Ofiuco, el ‘signo’ del zodiaco que descoloca a los astrólogos


El Pais

  • El Sol abandona el 18 de diciembre esta constelación, que convierte en 13 el número de ‘signos zodiacales’ en lugar de los 12 tradicionales
Constelación de 'Ofiuco', del 'Celestial Atlas', de Alexander Jamieson (1822).

Constelación de ‘Ofiuco’, del ‘Celestial Atlas’, de Alexander Jamieson (1822).

En enero de 1995, Jacqueline Mitton, de la Real Sociedad de Astronomía británica, anunciaba en una serie de divulgación de la BBC que los 12 signos del zodíaco no solo estaban erróneamente adelantados, por los efectos de precesión que sufre la Tierra, sino que eran, en realidad, 13. Mitton explicaba que la eclíptica (el aparente recorrido anual del Sol por los cielos) atraviesa una decimotercera constelación: Ofiuco, versión latina de Asclepio, el dios griego de la medicina. Es más, en realidad, la eclíptica siempre había atravesado esa constelación, solo cambian las fechas con los siglos. Si imaginamos el Sol como un círculo, este año su centro salió del Escorpión y entró en Ofiuco el 30 de noviembre, a las 10:00 UT (Tiempo Universal), y saldrá de Ofiuco para entrar en Sagitario el 18 de diciembre, a las 17:30 UT.

¿Cómo afectaba eso al horóscopo de aquellas personas nacidas entre el 22 de noviembre y el 21 de diciembre, es decir, de signo Sagitario? Los astrólogos, descolocados, tenían un problema: integrar esta constelación como signo del Zodíaco.

Los 12 signos del zodíaco no solo estaban erróneamente adelantados, por los efectos de precesión que sufre la Tierra, sino que eran, en realidad, 13

Para entender este desaguisado astral, empecemos explicando que una constelación es una agrupación “aparente” de estrellas: aunque parecen hallarse en el mismo plano, en realidad se encuentran a diferentes distancias sin que necesariamente exista relación entre ellas. Por convenio, hoy es cada una de las 88 áreas en que se divide el cielo así como el grupo de estrellas que contienen. Sin embargo, a lo largo de la historia y empezando en Mesopotamia, el número total de constelaciones y el área que ocupaban variaban según el autor que catalogaba las estrellas. Entre 1922 y 1930, estas constelaciones y sus abreviaturas oficiales fueron definitivamente establecidas por la Unión Astronómica Internacional (IAU).

El zodíaco astronómico es un cinturón imaginario que se distribuye en el ecuador celeste y sobre el que se sitúan las 12 antiguas constelaciones, de distintos tamaños, designadas con los nombres de las figuras que sus contornos evocaban a los antiguos: el Carnero, el Toro, los Gemelos, el Cangrejo, el León, la Virgen, la Balanza, el Escorpión, Sagitario o el Arquero, Capricornio, Acuario o el Aguador y los Peces (algunas más conocidas por su nombre latino, como Aries, Virgo y Libra). Ofiuco, que ya Ptolomeo incluyó entre las 48 constelaciones de su Almagesto, probablemente no se tuvo en cuenta porque, además de no gustarles el número 13, dividir la banda zodiacal de 360º entre 13 constelaciones no daría un número exacto, y sí entre 12 uniendo Escorpión y Ofiuco.

Calendario real de constelaciones que recorre el Sol

Por regla general, todos los años el Sol entra y sale de las constelaciones por estas fechas, pero puede haber variaciones de horas cada cuatro años que hacen que cambien en un día.

Aries: 21 de abril – 13 de mayo

Tauro: 14 de mayo – 24 de junio

Géminis: 25 de junio – 20 de julio

Cáncer: 21 de julio – 19 de agosto

Leo: 20 de agosto – 14 de septiembre

Virgo: 15 de septiembre – 31 de octubre

Libra: 1 de noviembre – 21 de noviembre

Escorpio: 22 de noviembre – 29 noviembre

Ofiuco: 30 de noviembre – 17 diciembre

Sagitario: 18 de diciembre – 19 de enero

Capricornio: 20 de enero – 15 de febrero

Acuario: 16 de febrero – 11 de marzo

Piscis: 12 de marzo – 20 de abril

El zodíaco astrológico, por su parte, está dividido en 12 porciones iguales de 30 grados, a cada una de las cuales le corresponde un signo: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis (algunos presentan pequeñas variaciones en el nombre con respecto a las constelaciones astronómicas).

