El primer encuentro sexual de neandertales y sapiens


ABC.es

  • Sucedió hace 100.000 años en Oriente Medio, un cruce en el que la otra especie humana inteligente recibió nuestros genes

 

 Representación de la salida de África de los sapiens hace 100.000 años

Representación de la salida de África de los sapiens hace 100.000 años

La relación entre el Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos todos los seres humanos actuales, y los neandertales, la otra especie humana inteligente ya extinta, es un largo e intrincado culebrón antropológico prolongado durante miles de años en el que no faltan los encuentros sexuales y el intercambio genético. E igual que en una de esas historias por entregas, uno no puede saltarse un capítulo si no quiere acabar perdido. El último episodio, publicado en la revista Nature y firmado por un amplio plantel internacional de investigadores, entre ellos varios españoles, resulta fascinante.

Los científicos, codirigidos por Sergi Castellano, del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck en Leipzig, Alemania, han dado un auténtico giro de guion. Han descubierto que hubo al menos dos cruces entre el hombre anatómicamente moderno y los neandertales. Uno en Europa hace unos 50.000 años, que ya se conocía, y otro anterior, completamente inesperado, que se produjo hace 100.000 años en Oriente Medio. Por si fuera poco, hay otra gran sorpresa. Desde que en 2010 Svante Päävo desentrañó el genoma neandertal, es sabido que en esa segunda cita ellos nos transmitieron sus genes, motivo por el que todas las personas de origen euroasiático llevan esa pequeña herencia en su «código de barras» -alrededor del 2% de nuestro genoma es neandertal-, pero resulta que también sucedió al revés: en la primera hibridación fuimos nosotros quienes les aportamos nuestro material genético.

El estudio parte del análisis de los genomas completos de un neandertal y un denisovano (otro misterioso ancestro humano) de las montañas de Altái en Siberia, cerca de la frontera entre Rusia y Mongolia, y la secuencia del cromosoma 21 de un neandertal de la cueva asturiana de El Sidrón y de otro de Vindija, en Croacia. Los resultados plantean un escenario completamente nuevo. Probablemente gracias a un cambio climático favorable, los humanos modernos salieron fuera de África hacia Asia hace más de 100.000 años, una expansión revelada por los restos encontrados en los yacimientos israelíes de Skhul y Qafzeh. Pudieron hacerlo por dos vías: a través de lo que ahora es Egipto e Israel o por la franja del Mar Rojo o el Cuerno de África hacia la Península Arábiga.

 «Muchos creían que fue una migración fallida, sin descendencia, y que no llegaron muy lejos, pero unas herramientas de piedra recuperadas al sur de Arabia y los restos hallados en China recientemente nos dicen lo contrario», explica a ABC Antonio Rosas, profesor de investigación del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y coautor del estudio. Probablemente, estos humanos modernos se extinguieron más tarde y por eso no forman parte de nuestros ancestros.

Múltiples cruces

«Esos sapiens eran hombres de aspecto robusto y primitivo, que aún recuerdan al Homo erectus; también portadores de rasgos que comparten todas las poblaciones subsaharianas actuales», describe Rosas. Durante ese viaje temprano se produjo la primera hibridación con los neandertales, que posteriormente pudieron desplazarse al sur de la actual Siberia, portando los genes sapiens. Pero no todos los neandertales tienen esas secuencias genéticas. No es el caso de los dos de la Península Ibérica, por lo que puede que esos grupos no coincidieran con los sapiens o, si lo hicieron, no tuvieran descendencia. Nuestra «huella» tampoco aparece en el denisovano analizado.

«Este descubrimiento representa un paso más en la demolición del anterior paradigma de la evolución humana. Ahora sabemos que ha habido múltiples cruzamientos entre humanos modernos y homínidos arcaicos que han contribuido a acelerar la adaptación de estas poblaciones», apunta Carles Lalueza-Fox, líder del Laboratorio de Paleogenómica del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), quien también cree además que «esto ha debido ocurrir también en el pasado más remoto de nuestro linaje, desde hace millones de años».

