Cruzadas


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Fueron expediciones militares realizadas por los cristianos de Europa occidental, normalmente a petición del Papa, que comenzaron en 1095 y cuyo objetivo era recuperar Jerusalén y otros lugares de peregrinación en Palestina, en el territorio conocido por los cristianos como Tierra Santa, que estaban bajo control de los musulmanes. Los historiadores no se ponen de acuerdo respecto a su finalización, y han propuesto fechas que van desde 1270 hasta incluso 1798, cuando Napoleón I conquistó Malta a los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, una orden militar establecida en esa isla durante las Cruzadas. El vocablo cruzada (de ‘cruz’, el emblema de los cruzados) se aplicó también, especialmente en el siglo XIII, a las guerras contra los pueblos paganos, contra los herejes cristianos y contra los enemigos políticos del Papado. Por extensión, el término se emplea para describir cualquier guerra religiosa o política y, en ocasiones, cualquier movimiento político o moral. Así, en España, los alzados contra el gobierno republicano en 1936 pronto denominaron a la guerra iniciada por ellos mismos (1936-1939) Cruzada, por considerar que su objetivo era vencer el ateísmo.

CONTEXTO HISTÓRICO

El origen de las Cruzadas está enraizado en el cataclismo político que resultó de la expansión de los Selyúcidas en el Próximo Oriente a mediados del siglo XI. La conquista de Siria y Palestina llevada a cabo por los Selyúcidas islámicos alarmó a los cristianos de occidente. Otros invasores turcos también penetraron profundamente en el igualmente cristiano Imperio bizantino y sometieron a griegos, sirios y armenios cristianos a su soberanía. Las Cruzadas fueron, en parte, una reacción a todos estos sucesos. También fueron el resultado de la ambición de unos papas que buscaron ampliar su poder político y religioso. Los ejércitos cruzados fueron, en cierto sentido, el brazo armado de la política papal.

En un esfuerzo por entender por qué los cruzados las llevaron a cabo, los historiadores han apuntado como razones el dramático crecimiento de la población europea y la actividad comercial entre los siglos XII y XIV. Las Cruzadas, por tanto, se explican como el medio de encontrar un amplio espacio donde acomodar parte de esa población en crecimiento; y como el medio de dar salida a las ambiciones de nobles y caballeros, ávidos de tierras. Las expediciones ofrecían, como se ha señalado, ricas oportunidades comerciales a los mercaderes de las pujantes ciudades de occidente, particularmente a las ciudades italianas de Génova, Pisa y Venecia.

Aunque estas explicaciones acerca de las Cruzadas quizá tengan alguna validez, los avances en la investigación sobre el tema indican que los cruzados no pensaron encontrarse con los peligros de enfermedades, las largas marchas terrestres y la posibilidad de morir en combate en tierras lejanas. Las familias que quedaron en Europa tuvieron que combatir en muchas ocasiones durante largos periodos de tiempo para mantener sus granjas y sus posesiones. La idea de que los cruzados obtuvieron grandes riquezas es cada vez más difícil de justificar; la Cruzada fue un asunto extremadamente caro para un caballero que tuviera el propósito de actuar en Oriente si se costeaba por sí mismo la expedición, ya que probablemente le suponía un gasto equivalente a cuatro veces sus ingresos anuales.

Sin embargo, a pesar de ser una empresa peligrosa, cara y que no daba beneficios, las Cruzadas tuvieron un amplio atractivo para la sociedad contemporánea. Su popularidad se cimentó en la comprensión de la sociedad que apoyó este fenómeno. Era una sociedad de creyentes, y muchos cruzados estaban convencidos de que su participación en la lucha contra los infieles les garantizaría su salvación espiritual. También era una sociedad militarista, en la que las esperanzas y las ambiciones estaban asociadas con hazañas militares.

LA PRIMERA CRUZADA

Las Cruzadas comenzaron formalmente el jueves 27 de noviembre de 1095, en un descampado a extramuros de la ciudad francesa de Clermont-Ferrand. Ese día, el papa Urbano II predicó a una multitud de seglares y de clérigos que asistían a un concilio de la Iglesia en esa ciudad. En su sermón, el papa esbozó un plan para una Cruzada y llamó a sus oyentes para unirse a ella. La respuesta fue positiva y abrumadora. Urbano encargó a los obispos asistentes al concilio que regresaran a sus localidades y reclutaran más fieles para la Cruzada. También diseñó una estrategia básica según la cual distintos grupos de cruzados iniciarían el viaje en agosto del año 1096. Cada grupo se autofinanciaría y sería responsable ante su propio jefe. Los grupos harían el viaje por separado hasta la capital bizantina, Constantinopla (la actual Estambul, en Turquía), donde se reagruparían. Desde allí, lanzarían un contraataque, junto con el emperador bizantino y su ejército, contra los Selyúcidas, que habían conquistado Anatolia. Una vez que esa región estuviera bajo control cristiano, los cruzados realizarían una campaña contra los musulmanes de Siria y Palestina, siendo Jerusalén su objetivo fundamental.

1 Los ejércitos cruzados

La primera Cruzada se atuvo en sus líneas generales al esquema previsto por el papa Urbano II. El reclutamiento prosiguió a pasos agigantados durante el resto de 1095 y los primeros meses de 1096. Se reunieron cinco grandes ejércitos nobiliarios a finales del verano de 1096 para iniciar la Cruzada. Gran parte de sus miembros procedían de Francia, pero un significativo número venía del sur de Italia y de las regiones de Lorena, Borgoña y Flandes.

El papa no había previsto el entusiasmo popular que su llamamiento a la Cruzada produjo entre el campesinado y las gentes de las ciudades. Al lado de la Cruzada de la nobleza se materializó otra constituida por el pueblo llano. El grupo más grande e importante de cruzados populares fue reclutado y dirigido por un predicador conocido como Pedro el Ermitaño, natural de Amiens (Francia). Aunque fueron numerosos los participantes en la Cruzada popular, solamente un mínimo porcentaje de ellos pudieron llegar al Próximo Oriente; aún fueron menos los que sobrevivieron para ver la toma de Jerusalén por los cristianos en 1099.

2 La conquista de Anatolia

Los ejércitos cruzados de la nobleza llegaron a Constantinopla entre noviembre de 1096 y mayo de 1097. El emperador bizantino Alejo I Comneno presionó a los cruzados para que le devolvieran cualquier antiguo territorio del Imperio bizantino que conquistaran. Los jefes cruzados se sintieron agraviados por esas demandas y, aunque la mayoría en última instancia accedió, comenzaron a sospechar de los bizantinos.

En mayo de 1097, los cruzados atacaron su primer gran objetivo, la capital turca de Anatolia, Nicea (la actual ciudad de Iznik en Turquía). En junio, la ciudad se rindió a los bizantinos, antes que a los cruzados. Esto confirmó las sospechas de que Alejo intentaba utilizarlos como peones para lograr sus propios objetivos.

Muy poco después de la caída de Nicea, los cruzados se encontraron con el principal ejército Selyúcida de Anatolia en Dorilea (cerca de la actual Eskisehir, en Turquía). El 1 de julio de 1097, los cruzados obtuvieron una gran victoria y casi aniquilaron al ejército turco. Como consecuencia, los cruzados encontraron escasa resistencia durante el resto de su campaña en Asia Menor. El siguiente gran objetivo fue la ciudad de Antioquía (la actual Antakya, en Turquía) en el norte de Siria. Los cruzados pusieron sitio a la ciudad el 21 de octubre de 1097, pero no cayó hasta el 3 de junio de 1098. Tan pronto como los cruzados hubieron tomado Antioquía, fueron atacados por un nuevo ejército turco, procedente de Mosul (en el actual Irak), que llegó demasiado tarde para auxiliar a los defensores turcos de Antioquía. Los cruzados repelieron esta expedición de auxilio el 2 de junio.

3 La conquista de Jerusalén

Los cruzados permanecieron descansando en Antioquía el resto del verano, y a finales del mes de noviembre de 1098 iniciaron el último tramo de su viaje. Evitaron atacar las ciudades y fortificaciones con el fin de conservar intactas sus tropas. En mayo de 1099 llegaron a las fronteras septentrionales de Palestina y al atardecer del 7 de junio acamparon a la vista de las murallas de Jerusalén.

La ciudad estaba por aquel entonces bajo control egipcio; sus defensores eran numerosos y estaban bien preparados para resistir un sitio. Los cruzados atacaron con la ayuda de refuerzos llegados de Génova y con unas recién construidas máquinas de asedio. El 15 de julio tomaron por asalto Jerusalén y masacraron a casi todos sus habitantes. Según la concepción de los cruzados, la ciudad quedó purificada con la sangre de los infieles.

