tendrían una cara alargada y más plana, y un paladar con forma de U, que se diferencia del resto de los homínidos de su época, con forma de V.

Según Spoor, las tres especies convivieron en el mismo tiempo y espacio, pero lo más probable es que se evitaran entre ellas. “Es posible que se conocieran, pero entre las especies de mamíferos cercanas a los homínidos lo más habitual es que se eviten entre ellas, como pasa con los gorilas y los chimpancés del Congo”, afirmó Spoor.

“El este de África era un lugar bastante poblado, con distintas especies que probablemente seguían dietas diferentes que aún no conocemos”, pero que podrían ser la clave de su convivencia en un mismo hábitat, al no tener que competir por los mismos alimentos, precisó Spoor.
Aunque tanto el Homo Habilis como esta nueva especie terminaron extinguiéndose, a diferencia del Homo Erectus, “parece evidente que la evolución humana no siguió una línea unidireccional”

Los primeros pasos del hombre moderno


El Mundo

ANTROPOLOGÍA | Hallazgo publicado en ‘Science’

  • Hallan en Kenia huellas de homínidos de hace 1,5 millones de años
  • Estos individuos ya eran capaces de caminar como humanos modernos
  • Tenían pies anatómicamente muy similares a los del ‘Homo sapiens’

pisadaEl árbol de la evolución de los homínidos es un complicado puzzle que abarca apenas un instante de la Historia de la Vida, desde hace entre seis y siete millones de años hasta la actualidad. El hallazgo de fósiles supone la base sobre la que descansa este complicado laberinto, pero en ocasiones otro tipo de hallazgos revela datos fundamentales que permiten completar los huecos de nuestro árbol de la vida. Un equipo científico, dirigido por el investigador de la Escuela de Ciencias de la Conservación de la Universidad de Bournemouth en Reino Unido Matthew R. Bennett, presenta hoy en la revista ‘Science’ el hallazgo de dos pruebas fósiles de huellas de pisadas que aclaran la evolución de la forma de andar que conservamos los humanos.

El descubrimiento ocurrió en dos estratos sedimentarios situados en Ileret (Kenia), a tan sólo unos kilómetros de distancia del lago Turkana. Fue precisamente en este lugar donde el equipo del paleoantropólogo Richard Leakey, hijo del famoso Louis Leakey, encontró los restos fósiles del homínido conocido como el niño de Turkana (contaba con ocho años de edad en el momento de su muerte). Leakey no tardó en señalar que se trataba del más completo miembro de la especie ‘Homo ergaster’, la primera en mostrar un acortamiento del tronco y unas extremidades más largas que las de los homínidos más primitivos, un rasgo distintivo del género ‘Homo’.

Como parece lógico pensar debido a la cercanía de ambos yacimientos, Bennett y su equipo creen que las pisadas corresponden a la especie a la que pertenece el niño de Turkana. «Estamos convencidos de que las huellas fueron hechas por un Homo ergaster o por un primitivo ‘Homo erectus’ y que, además, tenía una forma de andar y una anatomía del pié como las del hombre moderno», asegura a EL MUNDO Matthew R. Bennett.

Los estratos donde se hallaron las pisadas están separados por cinco metros de sedimentos. El primero de ellos contiene dos rastros de dos huellas cada uno y otro de siete huellas seguidas. Y el segundo presenta una huella aislada y un rastro de dos huellas. De manera que siete simples pasos de un homínido de un millón y medio de años pueden revolucionar el conocimiento de uno de los rasgos adaptativos más distintivos del ser humano: el bipedismo, una adaptación que apareció por primera vez hace seis millones de años en un primitivo pariente del ser humano llamado Ardipithecus ramidus.

La pisada del hombre moderno

El descubrimiento de Bennett supone la primera prueba de rastros de pisadas que tiene la Ciencia atribuibles al género Homo, al que pertenece nuestra especie Homo sapiens. Pero, no es la huella más antigua de un homínido. En 1978, otro miembro de la familia Leakey, en este caso Mary, la esposa del pionero de la paleoantropología Louise Leakey, descubrió en Laetoli (Tanzania) un rastro de más de tres millones y medio de años de antigüedad hecha por un Australophitecus afarensis.

Un ángulo pequeño entre el dedo gordo y el eje del pié, el arco longitudinal de la planta y la distribución medial del peso durante el avance de la pisada son los tres rasgos distintivos de la pisada humana moderna. Los investigadores digitalizaron con un escáner láser óptico las nuevas huellas, para poder compararlas con las encontradas en Laetoli y con las del ser humano moderno.

Los resultados no dejan lugar para la duda. La huella realizada por la especie de Laetoli no muestra ni los rasgos distintivos de la anatomía de los homínidos modernos ni su forma de andar. En cambio, las nuevas huellas coinciden con las del ser humano. «Andaban como nosotros y, probablemente, eso ayudó a esta especie en su migración fuera de África», cuenta Bennett.

Los primeros homínidos ya caminaban erguidos hace seis millones de años


CET – El Mundo

  • EVOLUCIÓN HUMANA

{7CEA5F72-3BA8-4165-A6AE-FB2A609731ED}_Australopithecus_afarensis-280x240MADRID.- Hace seis millones de años, nuestros antepasados ya disfrutaban de una de las señas de identidad más importantes del ser humano: la capacidad para caminar erguidos. Ésta es la conclusión a la que han llegado dos investigadores estadounidenses, tras analizar el fémur de un homínido hallado en Kenia.

