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  • Todos los indicios apuntan a que esta civilización llegó a las Islas y sus pobladores mantuvieron contactos con los aborígenes
En busca de la huella del imperio romano en Canarias

EFE | Trabajos de excavación en el yacimiento con restos romanos descubierto en la Isla de Lobos en 2012

La excavación arqueológica de un yacimiento descubierto en 2012 en la Isla de Lobos, Fuerteventura, con restos de un posible asentamiento romano ha permitido constatar que el Imperio Romano también se extendió a Canarias.

A raíz de los vestigios encontrados, gracias a que un turista vio el borde de una ánfora romana en la playa de La Caleta (o La Concha), las primeras hipótesis apuntan a la existencia de pobladores del imperio transalpino dedicados a obtener la púrpura -un tinte- a partir del procesamiento de moluscos marinos.

Aunque los investigadores ya han fechado con anterioridad la presencia de restos romanos en otros puntos de Canarias, este yacimiento resulta especialmente llamativo por la diversidad de cerámica encontrada y por la actividad a la que estaría asociada: la extracción de la púrpura para su posterior venta en el Mediterráneo.

Fruto del trabajo de la investigación emprendido desde entonces, la semana pasada un grupo de arqueólogos dio a conocer un nuevo yacimiento en este islote majorero, de unos 570 metros cuadrados de superficie abierta, bautizado como “Lobos 2″.

En concreto, se han descubierto restos de ‘malacofauna’ asociados a una gran cantidad de material cerámico romano que confirman la importancia de este enclave como taller de procesado de púrpura para usar como tinte.

No obstante, hace falta investigar más sobre el alcance de los vestigios. Aunque todos señalan en una misma dirección: la existencia de emplazamientos estacionales de los romanos en el Archipiélago canario.

Las primeras dataciones contextuales de los materiales descubiertos así lo corroboran. Esta “factoría” dedicada a la obtención de púrpura podría remontarse a un periodo que va desde el siglo I antes de Cristo hasta el siglo I después de Cristo, han explicado los investigadores.

Fragmentos de muros, estructuras habitacionales, más cerámica, todo tipo de utensilios y una lucerna en buen estado de conservación son algunas de las joyas destapadas bajo una montaña de jable (arena). En dos años, han aflorado cinco de estas estructuras habitacionales y moluscos abrasados, entre otros.

Es tal la cantidad de piezas encontradas en el nuevo yacimiento que sus responsables han declinado precisar su lugar exacto para evitar posibles expolios.

La industria de la púrpura

Los tejidos teñidos de púrpura gozaron de gran popularidad en todo el mundo antiguo, desde los fenicios hasta los romanos. Eranconsiderados objetos de lujo y signo de distinción social, hasta el punto de que el propio Estado controlaba su monopolio y se organizaban expediciones comerciales y militares en busca de los productos necesarios para su elaboración.

Establecieron bases en la costa africana atlántica para su extracción y las costas de la denominada Mauritania-Tingitana contaron con una potente industria de púrpura, por lo que debido a su cercanía con Canarias, se podría apuntar como teoría que también la tuvieran las Islas. Y lo que resulta todavía más interesante: los restos vendrían a constatar que los romanos convivieron o mantuvieron contactos con los aborígenes canarios.

En paralelo, la producción de ‘garum’ (una conserva realizada a base de pescado) dio origen a una próspera industria de salazón que comercializaban griegos y romanos. Esto también podría explicar una posible presencia romana en la Isla de Lobos.

Otro de los interrogantes que queda por dilucidar, por ejemplo, es si las túnicas de los emperadores y senadores romanosllegaron a tintarse en Lobos o en la costa africana. Así las cosas, el hallazgo de Lobos se perfila como uno de los yacimientos arqueológicos clave de las Islas si se demuestra su vinculación con el Imperio Romano.

