El Vaticano abre las puertas de su segunda necrópolis, la de Vía Triumphalis


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Es una «pequeña Pompeya sepulcral», enterrada bajo desplomes de la colina

El Vaticano abre las puertas de su segunda necrópolis, la de Vía Triumphalis

Musei Vaticani | Sepulcro VII de la Vía Triumphalis

La modesta tumba en tierra de Pedro de Betsaida, un pescador del lago Tiberíades, es la mejor marcada del mundo, pues se encuentra bajo la vertical de la grandiosa cúpula de Miguel Angel, visible desde toda la ciudad de Roma. Pero en realidad, la necrópolis del Vaticano se extendía por los alrededores de toda la colina, con tumbas como la de Pedro junto a la Vía Cornelia, y muchas otras junto a la Vía Triumphalis, que llevaba a la antigua ciudad etrusca de Veio.

El Vaticano abre las puertas de esta segunda necrópolis, una «pequeña Pompeya sepulcral», en palabras del arqueólogo y conservador Giandomenico Spinola, que dirigió las excavaciones y ha presentado ahora uno de los museos más fascinantes de Roma, pues se recorre por pasarelas de metal en el propio yacimiento, situado bajo el garaje del Vaticano, y se entiende perfectamente gracias a numerosas pantallas interactivas que reconstruyen el aspecto original en 3-D.

Las visitas guiadas comenzarán a partir de enero, en grupos de 25 personas, previa reserva en la página web de los Museos Vaticanos o por correo electrónico a visiteguidategruppi.musei@scv.va. Las 200 tumbas, sepultadas por sucesivos desprendimientos de tierras de la colina del Vaticano, corresponden en su mayoría a personas humildes pero hay también las de algunos libertos imperiales muy importantes.

Resulta especialmente sugestivo el altar dedicado a su hija Flora por Tiberius Claudius Optatus, un liberto de Nerón que era «tabularius a patrimoniis», es decir, archivero del patrimonio privado del emperador. Un poco más allá se encuentran las tumbas de libertos de Gaius Sallustius Crispus Passienus, segundo marido de Agripina, la madre de Nerón, quizá asesinado por su esposa, heredera de sus propiedades en torno a la colina del Vaticano que después pasaron al patrimonio imperial.

En esas tierras estaba el circo de Calígula, ampliado por Nerón, donde fue martirizado el pescador de Galilea. Los restos están debajo de la plaza de San Pedro, excepto una pieza muy visible: el obelisco egipcio que decoraba la «spina» y fue trasladado al centro de la plaza.

Las piezas que más conmueven

La visita a la necrópolis de Vía Triumphalis permite ver los sepulcros de dos artistas. El de Tiberius Claudius Thesmus, levantado por su viuda, le representa esculpiendo un busto, acompañado por su perro. El de Alcimus, siervo de Nerón y escenógrafo del Teatro de Pompeyo, le presenta también con un cincel en la mano, rodeado por sus herramientas de trabajo: un compás, una escuadra y un nivel hidráulico para comprobar la horizontalidad.

Pero los objetos que más conmueven al arqueólogo Giandomenico Spinola son los depositados en las tumbas: la muñeca de una niña, las pequeñas «lucernae» de aceite, etc. La mayoría de las tumbas tienen estrechos tubos verticales de arcilla para depositar un poco de vino, miel, leche o aceite durante las comidas que se celebraban al pie de la tumba en recuerdo del fallecido.

Los arqueólogos encontraron también un «ustrinum», una plataforma para cremación, formada por capas de arcilla y carbón, con restos de las piñas de pino utilizadas para encender el fuego. Muchas tumbas no contienen esqueletos, sino ánforas con restos de huesos calcinados. La cremación, practicada por muchos pueblos antiguos, se puso de moda en el siglo II antes de Cristo pero fue abandonada por desinterés general en el siglo II después de Cristo.

