Las Guerras Púnicas 264 a.C. al 146 a.C. | El Enfrentamiento entre Cartago y Roma


Las Guerras Púnicas es el nombre dado a los tres enfrentamientos bélicos que sostuvieron Roma y Cartago entre 264 y 146 a.C.

El combate directo de la I guerra púnica comenzó en Córcega y Sicilia (264 a.C.). En principio, Roma era una gran potencia terrestre y Cartago dominaba el mar, pero la primera aprovechó los astilleros de sus aliados griegos y consiguió construir una gran flota de guerra en poco tiempo. Además, dotó a las naves con dispositivos para facilitar el abordaje y, de esta forma, los guerreros romanos, expertos en la lucha cuerpo a cuerpo, pudieron adaptar rápidamente sus tácticas a las batallas navales y derrotaron a la flota cartaginesa en Mylae (260 a.C.) y Ecnomus (256 a.C.). En 255 a.C., un ejército romano desembarcó cerca de Cartago, pero quedó inmovilizado y hubo de capitular al año siguiente. Una nueva flota de guerra, que el Senado romano ordenó construir, consiguió en las islas Égates una victoria decisiva sobre Cartago, que perdió Sicilia y tuvo que pagar una fuerte indemnización. Una rebelión de mercenarios de Cartago fue aprovechada por Roma para adueñarse de Córcega y Cerdeña (238 a.C.). El mar Tirreno en esos momentos era romano. Privada de las tres grandes islas del Tirreno, Cartago consiguió reforzar su imperio al aumentar sus posesiones en la Península Ibérica. Amílcar Barca se apoderó de los yacimientos mineros de Andalucía occidental y su yerno Asdrúbal fundó la gran base naval de Cartago Nova (227 a.C.). Roma, temerosa siempre de la expansión cartaginesa, extendió su protección a las colonias griegas de la costa nororiental de la Península.

La II guerra púnica dio comienzo cuando el caudillo cartaginés Aníbal, ante la superioridad romana en el mar, atravesó los Pirineos y los Alpes hasta invadir el N de Italia. Tras la batalla del río Tesino (218 a.C.), los pueblos galos del valle del Po se sublevaron contra Roma, cuyos ejércitos fueron derrotados en Trebia. En 219 a.C., Aníbal volvió a vencer en el lago Trasimeno y en 216 a.C., tras la victoria de Cannas, quedó inmovilizado en Capua. Roma desplazó un considerable ejército a la retaguardia cartaginesa y consiguió dominar la parte NE de la Península Ibérica. Los romanos conquistaron Cartago Nova (209 a.C.) y expulsaron a los cartagineses de la Península tras la conquista de Gadir. La guerra tomó un nuevo giro cuando dos legiones romanas al mando de Publio Cornelio Escipión desembarcaron en Cartago. El choque definitivo en Zama (202 a.C.) significó la victoria absoluta de las tropas romanas, que exigieron a Cartago unas condiciones muy duras para firmar la paz.

La III guerra púnica (149-146 a.C.) se inició con las hostilidades entre el rey númida Masinisa, protegido por Roma, y Cartago. Esta última no tuvo más remedio que implicarse en una guerra que acabó con el asalto de la ciudad. Los supervivientes fueron vendidos como esclavos, y su territorio se convirtió en la provincia romana de África.

 

533 – Batalla de Tricamerón


La batalla de Tricamerón se libró el 15 de diciembre de 533 en África, en la localidad del mismo nombre, ubicada veintisiete kilómetros al oeste de Cartago. En ella se enfrentaron las tropas del Imperio romano de Oriente mandadas por el general Belisario y las del Reino vándalo de África, que acaudilló su rey Gelimer.

La batalla terminó con el triunfo de las tropas del general Belisario, inmensamente inferiores en número a las de los vándalos. En el resultado del choque tuvo particular importancia la labor desempeñada por los generales de los dos bandos, pues Gelimer mostró su cobardía al huir ante la presencia de las tropas enemigas, lo que lo llevó al desastre. La derrota de Gelimer y sus huestes significó el fin del Reino vándalo y condujo a la anexión de todo el norte de África al Imperio bizantino del emperador Justiniano.

Antecedentes

Justiniano, llamado “el Grande”, ascendió al trono del Imperio bizantino el año 527, a la muerte de su tío Justino I, quien le había nombrado su sucesor. Justiniano, de origen bárbaro y campesino, se había casado en el año 523 con Teodora, hija de un cuidador de circo, cortesana y bailarina de Alejandría. Mujer de gran belleza, valiente y decidida, tuvo gran influencia en Justiniano.

Justiniano se consideraba heredero de los césares y cabeza de la Iglesia. Durante su reinado, tuvo dos ideas directrices: restaurar el Imperio de Occidente y suprimir la herejía arriana. Para materializar la primera idea, restaurar el Imperio, se rodeó de dos hombres claves en su consecución: Belisario, al que puso al mando del ejército del este, y Narsés, al que nombró gran chambelán.

