Hallada en África una gran sima de huesos con una nueva especie humana


El Pais

  • El ‘Homo naledi’, descubierto en Sudáfrica, podría haber hecho uno de los primeros rituales funerarios que se conocen

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Se buscan expertos o expertas en antropología, delgadas, bajitas y que no tengan claustrofobia. Este era más o menos el anuncio de trabajo que lanzó hace dos años Lee Berger por las redes sociales. Buscaba gente capaz de meterse por una grieta de 18 centímetros de ancho y sacar a la luz lo que prometía ser un cargamento de fósiles humanos sin igual.

Hoy se han publicado los datos más completos de esa excavación, realizada en la cueva Rising Star, a unos 50 kilómetros de Johannesburgo (Sudáfrica). Los resultados destapan la existencia de una sima con más de 1.500 fósiles humanos entre los que hay al menos 15 individuos. Los autores aseguran que son una nueva especie dentro de nuestro género, que han bautizado como Homo naledi. Naledi quiere decir estrella en sesotho, una lengua local.

Los descubridores creen que aquellos homínidos fueron depositados allí por sus congéneres, lo que supondría un inesperado comportamiento funerario nunca observado en humanos tan primitvos. Todos los restos se conocen gracias al trabajo de un equipo íntegramente femenino que fue capaz de colarse en la estrecha cámara durante dos expediciones. El conjunto es el yacimiento de fósiles humanos concentrados en un solo lugar más grande de todo África y uno de los mayores del mundo, según sus descubridores.

Los fósiles analizados en el estudio / eLIFE

Los fósiles analizados en el estudio / eLIFE

Probablemente lo más apasionante del hallazgo son las preguntas que deja sin responder. Los descubridores dicen no haber conseguido datar los fósiles ni saben cómo llegaron hasta allí todos esos cadáveres. Para llegar hasta la cámara en la que se hallaron hay que recorrer unos 80 metros de cueva, trepar una pared y escurrirse por una grieta que los investigadores comparan con la boca de un buzón, bromeando solo a medias. Esta ruta, totalmente en tinieblas, es la única que existe hoy y, según los estudios geológicos, la única que existía cuando se depositaron los cadáveres. Por el tamaño de los huesos, estos incluyen infantes, niños, adolescentes, adultos y ancianos. Ninguno tiene marcas de traumatismo por una posible caída a la fosa, ni tampoco signos de haber sido devorados por un animal o por su propia especie, como sí sucede en el único yacimiento comparable: la Sima de los Huesos en Atapuerca (Burgos). Apenas hay rastros de ningún otro animal excepto unos pocos pájaros y ratones. En la cueva no hay marcas de crecidas de agua intensas que podrían haber arrastrado hasta allí los restos. Además aparecen partes de los cuerpos en perfecta articulación. Con todos estos datos en la mano, la única hipótesis que queda en pie es la de que alguien los dejó ahí en varios momentos en el tiempo, dicen los autores del estudio. Un ritual funerario que hasta ahora sólo se atribuía a humanos más modernos y con más cerebro.

“Tenemos casi todos los huesos del cuerpo representados varias veces, lo que hace que Homo naledi sea ya prácticamente el fósil de nuestro linaje que mejor se conoce”, celebra Lee Berger, paleaontropólogo de la Universidad de Witwatersrand, en una nota de prensa difundida por las instituciones que han participado en las excavaciones. Tras el hallazgo, en octubre de 2013, ante un montón de huesos tan complejo, el paleoantropólogo comenzó a seleccionar un nutrido grupo de científicos internacionales, la mayoría de ellos jóvenes, para que le ayudasen en el análisis de cada parte del cuerpo de la nueva especie.

Los huesos estaban solo parcialmente fosilizados y algunos estaban a simple vista sobre el suelo de la cueva. El análisis de los restos y su contexto geológico, publicados hoy en la revista científica de acceso abierto eLIFE, describe una especie que hubiera llamado la atención si la viéramos paseando por la calle, pero que ya no eran simples chimpancés erguidos. Los australopitecos son el género del que la mayoría de expertos piensan que surgió el género Homo, aunque hasta hace muy poco había un vacío total de fósiles que permitiese confirmalo. Por su morfología, los naledi parecen estar justo en el límite entre ambos grupos. Medían un metro y medio y pesaban unos 45 kilos. Aún no habían comenzado a desarrollar un cerebro grande (500 centímetros cúbicos comparados con los al menos 1.200 centímetros cúbicos de un Homo sapiens), pero ya tenía un cuerpo estilizado y rasgos humanos, como la capacidad para andar erguidos o unos dientes relativamente pequeños. Sus manos tenían ya el pulgar oponible que permite fabricar herramientas de piedra y sus pies eran muy parecidos a los de los humanos modernos, solo que un poco más planos.

