Algunos de los casos de espionaje más sonados del pasado siglo XX


ABC.es

1. Mata Hari, la espía de la Primera Guerra Mundial

abc – Mata Hari, la famosa espía de la Primera Guerra Mundial

Margaretha Geertruida Zellei (1876-1917), conocida mundialmente como Mata Hari, fue una popular artista fusilada tras ser condenada por la justicia francesa por espionaje en 1917, en plena Primera Guerra Mundial. Todavía existen dudas sobre su culpabilidad.

2. Coco Chanel, una historia conflictiva con el nazismo

El documental francés «La sombra de la duda», emitido en 2014, acusó a la diseñadora Coco Chanel (1883-1971) de colaborar con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Franck Ferrand sostuvo esta tesis después de descubrir unos documentos en el Ministerio de Defensa galo. Además, Chanel fue amante del barón alemán Hans Gunther von Dincklage.

3. Kim Philby, el espía que traicionó a su país

Kim Philby (1912-1988) abrazó el marxismo durante sus años de estudiante universitario en Cambridge y colaboró activamente con los servicios secretos soviéticos, a pesar de ostentar un alto cargo en la inteligencia británica.

En 1963, Philby fue descubierto y huyó a la Unión Soviética. El agente fue enterrado en el cementerio moscovita de Kúntsevo tras su muerte, en 1988.

4. Graham Greene, escritor y espía

Graham Greene (1904-1991), autor de novelas tan conocidas como «El americano impasible», trabajó como espía de los servicios secretos británicos durante la Segunda Guerra Mundial en Liberia y Sierra Leona.

El «Pasapoga», de centro de espionaje antinazi a tienda de ropa en la Gran Vía


ABC.es

  • La pista sobre la que bailaron Ava Gardner y Gary Cooper fue en sus primeros años, coetáneos con la II Guerra Mundial, punto de encuentro de agentes secretos de ambos bandos

abc El Pasapoga, situado en el número 37 de la Gran Vía

abc
El Pasapoga, situado en el número 37 de la Gran Vía

No es la primera vez que desde este espacio se habla de Aline Griffith, la modelo norteamericana que actuó como espía en Madrid durante la Segunda Guerra Mundial, bajo el monóculo de los agentes nazis a los que ella misma investigó. En este caso, sin embargo, no es tanto sobre ella, pues entra en la historia tangencialmente, y sí de uno de los escenarios sobre los que recabó la información de personajes como Hans Lazar, el responsable de la propaganda alemana en la capital. Fue en la Gran Vía con Callao, a principios de los 40, cuando comenzó la vida del «Pasapoga».

En sus primeros años de vida, coetáneos con la guerra, fue cuando, entre bailes, Griffith abria sus ojos al tiempo acercaba sus oídos al propietario del local, según recoge en su libro «La espía que vestía de rojo». Bernard Hinder, judío francés, contaba con una gran habilidad para enterarse de los asuntos que, en aquel Madrid cómplice y dual, interesaban tanto a los servicios de inteligencia de la embajada británica como a su homóloga de Estados Unidos. Hinder era un nexo habitual con los espías del bando aliado, actores de un escenario de película a pesar de la depresión plomiza que caracterizaba a la ciudad.

Declive y cierre

Con el tiempo, antítesis de su imagen primigenia, el «Pasapoga» cambió su lustre y su público elevados para convertirse en un lugar de copeteo y ligoteo casi burdo, sobre todo encuentro de foráneos en búsqueda de faldas. Así atravesó su declive, clandestinidad y trapicheos mediante, hasta su cierre y regeneración reciente. Después de su periplo como discoteca, la pista de baile en la que bailaron Ava Gardner y Gary Cooper, todavía en su mejor tiempo de esplendor, dio un giro radical.

Bajo los también célebres cines Avenida, las historias de otro tiempo, diplomacía paralela, estrellas de Hollywood y arrumacos de postín, se escondieron entre pantalones vaqueros, zapatos y camisetas, pues desde 2007 -cuando se certificó institucionalmente su cambio de rumbo- el número 37 de la Gran Vía alberga un establecimiento comercial de una famosa marca de ropa.

