“Su sincero amigo”: la carta legendaria que Gandhi escribió a Hitler


El Confidencial

  • La postura de Gandhi frente al nazismo ha sido criticada por muchos historiadores. El líder pacifista nunca fue un admirador de Hitler, pero se dirige a él de una forma sospechosamente amigable
Foto: Son dos de las figuras más importantes del siglo XX, pero por razones bien distintas.

Son dos de las figuras más importantes del siglo XX, pero por razones bien distintas.

En el verano de 1939 Europa se temía lo peor. La expansión del Tercer Reich era imparable: en sólo un año Hitler había tomado el control sobre Austria, la actual República Checa, Eslovaquia y parte de la actual Lituania. Todos sospechaban que el siguiente paso de Hitler sería la invasión de Polonia. Francia y Gran Bretaña se comprometieron a proteger esta, pero poco importó: el 1 de septiembre de 1939 Alemania invadió el país, dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial.

Poco antes de que sucediera esto, el 23 de julio del mismo año, Mahatma Gandhi, que ya era un conocido líder pacifista –nueve años antes había liderado la marcha de la sal–, escribió una carta a Adolf Hitler para pedirle, en un tono sorprendemente respetuoso, que no iniciara una guerra.

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La carta, tal como se expone en Bombay

Estas son las palabras textuales de Ghandi, tal como se pueden leer en la carta original que se conserva en Mani Bhavan, la casa de Bombay en la que vivió el líder independentista y que hoy alberga un museo sobre su figura. La misiva nunca llegó a manos del dictador alemán (fue interceptada por las autoridades británicas, que la hicieron pública muchos años después), aunque, de haberlo hecho, es poco probable que hubiera surtido el más mínimo efecto.

“Querido amigo,

Mis amigos me han estado insistiendo para que le escriba, por el bien de la humanidad. Pero me he resistido a su petición, debido a la sensación de que cualquier carta mía podría ser una impertinencia. Algo me dice que no debo ser tan calculador y que debo hacer mi petición porque en cualquier caso merecerá la pena.

Está claro que usted es hoy la única persona en el mundo que puede evitar una guerra que podría reducir a la humanidad a un estado salvaje. ¿Estará dispuesto a pagar ese precio por un propósito cualquiera por muy digno que le parezca? ¿Escuchará la llamada de quien ha evitado deliberadamente el método de la guerra no sin considerable éxito? De cualquier manera espero su perdón, si he cometido un error al dirigirme a usted.

A su disposición.

Su sincero amigo.

Gandhi.”


 

¿Una posición poco clara frente al fascismo?

La postura de Gandhi frente al fascismo y el nazismo ha sido criticada por muchos historiadores. No se puede decir que el líder pacifista fuera un admirador de Hitler, pero hoy en día la forma en que se dirige al genocida resulta demasiado amigable –algo que ha dado pie, incluso, a la grabación de una película que lleva por título Dear Friend Hitler–.

En mayo de 1940, de hecho, llegó a referirse al dictador en términos elogiosos: “No considero a Hitler un ser tan malo como parece o representa. Él está mostrando una capacidad increíble y parece estar consiguiendo victorias sin demasiado derramamiento de sangre”.

Gandhi siempre fue partidario de minimizar los daños sin organizar ningún tipo de resistencia violenta, lo que incluía llegar a un tratado de paz con la Alemania nazi, llegado el caso.

El apostol de la no violencia llegó a pedir a los judíos que se mantuvieran de brazos cruzados:

“Si fuera un judío nacido en Alemania y me ganara la vida allí, reclamaría a Alemania como mi hogar tanto como el más alto gentil alemán, y le retaría a dispararme o a arrojarme a una mazmorra; rechazaría ser expulsado o someterme a un tratamiento discriminatorio. Y para hacer esto no esperaría a que los otros judíos me acompañaran en mi resistencia pasiva, sino que tendría confianza en que el resto habrían de seguir mi ejemplo”.

Deben invitar a Hitler y Mussolini a que tomen todo lo que quieran y de sus países. Si ellos quieren ocupar sus casas, váyanse de ellas

Ya en plena guerra –el 24 de diciembre de 1940–, Gandhi volvió a escribir al Führer, en una carta mucho más larga, en la que le criticó de forma mucho más abierta, aunque con un tono, de nuevo, amigable:

“Espero que tenga usted el tiempo y el deseo de saber cómo considera sus actos una buena parte de la humanidad que vive bajo la influencia de esa doctrina de la amistad universal. Sus escritos y pronunciamientos y los de sus amigos y admiradores no dejan lugar a dudas de que muchos de sus actos son monstruosos e impropios de la dignidad humana, especialmente en la estimación de personas que, como yo, creen en la amistad universal. Me refiero a actos como la humillación de Checoslovaquia, la violación de Polonia y el hundimiento de Dinamarca. Soy consciente de que su visión de la vida considera virtuosos tales actos de expoliación. Pero desde la infancia se nos ha enseñado a verlos como actos degradantes para la humanidad. Por eso no podemos desear el éxito de sus armas”.

La postura no violenta de Gandhi era en ocasiones extrema. Después de que los nazis invadieran las Islas del Canal de la Mancha mandó este mensaje al pueblo británico:

“Dejen las armas, por cuanto estas no van a servir para salvarles a ustedes ni a la humanidad. Deben invitar a Hitler y Mussolini a que tomen todo lo que quieran y de sus países. Si ellos quieren ocupar sus casas, váyanse de ellas. Si no les permiten salir sacrifíquense, pero siempre rehúsen rendirles obediencia”.

Hitler y Eva, así fue la boda que hizo estremecerse al nazismo


ABC.es

  • Hace exactamente 70 años que el «Führer» dio el «si quiero» a la mujer que le acompañó en la última etapa de su vida
Hitler y Eva, así fue la boda que hizo estremecerse al nazismo

Archivo ABC La boda se celebró en la madrugada del día 29 de abril. Fue austera y apenas asistieron invitados

Desde Benito Mussolini con Clara Petacci, hasta Iósif Stalin con Nadezhda Alilúyeva. Si algo ha demostrado la historia, es que incluso los líderes más crueles tienen derecho a encontrar el amor. Por ello, y como no podía ser de otra forma, Adolf Hitler no iba a ser una excepción a pesar de estar considerado como uno de los asesinos más crueles conocidos hasta el momento. Su «media naranja» no fue otra que Eva Braun, una mujer controvertida con quien decidió casarse en la madrugada del 29 de abril de 1945 bajo el replicar de las bombas que, de forma metódica, hacían llover los lanzacohetes múltiples «Katyusha» y la artillería de campaña soviética.