El misterio funerario

Markus Bastir, un investigador de origen austríaco que trabaja en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), ha participado en el análisis del tórax del Homo naledi. Junto a Daniel García Martínez, Bastir ha usado tecnología 3D para reconstruir todo el tórax del naledi partiendo de los fragmentos de costillas, vértebras y otros fósiles hallados en la cueva de Sudáfrica. “Nuestros resultados indican que la columna vertebral y el tronco eran muy primitivos, como los de un australopiteco”, explica. “Además, las falanges de sus dedos eran curvas, una adaptación para trepar a los árboles”. Esta mezcla de rasgos es única, lo que les hace distintos de los Homo habilis (hasta ahora considerados los primeros miembros del género Homo, aunque por restos muy escasos) y dignos de que se les considere una nueva especie, explican los científicos.

Por su morfología, los responsables del hallazgo sitúan al Homo naledi justo en el origen del género Homo, en el punto intermedio entre los australopitecos y las especies plenamente humanas como Homo erectus. Esto supondría que vivieron hace al menos dos millones de años y les otorgaría un papel clave hacia la aparición de nuestra especie. Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, que no ha participado en el estudio, apunta otra posibilidad muy diferente. ¿Y si los restos tienen menos de 100.000 años? “Significaría que el H.naledi sobrevivió hasta hace relativamente poco igual que hizo el Homo floresiensis (hombre de Flores) en Indonesia, que también combina cerebro y dientes pequeños”, explica en un artículo de análisis sobre el hallazgo. En ese caso los naledi no serían nuestros ancestros directos y podrían ser un callejón sin salida en la historia de nuestra evolución.

Descubrimiento polémico

El anuncio de las excavaciones de la cueva Rising Star, financiadas en parte por National Geographic, se ha hecho en una rueda de prensa en Londres, la ciudad en la que estos días se encuentran muchos popes de la paleoantropología que asisten al Congreso de la Sociedad Europea para el Estudio de la Evolución Humana. Es posible que el hallazgo tenga allí su primera prueba de fuego, debido a las muchas preguntas que deja abiertas. ¿Pudo una especie de cerebro tan pequeño tener la conciencia suficiente como para sepultar a sus congéneres? ¿Cómo llegaron a la sima en completa penumbra? ¿Por qué no se han podido datar los fósiles con carbono, ADN u otras técnicas, lo que al menos indicaría un rango aproximado de su antigüedad?

Para Juan Luis Arsuaga, codirector de los yacimientos de Atapuerca, el hallazgo es “asombroso”. Sin embargo no comulga con todo, pues cree que la cueva tenía otra entrada en el pasado por la que se pudo acceder al límite de la fosa sin necesidad de luz artificial, lo que descartaría otra de las derivadas sugeridas por el trabajo: que los naledi pudieron usar fuego para llegar hasta allí. Kaye Reed, de la Universidad Estatal de Arizona, opina que sin fechas para los fósiles es “imposible” situar a esta nueva especie en nuestro árbol evolutivo más allá de incluirla en el género “Homo”. Duda también de los argumentos del enterramiento, que sin fechas no son convincentes, dice. “Sus descripciones están bien pero encuentro que sus conclusiones tienen demasiado celo; muchos investigadores quieren que su fósil cambie nuestra visión de la evolución humana. A veces el fósil lo hace y a veces no”, advierte.

 

Los neandertales ya dividían las tareas cotidianas según su sexo


El Mundo

Tomando perspectiva evolutiva y dejando de lado cualquier interpretación sexista, la división sexual del trabajo ha sido interpretada por la Ciencia como uno de los rasgos evolutivos que están en la base de la formación de la estructura de la familia nuclear. Una característica hasta ahora sólo conocida en los humanos modernos (‘Homo sapiens’) y además aparecida hace muy poco tiempo evolutivamente hablando, hace unos 40.000 años, en el Paleolítico superior.

