En Marte hay agua líquida durante la noche


ABC.es

  • En los 5 primeros centímetros del suelo del cráter Gale se dan las condiciones ambientales necesarias para que exista agua líquida salada
NASA, JPL-CALTECH, MSSS Mástil y cubierta del rover, donde se encuentran los sensores del instrumento REMS

NASA, JPL-CALTECH, MSSS
Mástil y cubierta del rover, donde se encuentran los sensores del instrumento REMS

Un equipo de investigadores liderados por el español Javier Martín-Torres acaba de demostrar que el agua líquida puede seguir existiendo en Marte, por lo menos durante la noche y en su zona ecuatorial. El trabajo, que ha despertado gran expectación entre los científicos dedicados al estudio del Planeta Rojo, se acaba de publicar en «Nature Geoscience».

Martín-Torres, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, un centro mixto del CSIC y la Universidad de Granada, ha llegado a esta conclusión tras analizar los datos de la humedad y la temperatura atmosférica del planeta durante un año marciano completo (equivalente a más de dos años terrestres).

Los datos analizados proceden de uno de los instrumentos del rover Curiosity, REMS (Rover Environmental Monitoring Station), una estación meteorológica diseñada en España por investigadores del CSIC e integrada en el vehículo de la NASA, que desde hace años explora el cráter Gale, en el ecuador marciano. En ese tiempo, el vehículo robótico ha recorrido más de 9 km. en el interior del cráter.

Según la investigación, en los 5 primeros centímetros del suelo del cráter se dan las condiciones ambientales necesarias para que exista agua líquida salada (salmuera) durante la noche. Poco después del alba y a medida que las temperaturas aumentan, las salmueras se secan, pero cuando vuelve a caer la noche las sales presentes en el suelo (percloratos), vuelven a absorber el vapor de agua de la atmósfera. Los resultados sugieren, pues, un activo intercambio de agua entre la atmósfera marciana y la superficie de Marte.

«La presencia de agua líquida – explica Martín-Torres- es un hecho extremadamente relevante, ya que es uno de los requisitos esenciales para que exista vida tal y como la conocemos. Durante las horas en las que es posible la existencia de agua líquida, sin embargo, las temperaturas en Gale son demasiado bajas para el metabolismo y la reproducción celular tal y como se da actualmente en la Tierra, pero la posibilidad de que exista agua líquida en Marte tiene implicaciones enormes para la habitabilidad de todo el planeta, para su futura exploración, y para todos los procesos geológicos que estén relacionados con el agua».

El cráter Gale, en el ecuador de Marte, es una de las zonas más calientes y secas del Planeta Rojo. Por eso, los autores del estudio creen que si se ha encontrado salmuera en una zona donde las temperaturas favorecen la sequedad, ésta podría existir también en el resto de la superficie.

Al profundizar en el terreno más allá de los 5 cm. el agua puede permanecer también durante el día, aunque en forma de hielo. En palabras de Martín-Torres, «los modelos y las medidas tomadas bajo la superficie predicen que por debajo de 15 centímetros de profundidad las sales permanecen hidratadas también durante el día y a lo largo de todo el año, pero no en fase líquida”.

El trabajo también ofrece una posible explicación a los desprendimientos de material que se han observado por todo el planeta. Estos desprendimientos suceden de forma estacional, en los períodos más cálidos, en las laderas de muchos montes de Marte. Y según los investigadores estos derrumbes podrían estar causados por los cambios de estado de las salmueras presentes en los materiales del suelo.

La estación meteorológica REMS, diseñada en España por investigadores del CSIC, se encarga de monitorizar las condiciones ambientales sobre la superficie de Marte. En la medición de los datos analizados en este estudio también ha participado otro instrumento a bordo del Curiosity, DAN (Dynamic Albedo of Neutrons), que mide la hidratación del subsuelo.

El vórtice polar de Venus se mueve de forma impredecible


El Mundo

  • Los vórtices atmosféricos son flujos turbulentos que rotan en espiral
  • Esta especie de ciclón se mueve a velocidades de hasta 55 km/h
  • Investigadores de la UPV/EHU lideran este estudio en ‘Nature Geosciencie’
El estudio se realizó con datos de la sonda 'Venus Express'.| CSIC

El estudio se realizó con datos de la sonda ‘Venus Express’.| CSIC

La misión espacial Venus Express de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha estudiado el comportamiento del vórtice del polo sur de Venus y ha observado que se mueve de forma impredecible en torno al polo sur geográfico a velocidades de hasta 55 kilómetros por hora.