Entre ambos militares, desbarataron una rebelión contra el emperador, la insurrección de Niká, en la que murieron treinta y cinco mil rebeldes. Belisario, antes de Niká, había derrotado a los persas y después fue puesto al mando del ejército que debía marchar a Cartago para reponer en el trono a Hilderico el Vándalo, que había sido destronado por Gelimer, bisnieto de Genserico. Los historiadores estiman que el ejército puesto a las órdenes de Belisario era insuficiente: consistía en diez mil soldados de infantería y cinco mil jinetes, casi todos bárbaros y mercenarios. El ejército imperial había sufrido un descenso notable. Estaba compuesto por tres categorías de tropas: los soldados regulares, los mercenarios y las huestes pertenecientes a los magnates bizantinos, que debían facilitarlos al imperio.

Belisario decidió emplear Sicilia como base para la expedición. La fuerza zarpó el 22 de junio de 533 desde Constantinopla en una flota de quinientas naves de transporte, escoltadas por noventa y dos dromones. En el Peloponeso tuvieron una larga demora en espera de buenas condiciones de mar para continuar la travesía hacia Catania, en Sicilia.

Ya en Sicilia, Belisario se enteró de que el rey vándalo aún no conocía el avance de la expedición y que había enviado a sus mejores soldados, bajo el mando de su hermano Tzazon, a sofocar una rebelión que había estallado en Cerdeña. Belisario, al saber esto, embarcó su ejército y zarpó hacia la costa africana. Hizo escala en Malta y Gozo y, al cabo de aproximadamente tres meses de su salida de Constantinopla, arribó a Ras Kapudia, ubicado ciento treinta millas al sur de Cartago.

En cuanto desembarcó, Belisarió difundió una proclama en la que afirmaba que no venía a combatir al pueblo, sino a los soldados de Gelimer. Inició su marcha hacia Cartago, precedido por una avanzada de trescientos jinetes al mando de Juan el Armenio; seiscientos hunos cubrían su flanco izquierdo y la flota entera custodiaba el derecho.

Ad Decimum

El 13 de septiembre, la vanguardia bizantina llegó al desfiladero de Ad Decimum, décimo hito antes de la ciudad de Cartago. Por su parte, Gelimer, al enterarse de la llegada de los bizantinos, había enviado a buscar a Tzazon con su fuerza. Sin embargo, cuando supo lo poco numeroso que era el ejército enemigo, ordenó a su hermano Amato, que estaba al mando de Cartago, que se preparara para atacar a Belisario.

Gelimer planeaba atacar a Belisario en forma combinada desde tres sectores cuando este entrara al desfiladero de Ad Decimun. Esta operación fracasó porque requería una coordinación muy difícil de conseguir. Amato salió de Cartago el 13 de septiembre, atacó antes que las otras dos columnas y fue herido mortalmente, tras lo cual sus tropas huyeron. Gibamundo, al mando de otra sección, fue derrotado por los hunos del ala izquierda de Belisario, mientras Gelimer vencía al cuerpo principal de Belisario. Cuando el rey vándalo llegó al campo donde había muerto su hermano Amato, vio el cadáver y, en lugar de perseguir a los derrotados bizantinos, detuvo la persecución para honrarlo con una ceremonia fúnebre. En el entretanto, casi al anochecer, Belisario reunió a sus tropas y contraatacó a los vándalos, dispersándolos. El 15 de septiembre de 533, el general bizantino y su ejército entraron en Cartago, que había sido abandonado por los defensores. Gelimer se había retirado a un lugar situado ciento cincuenta kilómetros al oeste de la ciudad llamado Bulla Regia, donde reunió sus tropas.

La batalla

En Bulla Regia, Gelimer recibió el refuerzo de las tropas de su hermano Tzazón procedentes de Cerdeña, con lo que formó un ejército unas diez veces mayor que el de Belisario, según el historiador Procopio. Trató de conseguir que los hunos se pasaran a sus filas, lo que no obtuvo, y luego avanzó sobre Cartago con esta inmensa fuerza. En su avance destruyó el acueducto que suministraba el agua a la ciudad. Se detuvo en la localidad de Tricamerón, situada a veintisiete kilómetros de Cartago.

Belisario supo de las conversaciones de los hunos con el enemigo, pero logró neutralizarlos con ofrecimientos diversos. Lo importante de este incidente fue demostrar los peligros a que se exponían los generales cuando incorporaban mercenarios en sus ejércitos. Esta situación, unida a que no estaba seguro de la lealtad de los mercenarios, lo decidió a atacar a los vándalos de inmediato, consciente de su inmensa inferioridad numérica.

