Circo Romano / Coliseo


Circo romano

Esta construcción de la antigua Roma, y de los territorios dominados por ella, cuya utilidad era permitir la asistencia a diversos espectáculos tales como carreras de carros, actividades gimnásticas o luchas. El término también se refiere tanto a dichos espectáculos como al espacio estrictamente destinado a su desarrollo, es decir, sin incluir a las gradas destinadas a la ubicación del público. El circo fue una adaptación del hipódromo griego y estaba formado por un gran circuito para carreras de carros. Gradas de asientos rodeaban el ruedo excepto en la parte final, donde se localizaban los establos para los caballos y los carros. En el centro del circo, extendiéndose a lo largo, casi de extremo a extremo, había un muro bajo, la spina, alrededor del cual corrían los carros. Competían cuatro equipos que vestían de verde, rojo, azul y blanco representando los elementos, y cada uno conducía cuatro caballos representando las estaciones. Una carrera duraba siete vueltas y cada día había 24 carreras. Frecuentemente había disturbios, aunque se suponía que el “pan y circo” apaciguaba al pueblo, que en ocasiones podía demandarles a través de los candidatos políticos.

También existían otras distracciones en el circo, tales como combates entre gladiadores, entre bestias salvajes y entre hombres y bestias salvajes. En el 55 a.C. se dice que el general romano Pompeyo Magno patrocinó cinco días de juegos circenses durante los cuales se mató a quinientos leones y a veinte elefantes. El circo también se utilizaba como lugar para celebrar ceremonias imperiales, en las cuales el emperador aparecía ante su pueblo normalmente como parte de la celebración de una victoria militar o de su acceso al trono. Las ciudades que tenían circo, incluidas Roma, Tesalónica (Grecia), Sirmium (la actual Sremska Mitrovica, en Serbia) y Constantinopla, continuaron llamándolo hipódromo. El circo más conocido fue el Circo Máximo en Roma, construido hacia el 600 a.C., y ampliado por Julio César en el siglo I a.C. Sus dimensiones exteriores eran de 610 metros de largo y 190 de ancho, mientras la zona interior era aproximadamente de 564 metros de largo y 85 de ancho. Tenía capacidad para más de 300.000 espectadores.

En los siglos IV y V d.C., bajo la creciente influencia de la Iglesia, las distracciones que tradicionalmente habían tenido lugar en el circo dejaron de ser apreciadas y finalmente desaparecieron. Hacia el siglo VII d.C., los circos habían sido abandonados y fueron desmantelados para recuperar sus piedras o usados como vertederos de basura.


Coliseo

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Fue edificado dentro del enorme complejo del palacio de Nerón, la Domus Aurea, construida tras el incendio de Roma. Precisamente ocupó un espacio llano donde existía una laguna artificial, la Stagnum Neronis. Con esta y otras actuaciones se restituyeron a la hacienda pública los terrenos apropiados por Nerón.

Se desconoce la identidad del arquitecto del edificio, como ocurría en general con la mayoría de las obras romanas: las edificaciones públicas se erigían para mayor gloria de los emperadores. a lo largo de los años se han barajado los nombres de Rabirio, Severo, Gaudencio o incluso Apolodoro de Damasco, aunque se sabe que este útimo llegó a Roma en el año 105. Lo cierto es que su identidad sigue siendo un misterio.

Algunos historiadores creen que pudo haberse financiado gracias a la toma de Jerusalén en el año 70. Dio Casio afirma que se sacrificaron 5000 animales durante los 100 días que duraron los festejos de inauguración.

Procedencia del nombre

En cuanto a la procedencia de su nombre hay tres posibles soluciones. La teoría más aceptada es que se lo debe al coloso, una estatua de 40 metros de altura representando a Nerón. Siempre se ha creído que el nombre popular de coloseum provenía de esta estatua, aunque existen dudas al respecto. En la Edad media derivó en la forma coliseum, de la que proviene el nombre en castellano y otras lenguas romances.

Uso del edificio

El Coliseo albergó espectáculos como las venationes (peleas de animales) o los noxii (ejecuciones de prisioneros por animales), así como las munera: peleas de gladiadores. Se calcula que en estos juegos murieron entre 500.000 y 1.000.000 de personas. Siempre se ha especulado con que albergara la naumachiae, espectaculares batallas navales que requerían inundar la arena de agua, aunque de ser cierto, es probable que fuera en los primeros años, antes de construirse los sótanos bajo la arena.

