Circo Romano / Coliseo


Circo romano

Esta construcción de la antigua Roma, y de los territorios dominados por ella, cuya utilidad era permitir la asistencia a diversos espectáculos tales como carreras de carros, actividades gimnásticas o luchas. El término también se refiere tanto a dichos espectáculos como al espacio estrictamente destinado a su desarrollo, es decir, sin incluir a las gradas destinadas a la ubicación del público. El circo fue una adaptación del hipódromo griego y estaba formado por un gran circuito para carreras de carros. Gradas de asientos rodeaban el ruedo excepto en la parte final, donde se localizaban los establos para los caballos y los carros. En el centro del circo, extendiéndose a lo largo, casi de extremo a extremo, había un muro bajo, la spina, alrededor del cual corrían los carros. Competían cuatro equipos que vestían de verde, rojo, azul y blanco representando los elementos, y cada uno conducía cuatro caballos representando las estaciones. Una carrera duraba siete vueltas y cada día había 24 carreras. Frecuentemente había disturbios, aunque se suponía que el “pan y circo” apaciguaba al pueblo, que en ocasiones podía demandarles a través de los candidatos políticos.

También existían otras distracciones en el circo, tales como combates entre gladiadores, entre bestias salvajes y entre hombres y bestias salvajes. En el 55 a.C. se dice que el general romano Pompeyo Magno patrocinó cinco días de juegos circenses durante los cuales se mató a quinientos leones y a veinte elefantes. El circo también se utilizaba como lugar para celebrar ceremonias imperiales, en las cuales el emperador aparecía ante su pueblo normalmente como parte de la celebración de una victoria militar o de su acceso al trono. Las ciudades que tenían circo, incluidas Roma, Tesalónica (Grecia), Sirmium (la actual Sremska Mitrovica, en Serbia) y Constantinopla, continuaron llamándolo hipódromo. El circo más conocido fue el Circo Máximo en Roma, construido hacia el 600 a.C., y ampliado por Julio César en el siglo I a.C. Sus dimensiones exteriores eran de 610 metros de largo y 190 de ancho, mientras la zona interior era aproximadamente de 564 metros de largo y 85 de ancho. Tenía capacidad para más de 300.000 espectadores.

En los siglos IV y V d.C., bajo la creciente influencia de la Iglesia, las distracciones que tradicionalmente habían tenido lugar en el circo dejaron de ser apreciadas y finalmente desaparecieron. Hacia el siglo VII d.C., los circos habían sido abandonados y fueron desmantelados para recuperar sus piedras o usados como vertederos de basura.


Coliseo

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Fue edificado dentro del enorme complejo del palacio de Nerón, la Domus Aurea, construida tras el incendio de Roma. Precisamente ocupó un espacio llano donde existía una laguna artificial, la Stagnum Neronis. Con esta y otras actuaciones se restituyeron a la hacienda pública los terrenos apropiados por Nerón.

Se desconoce la identidad del arquitecto del edificio, como ocurría en general con la mayoría de las obras romanas: las edificaciones públicas se erigían para mayor gloria de los emperadores. a lo largo de los años se han barajado los nombres de Rabirio, Severo, Gaudencio o incluso Apolodoro de Damasco, aunque se sabe que este útimo llegó a Roma en el año 105. Lo cierto es que su identidad sigue siendo un misterio.

Algunos historiadores creen que pudo haberse financiado gracias a la toma de Jerusalén en el año 70. Dio Casio afirma que se sacrificaron 5000 animales durante los 100 días que duraron los festejos de inauguración.

Procedencia del nombre

En cuanto a la procedencia de su nombre hay tres posibles soluciones. La teoría más aceptada es que se lo debe al coloso, una estatua de 40 metros de altura representando a Nerón. Siempre se ha creído que el nombre popular de coloseum provenía de esta estatua, aunque existen dudas al respecto. En la Edad media derivó en la forma coliseum, de la que proviene el nombre en castellano y otras lenguas romances.

Uso del edificio

El Coliseo albergó espectáculos como las venationes (peleas de animales) o los noxii (ejecuciones de prisioneros por animales), así como las munera: peleas de gladiadores. Se calcula que en estos juegos murieron entre 500.000 y 1.000.000 de personas. Siempre se ha especulado con que albergara la naumachiae, espectaculares batallas navales que requerían inundar la arena de agua, aunque de ser cierto, es probable que fuera en los primeros años, antes de construirse los sótanos bajo la arena.