Los vórtices atmosféricos son flujos turbulentos que rotan en espiral, algo así como una especie de ciclón persistente. Son frecuentes en las regiones polares de los planetas del Sistema Solar de rotación rápida, como la Tierra, Júpiter y Saturno, pero también pueden producirse en cuerpos de rotación lenta, como es el caso de Venus.

El estudio, publicado en ‘Nature Geoscience’, está liderado por investigadores del grupo de Ciencias Planetarias de la Escuela de Ingenieros de Bilbao, de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). El trabajo se ha incluido en la página web de dicha publicación y el próximo mes de abril aparecerá en la edición en papel, según ha informado la facultad de Ingeniería. En la investigación también han participado un investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC) así como el Observatorio Astronómico de Lisboa, el Observatorio de París y el Instituto de Astrofísica Espacial y Física Cósmica de Roma.

Datos de la ‘Venus Express’

La investigación se centra en el vórtice ubicado en el Polo Sur de Venus, una especie de ciclón persistente y a gran escala que constituye uno de los grandes enigmas del astro más parecido a la Tierra del Sistema Solar

A diferencia de otros fenómenos similares, como los vórtices polares de la Tierra o el conocido como hexágono de Saturno, el trabajo de los investigadores vascos ha demostrado que el de Venus es mucho más variable e impredecible de lo que se creía.

Para llevar a cabo este estudio, el grupo de Ciencias Planetarias ha utilizado el instrumento más sofisticado instalado en la nave espacial ‘Venus Express’, VIRTIS-M: una cámara espectral que obtiene imágenes en diferentes niveles de la atmósfera venusiana. Los investigadores estudiaron de manera simultánea el vórtice a dos alturas diferentes, a 42 y a 63 km de la superficie del polo sur de Venus.

“En cada uno de los planetas que presentan atmósfera los vórtices polares exhiben un comportamiento que obedece al régimen atmosférico existente. El caso de Venus es muy especial en el Sistema Solar, ya que el planeta tarda 243 días en girar sobre sí mismo mientras que su atmósfera lo hace unas 60 veces más rápido, dando origen a un régimen atmosférico llamado superrotación que sólo comparte con Titán, una de las lunas de Saturno”, explica el investigador del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía Javier Peralta.

El estudio, titulado ‘Un vórtice caótico y longevo en el Polo Sur de Venus’, ha estado liderado por Itziar Garate, estudiante de doctorado de la UPV/EHU en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Bilbao, que trabaja en su tesis doctoral centrada precisamente en la dinámica atmosférica polar del segundo planeta del Sistema Solar.

El citado vórtice ha sido objeto de observaciones durante años, pero todavía no se ha podido explicar su variabilidad, ya que es capaz de alterar su forma en tan sólo un día o permanecer estable durante semanas.

El Grupo de Ciencias Planetarias de la UPV/EHU está dirigido por el catedrático Agustín Sánchez-Lavega y se centra en investigar el área de las atmósferas de los planetas del sistema solar. También coordinada la red de observaciones IOPW (International Outer Planets Watch-Observación Internacional de los Planetas Exteriores) y participa en el análisis de datos de otras misiones espaciales.

La Antártida Occidental registra un rápido calentamiento


El Pais

  • El aumento de las temperaturas es de 2,4 grados centígrados, desde 1958, lo que casi el triple que la media del globo

Fuente: G. Picard (LGGE). / EL PAÍS

La Antártida viene dando muchos problemas a los científicos del clima a la hora de determinar el efecto allí del calentamiento global y cómo evolucionará en el futuro. Pero, poco a poco se van acumulando estudios y datos que muestran que también en el continente blanco están aumentando las temperaturas medias y, en algunas zonas, muy rápidamente. En concreto, en la región occidental del continente blanco se ha registrado un incremento de 2,4 grados centígrados desde 1958 hasta ahora, lo que significa casi el doble de lo que se había estimado para la zona y el triple de la media del planeta, según una nueva investigación que ha logrado reconstruir la evolución de la temperatura del aire en la región del último medio siglo. El máximo de se produjo en el verano austral de 2005.

“Nuestro registro sugiere que el calentamiento estival continuado en Antártida Occidental puede alterar el equilibro de la masa superficial de la capa de hielo, de manera que la región podría contribuir aún más que ahora a la subida del nivel del mar”, explica David Bromwich, científico de la Universidad de Ohio (EE UU), líder de la nueva investigación, que se presenta en la revista Nature Geoscience. Su colega Andrew Nomaghan, del Centro Nacional de Investigación de la Atmósfera (NCAR), también estadounidense, recalca que estos datos sitúan la región entre las de más rápido calentamiento de la Tierra, señala un comunicado de la Universidad de Ohio.