Pero otros linajes humanos ya extintos también pudieron haber desarrollado una división del trabajo distinta en machos y hembras, y por tanto, compartirían con nosotros una de las claves de los lazos que unen a las familias humanas tal y como las conocemos. Un trabajo recién publicado por el investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) Antonio Rosas y su colega del mismo centro Almudena Estalrrich ha encontrado por primera vez evidencias morfológicas que indican que los neandertales tardíos -también llamados clásicos, de entre 60.000 y 30.000 años de antigüedad- ya dividían algunas de sus tareas cotidianas según su sexo.

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La interpretación del comportamiento de estos homínidos, extinguidos hace alrededor de 28.000 años, según sus rasgos morfológicos ha llevado a los investigadores a pensar desde hace años que tanto hombres como mujeres compartían las mismas tareas cotidianas. La robustez de ambos sexos o los restos de huesos rotos sin discriminar por género indican que todos los individuos estaban implicados en las tareas de caza para alimentar al grupo.

El trabajo, recién publicado en la revista ‘Journal of Human Evolution’, da un paso más allá analizando los restos neandertales desde un punto de vista muy original. “Lo novedoso de este estudio es que se ha realizado sobre los marcadores de actividad, es decir, estudiando las marcas sobre los dientes, ya que los neandertales usaban la boca como una tercera mano”, ha explicado Antonio Rosas en una presentación en la sede madrileña del CSIC.

Los investigadores han analizado 99 dientes incisivos y caninos de 19 individuos provenientes de tres yacimientos diferentes (El Sidrón en Asturias, L’Hortus en Francia y Spy en Bélgica). Y la principal conclusión a la que han llegado es que las estrías dentales presentes en los fósiles femeninos siguen un mismo patrón, pero diferente al encontrado en los individuos masculinos. “Lo que hemos descubierto ahora es que las estrías detectadas en las piezas dentales de las mujeres adultas son más largas que las encontradas en los hombres adultos. Por eso suponemos que las tareas que realizaban eran diferentes”, dice Rosas.

Aún hay que analizar otros muchos aspectos de los restos y de las costumbres de los cazadores recolectores para averiguar el origen de las marcas encontradas. Pero la explicación propuesta por Rosas y Estalrrich, basándose también en las costumbres y rasgos de las poblaciones actuales de cazadores recolectores, es que las mujeres podrían haber desarrollado tareas relacionadas con el tratamiento de pieles y de madera, mientras los hombres se dedicaban más a la fabricación de herramientas líticas y a su retoque, es decir, al afilado o a la creación de filos agudos.

Sin embargo, esta división del trabajo no afectaba a todas las tareas cotidianas. “A pesar de todo, creemos que la especialización del trabajo según el sexo de los individuos probablemente se limitase a unas pocas tareas, ya que es posible que tanto hombres como mujeres participasen de igual manera en la caza de grandes animales”, añade Almudena Estalrrich. Por lo que este rasgo podría haber surgido como un paso evolutivo intermedio hacia la división definitiva de tareas propia de los humanos modernos, según los investigadores.

El pariente más antiguo del panda gigante chino vivió en la Península


El Mundo

  • Paleontólogos españoles describen un nuevo género de úrsido, ‘Kretzoiarctos’
  • Encontraron una mandíbula y un diente carnicero de 11,6 millones de años
  • El hallazgo se produjo en el vertedero de Can Mata, en Barcelona
  • En Zaragoza se hallaron anteriormente fósiles de estos osos

Restos fósiles de ‘Kretzoiarctos’ hallados en Barcelona y Zaragoza. | Juan Abella/ MNCN.

El pariente más antiguo del oso panda gigante chino (‘Ailuropoda melanoleuca’) vivió en la Península Ibérica. Los paleontólogos hallaron una mandíbula y una pieza dental de hace 11,6 millones de años durante las obras de excavación de un vertedero en Barcelona. Su tamaño, no obstante, debió ser bastante más pequeño que el de los pandas gigantes que en la actualidad viven en China. El origen del linaje de este popular animal sigue siendo objeto de debate entre paleontólogos y biólogos.