Los juegos continuaron celebrándose hasta el año 404, en el que está documentada la última pelea de gladiadores. El ascenso del cristianismo como religión oficial puso fin gradualmente a los actos más sangrientos, manteniéndose los sacrificios de animales hasta el 523.

Descripción

El Anfiteatro Flavio es un enorme edificio ovalado de 189 metros de largo por 156 de ancho, y de 48 metros de altura, con un perímetro de la elíptica de 524 metros. Se suele decir que este edificio ha sido un modelo para los recintos deportivos modernos, ya que tiene un diseño ingenioso y soluciones eficaces a problemas actuales.

La arena

El terreno de juego propiamente dicho era un óvalo de 75 por 44 metros, y en realidad era una plataforma construida en madera y cubierta de arena. Todo el subsuelo era un complejo de túneles y mazmorras (el hipogeo) en el que se alojaba a los gladiadores, a los condenados y a los animales. El suelo disponía de varias trampillas y montacargas que comunicaban con el sótano y que podían ser usadas durante el espectáculo.

El plano de la arena tenía un completo sistema de drenaje, conectado a cuatro imponentes cloacas. Se ha sugerido que obedecen a la necesidad de evacuar el agua tras los espectáculos navales. Sin embargo parece ser que ya Domiciano, abandonando la idea de la naumaquia, pavimentó las cloacas y colocó en la arena los montacargas para los combates de gladiadores. La cubierta de madera ya no se conserva, con lo que todo el laberinto subterráneo permanece hoy al aire libre.

La estructura

El Coliseo fue la obra más grandiosa de la arquitectura romana, y en él se utilizaron las más variadas técnicas de construcción. Las pilastras y los arcos son de travertino colocado sin argamasa. En las partes inferiores y en los sótanos se empleó la toba del mismo modo. Muchos de estos sillares iban sujetos con grapas metálicas. Las bóvedas que sostienen la cávea se hicieron vertiendo argamasa de cemento directamente sobre cimbras de madera, una innovación que aligeraba la fábrica.

El hecho de que el edificio se ubicase sobre una laguna obligó a excavar hasta 14 metros de limos inservibles y realizar una cimentación de casi 13 metros de opus cementicium (hiladas de argamasa de cal y piedras alternadas).

La cávea

El amplio graderío interior estaba diferenciado en gradus, pisos reservados para las diferentes clases sociales:

En el podium,el primero de ellos, se sentaban los romanos más ilustres: los senadores, magistrados, sacerdotes y quizá las vestales. En ambos extremos del eje menor había sendos palcos: la tribuna imperial (pulvinar), y otra reservada para el magistrado que en ocasiones presidía los juegos. Dado que este piso era el más próximo a las fieras, había una red metálica de protección y arqueros apostados regularmente.

El maenianum primum, para los aristócratas que no pertenecían al senado,

El maenianum secundum, dividido en el imum para los ciudadanos ricos y el summum para los pobres.

En lo más alto estaba el maenianum summum in ligneis, hecho de madera, probablemente sin asientos y reservado para mujeres pobres.

Además, algunos órdenes sociales, como los tribunos, sacerdotes o la milicia, tenían sectores reservados.

El acceso desde los pasillos internos hasta las gradas se producía a través de los vomitorios, llamados así porque permitían salir una enorme cantidad de gente en poco tiempo. Estaba tan bien diseñado que los 50.000 espectadores podían ser evacuados en un poco más que cinco minutos.

La fachada

La fachada se articula en cuatro órdenes, cuyas alturas no se corresponden con los pisos interiores. Los tres órdenes inferiores los forman 80 arcos sobre pilastras, y con semicolumnas adosadas que soportan un entablamento puramente decorativo. El cuarto lo forma una pared ciega, con pilastras adosadas, y ventanas en uno de cada dos vanos.

Los órdenes de cada piso son sucesivamente toscano, jónico y corintio. El último piso tiene un estilo indefinido que fue catalogado en el siglo XVI como compuesto. Era corriente superponer estilos diferentes en pisos sucesivos, pero no era habitual hacer edificios con cuatro órdenes superpuestos. Las comunicaciones entre cada piso se realizaban a través de escaleras y galerías concéntricas.

