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  • El final de Hernando de Soto impidió la colonización española del Este del actual Estados Unidos
 Sepelio de Hernando de Soto, en el Misisipi

Sepelio de Hernando de Soto, en el Misisipi

Tras la violenta batalla de Mauvila contra los indios de Florida, la exploración de Hernando de Soto por el Este de los Estados Unidos se convierte en un errático vagabundeo, con unos soldados que, perdida la esperanza de encontrar vestigios de oro, soportan estoicos los embates de las alimañas, las lluvias torrenciales, el frío del invierno, las enfermedades y el hambre. Poco que ver con el estereotipo de un ejército conquistador. Y han de soportar, además, las asechanzas de los nativos, que mantienen su belicosidad extrema hacia esta hueste de intrusos, y a cada nueva escaramuza le corresponde un goteo de hombres y caballos muertos, y un nuevo paso en la desesperanza.

Solo el capitán general, Hernando de Soto, mantiene el plan en su cabeza. Su rastreo no es errático, sino que tiene un propósito: localizar los mejores lugares para asentar a los pobladores españoles en un futuro próximo. Cruzan ríos de difícil vado, pero el grado superlativo de la dificultad se alcanza cuando avistan el majestuoso Misisipi. Sin entretenerse admirando sus dimensiones colosales, se aplican a cruzarlo. Ante el asombro de los indios, que consideraban infranqueable el río, los españoles improvisan barcas con los materiales a mano y salvan el río en el punto de Memphis, para continuar la exploración en la contraorilla. Pero las tierras del otro lado del Misisipi no convencen al Adelantado, y retorna al entorno del río, porque ha tomado ya la decisión de establecer allí el inicial núcleo poblador, para extender luego pueblos, misiones y ranchos hasta el Atlántico. Por el momento navegarán corriente abajo y regresarán con el grueso colonizador.

Una fiebre…

Y es entonces, momento culminante, cuando, dicen las crónicas, que De Soto «se vio aquejado de una fiebre». La cree pasajera el Adelantado, pero al tercer día arrecia, y sabe que ha sido afectado por la malaria. Lejos de mejorar, su salud se agrava, y ahora intuye que su muerte está próxima. Llama a sus soldados, designa a Luis de Moscoso su sucesor como capitán de la tropa, se despide uno por uno de sus soldados, que lloran amargamente pues idolatran a su noble capitán, y rinde la vida a punto de cumplir los 42 años. Un augur le había profetizado tiempo atrás que no llegaría a cumplir esa edad.

Sus apenados soldados le entierran en los playones de la ribera. Pero los indios de los contornos sospechan que algo raro está ocurriendo en el campamento español. Vigilantes, desde hace días han captado el nerviosismo de los soldados, y ahora les intriga no ver a su jefe, aureolado ya entre los nativos con los ribetes del mito. Temiendo los españoles que adivinen su muerte y desentierren el cadáver para profanarlo, lo que en su creencia les serviría para asimilar su fuerza, resuelven trasladarlo y sepultarlo en un lugar seguro. Vacían un tronco de encina, lo lastran con piedras y colocan el cuerpo de De Soto en él. A la hora del crepúsculo navegan hasta el centro del río, y en una solemne y lúgubre ceremonia entregan el tronco al abrazo del agua, y el cuerpo del capitán general flota un momento antes de hundirse en las aguas que él avistó. El Misisipi, el Padre de las aguas, fue la grandiosa tumba del Adelantado Hernando de Soto, probablemente la espada más noble de cuantas viajaron al Nuevo Mundo.

Regreso a Nueva España

Sin su capitán como guía, los españoles al mando de Moscoso no piensan en otra cosa que en regresar a Nueva España. Los supervivientes de la otrora flamante expedición arman unas precarias embarcaciones y descienden río abajo. La vuelta será dramática, porque las canoas indias los persiguen y asaetean continuamente, las bajas se suceden y lo que llega a México es un hatajo de famélicas, quebrantadas figuras humanas.

Con el cuerpo de De Soto, quedaron enterrados sus sueños colonizadores. Solo su energía y su convicción hubieran hecho posible el poblamiento de esa región inédita, desde el Misisipi al Atlántico. Tras su muerte, quedó esa tierra vacía durante medio siglo, a disposición de otros ocupantes.

Y queda flotando una última pregunta: ¿qué hubiera sido de la historia y del destino de no haberse interpuesto en ella aquel mosquito que transmitió a Hernando de Soto la malaria? Siempre resulta aventurado vaticinar lo que pudo ser, aunque hay algo cierto: las regiones de Norteamérica que ocupó España, carentes del atractivo del oro, lo fueron por el empeño personal de algunos líderes: Menéndez en Florida, Oñate en Nuevo México, Serra en California. Vivo De Soto, España hubiera poblado el Este de los Estados Unidos. Y conociendo el celo de España a la hora de defender sus reinos, los colonos de Jamestown y los pioneros del Mayflower, ni siquiera hubieran podido poner un pie en tierra, y habrían sido reexpedidos a Inglaterra. La historia hubiera sido otra…


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  • Nuestro país dominó durante tres siglos amplios territorios norteamericanos desde el Atlántico hasta el Pacífico
 M. TRILLO Estatua de Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín (Florida), que los Reyes visitan este viernes

M. TRILLO | Estatua de Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín (Florida), que los Reyes visitan este viernes

España dominó vastísimos territorios de lo que hoy son los Estados Unidos de América durante más de tres siglos. Desde que Ponce de León puso sus pies en la península de Florida en 1513 hasta que en 1821 se arrió la última bandera rojigualda, fueron 308 años de dominio hispano que se extendió desde el Atlántico hasta el Pacífico. Hay incluso quien sitúa el inicio de esa historia unos años antes, en 1508, con la llegada a la isla de Puerto Rico, hoy considerado suelo estadounidense.

La presencia española se extendió por la mitad de lo que ahora es EE.UU. e incluyó una amplia franja en el sur norteamericano, en los actuales estados de Texas, Luisiana, Arizona o Nuevo México, pero también mucho más al norte, hasta la propia Alaska.