A partir del descubrimiento de estos fósiles, un equipo de investigadores españoles, liderados por Juan Abella, han descrito un nuevo género de úrsido, ‘Kretzoiarctos’. Sus características se publican esta semana en ‘PLOS ONE’ en un artículo firmado por investigadores ligados al Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), al Institut Català de Paleontologia (ICP) y a la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Las obras que desde hace más de diez años se llevan a cabo en el Abocador de Can Mata (Hostalets de Pierola, Barcelona) están sacando a luz numerosos fósiles. Hace un año, el investigador Juan Abella tuvo la ocasión de examinar algunas de estas piezas durante una visita a Barcelona, según cuenta a ELMUNDO.es en conversación telefónica. “Estaba a punto de publicar un artículo en la revista ‘Estudios Geológicos’ sobre una nueva especie de úrsido primitivo, ‘Agriarctos beatrix’, de la que se habían encontrado fósiles en el yacimiento de Nombrevilla 2 (en Daroca, Zaragoza)”, recuerda.

Parientes europeos del panda

Estos fósiles formaban parte desde hace años de la colección del MNCN. El problema es que sólo contaban con algunas piezas dentales superiores y no dentición inferior, lo que dificultaba la comparación de este animal con otros fósiles del Mioceno superior hallados en Hatvan (Hungría). Las piezas disponibles eran insuficientes para describir un nuevo género, aunque sí se pudo determinar una nueva especie, ‘Agriarctos Beatrix’.

Toparse con los fósiles de Can Mata, una mandíbula y un fragmento de una carnicera superior, les permitió ampliar la investigación, realizar un estudio filogenético y describir un nuevo género de úrsido. Y es que al comparar los fósiles catalanes con los restos de Hungría concluyeron que las diferencias eran suficientemente significativas como para describir un nuevo género extinto de panda gigante. ‘Kretzoiarctos’ se convierte, por tanto, en el pariente más antiguo del actual panda gigante.

Hasta hace poco, los fósiles del Mioceno superior chino (hace entre 7 y 8 millones de años) eran los más antiguos del grupo ‘Ailuropodinae’, que incluye a los pandas actuales y a las formas extintas de los pandas gigantes. En los últimos años se habían desenterrado en Europa restos fósiles de este grupo más antiguos pero los registros eran escasos.

Parecido al oso malayo

Abella calcula que este animal que vivía en la Península podría haber pesado unos 60 kilogramos y su aspecto debía recordar al del actual oso malayo (‘Helarctos malayanus’). No obstante, aclara que disponer sólo de piezas dentales imposibilita hacer una recreación realista del aspecto de ‘Agriarctos Beatrix’. “La reconstrucción que se hizo a partir de los fósiles hallados en Zaragoza está basada en suposiciones, pues las fórmulas que se usan para calcular la masa corporal no dan resultados reales con los dientes. Para hacerla bien, convendría tener los huesos largos del animal, como el húmero y el fémur, que estiman bein la masa corporal”.

El nuevo género de úrsido ha sido bautizado como ‘Kretzoiarctos’ en homenaje al paleontólogo griego Miklós Kretzoi, que durante años lideró las excavaciones en los yacimientos de Rudabánya (Hungría).

El panda gigante, una especie amenazada

Casi todas las especies de osos son omnívoros ya que, a pesar de su potente dentadura, no sólo comen carne sino también frutas, raíces o insectos. El panda gigante, sin embargo, es completamente herbívoro.

El panda gigante, nativo de algunos partes de China, es el único miembro de los ‘Ailuropodinae’ que no se ha extinguido, aunque es una especie amenazada. Según datos de la organización conservacionista WWF, que tiene a oso como emblema, en la actualidad quedan unos 1.600 ejemplares en libertad.

Suelen medir alrededor de un metro y medio, y los adultos pesan hasta 150 kilogramos. Este oso de pelaje blanco y negro vive en bosques templados de hoja ancha y mixtos al sudoeste de China, donde encuentra en abundancia el bambú del que se alimenta. Un panda gigante consume nada menos que entre 12 y 38 kilogramos de esta planta. Y es que, a pesar de que tiene un sistema digestivo similar al de un carnívoro, su organismo se ha adaptado a la dieta vegetariana. Sin embargo, la destrucción de su hábitat y la caza furtiva son las principales amenazas del panda gigante, un animal tranquilo y de aspecto bonachón.