El velario

El Coliseo contaba con una cubierta de tela desplegable accionada mediante poleas. Esta cubierta, hecha primero con tela de vela y luego sustituida por lino (más ligero), se apoyaba en un entramado de cuerdas del que poco se sabe. Cada sector de tela podía moverse por separado de los de alrededor, y eran accionados por un destacamento de marineros de la flota romana.

En la parte superior de la fachada se han identificado los huecos en los que se colocaban los 250 mástiles de madera que soportaban los cables. Al parecer las cuerdas se anclaban en el suelo, pues de otro modo los mástiles soportarían demasiado peso. A tal efecto había un anillo concéntrico de piedras o cipos situados a 18 metros de la fachada en la explanada exterior, y que también permitían el control del público para evitar aglomeraciones. La franja entre la fachada y los cipos estaba pavimentada con travertino.

Historia

La inauguración del Coliseo a cargo de Tito se realizó mediante la celebración de unos festejos que duraron cien días en los que murieron cerca de dos mil gladiadores.

Decadencia

Durante el papado de Gregorio I Magno muchos de los monumentos antiguos pasaron a manos de la Iglesia, que era la única autoridad efectiva. Sin embargo carecía de recursos para mantenerlos, por lo que cayeron en el abandono y el expolio. Durante la Edad Media, la decadencia de la ciudad afectó a todos los monumentos imperiales. Los terremotos de 801 y 847 provocaron grandes destrozos en un edificio prácticamente abandonado en las afueras de la ciudad medieval.

Cuando en 1084 el papa Gregorio VII fue expulsado de la ciudad, muchos monumentos cayeron en manos de familias nobles romanas, que los usaron como fortalezas. Es el caso del Coliseo, ocupado por los Frangipane, que lo convirtieron en el centro de su área de influencia. El Coliseo fue cambiando de manos hasta 1312, en que volvió a la Iglesia.

Durante la Edad Media se creía equivocadamente que el Coliseo había sido un templo dedicado a diversos dioses, como el Sol. La confusión podía provenir del coloso de Nerón, al que Vespasiano había cambiado la cabeza por la del dios Sol.

A lo largo de los siglos XV y XVI, el travertino que lo recubría fue arrancado para reutilizarlo en otras construcciones. Entre otras, se utilizó para el Palacio Barberini y para el Puerto de Ripetta. Un conocido dicho latino reza Quod non fecerunt Barbari, fecerunt Barberini (lo que no se atrevieron a hacer los bárbaros, lo hicieron los Barberini). También se utilizó para quemarlo y obtener cal. El expolio de piedras continuó hasta 1749, en que Benedicto XIV consagró los monumentos como iglesia pública en memoria de los mártires allí ejecutados (si bien se cree que la mayoría de éstos fueron martirizados en el Circo Máximo). Una de las últimas barbaridades que sufrió el Coliseo fue ser objeto de simbolizar el borrador de la historia de Italia por parte de los militares. La parte del edificio que falta en la primera foto fue una bomba caída en el mismo durante la segunda guerra mundial.

En el siglo XIX, por el contrario, comenzaron una serie de obras para estabilizar muchos monumentos antiguos. En 1820 se terminaron varios contrafuertes que son claramente distinguibles hoy día, y sin los cuales el edificio probablemente se habría derrumbado. Durante todo el siglo se sucedieron obras de consolidación y mejora, en un proceso que aún continúa.

El Coliseo en la actualidad

El Coliseo es sin duda uno de los grandes atractivos turísticos de Roma. Ha sido llevado al cine en múltiples ocasiones, destacando la increíble reconstrucción digital, poco fiel al original, que podíamos ver en Gladiator.

En 1980, la UNESCO declaró el centro histórico de Roma, incluido el Coliseo, Patrimonio de la Humanidad . Desde 2000, las autoridades mantienen el edificio iluminado durante 48 horas cada vez que en algún lugar del mundo se le conmuta o aplaza una sentencia de muerte a un condenado.

Millones de personas votaron en 2007 para que el Coliseo fuera nombrada una de las 7 nuevas Maravillas del mundo.


