Los neandertales ya dividían las tareas cotidianas según su sexo


El Mundo

Tomando perspectiva evolutiva y dejando de lado cualquier interpretación sexista, la división sexual del trabajo ha sido interpretada por la Ciencia como uno de los rasgos evolutivos que están en la base de la formación de la estructura de la familia nuclear. Una característica hasta ahora sólo conocida en los humanos modernos (‘Homo sapiens’) y además aparecida hace muy poco tiempo evolutivamente hablando, hace unos 40.000 años, en el Paleolítico superior.

Pero otros linajes humanos ya extintos también pudieron haber desarrollado una división del trabajo distinta en machos y hembras, y por tanto, compartirían con nosotros una de las claves de los lazos que unen a las familias humanas tal y como las conocemos. Un trabajo recién publicado por el investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) Antonio Rosas y su colega del mismo centro Almudena Estalrrich ha encontrado por primera vez evidencias morfológicas que indican que los neandertales tardíos -también llamados clásicos, de entre 60.000 y 30.000 años de antigüedad- ya dividían algunas de sus tareas cotidianas según su sexo.

Maxilar neandertal.J. COSTA

La interpretación del comportamiento de estos homínidos, extinguidos hace alrededor de 28.000 años, según sus rasgos morfológicos ha llevado a los investigadores a pensar desde hace años que tanto hombres como mujeres compartían las mismas tareas cotidianas. La robustez de ambos sexos o los restos de huesos rotos sin discriminar por género indican que todos los individuos estaban implicados en las tareas de caza para alimentar al grupo.

El trabajo, recién publicado en la revista ‘Journal of Human Evolution’, da un paso más allá analizando los restos neandertales desde un punto de vista muy original. “Lo novedoso de este estudio es que se ha realizado sobre los marcadores de actividad, es decir, estudiando las marcas sobre los dientes, ya que los neandertales usaban la boca como una tercera mano”, ha explicado Antonio Rosas en una presentación en la sede madrileña del CSIC.

Los investigadores han analizado 99 dientes incisivos y caninos de 19 individuos provenientes de tres yacimientos diferentes (El Sidrón en Asturias, L’Hortus en Francia y Spy en Bélgica). Y la principal conclusión a la que han llegado es que las estrías dentales presentes en los fósiles femeninos siguen un mismo patrón, pero diferente al encontrado en los individuos masculinos. “Lo que hemos descubierto ahora es que las estrías detectadas en las piezas dentales de las mujeres adultas son más largas que las encontradas en los hombres adultos. Por eso suponemos que las tareas que realizaban eran diferentes”, dice Rosas.

Aún hay que analizar otros muchos aspectos de los restos y de las costumbres de los cazadores recolectores para averiguar el origen de las marcas encontradas. Pero la explicación propuesta por Rosas y Estalrrich, basándose también en las costumbres y rasgos de las poblaciones actuales de cazadores recolectores, es que las mujeres podrían haber desarrollado tareas relacionadas con el tratamiento de pieles y de madera, mientras los hombres se dedicaban más a la fabricación de herramientas líticas y a su retoque, es decir, al afilado o a la creación de filos agudos.

Sin embargo, esta división del trabajo no afectaba a todas las tareas cotidianas. “A pesar de todo, creemos que la especialización del trabajo según el sexo de los individuos probablemente se limitase a unas pocas tareas, ya que es posible que tanto hombres como mujeres participasen de igual manera en la caza de grandes animales”, añade Almudena Estalrrich. Por lo que este rasgo podría haber surgido como un paso evolutivo intermedio hacia la división definitiva de tareas propia de los humanos modernos, según los investigadores.

La Troya Sudamericana: La gran guerra entre Argentina y Uruguay


web

  • Lo que no es muy conocido, es la intervención del famoso escritor francés Alejandro Dumas en la contienda
La Troya Sudamericana:  La gran guerra entre Argentina y Uruguay

Juan Manuel de Rosas en la Troya Sudamericana

ARGENTINA.- Un hecho muy conocido por la historia fue la famosa Gran Guerra ocurrida entre 1839-1843. Los contendientes en esta oportunidad fueron Uruguay y Argentina. Lo que no es muy conocido, es la intervención del famoso escritor francés Alejandro Dumas en la contienda. Lo hizo en su calidad de escritor a pedido del orador y también escritor oriental don Melchor Pacheco y Obes, que fuera enviado a Francia a fin de buscar el apoyo del gobierno francés y de la sociedad gala.