De momento, estas excavaciones se enmarcan dentro de la tercera campaña sistemática realizada en Lobos entre el 28 de octubre y el 19 de noviembre, en la que han participado una quincena de expertos.

Se llevan a cabo a través de un convenio suscrito entre los Cabildos de Fuerteventura y Tenerife llamado ‘Poblamiento y Colonización en las Islas del Atlántico’, y se extenderán durante los próximos tres años.

El equipo científico lo componen alrededor de ocho personas y está dirigido por la directora de la excavación, Carmen del Arco Aguilar, catedrática de Prehistoria de la Universidad de La Laguna (ULL).


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  • El arqueólogo matemático Amir Aczel halló el número 605 escrito en una estela del siglo VI, desaparecida durante la dictadura de los Jemeres rojos

AMIR ACZEL | La inscripción en antiguo Jemer dice que «la era Caka comenzó en 605, en el quinto día de la luna menguante»

En su número del mes de diciembre la revista de la Smithsonian incluirá un relato muy especial, el de la odisea vivida por un matemático en la búsqueda del origen del número más importante de todos los inventados por la humanidad: el cero. Para localizar esta primera expresión tuvo que internarse en el corazón de la jungla camboyana. Y lo halló -prácticamente podría decirse que en el libro de la selva- cuando ya lo daba por perdido, en un almacén cerrado al público a cuatro millas (unos 6 kilómetros) del célebre complejo de Angkor Wat.

El increíble descubrimiento en Angkor Wat del primer cero escrito por el hombre

Esta es la fabulosa historia: Amir Aczel, el científico que creció en un crucero por el mediterráneo, sintió pronto, según cuenta en Smithsonian.com, la fascinación por los números desde que los vio en aquel barco de lujo, donde nunca paraban de girar… en la ruleta. Mitad rojos, mitad negros, con excepción del verde «0». Más tarde su obsesión arqueológica le llevó a tratar de averiguar el verdadero origen de los guarismos de nuestro sistema numeral, yendo hacia atrás en el tiempo, desde su aparición en occidente en el siglo XIII, en una publicacíon de Fibonacci (Leonardo di Pisa), quien los había aprendido de los Árabes. ¿Y ellos? Se supone que los trajeron de oriente, de sus viajes hasta la India. El libro «Finding zero» es el resumen de esta odisea que narra Amir D. Aczel en la revista de Smithsonian.

Ni romanos ni egipcios

Los mayas tenían su propio cero pero ese guarismo nunca salió de América. Los romanos y los egipcios no lo utilizaban. Se ha pensado que el cero que conocemos en occidente procedía de un círculo inscrito en un templo de Gwalior, India, que data del siglo IX, un momento en que el comercio arábigo-hindú era intenso y continuo. Por ello, la verdadera procedencia podría estar en cualquier sitio, al este.

Nada hay más natural a la filosofía hindú que los conceptos de vacío, nada, nulidad. Son conceptos religiosos que definen su relación con el tiempo y el mundo. Hubo grandes matemáticos indios, como Brahamagupta, Bhaskara o Mahavira que se habían interrogado sobre este valor en sus tratados. El propio Brahamagupta, que vivió entre 598 y 668, había introducido el número cero como definición de una cantidad nula, pero fue mucho más allá al definir lasuma de cero y números negativos y positivos, reflexión de la que derivaron las operaciones de multiplicación y división por cero y, lógicamente, la necesidad del concepto de infinito.

En 1931, un investigador francés, George Coedès, identificó un relieve como K-127, una estela que se lee como una factura de compraventa, con referencias a esclavos, cinco pares de bueyes y sacos de arroz blanco. Aunque no se había descifrado completamente la inscripción, se documentó un claro 605, en relación al calendario antiguo que parte del año 78. Correspondería a nuestro año 683 después de Cristo, más de dos siglos anterior al del templo de Gwalior. Estamos en tiempos de Brahamagupta, aunque en Camboya.