Los juegos continuaron celebrándose hasta el año 404, en el que está documentada la última pelea de gladiadores. El ascenso del cristianismo como religión oficial puso fin gradualmente a los actos más sangrientos, manteniéndose los sacrificios de animales hasta el 523.

Descripción

El Anfiteatro Flavio es un enorme edificio ovalado de 189 metros de largo por 156 de ancho, y de 48 metros de altura, con un perímetro de la elíptica de 524 metros. Se suele decir que este edificio ha sido un modelo para los recintos deportivos modernos, ya que tiene un diseño ingenioso y soluciones eficaces a problemas actuales.

La arena

El terreno de juego propiamente dicho era un óvalo de 75 por 44 metros, y en realidad era una plataforma construida en madera y cubierta de arena. Todo el subsuelo era un complejo de túneles y mazmorras (el hipogeo) en el que se alojaba a los gladiadores, a los condenados y a los animales. El suelo disponía de varias trampillas y montacargas que comunicaban con el sótano y que podían ser usadas durante el espectáculo.

El plano de la arena tenía un completo sistema de drenaje, conectado a cuatro imponentes cloacas. Se ha sugerido que obedecen a la necesidad de evacuar el agua tras los espectáculos navales. Sin embargo parece ser que ya Domiciano, abandonando la idea de la naumaquia, pavimentó las cloacas y colocó en la arena los montacargas para los combates de gladiadores. La cubierta de madera ya no se conserva, con lo que todo el laberinto subterráneo permanece hoy al aire libre.

La estructura

El Coliseo fue la obra más grandiosa de la arquitectura romana, y en él se utilizaron las más variadas técnicas de construcción. Las pilastras y los arcos son de travertino colocado sin argamasa. En las partes inferiores y en los sótanos se empleó la toba del mismo modo. Muchos de estos sillares iban sujetos con grapas metálicas. Las bóvedas que sostienen la cávea se hicieron vertiendo argamasa de cemento directamente sobre cimbras de madera, una innovación que aligeraba la fábrica.

El hecho de que el edificio se ubicase sobre una laguna obligó a excavar hasta 14 metros de limos inservibles y realizar una cimentación de casi 13 metros de opus cementicium (hiladas de argamasa de cal y piedras alternadas).

La cávea

El amplio graderío interior estaba diferenciado en gradus, pisos reservados para las diferentes clases sociales:

En el podium,el primero de ellos, se sentaban los romanos más ilustres: los senadores, magistrados, sacerdotes y quizá las vestales. En ambos extremos del eje menor había sendos palcos: la tribuna imperial (pulvinar), y otra reservada para el magistrado que en ocasiones presidía los juegos. Dado que este piso era el más próximo a las fieras, había una red metálica de protección y arqueros apostados regularmente.

El maenianum primum, para los aristócratas que no pertenecían al senado,

El maenianum secundum, dividido en el imum para los ciudadanos ricos y el summum para los pobres.

En lo más alto estaba el maenianum summum in ligneis, hecho de madera, probablemente sin asientos y reservado para mujeres pobres.

Además, algunos órdenes sociales, como los tribunos, sacerdotes o la milicia, tenían sectores reservados.

El acceso desde los pasillos internos hasta las gradas se producía a través de los vomitorios, llamados así porque permitían salir una enorme cantidad de gente en poco tiempo. Estaba tan bien diseñado que los 50.000 espectadores podían ser evacuados en un poco más que cinco minutos.

La fachada

La fachada se articula en cuatro órdenes, cuyas alturas no se corresponden con los pisos interiores. Los tres órdenes inferiores los forman 80 arcos sobre pilastras, y con semicolumnas adosadas que soportan un entablamento puramente decorativo. El cuarto lo forma una pared ciega, con pilastras adosadas, y ventanas en uno de cada dos vanos.

Los órdenes de cada piso son sucesivamente toscano, jónico y corintio. El último piso tiene un estilo indefinido que fue catalogado en el siglo XVI como compuesto. Era corriente superponer estilos diferentes en pisos sucesivos, pero no era habitual hacer edificios con cuatro órdenes superpuestos. Las comunicaciones entre cada piso se realizaban a través de escaleras y galerías concéntricas.

El velario

El Coliseo contaba con una cubierta de tela desplegable accionada mediante poleas. Esta cubierta, hecha primero con tela de vela y luego sustituida por lino (más ligero), se apoyaba en un entramado de cuerdas del que poco se sabe. Cada sector de tela podía moverse por separado de los de alrededor, y eran accionados por un destacamento de marineros de la flota romana.