Desentierran los esqueletos de cinco esclavos y gladiadores romanos aún con los grilletes puestos


ABC.es

  • Los restos son de cuatro adultos y un niño. Han sido hallados en Saintes, al suroeste de Francia
Desentierran los esqueletos de cinco esclavos y gladiadores romanos aún con los grilletes puestos

DAILY MAIL | Los restos se hallan a menos de 250 metros de un antiguo anfiteatro

Un grupo de arqueólogos ha desenterrado esta semana varias tumbas romanas ubicadas en Saintes (al suroeste de Francia) en las cuales han podido encontrar los esqueletos de cinco esclavos que aún llevaban grilletes puestos en sus cuellos y tobillos. Así lo afirma, en su versión digital, el diario «Daily Mail», donde también se ha especificado que la excavación se encuentra a menos de 250 metros de un antiguo anfiteatro de la época en el que combatían gladiadores contra animales salvajes.

A pesar de que, en palabras del diario, fueron halladas cientos de tumbas, los expertos únicamente pudieron encontrar cinco esqueletos. De ellos, cuatro eran adultos y uno se correspondía al de un niño. Según consideran los arqueólogos, los enterramientos datarían de los siglos I y II D.C. y podrían formar parte de una importante necrópolis utilizada para dar sepultura a aquellos que eran masacrados en el cercano anfiteatro. Por ello, han determinado también que podrían haber sido gladiadores.

Concretamente, tres esqueletos fueron encontrados con cadenas en sus cuellos y sus piernas. Otro fue sepultado con un grillete en la garganta y, finalmente, el niño fue enterrado únicamente con una argolla en una de sus muñecas. Con todo, los expertos siguen investigando la posible causa de la muerte a través de los restos hallados en la necrópolis, la cual fue descubierta hace apenas un año.

Por otro lado, las tumbas no contenían ningún artefacto que pueda ayudar en esta investigación histórica, salvo algunos jarrones. El niño, por su parte, contaba en su cabeza con dos monedas a la altura de los ojos, una práctica habitual entre los romanos –los cuales consideraban que, de esta forma, su espíritu podía pagar al barquero que separaba el mundo de los vivos de los muertos.

El período en el que se utilizaron estas tumbas se corresponde con el momento en que la Galia ya había sido invadida por las legiones romanas y era un asentamiento próspero. De hecho, Saintes se estableció como una capital regional durante este período debido a su privilegiada ubicación en la calzada que había entre Lyon y Aquitania. A día de hoy, la ciudad es famosa por su coliseo, el cual podía albergar 18.000 personas.

La escuela de gladiadores de Turquía cierra sus puertas por falta de visitantes


ABC.es

  • La academia Aspendos, en la región de Antalya, ofrecía espectáculos de lucha y venta de esclavos imitando los de la Roma clásica
La escuela de gladiadores de Turquía cierra sus puertas por falta de visitantes

abc | El actor Russell Crowe en la película «Gladiador»

Luchas con espada y tridente, exhibiciones a caballo, ventas de esclavos… Eso era lo que, hasta ahora, ofrecía la Escuela de Gladiadores Aspendos, la única de este tipo en Turquía y una de las pocas del mundo después de la de Roma. Situada en la localidad costera de Serik, en la provincia de Antalya, una de las más turísticas de Turquía, la academia entrenaba a luchadores en las desaparecidas artes bélicas de los gladiadores, y posteriormente mostraba las enseñanzas en espectáculos en los que participaban hasta sesenta figurantes.

«Por supuesto, tenemos preocupaciones comerciales, pero nuestra principal motivación es nuestro amor e interés por la historia», declaraba Ali Akay, gerente de la academia, poco antes de su inauguración. Para ello, se empleó a asesores como el historiador Mehmet Bicioglu, que aconsejó sobre qué aspecto tenía que tener la vestimenta de los gladiadores –hecha a mano expresamente para estos espectáculos-, las armas utilizadas y otros aspectos clásicos.

«Revivimos la tradición romana»

El espectáculo –que se ofrecía los martes y los sábados por la noche- incluía no sólo combates en los que luchaban hasta una docena de gladiadores, sino también un mercado romano en la arena, en el que los visitantes podían comprar souvenirs clásicos. El recinto, con capacidad para ochocientos espectadores, está construido imitando un anfiteatro romano auténtico. «Estamos reviviendo la tradición romana en tierras anatolias», aseguraba Bicioglu.

La iniciativa, sin embargo, no ha tenido un final feliz. El verano pasado, el número de visitantes fue muy inferior al esperado por los organizadores. Este año, las protestas antigubernamentales del pasado junio han provocado un marcado descenso del turismo, lo que ha supuesto la puntilla para esta aventura. Se desconoce la cifra de pérdidas, pero se suponen bastante elevadas: ya antes de la apertura en mayo de 2010, la inversión había superado las 300.000 liras turcas (unos 115.000 euros).