Fue el astrónomo griego Hiparco de Nicea quien en el siglo II a.C. dedujo que la Esfera Celeste tenía un movimiento retrógrado al que denominó precesión. Debido a la influencia gravitatoria de los demás cuerpos del Sistema Solar y a la esfericidad de nuestro planeta, la Tierra se comporta como una peonza de forma que las posiciones relativas de las estrellas respecto al ecuador y a los polos varían a lo largo de un ciclo de unos 26.000 años en que la Tierra da una vuelta completa alrededor del eje de la eclíptica.

Sin embargo, la reivindicación de Ofiuco como constelación zodiacal entre el Escorpión y Sagitario no se debe a la precesión, que solo afecta a las fechas, sino al trazado del mapa celeste clásico y, sobre todo, tras la división arbitraria del cielo en constelaciones por parte de la IAU. Su nombre deriva del griego y significa “el que sostiene a la serpiente”. De hecho, esta constelación se representa con la figura de Asclepio, quien agarra con las manos una serpiente (la constelación de Serpens, en latín), con la cabeza hacia el oeste y la cola hacia el este. Recordemos que el emblema de serpientes entrelazadas es el símbolo de la profesión médica.

San Isidoro de Sevilla estableció distinciones importantes entre astronomía y astrología en el tercero de los 20 libros de sus Etimologías

Ofiuco continúa la leyenda de Orión y el Escorpión. Cuenta el mito griego, que la diosa cazadora Ártemis quiso vengarse del también cazador Orión, quien alardeaba de ser capaz de matar a todas las bestias salvajes, además de acosar de continuo a las Pléyades, las siete ninfas convertidas en palomas. Por ello, la diosa le mandó a un escorpión, que le persiguió y le picó en el talón, matándole con su veneno. Los dioses trasladaron al cielo tanto a Orión como al escorpión, aunque alejados para que no pudieran volver a encontrarse; de hecho, Orión se esconde en cuanto el Escorpión asoma sus pinzas. Conforme el Escorpión asciende por el horizonte oriental, Orión muere y se pone por el oeste. Pero Asclepio, con los poderes sanatorios que Apolo y Quirón le enseñaron, curó al cazador y aplastó al escorpión con el pie. Por ello, Orión resurge por el este, mientras que el animal es aplastado por el oeste.

Lamentablemente, en el interés por la astronomía existe -aún hoy- una componente astrológica que hunde sus raíces en la antigüedad. Astronomía y astrología no se diferenciaron conceptualmente hasta el siglo VI d.C., cuando San Isidoro de Sevilla estableció distinciones importantes entre estas dos materias en el tercero de los 20 libros de sus Etimologías, como han estudiado Antonio Aparicio y Francisco Salvador Ventura. Según el prelado sevillano, la astronomía propiamente se dedica al conocimiento abstracto de la salida, ocaso y movimiento de los astros. En cuanto a la astrología, diferencia entre una “astrología natural”, que se encarga de la observación del camino del Sol y de la Luna y de determinadas posiciones de las estrellas, y una “astrología supersticiosa”, que predice el futuro a través de las estrellas, asigna una parte del alma y de los miembros del cuerpo según los 12 signos del cielo y ordena el nacimiento y costumbres de los hombres según ellos.

La espectacular Supernova de Kepler, de 1604, en Ofiuco, pudo verse a simple vista y en el momento de máxima luminosidad

El sentido de la “astrología supersticiosa” -las supuestas influencias de los cuerpos celestes en la vida y el destino humanos- es el que adquiere la astrología actual. Cuenta Isidoro que fueron los caldeos los primeros en utilizar la observación relacionándola con el nacimiento y que fue Abraham quien la instituyó entre los egipcios. Aun así, la confusión perduró hasta muchos siglos después. Es más, muchas observaciones astronómicas importantes fueron hechas con propósitos astrológicos. El propio Johannes Kepler tuvo que dedicarse por necesidad a la astrología y se disculpaba por esta lucrativa actividad diciendo que así como la naturaleza ofrecía a cada ser medios de subsistencia, así había puesto a la astrología como ayuda de la astronomía, con la cual por sí sola no habría podido vivir. Curiosamente, la constelación de Ofiuco alberga -entre otro contenido astronómico de gran interés, como la Estrella de Barnard-, los restos de la explosión de una estrella moribunda en 1604, conocida como la Supernova de Kepler. Esta espectacular supernova, que pudo verse a simple vista y en el momento de máxima luminosidad, fue observada por el astrónomo alemán, quien escribió De Stella nova in pede Serpentarii (Sobre la nueva estrella en el pie del portador de la Serpiente).