Sin embargo, la posterior hegemonía anglosajona, primero en las colonias británicas de la costa este y luego en los Estados Unidos nacidos tras la Guerra de la Independencia (1775-1783), eclipsó esa importante parte de la historia norteamericana. Tampoco en los españoles, más volcados en su legado en Iberoamérica, han prestado mucha atención a su pasado al norte de México y hoy son desconocidos para muchos de ellos grandes figuras de aquellos siglos como Pedro Menéndez de Avilés o Bernardo de Gálvez.

En los últimos años, sin embargo, distintas publicaciones y acciones divulgativas a ambas orillas del Atlántico están reivindicando esa parte de la historia. La visita de los Reyes a Estados Unidos este viernes a San Agustín -la ciudad más antigua del país, fundada por los españoles hace 450 años- tiene también, entre otros objetivos, rescatar del olvido aquella etapa fundamental.


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Recreación en Florida del desembarco de Ponce de León en 1513

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Mapa de 1707 de Pieter van der Aa sobre la expedición de Vázquez de Ayllón

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Un enorme mojón marca el comienzo de la ruta de Hernando de Soto en 1539 en la bahía de Tampa

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El Gran Cañón del Colorado, descubierto por López de Cárdenas en 1540

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La bandera con el aspa de Borgoña ondea sobre el castillo de San Marcos en San Agustín (Florida)

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La misión de El Álamo, en San Antonio (Texas), tiene origen español

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Nueva Orleáns pasó en 1763 a manos de los españoles con el resto de la Luisiana francesa

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Pintura en Los Ángeles de fray Junípero Serra, figura clave en la historia de California

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Augusto Ferrer-Dalmau da las últimas pinceladas a la figura de Bernardo de Gálvez en un cuadro

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La ciudad Cordova, en Alaska, lleva en su nombre una inequívoca impronta española


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  • La Cruz de San Andrés está presente en las banderas de los estados de Alabama y Florida como reconocimiento a su pasado hispánico, pero la base de la «Cruz sureña» fue posiblemente la Unión Jack del Reino Unido
EFE Una bandera Confederada es quemada por activistas durante una protesta en Los Ángeles (EE.UU.)

EFE | Una bandera Confederada es quemada por activistas durante una protesta en Los Ángeles (EE.UU.)

En los últimos días, la bandera identificada con el bando confederado durante la Guerra de Secesión americana (1861-1865), que sigue ondeando en algunos edificios oficiales del estado de Carolina del Sur, ha centrado el debate en EE.UU. por sus connotaciones racistas. Pero más allá de la polémica actual, existe la creencia equivocada de que «la Cruz Sureña» está inspirada, como las de muchos estados norteamericanos con herencia hispánica, en la Cruz de San Andrés usada por el Imperio español. Otro error común es creer que la famosa bandera «rebelde» tuvo la categoría de oficial durante la guerra.

La primera bandera oficial de la Confederación, llamada de «Barras y Estrellas», se inspiró en las armas del Archiducado de Austria, que acabarían originando más tarde la actual enseña nacional de Austria, y fue diseñada por el artista prusiano Nicola Marschall en Marion, Alabama. Sin embargo, el gran parecido de esta bandera –incluso con las posteriores modificaciones– con la empleada por la Unión, el bando norteño, hizo imposible que pudiera ser usado en el combate. Las tropas tenían muchos problemas en distinguir quién era el enemigo y quién el amigo.

Para remediar la confusión de la bandera «Barras y Estrellas» con la de la Unión, el general del ejército de Virginia P.G.T. Beauregard, entre otros, adoptó la Bandera de Batalla con la famosa cruz diagonal para encabezar a sus tropas. La «Navy Jack» confederada, también llamada «Cruz sureña», fue la precursora de esta enseña, salvo porque empleaba un azul más pálido. El diseño fue obra original del congresista de Carolina del SurWilliam Porcher Miles –muy posiblemente inspirado en la bandera de la Unión Jack– con la intención de convertirla en bandera nacional, pero fue desechada por el Gobierno confederado por parecerse demasiado a unos tirantes cruzados. El número de sus estrellas blancas fue evolucionando conforme avanzaba el conflicto hasta que finalmente tuvo un total de 13, que representan a los 13 estados de los Estados Confederados de América.

La «Cruz sureña» se usó en batalla desde noviembre de 1861 hasta la derrota final. Tras la guerra, se convirtió en el símbolo más universalmente reconocido del sur de Estados Unidos, donde se la denomina familiarmente como bandera «rebelde», y es, entre otras cosas, un icono de la música country y el movimiento rockabilly, de raíces afroamericanas, que no la consideran ni mucho menos un símbolo racista ni xenófobo. A nivel oficial, la bandera sudista sigue presente en las enseñas de Georgia y Misisipi, y, además, ondea en el Capitolio de la ciudad de Columbia, Carolina del Sur, desde 1961, en honor a los caídos en aquella guerra.

España, presente en la simbología de EE.UU.

La creencia de que esta cruz, que guarda gran similitud con la cruz de San Andrés, está inspirada en la bandera del Imperio español nace de la profunda herencia hispánica todavía presente en la simbología de EE.UU, sobre todo en la zona del sur del país. Los conquistadores españoles fueron los primeros europeos en recorrer la mayor parte del territorio de lo que son los actuales EE.UU. Así, el conquistador español Álvar Núñez Cabeza de Vaca fue el primer europeo que pisó territorio texano el 6 de noviembre de 1528. El reverso actual del escudo de Texas, que incorpora las seis banderas de las naciones que ejercieron su soberanía sobre dicho territorio, reserva un importante hueco a España. En concreto, la bandera española está representada por la actual rojigualda con el escudo de Castilla y León en su interior.

Además del escudo, Texas sigue conservando su herencia hispana en los nombres españoles de cientos de pueblos, ciudades, condados y zonas geográficas de su territorio. Cuarenta y dos de los 254 condados tienen nombres o españoles o derivaciones anglicanizadas tales como «Galveston». Lo mismo ocurre con los nombres de algunos accidentes geográficos como «Llano Estacado», «Montañas Guadalupe» e «Isla Padre» que sirven como recordatorio de los exploradores y conquistadores españoles que cruzaron Texas mucho antes de que los ingleses se establecieran en la costa del Atlántico de Norteamérica.

