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  • Los arqueólogos dan con la obra durante los trabajos de construcción de una línea de metro

El hallazgo ocurrió por casualidad y como suele suceder en la capital italiana: haciendo unas simples obras. Pero lo que los arqueólogos descubrieron esta vez puede tener una importancia capital: habrían localizado el acueducto romano más antiguo encontrado nunca, correspondiente ni más ni menos que al siglo III a. C.

El acueducto se sitúa a la altura de la actual plaza Celimontana, a unos pocos centenares de metros del Coliseo, y a una profundidad de veinte metros bajo tierra. Los arqueólogos consiguieron dar con él, porque se está construyendo una nueva línea de metro en esa zona, que ha permitido excavar a tal profundidad. De hecho, la arqueóloga Siomona Morretta detalló al diario Corriere della Sera que los trabajos de excavación se iniciaron hace más de dos años para abrir un conducto de ventilación de 32 metros de diámetro en una superficie que abarca 800 metros cuadrados.

“Sólo gracias a las perforadoras de hormigón para la apertura del túnel del metro, hemos podido bajar a esa profundidad y estudiar por primera vez toda la estratigrafía de Roma“, insistió la arqueóloga. “Es decir, a partir de las casas que existen en la actualidad, hemos ido descendiendo hacia abajo hasta localizar una tumba con objetos funerarios que datan de la Edad de Hierro, y otros del siglo X y principio del siglo IX antes de Cristo“, detalló.

Los arqueólogos no saben precisar todavía de dónde provenía el acueducto exactamente, y hacia dónde se dirigía. No obstante, creen que se podría tratar del denominado Acqua Appia, el primer acueducto que se edificó en Roma, y cuya construcción tardó decenios. “Se sabe que el Acqua Appia era profundísimo, y el que hemos encontrado también lo es”, destacó Morretta.

Un tramo de diez metros del acueducto ha sido desmontado bloque por bloque, catalogado y almacenado en superficie, con el objetivo de montarlo de nuevo en otro lugar para que se pueda visitar. “A veinte metros de profundidad, es imposible que nadie lo pueda ver. Sería necesario reubicarlo entero en otro lugar en un futuro”, opinó la arqueóloga.

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El Mundo

Visita al punto donde los romanos iniciaron la canalización de Segovia

Monumento en el azud del acueducto.| Marga Estebaranz

Datos prácticos
Situación. El inicio de la ruta está en Valsaín, Segovia.
Cómo llegar. Desde Madrid, por la A-6 hasta Villalba. Continuar por M-601 al Puerto de Navacerrada y CL-601 hasta Valsaín.
Distancia. 75 kilómetros desde Madrid.
Recorrido. Ruta circular, con salida y llegada en el mismo punto.
Accesos. En el kilómetro 124 de la CL-601 dirigirse al centro de Valsaín. Desde este punto iniciar la excursión por la calle que sube al cementerio.
Información. Asociación para el Desarrollo Rural de Segovia Sur. Tel: 921 449 059 y http://www.segoviasur.com.

A 15 kilómetros de distancia del objetivo final de esta ruta se alza uno de los más singulares monumentos de la edad antigua de nuestro país. Inscrito en la lista del Patrimonio de la Humanidad, es mundialmente conocido y símbolo de la ciudad crecida en torno suyo: Segovia.

Todo el mundo lo sabe, hablamos del Acueducto de Segovia. Dos mil años de historia hecha piedra erigida sobre 162 estilizados arcos de rotundos sillares de granito, ensamblados sin un gramo de argamasa. Pero aparte de esa piedra, el acueducto ha tomado de la Sierra de Guadarrama el agua que hasta hace bien poco transportaba al corazón de la urbe. Lo hace en un lugar que es bastante menos conocido.

Está a poca distancia de otra sobresaliente obra de los antiguos romanos: la Vía Antonina, más conocida como calzada romana de la Fuenfría, por transitar por este valle de la sierra madrileña. Es el paraje de río Frío, punto remoto y escondido del arroyo de la Acebeda, que demuestra la de cálculos que debieron hacer y lo bien que se conocían la sierra aquellos ingenieros, para encontrar el mejor lugar donde tomar las aguas y que llegasen a Segovia en la menor distancia y con la mayor fuerza posibles.

Una de las más entretenidas marchas que llevan al azud del acueducto, arranca en la plaza de Valsaín. Desde su centro se toma el camino del cementerio, a los pies del Cerro Matabueyes, carretera por la que también puede subirse en coche hasta una barrera situada más arriba. La carretera transita por las cercanías del campo de fútbol y alcanza un cruce. Tomar el camino central que pasa ante la puerta del camposanto y prosigue durante un kilómetro, hasta alcanzar una barrera.

