El Mundo

  • Cientos de personas han disfrutado del eclipse en el Planetario de Madrid
  • La fase principal, durante la cual la Luna se tornó rojiza, tuvo lugar entre las 4.11 y las 5.23


Hasta 2033 no veremos un fenómeno astronómico como el que hemos disfrutado esta madrugada. La Superluna, que esta noche nos parecía un 14% más grande y un 30% más brillante debido a su proximidad con la Tierra, se tornó rojiza pasadas las 4.30 horas durante el eclipse total lunar. La última vez que se dieron esas características fue en 1982.

“Los eclipses como éste sobrecogían a la gente en la antigüedad”, explicaba Antonio del Solar, el astrónomo del Planetario de Madrid que ha guiado y ha acompañado con sus explicaciones al medio millar de aficionados que, según la estimación de los organizadores del acto, se han acercado hasta la explanada del Parque Tierno Galván.

Sin el temor de entonces, pero también sobrecogidos por la belleza de este espectáculo astronómico, en Madrid hemos podido observar el eclipse en un cielo limpio de nubes en el que se dibujaban constelaciones como la de Orión, la estrella Sirio, o los planetas Marte o Venus. Y es que, puntero en mano, el astrónomo César González ha impartido una miniclase de astronomía bajo el firmamento. Los más afortunados, no obstante, han sido los que han podido verlo en zonas oscuras del campo, lejos de la iluminación de las ciudades.

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‘Luna de sangre’

A las 3.07 horas, la sombra de la Tierra empezó a tapar la Luna, que quedó inmersa en ella desde las 4.11 hasta las 5.23, es decir, durante una hora y 12 minutos. Fue a las 4.47 cuando el eclipse alcanzó su punto máximo y la Luna adquirió un tono rojizo, que hace que popularmente se llame a este fenómeno “luna de sangre”. Son los rayos del Sol refractados por la atmósfera de la Tierra los que le confieren ese color cobrizo.

“Ha sido un color rojizo un poco oscuro. Que sea más claro o más oscuro depende de la cantidad de partículas en suspensión que haya en la atmósfera de la Tierra. Por ejemplo, si hay emisiones volcánicas y hay mucho polvo, se ve más oscuro”, explicaba a EL MUNDO Asunción Sánchez, astrónoma y directora del Planetario de Madrid.

A las 6.10 horas, casi como si fuera una estrella y a 28.000 kilómetros por hora, cruzaba el cielo la Estación Espacial Internacional, el hogar de los astronautas en el espacio, situado a unos 400 kilómetros de la Tierra.

Poco después, a las 6.27 horas, la sombra proyectada por la Tierra fue desapareciendo por el limbo derecho de la Luna, que a las 7.22 volvió a la normalidad. Eso sí, visiblemente más brillante que una noche cualquiera debido a su proximidad con la Tierra (perigeo).

Amós, cubierto con una manta, y su amiga Eva, son dos de los madrileños a los que no les ha importado pasar la noche en vela para ver la Luna teñida de rojo: “Es la primera vez que venimos a ver un eclipse. Nos ha parecido que era muy algo especial, porque no se va a volver a repetir hasta dentro de muchos años”, relataba Eva.

Durante el acto en el Planetario de Madrid, organizado en colaboración con Obra Social La Caixa, la imagen de la evolución de la luna captada por el telescopio de la cúpula era proyectada en una pantalla.

Aunque el eclipse era perfectamente observable a simple vista, ayudaban a apreciar los detalles los telescopios como el que el astrónomo amateur Pedro González, de la Agrupación Astronómica de Madrid, ha llevado a la explanada.

Los cielos cubiertos en algunas zonas de España han impedido o dificultado disfrutar del fenómeno astronómico que, como ya viene siendo habitual, fue retransmitido por internet. Astrónomos del proyecto Gloria y del Instituto de Astrofísica de Canarias emitieron a través de sky-live.tv la señal del eclipse desde Tenerife, La Palma y Fuerteventura.

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