Cuando los actuales estados de Alabama y Florida crearon sus banderas oficiales a finales del siglo XIX y principios del XX quisieron reconocer su pasado hispánico a través de la cruz diagonal roja, que algunos identifican de forma errónea con la cruz sudista, pero que fue usada por el Imperio Español en el periodo de los Habsburgo. Nada que ver con la bandera que William Porcher Miles diseñó con la vista puesta en la del Reino Unido, que también cuenta con una Cruz de San Andrés, pero, en su caso, en referencia a la bandera de Escocia e Irlanda.


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  • Un amplio programa recuerda la fundación de San Agustín por Pedro Menéndez
 M.T. Comitiva festiva en San Agustín (Florida) en la celebración dedicada a su fundador, Pedro Menéndez de Avilés


M.T.
Comitiva festiva en San Agustín (Florida) en la celebración dedicada a su fundador, Pedro Menéndez de Avilés

La ciudad más antigua de Estados Unidos ha abierto al grito de «¡viva España!» los actos de su 450º aniversario. El asturiano Pedro Menéndez de Avilés, uno de los marinos más notables de la historia naval española, surcó el Atlántico en 1565 para fundar en Florida San Agustín, el primer asentamiento europeo en lo que hoy es territorio bajo la bandera de las barras y estrellas. Ahora, cuatro siglos y medio después, la población se viste de gala para conmemorar la efeméride. Y no es sólo una frase hecha.

Una procesión por el centro histórico, encabezada por un actor vestido de Menéndez de Avilés e integrada por más de cien figurantes, abría las celebraciones hace unos días. Desde la calle Córdova, a pocos metros del imponente castillo de San Marcos que los españoles erigieron para defenderse de piratas y tropas inglesas, el colorido desfile pasó al ritmo del tambor entre edificios de inequívoco sabor hispano. Banderas rojigualdas ondeaban desde balcones de estilo asturiano y locales con nombres como el café Mi Casa o del Hidalgo jalonaban el itinerario.

Tras rodear la antigua casa del gobernador de la Florida, Menéndez y su nutrida comitiva desembocaron en el elegante museo Lightner, donde tuvo lugar la gala anual con la que se celebra cada año en este rincón estadounidense el cumpleaños del fundador. En el interior, la crema de la sociedad local, vestida de etiqueta y a casi 200 dólares el cubierto, se daba cita para festejar con una cena los 498 años del nacimiento de Pedro Menéndez, aunque en esta ocasión servía además como pistoletazo de salida para el 450º aniversario. «¡Viva San Agustín! ¡Viva España!», proclamaba el reencarnado fundador.

Intercambio de regalos

A la gala asistió, junto con las autoridades locales, una delegación de Avilés, cuna del fundador de San Agustín. Sólo dos días antes, los avilesinos entregaron a su ciudad hermana la réplica en miniatura del galeón San Pelayo, en el que Menéndez llegó a Florida en 1565. La maqueta, realizada en el Museo Marítimo de Asturias, en Luanco, es una fiel reproducción, hecha de forma artesanal pieza a pieza, en la que se han invertido cinco años de trabajo.

La alcaldesa de la localidad asturiana, Pilar Varela, admitió que se trataba de un momento «muy emocionante» que simbolizaba los 450 años de historia compartida entre las dos ciudades y entre EE.UU. y España. La regidora de San Agustín, Nancy Shaver, que agradeció el regalo en castellano, declaró a ABC que esta efeméride debe servir para «contar al mundo» que, décadas antes de la llegada de los ingleses a Norteamérica, los españoles ya habían fundado la primera colonia en este suelo y plantaron las raíces de lo que hoy es la nación estadounidense.

San Agustín es todo un ejemplo de éxito de la Marca España. Rezuma orgullo por su pasado español y, en la actualidad, el turismo basado en su historia es, como señala la alcaldesa, «el motor de su economía». Entre dos y cuatro millones de visitantes acuden aquí cada año buscando los orígenes españoles de los Estados Unidos.

El próximo abril, una delegación de San Agustín devolverá la visita a los asturianos. Entonces le donará un regalo también muy especial: una reproducción, esta vez a tamaño natural, del obelisco existente en una plaza de la ciudad floridana dedicada a la Constitución española de 1812. Se trata del único monumento dedicado a «La Pepa» que se conserva en toda América, testimonio de la época en que los españoles todavía ejercían su dominio en aquella parte de Norteamérica.

Los actos se extenderán a lo largo del resto del año. Ese mismo mes de abril se inaugurará en San Agustín la exposición «Tapiz: los hilos culturales de la primera América», que explicará cómo la combinación de hispanos, africanos y nativos puso los cimientos de la actual cultura estadounidense.

Los principales eventos, no obstante, se reservan para septiembre, cuando se cumplen exactamente los 450 años de la fundación de San Agustín. Entre los días 4 y 8 de ese mes, las calles se llenarán de música, danza y representaciones teatrales con sabor español. Unos días después, se celebrará en esta ciudad la vigésima edición del Foro España-Estados Unidos, para el que se espera la presencia de los Reyes, aún pendiente de confirmación.


La primera cena de acción de gracias, a base de cocido


El Mundo

  • El Sistema Multiescala Magnetosférico (MMS) consta de cuatro observatorios espaciales
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Atlas V equipado con el Sistema Multiescala Magnetosférico (MMS), en Cabo Cañaveral antes del lanzamiento | AFP

La agencia espacial estadounidense (NASA) lanzó hoy con éxito una misión pionera para estudiar la interacción del campo magnético de la Tierra con el de otros cuerpos celestes, como el Sol, que permitirá estudiar con mayor precisión cómo actúan estos intercambios de energía en el universo.

El lanzamiento se llevó a cabo a las 22.44 hora local (02.44 GMT del viernes) desde las instalaciones de la NASA en la base de Cabo Cañaveral, en Florida.

Los cuatro observatorios espaciales idénticos que componen el Sistema Multiescala Magnetosférico (MMS) partieron a bordo de un cohete Atlas V.

“Los responsables de la misión esperan recibir la confirmación del despliegue exitoso de los cuatro artefactos espaciales alrededor de las 00:29 hora local (04:44 hora GMT del viernes)”, explicó la NASA en una nota. La misión comenzará a enviar datos a la tierra, en septiembre, y está previsto que esté en funcionamiento durante dos años, aunque la NASA no descarta ampliar su vida útil.

