Coliseo Romano, Roma, Italia


Fue edificado dentro del enorme complejo del palacio de Nerón, la Domus Aurea, construida tras el incendio de Roma. Precisamente ocupó un espacio llano donde existía una laguna artificial, la Stagnum Neronis. Con esta y otras actuaciones se restituyeron a la hacienda pública los terrenos apropiados por Nerón. Se desconoce la identidad del arquitecto del edificio, como ocurría en general con la mayoría de las obras romanas: las edificaciones públicas se erigían para mayor gloria de los emperadores. a lo largo de los años se han barajado los nombres de Rabirio, Severo, Gaudencio o incluso Apolodoro de Damasco, aunque se sabe que este útimo llegó a Roma en el año 105. Lo cierto es que su identidad sigue siendo un misterio. Algunos historiadores creen que pudo haberse financiado gracias a la toma de Jerusalén en el año 70. Dio Casio afirma que se sacrificaron 5000 animales durante los 100 días que duraron los festejos de inauguración.

Procedencia del nombre

En cuanto a la procedencia de su nombre hay tres posibles soluciones. La teoría más aceptada es que se lo debe al coloso, una estatua de 40 metros de altura representando a Nerón. Siempre se ha creído que el nombre popular de coloseum provenía de esta estatua, aunque existen dudas al respecto. En la Edad media derivó en la forma coliseum, de la que proviene el nombre en castellano y otras lenguas romances.

Uso del edificio

El Coliseo albergó espectáculos como las venationes (peleas de animales) o los noxii (ejecuciones de prisioneros por animales), así como las munera: peleas de gladiadores. Se calcula que en estos juegos murieron entre 500.000 y 1.000.000 de personas. Siempre se ha especulado con que albergara la naumachiae, espectaculares batallas navales que requerían inundar la arena de agua, aunque de ser cierto, es probable que fuera en los primeros años, antes de construirse los sótanos bajo la arena.

Los juegos continuaron celebrándose hasta el año 404, en el que está documentada la última pelea de gladiadores. El ascenso del cristianismo como religión oficial puso fin gradualmente a los actos más sangrientos, manteniéndose los sacrificios de animales hasta el 523.

Descripción

El Anfiteatro Flavio es un enorme edificio ovalado de 189 metros de largo por 156 de ancho, y de 48 metros de altura, con un perímetro de la elíptica de 524 metros. Se suele decir que este edificio ha sido un modelo para los recintos deportivos modernos, ya que tiene un diseño ingenioso y soluciones eficaces a problemas actuales.

La arena

El terreno de juego propiamente dicho era un óvalo de 75 por 44 metros, y en realidad era una plataforma construida en madera y cubierta de arena. Todo el subsuelo era un complejo de túneles y mazmorras (el hipogeo) en el que se alojaba a los gladiadores, a los condenados y a los animales. El suelo disponía de varias trampillas y montacargas que comunicaban con el sótano y que podían ser usadas durante el espectáculo.

El plano de la arena tenía un completo sistema de drenaje, conectado a cuatro imponentes cloacas. Se ha sugerido que obedecen a la necesidad de evacuar el agua tras los espectáculos navales. Sin embargo parece ser que ya Domiciano, abandonando la idea de la naumaquia, pavimentó las cloacas y colocó en la arena los montacargas para los combates de gladiadores. La cubierta de madera ya no se conserva, con lo que todo el laberinto subterráneo permanece hoy al aire libre.

La estructura

El Coliseo fue la obra más grandiosa de la arquitectura romana, y en él se utilizaron las más variadas técnicas de construcción. Las pilastras y los arcos son de travertino colocado sin argamasa. En las partes inferiores y en los sótanos se empleó la toba del mismo modo. Muchos de estos sillares iban sujetos con grapas metálicas. Las bóvedas que sostienen la cávea se hicieron vertiendo argamasa de cemento directamente sobre cimbras de madera, una innovación que aligeraba la fábrica.

El hecho de que el edificio se ubicase sobre una laguna obligó a excavar hasta 14 metros de limos inservibles y realizar una cimentación de casi 13 metros de opus cementicium (hiladas de argamasa de cal y piedras alternadas).

La cávea

El amplio graderío interior estaba diferenciado en gradus, pisos reservados para las diferentes clases sociales:

En el podium,el primero de ellos, se sentaban los romanos más ilustres: los senadores, magistrados, sacerdotes y quizá las vestales. En ambos extremos del eje menor había sendos palcos: la tribuna imperial (pulvinar), y otra reservada para el magistrado que en ocasiones presidía los juegos. Dado que este piso era el más próximo a las fieras, había una red metálica de protección y arqueros apostados regularmente.

