Final ‘suicida’ de una nave espacial en Mercurio


El Mundo

 Detalle de la zona en la que impactará la sonda 'Messenger' NASA

Detalle de la zona en la que impactará la sonda ‘Messenger’ NASA

Una nave espacial se ha estrellado contra la superficie de Mercurio. No se trata de un accidente, sino de una maniobra perfectamente planeada con la que la sonda Messenger pone fin a sus cuatro años de misión en el planeta más cercano al Sol. Allí encontró un mundo que los científicos de la NASA han definido como «fascinante».

Según ha precisado la agencia espacial de EEUU, el impacto se ha producid a las 21.26 de este jueves (hora peninsular española).

La superficie de Mercurio ha sido modelada por la actividad volcánica. Entre otros descubrimientos, la nave ha confirmado que tiene agua helada en cráteres cerca de sus polos: «Lo más probable es que ese agua almacenada ahora en depósitos de hielo que están permanentemente a la sombra llegó al planeta más interno del Sistema Solar a través de los impactos de cometas y asteroides», explicó hace unos días en rueda de prensa Sean Solomon, investigador principal de la misión y director del Observatorio de la Tierra Lamont-Dohertym en la Universidad de Columbia.

Los análisis químicos mostraron, asimismo, una superficie pobre en hierro y rica en elementos volátiles como el azufre y el sodio. «A pesar de que Mercurio es uno de los planetas vecinos de la Tierra, sorprendentemente se sabía poco de él antes de mandar esta nave», recordó Solomon.

En el momento de su suicidio, la nave viajaba a una velocidad de 3,91 kilómetros por segundo. Según ha calculado Jim Raines, investigador de la Universidad de Michigan, durante el impacto, la nave, de unos 513 kilogramos, ha liberado tanta energía como la que hubiera causado una tonelada de explosivo TNT. Se calcula que el cráter que ha dejado en Mercurio mide 16 metros de diámetro.

La nave Messenger, que despegó el 3 de agosto de 2004 desde Cabo Cañaveral (Florida), tardó casi siete años en llegar a Mercurio, en cuya órbita entró el 18 de marzo de 2011. Durante su viaje por el Sistema Solar, recorrió un total de 7.900 millones de kilómetros.

El plan inicial era que la sonda trabajara durante un año orbitando el planeta para recabar datos que permitieran a los científicos intentar responder a varias cuestiones que consideraban críticas. Sin embargo, debido al buen estado que presentaban sus instrumentos una vez transcurrido ese periodo y aprovechando que todavía le quedaba combustible, la NASA decidió prorrogar su misión durante otros tres años para poder investigar nuevos interrogantes que iban surgiendo a raíz de los datos que proporcionaba.

La ruta a Mercurio

Messenger no fue la primera nave en visitar Mercurio, un planeta con un diámetro de casi 5.000 kilómetros (frente a los 13.000 km aproximadamente que tiene la Tierra). Mariner 1 sobrevoló este planeta del Sistema Solar tres veces entre 1974 y 1975, proporcionando los primeros datos in situ para conocer este mundo, del que sólo pudo inspeccionar la mitad de su superficie.

En Messenger, su sucesora, los ingenieros introdujeron las mejoras tecnológicas desarrolladas durante tres décadas. Componentes miniaturizados y nuevos materiales más ligeros y resistentes que han protegido sus delicados instrumentos en una de las zonas más inhóspitas del Sistema Solar debido a su cercanía con el astro rey. La nave trabaja en un entorno en el que las temperaturas oscilan entre los 300ºC y los 20º C.

Asimismo, otro de los puntos fuertes de la misión ha sido lograr diseñar una trayectoria que permitiera a una nave de esas características llegar a Mercurio. Cuando despegó, el combustible que llevaba a bordo representaba casi el 55% de su peso. Fabricar una nave espacial que fuera lo suficientemente ligera como para poder llevar a bordo esa cantidad de combustible y ejecutar esa trayectoria supuso un gran reto.

La NASA considera que la misión ha sido un éxito desde el punto de vista científico y tecnológico, y da por bien empleados los 446 millones de dólares que ha costado y que comprenden tanto el desarrollo de la nave y de sus instrumentos, como las operaciones y el análisis de los datos. «Lo único que lamentamos es que no tengamos suficiente combustible para operar otros diez años», declaraba Andy Calloway, el jefe de operaciones de la Messenger, durante el décimo aniversario del inicio del viaje de esta sonda.

«Por supuesto, cuanto más sabemos, más preguntas nuevas surgen», apunta Sean Solomon, que considera que «hay muchas razones para que volvamos a Mercurio con nuevas misiones».

Las lecciones de esta misión

Olga Prieto, geóloga planetaria del Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA), destaca los logros en ingeniería y navegación que ha realizado esta misión, «ya que acercarse a la órbita de Mercurio es complicado por su cercanía al Sol». El estudio de este planeta, añade a través de un correo electrónico, es necesario para entender la formación y evolución del Sistema Solar.

Desde el punto de vista científico, «una de las lecciones que nos ha enseñado esta misión es el riesgo que se corre siempre de simplificar cuando carecemos de suficientes datos. Messenger ha desvelado matices de las características físicas, químicas y geológicas de Mercurio que no esperábamos, entre los que destacan principalmente la presencia de hielo de agua en los cráteres de los polos o la alta concentración de volátiles que posee (K, S, Na, Cl)», explica.

Pese a que Messenger ya ha dejado de operar, la científica española recuerda que quedan «un montón de datos para analizar y reconfigurar la idea que teníamos de este planeta». Por otro lado, en 2017 será lanzada la misión europea Bepi-Colombo, que podrá investigar el impacto de la Messenger sobre Mercurio. «El cráter generado abre una ventana (como una cata) para mirar al subsuelo del planeta, donde los materiales están más frescos, menos afectados por la exposición al exterior».

Pese al valor científico de esta maniobra, Prieto recuerda que los impactos de sondas sobre planetas «es un asunto controvertido en la comunidad planetaria por la contaminación que conlleva. En el caso de Mercurio, se tienen menos prejuicios porque es un planeta catalogado como de bajo interés astrobiológico. Las normas internacionales de protección planetaria se oponen frontalmente a este tipo de maniobras en cuerpos planetarios con mayor interés astrobiológico como Marte, Europa o Encélado».

Twitter: @teresaguerrerof