Cuando los dientes de sable y los osos-perro cazaban en Madrid


ABC.es

  • Una investigación describe cómo convivían los depredadores en el centro de la península hace 9 millones de años

Recreación de la fauna del Cerro de los Batallones, hace 9 millones de años

Hace 9 millones de años, lo que ahora es la provincia de Madrid era un terreno de caza para distintos grandes carnívoros que se repartían el hábitat y las presas, todavía sin la presencia del ser humano. Estos mamíferos eran felinos dientes de sable y osos-perro que, aunque rivales, recorrían las mismas zonas boscosas y pastizales con idéntico objetivo: la depredación. Este vistazo al pasado ha sido posible gracias a una investigación dirigida por paleontólogos de la Universidad de Michigan y el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, que han analizado el esmalte de los dientes de algunas de estas especies en el yacimiento de Cerro de los Batallones.

Los investigadores encontraron restos de dos especies de gato -una del tamaño de un leopardo llamado Promegantereon ogygia y otra mucho más grande, como un león, el Machairodus aphanistus– que vivían juntos en una zona boscosa durante el Mioceno tardío. Probablemente, les gustaba cazar las mismas presas, como caballos y jabalíes. En este hábitat, los dientes de sable más pequeños podrían haber utilizado la cobertura arbórea para evitar encontrarse con los de mayor tamaño. Mientras tanto, el oso-perro iba detrás de los antílopes en una zona más abierta superpuesta al territorio de los gatos, pero algo alejada.

«Estos tres animales habitaban la misma área geográfica al mismo tiempo. Lo que hacían para coexistir era evitarse el uno al otro y repartir los recursos». explica Soledad Domingo, investigadora en el Museo de Paleontología de la Universidad de Michigan y autora principal del artículo sobre los hallazgos publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B.

Los grandes carnívoros como estos son raros en el registro fósil, sobre todo porque los animales herbívoros más abajo en la cadena alimentaria han sido más numerosos que los consumidores de carne a lo largo de la historia. El Cerro de los Batallones, donde Domingo ha estado excavando durante los últimos ocho años, es especial. De sus nueve sitios, dos son antiguos fosos con una gran cantidad de huesos de mamíferos carnívoros. Muy ágiles, dicen los investigadores, estos depredadores probablemente saltaban en las trampas naturales en busca de una presa atrapada. «Estos sitios ofrecen una ventana única para entender la vida en el pasado», afirma Domingo.

Para llegar a sus conclusiones, los investigadores llevaron a cabo un análisis de los isótopos estables de carbono en los dientes de los animales. Usando el taladro de un dentista con una broca de diamante, tomaron muestras de dientes de 69 especímenes, incluyendo 27 tigres dientes de sable y osos-perro. El resto eran herbívoros. Los científicos aislaron el carbono del esmalte de los dientes y utilizaron un espectrómetro de masas para su análisis.

Grabado en los dientes

El carbono 12 y 13 están presentes en el dióxido de carbono que las plantas absorben durante la fotosíntesis. Plantas diferentes hacen uso de los isótopos de diferentes maneras, y así se conservan distintas cantidades de ellos en sus fibras. Cuando un herbívoro come una planta, la planta deja una firma isotópica en los huesos y dientes del animal. La firma viaja a través de la cadena alimentaria y también se puede encontrar en los carnívoros.

Debido a que los investigadores pueden decir lo que los herbívoros comían, pueden imaginarse cómo era el paisaje: una zona boscosa con parches de pastizales. Los gatos no mostraron diferencias significativas en sus proporciones estables de isótopos de carbono. Eso significa que probablemente se alimentaban de las mismas presas y vivían en el mismo hábitat, pero los depósitos varían según el tamaño de las presas.

«Los tres grandes mamíferos depredadores capturaban presas en diferentes partes del hábitat, como lo hacen los grandes depredadores que coexisten en la actualidad. Así que, aunque ninguna de las especies de este ecosistema de hace 9 millones de años está viva hoy en día (sí algunos de sus descendientes), se han encontrado evidencias de interacciones ecológicas similares a los ecosistemas modernos», dice Catherine Badgley, bióloga evolutiva y coautora del estudio.

El primer panda gigante vivió en Aragón


El Mundo

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Dos dientes encontrados en un yacimiento del municipio zaragozano de Nombrevilla han bastado para reconocer una nueva especie de úrsido que, según su descubridor, es el oso panda gigante más antiguo conocido hasta ahora, un pariente lejano de los que aún viven en China, que vivió hace 11 millones de años, en el Mioceno.