Los hijos, con los sapiens

Los investigadores todavía desconocen cómo se produjeron esos encuentros entre ambas especies, si fueron varones sapiens y féminas neandertales quienes mantuvieron relaciones, o al revés. «Pero cabe sospechar que los descendientes híbridos, ya sea porque una sapiens se quedara embarazada de un neandertal o una neandertal fuera raptada por unos sapiens, permanecían en los grupos sapiens, y a su vez sus descendientes se cruzaban con otros sapiens», dice Rosas. «Lo que también está claro es que la hibridación fue relativamente frecuente pero cuantitativamente escasa: la transferencia de secuencias genéticas hacia el ser humano es pequeña, de solo un 2%», puntualiza. Sin embargo, las consecuencias llegan hasta nuestros días y es ahora cuando empezamos a descubrirlas. Una investigación de la Universidad Vanderbilt en Nashville (Tennessee, EE.UU.), publicada en la revista Science hace una semana, relacionaba la depresión, la adicción al tabaco, el infarto de miocardio e incluso algunas lesiones cutáneas con la herencia de esos parientes europeos.

El Homo neanderthalensis desapareció para siempre hace unos 40.000 años por causas que todavía son un misterio, aunque quizás la endogamia fue un factor determinante, ya que los neandertales tenían una baja diversidad genética. Cuando por fin pueda ser escrita, esa historia cerrará un capítulo de la evolución humana del que aún hay mucho que contar.

 

‘Sapiens’: el mono que se convirtió en dios


El Mundo

  • Se publica en España ‘De animales a dioses’, una obra monumental del historiador israelí Yuval Noah Harari traducido a 20 idiomas
ILUSTRACIÓN: CARLOS RODRÍGUEZ CASADO

ILUSTRACIÓN: CARLOS RODRÍGUEZ CASADO

“Nunca convenceremos a un mono para que nos dé un plátano con la promesa de que después de morir tendrá un número ilimitado de bananas a su disposición en el cielo de los monos». Para Yuval Noah Harari (Haifa, Israel, 1976), la diferencia crucial entre el primate humano y todos los demás animales de la Tierra es que los sapiens no sólo son capaces de imaginarse cosas que nunca han visto, tocado ni oído, sino además de convencer a muchas otras personas de que sus fantasías (por muy descabelladas que sean) son verdad.

Cualquier chimpancé puede avisar a sus compañeros de manada sobre un peligro con un alarido específico que significa: «¡cuidado, un león!». Sin embargo, gracias a lo que este historiador israelí denomina «la revolución cognitiva», sólo los sapiens adquirieron la capacidad para inventar y proclamar la existencia de algo tan falso como extraordinariamente poderoso: «el león es el espíritu guardián de nuestra tribu». Para Harari, esta insólita capacidad para inventar ficciones y, sobre todo, para transformarlas en mitos compartidos por miles e incluso millones de personas, es la clave fundamental para explicar por qué «un simio insignificante» se convirtió en «el amo del planeta».

En De animales a dioses (Debate/Edicions 62), la monumental, provocadora y brillante Historia de la Humanidad que acaba de llegar a las librerías españolas tras vender más de 300.000 ejemplares en Israel y traducirse a más de 20 idiomas, Harari disecciona el gran «arma secreta» de nuestra especie: su insuperable capacidad para el autoengaño colectivo. «Un gran número de extraños puede cooperar con éxito si creen en mitos comunes», explica a EL MUNDO el profesor de Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, formado en Oxford. «Y ésta es la razón por la que los sapiens dominan el mundo mientras las hormigas comen nuestras sobras y los chimpancés están encerrados en zoos y laboratorios».

Hoy, a principios del siglo XXI, Harari está convencido de que nuestro poder es tan inmenso que incluso estamos adquiriendo las capacidades que tradicionalmente se han atribuido a las deidades de las religiones: «Cuando digo en el título que somos animales convertidos en dioses, lo digo en un sentido muy literal. En el siglo XXI, gracias a los avances de la ciencia y la tecnología, estamos a punto de apropiarnos de poderes que siempre se han considerado divinos, como la creación de vida, la eterna juventud, la transformación de nuestra propia naturaleza genética e, incluso, la capacidad de leer la mente mediante cerebros conectados por ordenadores». Pero la gran pregunta con la que se ha atrevido este historiador israelí en su libro es: ¿cómo hemos logrado todo esto en menos de 100.000 años, un minúsculo suspiro, si tenemos en cuenta los 3.800 millones de años que han transcurrido desde la aparición de los primeros seres vivos de nuestro planeta?