La misión proporcionará la primera vista tridimensional de la reconexión magnética de la Tierra con el Sol, un proceso que ayudará a entender cómo se conectan y desconectan los campos magnéticos en el universo. Los científicos esperan obtener datos sobre la estructura y dinámica de la energía que intercambian los campos magnéticos cuando se encuentran, momento en el que se produce una liberación explosiva de energía.

Los cuatro artefactos espaciales, equipados con sensores de alta precisión, volarán simultáneamente en formación, a una distancia de unos 10 kilómetros unas de otras, para que la combinación de sus datos permita tener esa visión tridimensional.

La misión MMS utilizará la magnetosfera de la Tierra como un laboratorio para estudiar, además de la reconexión magnética, otros dos procesos fundamentales como la aceleración de partículas energéticas y la turbulencia.

Esta misión también será clave para entender cómo afecta este intercambio energético a los fenómenos meteorológicos espaciales y su efecto sobre los sistemas tecnológicos modernos como las redes de comunicaciones, de navegación GPS y las redes de energía eléctrica.

La reconexión magnética produce fenómenos como las auroras que se ven en los polos cuando el viento solar penetra en nuestro “escudo protector” y las partículas de energía liberadas entran en el campo magnético de la Tierra.


web

  • El proyecto, encargado en 2009 a la Asociación Asturiana de Modelistas Navales, fue rematado por personal del Museo Marítimo de Asturias
  • En la réplica del barco se emplearon más de 3.000 horas de trabajo y otras mil de investigación

Réplica del galeón real San Pelayo

La réplica, a escala 1:30, del galeón real ‘San Pelayo’ que trasladó a Pedro Menéndez de Avilés a las costas de Florida en 1565, recibe estos días los últimos retoques en el Museo Marítimo de Asturias, con sede en Luanco. La pieza será un regalo del Ayuntamiento de Avilés a la ciudad hermanada de San Agustín de la Florida, en un acto que se celebrará a finales de febrero, con la participación de una delegación avilesina para su entrega.

No se trata de un simple obsequio, ni de una simple maqueta. Es una pieza única en cuya construcción fueron empleadas más de 3.000 horas de trabajo y otras mil más en su investigación, durante cinco años. El proyecto fue encargado por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Avilés a la Asociación Asturiana de Modelistas Navales en 2009. Los encargados de su ejecución fueron José Luis Méndez y Santos Yagüe, siendo rematada por el personal del museo. Para su confección, se hizo preciso consultar numerosos archivos, tanto del país como de Portugal, para recabar toda la información precisa y reproducir al mínimo detalle el barco original.

Así, explica Santos Yagüe, al no conocer los datos originales, existían discrepancias sobre la documentación existente respecto al tonelaje de la nave, que llevaba a bordo 600 personas entre marinería y colonos.

Las dimensiones reales del ‘San Pelayo’, construido en Guipúzcoa eran de 34,27 metros de eslora; la manga de 10,03 metros y un puntal de bodega, de 5,01 metros. En cuanto a los materiales empleados, son los empleados en la época: la quilla de haya, la obra viva de roble y el resto de elementos, de abeto y nogal. Desde su punto de vista, la réplica es una reproducción fidedigna de lo que en su día pudo ser el barco con los datos del arqueo a los que hubo acceso.

Para resumir, dicen los expertos, es una nave dotada de una gran bodega para barcos de carga de guerra para protegerse de los ataques. Por su lado, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Avilés, Román Álvarez, aseguró que la iniciativa surge con motivo de la conmemoración de los 450 años de la fundación de la ciudad de San Agustín de la Florida. «El encargo del trabajo es muy importante por la rigurosidad de los norteamericanos con estas piezas históricas para que puedan ocupar un espacio museístico. Estamos orgullosos del trabajo espléndido realizado. Es un barco emblemático».


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  • Un centro histórico situado junto al antiguo poblado de Santa Elena rescatará del olvido el pasado hispano de Estados Unidos

MUSEO NAVAL. MADRID Mapa de las posesiones españolas en Norteamérica, en el que figura la antigua Santa Elena

Mucho antes de que los anglosajones cubrieran el paisaje de campos de algodón cultivados por esclavos, Carolina del Sur era territorio español. En 1566, el asturiano Pedro Menéndez de Avilés fundó allí un enclave llamado Santa Elena, la primera colonia europea de carácter civil. Se trataba de la primera capital de la Florida española y, de alguna manera, la primera capital de lo que llegaría a ser Estados Unidos.

Pocos en Carolina del Sur y en el resto del país conocen sus raíces españolas, a pesar de los más de 300 años en que nuestro país fue dueño y señor de buena parte de lo que hoy son los Estados Unidos. Ahora, un proyecto impulsado por una entidad sin ánimo de lucro de Carolina del Sur, la fundación Santa Elena, pretende acabar con este injusto olvido. Prevé crear en 2016 -coincidiendo con el 450 aniversario de la antigua colonia- un gran centro histórico en la isla de Parris, junto a los restos del antiguo asentamiento español, que explique a los estadounidenses y al resto del mundo la «historia completa» del país, poniendo el foco en el «siglo perdido» de la historia de los españoles en Norteamérica.

«Habitualmente se cuenta que Ponce de León descubrió Florida en 1513 y de ahí se pasa directamente a la fundación de la primera colonia inglesa en 1607. Hay un salto de casi cien años sobre los que no se dice nada», explica Daryl Ferguson, presidente de la fundación Santa Elena, que recientemente visitó España para dar a conocer el proyecto a distintas instituciones y abrir vías de colaboración.

Tras la llegada de Ponce de León a la península de Florida, los españoles tardaron más de cuatro décadas en vencer las dificultades de aquel territorio hostil y crear su primer asentamiento estable. El marino Pedro Menéndez de Avilés barrió sin miramientos a los intrusos franceses que se habían asentado en la zona y fundó en 1565 San Agustín, en la costa este del actual estado de Florida.

Sin embargo, en aquel primer momento San Agustín era tan solo un puesto militar. En cambio, el asturiano decidió llevar más al norte la capital civil de la Florida, nombre que entonces se daba al conjunto de las posesiones españolas en Norteamérica. Así fue como creó al año siguiente la colonia de Santa Elena, que llegó a contar con una población de doscientos civiles.