Nadie sabe muy bien por qué la academia no ha logrado despertar el interés de los (a pesar de todo) abundantes turistas. Tal vez el lugar se encuentra demasiado alejado y mal comunicado con los complejos turísticos de Antalya, o será que el tiempo de los gladiadores ha pasado y son pocas las personas interesadas en presenciar un espectáculo semejante. En todo caso, ahora, los antiguos gladiadores, en su mayoría provenientes de las localidades de los alrededores, sobreviven realizando trabajos estacionales durante la temporada turística en Antalya y otras ciudades, según informa el diario «Hürriyet Daily News».

Gladiadores, esos grandes deportistas


El Pais

  • El historiador Alfonso Mañas destaca en un libro la dimensión atlética de los combates del anfiteatro

‘Pollice verso’, óleo del pintor del XIX Jean-Leon Gérôme, que toma su nombre del supuesto gesto para decretar la muerte del perdedor. / phoenix art museum

“My name is Gladiator…”, y soy un gran deportista. Esto es lo que podría decir Maximus Decimus Meridius, protagonista de la famosa película de Ridley Scott, a tenor del estudio sobre los gladiadores de la Antigua Roma llevado a cabo por el historiador granadino Alfonso Mañas (1976) y compilado en un libro completísimo y lleno de sugerencias que acaba de aparecer (Gladiadores, el gran espectáculo de Roma, Ariel, 2013). Mañas, que une a su gran conocimiento del asunto una destacable pasión y un afán empírico que le ha llevado a probar la indumentaria y las armas de un reciario para dilucidar exactamente cómo combatían esta clase de gladiadores (los que luchaban con red y tridente, como el Draba del Espartaco de Stanley Kubrick, ¿recuerdan?), subraya el componente deportivo de la gladiatura y le quita sangre al espectáculo del anfiteatro.

Dice que en el caso de las popularísimas grandes estrellas (como sería el personaje interpretado por Russell Crowe), que cobraban un caché astronómico, muy excepcionalmente se les mataba en la arena, aunque perdieran. “Sería tan absurdo como matar a Messi por perder un partido”, afirma. “O a Tyson por caer en el cuadrilátero”. En contra de lo que hemos visto en la pantalla y leído en numerosas novelas, según el historiador, los combates de gladiadores no eran una salvaje y gratuita efusión de sangre y crueldad, sino un espectáculo cuidadísimo en sus más mínimos detalles y muy reglamentado, que hasta disponía de árbitros, verificación técnica de armas y calentamiento. La mayor equivocación es creer que valía todo y que siempre se acababa con la muerte de uno de los contendientes. Sorprendentemente, el investigador afirma: “La mayoría de las ocasiones (dependiendo del período de la historia de Roma que estudiemos) ambos luchadores salían de la arena con vida”.

Lo que describe Mañas, apoyándose con gran rigor en las fuentes clásicas, se parece más a un deporte de lucha (incluso al Pressing Catch, con su teatro) que a las masacres y aspersiones de hemoglobina de Gladiator o la serie Spartacus. Un deporte de riesgo, sin duda. “Pero no una orgía homicida de muertes sin sentido ni una carnicería sin más”. Para los romanos, dice, el combate de gladiadores, estaba en la misma categoría que el pugilismo, la lucha (en esa época, ciertamente, más duros que ahora) o el pancracio, y todos los que los practicaban eran athletae, deportistas.

El estudioso, que gusta de sabrosos símiles como decir que el Coliseo era “la Champions League del deporte gladiatorio”, le echa además de conocimiento mucho sentido común a su análisis. “Al ritmo que muestran las películas en poco tiempo no quedarían gladiadores suficientes para llenar los 385 anfiteatros que conocemos en el mundo romano, por no hablar de que difícilmente nadie escogería esa profesión, y sabemos que aparte de prisioneros de guerra, esclavos y condenados existía una gran cantidad de gladiadores profesionales voluntarios”. Gente que cobraba unos sueldazos (hasta el equivalente de 200.000 euros por un solo combate) que no se volvieron a pagar hasta la aparición del deporte profesional de élite en el siglo XX.