Cooperación a gran escala

Para Harari, la respuesta está clara: a diferencia de las manadas relativamente pequeñas de simios o de los clanes de neandertales, nuestra especie ha sido la primera capaz de forjar inmensas redes de cooperación a gran escala: tribus, iglesias, ciudades, imperios, naciones, organismos supranacionales, multinacionales globales… Pero nada de esto hubiera sido posible si los sapiens, como todas las demás especies, sólo pudieran transmitir información sobre cosas que realmente existen, como el peligro de los depredadores o los árboles donde crecen frutos.

La verdadera clave de nuestra supremacía, según el exhaustivo relato que ofrece Harari en De animales a dioses, es que únicamente nuestra especie es capaz de inventar (y sobre todo de compartir a escala masiva), relatos imaginarios sobre entidades que sólo existen en nuestra fértil mente creativa, desde «el pueblo elegido de Dios» o el «espíritu del pueblo» hasta «la nación libre y soberana» de los estados modernos.

«Los mitos son el motor más poderoso de la Historia de la Humanidad, porque han permitido y siguen permitiendo la cooperación de miles y hasta millones de personas. Si examinas cualquier caso de cooperación a gran escala, comprobarás que siempre está basado en algún tipo de relato imaginario. Las personas no tienen ningún instinto para cooperar con extraños y, por tanto, la colaboración en grandes grupos de individuos que no se conocen personalmente entre ellos siempre se basa en ficciones. Cuando un mito colectivo tiene éxito, su poder es inmenso porque permite a millones de extraños cooperar y trabajar juntos hacia objetivos comunes», explica Harari.

Hasta tal punto esto es cierto, según el historiador israelí, que desde su «revolución cognitiva», los sapiens, de hecho, viven en una «realidad dual»: por un lado, la realidad objetiva de los leones y los árboles, sobre la que también se comunican muchos otros animales; y por otro, la realidad imaginada de dioses y espíritus tribales, ficciones que sólo entienden los imaginativos sapiens, la especie más cuentista, y por eso mismo -según Harari- la más poderosa.

El ‘pegamento mítico’ de la Humanidad

El historiador israelí Yuval Noah Harari. ANTONIO HEREDIA

Hoy, conceptos como «el pueblo elegido de Dios» o «el espíritu de la patria» pueden sonar arcaicos, y quizás muchos piensen que la tesis de Harari sólo sirve para explicar las sociedades humanas del pasado, o las más retrógradas del mundo actual. Sin embargo, el historiador israelí considera que hoy, la importancia de los mitos colectivos para mantener la cooperación humana a gran escala sigue siendo igual de importante, aunque ahora las ficciones dominantes, al menos en los países occidentales, sean no sólo las de las viejas naciones, sino los ideales del «progreso», «la libertad», las «leyes del mercado» o los «derechos humanos», conceptos que para Harari son «igual de ficticios que los antiguos dioses» y «no existen en la naturaleza, sino tan sólo en nuestra propia imaginación».

«Si intentáramos agrupar a miles de chimpancés en la plaza de Tiananmen, Wall Street, el Vaticano o la ONU, el resultado sería el pandemonio, pero hoy los sapiens se reúnen regularmente a millares en todos estos lugares», escribe Harari en su libro. «La verdadera diferencia entre nosotros y los chimpancés, tanto en el pasado como hoy mismo, es el pegamento mítico que une a un gran número de individuos, familias y grupos. Este pegamento nos ha convertido en dueños de la creación».

El historiador israelí no niega la importancia de otras habilidades humanas que también fueron determinantes a la hora de explicar nuestro éxito evolutivo, como la capacidad para fabricar y usar utensilios, que posteriormente nos llevaron a las otras grandes revoluciones en la Historia de la Humanidad: la agrícola, la industrial y la científica. Pero Harari insiste que todas estas grandes transformaciones jamás hubieran sido posibles sin que primero miles y después millones de extraños colaboraran juntos y estuvieran dispuestos a sacrificarlo todo, incluyendo sus vidas, por la colectividad. «Einstein era mucho menos diestro con sus manos que un antiguo cazador-recolector. Sin embargo, nuestra capacidad de cooperar con un gran número de extraños ha mejorado de manera espectacular», explica el historiador.