Belisario envió de avanzada a Juan el Armenio con quinientos jinetes y él con otros quinientos jinetes y la infantería partió al día siguiente hacia Tricamerón.

Gelimer y Tzazón se encontraron con la caballería bizantina, que los atacó dos veces sin éxito pero, en una tercera carga, Juan empleó también a sus arqueros, con lo que logró hacer huir a la caballería vándala. Estos encuentros no duraron más de una hora. Al atardecer de ese día 15 de diciembre, la infantería de Belisario arribó al campo de batalla y avanzó hacia el campamento vándalo. Gelimer, al ver al ejército bizantino, montó en su caballo y huyó del campamento; este acto de cobardía provocó el desconcierto y luego el pánico entre sus soldados, que huyeron en todas direcciones. Esto marcó el fin de la batalla y selló la derrota vándala.

Cuando los soldados de Belisario entraron en el campamento vándalo, encontraron que este estaba plagado de riquezas; desobedeciendo a sus jefes, se dedicaron al saqueo sin respetar ni al mismo Belisario. Solo al día siguiente, restablecido el orden, Juan el Armenio con su caballería pudo emprender la persecución de los enemigos.

Consecuencias

Imperio de Justiniano. La derrota vándala permitió al emperador extender sus territorios por África y el Mediterráneo occidental

Gelimer comprendió que había perdido su reino. Intentó escapar a España, pero los bizantinos se enteraron de sus proyectos y lo interceptaron, forzándolo a abandonar sus pertenencias y a refugiarse en las montañas de Túnez, con los bereberes. Al año siguiente, fue encontrado y rodeado por las fuerzas de Faras el Heruliano. Al principio rechazó rendirse pero, después de un invierno particularmente crudo, se entregó a Belisario. El Reino vándalo de África se terminó y Justiniano se apoderó de sus provincias en Cerdeña, Córcega y las islas Baleares.

La conquista de África proporcionó a Justiniano una excelente base de operaciones para actuar contra Italia y el asesinato de Amalasunta por Teodato en el año 534 le dio el pretexto para iniciar una nueva guerra contra las provincias de Dalmacia y de Sicilia.

Batalla de Tricamerón
Guerra Vándala
Fecha 15 de diciembre de 533
Lugar Cerca de Cartago
Resultado Victoria bizantina
Beligerantes
Imperio bizantino Reino vándalo
Comandantes
Belisario
Juan el Armenio†
Gelimer (P.D.G.)
Tzazon†
Fuerzas en combate
5000 jinetes y 500 refuerzos (también montados) 50 000, la mayoría caballería
(5000 traídos por Tzazon desde Cerdeña)
Bajas
50 muertos 800 muertos

La batalla de Baecula continúa dos mil años después, ¿dónde situarla?


abc.es

  • Bailén y Santo Tomé se disputan el honor ser la cuna de un enfrentamiento entre Roma y Cartago, el primero que dirigió Escipión en la Península
La batalla de Baecula continúa dos mil años después, ¿dónde situarla?

Batalla de Cannas, 216 a.C., dentro de la segunda Guerra Púnica

Bailén, el pueblo que plantó cara al ejército de Napoleón, pasó a la historia por ser el primero en resistir la invasión francesa. Ahora se encuentra de nuevo en pie de guerra para que no les arrebaten una parte de su pasado: la batalla de Baecula. Tradicionalmente se ha ubicado en el entorno de esta ciudad jienense, pero desde 2004 diversos estudios la sitúan en Santo Tomé, a unos 60 km. Esta contienda, que data del 208 a.C., ahora se libra en los despachos. Los mismos en los que se firman los acuerdos turísticos que se han asentado, según un sector crítico de los bailenenses, sobre una premisa falsa.

La batalla de Baecula se encuadra dentro de la segunda Guerra Púnica, en la que se enfrentaron el Imperio Romano –a las órdenes de Escipión el Africano– y el Imperio Cartaginés, dirigido por Asdrúbal Barca. Tras el combate, los cartagineses perdieron el control de la cabecera del Guadalquivir, por lo que se suele indicar que este fue el principio del fin de Cartago.

El enfrentamiento Roma-Cartago

Corría el año 264 a. C. El imperio púnico-cartaginés se había ido configurando desde el siglo X y IX al norte de la actual Túnez y las islas del Mediterráneo. Era una de las dos grandes potencias de la época y vivía del comercio. Sus fuerzas navales eran las más potentes del momento, pero su ejército permanente en tierra no lo era tanto. Tenía vocación comercial más que conquistadora y, por ello, no necesitaba grandes contingentes de soldados. Mientras tanto, la República de Roma se encontraba en plena expansión y ya controlaba la Península Itálica. Su armada era menos numerosa y apenas contaba con experiencia, pero sus legiones estaba bien entrenadas y equipadas, con una importante trayectoria militar tras los dos siglos que precedieron la conquista de los territorios italianos; este sí era el ejército más poderoso de la época. Tan pronto como estuvo asentado en Italia, comenzó su expansión hacia el norte y el sur: inevitablemente se encontraron frente a frente los dos grandes imperios del momento. Las guerras, que confrontaron a Roma y Cartago durante 118 años –interrumpidos– acababan de empezar. Solo podía quedar uno, y fue Roma.