Este nuevo emplazamiento podía proporcionaba una salida al mar para las riquezas de Nueva España, que «podían ser transportada hasta allí por tierra», explica otro de los representantes de la fundación, Richard Stewart.

La historiadora Sylvia Hilton, de la Universidad Complutense, explica a ABC que «hubo otros intentos anteriores de asentar colonos europeos en la costa norteamericana, que fracasaron o fueron de duración efímera, así que los veinte años de existencia de Santa Elena merecen que se le considere como el primer asentamiento civil europeo de importancia en Norteamérica».

Santa Elena fue la principal población europea de Norteamérica durante más de veinte años, en los que tuvo que enfrentarse al acoso de los indígenas, que obligaron a evacuar Santa Elena en 1576. Sin embargo, las causas de su abandono definitivo en 1587 no están del todo claras y se espera que las excavaciones en el yacimiento arqueológico puedan aclararlas. Según Hilton, un factor que llevó a esa decisión pudo ser «la determinación inglesa de ocupar la bahía de Chesapeake», así como la presencia del corsario Francis Drake, «que incendió el pueblo de San Agustín en 1586».

Cuando Carolina del Sur era española

FUNDACIÓN SANTA ELENA Excavaciones en el antiguo asentamiento de Santa Elena

La fundación Santa Elena espera contar ya el próximo año con unas instalaciones provisionales, aunque el centro definitivo se prevé para el año siguiente. El viaje de sus representantes a España –en el que la Fundación Carolina, dedicada a recuperar la historia de los españoles en Norteamérica, les ha servido de guía– permitirá ir afinando los detalles del proyecto.

ABC acompañó a la expedición al Museo Naval, en Madrid, donde sus responsables ofrecieron prestar parte de sus fondos, entre los que hay mapas, pinturas, documentos y piezas históricas relativos a la historia común de España y EE.UU. Este diario también asistió a un encuentro con el conde de Güemes, Álvaro Armada, propietario de un extraordinario archivo con miles de legajos clave en la historia española en Norteamérica, y incluida abundante correspondencia entre Felipe II y Pedro Menéndez de Avilés.

Durante su estancia en Madrid, se celebraron encuentros también con responsables de los Archivos Estatales, incluido el Archivo de Indias, la Biblioteca Nacional, Acción Cultural Española (AC/E) -entidad dependiente del a Ministerio de Cultura-, la Secretaría de Estado de Turismo, la Embajada estadounidense, el Museo Arqueológico y el Consejo Superior de Cámaras de Comercio, además de Sylvia Hilton. Asimismo, visitaron en Toledo el Museo del Ejército y en Cantabria al alcalde Santillana del Mar, Isidoro Rábago.

La Fundación Santa Elena está convencida de que el futuro centro será un revulsivo para el turismo en el condado de Beaufort, donde estará ubicado, pero también una oportunidad para que España incremente el relativo escaso porcentaje de visitantes norteamericanos.

El bravo asturiano Menéndez de Avilés

 


El Pais

Como no podía ser de otra forma, Ponce de León murió a consecuencia de un flechazo indígena en 1521. En este óleo de Thomas Moran se narra su encuentro con los nativos de Florida en 1513. / Album / Photoaisa

¿Sabía que la bandera de España ha ondeado en el territorio que hoy es Estados Unidos durante 308 años frente a los 237 de la enseña de las barras y estrellas? Los tres siglos de presencia española en Norteamérica fueron una aventura tan extraordinaria como desconocida.

Centrémonos, obviando Canadá y México, en la tierra que hoy ocupa EE UU. La historia europea del hoy país más poderoso del mundo empezó cuando Juan Ponce de León llegó el 27 de marzo de 1513, hace 500 años, a las costas de una península que llamó Florida por la frescura de su vegetación y porque, como hoy, era Domingo de Resurrección, Día de la Pascua Florida.

Ponce fue el descubridor oficial de Florida, pero hoy sabemos que cuando él y sus hombres pisaron tierra, después de ser recibidos a flechazo limpio por los indios, encontraron al menos a uno de ellos que chapurreaba el español. Se cree que hubo una partida de españoles que recorrió aquella tierra (¿1499?) en busca de esclavos.

Repasemos la vida y milagros de Ponce antes de acercarnos a la asombrosa huella de España en Estados Unidos. En sus Mitos y utopías del Descubrimiento, el profesor Juan Gil, miembro de la Real Academia Española, dice que, según el cronista de Indias Gonzalo Fernández de Oviedo, Ponce nació “hacia 1474”. Otros autores apuntan a 1460. Su lugar de nacimiento pudo ser Santervás de Campos (Valladolid) o San Servos (León). Guerreó en la Reconquista hasta que, en 1493, pasó a Indias. Ayudó primero a colonizar La Española y en 1508 conquistó la isla de Borinquen, hoy Puerto Rico, de la que fue gobernador.

En 1513 pone proa a la misteriosa isla de Bimini, pero llega a la costa de Florida. Bordea sus cayos y es el primero en enfrentarse a la corriente del Golfo, clave para la navegación en los siglos venideros. Ponce no busca la fuente de la juventud. Esta fábula, como las siete ciudades de Cíbola, hechas de oro, venía de atrás. Hubo aventureros que hablaban de baños relajantes en una isla paradisíaca, llena de árboles, flores y mujeres, por supuesto desnudas. El de 1521 fue su último viaje. Los indios volvieron a recibirlo con el arco presto. Herido de un flechazo, regresó a Cuba para morir en La Habana a los 61 años. Su tumba está en la catedral de San Juan de Puerto Rico.

Ponce fue el descubridor oficial de Florida, pero no el primero en llegar. Cristóbal Colón también descubrió oficialmente América en 1492. Pero tampoco fue el primero. Según el historiador estadounidense David J. Weber, hubo exploradores asiáticos que llegaron por el estrecho de Bering. Y grupos nórdicos que se instalaron hacia el año 1000 en Terranova.

Es verdad que españoles fueron los primeros europeos en toparse con el impresionante río Misisipi (río Espíritu Santo, lo llamaron), si bien en aquel momento no estaba Hernando de Soto, como siempre se ha escrito, sino uno de sus hombres, Álvarez de Pineda. El descomunal Gran Cañón del Colorado (Arizona) también fue descubierto por españoles, aunque entre aquellos no figuraba Francisco Vázquez de Coronado, de quien se ha dicho que fue el primero en verlo: fue una partida que él envió bajo el mando de García López de Cárdenas.

