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El Mundo

  • La agencia espacial norteamericana ha distinguido como “foto astronómica del día” una imagen captada por una pareja de aficionados a la astrofotografía en Puerto Real (Cádiz)
  • Ya fueron premiados hace cuatro años por una imagen de la Nebulosa de Orión hecha desde la sierra de Benamahoma
 La "imagen del día" de la NASA recoge la nebulosa de la estrella "AE Aurigae", conocida como "Estrella Flameante". JESÚS M. VARGAS / M..POYAL

La “imagen del día” de la NASA recoge la nebulosa de la estrella “AE Aurigae”, conocida como “Estrella Flameante”. JESÚS M. VARGAS / M..POYAL

La agencia espacial norteamericana NASA ha distinguido este martes como “foto astronómica del día” una imagen captada por una pareja de aficionados a la astrofotografía en Puerto Real (Cádiz). Se trata de una imagen captada por el gaditano Jesús Manuel Vargas Ruiz y la ibicenca, afincada en Cádiz, Maritxu Poyal Viúdez. Ambos llevan diez años tomando fotografías del cielo profundo desde varios puntos de la provincia de Cádiz.

No es la primera vez que una de sus imágenes recibe de la NASA la distinción APOD (Astronomy Picture of the Day), que la agencia norteamericana realiza diariamente para reconocer las mejores imágenes astronómicas entre las miles que recibe desde todo tipo de observatorios, naves espaciales, telescopios de gran tamaño (incluyendo el Hubble) y también astrónomos aficionados. Hace 4 años la NASA les otorgó otro APOD por una fotografía de la Nebulosa de Orión hecha desde la sierra de Benamahoma.

La imagen que es hoy APOD de la NASA recoge la nebulosa de emisión de la estrella “AE Aurigae”, conocida también como “Estrella Flameante”. Ese nombre se debe a que en su interior, la estrella hace brillar intensamente los gases, fundamentalmente hidrógeno, por lo que parece que estuviera ardiendo. La estrella AE Aurigae, visible cerca del centro de la nebulosa, está tan caliente que es azul, está a unos 1.500 años-luz de distancia y se extiende unos 5 años-luz, según explica la NASA en el comentario que escribe sobre esta foto en su web.

Para la obtención de la imagen los astrofotógrafos emplearon un telescopio refractor sobre una montura motorizada y una cámara CCD que a través de filtros especiales (Hydrógeno Alpha, Hydrógeno Alpha, Oxígeno III y Azufre II) capta la luz los gases que emiten los objetos de cielo profundo.

Estos filtros permiten realizar astrofotografías desde lugares cercanos a los núcleos urbanos como en este caso fue el Parque Natural “Campo de las Aletas” de Puerto Real (Cádiz).

Las tomas fueron posteriormente apiladas mediante programas informáticos específicos para poder sumar así la luminosidad de cada una de ellas, y obtener así la imagen final, con un procesado que hace resaltar detalles y matices ocultos.


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  • El líder nazi llegó a decir que esta imagen rebajaba su dignidad

Siempre señorial y con vestimenta militar. Así es como suele aparecer Adolf Hitler en la mayoría de imágenes que se conservan de él. Todas ellas, pasadas previamente por la censura del Tercer Reich.

No obstante, y tal y como afirma la versión digital del diario «Daily Mail», una nueva instantánea del líder acaba de ser descubierta en una revista ideada para aumentar su popularidad entre la población. Una fotografía que, a pesar de ser publicada, el «Führer» odiaba por considerar que rebajaba su dignidad.

La imagen muestra, de forma más concreta, a un Adolf Hitler desinhibido, apoyado sutilmente en un árbol y ataviado con unos pantalones cortos de cuero y unos calcetines blancos hasta las rodillas. Todo ello, rematado con un intento de sonrisa para dar una mayor sensación de cercanía a los alemanes.

Puede parecer anecdótico, pero lo cierto es que el líder nazi no estuvo muy de acuerdo con que esta fotografía se publicase, algo que finalmente se hizo durante los años 30. Eso sí, el «Führer» no volvió a repetir esa pose.

Esta fotografía forma parte, en palabras del diario británico, de una serie de instantáneas tomadas por los fotógrafos personales de Hitler (entre ellos, el archiconocido Heinrich Hoffman) y que acabaron en una revista para fanáticos publicada por Baldur von Schirach.

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No fue la única, pues en aquellos periódicos también solían mostrar al líder acariciando animales o compartiendo palabras junto a niños. Al parecer, la instantánea ha sido hallada en una revista hecha jirones encontrada en una casa alemana por un soldado británico tras la Segunda Guerra Mundial.

Ahora, 70 años después, los historiadores británicos están a punto de publicarla, al igual que el contenido de la revista. Esta, como no podía ser de otra forma, está llena de elogios a Adolf Hitler escritos por Von Shirach (quien fue juzgado en Nuremberg y condenado a prisión).

