La máscara dorada de Tutankamón recupera su esplendor


ABC.es

  • La pieza regresa al Museo Egipcio de El Cairo tras ocho semanas de restauración. Ahora los egiptólogos investigan si la máscara estaba destinada a Nefertiti
 La máscara de Tutankamón, de nuevo en el Museo Egipcio de El Cairo - AFP

La máscara de Tutankamón, de nuevo en el Museo Egipcio de El Cairo – AFP

Pocos sentirán alguna vez la expectación, el aire contenido o el temblor de manos que debió sentir Howard Carter cuando el cincel y luego las manos de su equipo levantaron la tapa del sarcófago de Tutankamón y descubrieron su momia, con la cara cubierta por una fastuosa máscara funeraria. La pieza, de 11 kilos de oro y con incrustaciones de piedras semi preciosas, se convirtió con el paso de los años en el objeto estrella del Museo Egipcio en El Cairo, visitado por miles de personas al año. Hoy, tras un proceso de restauración de ocho semanas, la máscara dorada vuelve a recibir a los visitantes, «coronando la colección de objetos del pequeño faraón» de nuevo en su urna del Museo Egipcio, declaró ayer en El Cairo el ministro de Antigüedades egipcio, Mamdouh El Damaty.

En verano de 2014, durante unas obras para renovar la iluminación del edificio, un golpe desprendió la perilla de la figura, de más de 3.000 años de antigüedad. Temerosos, trabajadores del museo decidieron pegarla de nuevo de forma algo rudimentaria, utilizando un pegamento «epoxy» antes de que se detectara el accidente. No lograron esquivar el escándalo: el intento de arreglo fue tan burdo que colocaron la barba del faraón ligeramente hacia a la izquierda y dejó parte del pegamento a la vista.

Al inicio de la restauración, financiada por Alemania, se temió que el daño fuera irreversible dada la agresividad del «epoxy», resina que penetró en la barba de la máscara y que no es soluble, por lo que los usuales métodos de restauración resultaban inútiles. El primer reto –explicó en rueda de prensa el director del equipo egipcio-alemán de restauración, Christian Eckmann– fue separar ambas piezas, para lo que utilizaron pequeñas varillas de madera con las que cuidadosamente rasparon durante cuatro semanas el pegamento, tras calentar ligeramente la resina.

Según contó el restaurador, «las varillas de metal quedaron descartadas para no dañar el oro de la máscara». Una vez separadas, el equipo retiró del interior de la barba las distintas capas de pegamento utilizadas desde que en 1946 se pegó por primera vez y que habían penetrado en la barba hueca.

Finalmente y tras un delicado proceso, devolverla a su lugar, pero «de manera reversible», el principio básico de toda restauración, añadió Eckmann. Con cera natural de abeja –fácil de eliminar si fuera necesario–, el equipo germano-egipcio colocó la perilla de nuevo en la barbilla del faraón mediante un tubo interno, también de oro, que unía ambas piezas.

Los misterios de la máscara

Sin embargo, no es la perilla del pequeño faraón lo que atrae ahora la atención de los egiptólogos, sino sus orejas perforadas. Según hipótesis del investigador británico Nicholas Reeves, que actualmente busca la tumba de Nefertiti tras las paredes de la cámara funeraria de Tutankamón, el hecho de que la máscara cuente con lóbulos perforados para pendientes indica que estaba pensada para ser llevada por una mujer. Y esa mujer, insiste Reeves, podría ser Nefertiti, la hermosa madrastra del faraón.

La repentina muerte de Tutankamón tras un brevísimo reinado forzó a que se reciclaran para él la tumba y el ajuar destinado a otra persona, probablemente alguien cercano al monarca. Con la vista fija en las paredes norte y oeste de la tumba descubierta por Carter en Luxor, Reeves defiende que esa máscara fue diseñada para la hermosa reina Nefertiti y luego reutilizada por su hijastro. A las orejas perforadas, «típicamente femeninas» durante la XVII Dinastía, añade que el cartucho con el nombre de Tutankamón fue superpuesto encima de un nombre anterior. «Es Nefertiti», insiste el egiptólogo.

 

La Fundación Arqueológica Clos cede al Museo de Culturas del Mundo de Barcelona 37 obras precolombinas


El Mundo

  • Entre las piezas destacadas se encuentra una figura antropomorfa con máscara de ave
  • Además de los objetos precolombinos también existen dos indias y una faraónica
El alcalde de Barcelona, Xavier Trias, junto a propietario de la...