Una semana más tarde el ejército eligió a uno de sus jefes, Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena, como gobernante de la ciudad. Bajo su liderazgo, los cruzados realizaron su última campaña militar y derrotaron a un ejército egipcio en Ascalón (ahora Ashqelon, Israel) el 12 de agosto. No mucho más tarde, la mayoría de los cruzados regresó a Europa, dejando a Godofredo y un pequeño retén de la fuerza original para organizar y establecer el gobierno y el control latino (o europeo occidental) sobre los territorios conquistados.

EL APOGEO DEL PODERÍO LATINO EN EL ORIENTE

Tras la conclusión de la primera Cruzada los colonos europeos en el Levante establecieron cuatro estados, el más grande y poderoso de los cuales fue el reino latino de Jerusalén. Al norte de este reino, en la costa de Siria, se encontraba el pequeño condado de Trípoli. Más allá de Trípoli estaba el principado de Antioquía, situado en el valle del Orontes. Más al este aparecía el condado de Edesa (ahora Urfa, Turquía), poblado en gran medida por cristianos armenios.

Los logros de la primera Cruzada se debieron en gran medida al aislamiento y relativa debilidad de los musulmanes. Sin embargo, la generación posterior a esta Cruzada contempló el inicio de la reunificación musulmana en el Próximo Oriente bajo el liderazgo de Imad al-Din Zangi, gobernante de Mosul y Halab (actualmente en el norte de Siria). Bajo el mando de Zangi, las tropas musulmanas obtuvieron su primera gran victoria contra los cruzados al tomar la ciudad de Edesa en 1144, tras lo cual desmantelaron sistemáticamente el Estado cruzado en la región.

La respuesta del Papado a estos sucesos fue proclamar la segunda Cruzada a finales de 1145. La nueva convocatoria atrajo a numerosos expedicionarios, entre los cuales destacaron el rey de Francia Luis VII y el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Conrado III. El ejército germano de Conrado partió de Nuremberg (en la actual Alemania) en mayo de 1147 rumbo a Jerusalén. Las tropas francesas marcharon un mes más tarde. Cerca de Dorilea las tropas germanas fueron puestas en fuga por una emboscada turca. Desmoralizados y atemorizados, la mayor parte de los soldados y peregrinos regresó a Europa. El ejército francés permaneció más tiempo, pero su destino no fue mucho mejor y sólo una parte de la expedición original llegó a Jerusalén en 1148. Tras deliberar con el rey Balduino III de Jerusalén y sus nobles, los cruzados decidieron atacar Damasco en julio. La fuerza expedicionaria no pudo tomar la ciudad y, muy poco más tarde de este ataque infructuoso, el rey francés y lo que quedaba de su ejército regresaron a su país.

SALADINO Y LA TERCERA CRUZADA

El fracaso de la segunda Cruzada permitió la reunificación de las potencias musulmanas. Zangi había muerto en 1146, pero su sucesor, Nur al-Din, convirtió su Imperio en la gran potencia del Próximo Oriente. En 1169, sus tropas, bajo el mando de Saladino, obtuvieron el control de Egipto. Cuando Nur al-Din falleció cinco años más tarde, Saladino le sucedió como gobernante del Estado islámico que se extendía desde el desierto de Libia hasta el valle del Tigris, y que rodeaba los estados cruzados que todavía existían por tres frentes. Después de una serie de crisis en la década de 1180, Saladino finalmente invadió el reino de Jerusalén con un enorme ejército en mayo de 1187. El 4 de julio derrotó de forma definitiva al ejército cristiano en Hattin (Galilea). Aunque el rey de Jerusalén, Gui de Lusignan, junto con alguno de sus nobles, se rindió y sobrevivió, todos los Caballeros Templarios y los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén fueron degollados en el campo de batalla o en sus proximidades. Saladino, tras esta victoria, se apoderó de la mayor parte de las fortalezas de los cruzados en el reino de Jerusalén, incluida esta ciudad, que se rindió el 2 de octubre. En ese momento la única gran ciudad que todavía poseían los cruzados era Tiro, en el Líbano.

El 29 de octubre de 1187, el papa Gregorio VIII proclamó la tercera Cruzada. El entusiasmo de los europeos occidentales fue grande y a sus filas se apuntaron tres grandes monarcas: el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico I, el rey francés Felipe II Augusto y el monarca de Inglaterra Ricardo I Corazón de León. Estos reyes y sus numerosos seguidores constituyeron la fuerza cruzada más grande que había tenido lugar desde 1095, pero el resultado de todo este esfuerzo fue pobre. Federico murió en Anatolia mientras viajaba a Tierra Santa y la mayor parte de su ejército regresó a Alemania de forma inmediata a su muerte. Aunque tanto Felipe II como Ricardo I Corazón de León llegaron a Palestina con sus ejércitos intactos, fueron incapaces de reconquistar Jerusalén o buena parte de los antiguos territorios del reino latino. Lograron, sin embargo, arrancar del control de Saladino una serie de ciudades, incluida Acre (ahora en Israel), a lo largo de la costa mediterránea. Hacia el mes de octubre de 1192, cuando Ricardo I Corazón de León partió de Palestina, el reino latino había sido restablecido. Este segundo reino, mucho más reducido que el primero y considerablemente más débil tanto en lo militar como en lo político, perduró en condiciones precarias un siglo más.

LAS ÚLTIMAS CRUZADAS

Las posteriores Cruzadas no obtuvieron los éxitos militares que había tenido la tercera Cruzada. La cuarta, que duró dos años, desde 1202 hasta 1204, estuvo plagada de dificultades financieras. En un esfuerzo para aliviarlas, los jefes cruzados acordaron atacar Constantinopla en concierto con los venecianos y aspirar al trono del Imperio bizantino. Los cruzados lograron tomar Constantinopla, que fue saqueada sin misericordia. El Imperio Latino de Constantinopla, creado así por esta Cruzada, sobrevivió hasta 1261, fecha en la que el emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo retomó Constantinopla. Todo ello no contribuyó en nada a la defensa de Tierra Santa.

En 1208, en un contexto y en un territorio muy distintos, el papa Inocencio III proclamó una Cruzada contra los albigenses, una secta religiosa, en el sur de Francia. La consiguiente Cruzada fue la primera que tuvo lugar en Europa occidental. Duró desde 1209 hasta 1229 y causó un gran derramamiento de sangre.

La primera ofensiva de la quinta Cruzada (1217-1221) tenía como objetivo capturar el puerto egipcio de Damietta (Dumyat), lo cual consiguió en 1219. La estrategia posterior requería un ataque contra Egipto, la toma de El Cairo y otra campaña para asegurar el control de la península del Sinaí. Sin embargo, la ejecución de esta estrategia no obtuvo todos sus objetivos. El ataque contra El Cairo se abandonó cuando los refuerzos que había prometido el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico II, no se materializaron. En agosto de 1221 los cruzados se vieron obligados a rendir Damietta a los egipcios y en septiembre el ejército cristiano se dispersó.

1 Federico II

La Cruzada que llevó a cabo el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico II se diferenció de las anteriores en su forma de enfocar la cuestión. Federico II había prometido dirigir una Cruzada en 1215 y renovó su compromiso en 1220, pero por razones políticas internas del Imperio estuvo posponiendo su salida. Bajo la amenaza de la excomunión del papa Gregorio IX, Federico y su ejército embarcaron finalmente en Italia en agosto de 1227, pero regresaron a puerto pocos días más tarde, cuando el emperador cayó enfermo. El papa, exasperado por otro retraso más, rápidamente excomulgó al emperador. Una vez recuperada su salud, Federico marchó a Tierra Santa en junio de 1228, como un cruzado anónimo, sin la protección de la Iglesia. Federico llegó a Acre, donde encontró que la mayor parte de su ejército se había dispersado. No obstante, no tenía intención de combatir si se podía recuperar Jerusalén mediante una negociación diplomática con el sultán egipcio Al-Kamil. Esas negociaciones dieron como resultado un tratado de paz por el cual los egipcios devolvían Jerusalén a los cruzados, que garantizó una tregua durante 10 años. A pesar de este éxito, Federico era esquivado por los líderes seglares de los estados latinos y por el clero, dado que estaba excomulgado. Al mismo tiempo, el papa proclamó otra cruzada, esta vez contra Federico; reclutó un ejército y procedió a atacar las posesiones italianas del emperador. Federico regresó a Europa en mayo de 1229 para hacer frente a esta amenaza.