En la parte superior de la fachada se han identificado los huecos en los que se colocaban los 250 mástiles de madera que soportaban los cables. Al parecer las cuerdas se anclaban en el suelo, pues de otro modo los mástiles soportarían demasiado peso. A tal efecto había un anillo concéntrico de piedras o cipos situados a 18 metros de la fachada en la explanada exterior, y que también permitían el control del público para evitar aglomeraciones. La franja entre la fachada y los cipos estaba pavimentada con travertino.

Historia

La inauguración del Coliseo a cargo de Tito se realizó mediante la celebración de unos festejos que duraron cien días en los que murieron cerca de dos mil gladiadores.

Decadencia

Durante el papado de Gregorio I Magno muchos de los monumentos antiguos pasaron a manos de la Iglesia, que era la única autoridad efectiva. Sin embargo carecía de recursos para mantenerlos, por lo que cayeron en el abandono y el expolio. Durante la Edad Media, la decadencia de la ciudad afectó a todos los monumentos imperiales. Los terremotos de 801 y 847 provocaron grandes destrozos en un edificio prácticamente abandonado en las afueras de la ciudad medieval.

Cuando en 1084 el papa Gregorio VII fue expulsado de la ciudad, muchos monumentos cayeron en manos de familias nobles romanas, que los usaron como fortalezas. Es el caso del Coliseo, ocupado por los Frangipane, que lo convirtieron en el centro de su área de influencia. El Coliseo fue cambiando de manos hasta 1312, en que volvió a la Iglesia.

Durante la Edad Media se creía equivocadamente que el Coliseo había sido un templo dedicado a diversos dioses, como el Sol. La confusión podía provenir del coloso de Nerón, al que Vespasiano había cambiado la cabeza por la del dios Sol.

A lo largo de los siglos XV y XVI, el travertino que lo recubría fue arrancado para reutilizarlo en otras construcciones. Entre otras, se utilizó para el Palacio Barberini y para el Puerto de Ripetta. Un conocido dicho latino reza Quod non fecerunt Barbari, fecerunt Barberini (lo que no se atrevieron a hacer los bárbaros, lo hicieron los Barberini). También se utilizó para quemarlo y obtener cal. El expolio de piedras continuó hasta 1749, en que Benedicto XIV consagró los monumentos como iglesia pública en memoria de los mártires allí ejecutados (si bien se cree que la mayoría de éstos fueron martirizados en el Circo Máximo). Una de las últimas barbaridades que sufrió el Coliseo fue ser objeto de simbolizar el borrador de la historia de Italia por parte de los militares. La parte del edificio que falta en la primera foto fue una bomba caída en el mismo durante la segunda guerra mundial.

En el siglo XIX, por el contrario, comenzaron una serie de obras para estabilizar muchos monumentos antiguos. En 1820 se terminaron varios contrafuertes que son claramente distinguibles hoy día, y sin los cuales el edificio probablemente se habría derrumbado. Durante todo el siglo se sucedieron obras de consolidación y mejora, en un proceso que aún continúa.

El Coliseo en la actualidad

El Coliseo es sin duda uno de los grandes atractivos turísticos de Roma. Ha sido llevado al cine en múltiples ocasiones, destacando la increíble reconstrucción digital, poco fiel al original, que podíamos ver en Gladiator.

En 1980, la UNESCO declaró el centro histórico de Roma, incluido el Coliseo, Patrimonio de la Humanidad . Desde 2000, las autoridades mantienen el edificio iluminado durante 48 horas cada vez que en algún lugar del mundo se le conmuta o aplaza una sentencia de muerte a un condenado.

Millones de personas votaron en 2007 para que el Coliseo fuera nombrada una de las 7 nuevas Maravillas del mundo.


Roma, el gran museo de la historia y el arte


Vanitis

Roma no es una ciudad para visitar sin más, es una ciudad para estar, para ver, para pasear, para repasar de nuevo una y otra vez con calma, cada rincón, para volver de nuevo a grabar en la retina y retener en la memoria cada detalle de cada vicolo o callejón, observar cada fachada, descubrir cada patio que se abre a la calle, sobrecogerse por el encanto y la belleza de cada iglesia, asombrarse ante las magníficas muestras del Renacimiento y del Barroco… y sumergirse en una de las historias más apasionantes de la humanidad. Roma es terrenal y mundana pero divina a la vez. Es cuna de emperadores y residencia de Papas. Es la ciudad que exhibe orgullosa cúpulas que tocan el cielo mientras esconde celosa parte de su historia en el subsuelo. Roma es un museo, el gran museo de la historia y del arte.

