El mito del «Genocidio español»: las enfermedades acabaron con el 95% de la población


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  • Lejos de lo vertido por la Leyenda Negra contra España, la catástrofe demográfica estuvo causada por las epidemias portadas por los europeos. Los habitantes de América habían permanecido aislados del resto del mundo y pagaron a un alto precio su fragilidad biológica
wIKIPEDIA Mural de Diego Rivera sobre la Conquista de México. Palacio Nacional de la Ciudad de México

WIKIPEDIA | Mural de Diego Rivera sobre la Conquista de México. Palacio Nacional de la Ciudad de México

El término anacrónico de «Genocidio Americano» es uno de los puntales de la leyenda negra que vertieron los enemigos del Imperio español para menoscabar su prestigio. En un grabado holandés del siglo XVII aparece Don Juan de Austria, héroe de la batalla de Lepanto, vanagloriándose del martirio de un grupo de indígenas americanos. La mentira es insultantemente estúpida: el hijo bastardo de Carlos I de España jamás participó de la conquista ni siquiera pisó suelo americano. Así, entre mentiras, cifras exageradas y episodios novelados, se gestó el mito que pervive hasta la actualidad de que los españoles perpetraron una matanza masiva y ordenada de la población americana. La verdad detrás de esta controversia histórica muestra que el auténtico genocidio, pese a que los españoles no escatimaron en brutalidad para llevar a cabo sus propósitos, lo causaron las enfermedades portadas por los europeos.

La catástrofe demográfica que sufrió el continente americano desde 1492 –el año del Descubrimiento de Cristóbal Colón– es un hecho irrefutable. Antes de la llegada de los españoles se ha estimado tradicionalmente que la población del continente se encontraba entre los 40 millones y los 100 millones. No obstante, el hispanista venezolano Ángel Rosenblat argumenta en su estudio «La población de América en 1492: viejos y nuevos cálculos» (1967) que la cifra no pasaría de 13 millones, concentrándose los principales grupos en las actuales regiones de México y de Perú, ocupadas por el Imperio azteca y el Inca respectivamente. Sea una cifra u otra, la disminución demográfica fue dramática: el 95 % de la población total de América murió en los primeros 130 años después de la llegada de Colón, según el investigador estadounidense H. F. Dobyns.

La sangría demográfica hay que buscarla en dos factores: el traumatismo de la conquista (las bajas causadas por la guerra, el desplome de las actividades económicas y los grandes desplazamientos poblaciones) y sobre todo las enfermedades. Los habitantes de América habían permanecido aislados del resto del mundo y pagaron a un alto precio el choque biológico. Cuando las enfermedades traídas desde Europa, que habían evolucionado durante miles de años de Humanidad, entraron en contacto con el Nuevo Mundo causaron miles de muertes frente a la fragilidad biológica de sus pobladores. Un sencillo catarro nasal resultaba mortal para muchos indígenas. El resultado fue la muerte de un porcentaje estimado del 95% de la población nativa americana existente a la llegada de Colón debido a las enfermedades, según los cálculos del ecólogo Jared Diamond.

Fueron las grandes epidemias, sin embargo, las que provocaron el mayor impacto. Una epidemia de viruela que se desató en Santo Domingo entre 1518 y 1519 acabó con prácticamente toda la población local. Esa misma epidemia fue introducida por los hombres de Hernán Cortés en México y, tras arrasar Guatemala, bajo hasta el corazón del Imperio Inca en 1525, donde diezmó a la mitad de la población. Precedido por la viruela, la llegada de Francisco Pizarro a Perú fue el golpe final a un imperio que se encontraba colapsado por las enfermedades. La epidemia de viruela fue seguida por la de sarampión, entre 1530-31; el tifus, en 1546; y la gripe, en 1558. La difteria, las paperas, la sífilis y la peste neumónica también golpearon fuerte en la población.