Con todo, ha sido difícil llevar a cabo una traducción convincente debido al mal estado en el que se hallaba el panfleto. «Sólo trataba de presentarlo como un hombre amante de la paz que quería mucho a los niños y era amable con todos, la verdad, lógicamente, era diferente», determina uno de los traductores a cargo de la revista.


ABC.es

  • En 1945, un experto organizó una estudiada sesión fotográfica para hacer creer al mundo que los soldados de Stalin habían hecho ondear la bandera roja en el Reichstag
 abc Elementos que fueron modificados sobre la fotografía principal

abc | Elementos que fueron modificados sobre la fotografía principal

Finales de abril de 1945. Berlín es sólo una sombra de la ciudad que un día fue durante el Tercer Reich. En las calles donde antes paseaban orgullosas a paso de ganso las tropas de Adolf Hitler, ahora se lucha encarnizadamente por impedir inútilmente que los aliados avancen. Repentinamente, en la azotea del Reichstag (la sede del parlamento alemán), un soldado soviético avanza hasta el punto más alto del edificio e iza una bandera roja ataviada con la hoz y el martillo. El acto significa la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial y, debido a su importancia y su simbolismo, es capturado por un atrevido y suertudo fotógrafo. Esta es la versión oficial que se explicó al mundo desde la U.R.S.S. en relación a una de las instantáneas más famosas de la contienda, unos sucesos que nada tienen que ver con la realidad.

Y es que, esta instantánea no fue fruto del azar ni se produjo durante la contienda, sino que fue realizada en una curiosa sesión fotográfica varios días después de que los combates hubieran cesado. Todo ello, por orden de un avispado fotógrafo con ganas de ganarse un hueco en la Historia. No contento con eso, el «artista» realizó además varios retoques en la imagen una vez que fue revelada para que causase el mayor impacto posible entre la población e, incluso, con el objetivo de que escondiera algunas vergüenzas del «glorioso Ejército Rojo». Esta gran mentira logró convencer a la población hasta la caída de la U.R.S.S. (momento en que la verdad sobre esta operación de propaganda salió a la luz).

Esta curiosa historia es una de las tantas que se pueden leer en «Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial», la tercera reedición de la famosa obra del historiador y periodista Jesús Hernández. Este libro, concretamente, fue con el que este experto en la Segunda Guerra Mundial se dio a conocer en el ámbito editorial en 2003. «Hoy muchos lectores saben de mi gracias a obras como “Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial” o “Breve Historia de la Segunda Guerra Mundial”, pero no tienen en su poder el libro con el que me di a conocer. Por eso lo he reescrito, he actualizado todos los datos y he añadido información que me ha parecido interesante para completarlo», afirma el autor en declaraciones a ABC.

La toma del Reichstag

Para entender la importancia de esta instantánea (conocida a la postre como «Alzando una bandera sobre el Reichstag», tal y como corroboran expertos como Gregorio Doval) es necesario viajar en el tiempo hasta el 16 de abril de 1945. Y es que, fue exactamente ese día cuando comenzó la Batalla de Berlín. Es decir, la última defensa a ultranza de la capital del Reich por parte de las escasas tropas alemanas que aún rendían culto a Hitler. En aquella época ya no era ningún misterio que los aliados (especialmente los soviéticos, quienes disponían de más de dos millones y medio de soldados y 6.000 carros de combate) avanzaban con el cuchillo entre los dientes hacia el último reducto del Führer.

En su contra, el que fuera uno de los líderes más poderosos de la primera mitad del SXX apenas pudo interponer 800.000 combatientes. Y la mayoría de ellos, además, no eran más que unos pobres niños reclutados de las «Juventudes Hitlerianas» con falsas promesas de gloria y un futuro imperio alemán comandado por un Hitler que, según les decían, resurgiría de sus cenizas. Mentiras. Estos pequeños soldados estaban acompañados, a su vez, de miles de ancianos armados y entrenados a la carrera por los restos de las escasas unidades que habían logrado sobrevivir a los continuos combates los aliados en media Europa. Eran, en definitiva, los estertores de muerte de un Reich que trataba de tomar sus últimas bocanadas de aire aún a sabiendas de que la suerte estaba más que echada.

Con el paso de los días, la situación se recrudeció todavía más para los defensores, quienes –a pesar de todo- estaban resueltos a defender al Führer. Un líder que, para muchos, ya había perdido la cabeza hacía semanas. «El 23 de abril, el general Weidling, comandante de la batalla de Berlín, informó a Hitler de que solo quedaba munición para dos días de combate. No obstante, afirmó que defendería sus posiciones mientras el cerco soviético se cernía sobre la ciudad, a escasas manzanas del búnker donde Hitler se sumía en sus delirios. El 30 de abril, Berlín era un infierno encarnizado en el que los rusos tenían un objetivo primordial: capturar el simbólico Reichstag, defendido con vigor por su guarnición», explica Chriss Mann en su obra «Las Grandes Batallas de la Segunda Guerra Mundial».