El alcalde de Barcelona, Xavier Trias, junto a propietario de la fundación arqueólogica del Museo Egipcio, Jordi Clos, durante el acto de cesión de las 37 obras de arte precolombino.ALEJANDRO GARCÍA Efe

34 piezas precolombinas, 2 indias y una faraónica ha sido lo que ha entregado la Fundación Arqueológica Clos al Museo de Culturas del Mundo de Barcelona. Unas obras representan un 15% de la colección, pues la muestra se compone de 300 objetos que permiten “un recorrido amplio por la cultura precolombina”. Entre las piezas destacadas se encuentra una figura antropomorfa con máscara de ave, que mantiene un buen estado de conservación.

Además de la cesión, la Fundació Clos también colaborará con el Museo en actividades relacionadas con la colección, como conferencias, cursos, talleres y una biblioteca asociada al fondo museístico: “Tuvimos la suerte de comprar la biblioteca Masdeu de los siglos XVI i XVII, son los libros que hicieron los primeros misioneros que fueron de expedición a América”, señaló Jordi Clos, fundador de la Fundació Arqueològica Clos.

El Museu de Culturas del Mundo se inaugurará el próximo 7 de febrero en los Palacios Nadal i Marquès de Llió en la calle Montcada de Barcelona.

Egipto fuera de Egipto


El Pais

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Mastaba (tumba en forma de pirámide truncada) de Mereruka (hacia 2300 antes de Cristo), visir del faraón Teti (VI Dinastía). / ISIDORO MERINO

Las cosas se han puesto feas en Egipto, un país maravilloso y fascinante al que recomiendo viajar en cuanto las aguas se calmen. Entre tanto, habrá que conformarse con los tesoros del arte faraónico (algunos, fruto del expolio sistemático de templos y tumbas por aventureros como Giambattista Belzoni) que se exhiben en museos de Europa y Estados Unidos.

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Museo egipcio de Turín (Italia)

En 2006, el escenógrafo Dante Ferretti, colaborador de Fellini y Pasolini, recreó la penumbra de una tumba faraónica para transformar la colección de esculturas del Museo Egipcio de Turín, una de las más importantes del mundo, en un espacio solemne y misterioso donde destaca una figura  sedente de Ramsés II, la joya del museo, fundado en 1824 por el rey Carlo Felice de Saboya con las estatuas, papiros, cerámicas, amuletos, muebles, momias, joyas, objetos domésticos y ajuares funerarios reunidos por Bernardino Drovetti (1776-1852) durante su estancia como cónsul francés en Egipto. Drovetti aprovechó su amistad con el virrey Mohamed Ali para sacar del país  más de 5.000 piezas que vendió por una fortuna.  Excavaciones posteriores, como las que realizaron Ernesto Schiaparelli y Giulio Farina entre 1903 y 1937, contribuyeron a enriquecer los fondos de la colección, que hoy cuenta con más de 26.500 piezas, de las que sólo unas 6.500 pueden ser expuestas.  EL PAÍS / EFE

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Museo Gregoriano Egipcio en los museos Vaticanos. Roma (Italia)

Creado por el papa Gregorio XVI en 1839, buena parte de sus fondos proceden de excavaciones en Roma y   Villa Adriana (Tívoli), lo que demuestra la importancia que alcanzó el culto a Isis, importado de Egipto, durante la época imperial.  Nicho de la Piña, con varias estatuas de la diosa Sejmet. / I. M.

 

Busto de Nefertiti en el Neues Museum

Neues Museum. Berlín (Alemania)

Hace 100 años que la bella Nefertiti,  “señora de la dulzura”, esposa del faraón Akenatón (1353-1336 a. C), llegó a Berlín. Su célebre busto, convertido en canon de belleza, fue  hallado entre las ruinas del taller del escultor Tutmose en el curso de las excavaciones en Tell el-Amarna que dirigía el egiptólogo alemán Ludwig Borchardt; hoy reina altiva desde su pedestal en las salas de arte egipcio del Neues Museum, remodelado por el arquitecto británico David Chipperfield. /ACHIM KLEUKER / STAATLICHE MUSEEN ZU BERLIN

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Metropolitan Museum. Nueva York (Estados Unidos)

Cerca de 26.000 objetos, de un período que abarca desde el paleolítico a la era romana (300,000 a.C.–siglo IV d. C) constituyen las colecciones egipcias del Metropolitan, fruto de las misiones arqueológicas iniciadas por el museo en 1906. La estrella del museo es el templo de Dendur (siglo I a. C.), gemelo del madrileño de Debod y al igual que este, un regalo del Gobierno egipcio por la ayuda en el salvamento de los monumentos de Nubia tras la construcción de la presa de Asuán. Templo de Dendur / WIKIMEDIA