La CIA reconoce la existencia del Área 51, la mítica base secreta en Nevada


El Pais

  • La mítica base militar ultrasecreta reconocida por la CIA ha servido de inspiración desde hace décadas al cine, la música y la literatura que especularon con vida alienígena
  • La nueva documentación confirma que allí no se trabajaba con OVNIS o extraterrestres, sino en el desarrollo de aviones espía
  • Consulte los documentos de la CIA sobre el Área 51

unnamed

Tras años de negativas, la CIA ha reconocido la existencia del Área 51, el misterioso complejo en el desierto de Mojave, en Nevada, convertido en un emblema de la iconografía popular impulsado por las especulaciones de que allí el Gobierno estadounidense trabajaba con extraterrestres. La confirmación se ha obtenido gracias a la desclasificación de documentos decretos de la agencia solicitada en 2005 por la universidad George Washington. La nueva información que incluye un mapa del lugar, sin embargo, decepcionará a los aficionados a las teorías de la conspiración y la ciencia ficción, ya que el Área 51 era una base militar construida durante la Guerra Fría para desarrollar programas de vigilancia y probar aviones espía U-2 y OXCART, capaces de volar a gran altura, una circunstancia que explica por qué los aparatos eran confundidos con OVNIS.

Aunque sí se tenía conocimiento específico de la existencia de esa base, es la primera vez que la CIA la denomina explícitamente como Área 51, el nombre que constaba en los mapas del Polígono de Ensayos de Nevada. “No existe ningún lugar llamado Área 51”, señaló en 1995 un abogado de la Fuerza Aérea en una vista ante un tribunal federal con motivo de la investigación de varias demandas de empleados del complejo que denunciaron sufrir enfermedades respiratorias debido a su exposición a materiales tóxicos mientras trabajaban allí. Los miembros de la base se referían a ese lugar secreto como El Rancho.

De acuerdo con los documentos desclasificados, en 1955, la CIA y la compañía Lokcheed Martin trataban de buscar un lugar para poder probar el modelo de avión U-2. La localización debía estar apartada, para preservarla del acceso de curiosos, o espías rusos. Comenzaron a sobrevolar el área de California, hasta que en pleno desierto de Nevada, junto al lago Groom, avistaron una pista de aterrizaje abandonada que la Armada había empleado durante la II Guerra Mundial. Era el sitio perfecto.

Mapa del Área 51. / gwu.edu

Ese mismo año, el presidente Dwight D. Eisenhower aprobó la construcción de la base militar. El Rancho fue evacuado en junio de 1957 debido a una serie de pruebas nucleares, ante el riesgo de que el Área 51 pudiera resultar contaminada, pero en septiembre de 1959 volvió a estar operativa. La CIA regresó para desarrollar los modelos de avión A2, el precursor del SR-71. A lo largo de estos años, el complejo se ha ampliado y las medidas de seguridad se han endurecido.

La CIA hizo circular de manera interna la historia oficial de las pruebas con U-2 en 1992, una documentación que se hizo pública en 2002 y que ahora, con la nueva petición de la universidad de George Washington se ha ampliado. En 1996 también se reconoció el programa de desarrollo de los aviones OXCART. La nueva información esclarece que en los hangares del Área 51 no se ocultaban naves espaciales ni se hacían autopsias a extraterrestres, sino que se trabaja en algo más prosaico como la vigilancia.

Tras las primeras denuncias de los trabajadores, la Administración Clinton trató de paralizar la proliferación de nuevas demandas. El presidente firmó una orden ejecutiva eximiendo al Área 51 de tener que desglosar sus índices de contaminación, si bien, finalmente, la Agencia de Medio Ambiente obligó a descontaminar la base.

El secretismo del Gobierno en torno al Área 51 ha contribuido a dar verosimilitud a quienes aseguraban que en la base se trabaja con extraterrestres. En 1989, las declaraciones de un empleado del complejo asegurando que había trabajado en la base secreta con una nave alienígena que se había estrellado en la zona, contribuyeron a dar pábulo a más de dos décadas de teorías de la conspiración.