San Agustín, en Florida, es la primera ciudad permanente de EE UU. Fundada por Pedro Menéndez de Avilés en el año 1565, en su impresionante castillo de San Marcos aún ondea la Cruz de San Andrés o Cruz de Borgoña, bandera de España en el siglo XVI.

Al rebuscar en la historia nos encontramos con tres asentamientos que, aunque no prosperaron, son anteriores a San Agustín: San Miguel de Guadalupe (1526), Santa María de Filipino (1559) y Santa Elena (1560), sobre la que Weber dice que sus restos estuvieron hasta finales de 1990 “¡bajo el hoyo ocho del campo de golf de los marines estacionados en Parris Island, en Carolina del Sur!”.

La investigadora María Antonia Sainz Sastre (La Florida en el siglo XVI. Exploración y colonización; Fundación Mapfre) sostiene que Menéndez de Avilés “lleva consigo al primer negro libre en la historia de Norteamérica, Juan Garrido”, y que “dispuso de tanta confianza de Felipe II que este le ofreció en 1574 comandar una gran armada para luchar contra los herejes en Flandes y donde fuera necesario”. Pero el conquistador murió aquel mismo año de tabardillo, una especie de tifus.

San Agustín desmiente que el Thanksgiving Day, la gran fiesta familiar estado­unidense, proceda de la primera comida de acción de gracias que hicieron los pioneros ingleses en Plymouth en 1621, al año de bajarse del Mayflower. Según el historiador de Florida Michael Gannon, la primera misa, celebrada por el padre Francisco López de Mendoza, y la primera comida de acción de gracias fueron en San Agustín, donde los españoles comulgaron y compartieron sus alimentos con los indios. Fue en 1564, 57 años antes del Thanksgiving Day.

La gesta española empieza en Florida y se extiende por el territorio. California, por ejemplo, le debe mucho al conquistador catalán Gaspar de Portolá y a fray Junípero Serra. El primero, desde los presidios (fortalezas militares), y el segundo, desde sus misiones. Ahí tenemos San Francisco, Los Ángeles o San Diego. Todo empezó con el apoyo de tres grandes hombres: el rey Carlos III, el conde de Aranda y el ministro de Indias José de Gálvez.

David Farragut, de padre español, fue el primer almirante de la Armada estadounidense

Gálvez es apellido respetado en EE UU. Más que nada por el sobrino de José, Bernardo de Gálvez. Al general Washington le hubiera costado ganar la Guerra de Independencia contra los ingleses (1775-1783) si no hubiera sido por la campaña de este joven brigadier en 1779. España apoyó a los americanos contra una Inglaterra dispuesta a devolver Gibraltar si se mantenía neutral. Según el profesor José Manuel Pérez Prendes, “este dato, que aún hoy sorprende, está recogido en documentos oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores del año 1966”.

La intervención de Gálvez y su flotilla fue crucial para los patriotas: despejó el puerto de Nueva Orleans y tomó la mayor base inglesa en el sur, Pensacola. Atravesó la bahía de Mobile bajo el fuego cruzado de los cañones enemigos. Lo hizo solo. Nadie más se atrevió. Por eso Carlos III le permitiría más tarde llevar el lema “Yo solo” en su escudo de armas. La ciudad de Galveston, en Tejas, lleva su nombre.

El menorquín Jorge Farragut también luchó en aquella guerra. Acabó de comandante del Ejército americano. Y de tal palo, tal astilla. Su hijo David Farragut, ya nacido en EE UU, tuvo un papel extraordinario en la guerra civil (1861-1865) al lado de la Unión, presidida por Abraham Lincoln, cuando arrebató Mobile Bay y Nueva Orleans a los confederados. Como Gálvez antes, cruzó en barco la bahía mientras bramaba: “¡Al carajo los torpedos! ¡A toda máquina!”. David Farragut, de sangre española, fue, nada menos, el primer almirante de la Armada de Estados Unidos.

Por cierto: cuando George Washington jura su cargo como primer presidente de EE UU (Nueva York, 30 de abril de 1789), en la ceremonia, muy bien sentado, está el embajador de España, Diego de Gardoqui.

Curiosa historia la del dólar. Se llamó Spanish dollar. Aún lleva en su signo las dos columnas de Hércules. Según Pérez Prendes, la moneda es de origen mexicano: al ocupar parte del territorio de la Nueva España, los gringos exigieron a sus habitantes un peso como tributo. A este impuesto los lugareños lo llamaron “un dolor”.

Y qué decir del ‘cowboy’ americano, que no es sino un trasunto descarado del vaquero español desde el sombrero del jinete hasta las pezuñas del caballo. Como españoles eran el pastoreo, la trashumancia y el propio ganado: vacas, ovejas o cerdos llevados a América desde las marismas del Guadalquivir. Abramos un diccionario inglés: buckaroo (vaquero), sombrero, Spanish saddle (silla de montar), lasso (lazo), bronc (bronco), mustang (mesteño), cinch (cincha), chaps (chaparreras), lariat (la ­reata), hackamore (jáquima, cabestro). Por no hablar de corral, hacienda, plaza o siesta.

¿Le sorprende que un pionero americano como Daniel Boone (1734-1820) adoptara la nacionalidad española y fuera nombrado por un gobernador español comandante de un distrito de Misuri?

Volvamos al principio: la bandera española se plantó en Florida en 1513 y se arrió en 1821, 308 años más tarde, aunque la inmensa mayoría de los americanos cree que todo empezó con la colonia de Jamestown (Virginia) en 1607. Olvidan que los jesuitas establecieron allí sus misiones 37 años antes. No es extraño: la, por otra parte, magnífica Enciclopedia Británica, en su entrada sobre la historia de EE UU (Global Edition, 2009), despacha a Ponce con una línea; dedica un párrafo a Hernando de Soto y un tercero, compartido, a Menéndez de Avilés y Coronado. Reconoce como españolas San Agustín y Santa Fe (de Los Ángeles o San Francisco, ni pío), y remata el brevísimo texto con una frase que produce sonrojo: “Pese a estos comienzos, los españoles tuvieron poco que ver con el desarrollo inicial de los Estados Unidos”.