El genocidio en la leyenda negra

«Los españoles han causado una muerte miserable a 20 millones de personas», escribió en su texto «Apología» el holandés Guillermo de Orange, esforzado padre de la propaganda negativa del Imperio español. Con la intención de menoscabar el prestigio de la Monarquía hispánica, dueña absoluta del continente durante casi un siglo, los holandeses, los ingleses y los hugonotes franceses exageraron las conclusiones del libro «Brevísima relación de la destrucción de las Indias», escrito por el fraile dominico Bartolomé de Las Casas. Probablemente, este fraile, que acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje, no habría jamás imaginado que su texto iba a ser la piedra central de los ataques a España cuando denunció el maltrato que estaban sufriendo los indígenas. Como explica Joseph Pérez, autor de «La Leyenda negra» (GADIR, 2012), Las Casas pretendía «denunciar las contradicciones entre el fin –la evangelización de los indios– y los medios utilizados. Esos medios (la guerra, la conquista, la esclavitud, los malos tratos) no eran dignos de cristianos; el hecho de que los conquistadores fueran españoles era secundario».

Las traducciones y reediciones de la «Brevísima relación de la destrucción de las Indias» se multiplicaron entre 1579 y 1700: de ellas 29 fueron escritas en neerlandés, 13 en francés y seis en inglés. Lo que todos obviaron cuando emplearon a de Las Casas para atacar al Imperio español es que él mismo representaba a un grupo de españoles con el coraje de denunciar la injusticia, la mayoría misioneros, y a una creciente preocupación que con los años atrajo el interés de las autoridades. Este grupo crítico consiguió que en 1542 las Leyes Nuevas confirmaran la prohibición de reducir a los indios a la esclavitud y sancionaron el fin del trabajo forzoso, la encomienda. Asimismo, en la controversia de Valladolid, donde por desgracia se sacaron pocas conclusiones finales, se enfrentaron quienes defendían que los indígenas tenían los mismos derechos que cualquier cristiano contra los que creían que estaba justificado que un pueblo superior impusiera su tutela a pueblos inferiores para permitirles acceder a un grado más elevado de desarrollo.

Curiosamente, los enciclopedistas franceses, muy críticos con todo lo referido a España en otras cuestiones, fueron los primeros en ver que las cifras presentadas por de Las Casas –20 millones de muertos causados por los métodos de los conquistadores– eran del todo imprecisas. En «El Ensayo sobre las costumbres» (1756), Voltaire afirma que Las Casas exageró de forma premeditada el número de muertos e idealizó a los indios para llamar la atención sobre lo que consideraba una injusticia. «Sabido es que la voluntad de Isabel, de Fernando, del cardenal Cisneros, de Carlos V, fue constantemente la de tratar con consideración a los indios», expuso en 1777 el escritor francés Jean-François Marmontel en una obra, «Les Incas», que por lo demás está llena de reproches hacia la actitud de los conquistadores. La Revolución francesa y la emancipación de las colonias en América elevaron a de Las Casas a la categoría de benefactor de la Humanidad.

Los críticos se convierten en los conquistadores

Más allá del brutal impacto de las enfermedades, es cierto que la violencia de la Conquista de América provocó la muerte directa e indirecta de miles de personas. El que existiera un grupo de personas críticas con los métodos empleados por los conquistadores –un grupo de hombres que perseguían como principal objetivo el hacerse ricos– o que los Reyes españoles plantearan soluciones –aunque fueran incompletas e incluso hipócritas– no exime a España de sus pecados históricos y del daño cometido, pero sí la diferencia de precisamente los países que censuraron una actuación que luego ellos mismos practicaron. Sin entrar a valorar el fangoso proceso llevado a cabo por los anglosajones en Norteamérica, la explotación de caucho en el África negra dejó a sus espaldas 10 millones de muertos en el Congo Belga.

«La colonización europea de los siglos XIX y XX fue culpable de crímenes semejantes a los cometidos por los conquistadores españoles. La única diferencia es que no encontraron a un de Las Casas para denunciar las injusticias con tanta repercusión», sentencia el hispanista Joseph Pérez en el citado libro.