El ‘lado oscuro’ de las ficciones colectivas

Pero aunque Harari tenga razón y resulte innegable que el «pegamento social» de los mitos ha sido un factor crucial en el éxito evolutivo de la especie humana, también es evidente que en muchos momentos de la Historia y, por supuesto, hoy mismo, las mitologías del sapiens también han provocado la muerte de millones de personas. No hay más que fijarse en el conflicto sangriento que se sigue sufriendo ahora mismo en la tierra del propio Harari entre israelíes y palestinos. Cuando se le pregunta sobre este paradójico lado oscuro de las ficciones colectivas, tan poderosas y a la vez tan potencialmente destructivas, el historiador responde: «Si consigues una red de colaboración a gran escala, necesitas que todos sus miembros se crean la misma historia. Pero con frecuencia no consigues que toda la gente se crea el mismo relato, y se generan dos o más grupos, cada uno de los cuales se cree un relato diferente, y con frecuencia antagónico. De hecho, la mayoría de las guerras en la Historia se generan por culpa de conflictos generados por relatos antagónicos, y no se deben a una lucha por recursos».

Según Harari, en el conflicto entre israelíes y palestinos «no hay escasez de comida entre el río Jordán y el Mediterráneo». El problema es que hay dos comunidades que rigen sus vidas con «mitologías incompatibles», y de momento «nadie ha sido capaz de reconciliar estas historias antagónicas con un nuevo relato integrador». Pero en todo caso, a pesar del innegable potencial destructivo que pueden desatar las ficciones colectivas, Harari insiste en que siguen siendo indispensables para mantener la cooperación a gran escala en las inmensas sociedades de sapiens.

Sin embargo, ¿no sería mucho mejor para el futuro de la Humanidad la expansión de relatos colectivos menos ficticios que los del pasado y más realistas, que dejaran de invocar a dioses y a otras entidades cuya existencia es indemostrable? Ante esta pregunta, Harari insiste que «algún tipo de religión sigue siendo necesaria para el mantenimiento de la cooperación social a gran escala», aunque su concepto de «religión» incluye no sólo a los «dioses» tradi- cionales, sino también a otras ficciones mucho más modernas: «Las religiones afirman que las normas y las leyes hay que obedecerlas no porque han sido inventadas por humanos, sino porque viene impuestas ‘desde arriba’. Y cuando afirman esto, el significado de ‘arriba’ puede referirse a los dioses, o a las leyes de la naturaleza. Algunas religiones, como el cristianismo o el islam, basan la obediencia de las normas y las leyes en una creencia en dioses. Pero otras religiones, como el marxismo, el capitalismo o el liberalismo se basan en supuestas ‘leyes naturales’ que sólo existen en nuestra imaginación».

Primates poderosos pero insatisfechos

De hecho, para Harari, otro de los dioses de la modernidad ha sido y sigue siendo «la nación soberana», pero cuando se le pregunta sobre lo que está pasando ahora mismo en Escocia y Cataluña, le resta importancia: «Los sentimientos nacionalistas siguen siendo poderosos, pero muchísimo menos que hace 100 años. Si piensas en la Europa de la I Guerra Mundial, los franceses, los alemanes o los ingleses estaban dispuestos a sacrificar millones de vidas por su patria. Pero hoy el nacionalismo en Europa es infinitamente más débil, ha surgido con fuerza un relato sobre la identidad europea, y apenas nadie está dispuesto a sacrificar la vida de sus soldados en una guerra como hace un siglo. Sinceramente, dudo mucho que si Escocia o Cataluña se declaran su independencia, el Ejército británico o español envíe tropas. Ni los británicos ni los españoles estarían dispuestos a sacrificar miles de vidas por estos conflictos».

Harari tiene claro, en todo caso, que los grandes problemas que la Humanidad tiene ahora sobre la mesa son globales, y que ningún estado nacional puede afrontarlos por sí solo. «Hoy, los desafíos a los que no enfrentamos son planetarios: la crisis económica, el cambio climático, y los riesgos de nuevas tecnologías como la manipulación genética, la creación de vida artificial o el desarrollo de algoritmos que van a hacer nuestro trabajo mejor que nosotros». Por eso, sin duda lo que nuestra especie necesita son libros tan valientes como el de Harari, que se ha atrevido a abarcar la Historia de toda la Humanidad y ofrece un relato mucho más honesto sobre quiénes somos y de dónde venimos, que las viejas ficciones tribales o nacionalistas.