Bromwich y sus colegas han investigado la región occidental, frente al mar de Amundsen, basándose en los datos meteorológicos tomados en la base Byrd, situada a unos 1.100 kilómetros del polo Sur.

Se sabía ya que la península Antártica, apodada el caribe del continente blanco, es una zona de rápido calentamiento, con un incremento de la temperatura superior a 2,5 grados en el último medio siglo, según datos del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático). Sin embargo, las cosas no están tan claras en otras zonas. El problema es que la compleja circulación oceánica que rodea la Antártida dificulta mucho la investigación y la modelización del cambio climático allí, hasta el punto de que es la región del planeta sobre la cual los científicos tienen más incertidumbres. Pero los estudios están avanzando a buen ritmo y se han obtenido resultados importantes en los últimos años, de manera que una buena parte del próximo informe del IPCC, el AR5, se dedica al continente blanco, reduciéndose notablemente las incertidumbres.

Los registros meteorológicos en la base Byrd comenzaron en 1958, con el año Geofísico Internacional. El problema es que las medidas no han sido continuas desde entonces, ya que la base no ha sido siempre permanente (ocupación en invierno y verano) y los equipos automáticos de toma de datos han sufrido a veces desperfectos. Lo que Bromwich y sus colegas han hecho es reconstruir toda la serie de medidas de temperaturas del aire cerca de la superficie en la zona completando la información mediante interpolación de datos con registros de otras estaciones.

“Hay claras pruebas de que la capa helada de la Antártida occidental está contribuyendo a la subida del nivel del mar; sin embargo, los cambios en la temperatura en décadas recientes siguen padeciendo incertidumbres”, escriben los investigadores en Nature Geoscience, presentando el problema. Aclaran que la región probablemente se ha calentado desde 1950, “pero no hay acuerdo [entre los especialistas] acerca de la magnitud, la estacionalidad y el alcance espacial de ese calentamiento”. Su conclusión, tras la investigación, es que la zona está sufriendo efectivamente un aumento de la temperatura que es significativa durante el verano austral, particularmente en diciembre y enero, la temporada de máximo deshielo.

La zona estaba bajo sospecha de los expertos de clima ya que allí, en la costa del mar de Amundsen se ha venido registrando un incremento de la pérdida de hielo en el mar en los últimos años, debido al adelgazamiento y fusión de la capa helada que desencadena el aumento de la temperatura del agua. Pero había dudas acerca de la temperatura del aire. La cuestión que Bromwich y sus colegas se preguntan es si la Antártica Occidental está a punto de parecerse a Groenlandia, en cuanto a deshielo se refiere. “Es el calentamiento máximo registrado en 2005 una manifestación de esa transición?”, plantean.

Por ahora, los datos de estos expertos muestran que entre 1958 y 2010 se ha producido allí en aquella región un calentamiento de 0,47 grados centígrados por década, acumulando un incremento de 2,44 grados en 52 años. Además, llaman la atención sobre la necesidad de tener en la zona una buena red para hacer observaciones meteorológicas a largo plazo.

Termostato del planeta

Las regiones polares del planeta son como un termostato global que regula el sistema climático de la Tierra, explica el Servicio Antártico Británico (BAS, en sus siglas en inglés). Las superficies heladas ayudan a enfriar la atmósfera al reflejar radiación solar hacia el espacio y la oscuridad de los océanos la absorben; las aguas heladas son clave en el sistema de corrientes oceánicas que distribuyen el calor por todo el planeta y el océano austral que rodea el continente blanco es un sumidero natural del dióxido de carbono.

“La mayor parte de las series largas de medidas de las estaciones de investigación en la Antártida muestran que no hay una tendencia significativa ni al calentamiento ni al enfriamiento y las temperaturas en la mayor parte del continente [antártico] han sido relativamente estables en las últimas décadas”, señalan los expertos del BAS. Pero recalcan que la situación es totalmente diferente en la Península Antártica, en cuya costa occidental las temperaturas han subido casi tres grados centígrados en los últimos 50 años, “unas 10 veces la media global”, un incremento solo igualado en Alaska y en Siberia. Y las aguas de la corriente circumpolar antártica están calentándose más rápidamente el resto del océano global, advierten. Ahora, la nueva investigación de David Bromwich y sus colegas supone extender la zona de calentamiento especialmente alto a la Antártida Occidental.

