La Gran Muralla China


Es una antigua fortificación china construida para proteger el imperio de China desde el siglo III adC de los ataques de los nómadas xiongnu de Mongolia y Manchuria. El principal propósito del muro no era impedir que fuera atravesado, sino más bien impedir que los invasores trajeran caballerías con ellos.

La muralla es extraordinariamente larga, con 7.300 km de este a oeste, desde el paso de Shanghai, cerca de Bohai (Golfo de Zhili) hasta el Paso de Jiayu (en la actual provincia de Gansu). Sin contar sus ramificaciones y construcciones secundarias, cubre 6.400 km desde la frontera con Corea al borde del río Yalu hasta el desierto de Gobi, cruzando siete provincias.

La Gran Muralla está formada por una serie de murallas construidas y reconstruidas por diferentes dinastías durante más de 1.000 años.

El mayor trecho de la muralla fue construido bajo el reinado de Qin Shi Huangdi, primer emperador de la dinastía Ch’in (Qin), como defensa contra los ataques de los pueblos nómadas de las estepas del norte. El trabajo sistemático de construcción de la muralla comenzó hacia el año 221 a.C., después de que Qin Shi Huangdi unificara China bajo su dominio, y finalizó hacia el 204 a.C. Es probable que ya existieran pequeñas secciones de la muralla, pero se cree que Qin Shi Huangdi edificó 1.900 kilómetros durante su reinado. Sin embargo, se sigue especulando sobre si la primera muralla fue alguna vez una fortificación única y uniforme. En los siglos posteriores, sobre todo durante el periodo de la dinastía Ming (1368-1644 d.C.), la Gran Muralla fue reparada y ampliada, reemplazando con mampostería los terraplenes originales.

Tiene una anchura de 4,6 a 9,1 metros en su base y se estrecha hasta 3,7 metros en la parte más alta. La altura media es de 7,6 metros sin tener en cuenta el parapeto almenado. Hay atalayas de casi doce metros de altura situadas a intervalos de casi 180 metros. Varios cientos de kilómetros de la Gran Muralla permanecen intactos en los tramos orientales, y al parecer es la única estructura construida por el hombre que es visible desde el espacio. A pesar de su tamaño, nunca fue una defensa segura contra la amenaza nómada, con la que sólo pudieron acabar las graduales campañas de los emperadores Qing, descendientes de los invasores del norte.

El día 7/7/2007 la muralla china fue nombrada como una de las ganadoras en la lista de las Siete Maravillas del Mundo Moderno. La votación partió de una iniciativa privada, no necesitando el aval de ninguna institución o gobierno para proseguir con sus fines electorales y permitir seleccionar las maravillas clasificadas por la votación de más de cien millones de electores.

Las puertas más importantes incluyen:

  • Paso Shanghai
  • Paso Juyong
  • Paso Niángzi

El fuego griego, la misteriosa sustancia empleada por los bizantinos para frenar los ataques árabes


ABC.es

  • Incluso hoy se desconoce la composición exacta de la fórmula original perdida en los saqueos a Constantinopla de 1204. Los bizantinos guardaron celosamente el secreto y se cree que la mezcla incluía nafta (una fracción del petróleo también conocida como bencina) y azufre
  • Imperio Bizantino

Uso del fuego griego, según una ilustración de una crónica bizantina.

Constantinopla, la segunda Roma, sobrevivió toda la Edad Media a los ataques musulmanes como una isla cristiana a las puertas de Oriente y un agente de equilibrio entre ambos mundos. Las murallas de la ciudad, su poder militar, su capacidad de adaptarse a los tiempos sin renunciar a las tradiciones romanas…. muchos elementos explican la longevidad del Imperio bizantino, pero ninguna responde a la pregunta de cómo pudieron prevalecer ante asedios que llevaron a miles de naves a sus puertas. Un arma secreta, incluso hoy imposible de desentrañar, salvó al menos en dos ocasiones al último imperio romano de su destrucción.

El fuego griego recibió muchos nombres en la Antigüedad: «fuego romano» para los árabes, «fuego griego» para los cruzados que se dirigían a tierra santa y «fuego bizantino» para los otomanos. Entre los siglos VII y XIII, el Imperio bizantino empleó una sustancia inflamable en las batallas navales y en los asedios contra Constantinopla, que le daba una clara ventaja táctica y tecnológica contra enemigos con recursos y hombres muy superiores. Este fuego era capaz de arder sobre el agua y la única forma de apagarlo era asfixiándolo. Tratar de apagarlo con agua solo avivaba aún más la llama. Y si bien hoy en día se utilizarían espumas y polvo químico para extinguir el fuego, en la Antigüedad y la Edad Media la única posibilidad probablemente sería la de usar orina (por su alto contenido en sales inorgánicas y urea), esteras de esparto e si acaso vinagre.