2 Luis IX

Transcurrieron casi 20 años entre la Cruzada de Federico y la siguiente gran expedición al Próximo Oriente, organizada y financiada por el rey Luis IX de Francia y motivada por la reconquista de Jerusalén por parte de los musulmanes en 1244. Luis pasó cuatro años haciendo cuidadosos planes y preparativos para su ambiciosa expedición. A finales de agosto de 1248, Luis y su ejército marcharon hasta la isla de Chipre, donde permanecieron todo el invierno y continuaron los preparativos. Siguiendo la misma estrategia que la quinta Cruzada, Luis y sus seguidores desembarcaron en Egipto, el 5 de junio de 1249, y al día siguiente tomaron Damietta. El siguiente paso en su campaña, el ataque a El Cairo en la primavera de 1250, acabó siendo una catástrofe. Los cruzados no pudieron mantener sus flancos, por lo que los egipcios retuvieron el control de los depósitos de agua a lo largo del Nilo. Los egipcios abrieron las esclusas, provocando inundaciones, que atraparon a todo el ejército cruzado, y Luis IX fue forzado a rendirse en abril de 1250. Tras pagar un enorme rescate y entregar Damietta, Luis marchó por mar a Palestina, donde pasó cuatro años edificando fortificaciones y consolidando las defensas del reino latino. En la primavera de 1254 regresó con su ejército a Francia.

El rey Luis IX también organizó la última gran Cruzada, en 1270. En esta ocasión la respuesta de la nobleza francesa fue poco entusiasta y la expedición se dirigió contra la ciudad de Túnez y no contra Egipto. Acabó súbitamente cuando Luis murió en Túnez en el verano de 1270.

Mientras tanto, las fortificaciones fronterizas que todavía le quedaban al Imperio Latino en Siria y Palestina se vieron sometidas a una presión incesante por parte de las fuerzas egipcias. Una a una, las ciudades y castillos de los estados cruzados cayeron en manos de los potentes ejércitos mamelucos. La última plaza fuerte, la ciudad de Acre, fue tomada el 18 de mayo de 1291 y los pobladores cruzados, junto con las órdenes militares de los Caballeros Templarios y los Caballeros Hospitalarios, buscaron refugio en Chipre. Alrededor de 1306, estos últimos se establecieron en la isla de Rodas, la cual administraron como un virtual Estado independiente y fue la última plaza fuerte en el Mediterráneo hasta su rendición a los turcos en 1522. En 1570, Chipre, por aquel entonces bajo la soberanía de Venecia, también fue conquistada por los turcos. Los otros estados latinos que se establecieron en Grecia como consecuencia de la cuarta Cruzada sobrevivieron hasta la mitad del siglo XV.

CONSECUENCIAS DE LAS CRUZADAS

La expulsión de los latinos de Tierra Santa no puso fin a los esfuerzos de los cruzados, pero la respuesta de los reyes europeos y de la nobleza a nuevas convocatorias de Cruzadas fue débil, y las posteriores expediciones se llevaron a cabo sin ningún éxito. Dos siglos de Cruzadas habían dejado poca huella en Siria y Palestina, salvo numerosas iglesias, fortificaciones y una serie de impresionantes castillos, como los de Marqab, en la costa de Siria, Montreal, en la Transjordania, el krak de los Caballeros, cerca de Trípoli y Monfort, cerca de Haifa (Israel). Los efectos de las Cruzadas se dejaron sentir principalmente en Europa, no en el Próximo Oriente. Los cruzados habían apuntalado el comercio de las ciudades italianas, habían generado un interés por la exploración del Oriente y habían establecido mercados comerciales de duradera importancia. Los experimentos del Papado y de los monarcas europeos para obtener los recursos monetarios para financiar las Cruzadas condujeron al desarrollo de sistemas de impuestos directos de tipo general, que tuvieron consecuencias a largo plazo para la estructura fiscal de los estados europeos. Aunque los estados latinos en el Oriente tuvieron una corta vida, la experiencia de los cruzados estableció unos mecanismos que generaciones posteriores de europeos usarían y mejorarían, al colonizar los territorios descubiertos por los exploradores de los siglos XV y XVI.

Reyes Magos / La Expedición en Busca de la Tierra de Los Reyes Magos: Ofir


En Navidad celebramos diferentes tradiciones en España y en el resto del Mundo, pero, ¿sabemos cual es su origen? ¿de donde proceden estas tradiciones?. Por ejemplo ahora queremos tratar el origen de los Reyes Magos,

Los Reyes Magos de Oriente es el nombre por el que la tradición denomina a los visitantes (tres según la consideración más extendida, esto se debe a la cantidad de obsequios ofrecidos) que, tras el nacimiento de Jesús, habrían acudido desde países extranjeros para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra.
El evangelio sólo habla de magos, en ninguna parte se indica que fuesen reyes. Esta creencia apareció varios siglos después y se ha mantenido en la tradición popular. Tampoco se mencionan sus nombres en el evangelio. Estos «magos», según la creencia católica, eran representantes de religiones paganas de pueblos vecinos que el Evangelio ve como las primicias de las naciones que aceptan, por la Encarnación, la Buena Nueva de la salvación. En algunos países (normalmente hispanohablantes) existe la tradición de representar a los reyes trayendo los regalos que los niños les han pedido en sus cartas durante la noche anterior a la Epifanía. Pero en otros países se le llama “Pesebre” a toda esta representación.

La palabra «Mago», proviene del elamita (Ma-ku-ish-ti) que pasando por el persa (Ma-gu-u-sha) y por el acadio (Ma-gu-shu) llegó al griego como Μαγός (Magós, plural: μαγοι, magï) y de ahí al latín Magi (Cf. Magíster) de donde llegó al español. Eran los miembros de la casta sacerdotal medo-persa de la época aqueménide y durante todo el reinado de Darío el Medo (521-486 a. C.)

La figura católica de los Reyes Magos tiene su origen en los relatos del nacimiento de Jesús, algunos, fueron integrados de los evangelios canónicos que hoy conforman el Nuevo Testamento de la Biblia. Concretamente el Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos (aunque no especifica los nombres, el número ni el título de “Reyes”) quienes, tras seguir una supuesta estrella, buscan al «Rey de los Judíos que ha nacido» en Jerusalén, guiándoles dicha estrella hasta Jesús nacido en Belén, y a quien ofrecen ofrendas de oro, incienso y mirra.

Las tradiciones antiguas que no fueron recogidas en la Biblia, como por ejemplo el llamado Evangelio del Pseudo Tomás (o Evangelios de la infancia de Tomás) del siglo II, son sin embargo más ricas en detalles. En ese mismo evangelio apócrifo se dice que tenían algún vínculo familiar, y también que llegaron con tres legiones de soldados: una de Persia, una de Babilonia y otra de Asia. Según posteriores interpretaciones los Magos fueron considerados originarios de Europa, Asia, y de África respectivamente. Con respecto a los nombres de los reyes (Melchor, Gaspar y Baltasar) las primeras referencias parecen remontarse al siglo V a través de dos textos, el primero titulado Excerpta Latina Barbari, en el que son llamados Bithisarea, Melichior y Gathaspa, y en otro evangelio apócrifo, el Evangelio armenio de la Infancia, donde se les llama Balthazar, Melkon (Melchior) y Gaspard.4 Los nombres son además diferentes según la tradición siriaca.

Mención en la Biblia

Es poco lo que el Evangelio de Mateo menciona sobre los sabios de Oriente. En particular, no menciona un número específico de ellos aunque sí se menciona que entregaron tres regalos.

Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del Rey Herodes , llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?
Mateo 2,1-2, versión Reina-Valera 1960 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María , y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro , incienso y mirra .
Mateo 2,11, versión Reina-Valera 1960

Si bien parece contradictorio que practicantes de la magia (severamente amonestada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento) sean admitidos como adoradores del Mesías , hay que tener en cuenta que el término griego µ???? ( mago ), no era utilizado únicamente para referirse a los hechiceros. Se utiliza, en este caso, para referirse a hombres sabios (así se los llama en diversas versiones de la Biblia en inglés) o, más específicamente, hombres de ciencia . De hecho, también poseían conocimiento de las Escrituras ( Mateo 2:5-6 ). Es posible que estos magos pertenecieran a la religión zoroastra .

Mateo no deja ver que fueran astrólogos que conocieran con precisión el movimiento de alguna estrella ( 2:7 ) a pesar de ser esta la creencia general. Aunque bien intencionados, su visita es causa de turbación general y despierta la desconfianza de Herodes ( 2:3 ), pues veía al nuevo Mesías como un rival. A pesar de ser anciano y de haber reinado ya por más de treinta años, Herodes les ruega que averigüen el sitio preciso del nacimiento del Mesías ( 2:8 ) con el fin de poder, así, acabar con su potencial competidor. Los sabios, que no sospechan eso, encuentran al Niño, lo adoran y obsequian oro, incienso y mirra ( 2:11 ). Un ángel previene a los magos de las intenciones que Herodes guardaba ( 2:12 ), así que no regresan donde él. Iracundo, el rey manda a matar a todos los niños menores de dos años. Para entonces, José ha sido avisado en sueños ( 2:13 ) de que debe huir a Egipto con los suyos.

A partir de ese relato, se han ido elaborando numerosas leyendas sobre los hechos y la personalidad de estas tres figuras, incluyendo el presunto estatus real.