Para terminar este apasionante relato de la odisea de Aczel, faltaba la existencia de un problema irresoluble. La estela, el fragmento, había desaparecido durante el régimen de terror de los Jemeres rojos.

Para hallar el K-127 entre 10.000 objetos sin identificar dentro del almacen en el que estaba, Amir Aczel tuvo que quemar las pestañas leyendo viejos documentos en bibliotecas desde Londres a Delhi y viajar a Camboya tantas veces como pudo a lo largo de los años. Cuando iba a rendirse, habiendo gastado sus propios ahorros en el empeño, recibió una beca que le ayudó a continuar la búsqueda. Fue entonces cuando el director general del Ministerio camboyano de Cultura le llevó a las dependencias de restauración y almacén de objetos de Angkor. Después de dos incursiones infructuosas, volvió a ser invitado. Era enero de 2013. Entonces, después de dos horas, halló una piedra catalogada con el famoso K-127. Tenía un metro por metro y medio y aún conservaba la inscripción, claramente.

¿Descubiertos o inventados?

«No me atrevía ni a tocarla», relata Aczel, «por miedo a que sufriera el más mínimo daño». Después de toda la odisea que le llevó allí, aún ha tenido la paciencia de seguirse haciendo preguntas, y las ha compartido con numerosos matemáticos e historiadores. ¿Donde se inventaron, o fueron descubiertos, los números? Para muchos, existen fuera de la mente humana. Pero lo que les confiere su poder es el hecho de haberlos dado nombre. Por ello, Aczel trata ahora de que la piedra con el cero más antiguo jamás escrito acabe en un museo, en la capital camboyana. El número redondo, el más útil de la historia, el descubrimiento matemático cuya importancia es comparable al de la rueda, lo merece.


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  • La leyenda habla de una fantasma que recorre los jardines de uno de los parques más misteriosos y mágicos de Madrid
Fray Arsenio, el ermitaño del Capricho que murió enterrado bajo una pirámide masónica

El Parque del Capricho es un rincón que invita a disfrutar de laberintos, arbustos, puentes, casas, lagos, fuentes… y todo tipo de misterios. Fue fundado por la Duquesa de Osuna, una de las damas más influyentes de la nobleza del siglo XVIII, gran mecenas de importantes artistas y escritores. En 1783 se compró este terreno, en la Alameda de Osuna, para crear un espacio de recreo y descanso y, de paso, dar rienda suelta a su afición por la simbología y, sobre todo, la tradición masónica.

Cuenta la leyenda que por la noche se oyen los lamentos de Fray Arsenio, un fantasma que recorre los jardines de este inquietante y bello parque. Se trataba de un mendigo que, en su momento, pidió comida y cobijo a los duques de Osuna. Estos le alojaron en una pequeña ermita que habían levantado poco antes en mitad de los jardines. Los duques le dijeron que nunca más en su vida le iba a faltar alimentos y una cama. A cambio, le pidieron una cosa: que se convirtiera en ermitaño y nunca más volviera a cortarse el pelo y las uñas. Y así ocurrió.

Fray Arsenio dedicó el resto de su vida a rezar pidiendo por el alma de los duques y por su protección. A veces también era utilizado por los duques para asustar a sus visitas cuando les enseñaban los jardines. A su muerte, cuenta la leyenda, que decidieron enterrarlo bajo una pirámide (figura relacionada con la masonería) que se encontraba junto a la ermita donde había vivido.

Desde entonces no son pocos los que aseguran haberlo visto vagar por los jardines con su pelo largo y unas uñas inquietantes…

A continuación, adjuntamos varias fotos de dicho parque, espero que os guste:

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  • Erdogan ha hecho suya una tergiversación de una carta de Cristóbal Colón al avistar Cuba
Las claves que tumban la teoría de que los musulmanes descubrieron América

HURRIYET  

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, aseguró la pasada semana que los musulmanes descubrieron América. Tal declaración controvertida la hizo durante el acto de clausura celebrado en Estambul de la Primera Cumbre de Líderes Musulmanes Latinoamericanos. Tras esta interpretación de la historia, Erdogan ahora insta a las instituciones educativas turcas a que fomenten una política de poner de relieve la contribución del islam a la ciencia y las artes, incluyendo el descubrimiento del continente americano por los marineros musulmanes unos 300 años antes que Cristóbal Colón.