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British Museum. Londres (Reino Unido)

Junto a  tesoros como los mármoles del Partenón (reclamados por Grecia), el estandarte de Ur o las esculturas del mausoleo de Halicarnaso, el edificio neoclásico del British Museum, en el barrio londinense de Bloomsbury, alberga uno de los mayores conjuntos de sarcófagos, papiros y esculturas faraónicas. En él también se exhibe la piedra de Rosetta, que permitió a Champollion descifrar los jeroglíficos. Foto: Juicio de Hu-Nefer. Papiro tebano de la 19ª dinastía. / BRITISH MUSEUM

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Museo del Louvre. París (Francia)

El primer conservador del departamento de antigüedades egipcias del museo del Louvre fue Jean-François Champollion, padre de la egiptología moderna. En sus salas se pueden contemplar maravillas como El escriba sentado, una de las obras maestras del Imperio Antiguo, hallada en la necrópolis de Saqqara, cerca de Menfis (en la foto). / MUSÉE DU LOUVRE

120 años de momias a la española


El Pais

Una exposición en el Museo Egipcio de El Cairo celebra la aportación de las misiones hispanas – Con ella, Molina considera “saldada la deuda” con los arqueólogos

Se les veía tímidos y algo incómodos en sus ropas formales, y ninguno llevaba látigo ni sombrero Fedora, pero concentraban en sus manos y corazones más empeño y aventura que Indiana Jones. El puñado de hombres y mujeres discretos que ayer se congregó en el Museo Egipcio de El Cairo para celebrar los 120 años de las excavaciones españolas en Egipto y presentar la exposición que con ese motivo se ha organizado en el centro, eran los egiptólogos de campo, los profesionales que con tesón y esfuerzo, arrancando sus secretos a la arena, sus misterios a la eternidad, han hecho avanzar decisivamente ese sector de la ciencia en España. Ahí estaban Mari Carmen Pérez Die, de Heracleópolis; Josep Padró, de Oxirrinco; José Manuel Galán, de Dra Abu el Naga -que en una iniciativa que le honra se trajo a su capataz, el inconmensurable rais Alí, para homenajear a todos los trabajadores egipcios-; Josep Cervelló, de Kom El-Khamasin; Luis Gonzálvez, de Meydum y Sharuna; Myriam Seco, que excava el templo funerario de Tutmosis III… Incluso se dejó caer Eduard Porta, el hombre vivo que más ha intimado con Nefertari.

Daban ganas de gritar, como hizo aquel dragón francés durante la expedición de Bonaparte a los científicos en medio de un ataque mameluco: “¡Los asnos y los sabios en medio!”. Han traído con ellos, los sabios, cosas maravillosas pero sobre todo su arrojo, su ilusión y su ejemplo.

“Hoy se salda, no sé si del todo pero bastante, la deuda que tenemos los españoles con vosotros y con los que han trabajado durante estos 120 años aquí, a menudo en condiciones difíciles y con pocos medios”, sintetizó el ministro de Cultura, César Antonio Molina, que inauguró oficialmente la exposición junto al todopoderoso secretario de antigüedades egipcio Zahi Hawass (al que Molina entregó ante el actor Omar Sharif la Orden de las Artes y las Letras de España por su aportación a la cultura española). Algún ojo se humedeció, pero seguramente era el áspero viento del desierto capaz de desgastar, es sabido, las cornisas de los templos y hasta el curtido rostro de la esfinge. Molina, con un aire enigmático (son días complicados si uno es ministro), se comprometió a apoyar “en serio” a la arqueología y a los arqueólogos y subrayó su intención de impulsar los institutos de Arqueología en el extranjero, “que nunca han funcionado”.

Fue ayer el gran día de la egiptología española, su definitiva puesta de largo, la confirmación internacional de su importancia. “Es nuestra gran fiesta, en la casa madre de la egiptología”, destacó Pérez Die, decana del grupo, que este año ha cumplido sus bodas de plata con Herishef -el dios principal de Heracleópolis-. “Los españoles llegamos tarde a la egiptología, pero nos hemos esforzado; cumplimos y no pasamos inadvertidos”. La exhibición, organizada por Cultura y el museo, con la colaboración de otras instituciones como la fundación Aga Khan, la embajada española y el Cervantes, ocupa la sala 44 del museo, habitual para exposiciones temporales, y también, excepcionalmente, la contigua 45, un gran espacio de paso que garantiza una enorme afluencia de visitantes. Disponer de tanto espacio en el sanctasanctórum de la egiptología mundial, donde cada centímetro está abarrotado de obras maestras, es un privilegio raro, único.