El desenlace de los felices esposos, no obstante, fue incluso más trágico que su boda. Y es que, decidida a compartir el destino del «Führer», Braun se suicidó junto a su esposo en una de las estancias del «Führerbunker» (el refugio ubicado tras la Cancillería). Así pues, Adolf Hitler -con 56 años- y Eva Braun -con 33- se marcharon al otro mundo de la misma forma en la que habían vivido sus últimos días en este: unidos. Su muerte, sin embargo, supuso un respiro para los aliados, pues hizo que las desmoralizadas tropas de la «Wehrmacht» y de las «SS» capitularan dando así por finalizada la batalla de Berlín.

Eva, la mujer perfecta para Hitler

Eva Braun vino al mundo el 6 de febrero de 1912 en Múnich (Alemania). Hija de padres católicos, no pasaron muchos años hasta que fue enviada a un colegio de monjas. «Los Braun habían tomado por costumbre enviar a sus hijas al convento para completar allí su educación. En Baviera, ninguna chica se convierte verdaderamente en una dama si antes no pasa por una de esas instituciones especializadas donde las jóvenes aprenden una profesión, además de ciertos convencionalismos sociales», explica el escritor e investigador Nerin E. Gun en su libro «Hitler y Eva Braun, un amor maldito».

Tras abandonar el convento, y con apenas 17 años, esta alemana decidió cambiar drásticamente su porvenir y optó por cursar estudios en mecanografía y, posteriormente, por entrar a trabajar por un sueldo ínfimo en el taller del fotógrafo personal de Hitler. Allí fue donde conoció al futuro «Führer» en 1929, un hombrecillo que –por entonces- empezaba a despuntar pero que todavía no había alcanzado el poder que adquiriría en 1933 (cuando fue nombrado jefe del Gobierno alemán tras las reglamentarias elecciones). Días después, Eva envió una carta a un familiar calificando a ese hombre como un «señor de cierta edad con un gracioso bigotillo». Cupido acababa de clavar su flecha.

Hitler, por su parte, correspondió a los deseos de esta joven 20 años menor que él y ambos empezaron a verse. Así, poco a poco la relación fue cuajando hasta que, antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial, ambos formalizaron su amor. Los siguientes años fueron perfectos para la pareja, que vio acompañado su romance de las continuas victorias del ejército nazi sobre sus enemigos en media Europa. El dinero, además, entraba a por doquier, por lo que el «Führer» podía dar todos los caprichos a su novia (entre los que se incluían sus largas estancias en los Alpes Bávaros).

Sin embargo, al igual que sucedería con Mussolini y Stalin, su amor estaba destinado a acabar en tragedia, una tragedia que llegó cuando a los alemanes no les quedó más remedio que huir con el rabo entre las piernas de la U.R.S.S. y empezar a replegarse hasta llegar a la capital del Reich. Finalmente, fue en las dos últimas semanas de abril cuando, rodeados por las tropas soviéticas y bajo el fuego de la artillería, esta pareja selló su amor contrayendo matrimonio entre los muros de hormigón del «Führerbunker» un día antes de suicidarse.

Una boda nada idílica

La boda más famosa del Tercer Reich, un matrimonio que muchos esperaban pero que Hitler no quiso hacer oficial hasta que vio que su hora de morir se acercaba, se sucedió en la medianoche del 28 de abril de 1945. Se decidió que la boda se celebraría en el salón del reuniones del búnker, la misma estancia en la que, día tras día, el «Führer» enviaba a miles de soldados a morir en el frente contra los rusos y desde la que no tenía reparos en fusilar a todo aquel que considerase un traidor de Alemania (independientemente de su edad y sexo).

«Bormann [el secretario personal de Hitler] indicó que cambiara de sitio algunos muebles para hacer sitio. La mesa, donde se extendía habitualmente los mapas de operaciones, se desplazó hasta el centro de la sala. Delante de la misma se dispusieron cuatro sillones: los dos de la primera línea, para Hitler y Eva. Los dos de la segunda, para Goebbels y Bormann, que habían sido designados testigos de la boda», explican Henrik Eberle y Matthias Uhl en su obra «El informe Hitler». Posteriormente, se hizo llamar a un funcionario del Ministerio de Propaganda, al que se fue a recoger en un vehículo blindado, para que oficiase la ceremonia.

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Partida de matrimonio de Hitler y Eva Archivo ABC

Cuando todo estuvo preparado, Hitler y Eva salieron de sus habitaciones cogidos de la mano. Por entonces, poco quedaba ya del glorioso líder nazi que, en otro tiempo, convencía a las masas gracias a su vehemencia. Ahora ya solo era un hombrecillo apático al que le costaba andar. «Su semblante estaba lívido, su mirada erraba de un lugar a otro. Llevaba puesto el traje arrugado con el que se había tumbado en la cama durante el día. Lucía la insignia de oro del Partido, la cruz de hierro de primera clase, y la insignia de los heridos de la Primera Guerra Mundial», añaden los expertos.

Eva Braun no lucía mejor, pues estaba pálida por la falta de sueño y se notaba que había sufrido para poder tapar sus ojeras. Vestía, por su parte, una gorra de piel gris y un traje azul marino. «Una vez en el salón de reuniones, Hitler y Eva Braun saludaron al funcionario que les aguardaba junto a la mesa. A continuación, ambos tomaron asiento en los sillones de primera fila. […] Se cerró la puerta. La ceremonia no duró más de diez minutos», afirman los historiadores en su obra.

De esta forma, se materializó un matrimonio que Hitler había rechazado hasta entonces. «En su condición de “Führer”, había declarado varias veces que él no podía ligarse personalmente a ningún ser humano: la idea estatutaria que tenía su de su función no permitía imágenes de intimidad familiar», explica, en este caso el historiador Joachim Fest en su obra: «El hundimiento».