Sin embargo, no fueron pocas las bromas de columnistas y caricaturistas críticos con las ocurrencias de Erdogan. Según publica eldiario turco «Hurriyet», el presidente turco defendió sus afirmaciones sobre el descubrimiento de las Américas matizando que no son suyas, sino que son teorías que llevan coleando durante años. «Esta idea no es nueva. Se menciona en los libros del profesor Fuat Sezgin. Un número de académicos en Turquía y en el mundo han hecho esta afirmación », dijo. Fuat Sezgin es un profesor emérito de Turquía en la ciencia árabe-islámica, que ha estado viviendo en Alemania desde las secuelas del golpe de Estado de 1960 en Turquía.

Más allá de las intenciones de Erdogan, desde la Escuela de Estudios Árabes (EEA-CSIC) critican con dureza las declaraciones del presidente turco, quien parece basarse en las afirmaciones de un académicomusulmán, el doctor Youssef Mroueh, de la Fundación Assunnah de Estados Unidos:

«Colón admitió en sus escritos que el lunes, 21 de octubre de 1492, mientras su barco navegaba cerca de Gibara en la costa noroeste de Cuba, vio una mezquita en lo alto de una bella montaña».

«Tiene sus montañas hermosas y altas como la Peña de los Enamorados, y una de ellas tiene encima otro montecillo a manera de una hermosa mezquita».

‘Tierra desconocida’

Luis Molina, del CSIC, ha analizado para ABC el ensayo de Mroueh «Musulmanes precolombinos en las Américas» y de los textos sobre los que cimenta su teoría. Uno de ellos es el libro «Los prados de oro y las canteras de joyas». Ahí, Al-Masudi habla del Océano Atlántico Mar Tenebroso o Mar Verde) y de los que se aventuraban a navegar por él:

«Entre ellos estuvo un hombre de al-Andalus llamado Jashjash. Era un joven cordobés que reunió a un grupo de muchachos de su edad y se embarcó con ellos en unas naves que había aparejado en ese Mar Circundante. Durante un tiempo no se supo nada de ellos, pero finalmente retornaron con rico botín. Esto es noticia bien conocida por los andalusíes».

El investigador asegura no encontrar ninguna precisión cronológica, ninguna referencia a Palos como punto de partida, ninguna mención de una ‘tierra desconocida’. «Lo que tenemos no es más que la historia de un grupo de jóvenes cordobeses que se hicieron a la mar en época desconocida y desde un puerto impreciso y que regresaron al cabo deun tiempo indeterminado con grandes riquezas. Las imprecisiones del relato hacen sospechar de que se trata de una leyenda, pero, aunque no lo fuera, hace falta mucha y desbocada imaginación para hallar en esta historia la menor relación con una travesía del Atlántico hasta las costas de América», explica. Añade que la aparición de Palos como puerto de salida y la mención de una ‘tierra desconocida’ parecen ser inventos de Mroueh.

Asimismo, Mroueh hace referencia a la obra de Osuna y Saviñon, «Resumen de la geografía física y política y de la historia natural (1844)». Según esta obra, otro navegante musulmán, Ibn Farrukh, de Granada, partió de Kadesh (fue una ciudad en territorio sirio) al Atlántico, llegando a Gando (Isla de Gran Canaria). Luego continuó hacia el oeste hasta encontrarse con dos islas, Capraria y Pluitana. Esta historia se le atribuye a Ibn al Qutiyya, cronista conocido y que habría fallecido veintidós años antes de la inexistente expedición.