El descubrimiento rebaja en dos millones de años la aparición de este grupo de osos emparentado con los pandas gigantes y localiza su origen en las cuencas nororientales de la Península Ibérica.

Los fósiles de este oso, bautizado como ‘Agriarctos beatrix’, en honor de una paleontóloga zaragozana, se encontraban desde hace años entre las colecciones del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), de donde los rescató el investigador Juan Abella, que había centrado su tesis en el esqueleto de otro oso prehistórico encontrado en el Cerro Batallones (Madrid).

Abella, al analizar los dos molares superiores, descubrió que, por sus características, se encuentra en la línea evolutiva de los osos panda gigante, pese a que no superaba los 60 kilos de peso, menos que un ser humano. “Esta especie de oso era como los osos malayos, que son los más pequeños que existen. Especies parecidas sólo se han encontrado en Hungría o en China, pero mucho más recientes”, señala Abella a ELMUNDO.es, primer firmante del artículo publicado en la revista ‘Estudios Geológicos’.

Abella reconoce que, a falta de un esqueleto, se sabe poco de su apariencia externa, pero se supone que tenía el pelo oscuro y con manchas blancas en el pecho, así como en torno a los ojos, como el actual oso panda gigante. “Esa es la imagen que podemos recrear porque es la del patrón primitivo de los osos”, señala el investigador.

Gracias al estudio del entorno, se ha averiguado que el ‘Agriarctos beatrix’ vivía en un bosque húmedo y caluroso, similar al que hoy existe en el Sudeste Asiático. Aunque era omnívoro, se cree que comía ya muchos vegetales y frutas (hoy el panda gigante es herbívoro), pero también pequeños roedores e insectos.

Tenía hábitos más sedentarios que otros osos más cazadores, como el oso pardo o el polar. Y debido a su pequeño tamaño, es probable que escapara de otros carnívoros más grandes trepando a los árboles. Un oso singular

“El tamaño de los dientes y su morfología nos dicen que era una especie distinta de la que se creía. Aunque comparte el linaje del panda gigante actual no sabemos si fue su ancestro. Tampoco conocemos las causas por las que se extinguió, aunque la más probable es que se abrieran más los bosques y hubiera zonas más secas”, reconoce el paleontólogo.

Los saurópodos, gigantes con muy buen equilibrio


El Mundo

Un equipo internacional de investigadores, liderados por científisoco del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha realizado la reconstrucción en tres dimensiones del cráneo de un saurópodo, el ‘Spinophorosaurus nigeriensis’ (‘lagarto portador de espinas’), que ha permitido revelar que aquellos gigantes del Jurásico tenían un gran sentido del equilibrio.

La investigación, publicada en la revista ‘PLoS ONE’, concluye que ese género de dinosaurios poseían un oído interno muy desarrollado, lo que implica que tenían una gran coordinación sus ojos y su cabeza.

Los fósiles utilizados en este trabajo fueron localizados en Níger, en el desierto del Sáhara, en una campaña de excavaciones del año 2006, al sur de Agades, y pertenecen al Jurásico medio, hace unos 165 millones de años. Fue el primer dinosaurio de este tipo encontrado en esta zona del mundo.

Poca agilidad física

“A pesar de tratarse de un animal cuya agilidad física se había reducido dramáticamente con respecto a la de sus ancestros, el ‘Spinophorosaurus’ disponía de un aparato para el equilibrio que estaba muy bien desarrollado“, apunta Fabien Knoll, investigador en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), que ha dirigido este trabajo.

Lo que han averiguado gracias a la reconstrucción en 3D es que esta parte del oído interno del saurópodo tiene tres canales semicirculares, que son los encargados de detectar la aceleración angular de la cabeza. Son unos canales que son de forma alargada en animales de gran agilidad, como los lémures mangosta, y cortos en los que son lentos, como el aí (‘Bradypus tridactylus’).

En el caso del ‘Spinophosaurus’, era un hervíboro cuadrúpedo de cuello largo. Podía alcanzar hasta los 15 metros de longitud y su cola tenía protuberancias ósesas, como si fueran espinas, de donde le viene su nombre.

El origen de esta especie se remonta a los sauropodomorfos más antiguos, caracterizados por su tamaño relativamente pequeño, su delgadez y su bipedismo, y que presentaban un vestíbulo bien desarrollado.