El increíble descubrimiento en Angkor Wat del primer cero escrito por el hombre


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  • El arqueólogo matemático Amir Aczel halló el número 605 escrito en una estela del siglo VI, desaparecida durante la dictadura de los Jemeres rojos

AMIR ACZEL | La inscripción en antiguo Jemer dice que «la era Caka comenzó en 605, en el quinto día de la luna menguante»

En su número del mes de diciembre la revista de la Smithsonian incluirá un relato muy especial, el de la odisea vivida por un matemático en la búsqueda del origen del número más importante de todos los inventados por la humanidad: el cero. Para localizar esta primera expresión tuvo que internarse en el corazón de la jungla camboyana. Y lo halló -prácticamente podría decirse que en el libro de la selva- cuando ya lo daba por perdido, en un almacén cerrado al público a cuatro millas (unos 6 kilómetros) del célebre complejo de Angkor Wat.

El increíble descubrimiento en Angkor Wat del primer cero escrito por el hombre

Esta es la fabulosa historia: Amir Aczel, el científico que creció en un crucero por el mediterráneo, sintió pronto, según cuenta en Smithsonian.com, la fascinación por los números desde que los vio en aquel barco de lujo, donde nunca paraban de girar… en la ruleta. Mitad rojos, mitad negros, con excepción del verde «0». Más tarde su obsesión arqueológica le llevó a tratar de averiguar el verdadero origen de los guarismos de nuestro sistema numeral, yendo hacia atrás en el tiempo, desde su aparición en occidente en el siglo XIII, en una publicacíon de Fibonacci (Leonardo di Pisa), quien los había aprendido de los Árabes. ¿Y ellos? Se supone que los trajeron de oriente, de sus viajes hasta la India. El libro «Finding zero» es el resumen de esta odisea que narra Amir D. Aczel en la revista de Smithsonian.

Ni romanos ni egipcios

Los mayas tenían su propio cero pero ese guarismo nunca salió de América. Los romanos y los egipcios no lo utilizaban. Se ha pensado que el cero que conocemos en occidente procedía de un círculo inscrito en un templo de Gwalior, India, que data del siglo IX, un momento en que el comercio arábigo-hindú era intenso y continuo. Por ello, la verdadera procedencia podría estar en cualquier sitio, al este.

Nada hay más natural a la filosofía hindú que los conceptos de vacío, nada, nulidad. Son conceptos religiosos que definen su relación con el tiempo y el mundo. Hubo grandes matemáticos indios, como Brahamagupta, Bhaskara o Mahavira que se habían interrogado sobre este valor en sus tratados. El propio Brahamagupta, que vivió entre 598 y 668, había introducido el número cero como definición de una cantidad nula, pero fue mucho más allá al definir lasuma de cero y números negativos y positivos, reflexión de la que derivaron las operaciones de multiplicación y división por cero y, lógicamente, la necesidad del concepto de infinito.

En 1931, un investigador francés, George Coedès, identificó un relieve como K-127, una estela que se lee como una factura de compraventa, con referencias a esclavos, cinco pares de bueyes y sacos de arroz blanco. Aunque no se había descifrado completamente la inscripción, se documentó un claro 605, en relación al calendario antiguo que parte del año 78. Correspondería a nuestro año 683 después de Cristo, más de dos siglos anterior al del templo de Gwalior. Estamos en tiempos de Brahamagupta, aunque en Camboya.

Para terminar este apasionante relato de la odisea de Aczel, faltaba la existencia de un problema irresoluble. La estela, el fragmento, había desaparecido durante el régimen de terror de los Jemeres rojos.

Para hallar el K-127 entre 10.000 objetos sin identificar dentro del almacen en el que estaba, Amir Aczel tuvo que quemar las pestañas leyendo viejos documentos en bibliotecas desde Londres a Delhi y viajar a Camboya tantas veces como pudo a lo largo de los años. Cuando iba a rendirse, habiendo gastado sus propios ahorros en el empeño, recibió una beca que le ayudó a continuar la búsqueda. Fue entonces cuando el director general del Ministerio camboyano de Cultura le llevó a las dependencias de restauración y almacén de objetos de Angkor. Después de dos incursiones infructuosas, volvió a ser invitado. Era enero de 2013. Entonces, después de dos horas, halló una piedra catalogada con el famoso K-127. Tenía un metro por metro y medio y aún conservaba la inscripción, claramente.