Molina desautoriza la obra que ha inspirado a Erdogan por no encontrar pistas en estos textos antiguos de que en realidad se estuviera hablando de América. El carácter legendario de las referencias resta igualmente credibilidad a Mroueh.

«La ocurrencia de Erdogan nos puede hacer mucha gracia y servir de motivo para chistes, pero hay otros muchos casos semejantes de tergiversación de la historia que no deberíamos tomárnoslos a risa, por muy ridículos y demenciales que nos parezcan», concluye el investigador.

Para Florentino Portero, profesor titular de Historia Contemporánea en la UNED y colaborador de ABC, la insistencia de Erdogan con esta teoría tiene una razón clara: «Turquía trata de reivindicarse dentro del islam, que además fue el último califato islámico hasta que fue abolido en la reforma constitucional de 1926».


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  • García Álvarez de Toledo se aprovechó de las debilidades de Enrique «el Impotente» para ampliar notoriamente el patrimonio de la familia. En 1472, el monarca elevó su título a duque para evitar una guerra civil
El primer Duque de Alba, la codicia y la astucia al servicio de la nobleza castellana

ABC | Cuadro «La anunciación al Primer Duque de Alba»

Incluso para Castilla, una tierra en constante turbulencia a finales de la Edad Media, el reinado de Enrique «el Impotente» fue especialmente conflictivo. García Álvarez de Toledo –el segundo Conde de Alba– destacó por su capacidad de explotar mejor que nadiela situación anárquica y la insensatez del rey en beneficio propio. Una rima callejera de la época describía con nitidez las prácticas del castellano: «¿Quién da más por el Conde de Alba que se vende por las esquinas?» Además de conseguir el ducado para Alba de Tormes, el noble castellano obtuvo de sus intrigas políticas el aumento de los territorios familiares por ambas vertientes de la Sierra de Gredos, más de lo que ninguno de sus descendientes lo conseguiría.

García Álvarez de Toledo era el hijo primogénito del primer conde de Alba, Fernando Álvarez de Toledo y Sarmiento, quien había entregado su lealtad al Rey de Castilla Juan II y a su privado Álvaro de Luna. Durante su lucha por rebajar el poder de la ingobernable nobleza castellana, Álvaro de Luna fue apoyado por muy pocos aristócratas, entre ellos la Casa de Alba. Y Juan II fue muy generoso con quienes le habían ayudado en su momento más crítico. El obispo Gutierre de la familia Álvarez de Toledo fue trasladado a la influyente diócesis de Sevilla y acabó siendo Arzobispo de Toledo; asimismo, su sobrino Fernando se constituyó como el primer Conde de Alba de Tormes.

Sin embargo, la gratitud de los reyes medievales solía tener fecha de caducidad, y una serie de desencuentros con el monarca hizo caer en desgracia al conde en 1448. El castillo y la villa de Alba de Tormes fueron confiscados y el primer Conde de Alba fue encarceló durante seis años acusado de rebelión por Álvaro de Luna, su viejo valedor. Fue en ese tiempo cuando se mostraron las primeras trazas de la voraz personalidad e ímpetu guerrero de García Álvarez de Toledo, quien siendo solo un adolescente organizó varias incursiones militares por los territorios de los nobles leales al Rey. El cronista Alonso Palencia describe así su actividad guerrillera: «Hizo tantos estragos con sus correrías y talas por el territorio circunvecino, en venganza de la prisión de su padre, que llegó a concebir esperanzas de libertarle, y lo hubiese conseguido [...] a no haberlo estorbado a Juan de Castilla».

Álvaro de Luna también cayó en desgracia en 1453, de hecho fue llevado a la horca, y el Rey Juan II falleció un año después. El enfrentamiento abierto con la nobleza no había dado más que quebraderos de cabeza a la Corona, por lo tanto el nuevo Rey, Enrique IV, se propuso tener un inicio de reinado tranquilo. No obstante, careciendo de carácter y de buen juicio, Enrique «el Impotente», llamado así por su incapacidad para dar un heredero, delegó su gobierno en privados de origen humilde que, por su condición, levantaron quejas entre la nobleza.