El hallazgo de esta especie tuvo lugar durante las actividades de prospección del proyecto PALDES (Paleontología para el Desarrollo en Níger) en una zona al sur de Agadez (centro de Níger), en la Comunidad rural de Aderbissinat, llevadas a cabo por paleontólogos del Museo Paleontológico de Elche y del Museo de Historia Natural de Braunschweig. Poco después, el grupo de trabajo alemán rescataba los restos de un segundo ejemplar.

Los dinosaurios vuelven a ‘invadir’ Madrid


El Mundo

  • Abierta la exposición ‘Minerales, fósiles y evolución humana’
  • Más de 1.500 metros cuadrados sobre el origen de la vida en la Tierra
Una de los dinosaurios que han regresado al Museo. |Juan Hidalgo

Una de los dinosaurios que han regresado al Museo. |Juan Hidalgo

Los dinosaurios han regresado a Madrid tras una larga ausencia que ha servido para renovar el espacio en el que habitaron en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Los más de 1.500 metros de la Sala de Geología han perdido su aire decimonónico para la inaguración de una muestra que devuelve diplodocus, mastodontes y homínidos a su lugar.

Se trata de la exposición ‘Minerales, fósiles y evolución humana’, que actualiza contenidos científicos que se habían quedado totalmente obsoletos, desde que en 1989 se abriera la muestra anterior. Desde entonces, nuevos hallazgos paleontológicos, muchos en España, hacían necesario un remozado que ha tardado dos años y medio en ver la luz.

Ahora, no solo se ha rediseñado el espacio, con un estilo museográfico mucho más moderno, sino que se han recuperado piezas que estaban apolillándose en los almacenes del Museo por falta de espacio para estar a la vista.

Como ya lo eran antes, la estrella será la colección de dinosaurios que fueron hallados en la formación Morrison de Estados Unidos, el gigantesco ‘Diplodocus carnegii’, que fue donado por su descubridor a Alfonso XIII en 1913, o el no menos grande megaterio americano, que viajó desde Argentina hasta el museo hace más de 200 años y fue el primer fósil que se montó en la historia de la paleontología.

Para disfrute de los más más pequeños, que suponen el 80% del público del Museo, se ha instalado una mesa táctil y una pantalla que permiten sostener en la mano a los dinosaurios y moverlos en diferentes direcciones. Es uno de los guiños de renovación tecnológica que ofrece la nueva cara de esta institución.

Evolución

Hay que subir a la segunda planta para cambiar de era. Es el momento de adentrarse en la compleja evolución humana, resumida en ocho vitrinas y unos paneles (teatrillos) en los que se explican los procesos biológicos.

El recorrido comienza con una naturalizaciones de grandes primates emparentados con los humanos (orangután, gorila y chimpancé), para seguir con los cambios al bipedismo, el primitivo ‘Sahelanthropus tchadensisa’ (conocido como ‘Toumai’), los australopitecus, los primeros homínidos (erectus,ergaster y floresiensis), los ‘heildebergensis’ de Atapuerca, los neandertales y los ‘sapiens’. “El reto ha sido resumir en poco espacio la historia de estas especies, desde que se irguieron hasta el pensamiento simbólico”, apunta el investigador Antonio Rosas, asesor científico de esta parte de la exposición.

El tercer apartado tiene por objeto las piedras, aunque con algunas de ellas puedo llegar la vida a la Tierra. Entre los minerales hay algunos de histórica importancia. Es el caso de los azufres agotados de Conil (Cádiz), la obsidiana pulida llamada ‘el espejo de los incas’ y oro procedente de Colombia. “En su selección hemos tenido en cuenta criterios científicos, históricos y estéticos”, apunta Eusebio Bonilla, unos de los comisarios de la muestra.

Junto con los minerales, se exponen más de 200 meteoritos de todo el mundo. Entre ellos, los recogidos en España desde 1773 hasta nuestros días, pero también un fragmento del famoso meteorito Allende, en el que se descubrieron aminoácidos.

Algunos de los presentes en la inauguración comentaban algunas carencias de la muestra. Por ejemplo, la falta de referencias al origen de la vida en la Tierra, o más tecnología interactiva. Pero fuentes del Museo reconocían que la crisis económica les ‘pilló’ en medio de la remodelación y tuvieron que aplicar la tijera a algunos apartados.

En todo caso, es una buena noticia que los dinosaurios regresen a Madrid… para las Navidades.