Otras interpretaciones

Según la interpretación de José Luis Sicre , en el tiempo en que fue escrito el evangelio de San Mateo se estaba produciendo un incremento de conversiones paganas al cristianismo frente a las de los propios judíos. La incursión de estos fragmentos sobre los magos de Oriente en el evangelio de Mateo subraya este hecho y lo utiliza como argumento de conversión: si los de fuera vienen y lo adoran (se convierten) ¿Cómo no os dais cuenta los que lo tenéis entre vosotros?

También existen otras interpretaciones astrológicas y cabalísticas sobre la figura de los Reyes Magos.

Según la interpretación ofrecida por Eric Rodríguez, se tiene lo siguiente: Ya el término griego µ???? había caído en un uso peyorativo o deteriorado desde al menos el siglo tercero antes de Cristo (cf versión Septuaginta ) por la extracción de su origen y contexto cultural, y que es como se usa aún en la época del nuevo testamento (cf. Hch. 8:9; 13:6; 19:13). No obstante, en Mateo 2:1 en su texto griego dice:

“. “.he aquí, (unos) Magos desde Oriente , se encontraban por Jerusalén “.

A diferencia de los magos que ya se encontraban dispersos en tierra de Israel y todo el mundo helénico, el énfasis que se emplea al decir “de oriente”, marca un cambio de connotación: El autor busca traer a la mente un personaje asociado con el Oriente, diferente a los sabios convencionales de Israel ( rabinos ), que conociera además las profecías mesiánicas y que fuera autoridad bíblica para el lector judío (ya que se acepta a nivel general que el Evangelio de Mateo fue escrito para hebreos y aun en lengua hebrea según el testimonio de casi todos los padres de la iglesia).

Hay que tener en cuenta además qué significaba el Oriente para los judíos: Pues bien, no era otra cosa que Babilonia , pues hasta Damasco , se consideraba parte de la tierra de Israel. Pues bien, la figura que tratamos de presentar, podría corresponder a un título muy particular en arameo:Medinja’ey , o “Doctores Babilónicos de la tradición oral ” que perduraría en escuela hasta entrado el siglo octavo D.C. en Babilonia y quienes conociendo la interpretación de lo dicho en Números 24:17 (cf. Tárgum de Onqlós/Onkelos sobre este pasaje), habrían sido guiados por Dios hasta el Mesías, no según la famosa estrella como hasta ahora se ha entendido, sino que esa estrella era el mismo Mesías según el lenguaje judío y midráshico contemporáneo.

Historia y leyenda

La tradición más difundida cuenta que vinieron de Oriente, en número de tres, y que iban guiándose por una estrella (celebérrimamente conocida como La estrella de Belén ) que les condujo hasta Belén. Allí buscaron al Niño Jesús recién nacido y le adoraron, ofreciéndole oro (representando su naturaleza real, como presente conferido a los reyes), incienso (que representa su naturaleza divina, empleado en el culto en los altares de Dios) y mirra (un compuesto embalsamador para los muertos, representando el sufrimiento y muerte futura de Jesús). Antes de llegar, encontraron al rey Herodes el Grande en la ciudad de Jerusalén, quien astutamente les conminó a que, de regreso, hablaran con él para darle noticia del sitio exacto donde se encontraba dicho niño; y, así, poder ir él también a adorarle. (En realidad, lo que quería era darle muerte, por eso ordenó la matanza de los inocentes ).

La historia sigue contando cómo un ángel se apareció a los magos y les advirtió del peligro que corría Jesús si ellos obedecían el deseo de Herodes. Así pues, no volvieron por el mismo sitio. Parece ser que, sólo por el hecho de que el relato evangélico indicara que trajeron tres dones (oro, incienso y mirra), se dio por sentado que eran tres los personajes que los traían. Aunque también en algún momento las distintas tradiciones han señalado que eran cuatro, siete y hasta doce.

La primera vez que surge el nombre con que hoy conocemos a los Reyes Magos es en la iglesia de San Apolinar Nuovo , en Rávena ( Italia ). El friso de la imagen está decorado con mosaicos de mediados del siglo VI que representan la procesión de las Vírgenes. Esta procesión está conducida por tres personajes vestidos a la moda persa , tocados con un gorro frigio y su actitud es la de ir a ofrecer lo que llevan en las manos a la Virgen que está sentada en un trono y tiene al Niño en su rodilla izquierda. Encima de sus cabezas se pueden leer tres nombres, de derecha a izquierda: Gaspar, Melchior, Balthassar

Poco a poco la tradición ha ido añadiendo otros detalles a modo de simbología: se les ha hecho representantes de las tres razas conocidas en la antigüedad, representantes de las tres edades del hombre y representantes de los tres continentes (Asia, África y Europa).

La llegada de los Reyes Magos es un tema tratado también en los Evangelios apócrifos . Según la tradición esotérica aplicada al cristianismo, estos personajes procedían del lugar donde se encontraba el Preste Juan .

Otra leyenda cuenta que, después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los halló en Saba. Allí fueron bautizados y consagrados obispos. Después fueron martirizados en el año 70 y depositados en el mismo sarcófago. Los restos fueron llevados a Constantinopla por Santa Elena . Posteriormente, Federico I Barbarroja , en el siglo XII , los trasladó a Colonia , donde hoy reposan con las coronas que supuestamente llevaron durante su existencia. Miles de peregrinos empezaron a llegar a Colonia, lo que propició que en 1248 se iniciara la construcción de la catedral de Colonia , que llevaría más de 600 años terminarla. Hoy día es uno de los monumentos góticos más impresionantes de Europa. Colonia se ha convertido junto con Roma y Santiago de Compostela en uno de los grandes centros de peregrinación. Igualmente, existen leyendas que hablan de un cuarto rey mago .

Los nombres y número de los Reyes Magos

Según las diversas tradiciones de los reyes magos, el número de ellos varía; así se puede encontrar los siguientes reyes magos:

  • Tres Reyes Magos : Si bien la Biblia explica que fueron tres los regalos otorgados por los magos al Niño Jesús , la primera referencia concreta respecto al número de Reyes Magos la da Orígenes , un conocido escritor eclesiástico, en el siglo IV. En el siglo V, el Papa León I el Magno estableció oficialmente su número en 3 para toda la cristiandad. A mediados del siglo VI, en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia) se les asignaron los nombres de “Melchor”, “Gaspar” y “Baltasar”, que supuestamente equivalen en griego a “Appellicon”, “Amerín” y “Damascón” y en hebreo a “Magalath”, “Serakin” y “Galgalath”. Según una leyenda, sus restos se encuentran en la Catedral de Colonia , Alemania, donde se encuentra el llamado Relicario de los Tres Reyes Magos .
  • Doce reyes magos : Los armenios suponen que fueron 12, por lo que les asignan doce nombres diferentes. Estos nombres tampoco se mencionan en la Biblia.

Los reyes magos, son conocidos también como los Santos Reyes .

Relicario de los Tres Reyes Magos

El Relicario de los Tres Reyes (en alemán Dreikönigsschrein ) es un relicario del que se dice contiene los huesos de los Reyes Magos , también conocidos como los Tres Sabios o los Magos. El relicario es un gran sarcófago triple, dorado y ricamente decorado colocado encima y detrás del altar mayor de Catedral de Colonia . Se considera el punto culminante del arte Mosano y el relicario más grande en el mundo occidental.

La historia

Las reliquias de los Magos fueron traídas de Milán por el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico Barbarroja , que se las entregó al Arzobispo de Colonia , Reinaldo de Dassel en 1164 . Desde entonces las reliquias de los Tres Reyes atrajeron una corriente constante de peregrinos a Colonia:

Partes del relicario fueron diseñadas por el famoso orfebre medieval, Nicolás de Verdún , que empezó el trabajo en lo en 1180 o 1181 . Tiene esculturas de oro elaboradas de los profetas y apóstoles, y de las escenas de la vida de Cristo. El relicario se completó cerca de 1225 .

Alrededor de 1199 , el emperador Otón IV entregó tres coronas áureas para los reyes magos como un donación a la iglesia de Colonia: “Otto rex coloniensis curiam celebrans tres coronas de auro capitibus trium magorum imposuit”; MGSS 17, 292. A causa de la importancia del relicario y la catedral para el posterior desarrollo de la ciudad, el escudo de armas de Colonia muestra todavía las tres coronas que simbolizan a los Tres Reyes.

La construcción de la presente Catedral de Colonia se empezó en 1248 para albergar estas importantes reliquias. La construcción de la catedral tomó 632 años, para llegar a ser actualmente la iglesia gótica más grande de Europa septentrional.

El 20 de julio de 1864 , el relicario se abrió, y fueron descubiertos restos de los Tres Reyes y monedas de Felipe de Heinsberg .Los huesos se envolvieron en seda blanca y fueron devueltas al relicario.