Un meteorito pudo provocar que las dos caras de la Luna sean diferentes


ABC.es

  • Su impacto podría ser la causa de que las rocas a uno y otro lados de nuestro satélite sean diferentes
Un meteorito pudo provocar que las dos caras de la Luna sean diferentes

Un meteorito pudo provocar que las dos caras de la Luna sean diferentes

El impacto de un meteorito, que dejó un gran cráter sobre la superficie lunar, podría ser la causa de que las rocas a uno y otro lados de la Luna sean diferentes, informó hoy la revista científica «Nature Geoscience».

Científicos japoneses defienden que la gigantesca cuenca conocida como Oceanus Procellarum (Océano de las Tormentas) y situada en la cara visible de la Luna podría ser, en realidad, el cráter dejado por el impacto de un meteorito en los primeros años de la existencia del satélite natural de la Tierra, hace probablemente más de 4.000 millones de años. «Dado que los rasgos del terreno en la cuenca Procellarum se han perdido prácticamente por completo, la superficie lunar en esa zona debió haber sido muy caliente y blanda en aquel entonces», explicó a Efe el investigador Ryosuke Nakamura, del Instituto Nacional para la Ciencia y la Tecnología Avanzada de Tsukuba (Japón).

Este fenómeno sería el responsable de la creación de la cuenca, y explicaría por qué la superficie de la cara visible de la Tierra está formada en un 30 por ciento por rocas basálticas, apenas presentes en el lado oculto. El equipo de Nakamura estudió la composición de la superficie lunar a partir de datos obtenidos con la sonda japonesa Kayuga/Selene, que estuvo en órbita entre 2007 y 2009.

De esta forma descubrieron una elevada concentración de piroxenos en el lado visible de la Luna, concretamente en los alrededores de la cuenca Procellarum, de más de 3.000 kilómetros de diámetro, y en otras dos cuencas cercanas, Imbrium y Aitken. La presencia de estos silicatos indica que el manto lunar se derritió y parte de sus materiales salieron a la superficie, algo que según Nakamura encaja con las consecuencias del impacto de un meteorito de grandes dimensiones

Descubren agua en cristales de la superficie lunar


El Mundo

Roca Génesis, traída por la misión 'Apolo 15'. | EM

Roca Génesis, traída por la misión ‘Apolo 15’. | EM

La superficie de la Luna contiene cristales con restos de agua en su interior, que el viento solar habría transportado hasta ella, informa la revista científica ‘Nature Geoscience’.

La geóloga Yang Liu y sus colegas de la Universidad de Tennessee (EEUU) analizaron muestras de la superficie lunar recolectadas en el ecuador del satélite y traídas a la Tierra por las misiones Apollo, la mayoría de ellas por el astronauta Neil Armstrong, y hallaron restos de agua en algunos de sus componentes.

“Cuando la gente piensa en el agua, siempre lo imagina en estado líquido, en ríos, lagos u océanos. Pero algo que no se suele reconocer es que existe una gran cantidad de agua almacenada en minerales“, explicó Liu a Efe.

De hecho, añade, los minerales del manto terrestre contienen al menos la misma cantidad de agua que un océano, y algo similar podría suceder en la Luna.

Análisis posteriores de las muestras revelaron similitudes entre estos restos de agua y los iones de hidrógeno presentes en el viento solar, lo que sugiere que fue este viento el responsable de transportar iones de hidrógeno hasta la Luna. Una vez allí, estas moléculas quedaron almacenadas en forma de agua en el interior de las vetas analizadas.

El viento solar contiene una gran cantidad de estos iones, que no llegan a tocar la Tierra porque la atmósfera y el campo magnético terrestre se lo impiden, pero en el caso de la Luna no hay nada que proteja su superficie, por lo que el viento solar impacta continuamente contra ella.

Cambio en la visión ‘sin agua’ de la Luna

“En los últimos años hemos sido testigos de un cambio de paradigma en nuestra visión ‘sin agua’ de la Luna“, afirmó Liu.

Según la investigadora, cada cristal analizado contendría entre 200 y 300 partes por millón de agua e hidroxilo -una molécula que se obtiene al restar un átomo de hidrógeno al agua-.

El hallazgo ha permitido a los científicos conocer una nueva fuente a partir de la cual los planetas del interior del Sistema Solar (Mercurio, Venus, la Tierra y Marte) y sus satélites podrían obtener agua.