Estando en París se conecta con Alejandro Dumas (P), quien de inmediato descubre que éste hombre y esta situación pueden ser el motivo de una nueva novela. El tema le apasiona de inmediato y pone manos a la obra con los datos que le proporciona Pacheco y Obes. Simpatiza entonces con la causa de los patriotas uruguayos y publica en el diario “Les Mois” una serie de artículos que desembocan en una novela corta que titula: Montevideo La Nueva Troya”.

Recordemos que Dumas es un autor de célebres novelas que recorrieron el mundo, como Los Tres Mosqueteros, y el Conde de Montecristo. Esta novela por tener una sola de las versiones de la realidad, es un tanto parcializada, lo cual no exime de culpas a uno de los más sangrientos dictadores de la región, que dominaba la ciudadanía mediante el asesinato, el temor y el espionaje.La novela comienza con la frase” A los heroicos defensores de Montevideo”. Es evidentemente un escrito político que, obviamente buscaba el derrocamiento del dictador porteño. Consta el trabajo con apenas seis capítulos, donde Buenos Aires se debatía entre las llamas del Averno, lo cual no estaba muy distante de la realidad que vivía gran parte de sus habitantes. Muchos también le seguían quizá convencidos por temor, intereses o prebendas personales.

En la novela transitan los personajes más notables de ambas bandas del Plata, Fructuoso Rivera que militaba el bando unitario, que habiendo derrocado a Manuel Oribe del bando federal, solicita la ayuda de Buenos Aires gobernada por Rosas. La consecuencia de ello fue que las tropas del Estado Oriental se enfrentan con las tropas de la Confederación. El resultado de esto fue que los confederados, sitian la ciudad de Montevideo durante siete años, imponiéndole un bloqueo que acaparó la atención de Inglaterra, Francia y Brasil entre otras. El estilo literario es propio de Dumas y particular para su época; en él se ven oscurecidas las figuras de los protagonistas de esta Banda del Plata, entre ellos Rosas, Oribe y el mismísimo Artigas. La Nouvelle describe asimismo la actuación de Giuseppe Garibaldi con su famosa “Legión Italiana” puesta al servicio del gobierno montevideano. La Legión participó en la defensa de las costas uruguayas especialmente en el combate de Tres Cruces, con una pequeña flotilla  barcos.

Esta obra luego de desembocar en Juan Manuel de Rosas, comenta que en 1810 don Juan Manuel abandona su casa, preguntándose los motivos, que luego serían aclarados  por su sobrino Lucio Victorio Mansilla. La razón fue que habiendo discutido con su padre debido a problemas inherentes al trabajoa realizar, abandona la casa desnudo, con una nota que decía: “Dejo todo lo que no es mío”.

Retomando los conceptos de un Rosas cruel y sanguinario, los cuales son compartidos por gran parte de los argentinos, aunque no por todos. De todas maneras es innegable que un hombre que haya gobernado tantos años un país tenga sus simpatizantes y sus detractores. Mi opinión personal se alinea con la de los últimos, opinión que también que quizá sea refutada por un sector de los argentinos. Lo que sí es cierto es que desde su muerte han corrido ríos de tinta en libros, diarios y periódicos, aún hasta la fecha.

El gobernador santafecino Estanislao López, también es presentado como bárbaro y sanguinario al punto que en un capítulo  dice que fue el fundador de la federación y relata una anécdota en que un Coronel Ovando, enemigo suyo, es invitado almorzar a su mesa, y con la misma calma con la que hubiera procedido un enfermo, al final del convite le comunica que será de inmediato fusilado. Expresa que Domingo Cullen fue uno de los artífices que contuvo la brutalidad de López, no obstante ello, siendo éste gobernador, le fragua una sublevación que le obliga a refugiarse en la provincia de Santiago desestero, donde gobernaba su amigo Ibarra. A pesar de las promesas efectuadas por su amigo lo entrega y lo envía a Buenos aires, pero Rosas ordena su fusilamiento a mitad de camino.

El relato de Dumas pleno de situaciones erróneas, desnuda la realidad de la mazorca a la que denomina Más- Horca.