Dicen los americanos que España fue al Nuevo Mundo buscando “tres ges” (God, gold and glory: Dios, oro y gloria). No está mal visto. Pero si conocieran a fondo sus orígenes europeos, a lo mejor se daban cuenta de que el famoso “sueño americano” empezó siendo un sueño español.


El Pais

En la mesa una polea, varias monedas de plata de ocho y dos reales –algunas sueltas, otras fundidas en un bloque o concreción- y dos tabaqueras de oro. Dignos representantes del tesoro de la fragata Nuestra Señora de la Mercedes, la que se hundió el 5 de octubre de 1804, con un cargamento que la compañía estadounidense Odyssey Marine Exploration sacó del fondo del mar, enfrente de la costa del Algarve en mayo de 2007, y que el Estado español recuperó tras su reclamación en un tribunal de Tampa (Florida). Las 14,5 toneladas de la carga llegaron a Torrejón de Ardoz el pasado 25 de febrero en dos aviones Hércules. Y que podrán verse –ese era el motivo de paseíllo de las monedas esta mañana en la Secretaría de Estado de Cultura- en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena a partir de… No se sabe bien. Esta mañana el director general de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas, Jesús Prieto, ha anunciado el destino final del tesoro de La Mercedes: “No se dividirá, porque consideramos el cargamento de la fragata como un bien cultural, luego no podemos repartirlo”. Pero, atento a lo que Prieto considera su “polifonía histórica”, parte de la colección podrá verse en una (o varias, dependiendo de las peticiones) exposiciones itinerantes que girarán por las instituciones de las Comunidades Autónomas que así lo pidan.

A estas alturas, casi todo el cargamento recuperado de La Mercedes está en las cámaras acorazadas de los sótanos de la Secretaría de Estado de Cultura, en la madrileña Plaza del Rey. Allí están 212 monedas de oro (de ocho escudos), 309.184 de plata (con valores acuñados de 8, 4, 2, y 1 reales) y otras 265.157 de plata fusionadas en bloques –según Enrique Varela, el subdirector general de Museos Estatales, es una estimación-. Como las 574.553 piezas están sumergidas en líquido conservante, el peso total del material es de 19 toneladas. Y la carga será trasladada “antes de fin de año” a Cartagena, junto con lo recuperado en Gibraltar, donde Odyssey había escondido botoneras, gemelos, hebillas de cinturones, tenedores y tabaqueras que el Estado español recuperó el pasado 6 de junio. En el Museo Arqueológico Nacional están además las 5.138 monedas que Odyssey ya había recuperado. Aquí Prieto lanzó su carga de profundidad: “Estaban ya metidas en blisters [pequeños envases de plástico] porque querían llegar a puerto con la mercancía preparada para vender”.

¿Cuánto vale el tesoro? Elisa de Cabo, subdirectora general de Protección de Patrimonio Histórico, asegura que “al Ministerio no le interesa el valor económico”. Prieto puntualiza: “Al estar declarada la carga como bien de interés cultural ya no vale euros, sino Cultura”. Las monedas son ahora inalienables (no podrán ser objeto de comercio privado) e imprescriptibles (sobre ellas ya no pueden recaer derechos privados ni reclamaciones de herederos), bajo el manto de una protección jurídica que Prieto enlaza con el cumplimiento de la Convención sobre la Protección de Patrimonio Subacuático de la UNESCO de 2001 (España la firmó en 2005 aunque no entró en vigor hasta 2009). “No existen precedentes de una restauración de un bien de este tamaño”, aseguró el director general, para explicar que si con técnicas convencionales se hubiera catalogado todo el material en 20 años, en esta ocasión “con técnicas pioneras se realizará en 18 meses”.

¿Cuándo podrán verse las monedas y dónde? “Creemos en el segundo semestre de 2013”, dijeron los representantes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, pero se reservaron el sitio: aún no está decidido si en el ARQUA (su director, Xavier Nieto, presente en la sala, confesó sus “ganas de que así sea, pero depende del Ministerio”) o en esa muestra itinerante. El lunes, en el encuentro sectorial sobre cultura de las Comunidades autónomas, se recibirán oficialmente las peticiones de quienes quieran albergar esa exposición o exposiciones (si hay muchas peticiones) itinerantes.

En cuanto al apartado judicial, el Estado español  ha reclamado en el tribunal de Tampa (Florida), que devolvió el tesoro a España,  que el pago de las costas del juicio recaiga en Odyssey. El mismo tribunal, por no tener jurisdicción, ha desestimado la reclamación de parte del hallazgo por los descendientes procedente de Perú. Los representantes del Ministerio tampoco quisieron dar su opinión sobre el anteproyecto de ley que se prepara en Colombia y que daría el visto bueno a la venta privada de tesoros históricos: “Es un primer paso, y a esto deberá responder el Ministerio de Asuntos Exteriores, aunque está en contra desde luego de la Convención de la UNESCO”. Y tampoco respondieron sobre lo que queda en Gibraltar: un muy pequeño número de piezas guardadas por Odyssey que también han reclamado allí los descendientes en otra batalla judicial recién abierta.

Los descendientes españoles del brigadier de la Armada, Diego de Alvear y Ponce de León, han acogido de manera positiva la decisión final del Ministerio. En un comunicado, José María Moncasi de Alvear, uno de los descendientes del brigadier de la Armada y que inició en septiembre de 2008 una campaña mediática a favor de España en su lucha contra Odyssey, ha declarado que ARQUA “es el sitio lógico al ser el referente en la protección y restauración del patrimonio subacuático”.