Tamaño y construcción

El Relicario de los Tres Reyes es aproximadamente 43 pulgadas (110 cm) ancho, 60 pulgadas (153 cm) alto, y 87 pulgadas (220 cm) largo. Los tres forman una especie de basílica : dos sarcófagos pegados el uno al otro, y el tercer sarcófago descansa sobre las aristas superiores de los otros dos. Las caras están completamente cubiertas, así que no hay espacio visible entre los sarcófagos. La estructura básica está hecha de madera , con baño de oro y plata y decorada con filigranas , esmalte , y unas 1000 piedras preciosas . Estas últimas incluyen muchos camafeos y piezas grabadas , alguna aún pre-cristiana.

Decoración

Todo el relicario esta envuelto con una elaborada cubierta decorativa. Hay 74 figuras en bajorrelieve de plata dorada en total, sin contar las figuras adicionales, más pequeñas, en la decoración del fondo. En los lados, las imágenes de profetas decoran la parte más baja, mientras que las imágenes de los apóstoles y evangelistas decoran la parte superior. Un extremo muestra (a través del fondo, de izquierda a derecha) imágenes de la Adoración de los Magos, María entronizada con el niño Jesús , y el Bautismo de Cristo , y arriba, Cristo entronizado en el Juicio Final . El otro extremo muestra las escenas de la Pasión : El Martirio de Cristo (abajo izquierda) y la Crucifixión (abajo izquierda), con Cristo resucitado arriba. Este extremo tiene asimismo un busto de Rainald de Dassel en el centro.

El relicario en la ficción

En la novela Baudolino (2000), Umberto Eco describe el descubrimiento y el donativo subsiguiente de las reliquias de Magos como un bulo del siglo XII perpetrado por el protagonista de la novela.

En la novela Mapa de Huesos (2005) por James Rollins , el Relicario contiene oro en estado monoatómico , producido por los Magos , en lugar de las santas reliquias.

Artabán ¿el otro rey mago?

Artabán es un personaje ficticio protagonista del cuento navideño The Other Wise Man (El otro rey mago), escrito en 1896 por Henry van Dyke ( 1852 – 1933 ), teólogo presbiteriano estadounidense.

Cuenta el relato que Artabán era el cuarto Rey Mago que encaminó sus pasos hacia Occidente , siempre guiado por el fulgurante mapa celestial, en busca del niño Jesús .

El nombre ” Artabán ” proviene del persa y corresponde a cuatro reyes partos, así como a un hermano de Darío I y un general de Jerjes .

Sinopsis

El zigurat de Borsippa , con sus altos muros y siete pisos, era el punto de encuentro de los cuatro reyes e inicio de la travesía conjunta. Hacia allí acudía Artabán, con un diamante protector de la isla de Méroe , un pedazo de jaspe de Chipre , y un fulgurante rubí de las Sirtes como triple ofrenda al Niño Dios, cuando topó en su camino un viejo moribundo y desahuciado por bandidos: interrumpió el rey su viaje, curó sus heridas y le ofreció el diamante al viejo como capital para proseguir el camino. Llegado a Borsippa , sus compañeros de viaje habían partido.

Continuó en soledad en pos de su destino, pero arribado a Judea , no encontró ni a los Reyes ni al Redentor , sino hordas de soldados de Herodes degollando a recién nacidos: a uno de ellos, que con una mano sostenía a un niño y en la otra blandía afilada espada, ofrece el rubí destinado al Hijo de Dios a cambio de la vida del niño. En esta actitud es sorprendido: es apresado y encerrado bajo llave en el palacio de Jerusalén .

Treinta años duró el cautiverio, y fueron llegando ecos de los prodigios, consejos y promesas de un Mesías que no era sino el Rey de Reyes al que fue a adorar. Con la absolución y errando por las calles de Jerusalén, se anunció la crucifixión de Jesucristo ; encamina sus pasos al Gólgota para ofrecer la adoración largamente postergada, cuando repara en un mercado en el que una hija es subastada para liquidar las deudas su padre. Artabán se apiada de ella, compra su libertad con el pedazo de jaspe , la última ofrenda que le quedaba es ofrecida y Jesucristo muere en la Cruz : tiembla la tierra, se abren los sepulcros, los muertos resucitan, se rasga el velo del templo y caen los muros. Una piedra golpea a Artabán y entre la inconsciencia y la ensoñación, se presenta una figura que le dice: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”. Desorientado y exhausto pregunta: “¿Cuándo hice yo esas cosas?”, y con la misma expiración recibe la respuesta: “Lo que hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí”. Con él se elevó a los mismos cielos que en su juventud le guiaron en pos del Destino finalmente alcanzado.


Interesante articulo de Ariel Álvarez Valdés :

¿EXISTIERON LOS REYES MAGOS?

Los extraños visitantes

De todos los episodios de la infancia de Jesús, tal vez el más conocido es el de los Reyes Magos. ¡Quién no recuerda cada año, al llegar la Navidad, a aquellos misteriosos personajes que arribaron a Belén de tierras lejanas, envueltos en sus exóticos atuendos, para ofrecerle al Niño Dios sus presentes de oro, incienso y mirra!

El único evangelista que conserva el recuerdo de este hecho es San Mateo (2,1-12). Según él, procedían de algún lugar de Oriente, y lograron encontrar a Jesús gracias a una misteriosa estrella que los guió por el camino.

El episodio está tan grabado en la mentalidad popular, que millones de niños en todo el mundo creen que los Reyes Magos todavía siguen viniendo, en la madrugada del 6 de enero, a dejarles a ellos también algún regalo en sus zapatitos.

Pero ¿qué sabemos exactamente de esos Magos? ¿De dónde procedían? ¿Por qué desaparecieron de la historia sin dejar rastros, siendo que fueron los primeros extranjeros en descubrir el secreto del Niño Dios escondido en la criatura que habían visto en Belén?

Ideas que corregir

Lo primero que debemos tener en cuenta es que San Mateo no dice que los Reyes Magos fueran ni tres, ni Reyes, ni Magos.

En efecto, Mateo no habla de “tres” sino de “unos” Magos que llegaron de Oriente (Mt 2,1), sin precisar su número.

Tampoco dice que eran “reyes”. Sólo habla de “magos”. No debemos, pues, imaginarlos como monarcas de ningún lado.

Finalmente, no eran “Magos” en el sentido actual de la palabra, es decir, no eran personas que realizaban trucos de magia. En la antigüedad se llamaba “magos” a los estudiosos de las ciencias secretas, a los sabios, especialmente a los que investigaban el curso de las estrellas en el cielo; eran algo así como los científicos de la época. Por lo tanto, a los “Magos” de Mateo hay que considerarlos como astrónomos, representantes del saber y de la religiosidad pagana de aquel tiempo.

Pero ¿es posible que el episodio de los Magos sea verídico, y que estos personajes se presentaran realmente en Belén cuando nació Jesús? Si analizamos el relato a la luz de la historia, más bien parecería que no. Veamos por qué.

Muchas preguntas sin respuestas

a) Una estrella que guíe a los magos desde Oriente hasta Jerusalén (es decir, de este a oeste), luego de Jerusalén a Belén (es decir, de norte a sur), y finalmente se detenga sobre una casa (Mt 2,9), es un fenómeno astronómico imposible de aceptar. Por otra parte, tendría que haber quedado registrado en alguna crónica de la época, cosa que no sucedió.

b) Dice Mateo que, al enterarse Herodes de que había nacido el rey de los judíos, se asustó. Y agrega: “Y con él, toda Jerusalén” (2,3). Pero ¿por qué el pueblo de Jerusalén, que odiaba a Herodes y que justamente esperaba con ansias el nacimiento del Mesías, se iba a asustar, en lugar de alegrarse en silencio?

c) El relato cuenta que Herodes convocó a los Sumos Sacerdotes y escribas para que lo ayudaran a averiguar dónde había nacido Jesús (2,4). Pero tal reunión resulta imposible, pues sabemos que los sacerdotes y escribas de Jerusalén tenían muy mala relación con Herodes, y que el Sanedrín no estaba a su disposición desde que el monarca, unos años atrás, había mandado a asesinar a varios de sus miembros.

d) El v.4 da a entender que el nacimiento del Mesías en Belén era un dato recóndito, y difícil de saber; y que hubo que convocar a una junta de estudiosos y expertos para poder averiguarlo. Pero Juan 7,42 afirma que todo el mundo conocía que el Mesías debía nacer en Belén; y por lo tanto no hacía falta ninguna reunión de eruditos para saberlo.