A pesar de que duró un momento, lo cierto es que este matrimonio a la carrera trajo consigo una curiosa anécdota que se produjo cuando Eva Bran tuvo que firmar la partida de matrimonio. Y es que, en lugar de escribir «Eva Hitler», los nervios hicieron que se equivocase y pusiese «Eva B». Al percatarse del error, tachó aquella B de forma vistosa y garabateó lo siguiente: «Eva Hitler. Nacida como Eva Braun». Un gracioso suceso entre el mar de desesperación que se vivía en aquella estancia en la que, apenas un día después, ambos se suicidarían.

Descubren que Hitler bombardeó sus propias ciudades para hacer «prácticas de tiro»


ABC.es

  • Nuevos documentos de las SS desvelan como el Führer arrojó cohetes V-2 contra los mismos alemanes matando a miles de personas
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ARCHIVO ABC Las regiones más castigadas fueron las de Pomerania

Las barbaridades cometidas por los nazis contra polacos, soviéticos y, en general, judíos, son ampliamente sabidas a día de hoy. Sin embargo, lo que era hasta ahora desconocido es que los secuaces de Adolf Hitler llegaron a cometer todo tipo de tropelías contra los propios alemanes tales como bombardear ciudades germanas con cohetes V-2 para hacer «prácticas de tiro». Todo ello, en 1944. Sin duda, una nueva muesca que poner en el triste cuchillo del Führer, cuya leyenda negra se amplía día a día.

Este cruel hecho se ha sabido gracias a una serie de documentos de las SS (las tropas más ideologizadas del régimen nazi) que han salido a la luz hace pocas jornadas. En ellos queda patente como Adolf Hitler ordenó disparar varias bombas sobre algunas ciudades y pueblos germanos con el objetivo de comprobar la magnitud de la devastación de sus nuevos misiles balísticos V-2. La orden era tan secreta que fue recibida únicamente por el «Kommandostelle S», una unidad de la que se tienen pocos datos a día de hoy..

Los informes –publicados por el diario «Daily Mail»- señalan también como estos ataques provocaron la muerte de miles de ciudadanos alemanes, crímenes de los que Hitler culpó posteriormente a los aliados entre 1944 y 1945 (casi al finalizar la contienda). Posteriormente, los nazis intentaron quemar los archivos cuando el Tercer Reich se derrumbaba, pero fueron rescatados de las llamas por un personaje desconocido y fueron a parar a las manos de un coleccionista alemán que los guarda desde entonces.

Tal y como publica el diario británico, los archivos –que están escritos en hojas de papel A4- muestran que una buena parte de los cohetes fueron probados lanzándolos desde la región de Peenemünde hacia Londres, Ameberes o Lieja (territorio enemigo). Sin embargo, también dejan patente que varios tenían como objetivo ciudades alemanes en el área de Pomerania. A su vez, se cree que, posteriormente, varias unidades de las SS fueron enviadas a estas regiones aliadas para evaluar la magnitud de los daños y la devastación que podían causar las V-2.

Los informes, a la venta

Varios de estos informes serán puestos a la venta el próximo 18 de marzo, día en el que se cree que llegarán a un precio de unos 3.000 euros. «La bomba V-2 fue el primer misil balístico que de verdad pudo haber dado la victoria Hitler. Sus efectos fueron devastadores», ha señalado el portavoz de la empresa que se encargará de poner a la venta los papeles. No anda desencaminado, pues esta arma acabó con miles de enemigos y, según se creía, su capacidad de destrucción sólo podría ser superada por la futura e incompleta bomba atómica alemana.

«Esta es una prueba de lo desesperados que estaban los nazis después del Día D al percatarse de los avances de las fuerzas aliadas en toda Europa. Muchas de estas “prácticas de tiro” se saldaron con miles de muertos y cuantiosos daños materiales», ha señalado el representante de la casa de subastas. A su vez, este ha afirmado que los informes suponen toda una reliquia, pues la mayoría de archivos de este estilo fueron quemados por los miembros de las SS cuando los aliados entraron en Berlín ávidos de venganza.

Las bombas V-2

Los cohetes V-2 fueron desarrollados por el ingeniero aeroespacial alemán Wernher von Braun. Estas armas fueron las más avanzadas de su tiempo y se siguieron utilizando hasta que, en agosto de 1945, Estados Unidos arrojó las bombas atómicas en Japón. Disparadas desde unas lanzaderas de 14 metros, eran impulsadas por etanol líquido y oxígeno y cada una pesaba 13 toneladas. Podían alcanzar, además, objetivos a más de 200 kilómetros de distancia causando una gran devastación allí donde impactaran.

El pago de reparaciones de guerra abre un frente entre Alemania y Grecia


El Pais

  • La petición formal del Gobierno de Atenas a Berlín tensa la relación bilateral en plenas negociaciones con Europa

Izado de la esvástica en la Acrópolis en 1941. / BUNDESARCHIV

Deber moral, ejercicio de memoria histórica y un cierto ánimo de revancha (o de justicia poética, al menos): en la petición griega a Alemania del pago de reparaciones por la ocupación nazi (1941-44) durante la II Guerra Mundial se mezclan muchos sentimientos, sazonados por el nacionalismo que recorre todo el arco político del país, de derecha (Griegos Independientes, ANEL) a izquierda (Syriza) y viceversa. Pero, aunque suene extemporánea —Berlín lo considera un asunto zanjado—, la solicitud no se ha desempolvado de los anales; al contrario, desde 2010 era un clamor entre los sectores más nacionalistas de Nueva Democracia y Pasok, los partidos en el Gobierno hasta la victoria electoral de Syriza, el pasado 25 de enero.

En abril de 2013, un comité del Ministerio de Finanzas evaluó en 162.000 millones de euros —casi la mitad de la deuda griega, o el 80% del PIB— su cuantía, sumados el expolio y la destrucción de infraestructuras (108.000 millones) y la devolución del préstamo forzoso (54.000 millones) que el Banco de Grecia tuvo que conceder a Berlín en 1942 para financiar la ocupación. Prueba de que el asunto lleva tiempo sobre la mesa fue que en marzo de 2014 el presidente griego, Karolos Papulias —que de joven participó activamente en la resistencia—, formulara la reclamación a su homólogo alemán, Joachim Gauck, durante una visita oficial de este a Atenas.