«Sucesivos tratados comerciales no lograron atemperar el creciente antagonismo de los colosos, que desembocó, primero, en guerra fría y, después, en guerra caliente: la Primera Guerra Púnica», apunta Juan Eslava Galán en su libro “Historia de España contada para escépticos”. El autor señala su admiración por los romanos, capaces de improvisar una escuadra de guerra copiando una nave enemiga que encontraron varada en una playa. Y que encima, vencieran en algunas batallas navales para terminar haciéndose con la victoria. La primera Guerra Púnica se desarrolló entre el año 264 y el 241 a. C. Cartago perdió y se vio obligado a ceder Sicilia y Cerdeña además de compensar al imperio con cuantiosas indemnizaciones.

«La fuerte indemnización de guerra que Roma había impuesto a los cartagineses y las pérdidas económicas y humanas llevó a Cartago a fijarse en las tierras del occidente, en las que la Península Ibérica se convirtió en el principal punto de referencia», señala Juan José Palao, profesor del departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad de Salamanca. Así, Amílcar Barcadesembarca en Cádiz y, tras siete años, consigue dominar a los indígenas de la zona. Sus hijos continúan su misión una vez muerto su progenitor. «Carthago Nova (la actual Cartagena) rápidamente se convirtió en la principal base cartaginesa en el Mediterráneo occidental», apunta Palao.

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Aníbal Barca, hijo de Amílcar

 Después de que Asdrúbal fuera asesinado, su hermano Aníbal quedó al mando del imperio cartaginés en la Península Ibérica. Tras conquistar Sagunto, el imperio romano vuelve a declararle la guerra a los cartagineses. Es el comienzo de la segunda Guerra Púnica, que se desarrolla entre los años 218 y 201 a.C. Ambos imperios llevaban años preparándose ante lo que parecía inevitable. «Cartago quería la revancha, y Roma estaba preocupada por el rearme de su rival y la pujanza que había alcanzado», señala Eslava Galán. Asdrúbal inicia su ofensiva en Italia, con gloriosas y estudiadas batallas como la de Cannas. Pero el imperio romano le devuelve el golpe en la Península Ibérica, su punto débil.

En este contexto de la Segunda Guerra Púnica se desarrolla la batalla deBaecula, en el año 208 a.C. El ejército cartaginés obedecía a las órdenes de Asdrúbal. El romano, a las de Publio Cornelio Escipión el Africano, el primer enfrentamiento a gran escala de este último tras quedar al mando de su ejército en los territorios hispanos.

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Escipión el Africano

La batalla de Baecula supone un hito «importantísimo» en el desarrollo de la contienda, «ya que el control de la cabecera del Guadalquivir constituía la puerta de acceso a todo el valle y el control de los recursos metalíferos. La victoria romana en este enclave permitió la penetración de estas tropas en unos territorios que hasta entonces habían controlado los cartagineses», señala Palao. Para el profesor, Baecula constituye otra prueba más delgenio militar de Escipión, capaz de derrotar a un ejército superior en número y ubicado de forma ventajosa en el terreno. «Gracias a una maniobra envolvente del general romano, consiguió neutralizar al ejército cartaginés y apoderarse del campamento de Asdrúbal. Se iniciaba así la pérdida del dominio púnico en territorios peninsulares», señala Palao, que sentencia: «Si la pérdida de Carthago Nova fue un duro revés para los cartagineses, Baecula significó el principio del fin del dominio cartaginés».

La ubicación tradicional

Los principales estudiosos, tanto nacionales como internacionales han ubicado siempre Baecula en un entorno cercano a la actual ciudad de Bailén (Jaén), pero el debate cambió cuando Arturo Ruiz, director delCentro Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI) y catedrático de la Universidad de Jaén, hizo públicos los datos de un estudio que aún se encuentra escribiendo: “La batalla de Baecula tuvo lugar en Santo Tomé”. Grandes titulares llenaron entonces las páginas de muchos medios, sobre todo regionales pero también locales. No era para menos: la noticia cambiaba más de dos milenioshistoria.