El maenianum primum, para los aristócratas que no pertenecían al senado,

El maenianum secundum, dividido en el imum para los ciudadanos ricos y el summum para los pobres.

En lo más alto estaba el maenianum summum in ligneis, hecho de madera, probablemente sin asientos y reservado para mujeres pobres.

Además, algunos órdenes sociales, como los tribunos, sacerdotes o la milicia, tenían sectores reservados.

El acceso desde los pasillos internos hasta las gradas se producía a través de los vomitorios, llamados así porque permitían salir una enorme cantidad de gente en poco tiempo. Estaba tan bien diseñado que los 50.000 espectadores podían ser evacuados en un poco más que cinco minutos.

La fachada

La fachada se articula en cuatro órdenes, cuyas alturas no se corresponden con los pisos interiores. Los tres órdenes inferiores los forman 80 arcos sobre pilastras, y con semicolumnas adosadas que soportan un entablamento puramente decorativo. El cuarto lo forma una pared ciega, con pilastras adosadas, y ventanas en uno de cada dos vanos.

Los órdenes de cada piso son sucesivamente toscano, jónico y corintio. El último piso tiene un estilo indefinido que fue catalogado en el siglo XVI como compuesto. Era corriente superponer estilos diferentes en pisos sucesivos, pero no era habitual hacer edificios con cuatro órdenes superpuestos. Las comunicaciones entre cada piso se realizaban a través de escaleras y galerías concéntricas.

El velario

El Coliseo contaba con una cubierta de tela desplegable accionada mediante poleas. Esta cubierta, hecha primero con tela de vela y luego sustituida por lino (más ligero), se apoyaba en un entramado de cuerdas del que poco se sabe. Cada sector de tela podía moverse por separado de los de alrededor, y eran accionados por un destacamento de marineros de la flota romana.

En la parte superior de la fachada se han identificado los huecos en los que se colocaban los 250 mástiles de madera que soportaban los cables. Al parecer las cuerdas se anclaban en el suelo, pues de otro modo los mástiles soportarían demasiado peso. A tal efecto había un anillo concéntrico de piedras o cipos situados a 18 metros de la fachada en la explanada exterior, y que también permitían el control del público para evitar aglomeraciones. La franja entre la fachada y los cipos estaba pavimentada con travertino.

Historia

La inauguración del Coliseo a cargo de Tito se realizó mediante la celebración de unos festejos que duraron cien días en los que murieron cerca de dos mil gladiadores.

Decadencia

Durante el papado de Gregorio I Magno muchos de los monumentos antiguos pasaron a manos de la Iglesia, que era la única autoridad efectiva. Sin embargo carecía de recursos para mantenerlos, por lo que cayeron en el abandono y el expolio. Durante la Edad Media, la decadencia de la ciudad afectó a todos los monumentos imperiales. Los terremotos de 801 y 847 provocaron grandes destrozos en un edificio prácticamente abandonado en las afueras de la ciudad medieval.

Cuando en 1084 el papa Gregorio VII fue expulsado de la ciudad, muchos monumentos cayeron en manos de familias nobles romanas, que los usaron como fortalezas. Es el caso del Coliseo, ocupado por los Frangipane, que lo convirtieron en el centro de su área de influencia. El Coliseo fue cambiando de manos hasta 1312, en que volvió a la Iglesia.

Durante la Edad Media se creía equivocadamente que el Coliseo había sido un templo dedicado a diversos dioses, como el Sol. La confusión podía provenir del coloso de Nerón, al que Vespasiano había cambiado la cabeza por la del dios Sol.

A lo largo de los siglos XV y XVI, el travertino que lo recubría fue arrancado para reutilizarlo en otras construcciones. Entre otras, se utilizó para el Palacio Barberini y para el Puerto de Ripetta. Un conocido dicho latino reza Quod non fecerunt Barbari, fecerunt Barberini (lo que no se atrevieron a hacer los bárbaros, lo hicieron los Barberini). También se utilizó para quemarlo y obtener cal. El expolio de piedras continuó hasta 1749, en que Benedicto XIV consagró los monumentos como iglesia pública en memoria de los mártires allí ejecutados (si bien se cree que la mayoría de éstos fueron martirizados en el Circo Máximo). Una de las últimas barbaridades que sufrió el Coliseo fue ser objeto de simbolizar el borrador de la historia de Italia por parte de los militares. La parte del edificio que falta en la primera foto fue una bomba caída en el mismo durante la segunda guerra mundial.