La misión de los soviéticos no era sencilla, pues entre los muros del edificio gubernamental se defendían nada menos que 5.000 miembros de las tristemente famosas Waffen-SS, las tropas más ideologizadas de toda Alemania. «El Reichstag se convirtió en una auténtica fortaleza. Para ello se minaron todas las calles que conducían al edificio, se colocaron barricadas y se cavaron trincheras y fosas antitanque. Los alemanes dispusieron varias piezas de artillería en el exterior y se hicieron fuertes en los sótanos, reforzados con vigas de hormigón y acero», determina Hernández en su obra «Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial».

A pesar de la defensa a ultranza del Reichstag, los soviéticos sabían del golpe moral que supondría para sus enemigos perder este edificio. Por ello, los rusos cargaron sus fusiles Mosin-Nagant y sus subfusiles PPSh para, a finales de abril, tomarlo al precio que costara. Y es que, como es mundialmente conocido gracias a la «Orden 227», Stalin no tenía problema en anteponer los objetivos a la vida de miles de sus soldados. A los militares del Ejército Rojo no les quedó más, finalmente, que combatir por cada una de las habitaciones del enclave para expulsar de él a los soldados de las SS.

La gran mentira

En medio de aquel caos, en medio de toda aquella vorágine de muerte, la versión oficial del gabinete de Stalin afirma que el 30 de abril (cuando todavía no se había tomado totalmente el Reichstag y aún resistían varios cientos de alemanes en varias de sus salas) un soldado soviético logró llegar hasta el tejado del edificio. Una vez allí, descolgó la bandera con la esvástica e hizo ondear el paño soviético con la hoz y el martillo simbolizando así la toma de Berlín. Aquel momento –según lo que contó la U.R.S.S.- fue tan impactante que un fotógrafo lo inmortalizó para la posteridad con su cámara, dando lugar a una de las instantáneas más conocidas de toda la Segunda Guerra Mundial. La verdad es bien diferente, pues la imagen fue un montaje que se realizó el día 2 de mayo en base a lo que, según algunos combatientes, había sucedido varias jornadas antes, pero había sido imposible de inmortalizar.

«La apertura de los archivos secretos de la Unión Soviética tras su disolución desmintió que la imagen fuera de aquel día. El fotógrafo de guerra Yevgeni Jaldéi (1917-1997), de la agencia de prensa TASS, preparó la escena el 2 de mayo, cuando el Reichstag estaba ya asegurado. Para ello pidió a varios soldados que posasen de esa manera, colocando la bandera en la parte más alta del edificio. De las numerosas fotos resultantes de la sesión, escogió la que luego se haría mundialmente conocida», explica Hernández en su obra. Al parecer, lo único que pretendían los soviéticos era hacer una instantánea igual de impactante que la de los americanos en Iwo Jima.

Con todo, esa no fue la única «trampa» que protagonizaron los soviéticos con dicha fotografía. Y es que, una vez que la instantánea llegó a Moscú, los mandamases de la época decidieron que no era todo lo que heroica que debía ser y que necesitaba algún que otro retoque para quedar perfecta. El primero de ellos fue eliminar uno de los dos relojes que el soldado del Ejército Rojo que portaba la bandera tenía en una de sus muñecas.

Puede parecer algo absurdo, pero la razón es bastante sencilla: lo había obtenido saqueando los cadáveres de los soldados alemanes asesinados por sus compañeros aquel día. No se podía tolerar que el resto de los mortales supieran ese dato, así que fue eliminado. A su vez, y tal y como señala Hernández en su obra, fueron añadidas dos columnas de humo en el fondo de la imagen para que la situación de Berlín pareciese más dramática.

Montado el teatro, ya sólo quedaba difundir la fotografía y esperar a que se hiciese famosa. «La histórica instantánea sería publicada por primera vez el 13 de mayo en la revista ilustrada Ogonyok; a partir de entonces sería ampliamente reproducida en todas las publicaciones soviéticas e, incluso, en sellos de correos», explica el historiador en su libro. Finalmente, la prensa hizo el resto del trabajo y «Alzando una bandera sobre el Reichstag» se convirtió pronto en todo un símbolo de la victoria de la U.R.S.S. sobre Adolf Hitler y sobre el nazismo. Acababa una guerra, pero comenzaba una leyenda… falsa.

Con todo, a día de hoy se desconoce quién fue el artífice de esta operación aunque, como en todo, no faltan las teorías. Hernández, tras llevar a cabo las pertinentes investigaciones, apunta directamente al «camarada Stalin», aunque explica que es imposible corroborarlo: «Se ha especulado con que fue el propio Stalin el que animó al Departamento de Propaganda a conseguir esta histórica fotografía al contemplar con envidia la gran difusión que estaba teniendo la imagen de los soldados norteamericanos izando la bandera de las barras y estrellas en Iwo Jima. Por lo tanto, según esta hipótesis, el dictador soviético decidió contrarrestarla con una escena similar».

¿Quién puso la bandera?