Diez años después, los bailenenses no dan por perdida «su batalla» y se encuentran también en pie de guerra, esta vez ante la Diputación de Jaén, suplicando medios económicos para que se lleve a cabo en la zona un estudio similar al que realizó el profesor Ruiz en Santo Tomé. «Reivindicamos que se dote a Bailén de los mismos medios con que se dotó en su momento a Santo Tomé para realizar un estudio. En Bailén sí existe sustrato arqueológico de época íbera, algo que niega Ruiz, por lo que es necesario investigar también esta zona», defiendeJuan Soriano, presidente del Instituto de Estudios Bailenenses (IEB). Pero, ¿qué propone Ruiz? ¿Por qué ha causado tanta polémica en un pueblo que «ya tiene otra batalla»? ¿Cómo se ha instuticionalizado tan rápido? ¿Qué otras voces pelean por hacerse oír frente a los «grandes gritos»?

Giro en la historia

El profesor Arturo Ruiz, junto al equipo que él dirige en el CAAI se embarca en 2002 en el proyecto de investigación que tenía como fin «comprobar si lo que se había dicho de manera tradicional coincidía arqueológicamente con la realidad», señala a Abc.es el profesor. «Hicimos una primera prospección en el sitio que tradicionalmente se había ubicado Baecula, con resultado negativo. A partir de los historiadores clásicos Polibio y Tito Livio calculamos el movimiento que habían hecho por la noche», apunta. Lo novedoso del estudio, más allá del resultado, es su método arqueológico: «Se van registrando sobre un terreno cuadriculado de 450 hectáreas todo el material que aparece, mediante gps y se pueden interrelacionar los objetos, incluso contrastarlos con las fuentes y aclarar cuestiones que no quedaron definidas».

«El gran éxito del modelo es, no tanto el hallazgo del lugar de la batalla, sino que es aplicable a otros sitios; lo estamos desarrollando ya en Italia y presentaremos un proyecto sobre Metauro, la batalla donde muere Asdrúbal Barca. También trabajamos para reproducir la batalla de Zama, la última, que enfrenta a Aníbal con Escipión», comenta el profesor.

La batalla de Baecula continúa dos mil años después, ¿dónde situarla?

Sandalias romanas

 El movimiento del ejército está reconstruido en base a las tachuelas que iban perdiendo los legionarios, ahora recolectadas. «También hemos localizado el lugar del campamento de Asdrúbal y se han excavado las fosas de amortización», apunta. Los resultados de su estudio, que avalan la tesis «reconocida ya mundialmente», en palabras de Ruiz, son los siguientes: 6000 piezas de metal sin contar las cerámicas, de las que 2400 son del momento de la batalla. «Son los restos materiales los que nos dicen que en el año 208 a.C. allí hubo una contienda, y que sigue las trazas de lo que propusieron los historiadores romanos clásicos. Se trata de confirmar lo que dicen las fuentes a partir de los restos hallados», apunta sobre su investigación. En el próximo mes de diciembre se editará la edición del proyecto Baecula y el congreso internacional donde se presentará.

Mientras tanto, a nivel europeo ya se ha asentado esta propuesta, aunque haya algunas voces que se salgan de la corriente común. «El Consejo de Europa ha aceptado el lugar de la batalla de Baecula en el cerro de las Albahacas, y lo reconoce como una parada oficial en el Camino de Aníbal. El debate a nivel europeo y mundial está cerrado desde 2011», concluye el profesor. Pero, ¿cómo es el proceso de aceptación científica? ¿Cómo se cambian tantos años de historia? ¿Qué proceso conlleva a la consolidación de este tipo de estudios?

Para el profesor Palao, «una de las cosas buenas del debate científico sobre el mundo antiguo es que pocas veces se puede a llegar a zanjar un tema de forma definitiva». En su opinión, «que dicho enfrentamiento sea la batalla de Baecula que narran las fuentes romanas no se puede confirmar al cien por cien, pero a tenor de los datos que presentan las fuentes, el material documentado que alude a la presencia en el lugar de tropas cartaginesas, indígenas y romanas, y la propia situación geográfica, parece muy probable que pueda tratarse de ese episodio tan decisivo de la segunda Guerra Púnica».

Por otra parte, también juegan un papel decisivo tanto las ayudas públicas como los medios de comunicación. «La perversión del propio sistema investigador español y las exigencias de una parte de la sociedad hacen que una de las formas de obtener los recursos necesarios para llevar a cabo las investigaciones sea mediante la contrapartida de los beneficios económicos o la riqueza material que puedan suponer», subraya Palao en relación a la importancia de estar presente en los medios.

Sobre esta cuestión, destaca Ruiz: «Hoy en día la investigación no se concibe como un espacio cerrado donde presentar resultados. Una parte importante son los congresos y evaluaciones, y otra esencial también es la difusión de los resultados y la transferencia al público. Este en concreto, es un tema de investigación reconocido e interesante gracias al apoyo de los medios».