Qué hace distinta ahora la exigencia tiene que ver con el radical cambio político y el sustrato ideológico del primer ministro, Alexis Tsipras, de orígenes comunistas (los comunistas, y la izquierda en general, fueron los grandes derrotados de la guerra civil que siguió a la ocupación). Hace una semana, el jefe del Gobierno remató su discurso programático en el Parlamento con la petición formal de compensaciones a Alemania, que figuraba en el programa electoral de Syriza. “Grecia tiene una obligación moral con su pueblo, con la historia, con todos los pueblos de Europa que han luchado y dado su sangre contra el nazismo”, dijo a pocos metros de la bancada del partido neonazi Aurora Dorada (17 escaños, tercera fuerza política del país). El mismo Tsipras, tras tomar posesión de su cargo, se dirigió al antiguo campo de tiro de Kesarianí, un barrio de Atenas, para rendir homenaje a los 200 resistentes, en su mayoría comunistas, fusilados por los alemanes el 1 de mayo de 1944 en represalia por un ataque sufrido por los suyos.

Su ofrenda floral pareció un simple acto simbólico, pero la solicitud formal de compensaciones va unos pasos más allá. “Grecia intenta usar diplomáticamente muchos medios para presionar a Alemania. Tsipras tiene motivaciones políticas y nacionales al tiempo. Su estrategia de comunicación es mostrar que protege la dignidad de los griegos, a menudo contra las políticas de Alemania. Pero a la vez muchos miembros de Syriza y el propio primer ministro creen estar en lo correcto al plantear esta reivindicación”, sostiene George Tzogopoulos, del centro de estudios Eliamep. “En las presentes circunstancias, este país necesita dinero, y las referencias a la II Guerra Mundial no ayudan. Grecia debería iniciar una disputa judicial con Alemania que llevaría mucho tiempo y cuyo resultado no está nada claro”, añade el investigador.

La memoria de la ocupación se transmite de generación en generación. Los más viejos del lugar, como Katerina Katragalos, de 85 años y vecina de Kesarianí, aún recuerdan “el chirrido de los ejes de las carretas cargadas de muertos, la mayor parte de ellos esqueletos de hambre y miseria, que eran recogidos como despojos de las calles” durante la invasión, una de las más bárbaras de Europa y que costó la vida a entre 200.000 y 300.000 griegos, según las fuentes (sólo en el invierno de 1941 a 1942 el hambre acabó con unas 100.000 personas); unas 40.000 sólo en la región de Atenas. También se recuerdan los expolios, el saqueo de cosechas, alimentos y bienes, o, en fin, la afrenta de la bandera nazi ondeando en lo alto de la Acrópolis, de donde fue arrancada por Manolis Glezos, hoy nonagenario eurodiputado de Syriza y principal promotor hace décadas de esta causa.

También ocupa un lugar destacado en los libros de texto el rosario de atrocidades perpetradas por las SS contra la población: Dístomo, donde mataron en 1944 a 218 civiles en respuesta a un ataque partisano; Kalávryta, con más de 700 víctimas mortales, o Ligiadis, con cientos de caídos. Algunos de esos crímenes de guerra, como el de Dístomo, han sido elevados a la justicia internacional, sin resultado. Ahora Atenas, con la petición a Berlín, abre un frente para restañar heridas que aún supuran, pero también para evitar males semejantes en el futuro, como apuntó hace días el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, en Berlín: Alemania, felizmente, ha erradicado el nazismo; en Grecia es la tercera fuerza política en el Parlamento.

Metanfetamina, el arma secreta de los soldados nazis durante la Segunda Guerra Mundial


web ABC.es

  • Esta sustancia fue empleada por los soldados de Hitler debido a que les permitía estar despiertos durante muchas horas
Metanfetamina, el arma secreta de los soldados nazis durante la Segunda Guerra Mundial

ORLANDO | En la Segunda Guerra mundial esta droga permitía a los soldados mantenerse despiertos 48 horas seguidas

Con este artículo me acabo de enterar que no sólo Walter Write (Breaking Bad) vivía de la Metaanfetamina, jejeje

No han pasado ni dos días desde que un coleccionista hizo público que había hallado unos informes que afirmaban que Hitler tomaba regularmente metanfetamina. Al parecer, esta sustancia le era recetada por uno de sus médicos, el cual consideraba que le podía ayudar a mantener la atención durante las interminables horas que pasaba tras una mesa organizando su particular Tercer Reich. Sin embargo, el Führer no era el único que la consumía pues, en aquella época, era muy utilizada por los soldados nazis, pues lograba mantenerles despiertos durante horas yestar siempre alerta.

A pesar de que parece un invento relativamente moderno, la metanfetamina cuenta ya con casi un siglo de vida. Creada en 1919 en Japón usando como base la anfetamina, esta droga fue ampliamente utilizada en la Segunda Guerra Mundial. Por entonces, las interminables horas de guardia y las defensas a ultranza de las trincheras a cualquier hora provocaban un cansancio extremo en los combatientes. En base a ello, muchos países consideraron necesario darles un pequeño «empujoncito» para que pudieran mantener los ojos abiertos durante más tiempo.

Entre las naciones que más repartieron la sustancia entre sus militares destacaron Alemania (a pesar de las quejas de multitud de oficiales nazis) y Japón (el país que la vio nacer), donde no era raro que los kamikazes la ingirieran o se la inyectaran en grandes dosis con el objetivo de acudir eufóricos a morir por su país. Posteriormente, y tras la contienda, esta droga fue puesta al alcance del público y comercializada en forma de medicamento. «La droga se usó en descongestionantes nasales e inhaladores bronquiales», explica el «National Institute on Drug Abuse» (NIDA).

Metanfetamina, el arma secreta de los soldados nazis durante la Segunda Guerra Mundial

Hitler pasa revista a sus tropas

A su vez, y con el paso de los años, el desconocimiento de sus posibles efectos secundarios a largo plazo provocó que fuera utilizada en la década de los 60 por muchos médicos y dietistas. «Hace 50 años los derivados de las anfetaminas y la metanfetamina eran recetados por los médicos para hacer adelgazar a sus pacientes durante las dietas, ya que reducía el apetito. Lo utilizaban por entonces sobre todo las señoras. Pero, al final, se vio lo dañinos que eran» explica, en declaraciones a ABC, Emiliano Corrales -director de la clínica Cazorla (especializada en salud mental y en todo tipo de adicciones) desde hace 30 años y responsable de la unidad de conductas adictivas del hospital Vega Baja-.