Otro de los personajes que sobrevuelan la novela es Juan Bautista Ortíz de Rozas, pero la información que le es proporcionada no es suficiente. También exime de culpas al Restaurador de las relaciones incestuosas, con las que se acusaba a Juan Manuel. Para ello estaban sus conocidas amantes, entre ellas la principal, Eugenia Castro, hija de un Coronel que la dejara en tutoría a Juan Manuel. Tenía apenas quince años; tuvo con ella varios hijos pero no tuvo la valentía ni la hombría de bien de  reconocerlos. Ellos debido a la precariedad de sus  fortunas debieron desempeñar los más indignos y humillantes menesteres, impropios de su condición. Esto perfila su idiosincrasia, de modo que Dumas no estaba totalmente equivocado. Lo asistía una razón verdadera y poderosa, aunque se debe reconocer sus exageraciones e inexactitudes en cuanto a las fechas.

Lo que el autor examina a veces con exageración son las cifras de los asesinatos, por cierto cuantiosos al extremo. Tampoco puede admitirse que Rosas haya sido falto de inteligencia, cobarde o de espíritu débil. Lo que es cierto, es que jamás estuvo al frente de sus tropas, lo cual puede interpretarse de diversas maneras. Tampoco falto de inteligencia, pues hubo de contender con las dos potencias más grandes de la tierra y parlamentar con plenipotenciarios como el Conde Walewski, hijo de Napoleón Bonaparte y lord John Hobart Howden, enviados por sus respectivos gobiernos para tratar asuntos relativos a las fuerzas bloqueadoras estacionadas en el Río de la Plata. Su inteligencia y astucia fueron empleadas para sus propios fines.

Esta novela tampoco refleja la realidad en cuanto a la actuación de Giuseppe Garibaldi, al cual atribuya méritos de paladín de la libertad, omitiendo que había sido proscripto en países como Italia, Francia y Brasil. También el autor omite describir los terribles saqueos perpetrados en tierra argentina. Era en definitiva un condotiero o más llanamente un mercenario. Alejandro Dumas reiteramos no escuchó otra campana.

Creemos interesante describir algunos párrafos de su novela:
“Una vez Rosas dueño del poder, su principal afán fue aniquilar la Federación. López fundador de la Federación cayó enfermo, Rosas lo hizo venir a Buenos Aires y Rosas lo asistió en su propia casa. López murió envenenado (sic).

Quiroga, jefe de la Federación, sale ileso de más de veinte combates, cada cual más encarnizado que los otros. Su coraje pasa a ser ejemplo y su suerte pasa a ser proverbial. Quiroga muere asesinado.

Cullen, el consejero de la Federación sube a la gobernación de Santa Fe. Rosas le improvisa una revolución. Cullen es entregado a  Rosas por el Gobrnador de Santiago. Cullen muere fusilado.

Todo lo que hay de notable en el partido federal, tuvo el mismo fin que tuvo, todo lo que hubo de notable en Italia, bajo los Borgia, y, poco a poco, Rosas empleando los mismos métodos que Alejandro VI y si hijo César, llega a reinar en la República Argentina, que aunque reducida a una perfecta unidad, no por eso deja de conservar el pomposo título de Federación”.

“Terminada la guerra entre el partido unitario y el federal, Quiroga emprendió un viaje por el interior, pero al regresar de ese viaje fue asaltado en Barranca Yaco por un grupo de treinta asesinos que hicieron  fuego sobre su carruaje. Quiroga iba enfermo, iba acostado. Una bala que atravesó uno de los tableros le destrozó el pecho. Aunque herido de muerte, se incorporó, y pálido, ensangrentado abrió la portezuela. Al ver al héroe de pié, aunque casi cadáver, los asesinos emprendieron la fuga. Pero Santos Pérez, su jefe, se dirigió directamente a Quiroga, y como éste hubiera caído sobre una rodilla, y lo mirara a la cara, allí lo remató. Volvieron los otros asesinos y terminaron la obra empezada.

Fueron los hermanos Reinafé que gobernaban Córdoba, quienes dirigieron la expedición de acuerdo con Rosas. Pero Rosas tuvo buen cuidado de quedarse bien alejado de manera que no se le percibió. Así pudo él tomar el partido de quien hizo asesinar, y mandó perseguir a los criminales. Estos fueron arrestados, juzgados y fusilados”.

Sería largo seguir contando los vericuetos a veces reales y a veces exagerados, lo que sí, es contundente que la dictadura rosista esclavizó a gran parte de los argentinos a pesar de la férrea oposición de lúcidos e inteligentes opositores. Por Luis Felipe Aguirre Laspiur

 

imagen
imagen