De animales a dioses concluye con una inquietante reflexión: «A pesar de las cosas asombrosas que los humanos son capaces de hacer, seguimos sin estar seguros de nuestros objetivos y parecemos estar tan descontentos como siempre… Somos más poderosos de lo que nunca fuimos, pero tenemos muy poca idea de qué hacer con todo ese poder». Ojalá el éxito mundial de este libro ayude a los sapiens a orientarse un poco mejor en el laberinto del siglo XXI, para afrontar con mayor éxito los desafíos del futuro.

Un grabado tallado por neandertales en una cueva de Gibraltar


El Mundo

  • El hallazgo muestra que la capacidad de pensamiento simbólico no era exclusiva de los ‘sapiens’

Grabado tallado por neandertales descubierto en la cueva de Gprham.

Grabado tallado por neandertales descubierto en la cueva de Gprham.

Una cueva de Gibraltar alberga el primer diseño abstracto realizado de manera intencionada por los neandertales que ha sido encontrado hasta ahora. Se trata de un sencillo grabado tallado en la roca de pequeño tamaño, unos 300 centímetros cuadrados: varias líneas cruzadas y paralelas en ángulo recto trazadas en el suelo de una cueva que estuvo habitada por los neandertales, una especie extinta de homínido que convivió con el Homo sapiens. Cuándo dejó de habitar el planeta sigue siendo objeto de debate entre los científicos, que sitúan su desaparición hace entre 41.000 y 24.000 años.

El hallazgo de este grabado supone una nueva prueba de que las capacidades cognitivas de los neandertales han sido minusvaloradas por los paleontólogos durante décadas de estudio de los yacimientos donde se han encontrado restos fósiles de homínidos y de los instrumentos que fabricaban.

Los trazos de la cueva gibraltareña de Gorham mostrarían, según los autores de este estudio con participación española publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que la capacidad de pensamiento simbólico no era exclusiva del Homo sapiens. «Fue un grabado intencional y simbólico, aunque nunca llegaremos a comprender su significado», explica a EL MUNDO Juan José Negro, ecólogo de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y coautor del estudio.

Se muestran convencidos de ello porque han descartado la posibilidad de que las marcas, de hasta seis milímetros de profundidad, fueran realizadas de forma accidental, por ejemplo, mientras cortaban carne o piel con instrumentos líticos. Para averiguarlo, imitaron y repitieron distintos procesos utilizando herramientas originales de los neandertales.

Pensamiento abstracto

Su conclusión es que «para hacer el grabado, hace entre 40.000 y 45.000 años, hicieron falta varias horas de trabajo. Tuvo que pasar la herramienta cientos de veces», dice Negro. «Es un trabajo ex profeso, realizado con un objetivo, por alguien que ya había hecho algo así más veces», añade Joaquín Rodríguez -Vidal, catedrático de Geodinámica de la Universidad de Huelva y autor principal. «Los neandertales eran capaces de pensar, de abstraerse y de representar ese pensamiento», asegura.

Según relata por teléfono el geólogo, el grabado fue descubierto hace dos años. Desde entonces han realizado un estudio exhaustivo para confirmar que su firma es neandertal, una tarea a la que ha contribuido la naturaleza, pues estaba cubierto por sedimentos acumulados en época neandertal: «Los procesos químicos de disolución de sedimento han formado una pátina química de mineral sobre el grabado, que lo ha conservado como si fuera un barniz. Es una circunstancia excepcional», dice Rodríguez -Vidal.

Los paleontólogos creen que neandertales y sapiens convivieron durante varios milenios. Según una investigación publicada en agosto en Nature que examinó fósiles y herramientas de 40 yacimientos europeos, la convivencia duró entre 2.600 y 5.400 años dependiendo de la región. Según sostiene ese reciente estudio, los neandertales se extinguieron hace entre 41.000 y 39.000 años. Sin embargo, otros autores establecen que los neandertales vivieron en Gibraltar hasta hace hace unos 25.000 años. Juan José Negro se muestra convencido de que los neandertales vivieron en Gibraltar, al menos, hasta hace 30.000 años.

Muy parecidos a los ‘sapiens’

Tanto Negro como Rodríguez-Vidal subrayan que cada vez hay más pruebas de que los neandertales se parecían mucho a los sapiens, pese a la creencia tan extendida en el mundo académico de que nuestra especie era intelectualmente superior.

Recientemente se hallaron, también en la misma cueva de Gorham, que se excava desde mediados del siglo pasado, restos de palomas calcinadas que sugieren que los neandertales ya tenían la capacidad de cazar aves y cocinarlas usando fuego.