La exposición cuenta ya con el reclamo de una pieza sensacional fuera: la colosal estatua de Khamerernebty, hija de Keops, que alude a las excavaciones pioneras del conde Vicente de Galarza, en Giza, en 1907. La exhibición propiamente dicha, sobria y efectiva, muy bien presentada, compuesta por 137 piezas y que puede visitarse hasta el 6 de junio (se está estudiando que pueda viajar a España), arranca con la puerta de la tumba de Sennedjem, excavada en 1886 por el verdadero primer egiptólogo español, Eduard Toda. Esa preciosa puerta simboliza, explicó Pérez Die, comisaria de la exposición, “nuestra propia entrada en la egiptología”.

Después pueden verse objetos únicos excavados por Toda: la caja de canopos (para las vísceras), el sarcófago y la tapa antropomorfa de la momia de Sennedjem, el justificado. El propio Sennedjem participa en la fiesta, pues su momia permanece en el interior del ataúd. A Toda, hombre cachondo, al que le gustaba disfrazarse él mismo de momia le hubiera encantado ver su trabajo destacado tan prolijamente. Su capacidad de evocación no ha sido superada por sus sucesores; hay que ver cómo describía los restos humanos esparcidos por la arena, los cráneos “cuya órbita conserva el apagado ojo del difunto”, las mandíbulas “que guardan aún la lengua”, todo ello “pasto de las hienas y festín de los chacales”. ¡Eso sí que era crear afición! Unas fotos recuerdan el papel decisivo para la egiptología española de la colaboración de España en el salvamento de los templos de Nubia en los años sesenta.

Ya en la sala 44 se encuentra uno de los primeros objetos de Oxirrinco, entre ellos una contundente tapa de sarcófago saíta de piedra y una vitrina con el asombroso contenido de un nicho ceremonial del templo de Osiris que se excava en el lugar. Las excavaciones de Heracleópolis se llevan la parte del león de la exposición y todo el mundo está de acuerdo en que es lo justo: fantásticas estelas de falsa puerta, los canopos de la sacerdotisa Tanetamun, un collar de lapislázuli, cornalina y oro, el contundente dintel de Osorkon. Galán ha elegido para representar las tumbas de Dra Abu el Naga que excava objetos sobre todo de madera: maravillosa la galería de rostros de tapas de ataúdes, en diferentes colores, negro, amarillo, rojo. El resto de los trabajos españoles -a excepción del de Cervelló, del que se exhiben varios bloques con inscripciones- están representados sólo por información en un gran panel. Sin embargo, ayer casi nadie se quejaba por un quítame allá ese adobe. Olvidados o aparcados los celos y las rencillas, abrazados en un ejemplar acto de camaradería, nuestros egiptólogos vivían la fiesta de lo más felices. Valor y al toro (Apis). ¡Podemos!, por Isis, ¡podemos!

De Sennedjem a Djehuty

Algunos de los hitos de la egiptología española:

1886. El cónsul Eduard Toda i Güell excava la tumba de Sennedjem en Deir el Medina (necrópolis tebana Luxor). Halla la momia del propietario y 18 más de la familia.

1907. El conde Vicente de Galarza halla una tumba de la Dinastía XVIII en el área de Giza, cerca de la esfinge.

1961-1964. Excavaciones

en Nubia, en el contexto

de la acción internacional de salvamento de los yacimientos amenazados por la presa de Asuán. De premio, nos regalan el templo de Debod.

1966-1979 y 1984-2009. Investigación y excavación de Heracleópolis Magna (Ehnasya El Medina), sede de los faraones de las dinastías IX y X.

1992-2009. Excavación de Oxirrinco (El-Bahnasa). Desde 2001 se desentierra un misterioso y peligroso templo subterráneo de Osiris que no cesa de deparar sorpresas.

2002-2009. Excavación de las tumbas de Djehuty y Hery en Dra Abu el Naga (necrópolis tebana, Luxor). Hallados objetos excepcionales como la Tabla del Maestro. En la última campaña se descubre la cámara funeraria de Djehuty, con jeroglíficos y pinturas, y varias piezas de oro de su ajuar.