Además de esta operación secreta de propaganda, los soviéticos también mintieron en torno a quien fue el encargado de izar la bandera sobre el Reichstag. En principio, se consideró que el responsable fue un sargento georgiano llamado Meliton Kantaria (el cual fue condecorado como héroe de la Unión Soviética). Sin embargo, con el paso de los años y las sucesivas investigaciones históricas el honor fue pasando de soldado en soldado.

«En realidad, ese honor debía corresponder al hombre que realmente colocó por primera vez la bandera roja en el emblemático edificio, a las 22:40 del 30 de abril de 1945: el ruso Mijail Petrovich Minin. Cuando todavía se estaba combatiendo en las salas y pasillos del Reichstag, Minin y otros tres hombres se ofrecieron para subir a la azotea y plantar allí la bandera, con la promesa de sus superiores de que, si lo conseguían, serían nombrados héroes de la Unión Sovíetica», explica Hernández. No obstante, la operación de propaganda hizo que no recibieran tal honor hasta 1995.

El tesoro perdido de Magnum


El Pais

  • La Fundación Canal acoge las 82 fotografías de la primera exposición de la agencia, desaparecidas hace 52 años

Ruinas del Puente Isabel en Budapest (Hungría) en 1954. / Jean Marquis

La caja de embalaje es igual a las que se utilizan para guardar y transportar las obras de arte de cualquier exposición. Los listones de madera y los anclajes están perfectos. El tiempo, casi sesenta años, la ha oscurecido, pero no estropeado. Dentro, empaquetadas con un cuidado exquisito, se encontraban 83 copias vintage, montadas en cartón de fibra, junto a las cartelas en las que se recogen los títulos y autorías de las obras. Eran las fotografías originales de ocho legendarios artistas de la agencia Magnum: Werner Bischof, Henri Cartier-Bresson, Robert Capa, Ernst Haas, Erich Lessing, Jean Marquis, Inge Morath y Marc Riboud; ocho reportajes míticos que integraron la primera exposición de la cooperativa.

Con el título de Magnum Photo Gesicht der Zeit (El rostro del tiempo), la muestra recorrió cinco ciudades austriacas entre junio de 1955 y febrero de 1956. Alguien recogió todo el material de la exposición y lo guardó en los estantes de uno de los almacenes del Instituto Francés de Innsbruck (Austria), donde permaneció hasta que en 2008, por pura casualidad, fue encontrado en perfecto estado. Lorenza Bravetta, directora de Magnum Photos para Europa, explica lo ocurrido diciendo que entonces no se controlaba tanto el proceso y que incluso ahora pueden ocurrir hechos similares. “No había mala intención de nadie. Fue un despiste felizmente resuelto”, apunta.

El embalaje de tablas, junto al texto de presentación de la exposición original y el poster, es la primera pieza que se muestra en la recreación de la exposición que bajo el título de Magnum’s First se puede visitar en la Fundación Canal. Antes ha sido vista en Viena, Hamburgo, Munich y Fellbach y después seguirá itinerando por todo el mundo.

La exposición no solo es importante por ser la primera de quienes convirtieron el fotoperiodismo en arte, sino que se presenta de la manera exacta en la que lo decidieron en su momento sus autores, a excepción de Robert Capa, muerto en Vietnam en 1954 (ayer se cumplía el centenario de su nacimiento). Los demás eligieron sus propias series y decidieron cómo querían que fueran expuestas para destacar los revolucionarios principios de Magnum desde su fundación, en 1947: el ojo fotográfico, lo especial del instante y la proximidad al objeto, unos preceptos que trastocaron la forma de ver el mundo y el concepto de la fotografía. El sorprendente montaje de Enrique Bonet, en el que se recrea un almacén de posguerra, invita a contemplar los trabajos de cada artista.

Inge Morath (Graz, 1923-Nueva York, 2002) expone poéticas mágenes tomadas en los elitistas distritos londinenses de Soho y Mayfar para la revista Holiday.

Frente a Morath está Robert Capa, famoso ya entonces en todo el mundo por sus imágenes de guerra y en especial por las de la guerra civil española. Las tres instantáneas de Capa, elegidas por Ernst Haas, fueron tomadas en Biarritz en 1951, 14 años después de que el fotógrafo conmoviera al mundo con las imágenes del bombardeo de Bilbao. En ellas, mayores y pequeños participan en unas fiestas populares entregados al baile y a la comida. Las toma arrodillado en el suelo para ser fiel a la alegría que viven en ese momento los niños.

De Werner Bischof (Zúrich, 1916-Trujillo, Perú, 1954) se muestran siete fotografías de sus viajes por el mundo. Algunas de ellas como el niño húngaro llorando o el flautista solitario en los Andes o la bailarina de Bombay, son iconos mundiales de la fotografía.

La parte central de la exposición la ocupa Henri Cartier-Bresson (Canteloup-en-Brie, 1908- Montjustin, 2004) con su célebre reportaje sobre Gandhi realizado en 1948 y considerado por muchos como la cumbre del fotoperiodismo mundial. En 18 imágenes se narran los últimos días, el asesinato y el funeral de Gandhi y fueron publicadas por la revista Life. Capturadas con su Leica, el fotógrafo trabaja desde el mismo centro de la historia. Las multitudinarias escenas de dolor en el cortejo fúnebre o el esparcimiento de las cenizas en el río Summa son obras maestras que mantienen intacta la emoción a los ojos del espectador.