Recubre esta parte de la ladera un robledal adehesado. Entre los huecos del arbolado se vislumbra el amplio valle abierto por el Eresma a los pies de los montes y bosques de Valsaín. Abajo, en una esquina de las amplios prados de la orilla izquierda del río, las ruinas del palacio de Valsaín es lo más reconocible del paisaje. Al fondo y coronando ese frontón de 1.300 metros que es esta parte de la Sierra de Guadarrama, algún raquitico nevero todavía resiste en los alrededores del Pico Peñalara y la cresta de Claveles.

Un último repecho desemboca en la Cruz de la Gallega, cuyo nombre refiere a los segadores gallegos que bajaban a Castilla a trabajar cruzando la sierra por estos andurriales y que ofrece espectaculares vistas de la llanada segoviana, capitalizada por la ciudad de Segovia en la que se distingue la torre de la robusta catedral.

La pista se bifurca en dos. Debe tomarse la opción de la derecha, que enseguida acomete una última pendiente, ahora por terreno despejado. Alcanzado el punto más alto, la pista cambia de escenario. Ahora lo que llama la atención es un desconocido escorzo de La Pinareja y El Oso, cuyo cordal es conocido por estos pagos como la Mujer Muerta.

Descargadero colosal

Sigue un prolongado descenso. La primera parte cruza importantes prados. Es aquí donde se acumulan las más grandes pilas de troncos que uno pueda imaginarse. Con más de diez metros en algunos casos, se prolongan durante un centenar de metros. Situados a ambos lados de la pista, los montones de troncos son las paredes de un laberinto irreal. Hay árboles cortados en muy diferentes fechas. Tan distintas como sus tamaños.

Aunque en todo caso se trata de árboles crecidos, a simple vista se descubren algunos gigantes tristemente talados, cuya edad supera los tres siglos. Nada más fácil para comprobarlo que contar los anillos del tronco. Estas montañas de troncos proceden de los cercanos montes de Valsaín y su desmesura certifica la crisis galopante que padece hoy día el sector maderero. En esta parte se sitúa un cartel, así como alguna caracerística señal amarilla, que recuerdan que por aquí discurre el Camino de Santiago madrileño.

No tarda mucho la pista en perderse en un frondoso pinar. Siempre en descenso, tampoco se demora demasiado en alcanzar el cruce con el río de la Acebeda. En este punto abandonar la pista forestal y tomar el senderillo que desciende paralelo a las aguas por su orilla derecha, esto es, sin cruzarlas.

Se inicia aquí la parte más hermosa de la ruta. Siempre en las cercanías de las aguas atraviesa praderas secretas y transita bajo una bóveda de árboles colosales. Así se alcanza un mojón de piedra, que señala la propiedad real de estos montes. Enseguida y tras un breve repecho que salva un cortado, se llega a la altura de una singular escultura de metal oxidado situada en la orilla de enfrente.

El arroyo da una curva antes de un pequeño salto de agua. Justo en el recodo se inicia la canalización, donde se sitúan varias balsas decantadoras. Las aguas tomadas en este azud desaparecen por una conducción subterránea sobre la que continúa el sendero. Cada cierta distancia aparece un singular mojón metálico que reproduce la silueta del Acueducto. Son las indicaciones de la Senda del Acueducto, que empieza en el cercano embalse de Revenga y que desandaremos en parte.

El camino inicia un descenso para bordear el Cerrro de Cabez Grande. Poco antes de alcanzar la cola del embalse de Puente Alta o de Revenga, se alcanza la Cañada Real Soriana, punto donde se abandona la citada Senda del Acueducto, que marcha hacia la presa, para tomar la vía pecuaria a mano derecha. Sigue un tramo que coincide con el GR-88, sendero de gran recorrido que recorre todo el pie de sierra segoviano. Algo después cañada y sendero se separan.

Continuar por la vía pecuaria, hasta que se alcanzan las ruinas del rancho de Santillana, el más importante esquiladero de esta parte de Castilla, utilizado por los rebaños merineros en sus viajes trashumantes. Abandonar aquí la Cañada Real Soriana y tomar un camino que rumbo suroeste emboca el vallejo situado justo al sur del cerro de Matabueyes. En un corto tramo cuesta arriba se alcanza la Cruz de la Gallega, regresando a Valsaín por la misma carretera por la que iniciamos la excursión.

Ficha
Horario: Entre 5.00 y 6.00 horas.
Longitud: 16 kilómetros.
Desnivel: 365 metros positivos (Valsaín, 1.200 metros, Cruz de la Gallega, 1.375 metros, Azud del Acueducto, 1.210 metros, rancho de Santillana 1.185 metros).
Dificultad: Ruta sin dificultades, que transita por pistas y sendas bien señalizadas.
Material: Bastones, protección solar y ropa de abrigo.
Recomendaciones: Iniciar la marcha temprano.
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