En el siglo XIX, por el contrario, comenzaron una serie de obras para estabilizar muchos monumentos antiguos. En 1820 se terminaron varios contrafuertes que son claramente distinguibles hoy día, y sin los cuales el edificio probablemente se habría derrumbado. Durante todo el siglo se sucedieron obras de consolidación y mejora, en un proceso que aún continúa.

El Coliseo en la actualidad

El Coliseo es sin duda uno de los grandes atractivos turísticos de Roma. Ha sido llevado al cine en múltiples ocasiones, destacando la increíble reconstrucción digital, poco fiel al original, que podíamos ver en Gladiator. En 1980, la UNESCO declaró el centro histórico de Roma, incluido el Coliseo, Patrimonio de la Humanidad . Desde 2000, las autoridades mantienen el edificio iluminado durante 48 horas cada vez que en algún lugar del mundo se le conmuta o aplaza una sentencia de muerte a un condenado. Es una de las 7 nuevas Maravillas del mundo. Millones de personas la han votado a través de internet.

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Acueducto de Segovia


El acueducto es el monumento más característico de la ciudad y la más impresionante obra de ingeniería de la época romana. Se desconoce la fecha exacta de su construcción, aunque es muy probable que corresponda a la segunda mitad del siglo I d.c. o principios del siguiente, en la época de Vespasiano y Trajano. Supuso la creación de una obra ciclópea urbana que se integra en su marco natural adaptándose rítmicamente al terreno, y que confiere al paisaje urbano una grandiosidad y monumentalidad indescriptible.

El acueducto trae el agua desde Riofrío hasta la ciudad de Segovia a lo largo de un recorrido de 17 km. Tiene una longitud de unos 958 m y una altura máxima de 28,50 m, a los que hay que añadir cerca de 3 m de cimientos en el tramo principal. En su estructura se distinguen cuatro tramos a partir del desarenador o decantador de las aguas:

  • La primera alineación está formada por 6 arcos de medio punto de tosca factura y una altura creciente de 2,40 m, en la parte superior. Sobre una cornisa que se apoya en las claves de los arcos, aparece el ático de mampostería que contiene el canal conductor del agua, que se mantiene en toda la obra con una sección en forma de U de 180 x 150 cm.
  • La segunda alineación está formada por 25 arcadas que, en gran parte, han sido reconstruidas probablemente en época de los Reyes Católicos.
  • La tercera, tiene un total de 44 arcadas, de ellas están reformadas las dieciséis primeras.
  • El cuarto tramo corresponde a la zona principal del Acueducto y está formado, también, por 44 arcadas superpuestas en dos pisos, salvo las dos de los extremos. En el piso superior los arcos tienen una luz de 5,10 m, algo mayor que en los arcos inferiores, y los pilares son de menor altura y grosor. Se remata con el ático por donde discurre el canal, adaptándose el piso inferior a los desniveles del terreno. En el piso inferior, los arcos tienen una luz que oscila alrededor de los 4,50 m y los pilares aumentan su grosor de manera escalonada, de abajo a arriba: en la coronación tiene una sección de 1,80 x 2,50 m, mientras que en la base llegan a alcanzar 2,40 x 3 m. Para su construcción se utilizó piedra berroqueña, granito de grano gordo y color cárdeno, para los sillares, muchos de ellos tallados ex profeso para el lugar que ocupan. Los sillares están labrados de forma tosca, unidos sin ningún tipo de argamasa y colocados a hueso. Desde el punto de vista estético, los romanos crearon una estética particular a partir de la combinación del muro con el hueco.

Esta asociación crea una imagen, fundamento de la estética utilizada en puentes y otras construcciones del imperio, en la que se equilibran el arco y el dintel, lo dinámico con lo estático, la idea de macizo y vano, de claro y oscuro que tan fructífera será para el futuro.

El magnífico monumento se ha mantenido en buen estado de conservación, sin grandes transformaciones, debido, en cierto modo, a la sobrecogedora y misteriosa grandeza de estructura que impone respeto y al hecho de que, aún en el siglo XX, continúa ejerciendo su función original.