¿Qué es y por qué la usaban los soldados?

Pero ¿Qué es la metanfetamina? Conocida en la actualidad como «meth», «hielo» o «speed», puede definirse como una droga estimulante y adictiva. «La metanfetamina afecta el sistema nervioso central. Es un polvo blanco, cristalino, sin olor, y con sabor amargo que se disuelve fácilmente en agua o licor», completa el «National Institute on Drug Abuse». De la misma opinión es el «Servicio de Drogodependencia y otras adicciones de la Rioja» que, en su sitio Web explica que se presenta en polvo y se consume a través de la nariz.

En cuanto a su uso, la metanfetamina se ha hecho famosa es por su efecto estimulante, ya que produce, entre otras cosas, una disminución radical del cansancio -algo esencial para los soldados que, en medio de la Segunda Guerra Mundial, sabían que mantenerse despiertos podía significar la diferencia entre vivir o morir-. «Es muy común que esta sustancia produzca insomnio y falta de apetito mientras se consume. Es una droga que, en cierto modo, pudo ser muy útil durante aquellos años, pues permitía a los combatientes estar con los ojos abiertos durante muchas horas seguidas (hasta 48) y, después, irse a descansar», completa el experto español a este diario.

Unos riesgos demasiado altos

El problema que tenía esta sustancia para los oficiales nazis era que, a pesar de que tenía efectos muy útiles durante los extensos combates que se vivían en Europa, también producían todo tipo de consecuencia negativas. «Para empezar la metanfetamina provocan alteraciones nerviosas. Es decir, que la persona esté constantemente alerta, en tensión. También existe el riesgo de que una persona sufra un brote psicótico tras tomarla, aunque estos se producen normalmente a largo plazo y cuando el consumo es constante», sentencia Emiliano Corrales.

A su vez, tampoco gustaban demasiado a los responsables militares debido a que podían producir alucinaciones en los combatientes. «En personas jóvenes, de 18 años, pueden provocar trastornos severos que se pueden materializar de diferentes maneras. La primera es con alucinaciones visuales (en el caso de los soldados en la Segunda Guerra Mundial, ver por ejemplo a un enemigo que no estaba allí). Por otro lado, también están las alucinaciones auditivas internas (oír, por ejemplo, una voz en tu cabeza que te dice que mates a tu teniente) o externas (escuchar a alguien a tu alrededor, pero mirar y no ver nada», añade el experto español.

Los soldados, a su vez, podían sufrir delirios, como bien explica el director de la clínica a este diario: «Los delirios son más frecuentes. Se producen cuando alguien hace una interpretación errónea a algún estimulo externo. Si, por ejemplo, alguien te mira en medio de la calle, tú puedes pensar que puede que te conozca de algo. Alguien con delirios puede considerar que está planeando hacerle algo malo y actuará, por ello en consecuencia. En ese caso, no sería raro que un soldado disparara contra sus propios compañeros»

Los otros efectos

A corto plazo, además, la metanfetamina aumenta la sudoración de aquel que la haya consumido, genera vértigos y temblores e, incluso, agresividad e irritabilidad. Además, puede llevar a problema todavía más serios: «También puede causar una variedad de problemas cardiovasculares, incluyendo un aumento en la frecuencia cardiaca, latido irregular del corazón y elevación de la presión arterial. Una sobredosis de la droga puede elevar la temperatura del cuerpo a niveles peligrosos (hipertermia) y producir convulsiones, que si no se tratan inmediatamente pueden resultar fatales», completa el «National Institute on Drug Abuse».

Por otro lado, si el abuso de la metanfetamina es constante, se puede desarrollar una tolerancia a ella. Esto lleva al cuerpo a acostumbrarse a sus efectos y a necesitar una cantidad mayor para sentir las sensaciones a corto plazo que, anteriormente, se conseguían con una dosis pequeña. «Con el fin de intensificar los efectos deseados, los abusadores pueden tomar dosis más altas de la droga, consumirla con más frecuencia o cambiar el método de administración. El síndrome de abstinencia ocurre cuando el abusador crónico deja de usar la droga y entre sus síntomas están la depresión, la ansiedad, el agotamiento y un deseo vehemente por la droga (“craving”)», finaliza el NIDA.

El tratamiento psicológico de las adicciones

Goebbels, el nazi romántico


El Mundo

  • Sus amoríos eran famosos por toda Alemania, pero Hitler le prohibió divorciarse
  • Además de las cartas, el lote contiene trabajos universitarios y escolares
  • En su diario dejó constancia de su proceso de enamoramiento de Hitler

Los amoríos de Goebbels eran famosos por toda Alemania. Sus aventuras fueron tan notorias y escandalosas, incluso después de convertirse en ministro del Reich, que su mujer, Magda, se hubiera divorciado en más de una ocasión si no fuera porque su adorado Führer era resueltamente contrario a cualquier desavenencia matrimonial en personas que ocupaban tan altas responsabilidades como el Doctor Goebbels.

Su flirteo con Lida Baarova, por ejemplo, una joven actriz checa de 22 años, no fue para nada del agrado de Magda quien, por otro lado, también mantenía algún que otro idilio extramatrimonial. Orgullosa, no dudó en pedir el divorcio a Hitler. Pero la separación del entonces ministro de Propaganda y la mujer ejemplar alemana sería nefasta para la imagen de los nacionalsocialistas, por lo que el Führer se negó en redondo, obligó a Goebbels a separarse de su amante y decretó que el matrimonio continuara y que Magda siguiese representando el papel que ella misma había escogido de esposa y madre alemana ejemplar.

La erótica del poder debió de causar estragos entre aquella colección de actrices y cantantes, porque Goebbels, en cuestión, no era un hombre de físico atractivo, sino de acusada baja estatura y con un pie contrahecho que arrastraba al caminar. Pero contaba con el arma irresistible de la oratoria, con la que igualmente ganó masas para la causa nazi y acompañantes para alcobas de refugios de montaña por toda la geografía alemana.