Erich Lessing (Viena, 1923) es conocido por sus imágenes sobre la desvastación tras la II Guerra Mundial. Para la exposición escogió imágenes de niños tranquilos y alegres durante la Viena ocupada. Se les ve jugando entre los tanques o mirando cómo la policía realiza maniobras de guerra mientras se entretienen ajenos al drama.

Ernst Haas aporta el reportaje realizado para el rodaje de Tierra de faraones (1955), la superproducción de Howard Hawks. La cámara de Lessing recoge de manera estremecedora el infierno que vivieron las 4.000 personas que participaron en el filme debido al calor terrible del desierto, el hacinamiento que sufrieron los miles de figurantes, las tormentas de arena y el ayuno durante el Ramadán.

Jean Marquis (Armentiéres, 1926) y Marc Riboud (Lyon, 1923) cierran la exposición con sendas series de trabajos costumbristas. El primero con diez fotografías tomadas en Hungría, en 1954. El segundo, con una docena de personajes solitarios entre los que se incluye un hombre que arrastra un enorme retrato con una imagen de Tito que acaba de ser utilizado en un mitin.

Magnum’s First. Hasta el 19 de enero de 2014. Fundación Canal. Mateo Inurria, 2. Entrada libre.


El Pais

La Tierra vista desde Saturno. / NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute y NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington

Es apenas un puntito, tan pequeño que ha habido que añadirle una flecha. Pero es una de las imágenes más lejanas que se han tomado de la Tierra, a 1.440 millones de kilómetros. Bajo el impresionante ala del anillo de Saturno es difícil sentirse el centro del universo.

La Cassini-Huygens, que es la nave que ha tomado la imagen, despegó el 15 de octubre de 1997. Su objetivo era Saturno. Su lejanía impuso una trayectoria compleja que comenzó acercándola hasta Venus en dos ocasiones y luego a la Tierra para recibir su tercer empujón. Contando ya con suficiente energía, se encaminó hacia Júpiter y después el gran salto hasta Saturno. El 1 de julio de 2004 frenó y comenzó la exploración.

El 14 de enero de 2005 la sonda Huygens se separó de Cassini para posarse en la superficie de Titán, el principal satélite de Saturno. Quedó solo la Cassini. Esta, en 2005, se acercó a Júpiter.

El coste de diseñar, construir, lanzar y operar esta ambiciosa misión ha sido de 3.270 millones de dólares (2.327 millones de euros) (80% Estados Unidos, 15% ESA y 5% la Agencia Espacial Italiana, ASI) y este gasto se ha hecho a lo largo de 19 años, lo que da una media de unos 170 millones de dólares por año, por debajo del presupuesto anual de un equipo de fútbol puntero en Primera División


El Pais

  • Un coleccionista de Málaga atesora un conjunto de imágenes que muestran la España del XIX
  • Juan Antonio Fernández Rivero difunde la obra de los pioneros de este arte a través de su blog
  • FOTOGALERÍA Una muestra de la colección

Escena en una calle de Córdoba (aproximadamente 1870) en papel de albúmina. Imagen cedida por el archivo de la Colección Fernández Rivero. / J. LAURENT

Una mujer mira a la cámara con timidez mientras oculta su rostro tras un abanico. A un paso, un galán se toca el sombrero mientras parece dedicarle un requiebro. Sabemos que la escena ocurrió en una calle de Córdoba en los años setenta del siglo XIX y que el francés Jean Laurent (1816-1886), el fotógrafo más emblemático de la España decimonónica, tomó aquella escena. Esta imagen es una de las 42.000 fotos antiguas que atesora el malagueño Juan Antonio Fernández Rivero. Apasionado del coleccionismo desde niño, pasó de los sellos a las postales antiguas, después fue fotógrafo aficionado hasta que la lectura de La historia de la fotografía en España, desde sus orígenes hasta 1900, del hispanista estadounidense Lee Fontanella, le impelió a recopilar más y más instantáneas.

Fernández Rivero (Málaga, 1956), economista de formación, lleva un cuarto de siglo adquiriendo fotografías. Primero empezó con las que habían tenido como objetivo su ciudad, Málaga —hoy constituyen la cuarta parte de la colección—, después amplió el foco a Andalucía y resto de España. Su “especialidad”, dice, es el siglo XIX (en los años cuarenta de esa centuria llegó la revolucionaria manera de fijar la realidad). “Las fotos de entonces son comerciales y documentales, a diferencia de lo que ocurrió a finales del XIX, cuando los fotógrafos empezaron a crear arte”, explica sentado frente a un espeto de sabrosas sardinas en un chiringuito en la playa en Málaga.