¿Descubiertos o inventados?

«No me atrevía ni a tocarla», relata Aczel, «por miedo a que sufriera el más mínimo daño». Después de toda la odisea que le llevó allí, aún ha tenido la paciencia de seguirse haciendo preguntas, y las ha compartido con numerosos matemáticos e historiadores. ¿Donde se inventaron, o fueron descubiertos, los números? Para muchos, existen fuera de la mente humana. Pero lo que les confiere su poder es el hecho de haberlos dado nombre. Por ello, Aczel trata ahora de que la piedra con el cero más antiguo jamás escrito acabe en un museo, en la capital camboyana. El número redondo, el más útil de la historia, el descubrimiento matemático cuya importancia es comparable al de la rueda, lo merece.

Descubren pirámide circular de más 2.000 años de antigüedad en la Amazonia de Bolivia


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  • Un grupo de arqueólogos bolivianos ha descubierto una gran pirámide circular en la Amazonia de Bolivia, que data de más de 2.000 años de antigüedad.

Según informa la Agencia Boliviana de Información, los restos del monumento, con un diámetro en la base de aproximadamente 180 metros y una altura de casi 14 metros, fue hallada en el departamento de Santa Cruz.

“No es una pirámide hecha de piedra. Es una pequeña colina que fue rebajada y trabajada con muros de contención para tener la forma escalonada de una pirámide circular. Este tipo de sistemas constructivos se pueden ver en Centroamérica y en Perú“, explicó el arqueólogo Danilo Drakit, coordinador del equipo investigador.

Hipotéticamente la estructura pudo haber sido construida por las culturas amazónicas hace 2.000 o 2.500 años, un parámetro que se ha aplicado a construcciones similares descubiertas en Perú y México, según Drakit.

Además, el investigador indicó que la pirámide circular consta de tres niveles y podría estar visible en gran parte a finales del 2015, cuando finalicen los trabajos de excavación.

Descubren un sorprendente laberinto subterráneo de tumbas


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México, D.F.- Una nueva exploración realizada en la tumba de Anfípolis, en el norte de Grecia, sugiere la existencia de una sorprendente red de tumbas y corredores subterráneos que están interconectados y se asemejan a un laberinto.

La investigación, que consistió en hacer un escáner geofísico de la zona donde se localiza el túmulo de Kasta —como también es conocido—, es dirigida por arqueólogos de la Universidad Nacional de Salónica, que se mostraron sorprendidos por la increíble magnitud del hallazgo, informa el portal Ancient Origins.

Según Gregory Tsokas, profesor de geofísica en dicha universidad y director de la exploración, los resultados obtenidos por los escáneres utilizados en los recientes trabajos pueden verse alterados por distintos factores, entre los que destacan la densidad de los estratos y rocas que componen el montículo y el ruido natural de la zona, los cuales pueden generar una imagen distorsionada del interior de la tumba.

No obstante, en caso de que se confirme la información preliminar arrojada por las primeras imágenes, se sugiere que la zona puede albergar una necrópolis con cientos de tumbas conectadas entre sí, refutando la creencia de que la tumba de Anfípolis era simplemente individual.

Se espera que los resultados completos se hagan públicos en las próximas dos semanas, luego de que la información sea analizada por especialistas en laboratorios.

La tumba de Anfípolis fue descubierta en 2012 y es el mayor monumento funerario que hasta el momento se haya descubierto en Grecia. Por su magnitud, se ha especulado sobre la posibilidad de que sea la tumba que alberga los restos de Alejandro Magno.