El secreto mejor guardado de la historia militar

Los bizantinos usaban dos métodos para lanzar el líquido inflamable. Uno de ellos consistía en derramar a presión la sustancia a través de un inyector con un ajuste giratorio, después de que un brasero instalado en el barco calentara previamente la mezcla. Otro forma era llenando granadas de cerámica con el material y arrojándolas sobre los barcos enemigos, siempre buscando prender sus velas. Cuando el líquido rozaba el agua o alcanzaba cierta temperatura entraba en ignición e incendiaba las embarcaciones enemigas. Entonces se producían «truenos» y una aparatosa nube de humo. Además de los efectos destructivos, hay que tener en cuenta que la sustancia resultaba tóxica para quienes la respiraban.

El hecho de que incluso hoy resulte un misterio saber la composición exacta de esta sustancia convierte la fórmula en uno de los secretos mejores guardados de la historia del mundo. Los bizantinos guardaron celosamente el secreto y los fabricantes vivían aislados del mundo exterior, hasta el punto de que hoy en día solo cabe especular sobre los componentes y las proporciones, sin que existan muestras o documentos que estudiar. La mezcla incluía probablemente nafta (una fracción del petróleo también conocida como bencina), azufre y amoníaco, si bien se desconocen los porcentajes de cada sustancia. El nafta haría que el líquido no se mezclara con el agua, mientras que el azufre actuaría como combustible.

No obstante, otras investigaciones han propuesto dosis de cal viva, que al entrar en contacto con el agua eleva su temperatura hasta los 150 grados, o mezclas que contengan nitrato, salitre, resina o grasa.

Ya en el año 214 a. C., se considera que el inventor griego Arquímedes había usado una sustancia también inflamable para combatir al ejército romano en su intento de conquistar la ciudad griega de Siracusa. Pero nada demuestra que su fuego griego fuera el mismo que el bizantino… La invención de este segundo se le atribuye a un ingeniero militar llamado Callínico, procedente de la actual Siria, que llegó a Constantinopla en los días previos al primer gran asedio árabe de 674. Se cree, no obstante, que el propio Callínico se basó en los trabajos del alquimista, astrónomo e inventor griego Esteban de Alejandría, que se trasladó en 616 a Constantinopla.

Todas estas fechas flotan en torno al primer gran asedio árabe de Constantinopla, cuando la lucha entre el Imperio bizantino y el Califato Omeya devino en el asedio de la gran ciudad, bajo el mando de Constantino IV. En esta batalla, los omeyas fueron incapaces de abrir una brecha en las Murallas Teodosianas, que bloqueaban la ciudad a lo largo del Bósforo, y fueron derrotados a nivel marítimo gracias al invento de aquel sirio loco. La armada bizantina lo utilizó decisivamente para destrozar a la marina omeya en el mar de Mármara y en la posterior batalla de Silea, en las costas de Panfilia, en el año 678. El cronista Teófanes menciona en sus textos la sorpresa táctica que supuso el fuego para los árabes durante el largo asedio de cuatro años:

«Por entonces había huido a territorio romano un arquitecto de Heliópolis de Siria llamado Calínico, inventor del fuego marino, gracias al cual los navíos árabes se incendiaron y todas sus tripulaciones se quemaron. Así los romanos volvieron vencedores y descubrieron el fuego marino».

El arma se continuó utilizando hasta 1204, cuando se perdió la fórmula original durante los saqueos y destrucción que sufrió Constantinopla en la cuarta cruzad

Durante año las acometidas árabes perecieron ante la superioridad de la flota bizatina. En el 717, las fuerzas musulmanas aprovecharon un periodo de inestabilidad bizantina para iniciar un nuevo asedio. Después de casi un año de cerco, una escuadra árabe compuesta por 400 naves de refuerzo se sumó a las 300 naves que mantenían el asedio en Constantinopla. Una superioridad numérica que no amilanó a la flota bizantina, que, recuperando la sustancia de Calínico, contraatacó por sorpresa hacia las naves árabes. Esto puso en fuga a los árabes y muchas naves fueron destruidas por el «fuego griego», encaminando el asedio a su último desenlace.Pasada la sorpresa inicial de estos dos asedios, los árabes aprendieron a combatir este fuego, que en tierra resultaba poco útil y en el mar su empleo era limitado. Árabes, venecianos, písanos, normandos y demás rivales del Imperio bizantino aprendieron a contrarrestar los efectos del fuego griego y a neutralizar su valor táctico. El arma se continuó utilizando hasta 1204, cuando se perdió la fórmula original durante los saqueos y destrucción que sufrió Constantinopla en la cuarta cruzada. Sin la mezcla primitiva, los ingenieros bizantinos buscaron alternativas en otras sustancias inflamables usadas en la Antigüedad, aunque su poder de destrucción nunca alcanzó la densidad del fuego griego original. Estas mezclas alternativas fueron la que probablemente usaron para defenderse del Imperio otomano en 1453, año en el que cayó definitivamente la ciudad.