Este autor de una decena de libros sobre fotografía añade que las que se tomaron en el XIX en España fueron sobre todo de ciudades andaluzas (Granada, Sevilla, Córdoba…) “por el mito romántico de lo árabe que buscaban los viajeros”. “El Patio de los Leones de la Alhambra fue uno de los motivos más retratados en todo el mundo en esa época, junto a las cataratas del Niágara y París”, la ciudad donde se había presentado el invento de la fotografía el 15 de junio de 1839 en el mismo Parlamento. Madrid y sus alrededores, Toledo y Barcelona fueron los otros espacios españoles más buscados por los primeros fotógrafos.

Fernández es también “un investigador” que desde su web —con unas 10.000 obras ya digitalizadas— y su blog difunde la obra de los pioneros mientras no ceja en su labor de coleccionista: “Continuamente estoy adquiriendo piezas, siempre originales, no hace falta ser millonario, esto no es como la pintura”. Fernández ha reunido a las afueras de Málaga su catálogo con la ayuda de su esposa, Teresa: pujas en subastas de Londres, París y Nueva York, compras a marchantes, anticuarios y particulares, “muchas en Estados Unidos”, y visitas a ferias como la que se celebra anualmente a finales de mayo en Bièvres, alrededores de París.

De la colección, 18.000 son fotos del XIX y 10.000 son tarjetas postales de las primeras décadas del XX. “También tengo unas 9.000 fotografías estereoscópicas” (compuestas por dos imágenes unidas, tomadas desde distintos ángulos, que al contemplarse con un visor se convierten en una sola, tridimensional y con sensación de profundidad. “Fue un invento con poco éxito porque en seguida llegó la propia fotografía”. Además, unas 2.500 cartes de visite, pequeños retratos que los burgueses entregaban a familiares y amigos para los álbumes y que se pusieron de moda sobre 1860.

Daguerrotipos y calotipos

El catálogo lo completan un centenar de daguerrotipos (el primer procedimiento fotográfico) y ambrotipos (negativos de cristal sobre fondo negro); fotos iluminadas (pintadas), álbumes victorianos de viajeros del XIX, con las fotos que compraban para mostrar a sus amistades y libros ilustrados. Una colección que el fotohistoriador Publio López Mondéjar valora por sus piezas del siglo XIX, lo que la sitúa “entre las ocho o diez mejores de fotografía privada en España”.

A Fernández le cuesta escoger las joyas de su tesoro. Se inclina por el álbum del capitán Pilkington: “Lo compré en Christie’s en 1998 y tenía 30 fotografías de Charles Clifford”, el otro extranjero —junto a Laurent— que fotografió España en el reinado de Isabel II. “Es un álbum de 55 x 75 centímetros, de la década de 1850, con encuadernación repujada en oro. Contiene las imágenes que este militar inglés, culto, aficionado a la fotografía y destinado en Gibraltar compraba de los sitios que veía; también pegó acuarelas, dibujos, litografías… 241 piezas en total”. También destaca la colección taurina del francés Luis Leon Masson, que forman parte de un álbum que perteneció al duque de Montpensier, cuñado de Isabel II. Si tiene que quedarse con piezas sueltas, elige una antigua, el Retrato de James Linton, pescador en New Haven, un calotipo (negativo directo sobre papel) de 1845, obra de los escoceses Hill y Adamson; y otro calotipo, del irlandés E.K. Tenison, un romántico que recorrió los polvorientos caminos de la Península y que hizo 40 fotos entre 1852 y 1854.

“Yo no he tratado de acumular porque sí. El coleccionismo debe tener un sentido, un valor documental y criterio histórico. Recopilo pensando en que esto tenga algún día una función museística”, un deseo que no ha encontrado eco en su ciudad, aunque en ocasiones ha prestado fotos a instituciones para exposiciones. “Me gustaría que la colección no se eche a perder”, lamenta mientras mira al horizonte, al monte de Gibralfaro: “Es la obra de mi vida”.


ABC.es

  • El fotógrafo estadounidense Jeff Cremer tomó la imagen de más de 15.000 megapíxeles en la ciudadela inca de Perú
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El Machu Picchu fotografiado por Jeff Cremer con la mayor resolución hasta la fecha

La pasión por la fotografía y el amor por la naturaleza han hecho posible que el fotógrafo americano, afincado en Perú, Jeff Cremer, consiga la imagen de mayor resolución hasta la fecha de la ciudadela de Machu Picchu, en el Cusco, de más de 15.000 megapíxeles. La foto fue tomada con una cámara Canon 7D con una lente de 400 mm y consta de 1.920 fotos independientes de 18 megapíxeles unidas en una única imagen de 15.9 gigapíxeles.

Cremer, director del tour de fotografía de «Rainforest Expeditions», una agencia de turismo dedicada a realizar viajes a Perú, estuvo 1 hora y 44 minutos para llevar a cabo la impresionante fotografía con la que quiere poner su granito de arena para lograr que el «World Monuments Fund» (Fondo Mundial de Monumentos) incluyera a Machu Picchu en su lista de los 100 lugares con mayor peligro de extinción en el mundo, debido a su degradación ambiental a causa del masivo turismo.