La necrópolis de Vía Triumphalis cayó en desuso en el siglo IV. Cuando el emperador Constantino construyó la primera basílica de San Pedro, medio kilómetro mas allá, la Vía Triumphalis perdió todo su interés. Poco a poco, los aluviones de fango de la colina del Vaticano la fueron sepultando. Y allí permaneció enterrada hasta hoy.

Egipto fuera de Egipto


El Pais

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Mastaba (tumba en forma de pirámide truncada) de Mereruka (hacia 2300 antes de Cristo), visir del faraón Teti (VI Dinastía). / ISIDORO MERINO

Las cosas se han puesto feas en Egipto, un país maravilloso y fascinante al que recomiendo viajar en cuanto las aguas se calmen. Entre tanto, habrá que conformarse con los tesoros del arte faraónico (algunos, fruto del expolio sistemático de templos y tumbas por aventureros como Giambattista Belzoni) que se exhiben en museos de Europa y Estados Unidos.

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Museo egipcio de Turín (Italia)

En 2006, el escenógrafo Dante Ferretti, colaborador de Fellini y Pasolini, recreó la penumbra de una tumba faraónica para transformar la colección de esculturas del Museo Egipcio de Turín, una de las más importantes del mundo, en un espacio solemne y misterioso donde destaca una figura  sedente de Ramsés II, la joya del museo, fundado en 1824 por el rey Carlo Felice de Saboya con las estatuas, papiros, cerámicas, amuletos, muebles, momias, joyas, objetos domésticos y ajuares funerarios reunidos por Bernardino Drovetti (1776-1852) durante su estancia como cónsul francés en Egipto. Drovetti aprovechó su amistad con el virrey Mohamed Ali para sacar del país  más de 5.000 piezas que vendió por una fortuna.  Excavaciones posteriores, como las que realizaron Ernesto Schiaparelli y Giulio Farina entre 1903 y 1937, contribuyeron a enriquecer los fondos de la colección, que hoy cuenta con más de 26.500 piezas, de las que sólo unas 6.500 pueden ser expuestas.  EL PAÍS / EFE

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Museo Gregoriano Egipcio en los museos Vaticanos. Roma (Italia)

Creado por el papa Gregorio XVI en 1839, buena parte de sus fondos proceden de excavaciones en Roma y   Villa Adriana (Tívoli), lo que demuestra la importancia que alcanzó el culto a Isis, importado de Egipto, durante la época imperial.  Nicho de la Piña, con varias estatuas de la diosa Sejmet. / I. M.

 

Busto de Nefertiti en el Neues Museum

Neues Museum. Berlín (Alemania)

Hace 100 años que la bella Nefertiti,  “señora de la dulzura”, esposa del faraón Akenatón (1353-1336 a. C), llegó a Berlín. Su célebre busto, convertido en canon de belleza, fue  hallado entre las ruinas del taller del escultor Tutmose en el curso de las excavaciones en Tell el-Amarna que dirigía el egiptólogo alemán Ludwig Borchardt; hoy reina altiva desde su pedestal en las salas de arte egipcio del Neues Museum, remodelado por el arquitecto británico David Chipperfield. /ACHIM KLEUKER / STAATLICHE MUSEEN ZU BERLIN

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Metropolitan Museum. Nueva York (Estados Unidos)

Cerca de 26.000 objetos, de un período que abarca desde el paleolítico a la era romana (300,000 a.C.–siglo IV d. C) constituyen las colecciones egipcias del Metropolitan, fruto de las misiones arqueológicas iniciadas por el museo en 1906. La estrella del museo es el templo de Dendur (siglo I a. C.), gemelo del madrileño de Debod y al igual que este, un regalo del Gobierno egipcio por la ayuda en el salvamento de los monumentos de Nubia tras la construcción de la presa de Asuán. Templo de Dendur / WIKIMEDIA

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British Museum. Londres (Reino Unido)