El I Conde de Alba fue liberado con el cambio de reinado y junto a su hijo participó en las campañas del rey contra el reino de Granada acontecidas en 1455 y 1456, destacando especialmente la acción de ambos, padre e hijo, en el cerco de Alcalá la Real.

La ausencia de autoridad y justicia en el reino, puesto que la mayoría de nobles no reconocía ni respetaba a los privados del monarca, provocó el levantamiento de ejércitos privados por todo el territorio de Castilla. Como explica el hispanista William S. Maltby en su libro «El Gran Duque de Alba» (revisando los antepasados del tercer duque de la familia), «la supervivencia durante el reinado de Enrique IV dependía de expandir las rentas y el número de hombres a igual ritmo que el más rapaz de los compañeros, y nadie lo comprendió mejor que don García de Toledo».

La debilidad del rey fue su fortaleza

A la muerte de su padre en 1464, García heredó la dignidad condal y también la lealtad al Rey. Así, fue uno de los pocos nobles que permanecieron fiel a Enrique IV tras la proclamación de su hermano Alfonso como Rey de Castilla, en la llamada «Farsa de Ávila». No en vano, su lealtad tenía letra pequeña. Mientras permanecía fiel al monarca, dejaba saber siempre al bando contrario que estaba dispuesto a oír ofertas. Recogía su recompensa por adelantado, y cuando tocaba cumplir con lo pactado no acudía a la cita.

Como muestra de sus malas artes, pese a que Enrique IV le concedió extensos territorios y la mitad de las rentas de la feria de Medina del Campo, abandonó la tarea de auxiliar la ciudad cuando fue conquistada por el Condestable de Castilla. Más tarde cuando no acudió a la batalla de Olmedo, donde ambos hermanos disputaron la corona con resultado de empate, se descubrió que el enemigo del rey le había ofrecido dos ciudades a cambio de retirar sus 1.500 lanzas de la contienda.

En realidad, García Álvarez de Toledo nunca estuvo dispuesto a abandonar el bando de Enrique IV, pero mantener viva aquella guerra civil le estaba resultando muy rentable. En esta situación de anarquía, las posesiones de Alba de Tormes, que recorrían ambas vertientes de la Sierra de Gredos y el Norte de Extremadura, no dejaron de extenderse hasta las puertas de Salamanca. Y si no tomó esta ciudad, ataque militar mediante, fue por el celo de sus habitantes.

Debido el gran poder adquirido por el II Conde de Alba, la nobleza castellana, celosa, instó al Rey en 1472 a que si quería alcanzar un acuerdo de paz duradero le arrebatara las tierras del sur de la Sierra de Gredos. No en vano, la decisión de Enrique «el Impotente», recogida en el tratado de los Toros de Guisando, buscaba ser ecuánime –posiblemente así evitó una nueva guerra civil– e incluía la renuncia de García Álvarez de Toledo a algunas de sus tierras a cambio del rango de duque y de los derechos sobre Coria (en Cáceres).

El I Duque de Alba falleció en 1488, no sin antes sacudirse parcialmente su fama de hombre codicioso y solo interesado en agrandar la fortuna familiar. A pesar de su intermitente lealtad hacia Enrique IV, fue uno de los nobles del reino que asistieron al enlace entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, posiblemente porque era primo del futuro Rey Católico. Con el fallecimiento de Enrique IV, se convirtió uno de los principales aliados de los Reyes Católicos en la Guerra de Sucesión castellana y prestó su talento militar en la batalla de Toro en 1476. Esta victoria sobre los «juanistas» (los seguidores de Juana la Beltraneja, la supuesta hija de Enrique «el Impotente») permitió a los Reyes Católicos asegurar definitivamente el trono de Castilla y la unión dinástica con Aragón. Durante los años siguientes, el día de la victoria fue conmemorado en Alba de Tormes con desfiles y corridas de toros.