¿Cómo no hallaron la casa?

e) La actitud de Herodes frente a los Magos también resulta poco creíble. Está asustado nada menos que por la posible aparición de un rival al trono. Y en un asunto tan delicado, ¿deposita toda su confianza en estos extraños personajes recién llegados? ¿Por qué no manda al menos a sus hombres tras ellos para asegurarse de cualquier descubrimiento?

f) Podemos imaginar el revuelo que causarían, en una pequeña aldea como Belén, la llegada de estos insólitos personajes de Oriente con su inusual carga de regalos. Y cuando se fueron, ¿el servicio de inteligencia de Herodes no fue capaz de descubrir a qué niño habían visitado?

g) Según el relato de los Magos, mucha gente se enteró de que Jesús había nacido en Belén (Herodes, toda Jerusalén, los Sumos Sacerdotes, los escribas, la gente de Belén). Pero según San Juan, cuando Jesús salió a predicar nadie sabía que había nacido en Belén (Jn 7,41-42). Y según Marcos, la gente de Nazaret tampoco sabía que el nacimiento de Jesús hubiera sido algo especial (Mc 6,1-6).

El rey Salomón y Jesús

Es posible encontrar explicación para alguna de estas dificultades. Pero para todas ellas juntas, es difícil hallar respuesta. Por eso, actualmente los estudiosos de la Biblia prefieren pensar que el episodio de los Reyes Magos, así como está en el Evangelio, no sucedió realmente.

¿Por qué, entonces, Mateo lo incluyó entre los sucesos de la infancia de Jesús? Para responder a esto, debemos tener presente que San Mateo compuso su Evangelio para una comunidad cristiana de origen judío, es decir, que tenía una formación y una cultura judías. Y sabía que los judíos tenían una gran estima por los grandes personajes del Antiguo Testamento. Ahora bien, Mateo no conocía demasiados detalles de la infancia de Jesús. Sí conocía al Jesús adulto, pero no al Jesús niño. Entonces decidió contar los distintos episodios de la infancia del Señor basándose en la vida de los personajes del Antiguo Testamento.

Y una de las figuras más admiradas del Antiguo Testamento era, sin duda, el gran Rey Salomón. Según la Biblia, este monarca gozaba de una sabiduría y una inteligencia tan extraordinarias, como ningún otro rey la tuvo jamás ni antes ni después de él (1 Re 3,12). Su ciencia fue superior no sólo a la de los otros reyes, sino a la de todos los sabios de Oriente (1 Re 4,9-11). Llegó a componer 3.000 parábolas, 1.005 poemas, y hasta escribió tratados de botánica y de zoología (1 Re 5,12-13).

Viajó para ver si era cierto

¿Cuál era uno de los episodios más famosos y divulgados de la vida del rey Salomón? Sin duda el de la visita de la reina de Saba. Los judíos solían contarlo con gran orgullo. ¿Y qué decía? Que un día se presentó en Jerusalén una reina anónima, venida de un lejano país llamado Saba; había oído hablar de la extraordinaria fama del rey israelita, y quería conocerlo y admirarlo personalmente (1 Re 10,1-13).

Este episodio era tan popular y conocido entre los judíos, que el mismo Jesús lo citó en cierta oportunidad cuando, discutiendo con los judíos que no creían en él ni querían aceptar sus enseñanzas, les dijo: “El día del Juicio (Final), la reina del Sur (o de Saba) se levantará contra ustedes y les condenará. Porque ella vino desde lejos nada más que para escuchar la sabiduría de Salomón; y aquí hay alguien que es más que Salomón (y ustedes no le quieren escuchar)” (Mt 12,42).

Ahora bien, si analizamos el relato de la reina de Saba, encontramos los mismos elementos que el relato de los Reyes Magos.

Igualito que la reina

1) Una reina anónima se puso en camino y viajó a Jerusalén desde un lejano país de Oriente (1 Re 10,1). Unos Magos anónimos se pusieron en camino y viajaron a Jerusalén desde un lejano país de Oriente (Mt 2,1).

2) La reina era sabia (1 Re 10,1). Los Magos eran sabios.

3) Ella buscaba al rey de los israelitas para admirarlo (1 Re 10,9). Ellos buscaban al rey de los judíos para adorarlo (Mt 2,2).

4) A la reina la guió una estrella. (La literatura judía dice: “Cuando la reina de Saba se acercaba a Jerusalén, reclinada en su carruaje, vio a lo lejos una rosa maravillosa que crecía a orillas de un lago. Pero al aproximarse más, vio con asombro que la rosa se transformaba en una luminosa estrella. Cuanto más se acercaba, más brillaba su luz”.) También a los Magos los guió una estrella (Mt 2,2).

5) La reina de Saba llegó planteando enigmas difíciles de resolver, y halló las respuestas (1 Re 10,3). Los Magos llegaron planteando un enigma difícil de resolver, y hallaron la respuesta (Mt 2,4-5).

6) La reina le ofreció a Salomón los regalos que le traía: oro, incienso y piedras preciosas (1 Re 10,10). Los Magos le ofrecieron al Niño los regalos que le traían: oro, incienso y mirra (Mt 2,11).

7) Luego de admirar a Salomón, la reina regresó a su país y desapareció de la historia (1 Re 10,13). Luego de adorar al Niño, los Magos regresaron a su país y desaparecieron de la historia (Mt 2,12).

Sabio como el rey sabio

Es posible, pues, que el relato de los Magos, así como está contado en el Evangelio de Mateo, no haya sucedido realmente. Que no se trate de un hecho estrictamente histórico, sino que haya sido creado por San Mateo, teniendo como base la narración de la visita de la reina de Saba a Salomón. Este modo de contar la biografía de alguien era muy común entre los teólogos judíos de aquel tiempo, que más que una precisión histórica, buscaban siempre transmitir una enseñanza o un mensaje.

Y por supuesto que los lectores judíos, al leer el relato de los Magos, descubrían inmediatamente lo que el autor les quería decir: que Jesús era un nuevo y más grande Salomón, enviado por Dios a la tierra; que en este Niño nacido en Belén residía una sabiduría y unos conocimientos extraordinarios, como nunca los hubo antes en ningún ser humano, ni los podrá haber después; que las cosas que este Niño diga cuando sea grande, aunque resulten desconcertantes o sorprendentes, pueden ser aceptadas con confianza; porque es Dios quien habla a través de Él.

El destino de los Magos

Los misteriosos Magos de Oriente que llegaron a Belén para visitar al Niño Jesús cautivaron pronto la devoción y la fantasía popular de los cristianos. Ya en el siglo II se les elevó a la categoría de Reyes; esto se debió a que había un Salmo que decía: “Los reyes de Tarsis y de Saba le traerán sus regalos; todos los reyes se arrodillarán ante él” (72,10-11); y se creyó que los Magos eran estos reyes que habían venido para cumplir la profecía.

Luego se fijó su número; al ser tres los regalos que le ofrecieron al niño (oro, incienso y mirra), se pensó que los Magos tenían que haber sido tres. Más tarde, en el siglo VI, se les dio nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar. En el siglo VIII, se los hizo de razas diferentes. Y por último, en la edad media, se empezó a decir que uno de ellos era negro.

Pero quizás lo más pintoresco sea el detalle de sus reliquias. Según una tradición, los Magos murieron en Persia. De allí sus restos fueron llevados a Constantinopla en el año 490. Más tarde aparecieron en Milán. Y finalmente se les trasladó a Colonia (Alemania), en cuya Catedral descansarían actualmente, junto a una ingenua inscripción que dice:

“Habiendo sufrido muchas penurias por el Evangelio, los tres sabios se encontraron en Armenia el año 54 d.C. para celebrar la Navidad. Después de la misa, murieron. San Melchor, el 1º de enero a los 116 años. San Baltasar, el 6 de enero a los 112 años. Y San Gaspar, el 11 de enero a los 109 años”.

De hecho, los cuerpos de los Magos viajaron mucho más después de muertos, que durante su vida.

El sol sale para todos

San Mateo nos cuenta que, cuando Jesús vino al mundo, unos Magos del lejano Oriente se enteraron de su nacimiento. No pertenecían al pueblo judío, ni conocían al Dios verdadero, ni practicaban la auténtica religión; sólo observaban los astros y estudiaban ciencias secretas. Pero mediante la aparición de una estrella Dios les hizo saber de la llegada del rey de los judíos a la tierra. También nos dice que los Sumos Sacerdotes y Escribas judíos pudieron enterarse del nacimiento del Mesías, pero por otro camino: descifrando las profecías de las Sagradas Escrituras. Finalmente, también el rey Herodes se enteró del nacimiento de Jesús, por sus asesores políticos.

El evangelista enseña, así, que Dios quiere hablar con todos los hombres, y que para ello emplea el lenguaje que cada uno puede entender. A Herodes le habló a través de sus asesores. A los Maestros de la Ley, a través de la Biblia. Y a los Magos, a través de sus estudios astronómicos. Dios no rechaza a nadie. No excluye a nadie de la salvación. Ni siquiera a los Magos, que para la mentalidad judía de entonces eran extranjeros despreciados y que vivían en medio de su ignorancia y sus creencias supersticiosas. También a ellos les dirigió su Palabra, y de una manera en que pudieran entender.