Cartas y poemas

La prueba la tenemos ahora en la colección de cartas de amor de juventud que una casa de subastas de Connecticut, Alexander Historical Auctions,planea vender el 27 de septiembre en Stamford. Sus cartas personales guardan sin duda claves históricas sobre la personalidad que tanta influencia llegaría a tener en la Alemania del Tercer Reich. Pero las decenas de poemas, y las cartas personales a amigos y novias ofrecen además una visión de las artes de engatusamiento que Goebbels ensayó con jovencitas universitarias y después aplicaría a la seducción ideológica de toda una nación.

Bill Panagopulos, presidente de la casa de subastas, sostiene que esta colección de cartas “muestra cómo este simple estudiante universitario, tímido y enamorado, encontró en la radicalización una forma de destacar en su entorno, dando alas a su romanticismo hasta despegarse del sentido de la realidad, pero con un efecto evidente sobre sus objetivos”.

Además de las cartas, el lote contiene trabajos universitarios, ensayos escolares “y mucha información para alguien que quiera escudriñar en la mente de este hombre que se convirtió en un lunático”, explica Panagopulos, que subraya como un indicio temprano de su ego enfermo el hecho de que Goebbels firmase algunos de sus materiales de juventud con varias rúbricas.

Críticas de las víctimas del nazismo

‘Der Spigel’ ya dio cuenta en 2011 de la subasta de un primer lote de material y ahora es la agencia AP la que se hace eco, tanto de la nueva venta como del disgusto que causa entre las asociaciones de supervivientes del nazismo, que consideran que este tipo de documentos deberían ser donados a instituciones históricas de investigación sin objetivo de lucro y advierten que en una subasta abierta corren el peligro de caer en peligrosas manos.

Del primer lote vendido hace dos años, lo más valioso para los investigadores fue el análisis del sus textos manuscritos, que muestran una evolución psicológica respecto a los muchos posteriores conservados. Sobre el carácter de Goebbels apenas aportan novedades. Es un hecho conocido que siempre fue un hombre enamoradizo.

En su diario personal dejó constancia de la más fatal de sus atracciones, su proceso de enamoramiento de Hitler, al que terminó sirviendo con auténtico y sincero fervor. “He estado hablando con él durante tres horas y es capaz de hacerme dudas de mis propias opiniones. No estoy de acuerdo, le hago preguntas y él me devuelve respuestas irresistibles. Le amo”, escribió.

El hombre que negó el saludo nazi


El Mundo

Se llamaba August Landmesser y en 1936, en pleno auge del nazismo, este hombre decidió negar el saludo nazi. ¿Por qué? Detrás una conmovedora historia que hoy vuelve a la retina gracias a que el blog Senrimonchi, creado para facilitar las tareas de socorro tras el terremoto de Japón en marzo de 2011, ha recuperado la imagen de Landmesser y ha dado la vuelta al mundo.

En una de las puestas de largo del régimen alemán, una multitud de personas se congregaba en Hamburgo para presenciar el estreno de un buque escuela de la marina alemana. Mientras todos levantaban su brazo al unísono para realizar el saludo nazi, uno de los hombres se mantuvo con sus brazos cruzados.

Sin embargo, no fue hasta el año 1991 cuando una de sus hijas identificó a este hombre como August Landmesser, un trabajador del astillero de Hamburgo. Esta semana la imagen ha dado la vuelta en Internet, con más de 26.000 entradas, después de que un blog la recuperara.

Landmesser aparentemente tenía una razón muy personal para no realizar el saludo. Aunque se cree que fue del Partido Nazi desde 1931 y hasta 1935, fue expulsado por haberse casado con una mujer judía, Irma Eckler.

Con ella tuvo dos hijas y fuer por ello por lo que le metieron en la cárcel por “deshonrrar a la raza”. De Irma, se cree que fue detenida por la Gestapo y metida en la prisión de Hamburgo y sus hijas (Ingrid e Irene)separadas.

A Ingrid se le permitió vivir con su abuela materna, mientras que Irene fue llevada a un orfanato y más tarde adoptada por una familia.

Una vez que Landmesser salió de prisión en 1941 fue enviado a la guerra, aunque pronto se le declaró como desaparecido en combate y se le dio por muerto, tal y como publica ‘The Washington Post’.

En 1996 una de sus hijas, Irene, escribió la historia de su familia con el fin de contar al mundo la desgarradora historia de su padre y su madre y de cómo fueron separados por el rémigen nazi. La suerte ha querido que gracias a Internet su historia se haya recuperado de nuevo hoy.

Los Himmler, una estirpe de verdugos


ABC.es

  • Katrin Himmler, descendiente del comandante en jefe de las SS, ajusta cuentas con el pasado de su familia en una estremecedora investigación personal: «Los hermanos Himmler»

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Hay que decir, antes que nada, que la vida de la autora de la biografíaLos hermanos Himmler, la licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Libre de Berlín Katrin Himmler (1967), merece no solo otra biografía ampliada, sino toda una novela. Nieta de Ernst Himmler, hermano de uno de los más poderosos y siniestros gerifaltes del Tercer Reich, Heinrich Himmler, Katrin contrajo matrimonio con un judío israelí descendiente de una familia superviviente del gueto de Varsovia.

Katrin emprendió una investigación personal para descubrir lo que de verdad se ocultaba tras los mitos familiares, que hacían recaer toda la culpa de lo acaecido en un solo miembro, su tristemente famoso tío abuelo Heinrich –difuminando así la auténtica implicación del resto de la familia, según nos dice ella misma en el prólogo–, y viajó a países como Polonia o Israel, «cuya Historia está tan íntima y trágicamente vinculada con la de Alemania y mi familia». No hay que olvidar que en Polonia, Heinrich Himmler había organizado la despiadada campaña de exterminio racista contra el «subhombre judío y eslavo».

La autora destapa la trama de crímenes tejida por no pocos alemanes

Comandante en jefe de las SS, jefe de la Gestapo, ministro del Interior, supervisor personal del programa de «limpieza racial aria», impulsor de infames experimentos científicos realizados con seres humanos y, por un breve tiempo, durante el sitio de Berlín, desastroso comandante de los Ejércitos del Vístula, Himmler, cumpliendo fielmente los deseos de su idolatrado Führer, gestionó eficazmente la matanza metódica y sistemática de millones de personas, no solo judíos –la gran fijación de Hitler–, sino también polacos, gitanos, homosexuales, comunistas y discapacitados en general.