La Universidad de Salamanca mantuvo la cátedra de “astrología” hasta el siglo XVII

Otra prueba de que no hubo distinción entre astrónomos y astrólogos durante mucho tiempo es el hecho de que la Universidad de Salamanca mantuviera la cátedra de “astrología” hasta el siglo XVII. Fue Entonces cuando astronomía y astrología se divorciaron definitivamente, adoptando diferentes sentidos. Sin embargo, es verdad que el origen etimológico de la palabra astrología, “la ciencia de los astros”, no contribuye en absoluto a mantener clara esta distinción.

Carmen del Puerto Varela es periodista, doctora en Ciencias de la Información y jefa de la Unidad de Comunicación y Cultura Científica (UC3) del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Durante seis años fue directora del Museo de la Ciencia y el Cosmos, de Museos de Tenerife. En 2009 escribió y dirigió la obra de teatro multimedia El honor perdido de Henrietta Leavitt.

Un gran asteroide se acercará peligrosamente a la tierra en 2017


La Vanguardia

  • Los astrónomos estiman que su tamaño puede variar de 12 a 40 metros
Recreación de un asteroide dirigiéndose hacia la Tierra GYI

Recreación de un asteroide dirigiéndose hacia la Tierra GYI

Madrid. (EUROPA PRESS).- El 12 de octubre de 2017 está previsto que el asteroide 2012 TC4 pase peligrosamente cerca de la Tierra. La distancia exacta de su aproximación más cercana es incierta, así como su tamaño.

Basándose en las observaciones, en octubre de 2012, cuando la roca espacial se aproximó a nuestro planeta, los astrónomos estimaron que su tamaño puede variar de 12 a 40 metros. El meteoro que explotó sobre la ciudad rusa de Chelyabinsk, en febrero de 2013, hiriendo a 1.500 personas y daños en más de 7.000 edificios, tenía unos 20 metros de ancho. Por lo tanto, el impacto de 2012 TC4 podría ser aún más devastador. “Es algo en lo que hay que mantener los ojos”, dijo a astrowatch.net Judit Györgyey-Ries, astrónoma del Observatorio McDonald de la Universidad de Texas. “Podríamos ver una explosión en el aire que tal vez rompa las ventanas, dependiendo de dónde ocurra.”

El asteroide del tamaño de una casa fue descubierto el 4 de octubre de 2012 por el Observatorio Pan-STARRS en Hawai. Una semana más tarde pasó a una distancia de 0.247 LD (distancia lunar), o 94.800 kilometros. 2012 TC4 es un objeto alargado y que gira rápidamente y se ha sabido que ha hecho muchos acercamientos a la Tierra en el pasado. Ahora, los científicos tratan de determinar la ruta exacta de 2017 y la probabilidad de un posible impacto. “Tiene un 0,00055% de probabilidad acumulada de que va a golpear”, dijo Györgyey-Ries. “El hecho de que la MOID (distancia mínima intersección órbita) está a sólo 0.079 LD le convierte en un posible impactador. Sin embargo, es sólo la menor distancia posible entre las órbitas.”

“Hay una entre un millón de posibilidades de que pueda llegar a nosotros”, dijo Detlef Koschny, jefe del Segmento de Objetos Cercanos a la Tierra (NEO) de la ESA. También trató de estimar el tamaño exacto del cuerpo celeste. El tamaño se estima a partir de la luminosidad, pero no sabemos la reflectividad, por lo que podría ser menor o mayor, aunque se asuma de 10 a 40 metros.

Un objeto de 40 metros compuesto de hierro podría pasar por la atmósfera y hacer un cráter. Un objeto rocoso de 10 metros apenas se notaría. Makoto Yoshikawa de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA), miembro de la División de NEOs en la Unión Astronómica Internacional (IAU), está convencido de que el asteroide no representa ningún peligro para la Tierra. “La distancia es muy pequeña. Pero esta distancia no significa una colisión”, dijo.

Vigilancia de Asteroides de la NASA ha asegurado que no hay posibilidad de que este asteroide golpee nuestro planeta, pero Györgyey-Ries admite que se necesitan más observaciones para mitigar las incertidumbres. “A pesar de que tiene una gran incertidumbre a lo largo de la órbita, es mucho menor que la incertidumbre radial, por lo que sólo cambia la hora del sobrevuelo más cercano. Yo diría que en base a esto, no hay posibilidad de impacto en 2017, pero más observaciones podrían ayudar a reducir las incertidumbres “, dijo.

Hasta el 12 de abril, hay registrados 1.572 asteroides potencialmente peligrosos (PHA). Ninguno de los PHAs conocidos está en curso de colisión con nuestro planeta, aunque los astrónomos están descubriendo nuevas rocas continuamente.