Junto a  tesoros como los mármoles del Partenón (reclamados por Grecia), el estandarte de Ur o las esculturas del mausoleo de Halicarnaso, el edificio neoclásico del British Museum, en el barrio londinense de Bloomsbury, alberga uno de los mayores conjuntos de sarcófagos, papiros y esculturas faraónicas. En él también se exhibe la piedra de Rosetta, que permitió a Champollion descifrar los jeroglíficos. Foto: Juicio de Hu-Nefer. Papiro tebano de la 19ª dinastía. / BRITISH MUSEUM

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Museo del Louvre. París (Francia)

El primer conservador del departamento de antigüedades egipcias del museo del Louvre fue Jean-François Champollion, padre de la egiptología moderna. En sus salas se pueden contemplar maravillas como El escriba sentado, una de las obras maestras del Imperio Antiguo, hallada en la necrópolis de Saqqara, cerca de Menfis (en la foto). / MUSÉE DU LOUVRE

Via Crucis en el Prado


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  • «El Descendimiento», de Caravaggio, obra maestra de los Museos Vaticanos, se exhibe en Madrid desde el 22 de julio

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Siempre es un acontecimiento de primer orden la visita a España de una obra maestra absoluta de la Historia del Arte. Aún más, si es por partida doble. Tras la esperadísima llegada de la maravillosa «Dama del armiño», de Leonardo da Vinci, al Palacio Real, se suma ahora la presencia en el Prado del majestuoso «Descendimiento», de Caravaggio, préstamo de los Museos Vaticanos —es una de sus joyas más preciadas—, que ha sido posible gracias a la visita a Madrid del Papa el próximo mes de agosto con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, y al patrocinio de la Fundación Amigos del Museo del Prado. Este impresionante óleo sobre lienzo de grandes dimensiones (306 x 214 centímetros) ya está en Madrid y será el protagonista este verano del programa expositivo «La obra invitada». Se exhibirá, del 22 de julio al 18 de septiembre, en la sala 4 de la pinacoteca.

No se hallará solo tan insigne huésped. Todo lo contrario: estará en muy buena compañía. En agosto formará parte del recorrido de un peculiar Vía Crucis pictórico, en el que, junto al «Descendimiento», de Caravaggio, estarán presentes trece obras religiosas del Prado, bajo el título «La Palabra hecha imagen. Pinturas de Cristo en el Museo del Prado». El itinerario es el siguiente: «La Anunciación», de Fra Angelico; «El Descendimiento de la Cruz», de Van der Weyden; «La Última Cena», de Juan de Juanes; «El Pantocrátor sostenido por cuatro ángeles», anónimo; «Descenso de Cristo a los Infiernos», de Sebastiano del Piombo; «La Adoración de los Reyes Magos», de Rubens; «El Buen Pastor», de Murillo; «La disputa con los doctores en el Templo», de Veronés; «El lavatorio», de Tintoretto; «Cristo crucificado», de Velázquez; «El Descendimiento», de Caravaggio; «Agnus Dei», de Zurbarán; «La Trinidad», de Ribera; y «La Resurrección», de El Greco.

La visita podrá hacerse tanto de forma independiente (ayudados por guías de mano o audioguías) como dirigida por un monitor del Área de Educación del Museo. El horario, de martes a viernes, a las 11.30 y a las 16.30 horas. Durante la semana de celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (16-21 de agosto), habrá tres visitas diarias: 10.00, 12.00 y 16.30 horas.