Otros puntos de vista

A pesar de la novedad que supuso el hallazgo para la comunidad científica, parece que es un tema bastante asentado. Algunos autores que se sitúan en la línea de Ruiz argumentan que el resto de atribuciones «tradicionales» de la batalla a Bailén se asienta sobre su «parecido toponímico», es decir, su similitud fonética, aunque esto no sea así. Los grandes expertos que desde el siglo XIX han estudiado la topografía de Bailén y el lugar de la batalla no se han basado en tal parecido. Por ejemplo, para Lanzeby, que escribe en 1998 sobre las técnicas guerreras de Aníbal, la causa principal de situar Baecula en Bailén es la estratégica, y lo hace después de estudiar el terreno y compararlo también con los grandes clásicos.

Alicia Canto, profesora del departamento de Prehistoria y Arqueología en la Universidad Autónoma de Madrid, publicó en 2011, a raíz de las afirmaciones de Ruiz, un artículo titulado “La batalla de Baecula no pudo ser en Santo Tomé“. Bajo ese epígrafe, que no deja lugar a dudas, aporta los argumentos que se encuentra estudiando y ampliando. Entre ellos, la cercanía a Cástulo (actual Linares, frente a los 60 km. que separan a Santo Tomé de dicha ciudad), a unas minas de plata, ser un lugar con buenas comunicaciones, estar al Oeste de Cástulo y contar con un hallazgo epigráfico expresivo del nombre antiguo.

«El profesor Ruiz es ante todo un prehistoriador, militante de la arqueología de campo. En estos casos suelen conocer menos las fuentes históricas y dar una importancia a lo mejor excesiva a los materiales mismos. En cambio, las fuentes literarias y epígrafas aportan otros puntos de vista que son importantes si se quiere estudiar la Antigüedad como un todo, y no sólo los materiales», señala la profesora en relación a los métodos –al parecer– «enfrentados» que proponen ambos. A pesar de ello, reconoce la necesidad de «ser complementarios, de no entrar en contradicción entre ellos. Porque, cuando lo hacen, como pasa en el caso de Baecula, es que uno de los dos métodos está fallando en algo», apunta.

«El estudio de los objetos es importante, pero la mayor parte de las veces carecen de cronología interna, dependen del contexto y de otros factores», señala Canto, que en su opinión, «está mal que se dé “por zanjado” un asunto que, en realidad, está muy lejos de ello». Lo que le recrimina al estudio de Ruiz es «la carencia absoluta de minas de plata en los alrededores, la topografía real, la gran dificultad de las comunicaciones con Cástulo debido al sitio “arrinconado” donde se sitúa Santo Tomé, su lejanía a dicha ciudad o la inexpresividad cronológica e identificativa de los materiales que han hallado», y señala todo esto tomando en cuenta a las fuentes literarias, que van en contra de queBaecula pueda haber estado en Santo Tomé. «Su principal problema es también que no cuentan con lo que siempre se debe cumplir cuando se propone un nombre antiguo para una ciudad moderna: que haya al menos una inscripción antigua que lo confirme. Es una regla invariable de la Geografía Histórica que rige desde siempre, aunque a él no parezca preocuparle. Y de Santo Tomé conocemos una treintena de isncripciones romanas, pero ninguna menciona la ciudad».

La profesora, por otra parte, concluye: «Baecula no tiene que estar necesariamente en Bailén, pero sí en su territorio (de eso estoy segura). El “parecido toponímico” es una simplificación y casi la principal en el caso del equipo del CAAI para descartar Bailén (junto a la inexistencia en esa zona, según ellos, de materiales propios de la segunda Guerra Púnica, lo que puedo decir directamente que no es verdad). Además, es más probable que “Bailén” derive de algo más parecido a un “Bailo” que a un “Baecula” o “Baikor”».

Indignación en Bailén

Dejando de un lado el ámbito académico, estas últimas semanas saltaba en distintos medios una noticia curiosa: la protesta ciudadana frente a una propuesta universitaria. Aunque en cierta medida también fuera una demanda a la clase política y en concreto a la Diputación de Jaén.

Para la asociación que preside Juan Soriano, presidente del IEB, la teoría de Ruiz no es válida «porque se basa en la negación de que en Bailén y en su entorno existen restos arqueológicos de época íbera cosa totalmente falsa. Parte, en su estudio, de esa negación, una premisa errónea y, por consecuencia, el resultado del estudio es nulo». Soriano, que fue cronista oficial de Bailén, defiende, en cambio que «en el entorno de Bailén se han encontrado hasta en 23 lugares distintos restos que avalan la existencia de una batalla. El problema es que ninguna de esas zonas arqueológicas se ha investigado nunca». «Si no se conoce el lugar donde buscar los restos es normal no encontrar nada. El profesor Ruiz tendría que habernos preguntado a quienes conocemos el terreno dónde podría hallar los restos».