El fósil en cuestión, perteneciente a una especie bautizada como ‘Orrorin tugenensis’, fue descubierto en el año 2000, y desde entonces ha protagonizado una intensa polémica entre los paleoantropólogos. Los autores del hallazgo inicial –Martin Pickford, del College de France, y Brigitte Senut, del Museo de Historia Natural de París– propusieron que Orrorin era un homínido bípedo, basándose en un análisis preliminar de su fémur.

Sin embargo, muchos de sus colegas cuestionaron sus observaciones, y desde entonces el fósil se ha encontrado perdido en una especie de «limbo científico», como afirma un editorial de la revista Science, que publica el nuevo estudio.

Tres años después del hallazgo original, en 2003, el paleoantropólogo Brian Richmond, de la Universidad de George Wahington, y su colega William Junkers, recibieron permiso del Gobierno de Kenia para volver a examinar el controvertido fósil de Orrorin.

Tras medir cada detalle del fémur, los investigadores compararon su morfología con una base de datos de más de 300 ejemplares del mismo hueso de grandes simios, homínidos y ‘Homo sapiens’ modernos. El concienzudo análisis no dejó lugar a dudas: la estructura ósea de ‘Orrorin’ le permitía caminar erguido, según los autores de la investigación.

«Nuestro análisis confirma de forma contundente que era una especie bípeda hace seis millones de años», asegura el doctor Richmond en Science. Además, la investigación ha comprobado que ‘Orrorin’ era muy similar a la rama de los australopithecus, que surgieron hace cuatro millones de años, y que durante la mayor parte de la evolución humana el mecanismo fisiológico del bipedalismo ha variado muy poco.

Aquellos primeros pasos erguidos constituyeron una adaptación clave para el éxito del linaje humano, ya que se calcula que esta forma de caminar gasta una cuarta parte de la energía que invierten los simios cuadrúpedos.

Hallan una mandíbula del ancestro común africano de todos los grandes simios


Martes 13/11/07 23:12 CET – El Mundo

  • LOS FÓSILES SE ENCONTRARON EN KENIA
  • La nueva especie vivió en Kenia hace 10 millones de años
  • Sitúa en África toda la línea evolutiva humana
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Mandíbula hallada en Kenia

MADRID .- El antepasado común de chimpancés, orangutanes, gorilas y humanos fue un gran simio que vivió hace casi 10 millones de años en Nakali, una zona al norte de Kenia en la que han aparecido fosilizados algunos de sus restos.

El hallazgo, realizado por un equipo de paleontólogos japoneses, vuelve a situar en el continente africano el origen de los grandes simios que forman parte de nuestro linaje, de donde había sido desplazado en los últimos años.

La falta de restos de grandes antropoides en África había situado en Eurasia la aparición del ancestro común de los primates , dado que allí sí que se habían encontrado fósiles de gran tamaño de hace más de nueve millones de años, como el emblemático ‘Ouranopithecus macedoniensis’ de Grecia.

Muchos investigadores defendían que ese antepasado común había vuelto al continente del sur y a su regreso habrían ido surgiendo las diferentes ramas que hoy se conocen de grandes simios. Una de las razones por las que se planteó esta teoría fue que, hasta ahora, sólo se habían hallado fósiles africanos de aquella lejana época de tamaño muy pequeño o demasiado especializados para ser relacionados con gorilas o chimpancés.

El ‘Nakalipithecus nakayamai’, del que se tienen una mandíbula y 11 trozos de huesos, ha cambiado el panorama.

Análisis dentario

El equipo de Yutaka Kunimatsu, de la Universidad de Kioto, ha hecho un exhaustivo análisis de los dientes del que, según parece, fue un gran homínido similar a las hembras de gorilas y orangutanes . Y concluye que, pese a las similitudes con sus contemporáneos euroasiáticos, el ‘N. nakayamai’ es sin duda una nueva especie que vuelve a colocar las cosas en su sitio: África ha sido, desde los inicios, la cuna de la evolución de todos los primates, incluidos los ‘Homo’.

Los paleontólogos, que han publicado estos resultados en la revista americana ‘Proceedings of National Academy of Science’ (PNAS), recuerdan que en 1982 ya salieron a la luz, en las colinas Samburu, no muy lejos de Nakali, los dientes de otro homínido de hace entre nueve y 10 millones de años, bautizado como ‘Samburupithecus kiptalami’, aunque su clasificación estaba, y aún está, poco clara.

Es más, este mismo año, otros japoneses descubrieron en la región etíope de Afar restos de un primate de hace entre 10 y 10,5 millones de años, el ‘Chororapithecus abyssinicus’, que también fue presentado como un ancestro común.

“Como la biología molecular ha puesto de relieve, los gorilas se escindieron del árbol evolutivo común con los homínidos y los chimpancés hace entre 10 y nueve millones de años. Ahora estos fósiles vienen a apoyar estos resultados mostrando que, en el tiempo que el ADN sugiere que aparecieron los simios, los huesos son parecidos a los de un gorila”, argumenta el paleontólogo español Manuel Domínguez-Rodrigo, que desde hace muchos años cada año trabaja en la Garganta de Olduvai, en Tanzania.

Para Domínguez-Rodrigo «ya no es necesaria la hipótesis de Eurasia. Ahora por fin tenemos incluso más de un candidato a antepasado y podemos decir que la evolución de los simios hasta los homínidos fue algo exclusivamente africano». El paleontólogo defiende que sin las circunstancias especiales de África en los últimos 10 millones de años , “no habrían surgido ni gorilas ni chimpancés y sin ellos, no tendríamos la base para el proceso que nos hizo humanos “.