El pasado de Segovia se revela a partir de nuevos hallazgos en su Muralla


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  La concejala Claudia de Santos y la jefa del Servicio de Cultura (dch.) posan con Ricardo de Cáceres, Luciano Municio (izqd) y Clara Martín (centro) junto a los restos celtíberos. / Kamarero

Las últimas actuaciones municipales en la Muralla han sacado a la luz restos de una antigua fortificación celtíbera que, junto a otros elementos localizados en la misma zona, suponen “uno de los hallazgos arqueológicos más importantes que se han producido en los últimos años en la ciudad”, según el arqueólogo territorial, Luciano Municio.
Este técnico acompañó ayer a la jefa del Servicio Territorial de Cultura, Ruth Llorente, a la concejala de Patrimonio Histórico y Turismo, Claudia de Santos, y al equipo de arqueólogos que ha trabajado en el estudio y excavación de un tramo—entre la Puerta de Santiago y las escaleras de la Cueva de la Zorra— durante la presentación pública de descubrimientos que revelan nuevos datos sobre el pasado de Segovia, desde el siglo II antes de Cristo a la época contemporánea.
“A primera vista, cinco o seis metros de piedras gordas manchadas de verde no parece algo muy espectacular”, admitía el arqueólogo territorial, pero insistía en que, aunque se conocía el pasado celtíbero de Segovia, y se sabe que los castros de estas poblaciones prerromanas estaban fortificados, hasta ahora no se había dado con restos en la ciudad, debido, entre otros motivos, a que no se había excavado en esta zona del paño norte de la Muralla — “un vacío dentro de la arqueología de Segovia”, señaló— y a que el casco antiguo es “una zona muy complicada para la excavación arqueológica por sus propias características”.

Otros descubrimientos

Así mismo, Municio destacó que también se habían descubierto el corte del foso celtibérico, primera barrera defensiva; un acceso tallado en la roca, “que con toda probabilidad se correspondería con una entrada al castro” y, por encima, una construcción romana altoimperial, primera que se localiza también en esta zona. Para este técnico de la Junta, no menos importante es la propia Puerta de Santiago, “donde con bastante probabilidad tenemos una edificación de corte árabe que puede ser el resto más claro de esa fortificación en teoría árabe que tuvo que tener Segovia entre el siglo VIII y principios del siglo XI”.
Así mismo, en el mismo lugar se conservan restos de una cantera con un sistema de extracción de bloques exactamente igual que el de la cantera romana de la Playa de los Capellanes de Salou, en la provincia de Tarragona.

Clara Martín ha dirigido los trabajos arqueológicos, dentro del proyecto de consolidación de la Muralla, entre los cubos 59 y 61, y al frente de un equipo que completaban otros dos arqueólogos, Ricardo de Cáceres y José Miguel Labrador. En total, el Ayuntamiento ha invertido 15.000 euros, en dos fases. Martín explicó que se han vaciado niveles de más de cinco metros de altura, retirando toda la estratigrafía que había sobre los restos celtíberos hoy visitables. La arqueóloga explicó que el análisis de los restos recuperados “ha demostrado que tenemos una secuencia que abarca principalmente desde el siglo II antes de Cristo hasta los siglos XVII, XVII y época contemporánea”.

Población continuada

En este sentido, lo que ha llamado la atención de este equipo de especialistas es “el hallazgo de materiales de cronología visigoda, dado que en esta zona de la ciudad todavía no se habían recuperado restos de este tipo, lo que viene a confirmar que Segovia estuvo poblada durante los siglos V, VI y VII, que era una de las incógnitas que ha quedado resuelta”.
Por otra parte, han recuperado la fosa de cimentación de la Muralla, sin documentar hasta el momento en todo el recorrido por la ciudad. “Se pensaba que iba apoyada directamente sobre el nivel de roca pero en este punto debieron darse cuenta de que los rellenos de tierra eran muy importantes y no les compensaba deshacer todo el desmonte; directamente hacen una fosa y asientan la muralla”, explicó Martín, quien comentó que en este punto, además, termina la defensa natural y, por lo tanto, era de acceso más fácil, motivo por el que es comprensible esa cimentación para dificultar la subida al castro o poblado.

Hallan en Ópera restos de la muralla “con más valor” que los de Serrano


Agencias – 20 minutos

 

  • La Comunidad estudia exponerlos al público.
  • También han aparecido restos de la fuente de los Caños del Peral, que podrían mostrarse a través de una mampara en los pasillos del metro.

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Las obras que agujerean Madrid están sacando a la luz construcciones históricas que habían quedado sepultadas. Ahora le ha tocado el turno a la plaza de Isabel II (Ópera), donde han aparecido restos de la muralla cristiana (siglo XII) y de la fuente de los Caños del Peral (XVII). El hallazgo se ha producido durante las obras de reforma de Metro y de peatonalización de la plaza.

La Dirección General de Patrimonio ha encargado un informe de los restos a un grupo de arqueólogos. Cuando el equipo haga su valoración, la Comunidad decidirá “cómo poner en valor los hallazgos, quizá musealizándolos“, exponiéndolos al público.

Un grupo de vecinos de Ópera, que se definen como “amantes de la Villa”, han destacado que estos restos son “posiblemente más interesantes y con más valor” que los de Serrano, donde el hallazgo de parte de la cerca de Felipe IV obligó a paralizar las obras durante tres semanas. La fuente de los Caños del Peral está enterrada “en perfecto estado de conservación” y podría exponerse, a través de una mampara, en los pasillos de la estación de Ópera.