El galeón 'La Mercedes'El galeón ‘La Mercedes’

En cuanto a la Junta de Andalucía, según informa María Centeno, el consejero de Cultura y Deporte, Luciano Alonso, ha afirmado que seguirán “peleando hasta el final” para acoger el tesoro de La Mercedes. Alonso ha agregado que se dirigirá directamente al Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, aprovechando el próximo lunes la Conferencia Sectorial de Cultura que se celebrará en Mérida, para que el tesoro del Odyssey “pueda ser disfrutado por los andaluces” y “espera recibir una explicación, de institución a institución, que es mucho más deseable que hacerlo a través de los medios de comunicación”. El consejero ha criticado que Wert no contestara a la proposición de la Junta para organizar la exposición itinerante Historia de un tesoro y su recuperación. Según este proyecto, los museos de Sevilla, Cádiz y Huelva acogerían esta muestra que incidiría especialmente en la relación de España, de Andalucía, con América. Alonso ha hecho hincapié en que Andalucía se comprometió y trabajó arduamente en la recuperación de este patrimonio expoliado por la empresa de cazatesoros Odyssey, a la vez que participó activamente en las tareas de investigación, liderada por el Centro Andaluz de Arqueología Subacuática, en Cádiz, para la identificación del pecio.

Mientras seguían los dimes y diretes políticos, fuera de la sala y flanqueada por dos guardias civiles, María Carrillo, de la Subdirección general de Museos Estatales, lucía sonrisa, bata y guantes blanquísimos. A ella le cupo el honor de coger las monedas y las tabaqueras para que pudieran retratarlas los fotógrafos. Parte de un tesoro inmenso perdido y muy repartido por el fondo del mar: el obús que hundió La Mercedes cayó en la misma santabárbara. “Como decía Benito Pérez Galdós en Trafalgar”, recuerda Prieto, “La Mercedes era uno de los barcos más cargados de la historia”.

La exposición está en marcha

Aurora Intxausti

No podía ocultar ni su felicidad, ni su emoción. La alcaldesa de Cartagena, Pilar Barreiro (PP), cree que con el tesoro de la Mercedes la localidad que gobierna “se consolida como una ciudad con un fantástico patrimonio arqueológico. Tenemos un teatro romano, un foro romano y ahora el tesoro de una fragata que podrá verse en un lugar tan espectacular como el ARQUA”.

En la última década Cartagena ha pasado de ser una ciudad carente de infraestructuras, a contar con impresionantes edificios coloniales recuperados y un patrimonio arquitectónico bastante abandonado, a reconstruir la ciudad con la participación de grandes arquitectos del panorama español. “Pedimos un estudio en 1995, que reunió un equipo multidisciplinar, y llegó a la conclusión que teníamos suficientes recursos patrimoniales para generar un turismo cultural. Y lo estamos consiguiendo. El Teatro romano de Cartagena es uno de los cinco museos más visitados de España”.

La regidora sabe que no va a necesitar publicitar la exposición del tesoro de la fragata Nuestra Señora de la Mercedes. “Ha habido tanto polémica sobre el contenido del pecio que serán muchas las personas que se acerquen a la ciudad para ver de cerca parte de su historia”. El ARQUA, situado en el cantil del muelle de Cartagena, albergará, casi con seguridad, la parte más importante de la colección. “El director del museo, Xavier Nieto, ha llevado parte de las negociaciones en el proceso judicial con el Odyssey, y cuenta con un equipo de arqueólogos impresionante que están trabajando con mucho entusiasmo. Nieto tiene la exposición en la cabeza y seguro que seguro que será muy atractiva”, puntualizó Pilar Barreiro.


La Vanguardia

  • La NASA prepara para mañana su lanzamiento hacia los Cinturones de Van Allen si las condiciones meteorológicas lo permiten

La agencia espacial estadounidense NASA continúa hoy con los preparativos para el lanzamiento mañana, viernes, de dos sondas que estudiarán la influencia del Sol sobre la Tierra y los anillos de radiación que la rodean.

El Centro Espacial Kennedy (EEUU) indicó que las condiciones meteorológicas en la región central de la costa atlántica de Florida, con nubes dispersas, temperaturas de alrededor de 25 grados centígrados y viento suave del sudoeste, son un 70 por ciento aptas para el lanzamiento.

La NASA no espera que la tormenta tropical Isaac, que se está desarrollando en el Caribe y se dirige aparentemente a Florida, interfiera con la partida.

El cohete propulsor Atlas V ya se encuentra en la rampa 41 de la Estación de la Fuerza Aérea en Cabo Cañaveral y el lanzamiento está previsto a las 08.07 GMT del viernes.

La misión se denomina RBSP (Radiation Belt Storm Probes) y tiene como objetivo estudiar los Cinturones de Van Allen, dos anillos gigantes de plasma que envuelven la Tierra.

En estas zonas se concentran las partículas electrificadas que más allá de la atmósfera protectora de la Tierra dominan el Universo.

De hecho, el 99% del universo está hecho de este gas electrificado, conocido como plasma.

Estos anillos de superficie toroidal son las áreas en las cuales los protones y electrones circulan, en espiral y en gran cantidad, entre los polos magnéticos de la Tierra.

El cinturón de Van Allen interior se extiende desde unos 1.000 kilómetros sobre la superficie terrestre hasta más allá de los 5.000 kilómetros, y el exterior entre los 15.000 y los 20.000 kilómetros.

Las sondas RBSP se han diseñado para analizar la forma en que el Sol, y en particular las tormentas solares, afectan al entorno terrestre en varias escalas de espacio y tiempo.

La misión es parte del programa “La vida con una estrella” cuyo objetivo es el estudio de los procesos fundamentales que pueden haber originado al Sol y que inciden en el conjunto del sistema solar.

Los dos satélites, con rotación estabilizada, deberán operar en condiciones difíciles, explicó la NASA.

Otros satélites que orbitan en la región están programados para apagar sus sistemas o protegerse cuando ocurren intensas tormentas solares, pero los de la misión RBSP seguirán recolectando información y por eso se han construido para que soporten el bombardeo de partículas y radiación en los cinturones de Van Allen.

Los instrumentos de las sondas proporcionarán las mediciones que los científicos necesitan para comprender no solo el origen de las partículas electrificadas, sino también los mecanismos que dotan a esas partículas de su gran velocidad y energía.

Las dos sondas RBSP tendrán órbitas excéntricas casi idénticas, que cubren toda la región de los cinturones de radiación, y los satélites se cruzarán varias veces en el curso de su misión.

Las sondas octogonales pesan más de 635 kilogramos cada una y miden 1,85 metros de ancho y unos 90 centímetros de altura. Los sensores de campo eléctrico y magnético se extienden sobre varas que los alejan de la sonda, que puede generar sus propios campos eléctrico y magnético y distorsionar las mediciones.

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