Su hijo Fadrique –segundo Duque de Alba– también apoyó sin la menor quiebra a los Reyes Católicos y fue uno de los amigos más cercanos de Fernando «el Católico». Sus habilidades como general, sobre todo en lo que hoy podría llamarse contrainsurgencia, superaron incluso a las de su padre. El noble castellano participó del asedio a Granada y en 1514 se alzó como el conquistador de Navarra para el Rey Fernando. Y cuando la mayoría de nobles se unieron a Felipe «el Hermoso» en su lucha por el trono, Fadrique fue de los pocos que se mantuvo fiel al monarca aragonés, y fue quien años después «cerró sus ojos muertos». Una lealtad inquebrantable y clara que contrastó con la elasticidad política de su padre.


El Mundo

La galaxia NGC4762.

La galaxia NGC4762.ESA/HUBBLE/NASA

El astrónomo Rafael Bachiller nos descubre en esta serie los fenómenos más espectaculares del Cosmos. Temas de palpitante investigación, aventuras astronómicas y novedades científicas sobre el Universo analizadas en profundidad.

Una imagen tomada recientemente por el telescopio Hubble de la galaxia NGC4762 nos recuerda cuán delgados pueden ser los discos de las galaxias. Como si se tratase de una colosal moneda vista perfectamente de canto, la galaxia aparece como una sorprendente línea muy recta y ultrafina. Se piensa que nuestra Vía Láctea también es así de delgada.

De canto

No podemos salir de nuestra galaxia para sobrevolarla, o para sobrevolar otras, y poder observar así directamente sus estructuras en 3 dimensiones. Hemos de conformarnos con la observación desde la Tierra, bajo una única perspectiva, de sus imágenes proyectadas en el plano del cielo. Afortunadamente la observación de un gran número de galaxias con orientaciones muy diversas nos permite hacernos una idea muy precisa de la estructura de muchas de ellas, e incluso hemos podido lograr tener una idea bastante detallada de nuestra Vía Láctea.

El cúmulo de galaxias de Virgo.NASA APOD/R. BERNAL

NGC4762 es una galaxia de aspecto sorprendente: desde la Tierra la vemos perfectamente de perfil, lo que permite apreciar la delgadez extrema de su disco. La nueva imagen tomada por el Hubble (que encabeza este artículo) revela un núcleo central brillante y una fina línea que abarca unos 100.000 años luz de extremo a extremo. En el fondo de la misma imagen pueden observarse muchas otras galaxias. De hecho, NGC4762 se encuentra en el cúmulo de Virgo, un grupo de unas 2000 galaxias que está situado a unos 60 millones de años luz de la Tierra.

NGC4762 es tan delgada y su orientación respecto de la Tierra es tan perfectamente de canto que resulta difícil determinar de qué tipo morfológico es esta galaxia. Hasta hace poco se pensaba que era una espiral barrada (una galaxia con brazos espirales y una barra que contiene su núcleo), pero esta nueva imagen tan detallada, en la que no se observan nubes oscuras polvorientas, parece indicar que se trata más bien de una galaxia lenticular de las que poseen pocas nubes interestelares.

También en el cúmulo de Virgo

La galaxia NGC4452ESA/HUBBLE/NASA

Otra galaxia en el cúmulo de Virgo que nos revela su sorprendente delgadez es NGC4452. También esta galaxia, vista exactamente por el borde, aparece como una gigantesca línea muy recta y delgada. Si prestamos un poco más de atención a su imagen, también tomada por el telescopio espacial Hubble, podemos observar en el centro de la línea el brillante núcleo donde, muy posiblemente, se encuentra enterrado un agujero negro supermasivo.