Toda la producción de Caravaggio es impresionante, pero este «Descendimiento» o «Entierro de Cristo» (la escena recrea justo el momento entre uno y otro), pintado en plena madurez del maestro (1602-1604), es un prodigio. Para buena parte de los especialistas, es una de sus mejores obras, de las más logradas. El Caravaggio más dramático hace su presencia con una espectacular puesta en escena, en la que las seis figuras del lienzo (tres masculinas y tres femeninas) se agrupan formando una línea diagonal imaginaria mediante la posición escalonada de sus cuerpos. Parece un ballet coreografiado por Caravaggio. Una intensa luz cae sobre el cuerpo yacente de Cristo, que resalta sobre el fondo negro de la escena. Las únicas concesiones al color son el rojo del manto de San Juan Evangelista y el blanco del sudario de Cristo. Los geniales claroscuros de las figuras potencian aún más el dramatismo de la escena. También un prodigio, la composición de los cuerpos. Nicodemo, encorvado por el peso de Cristo, nos mira inquisitivamente. Contrasta con el éxtasis de María de Cleofás, que alza su mirada y sus brazos al cielo, y con los rostros contenidos de dolor de la Virgen, San Juan Bautista y María Magdalena, que seca sus lágrimas con un pañuelo. El brazo derecho de Cristo —sus venas son un prodigio— y parte del sudario caen sobre la fría losa de mármol del sepulcro.

Esta obra formó parte de la gran exposición que le dedicó la Galería del Quirinale de Roma a Caravaggio en 2010, con motivo del 400 aniversario de su muerte. Aún son muchos los misterios sin desvelar en torno a este genio, tan temido como admirado, cuya vida y obra estuvieron siempre marcadas por las luces y las sombras.

Los Museos Vaticanos devuelven a Grecia un fragmento del templo del Partenón


EFE – ADN

Se trata de un fragmento de mármol que representan parte de la cabeza de un hombre | Además, la ciudad clásica espera la devolución de los frisos del templo que permanecen en el British Museum de Londres

Fragmento del templo del Partenón devuelto a Grecia. (Foto: EFE)

Fragmento del templo del Partenón devuelto a Grecia. (Foto: EFE)

El Museo Gregoriano Etrusco del Vaticano devolvió hoy miércoles a Grecia, en forma de préstamo permanente, un fragmento del templo del Partenón de la Acrópolis de Atenas, que el Gobierno heleno venía reclamando desde hace 18 años.

El trozo de mármol tiene 0,24 metros de alto y 0,25 de ancho y representa parte de la cabeza de una estatua de un varón que llevaba una fuente de plata o cobre en los hombros.

Forma parte de la representación de una procesión de la fiesta religiosa Panathinea, en la que jóvenes llevaban ofrendas y regalos, según relataba Aristófanes en una de sus obras.

Los arqueólogos griegos calculan que el fragmento fue robado en 1867 durante la época de disputa entre los venecianos y los turcos del Imperio Otomano, que dominaban Grecia.Décadas después, ésa y otras piezas llegaron a manos del cónsul de Inglaterra en las islas griegas jónicas.

En 1804, la viuda del diplomático ofreció como regalo al Papa Pío VII el fragmento ahora devuelto.

El ministro de Cultura griego, Mijalis Liapis, ha calificado la devolución como un gesto de “mucha importancia debido a que proviene del Vaticano y de uno de los museos mayores y más importantes del mundo”.

Durante la ceremonia de entrega del fragmento en el Museo de la Acrópolis de Atenas, el ministro ha afirmado que “ese gesto constituye un ejemplo para otros, para restaurar los mármoles del Partenón, una petición griega y de la comunidad internacional”.

El fragmento fue colocado en la exposición permanente del nuevo museo que cuenta con una sección dedicada a las partes del Partenón que han sido trasladados desde la Acrópolis al nuevo edificio y a la espera de las piezas que faltan y que se encuentran principalmente en el Museo Británico de Londres.

El Partenón sigue esperando sus frisos

Grecia reclama desde hace casi treinta años al Museo Británico que le devuelva los frisos del templo del Partenón, que fueron sacados del país en el siglo XIX por Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin, con el permiso de las autoridades otomanas.

En este sentido, la entidad británica se ha negado a devolver las piezas con el argumento de que podría crear un precedente para que otras naciones pidan también el regreso de las reliquias que alberga.

A la ceremonia de devolución de la pieza, asistieron el nuncio apostólico del Vaticano en Grecia, Patrick Coveney, diplomáticos y arqueólogos.