Arqueólogos alemanes descubren un nuevo dios


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México, D.F.- Los arqueólogos alemanes desenterraron en un antiguo santuario de la ciudad de Doliche, en el sudeste de Turquía, un relieve romano único que representa a un dios desconocido relacionada con el culto de Júpiter Doliqueno, informa el sitio de la Universidad de Münster. Fuente: RT

Según el estudio, el relieve está esculpido en una estela de basalto de un metro y medio de altura que fue utilizada como contrafuerte de la pared del santuario. En él está representado un dios de la fertilidad o de la vegetación, según dijo el arqueólogo que encabeza la excavación, el profesor Engelbert Winter.

“La imagen está muy bien conservada. Proporciona valiosa información sobre las creencias de los romanos y sobre la persistencia de las antiguas tradiciones de Oriente Próximo. Sin embargo, es necesaria una amplia investigación para poder identificar con precisión a la deidad”, afirmó profesor Michael Blömer.

“La estela de basalto muestra a una deidad que emerge de un cáliz de hojas. Su largo tallo se eleva desde un cono adornado con símbolos astrales. De cada uno de los extremos del cono salen un cuerno largo y un árbol, que la deidad agarra con la mano derecha. Los elementos pictóricos sugieren que es un dios de la fertilidad”, añadió Blömer.

Los expertos indican que el relieve contiene sorprendentes detalles iconográficos, como la composición de la barba o la postura de los brazos, que permiten pensar que la imagen fue esculpida a principios del siglo I antes de Cristo.

Júpiter Doliqueno fue un dios romano creado a partir de la sincretización del Júpiter romano, “el rey de los dioses”, y el culto a Baal en la antigua ciudad grecorromana de Doliche, situada a pocos kilómetros al norte de la moderna ciudad turca de Gaziantep.

La NASA anuncia el descubrimiento de cinco nuevos planetas rocosos


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  • Estos planetas son entre un 10% y hasta un 80% más grandes que la Tierra

La NASA anuncia el descubrimiento de cinco nuevos planetas rocosos

afp | La nave espacial Kepler ha descubierto cinco nuevos planetas rocosos

La nave espacial Kepler ha hallado cinco nuevos planetas rocosos entre una serie de mundos que también han sido encontrados recientemente por la prolífica sonda de la NASA. La agencia espacial estadounidense ha explicado, durante la reunión de la Sociedad Astronómica Americana, que los planetas varían en tamaño, desde un 10% hasta un 80% más grandes que la Tierra.

Para llevar a cabo este hallazgo y obtener datos de los planetas, se han realizado observaciones de seguimiento con mediciones Doppler de las estrellas anfitrionas de los pleanetas.

El equipo midió la oscilación del reflejo de la estrella anfitriona causada por el tirón gravitacional que, sobre ella, ejerce el planeta en órbita. Esta observación revela la masa del planeta: cuanto mayor es la masa del planeta mayor es la atracción gravitatoria y, por tanto, mayor será el tambaleo.

«Esta maravillosa avalancha de información sobre planetas nos habla de su estructura de núcleo y su envoltura», ha señalado uno de los autores del trabajo, Geoff Marcy. “Ahora nos enfrentamos a preguntas desalentadoras acerca de cómo se forman estos mundos y por qué el Sistema Solar está desprovisto de algunos de los elementos más comunes en la galaxia”, ha apuntado.

Así, ha destacado que de dos de los nuevos mundos rocosos, denominados Kepler-99b y Kepler-406b, ya se sabe que son un 40 por ciento más grande en tamaño que la Tierra y que tienen una densidad similar al plomo. Ambos orbitan su estrella en menos de cinco y tres días, respectivamente, por lo que, según los investigadores, son demasiado calientes para sostener la vida tal y como se conoce.

En este sentido, ha explicado que las mediciones de densidad dictan la composición química posible de los planetas extraños. De este modo, saben que los más pequeños tienen un núcleo rocoso y que las proporciones de hidrógeno o helio, entre otros componentes, varían dramáticamente. La NASA espera ahora, ‘armada’ con esta información, poder convertir la fracción de estrellas que albergan planetas tamaños en la fracción de estrellas que albergan planetas rocosos. “Y eso es un paso más cerca de encontrar un entorno habitable más allá del Sistema Solar”, ha concluido Marcy.