Sin embargo, Soriano reconoce la imposibilidad de «adjudicar» la batalla en ningún territorio, ya no solo en Bailén o en Santo Tomé: «Mientras que no exista ningún resto epigráfico, piedra escrita que diga que “este es el lugar de Baecula”, no puede poner el nombre de la batalla donde le apetezca. Al igual que tampoco se puede decir lo mismo de situarlo en Bailén».

Por otra parte, destaca también la mediatización de la que hablaba Ruiz, poniéndola en relación con el plano turístico: «Es un estudio muy mediatizado, la primera noticia ya se vincula con la promoción turística de la zona [la apuesta turística de la Diputación por la provincia de Jaén: la ruta de los castillos y las batallas]». Entre los planes del Instituto, a corto plazo está reunirse con el presidente de la Diputación, Francisco Reyes. A él pretenden presentarle un memorándum para que tenga conocimiento de sus dudas respecto a lo que se ha presentado hasta ahora y que es necesario estudiarlo más en profundidad para que aporte los medios necesarios para llevar a cabo una prospección en Bailén. Pero por si acaso ya preparan un plan B con la intención de buscar medios propios que permitan financiar el proyecto. Sin embargo, la Diputación «ya se ha implicado demasiado en el asunto», señala Soriano, promoviendo el «Camino de Aníbal» bajo un proyecto europeo, con parada en Santo Tomé.

Pocas veces una investigación académica es capaz de implicar a tanta gente tras ella, de que se interesen y organicen por algo «científico», ya no solo a nivel local. Lo bueno, tal y como apuntaba el profesor Palao, es que el proceso nunca se puede dar por cerrado, a pesar de que unos y otros (también los políticos) lo pretendan. Lo malo es que sea demasiado tarde para cuando lleguen las respuestas, pues la ciencia y la investigación necesitan tiempo para asentarse. Por ello, precipitarse puede salir muy caro cuando entran otro tipo de intereses a formar parte del tablero estratégico de esta otra batalla que hoy libran en terreno jienense un grupo de ciudadanos que no se conforma con lo que le cuentan. Que están seguros de que en su terreno hay restos íberos, porque los llevan encontrando toda su vida. Podrán estar equivocados o no, pero lo que sí es cierto es que seguirán luchando, ahora, más de dos mil años después.

Tres preguntas a Ángeles Ferriz

El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)


ABC.es

  • Científicos españoles identifican el lugar exacto de la batalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia andaluza
El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)

universidad de jaén Recreción artística de la batalla de Baecula

 

Tras largos años de trabajo, un equipo de investigadores españoles de la Universidad de Jaén ha conseguido toda una hazaña arqueológica: identificar el lugar exacto de la batalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia de Jaén. Gracias a un Sistema de Información Geográfica (SIG), los arqueólogos han logrado reconstruir paso a paso la batalla, los avances de las tropas, las escaramuzas cuerpo a cuerpo y la situación de los campamentos de ambos bandos.

“Entonces Escipión da orden a los vencedores de lanzarse sobre el centro de la formación, reparte con Lelio las tropas restantes y le manda rodear la colina por el lado derecho hasta encontrar un camino de subida menos pendiente; él describiendo un pequeño arco por la izquierda, se lanza sobre el flanco enemigo”.

De esta forma tan gráfica, el historiador romano Tito Livio describe la estrategia de combate de Publio Cornelio Escipión, el Africano, durante la cruenta batalla de Baecula, librada contra un ejército cartaginés de más de 20.000 hombres comandado por Asdrúbal Barca, hermano del mismísimo Anibal. Estamos en el año 208 Antes de Cristo y esa batalla supone, precisamente, el primer gran enfrentamiento de Escipión contra los cartagineses después de tomar el mando del ejército de Roma en la Península Ibérica. La batalla forma parte de la Segunda Guerra Púnica y resultó clave para el dominio del Mediterráneo hace ya más de 2.200 años.

Gracias a una estrategia envolvente, y a pesar de que el enemigo se había instalado en lo alto de una meseta protegida por dos escarpados riscos en sus flancos y un río en la retaguardia, Escipión logró vencer a Asdrúbal, que tras su derrota no tuvo más remedio que huir al norte, hacia los Pirineos, para desde allí penetrar en las Galias y preparar después un ataque contra Roma. Fue el principio del fin del dominio cartaginés sobre la Península Ibérica.

El lugar de la batalla

Pero, ¿dónde se celebró exactamente esta importante batalla? ¿Y dónde están sus restos? Basándose en las prolijas descripciones de Tito Livio y Polibio (ver recuadro adjunto), se pensaba hasta ahora que el escenario se encontraba muy cerca de Bailén, pero un equipo del Instituto Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI), de la Universidad de Jaén, dirigido por Arturo Ruiz y Juan Pedro Bellón ha conseguido, tras largos años de investigación y la ayuda de las más modernas tecnologías, determinar que el escenario exacto de la batalla fue el Cerro de las Albahacas, en el término municipal de Santo Tomé (Jaen). La revista Archaeology acaba de publicar un extenso artículo sobre la investigación.