Los inicios eran difíciles, por supuesto, los gladiadores novatos o de baja categoría tenían cláusulas de rescisión (definitiva), por así decirlo, baratas, y la propensión era a que sufrieran más muertes o los enfrentaran en combates sine missione, en los que el vencido siempre era ejecutado por el vencedor e incluso al vencedor se le enfrentaba a otro y a otro gladiador hasta que caía (la reforma de Augusto eliminó este tipo de luchas). “A medida que un gladiador ganaba combates se hacía más valioso y ningún lanista ni editor sensato de ludus (juegos) se arriesgaría a dejarlo morir sin pensárselo mucho”: había que pagarle su cuantiosa ficha en ese traspaso (!). Julio César, que miraba el bolsillo, evitaba siempre el veredicto de jugula (degollado) para el vencido.

La muerte ocurría y era parte de la gladiatura —los conceptos de piedad, compasión y humanitarismo eran en el violento mundo romano muy diferentes de los nuestros, más laxos—, pero en ningún caso se dispensaba arbitrariamente. Aunque Mañas reconoce que no se puede generalizar y la gladiatura era tan variada en el mundo romano como hoy los toros: “Es muy diferente un festejo en Las Ventas que una corrida en una plaza portátil en un pueblo”.

Parte de la confusión se debe, apunta Mañas, a que hemos metido en el mismo saco diversos fenómenos romanos: no eran lo mismo, por ejemplo, los combates de gladiadores que las luchas de los damnati ad gladium, los condenados a morir por la espada, o ad bestias, enfrentados a fieras, simplemente modalidades de ejecución. Mañas cree que los combates de gladiadores, que siguieron siendo populares cuando el imperio se hizo cristiano, no acabaron por humanidad, “sino porque eran muy caros”.

El lío del pulgar

Los combates de gladiadoras existían, pero Mañas los considera mayormente “charlotadas” para animar los intermedios. Las mujeres luchaban, como los hombres, con el pecho descubierto.

No se usaba el pulgar arriba o abajo (pollice verso) para decretar la vida o muerte del perdedor. Se usaban pañuelos para lo primero y el universal gesto de degollar para lo segundo.

Entre los diferentes tipos de gladiadores (tracio, murmillo, secutor…) figuraba uno gay: el tunicatus.

La dieta de los gladiadores era muy rica en grasas para darles masa corporal.

Existía un mercado de sangre de gladiador, que se consideraba medicinal y una cura para la epilepsia.

Los que van a morir yacen aquí


Reuters – El Mundo

  • Los esqueletos mostraban señales de mordeduras de fieras.
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Grupo de arqueólogos en los yacimientos de York. | HO

Un equipo de arqueólogos cree haber encontrado el cementerio de gladiadores mejor conservado del mundo, tras identificar marcas de mordeduras de animales y heridas de combate en algunos de los 80 esqueletos desenterrados en un yacimiento de York, en el norte de Inglaterra. “En este momento, nuestra teoría principal es que muchos de estos esqueletos son de gladiadores romanos”, indicó Kurt Hunter-Mann, del York Archaelogical Trust, quien dirige las excavaciones.

El antropólogo forense de la Universidad del Centro de Lancashire, Michael Wysocki, que examinó los restos, describió el hallazgo como un descubrimiento significativo a nivel internacional. “No tenemos ningún otro posible cementerio de gladiadores con este nivel de conservación en ningún lugar del mundo”, dijo.

Los expertos se han visto desconcertados por estos restos humanos desde 2003, cuando se exhumaron los primeros esqueletos en una zona en la que se iban a levantar viviendas, al oeste del centro de la ciudad.

Las siguientes excavaciones en la zona revelaron más esqueletos, inspirando varias teorías sobre su origen como que podrían haber sido víctimas de una purga política romana del siglo III o que fueron criminales ejecutados.

Pero el equipo de arqueólogos que lidera la investigación cree que el hecho de que la mayoría fueran decapitados socava la conexión militar, mientras que los abundantes objetos funerarios encontrados descartan a delincuentes comunes.

Las pruebas de que el cementerio se utilizó durante unos 200 años y que los huesos se han datado entre el siglo I y el IV también hicieron que los expertos se replantearan sus hipótesis.

El gran avance se produjo cuando una detallada investigación forense mostró marcas de mordeduras en una serie de lesiones óseas, tanto curadas como sin curar, que concuerdan con el combate de gladiadores.