Liu y sus colegas defienden que un mecanismo similar a este podría darse en otros cuerpos sobre cuyas superficies el viento solar incide, como Mercurio o el asteroide Vesta.

“El bombardeo del viento solar es un proceso constante. En la actualidad necesitamos reconsiderar nuestro concepto de presencia de agua en nuevos lugares del Sistema Solar“, argumentó Liu.

Reconstruyen la temperatura del mar de hace 21.000 años


EFE – El Mundo

  • Constatan que el clima durante el máximo glaciar era muy variable
  • El estudio ayudará a predecir el cambio climático

Un grupo de investigadores, entre ellos dos españoles, ha logrado reconstruir la temperatura oceánica global durante el último máximo glacial, hace 21.000 años, lo que podría ayudar a predecir con más fiabilidad el cambio climático y su magnitud.

Este es uno de los principales objetivos de un proyecto llamado MARGO, cuyos resultados se publican en la revista ‘Nature Geoscience’ en su versión digital, y que, además, desvela datos como que algunas zonas tenían temperaturas más altas que las actuales, como por ejemplo el mar del noreste de Australia, entre uno y tres grados.

Antoni Rosell, investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona y uno de los promotores de este proyecto, ha explicado que MARGO supone una versión actualizada de un estudio de los 70, CLIMAP, gracias al cual ya se obtuvieron mapas de temperatura del mar, pero sólo siguiendo un método y no seis como esta vez.

“Uno de los retos actuales más importantes en las ciencias del clima es poder predecir el cambio climático y para ello necesitamos modelos climáticos fiables”, ha detallado este científico.

Para llevar a cabo este estudio, con participación de 52 investigadores de todo el mundo, se ha acotado el período de análisis entre los años 23.000 y 19.000 antes de nuestra era y se han compilado 696 medidas de la temperatura de la superficie de los océanos a partir de sedimentos encontrados en las profundidades y los restos de fósiles que contienen.

Seis técnicas diferenes

De los seis métodos o técnicas utilizadas, conocidas como paleotermómetros, para obtener estas mediciones, cuatro se basan en principios ecológicos y en el estudio de los caparazones de organismos marinos microscópicos, y dos en principios geoquímicos, por ejemplo a partir de moléculas orgánicas producidas por algas unicelulares.

Rosell ha detallado que MARGO ofrece datos más precisos sobre la temperatura, especialmente, de zonas marinas del Atlántico Norte o trópicos, una nueva perspectiva sobre la sensibilidad del sistema climático de la Tierra al dióxido de carbono y una herramienta que se podrá utilizar para mejorar la fiabilidad de los modelos climáticos actuales.

Los científicos han constatado que el clima en el período máximo glacial se caracterizó por grandes variaciones de temperaturas este-oeste en las latitudes tropicales y en el Atlántico Norte “muy diferentes a las actuales”.

Según este trabajo, la cubierta de hielo que ocupaba gran parte del mar del Norte en este período no era permanente, como aseguraba CLIMAP, sino que se fundía durante la estación más cálida, lo que permitía el intercambio de calor entre el océano y la atmósfera, favoreciendo un mayor índice de humedad y el crecimiento y mantenimiento de grandes casquetes polares en Europa y Norteamérica.

De acuerdo con el proyecto CLIMAP, MARGO ha determinado que el mayor enfriamiento (más de -10 grados) se produjo a la latitud mediana del Atlántico Norte, y se extendió hacia la zona del Mediterráneo (-6 grados), pero MARGO indica que el enfriamiento creó un gradiente de temperaturas longitudinal (este-oeste) inverso al reconstruido por CLIMAP.

Con respecto al enfriamiento de los trópicos, el proyecto MARGO desvela que fue más extenso y más heterogéneo de lo que se creía, siendo más acusado en el Atlántico que en el Índico y el Pacífico.

Las corrientes subtropicales del Océano Atlántico experimentaron un ligero enfriamiento en la zona central, mientras que en el Pacífico las corrientes subtropicales del norte y del sur probablemente eran más calientes que hoy en día (entre 1 y 2 grados).

Los investigadores también han concluido que en el Océano Antártico se produjo un desplazamiento del frente polar hacia al norte, produciéndose un enfriamiento de entre -2 y -6 grados respeto a las temperaturas actuales.

Por su parte, Isabel Cacho, de la Universidad de Barcelona, ha recalcado que este trabajo confirma que una cuenca pequeña, como la del Mediterráneo, es capaz de amplificar (más intensidad) un cambio climático.