Grado de implicación

Katrin Himmler, familiar directa de una estirpe vergonzosa de verdugos, casada con un descendiente de los masacrados, arregla cuentas con su pasado. Pero su biografía, además, describe, en todos sus más sutiles y sinuosos meandros, el grado de implicación, las prácticas y los circuitos normalmente usados en aquellos días para involucrarse, el apoyo activo a la política de represión, la participación en las gratificaciones del régimen y la vecindad estrechísima y nada ocasional –como muchas veces se quiso demostrar en los juicios de Núremberg y similares– con sus crímenes.

Lo más interesante de esta biografía de una «familia normal» alemana, los Himmler, que encarna toda una época y pone al descubierto, de forma microscópica y atroz, la compleja y extensa trama de crímenes tejida por un gran número de alemanes –de modo distinto, con diferente protagonismo y con intensidad variable–, es conocer precisamente el día después, las trayectorias posteriores, psicológicamente escapistas o psicológicamente responsables, que utilizaron los culpables y sus vástagos para afrontar el pasado.

La biografía de esta «familia normal» encarna toda una época

No es nada nuevo decir que para el nacionalsocialismo la familia era algo fundamental para la educación de «futuros jefes» y para la extensión del concepto de raza. Algo que, por cierto, desde el primer momento le fue encomendado a un ultranacionalista fanático como Himmler; a fin de cuentas, élfue el principal encargado de la «política racial» del Reich, creando, bajo supervisión de Hitler, la Sociedad de la Herencia Ancestral, en la que se estudiaban los árboles genealógicos de los antepasados, en busca de los orígenes de la raza pura aria.

Búsqueda de responsabilidades

El libro de Katrin extiende un inquietante y turbio manto de respuestas que van desde los cínicos, e incluso desafiantes, estados de amnesia selectiva a los dolorosos procesos de investigación y búsqueda exacta de responsabilidades, caso por caso, dentro de aquellas gigantescas fantasías de destrucción que azotaron a generaciones enteras, engendrando desde la cuna monstruos como Heinrich Himmler.

En vez de enfrentarse valientemente a su destino, en el último momento Himmler intentó salvar de forma cobarde, o en un acto último de desquiciada megalomanía, el pellejo. En su caso, sería a través del conde Bernadotte, al mando de la Cruz Roja Internacional, ofreciéndose para representar un papel, cualquier papel, en la nueva Alemania de transición. Propuesta que Eisenhower rechazó de forma furibunda, declarándole el mayor criminal de guerra de la Alemania nazi.

Los hermanos Himmler

KATRIN HIMMLER
Libros del Silencio 405 páginas, 24 euros

Austria restaurará el antiguo campo de concentración de Mauthausen para prevenir el resurgir del nazismo


El Pais

Prisioneros en Mauthausen reciben a las tropas que liberaron el campo en 1945. En la torre, una pancarta de los españoles. / NATIONAL ARCHIVES

Prisioneros en Mauthausen reciben a las tropas que liberaron el campo en 1945. En la torre, una pancarta de los españoles. / NATIONAL ARCHIVES

Austria restaurará y modernizará el antiguo campo nazi de concentración de Mauthausen, conocido como “el de los españoles”, por la gran cantidad de republicanos de España que fueron asesinados allí, más de 7.000 de las cerca de 120.000 personas, de las que casi 15.000 eran judíos.

El fin de la iniciativa es contribuir a prevenir el resurgimiento del sentimiento nacionalsocialista y “enviar una señal de que la República de Austria asume su responsabilidad nacional e internacional a la hora de conmemorar a las víctimas del régimen nazi” y “de que es contraria a la intolerancia, el racismo y el antisemitismo”, indicó la ministra austriaca de Interior, Maria Fekter.

El antiguo campo es el lugar más claro en Austria de memoria histórica de los crímenes del nacionalsocialismo y tiene una triste relevancia internacional por la enorme cifra de ciudadanos de diferentes países que fueron deportados en él en la segunda conflagración mundial, recordó la ministra.

Lo que actualmente es un lugar de conmemoración de las víctimas del III Reich de Adolf Hitler y una exhibición en la que se muestran las atrocidades de esa época permite ver tan sólo una pequeña parte de las estructuras de ese campo nazi y del cercano de Gusen dado que nada queda de sus otros campos subordinados, todos en torno a los pueblos de Mauthausen y de Gusen, cerca de la ciudad de Linz (en el noreste de Austria y a poco más de 150 kilómetros de Viena), que funcionaron desde 1940 a 1945.

Esos dos campos principales del complejo, llamado Mauthausen-Gusen, fueron clasificados de “grado III”, es decir, que estaban destinados a ser los más duros “para los enemigos políticos e incorregibles” del nazismo, por lo que, frente a otros, fueron usados principalmente para la maquinaria de exterminación masiva mediante el trabajo forzado hasta la muerte, el apaleamiento, las armas de fuego y las cámaras de gas.

Fueron prisioneros españoles los que se hicieron con el control del campo de Mauthausen cuando huyeron los nazis y fueron sustituidos por policías al final de la II Guerra Mundial y colgaron una pancarta ante el portón de entrada realizada por el dibujante y pintor prisionero en él Francisco Teix, que decía en español Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras, que fueron unidades del ejército estadounidense el 5 de mayo de 1945.

A 1,7 millones de euros ascenderá la primera fase del proyecto, cuya finalización se prevé para comienzos del año 2013. Comprenderá una nueva exposición permanente y otra sobre la exterminación en masa en ese complejo de concentración y exterminio, y el aumento de los programas educativos existentes, así como será creada “la sala de los nombres”, dedicada a los que fallecieron allí.

Unas 200.000 personas visitan anualmente el antiguo campo anualmente y muchas de ellas son estudiantes, por lo que es importante que se emprenda este plan de saneamiento para adaptarlo a la actualidad, aseveró la ministra.