Hoy en día, en que algunas categorías de personas (divorciados, matrimonios irregulares, alcohólicos, drogadictos, enfermos de sida, madres solteras, desvalidos), por uno u otro motivo no encuentran lugar en la Iglesia, y hasta son excluidas en nombre del mismo Dios, los Reyes Magos lejos de constituir una historia feliz y romántica para contar a los niños, representan la advertencia divina de que el Sol sale para todos; y que nadie debe quedar afuera de la salvación de Dios.

Ariel Álvarez Valdés


La Expedición en Busca de la Tierra de Los Reyes Magos: Ofir

Según la exégesis bíblica tradicional extrae del libro de los Salmos, los Reyes Magos partieron de la mítica tierra de Ofir, en Oriente, el lugar de donde llegaban las naves cargadas de riquezas para el rey Salomón. En 1567, una expedición de aventureros españoles partió del Perú en busca de ese lugar.
Amanece el 7 de febrero de 1568 para dos naos españolas perdidas en la inmensidad del océano Pacífico. Se encuentran totalmente solos a 7000 millas del puerto de partida, llevan 80 días navegando y están al límite de sus fuerzas. Tienen nostalgia del hogar, aunque para la mayoría de la tripulación su último domicilio fuesen los calabozos del Perú, de donde fueron sacados a la fuerza para enrolarse. Si no sucede algo pronto, parece que todo puede acabar de modo trágico.Y entonces ocurre. De repente, los hombres ven surgir una estrella «muy clara y resplandeciente» en el cielo; parece increíble, pero es como si aquella estrella les estuviese señalando un camino, como hizo la de Belén. Poco después, el marinero Juan Tejo se frota los ojos para cerciorarse de que no es una ilusión lo que ve antes de gritar una palabra mágica: «¡Tieeeerraaaa!»… Y todos corren a confirmar que es verdad, que es cierto, que las islas que buscaban existen y están ante ellos. Habían llegado… a la tierra de los Reyes Magos.Una tierra mítica. La Biblia situaba en Oriente unas islas maravillosas, una tierra mítica llamada Ofir de donde el rey Salomón obtenía todas sus riquezas. Ofir estaba a ¡tres años! de distancia de Jerusalén y era un paraíso rebosante de piedras preciosas, oro, sándalo y marfil. Según el libro de los Salmos, de esas mismas islas vendrían los Reyes a postrarse ante el Hijo de Dios. Desde ese momento, la figura de los Reyes Magos quedó unida a la leyenda de las islas de Salomón y a sus riquezas sin límite.
El propio Cristóbal Colón creyó haber llegado a ellas al arribar a las Indias, como nos cuenta Michael de Cúneo: «Y así, antes de llegar a la isla Gruesa, dijo estas palabras: ‘Señores míos, os quiero llevar al lugar de donde salió uno de los tres Reyes Magos que vinieron a adorar a Cristo’ […]».
El académico Juan Gil, en su libro Mitos y utopías del Descubrimiento, detalla cómo el ansia de ir tras las huellas de los Reyes Magos fue contagiando los sueños de los aventureros de las Indias. Si esas islas de Salomón no estaban en América, por fuerza debían de estar en algún sitio. ¿Por qué no en la Mar del Sur, inmensa e inexplorada?Hacia las islas de los Reyes Magos. A la búsqueda de esas islas maravillosas zarpaba de El Callao, el 19 de noviembre de 1567, una expedición, mandada por Álvaro de Mendaña, sobrino del gobernador del Perú. La nao capitana se llamaba (cómo no) Los Tres Reyes y llevaba escrito en la popa un letrero profético que rezaba: «Los Reyes es nombre mío / porque sea guía mía / la estrella que fue su guía».

Como piloto mayor iba Hernán Gallego, que, en palabras de Mariño de Lobera, era «el más famoso piloto del reino». No parece mala compañía para singlar en un océano que era un mapa en blanco lleno de incógnitas por resolver. Iba a bordo también, con el cargo de capitán de la nao principal, Pedro Sarmiento de Gamboa, hombre brillante, cartógrafo y poeta, capaz de escribir una Historia inca, perseguir sin descanso al pirata Francis Drake o alimentar una fama de nigromante que lo llevó a ser acusado por la Inquisición de poseer anillos mágicos y realizar extraños conjuros, por los cuales estuvo preso en los húmedos calabozos de Lima.

Pedro y Hernán chocaron durante toda la expedición. Hernán Gallego llevaba más de 20 años de servicio en Indias, era un cincuentón malhumorado que no tenía formación teórica, sino que había aprendido el oficio navegando, y solo se fiaba de su instinto y de su experiencia desconfiando de cartógrafos y sabidurías académicas. Había estado en la toma de Túnez como soldado y en Italia, y su prestigio era indiscutible.

De su carácter indomable nos habla un hecho: a los nueve días de zarpar, habiendo marcado el rumbo Pedro Sarmiento, como le correspondía por su cargo, Hernán lo varió sin consultar a nadie. Así lo cuenta una relación conservada en el Archivo de Indias: «Y ese día que fue viernes, mudó Hernán Gallego la derrota, sin consejo ni acuerdo de los pilotos ni de Pedro Sarmiento, como era obligado […]».

Hubo un gran altercado que solo fue el primero de muchos y, a pesar de la insistencia de Sarmiento de Gamboa, el general Mendaña, un joven de 25 años cuyo único mérito era ser el sobrino de Lope de Castro, consintió el cambio de Hernán y se plegó a sus intuiciones.

Completaban la expedición 150 sufridos marineros, los grumetes (muchachos de 16 a 20 años), los pajes (niños de 8 a 10 años), el despensero, el carpintero, el calafate y cuatro frailes franciscanos. Cada uno con sus funciones y su salario: 25 pesos mensuales para un marinero (el precio de cien comidas servidas en las ventas del Callao) o 116 pesos para el piloto mayor. Antes de zarpar habían recibido seis meses de salario completo. Todos ellos dormían en el suelo de la cubierta o de la bodega, comían escasas raciones en escudillas de madera y bebían aún menos frecuentemente de lo que comían (en tiempos duros la ración llegó a ser de un cuarto de litro cada dos días).

La mayoría habían sido reclutados de modo forzoso y alguno incluso había estado condenado a muerte. El gobernador había pensado de modo brillantemente pragmático que, si no se descubrían las islas de los Reyes Magos, al menos la expedición le serviría para librarse de gente problemática o, en sus propias palabras, «evacuar gente bulliciosa».

La bahía de la estrella. La bahía descubierta en aquella mañana de febrero pasará a llamarse, por supuesto, bahía de la Estrella en honor a los Magos que, como dice Mendaña, «siempre trajimos por abogados» y las islas serán ya por siempre las islas de Salomón.

Permanecieron tres meses explorando las islas. La realidad que Mendaña encontró no respondió a sus anhelos. No había rastro de las enormes riquezas esperadas. A pesar de ello, las islas y sus habitantes fascinaron a los españoles. Resulta curioso cómo los nativos vinieron en una ocasión con un instrumento musical que podemos reconocer hoy («muchos canutillos juntos puestos por su orden, unos mayores que otros, a manera de órgano de mayor a menor que ellos tocan con la boca como quien toca pífano», cuenta el general) y Mendaña mandó sacar trompetas y cantar a los soldados. Los nativos se pusieron a bailar, los españoles siguieron cantando
y he aquí que se formó lo que podíamos llamar la primera fiesta oceánica multicultural improvisada.

El sueño continúa. Tras año y medio de aventuras, Mendaña logró regresar a su punto de partida, El Callao, el 22 de julio de 1569. Y, a pesar de que los resultados no ilusionaron demasiado a las autoridades, Álvaro nunca cesó en su empeño de volver a las islas de Salomón para fundar una colonia estable. Así, 25 años después, en 1595, zarpó de nuevo hacia las islas. En esta ocasión lo acompañaban 400 personas, incluyendo mujeres y niños. Pero nunca llegaría a verlas de nuevo. Tras descubrir las Marquesas, enferma de malaria y muere, el 18 de octubre. Ese segundo viaje, cuya su historia la contó Robert Graves en Las islas de la imprudencia, sucede un singular episodio: la viuda de Mendaña se convierte en la primera y única almirante de todas las Armadas del mundo, pero… esa es otra historia.

Fuente: XL Semanal


¿Debemos a China la globalización? Así era la ruta de la plata en el SXVI


El Mundo

  • Surge una nueva teoría que señala a China como el artífice de la primera globalización
Óleo que representa el ataque inglés a la ruta del galeón de Manila, nombre que recibieron durante más de dos siglos los barcos y el tramo que conectaba Oriente y Occidente. J. CLEVELEY EL JOVEN

Óleo que representa el ataque inglés a la ruta del galeón de Manila, nombre que recibieron durante más de dos siglos los barcos y el tramo que conectaba Oriente y Occidente. J. CLEVELEY EL JOVEN

Cuando hace unos días el presidente chino, Xi Jinping, tomó la tribuna del Foro Económico Mundial en Davos, más de uno se sorprendió al oírle pronunciar un encendido alegato a favor de la globalización y del libre comercio. Pero aunque a muchos sus palabras les sonaron contradictorias, China lleva siglos siendo uno de los protagonistas principales del comercio internacional, y hay expertos que consideran al país asiático -junto a la España e Hispanoamérica del siglo XVI- el artífice de la primera globalización de la Historia.