Jeff Cremer afirma que «este sitio notable merecía una foto extraordinaria. Creo que esta imagen puede ayudar a preservar este maravilloso lugar y traer más conciencia al sitio, su historia y su estado en peligro de extinción».

Ver la foto completa


El Pais

  • El fotógrafo francés Yann Arthus-Bertrand realiza desde el cielo una impresionante guía arquitectónica de Manhattan

Un vista del la parte baja de la ciudad donde Frank Ghery ha levantado su primer rascacielos en Manhattan. / Yann Arthus-Bertrand

Dicen que desde las alturas, las cosas se ven con más claridad, pero esta es una verdad a medias. Al menos en lo que concierne a Nueva York. La gran urbe, el témpano de diamante que flota en las aguas de un río, -como la definía Truman Capote-, contiene tantas aristas, tantas perspectivas y profundidades que puede volverse engañosa. Lo sabe muy bien John Tauranac, profesor de arquitectura en la neoyorkina Shool of Continuing and Professional Studies. Su amigo, Yann Arthus-Bertrand, el fotógrafo francés especializado en navegar los cielos a bordo de helicópteros o globos aerostáticos cargado con una cámara Canon EOS-1Ds Mark III, le propuso el reto de identificar y escribir un texto explicativo a cada una de las 172 impresionantes instantáneas que componen el libro Nueva York. Arquitectura desde el cielo (Lunwerg). Tauranac era el perfecto aliado pues ya había sido el encargado de trazar el mapa del metro de Nuava York en 1979 y, también, realizó un callejero titulado Manhattan Black By Block del que ha vendido ya cinco ediciones.

La ciudad, por supuesto, se decidió a hacer de las suyas con la contribución del atrevido encuadre de la cámara de Arthus-Bertrand. El erudito se vio superado por ella y necesitó la ayuda de amigos y colegas de trabajo para localizar al menos dos de las fotografías realizadas desde varios helicópteros de la empresa Lyberty de Manhattan. Incluso Carter Horsley, compañero del cartógrafo en la Trinity Shool, fue el único capaz de identificar el edificio Symphony House en el número 235 del lado oeste de la calle 56.

Pese a estos dos anecdóticos tropiezos Yann Arthus-Bertrand y John Tauranac han logrado componer una de las enciclopedias arquitectónicas más atractivas de la ciudad de los rascacielos. Todo un logro con una isla que ha sido fotografiada por tierra, mar y aire casi desde su fundación. Si es usted amante de la arquitectura y va a visitar Nueva York, no dude que este libro le ayudará. Está editado en gran formato (32 x 43 centímetros) e incluye información sobre cada edificio que no suele aparecer en las guías tradicionales; mapas de las calles y fichas de situación acompañando a cada una de las impactantes imágenes del fotógrafo francés. “Desde lo alto parece construida alrededor de un inmenso parque y, sobre todo, más vertical que ninguna urbe. Nunca se deja contemplar en una única panorámica, sino trocito a trocito. Cada rascacielos oculta otro, hasta el infinito. Cuando mi mirada se vuelve hacia abajo, la ciudad se revela en lo que tienen de más hermoso, de más secreto, sin esconder sus heridas”, asegura Arthus-Bertrand, el que está considerado para muchos el mejor fotógrafo de imágenes aéreas del mundo y que ya ha sorprendido con títulos como La Tierra vista desde el cielo y Seis millones de otros.

En Nueva York. Arquitectura desde el cielo, la ciudad se muestra como no puede contemplarse habitualmente. Con las mejores luces de invierno y primavera (se tomaron en noviembre de 2008, enero y mayo de 2010) y los textos de John Tauranac esconden anecdotario de la ciudad y sus edificios, parques, plazas y fuentes.


El Pais

Despedida División Azúl

La impresionante despedida de los soldados que partieron a la División Azul desde la madrileña estación del Norte, en julio de 1941; una familia de menesterosos en la calle de Alcalá; la inauguración del matadero de caballos en la capital española… La vida entera pasó por el ojo y la cámara de Martín Santos Yubero (1903-1994) en un convulso periodo que muestra el centenar de imágenes de la exposición Crónica gráfica de medio siglo de vida española. 1925-1975, comisariada por el historiador de fotografía Publio López Mondéjar y que puede verse en el Patio de Escuelas de la Universidad de Salamanca hasta el 7 de octubre.

“Fue uno de los grandes reporteros de su época”, dice López Mondéjar, que destaca la etapa histórica que le tocó retratar al fotógrafo madrileño: la dictadura de Primo de Rivera, la II República, la Guerra Civil y el franquismo. “La verdad es que Santos Yubero supo acercarse siempre al sol que más calentaba. Hizo fotos a políticos de la República y pasó en poco tiempo a hacérselas a Franco, pero también fue un cronista de las cárceles de la dictadura, un trabajo que no es muy conocido”, cuenta este académico de Bellas Artes.