La primera gran obra de reconstrucción debió realizarse en tiempos de los Reyes Católicos. El prior del monasterio de los Jerónimos del Parral, don Pedro de Mesa, fue el encargado de administrar las obras de reconstrucción entre los años 1484 al 1489, cuando se reedificaron 36 arcos, respetando al máximo la obra original, aunque algunos arcos tienen una leve tendencia a la forma apuntada y una labra menos tosca que la de los sillares romanos. En 1520 se reponen en los nichos del pilar central las estatuas de Nuestra Señora del Carmen y de San Sebastián por Antonio de la Jardina, ensayador de la Casa de la Moneda, y a su costa. En la actualidad, el estado de deterioro de la piedra por la contaminación atmosférica ha sido tan alarmante que el Estado, con la ayuda de otros organismos nacionales e internacionales, ha tenido que protegerlo mediante un minucioso proceso de restauración.

Fuente: Wiki, Espasa

La tuberculosis del romano de York


CET – El Mundo

RESTOS ARQUEOLÓGICOS

  • Hallan los restos de uno de los primeros británicos que padeció la enfermedad

actu080918rom.jpgAunque se han hallado evidencias de tuberculosis en restos arqueológicos con miles de años de antigüedad, la enfermedad no empezó a propagarse ampliamente hasta el siglo XII, cuando la población se trasladó a vivir en un entorno urbano, en condiciones de hacinamiento. En la Universidad de York, un descubrimiento casual durante unas obras de reforma ha permitido localizar al que podría ser uno de los primeros británicos de la historia que padeció esta enfermedad infecciosa.Se trata de un varón de unos 26-35 años que vivió en la zona en el siglo IV después de Cristo. Sus restos han sido hallados por un equipo de arqueólogos en una fosa poco profunda, tumbado en posición casi fetal sobre su costado derecho. Sus descubridores han dicho de él que probablemente sufrió anemia por falta de hierro durante su infancia; de ahí su baja estatura en relación a sus contemporáneos: sólo 1,62.

Hasta ahora, como explica el equipo dirigido por Malin Holst, los restos británicos más antiguos de tuberculosis databan del año 300 antes de Cristo (en Europa, el récord lo tiene un italiano que vivió en el año 3.500 aC). Sin embargo, añaden los arqueólogos, hay pocas evidencias de esta enfermedad pertenecientes a la época romana, y las que hay están concentradas mayoritariamente en la mitad sur del país.

Por eso, los investigadores confían en que el nuevo hallazgo pueda aportar numerosas pistas sobre el origen y desarrollo de esta enfermedad (una de las más antiguas de la historia de la humanidad) en todo el Reino Unido. De hecho, ya están empezando a trabajar sobre algunos de los datos que arrojan los restos del ‘paciente’.

En primer lugar les ha sorprendido hallar el enterramiento cerca del lugar donde había un antiguo edificio y no en un cementerio propiamente dicho, como solía ser ya frecuente en aquellas fechas. Este dato hace pensar “que el hombre fue enterrado aquí porque la tuberculosis era una patología tan rara por aquel entonces que la gente era reacia a transportar el cadáver una gran distancia”, según señala Cath Neal, del departamento de Arqueología de la Universidad.

Los análisis practicados a este varón han demostrado que el bacilo causante de la tuberculosis afectó a su columna vertebral y a los huesos de la pelvis. “La tuberculosis causa en el tejido óseo una destrucción muy característica que puede ser identificada por los especialistas hasta miles de años después”, explica Neal a elmundo.es. Además, los especialistas apuntan como posible causa del contagio al consumo de carne o leche contaminada, aunque no descartan que el patógeno llegase hasta sus pulmones por inhalación.

Neal asegura que este hallazgo no sólo será útil para desentrañar la evolución de la tuberculosis desde finales del imperio romano. sino “cómo era la vida en York hace 1.500 años”. De hecho, el trauma muscular y el desgaste de los dientes hacen suponer que el anónimo británico realizaba muchas tareas físicas mientras aún gozaba de buena salud.

Los restos más antiguos de tuberculosis en el mundo datan del período Neolítico, aproximadamente 5.000 años antes de nuestra era; aunque también se ha documentado la presencia de la infección en momias egipcias del año 2.400 a C. Todo indica, según varias investigaciones realizadas sobre este tema, que el germen causante de la enfermedad en la actualidad es consecuencia de la mutación sufrida por otro bacilo mucho anterior, que en algún momento de la historia habría saltado la barrera entre especies, pasando de los animales al ser humano.