El Foro Romano nos conduce por el mismo suelo empedrado que una vez pisó Cesar, nos permite imaginar en el Senado, desde el que se gobernó el mundo, un discurso de Cicerón; imaginar las Vestales orando en los templos de mármol que levantó Augusto a los dioses. Sentir como las legiones desfilaban bajo el Arco de Constantino, por la Vía Sacra, hasta el templo de Júpiter, mientras el pueblo aclamaba al general victorioso. Escuchar como las 50.000 almas que llenaban el fabuloso Coliseo, gritaban clemencia por un bravo gladiador caído en la arena, Pan y Circo, al fin y al cabo. Desprecio ante un histriónico y megalómano Nerón que disfrutaba de su Domus Aurea, mientras el pueblo romano aún sufría la devastación del incendio que asoló la ciudad. Admiración los bajorrelieves de la Columna de Trajano y el relato de la victoria del gran emperador hispano contra los Dacios.

Es arte labrado en Piazza Navona, donde Bernini esculpió el agua para que manara de la fuente de los cuatro ríos, y emergieran los tritones en su lucha contra los delfines. LaFontana de Trevi, que sorprende, de repente, apareciendo ante los ojos de quien busca a una sensual Anita Ekberg. La fuerza serena del Moisés de Miguel Ángel en San Pietro in Vincoli y la fuerza desesperada de La Aoconte en los museos Vaticanos. La belleza de las colecciones clásicas de Villa Borghese o las esculturas del Palazio Altemps que van dando paso al arte moderno y rompedor del nuevo Maxi Museum. Pinceles que han consagrado la Capilla Sixtina. Las pinturas y tapices de Miguel Ángel, Botticelli y Rafael; inmortales, son los primeros en contemplar y saludar a cada nuevo Papa. Piazzas como Campo di Fiori, con sus terrazas y puestos; Navona sobre el antiguo Circo de Domiciano; Rotonda, que da cabida al imponente Panteón de Agripa; Spagna y sus escalinatas coronadas por la iglesia de Trintá dei Monti; y la elegante Farenese; entre otras, conforman, dan sentido y concentran la vida de la ciudad. El lujo de tantos Palazzios que se asoman a tu paso, rivalizan y pugnan cada día en belleza y esplendor adornando los barrios y calles que los muestran.