A López Mondéjar le interesa más el fotógrafo, “que dejó un testimonio espléndido de un trabajo bien hecho”, que el personaje, “del que nadie que hubiera trabajado con él hablaba bien”. Este historiador hace hincapié en las fotos que hizo Santos Yubero en los primeros momentos del franquismo: “Los fastos de la victoria, el nacionalcatolicismo, los misioneros… son extraordinarias”.

“Su estilo era precisamente el de la falta de pretensión de estilo”, dice López Mondéjar. Santos Yubero, como otros reporteros españoles, ignoraba todo del lenguaje fotográfico pero tenía un gran instinto. “Nunca fue de artista, era un artesano”. López Mondéjar destaca de él que “sabía capturar el momento y dejarlo para el recuerdo, como sus fotos del asesinato del político José Calvo-Sotelo”. Ese buen oficio no solo se manifestó en grandes acontecimientos, sino también para retratar a los barrenderos, a los barquilleros o a niños que jugaban a ser milicianos.

Santos Yubero, como Campúa, Brangulí y otros ilustres de la fotografía española, “no fueron maestros en las imágenes que tomaron de los combates de la Guerra Civil, pero sí tenían gran ojo para la vida cotidiana, para el trasfondo”, añade López Mondéjar. “Su escuela fue el laboratorio, aprendieron barriendo laboratorios y secando placas”.

Después de la guerra, Santos Yubero fue nombrado jefe de fotografía del diario católico Ya. En los años cincuenta instauró una práctica ya sabida: firmaba todas las fotos aunque las hicieran sus ayudantes, como Gabriel Carvajal o Lucio Soriano, ya fallecido. Como declaró Carvajalhace un año a este periódico: “Él se quedaba todos los negativos en su casa, incluidas nuestras fotos”. El comisario de Crónica de medio siglo de vida española añade: “Les impedía firmar, no fue generoso. Llegó un momento en el que por las mañanas reunía a su equipo en casa, mandaba a los reporteros a la calle y él se reservaba las fotos oficiales, con Franco y sus ministros”. Quizás por esto, la exposición incluye unas 20 fotos de esos fotorreporteros ninguneados.

De aquellos tiempos, Santos Yubero le contó hace años al comisario de la muestra que “todos sufrieron mucho”. “Sin embargo, él vivió muy bien, maquillaba la historia”. En el cara a cara, Santos Yubero era “un seductor”. Simpático, hablador, inteligente, sabía meterse en todos los ambientes. De tanto ver y admirar su obra, el fotohistoriador se encariñó con este reportero. “Al final de su vida tenía toda la casa llena de cajas. Era consciente de que quería dejar un legado”. Santos Yubero vendió en 1988, por muy poco dinero, sus fotos y negativos al Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Algunas de esas imágenes las recoge esta exposición itinerante que lleva dos años de ciudad en ciudad. Esas instantáneas son “el ojo de la historia”, dice López Mondéjar. El blanco y negro que cuenta cómo fue la España de nuestros padres y abuelos.


El Mundo

EXPOSICIÓN | En Fnac Callao

  • La muestra conmemora los 25 años del fallecimiento del escritor mexicano.
  • Hace diez años que las fotografías de Juan Rulfo no se exhiben en la capital.

“No es muy conocido el hecho de que Juan Rulfo hubiese tenido trayectorias paralelas en la literatura y la fotografía. Pero en ambas actividades alcanzó una maestría que ha sido universalmente reconocida”, así nos presenta a este gran artista, Víctor Jiménez, Director de la Fundación Juan Rulfo.

Y es que, ahora parece que ha llegado el momento de que su obra fotográfica se de a conocer un poquito más y lo hará de la mano de su fundación, ‘La fundación Juan Rulfo’ y de la Editorial RM, que han organizado una exposición con sus imágenes en la Fnac de Madrid.

En ella el número 25 será el protagonista porque, la muestra “Sólo son imágenes. 25 fotografías de Juan Rulfo” permitirá disfrutar de las mejores 25 imágenes de la obra visual del escritor y fotógrafo mexicano, extraídas del reciente libro ‘100 fotografías de Juan Rulfo’ de la editorial RM, como conmemoración de los 25 años de su fallecimiento.

Qué más se le puede pedir a un profesional que manejaba a la perfección dos técnicas tan distintas. Aunque no destacó por su gran número de publicaciones, su libro de cuentos ‘El Llano en llamas’ y sobre todo, su única novela ‘Pedro Páramo’ fueron de las más influyentes del siglo XX. Pero su fotografía no se quedaba atrás . Las imágenes serán fundamentalmente tomas de arquitectura (disciplina de la que fue buen conocedor) aunque también se mostrarán paisajes, grupos étnicos de México, la vida (y la muerte) en los pequeños pueblos… y el retrato.

La muestra que comenzó su andadura en Fnac Bilbao a mediados de febrero, estará en la Fnac de Madrid (Fnac Callao) a partir de 5 de abril y hasta mayo, y continuará por Barcelona, Sevilla, Zaragoza y Valencia para luego viajar en 2012 por otras muchas tiendas Fnac del país.

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