La cueva de Gorham, en Gibraltar, donde se descubrió el grabado hace dos años.CLIVE FINLAYSON

Asimismo, recuerda Negro, se ha documentado en distintos yacimientos el uso que hacían del fuego, el empleo de pieles para vestirse, la utilización de plumas de grandes aves y garras de águilas reales para ornamentación o la manera en que enterraban a sus muertos, hallazgos que denotan «que tenían comportamientos elaborados y ciertas capacidades intelectuales».

«Con este descubrimiento hemos abierto la puerta a que se reinterpreten hallazgos pasados, evidencias que han podido pasar desapercibidas, que no han sido publicadas o han sido publicadas en revistas secundarias, sobre sus capacidades cognitivas», dice el ecólogo de Doñana.

REFUGIO EN GIBRALTAR

El territorio que hoy es Gibraltar fue hogar de los neandertales durante los aproximadamente 200.000 años que habitaron la Tierra. Allí y en Bélgica se hallaron los primeros fósiles de esta especie. Pero los alemanes que posteriormente encontraron más restos de este homínido en el valle de Neander fueron más rápidos en publicar su descubrimiento y por eso se bautizó como Homo neanderthalensis. Recuerda la anécdota el ecólogo Juan José Negro, que subraya que Gibraltar fue «un refugio para los neandertales», pues su clima se mantuvo estable gracias a su cercanía al mar y a su latitud. «Hemos demostrado que la fauna neandertal era muy similar a la que hay ahora en Doñana».

Un nuevo método de análisis confirma los distintos orígenes de Neandertales y Sapiens


EFE – ADN

Utilizando procesamiento tridimensional de imágenes, científicos argentinos han conseguido aumentar el detalle de la comparación de rasgos morfológicos de los fósiles humanos

Un grupo de científicos argentinos ha desarrollado una metodología de análisis de fósiles que ofrece nuevos datos para sostener la teoría de que el Neardental y el Homo Sapiens no proceden del mismo ancestro.

En la comunidad científica existe un amplio debate sobre la pertenencia de ambos homínidos a un mismo grupo descendiente del Homo heidelbergensis, una teoría que viene a rebatir el estudio realizado por el Centro Nacional Patagónico, en Puerto Madryn (suroeste de Argentina).

El director del estudio, Rolando Gómez-José, reconoció hoy a Efe que se trata de una aportación científica que viene a “meter más ruido”, creará controversia y “sin duda tendrá oposición”, ya que “son temas muy sensibles, con gente muy apasionada”, indicó.

Mediante el procesamiento por ordenador de imágenes en tres dimensiones de cráneos de humanos de distintas familias, el equipo argentino ha logrado analizar la morfología de los restos con mayor precisión que con los métodos utilizados hasta ahora.

Análisis en detalle

Gómez-José dijo que esta metodología, la “morfometría geométrica”, permite tratar las variaciones de cada grupo en conjunto, a diferencia de los estudios hechos hasta ahora, que analizan por separado distintas características como la nariz, la posición de la mandíbula o los globos oculares.

En este sentido, explicó que las imágenes digitales “permiten ver diferencias morfológicas más sutiles, que no se aprecian en los análisis tradicionales”, que apoyan las teorías que consideran al Homo heidelbergensis un ancestro sólo del Neardental y no del hombre actual, de manera que estos formarían grupos separados. Según el estudio, el Homo sapiens forma una “familia” con especies anteriores como el Homo ergaster y el Homo erectus.

El científico destacó que la investigación pretende acabar con la “denominación simplista” que se usa para clasificar a los homínidos según sus diferencias morfológicas, como la distinción entre “cráneos grandes y cráneos pequeños” o “narices altas y narices bajas”.

Estudio exhaustivo

El estudio del Centro Nacional Patagónico, que será publicado mañana en la revista científica “Nature”, ha sido realizado en los últimos tres años con réplicas de gran calidad de cráneos reales.

Los veinte ejemplares escogidos pertenecían a gorilas y chimpancés, Australopithecus afarensis y africanus, Paranthropus boisei, robustus y aethiopicus, Homo habilis, Homo erectus, Homo ergaster, Homo heidelbergensis y Homo neardanthalensis. A pesar de que espera controversias, Gómez-José confía en que la nueva técnica contribuya en unos años a cambiar “por completo” la terminología utilizada en esta rama científica.