Ha sido un esfuerzo titánico. En palabras de Arturo Ruiz, “una labor de detectives que nos ha llevado largos años de búsqueda y para la cual no teníamos más que los textos históricos”. Amplias zonas del valle del Guadalquivir tuvieron que ser rastreadas en busca de coincidencias con las descripciones de Tito Livio y Polibio. “Utilizamos incluso Google Maps para buscar las zonas que mejor encajaban con lo que andábamos buscando”. Hubo que descartar por lo menos una docena de localizaciones hasta encontrar un lugar (el cerro de las Albahacas) que coincidía punto por punto con las descripciones históricas y que parecía ser el candidato perfecto para ser el tan buscado campo de batalla. Pero había que demostrarlo.

El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)

Sandalias romanas

Para completar el estudio, los arqueólogos del CAAI barrieron el cerro (una superficie de 40 hectáreas) durante cinco años más (entre 2006 y 2010) con detectores de metales y referenciaron la posición de cada objeto individual con GPS. Al final de la quinta campaña de prospección, el equipo de la Universidad de Jaén había recopilado 6.123 restos metálicos. Entre ellos, puntas de flecha y de lanza, diversos utensilios y, lo que sería más importante para la investigación posterior, un gran número de las tachuelas metálicas con las que los soldados romanos reforzaban sus sandalias.

Los romanos, en efecto, llevaban remaches de hierro incrustados en las suelas de cuero, para mejorar el agarre y limitar el deterioro del calzado durante las largas marchas. Pero esas pequeñas piezas, llamadas clavi caligarii, se desprendían con facilidad y quedaban sembradas por los campos que el ejército cruzaba. Al no tener un gran valor material, los remaches han permanecido in situ durante largos siglos y han podido ser localizados ahora por los detectores de metales de los arqueólogos. Son precisamente esas pequeñas piezas las que indican la localización de los campamentos, las rutas seguidas por los soldados y, lo que es más importante, los lugares donde tuvieron lugar las batallas.

El equipo tenía ahora una enorme cantidad de material recopilado, y cada una de las piezas encontradas localizada con precisión en un mapa. “Fue entonces -explica a ABC Arturo Ruiz- cuando tuvimos la idea de recoger toda esa información en un Sistema de Información Geográfica (SIG), lo que nos proporcionó una visión de conjunto que antes no teníamos, y la posibilidad de hacerles preguntas concretas a los datos”.

El software elegido fue Geomedia Professional, de Intergraph, compañía que inmediatamente se interesó por el proyecto y prestó todo el apoyo técnico y logístico necesario para su realización. Se creó una completa base de datos con cada una de las piezas debidamente georeferenciada y comenzó la que puede considerarse la fase decisiva de la investigación.

Resultó que la zona con mayor concentración de restos estaba, precisamente, en la parte más alta de la colina, y rodeada, como dicen los antiguos textos, por un ribazo muy abrupto. Era el campamento de Asdrúbal. Segmentando la información en el SIG, los investigadores comprobaron que era precisamente aquí donde se concentraba la mayor parte de los clavos y otros utensilios usados para el montaje de las tiendas.

El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)

Movimientos del ejército romano

De la misma forma, los arqueólogos pudieron determinar, a partir del número y la distribución de las tachuelas sobre el terreno, cuáles fueron los movimientos de las tropas romanas durante el ataque, dónde se concentró el grueso del ejército de Escipión e, incluso, dónde tuvieron lugar los combates cuerpo a cuerpo. De pronto, como si se superpusiera una transparencia sobre un mapa, todo coincidía a la perfección y los ecos de la batalla de Baecula, más de 2.200 años después, volvía a resonar en el cerro de las Albahacas.

El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)

Trabajo de campo

El equipo de Arturo Ruiz ha podido así reconstruir paso a paso los acontecimientos. Las tachuelas de las sandalias, los dardos, las fíbulas y las bullas revelaron la situación del campamento romano. La cerámica, las monedas y los restos de empalizada del campamento cartaginés, así como el lugar exacto, en lo alto de la colina, al que Asdrúbal trasladó a sus tropas para defenderse de la amenaza. Las tachuelas de las sandalias romanas y su distribución han permitido reconstruir con detalle el avance de las tropas y ponen de relieve la estrategia de “tenaza” utilizada por Escipión el Africano para rodear a su enemigo.

El “proyecto Baecula”, sin embargo, no está cerrado. “Seguimos trabajando -explica Ruiz-, buscando más restos, más datos de campo y profundizando en los pormenores de la batalla. Quedan aún algunos interrogantes por resolver, y mucho trabajo por delante”.

Así fue la batalla de Baecula