Es el caso del estadounidense Peter Gordon y el español Juan José Morales, autores del reciente libro La Ruta de la Plata (Ed. Penguin). En sus páginas, los autores rebaten la narrativa histórica dominante que desde la Revolución Industrial encumbra a las naciones anglosajonas como artífices de la globalización, y retrotraen la aparición de este fenómeno más de dos siglos, a una época en la que España y Portugal dominaban los mares y China era la mayor economía del planeta.

Para ellos, hay una fecha clave: 1565, año que en que el fraile y marino Andrés de Urdaneta descubrió y documentó la ruta de vuelta desde Manila (Filipinas) a Acapulco (Nueva España), un tornaviaje que “por primera vez permitía a las embarcaciones europeas navegar el Pacífico de manera fiable en ambas direcciones”, apunta Morales a Mercados.

En una década, esta ruta y los barcos que la surcaban pasó a conocerse como el galeón de Manila, una vía que durante los siguientes 250 años sirvió para conectar Oriente y Occidente e intercambiar conocimientos y mercancías -seda y porcelanas chinas y especias, algodón o marfil del Sudeste Asiático- por plata americana, hasta un tercio de la extraída en las colonias españolas.

Una vez al año, un galeón iba de Manila a Acapulco con esas mercancías, que luego eran trasladadas al puerto de Veracruz, en el mar Caribe, para ser embarcadas en la Flota de Indias rumbo a Sevilla o Cádiz. En contrapartida, otra nao hacía el camino inverso repleto de plata y productos como vino o aceite. En total, 15.000 millas que conectaban Asia con Europa a través de las Américas, la ruta comercial más larga de la historia hasta entonces.

Aunque Gordon y Morales no son los primeros en defender esta teoría, sí que son pioneros en acuñar el término Ruta de la Plata para referirse a este fenómeno, un vocablo “muy definitorio, análogo a la Ruta de la Seda, pero diferente en su significado, y que cambió la economía global para siempre”, especifica el autor español, que también fue presidente de la Cámara de Comercio de España en Hong Kong durante años.

Elementos clave

Según narran, esta Ruta de la Plata ya contaba con los elementos clave de lo que hoy llamamos globalización: rutas comerciales bidireccionales de alcance mundial; la integración de los mercados financieros a través de la plata; intercambios culturales y de personas, y la existencia de la primera urbe global de la historia, una Ciudad de México precursora del Londres o Nueva York actuales. “Además, fue fundamental la aparición de la primera divisa global”, apostilla Morales. Se trataba del real de a ocho, que se empezó a acuñar en el siglo XVI y del que más tarde derivarían el dólar estadounidense, el yuan chino y el yen japonés, entre otros.

Para los autores, son muchas las lecciones que se pueden extraer de aquellos días. La primera, que una China en ascenso no necesita ni converger con Occidente ni convertirse en su enemiga, en una suerte de globalización en la que ambos bandos se integran pero permanecen apartados, tal y como sucedió en los siglos XVI y XVII. “La globalización de entonces integró a China en lo económico, pero no en lo institucional”, subraya Morales. “Lo mismo ocurre hoy. El país comercia con sus propios términos porque tiene la fuerza necesaria para ello. Hay que ser más realistas y convencernos de que, a mayor intercambio económico, China no va a ser más liberal. El modelo anglosajón, que cree que el capitalismo sirve para que arraiguen instituciones democráticas y liberales, no funciona en este caso”, agrega.

China está llamada a jugar un papel fundamental en el mundo de hoy. Más aún observando cambios recientes como el de la retirada estadounidense del TPP, iniciativas como la nueva Ruta de la Seda o la creación del Banco Asiático de Inversión e Infraestructura liderado por Pekín.

Como concluyen Gordon y Morales, lo que está por venir podría parecerse a la primera globalización vivida en el siglo XVII. Un mundo en el que China aspira a ser el jugador dominante, a través de las rutas comerciales y los mercados, más que por la fuerza, y con una relación entre un Oriente y un Occidente “que no mantienen una enemistad insalvable, sino más bien un precario equilibrio en el que cooperar y buscar ventajas”.

Los volcanes, y no los bárbaros, destruyeron el Imperio Romano


ABC.es

  • Un nuevo estudio afirma que las erupciones provocaron una serie de catástrofes naturales que terminaron colapsando esta civilización y favoreciendo la llegada de los bárbaros
Archivo ABC Las erupciones volcánicas destrozaron los pastos y las hambrunas se generalizaron

Archivo ABC | Las erupciones volcánicas destrozaron los pastos y las hambrunas se generalizaron

Desde la división de los territorios en dos regiones (Oriente y Occidente), hasta las invasiones bárbaras. Los libros de Historia suelen atribuir a diferentes causas militares y políticas la caída definitiva del Imperio Romano, una civilización con siglos de vida que terminó capitulando en 1453 tras años y años de decadencia. Sin embargo, un nuevo estudio publicado por la revista «Nature» afirma que la conquista de este territorio por los bárbaros no fue más que una consecuencia provocada por una serie de erupciones volcánicas que terminaron diezmando a la ya maltrecha población romana. Todo ello, a base de hambrunas y enfermedades.

Concretamente, y tal y como ha afirmado en declaraciones recogidas por el «Daily Telegraph» Michael Sigl (profesor e investigador en el Instituto Paul Scherrer -en Suiza- y en el Instituto de Investigación del Desierto -ubicado en Nevada-), se ha logrado llegar a esta conclusión mediante la recreación de 300 erupciones volcánicas sucedidas durante un período de 2.500 años. Esta investigación les ha permitido establecer lo determinantes que han sido las erupciones volcánicas en la Historia antigua y en el devenir de determinadas civilizaciones. Entre las más importantes de ellas se hallaría el Imperio Romano.

Una de las mayores hambrunas de Roma

Corría el año 536 D.C. cuando, un 24 de marzo, el cielo sobre Europa continental se oscureció y una nube de polvo tomó la región. Tal y como afirman en sus escritos historiadores como Prokopios, la suciedad -de origen desconocido por entonces- era tal que el sol apenas brillaba. Aquel «castigo divino», como fue entendido, hizo que no hubiese luminosidad suficiente para que los cultivos floreciesen, lo que derivó en una gran hambruna. Apenas tres años más tarde, volvió a suceder lo mismo, y nuevamente, por razones indeterminadas. El hambre se volvió a generalizar entre la población y los restos de ceniza en el aireprovocaron todo tipo de enfermedades. La situación fue tan grave que fue llamada «la Plaga de Justiniano».

Ahora, sin embargo, Sigl y sus compañeros han descubierto algo que ya se sospechaba, que la causa de todos aquellos desastres fueron una serie de erupciones volcánicas sucedidas en América del Norte y los trópicos que expulsaron una ingente cantidad de sulfato y ceniza a la atmósfera. Al desplazarse miles de kilómetros, estas nubes de polvo provocaron desde hambrunas, hasta epidemias de peste. O al menos, así lo barajan los expertos. Concretamente, consideran que los dos estallidos que generaron aquel desastre en Roma se sucedieron en los años 535 y 539 (ambos en los actuales Estados Unidos).

Aquellas erupciones provocaron la ruina en el Imperio. Así lo afirmaron varios historiadores como Casiodoro, un político italiano que escribió que la región tuvo «un invierno sin tormentas, primavera ni suavidad» y un «verano sin calor». A su vez, el polvo hizo que cayeran las temperaturas, que hubiera una gran sequía y las ya conocidas epidemias y hambruna. Todos aquellos desastres acabaron con la vida de un tercio de los europeos y debilitó a la sociedad romana de tal forma, que la terminó dejando indefensa ante las consiguientes invasiones bárbaras. Fue la puntilla para una civilización ya renqueante.

«El estudio nos ha permitido esclarece los largos debates que hay sobre el origen y las consecuencias de las anomalías climáticas severas y mundiales del año 536 A.C. Hemos encontrado al menos dos grandes erupciones volcánicas en este período que, entre otras cosas, provocaron que las temperaturas bajaran debido a que las grandes cantidades de sulfato volcánico que expulsaron impidieron que los rayos del sol incidiesen sobre la Tierra. Esto proporciona un contexto ambiental para la hambruna generalizada y la gran plaga de Justiniano que fue responsable de las poblaciones de diezmado en el Mediterráneo», añade el experto.