Hasta tres iglesias diferentes se pueden visitar cada día del año, sin repetir ninguna, en Roma. Las cuatroBasílicas Patriarcales de las que el Papa es titular: San Juan de Letrán, la de mayor rango; San Pedro, en el Vaticano, imponente; Santa María Maggiore y San Pablo extramuros. Pero en la ciudad, hay muchas otras joyas bajo la cruz, impresionantes frescos pintados en 1865 por Pozzo, en la iglesia de San Ignacio de Loyola; fantásticos mosaicos bizantinos en Santa María del Trastevere y a escasos 300 metros del Coliseo, la Iglesia de San Clemente, en San Giovanni in Laterano, bajo cuya basílica se ha hallado un pequeño altar de los primeros tiempos cristianos y debajo de este un templo dedicado un dios pagano.La Ciudad del Vaticano, el estado más pequeño del mundo, al que se accede desde la Via della Conciliazione, se abre protegida por recias columnatas de estilo dórico, la Plaza de San Pedro. Allí se erige aún el obelisco egipcio que fue testigo mudo de la crucifixión del apóstol San Pedro. Sus restos junto con los de todos los Papas que desde entonces le han sucedido, descansan en la mayor y más grandiosa Basílica de la Cristiandad, diseñada por los mejores arquitectos del mundo: Bramante, Rafael, Miguel Angel y Bernini.
Las catacumbas, un mundo subterráneo, frío, oscuro, húmedo y tenebroso, escondía a los romanos que abrazaban una nueva fe que prometía vida eterna a cambio de amar a un prójimo que les perseguía hasta matarlos. Tumbas y osarios, en profundas grutas, alumbraban las primeras pinturas religiosas, como las de la Virgen María, en las catacumbas de Priscila.
Anticuarios en Via del Babuino, Via Giulia y Via Coronari; y en Via Margutta, además, acogedoras e interesantes galerías de arte. Las mejores vistas de la ciudad desde Gianicolo y desde las terrazas de los museos capitolinos del Palacio Cafarelli. Este es uno de los secretos mejor guardados de Roma, sus terrazas, pero no las que están en la calle, si no las que se disfrutan en lo alto, las que se abren en los tejados de los hoteles; terrazas con un encanto y unas vistas que impactan al viajero más avanzado.
La cúpula de San Pedro, desde un lugar único y diferente. Sube al Aventino y mira a través de la cerradura del portón de entrada de El Priorato de los Caballeros de Malta, tres estados a través del pequeño agujero: Italia, Malta y el Vaticano.
Un aperitivo en La Vineria, en Campo di Fiori. Para Comer, la Taberna Romana cerca de la Fontana de Trevi. Un cóctel en el bar del Hotel de Russie. Para Cenar, pocos sitios tienen el encanto del restaurante al que me suelen invitar mis amigos Juan Mari y Alfonso en el Trastevere, en la Piazza de San Egidio, la comunidad que lo regenta, la Taverna Gli amicci, atendido por encantadores camareros con pequeñas discapacidades. El somelier, Mauricio, es abstemio y artista. En los alrededores hay un par de terrazas para tomar un buen Gin TonicPara domir: el encanto, la belleza, el arte y el lujo del Hotel Raphael en Piazza Navona. Picassos, Mirós, bustos clásicos, vasijas y una terraza fascinante.
Planes diferentes y sugerentes: asistir a un espectáculo en las Termas de Caracalla; da descanso a tus pies doloridos tras las interminables caminatas por Roma, un buen tratamiento de reflexología y sauna en el Centro Benessere en el Hotel De Russie.

Cástulo saca a la luz el esplendor de sus teselas


El Pais

Los mosaicos de un templo imperial del siglo II han sido localizados en un perfecto estado de conservación coincidiendo con el final de la primera fase de las excavaciones

El yacimiento ibero-romano de Cástulo, en Linares (Jaén), ha sacado a la luz todo el esplendor de unos mosaicos atribuidos a un templo imperial del siglo II. Coincidiendo con el final de la primera fase de las excavaciones, que forman parte del Proyecto de Investigación Forum MMX, ha sido localizado un mosaico en un perfecto estado de conservación, con figuras geométricas en el muro y con revestimiento de las paredes en estuco. “Queremos ampliar los trabajos para tener una mayor documentación sobre el edificio”, afirma Marcelo Castro, director de las excavaciones.

La policía local ordenó el cierre del centro antes de que abriera las puertas “Ellos sabrán por qué montan este espectáculo”, afirma el alcalde

Los trabajos arqueológicos en el foro romano de Cástulo ya permitieron poner al descubierto el núcleo central del que está considerado el oppidum o ciudad fortificada más extensa de la Península. Ahora, la intención de la Consejería de Cultura es la de continuar con la excavación del templo imperial y, de forma paralela, iniciar la protección de los restos que se podrán en valor turístico. “En primavera podremos estar en condiciones de musealizar parte del yacimiento de Cástulo”, indicó Castro.

El consejero de Cultura, Paulino Plata, conoció ayer las excavaciones en este yacimiento que fue catalogado el pasado 26 de julio por la Junta como Conjunto Arqueológico e institución del Patrimonio Histórico Andaluz con gestión diferenciada, lo que supone equipararlo con sitios tan importantes como Madinat Al-Zahra o Baelo Claudia. Cástulo fue escenario de la Segunda Guerra Púnica que enfrentó a cartagineses con romanos y una de las pocas ciudades que acuñaron su propia moneda desde finales del siglo III antes de Cristo. Plata entregó insignias de reconocimiento a los voluntarios de la Asociación 28-F y estudiantes universitarios que han participado en las excavaciones del foro romano de Cástulo.

El yacimiento de Cástulo está llamado a ser uno de los ejes principales del proyecto turístico Viaje al Tiempo de los Iberos, que conectará los principales yacimientos ibéricos de la provincia, teniendo como epicentro el Museo Internacional de Arte Ibero de Jaén. Precisamente, Paulino Plata visitó ayer las obras que su departamento realiza en este museo, que se encuentran a un 55% de ejecución, y anunció el final del proyecto para la primavera de 2013, casi un año después de lo anunciado por la Junta en su día.