A las órdenes de su peor enemigo


JACINTO ANTÓN – El Pais

Un libro documenta la presencia de soldados de origen judío en el Ejército nazi – El historiador Bryan M ark Rigg calcula que fueron 150.000 en todos los cuerpos

El soldado Wolfram Günther sirvió en una unidad de Sturmgeschütz (cañón de asalto) de la Wehrmacht en el frente del Este; en un solo día destruyó varios carros de combate rusos y sus valientes acciones de guerra le granjearon la Cruz de Hierro. El capitán Klaus von Schmeling-Diringshofen, al mando de la 1ª Compañía del 73º Regimiento de Infantería, cayó heroicamente en combate al frente de sus hombres en Polonia, tuvo derecho a un elogio fúnebre radiofónico y fue enterrado en un féretro cubierto por una bandera con la cruz gamada. El as de caza Sigfried Simsch logró 95 derribos y la Cruz de Caballero. Bernahrd Rogge fue uno de los más osados capitanes de navío de superficie alemanes: al mando de su famoso crucero auxiliar, el legendario buque corsario Atlantis, hundió o capturó 22 navíos aliados y tuvo en jaque a toda la flota británica (la película Bajo diez banderas narra sus hazañas). Esos cuatro militares que lucharon por el III Reich durante la II Guerra Mundial presentan una sorprendente característica común: ¡tenían orígenes judíos!

De manera que nos puede parecer increíble, los cuatro hombres sirvieron a las órdenes del que en realidad era su principal enemigo, Adolf Hitler, que mientras tanto estaba planificando o ejecutando la persecución y el asesinato de los que eran como ellos.

Su peripecia no es en absoluto excepcional. El historiador estadounidense Bryan Mark Rigg, del que se acaba de publicar en español su pormenorizado y monumental estudio La tragedia de los soldados judíos de Hitler (Inédita), ha documentado decenas de miles de casos de personas de origen judío que lucharon en el bando alemán en todas las ramas de las Fuerzas Armadas hitlerianas, sobre todo la Wehrmacht, pero también la Luftwaffe, la Kriegsmarine (hubo almirantes y un comandante de submarino de origen judío, Helmut Schmoenckel, del U-802) e incluso las Waffen SS (hasta un teniente coronel), que, si tienes familia hebrea, ya es rizar el rizo.

Rigg calcula que fueron como mínimo 150.000 (la cifra es discutida por estudiosos como Cesarini y Bartov). Aunque muchos fueron discriminados y expulsados, algunos de esos hombres alcanzaron las más altas graduaciones -uno, Milch, llegó a mariscal de campo- y recibieron las condecoraciones más importantes. Cómo el ejército de un régimen antisemita que diabolizó y exterminó a los judíos tuvo en sus filas a millares de los que consideraba sus peores enemigos, y cómo personas a las que se juzgaba racialmente inferiores y a eliminar aceptaron luchar -y morir- por sus potenciales asesinos en contra de sus salvadores; cómo, en resumen, pudo alguien recitar, aunque fuera por lo bajinis, el Kadish en la Wehrmacht, son las alucinantes cuestiones a las que trata de responder este libro. Rigg no sólo ha consultado una apabullante documentación, sino que realizó 430 entrevistas con soldados supervivientes de origen judío.

El resultado del estudio es un amplísimo y conmovedor fresco en el que cabe de todo, como en la naturaleza humana. Muchas de las personas de origen judío que lucharon bajo las banderas del Reich lo hicieron porque no tenían otra alternativa, porque consideraron que eso les daba más posibilidades de supervivencia en el régimen hitleriano, a ellos y a sus familias, y porque los obligaron. “Sabía que todo lo que hacía iba contra mis intereses y los de los míos, pero qué iba a hacer”, explicó el cabo Richard Riess. Otros muchos, y esto es más sorprendente, lo hicieron porque se consideraban plenamente alemanes y creían su deber combatir por su patria; pensaban incluso -ingenuamente- que luchar, y hacerlo bien, con valor, les devolvería la estima de las autoridades y de sus compatriotas. Hay que resaltar que la inmensa mayoría de los soldados de origen judío, según ha constatado Rigg, ignoraban el alcance de la persecución nazi y el horror de los campos de exterminio. También hubo casos de personas que escondieron su identidad y se camuflaron bajo el uniforme: el lugar más seguro podía ser la boca del lobo. Y un puñado de malvados -los hay siempre- a los que no les importó subirse al carro de los verdugos.

Por su parte, los dirigentes del III Reich, empezando por el propio Hitler, demostraron, dentro de su patológico e irreductible odio a los judíos, a veces un sorprendente pragmatismo: la eliminación de algunos militares de origen judío podía esperar o incluso aplazarse definitivamente en función de los méritos de éstos que al cabo ayudaban a ganar la guerra. Es célebre la frase de Goering, que tenía bastante manga ancha en la Luftwaffe: “Wer Jude ist, bestimme ich!” (“¡Yo decido quién es judío!”). Hitler, que siempre tenía en realidad la última palabra, personalmente autorizó que determinados militares permanecieran en el ejército pese a sus orígenes, y hasta permitió que ascendieran y que ocuparan puestos relevantes como generales, pilotos de caza o comandantes de navíos de guerra. Un caso es el del célebre general Fritz Bayerlein, mano derecha de Rommel, que fue forzado a retirarse en 1934 por poco ario (una cuarta parte de sangre judía) y al que el Führer concedió una dispensa para seguir sirviendo: acabó la guerra con la Cruz de Caballero con espadas y hojas de roble y al mando de la división acorazada de élite Panzer Lehr.

Para entender bien el caso de los soldados judíos de Hitler, hay que sumergirse en el desquiciado y a menudo contradictorio mundo de las teorías raciales nazis y las leyes que emanaron progresivamente de éstas. Dentro de lo que consideraban judíos, los nazis distinguían entre judíos propiamente dichos (de padre o madre judíos, a eliminar los primeros) y Mischlinge (mestizos cruzados): medio judíos (con dos abuelos judíos) y judíos de un cuarto (con un abuelo judío), que vendrían después. Estos conceptos que nos pueden parecer absurdos pero que para miles de personas significaron una cuestión de vida o muerte convirtieron la identidad judía en algo rocambolesco y abracadabrante. De hecho, se da la paradoja de que muchos a los que los nazis tenían por judíos, un rabino ortodoxo no los habría considerado nunca así. Ellos mismos tampoco se consideraban en muchos casos judíos. Gran cantidad de Mischlinge sólo descubrieron sus orígenes judíos gracias a los nazis. A alguno que era miembro de la SA o las SS le proporcionó el natural disgusto.