Como en el caso de NGC4762, el halo difuso, relativamente brillante, que rodea al plano galáctico de NGC4452 está formado por las innumerables estrellas de las regiones periféricas de la galaxia. Se estima que cada una de estas galaxias puede contener muchos miles de millones de estrellas.

Aunque se piensa que la mayoría de las galaxias son tan delgadas como NGC4762 y NGC4452, son relativamente pocas las que resultan visibles tan exactamente por su perfil. Y es que para que se dé esta configuración es necesario que la Tierra se encuentre exactamente en el mismo plano geométrico que contiene al disco de la galaxia en cuestión.

La delgadez de la Vía Láctea

Nuestra galaxia, la Vía Láctea, que contiene más de 200 mil millones de estrellas, también está formada por un disco muy delgado de unos 100.000 años luz de diámetro.

Tales discos se forman probablemente durante los procesos de colapso gravitatorio que tienen lugar en las primeras etapas de formación de las galaxias. Aunque en los procesos de formación y evolución temprana de las galaxias intervienen muchos ingredientes y procesos, como la materia oscura y la fusión entre galaxias, parece que el gas existente en un sistema joven debe colapsar y contraerse rápidamente produciendo un gran aplanamiento en la región central que acaba formando un disco fino y en rápida rotación.

El disco de la Vía Láctea.www.digitalskllc.com

También interesante

* Además del disco delgado, las galaxias espirales poseen un disco más grueso y difuso, un gran halo esferoidal con baja densidad de estrellas y un denso bulbo o núcleo central que contiene un agujero negro en el centro.

* El cúmulo de galaxias de Virgo resulta difícil de apreciar en el cielo por la gran área angular que ocupa (unos 15 grados cuadrados). El centro del cúmulo está dominado por la gran galaxia elíptica M87 (el objeto número 87 del catálogo de Messier).

* De los más de 200 mil millones de estrellas que componen la Vía Láctea, tan sólo unas 9000 son visibles con el ojo desnudo. La mayor densidad de estrellas se observa hacia el disco de nuestra galaxia que, visto desde la Tierra, atraviesa el firmamento formando el camino de Santiago.

Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN) y académico de la Real Academia de Doctores de España. Twitter: @RafaelBachiller

 


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  • Documentos que pueden verse en la exposición del Museo Naval y el Arqueológico Nacional, prorrogada hasta el próximo 15 de enero
Los detalles de la explosión de la fragata Mercedes, según relato de Diego de Alvear

Los documentos que aparecieron en el archivo familiar de los Alvear no habían visto la luz desde 1804, fecha de la batalla del Cabo de Santa María. Indican cómo fue el combate, paso a paso, gracias a la descripción de -seguramente- el propio Alvear. El conocimiento naval que expresan es impagable, los hace únicos. Ahora pueden verse en la exposición «El último viaje de la fragata Mercedes».

Los publicamos en ABC, con su transcripción completa y anotada por el arqueólogo Carlos León, y lo hacemos hoy nada más conocer la prórroga anunciada en el Museo Naval y el Arqueológico Nacional, donde la muestra estará abierta al público hasta el 15 de enero. Merece la pena detenerse a contemplarlos. Son siete dibujos del combate con una leyenda en cada una de las vistas que describe el desarrollo general del enfrentamiento y las distintas maniobras que realizaron las dos escuadras. [Contempla los documentos y la historia completa en el blog Espejo de Navegantes]


ABC

  • No perdió su silla el que partió hacia la capital hispalense, sino precisamente el arzobispo que la abandonó provisionalmente
El error del dicho «Quien se fue a Sevilla...»

juan flores | Palacio arzobispal de Sevilla

Nadie sabe con certeza cuándo y por qué el antiguo refrán de «Quien se fue de Sevilla perdió su silla» pasó de irse de la bella ciudad andaluza a dirigirse a la misma y con su partida voluntaria y en principio provisional, quedarse sin el lugar o el cargo que uno ocupaba y que en su ausencia le ha sido arrebatado.

Eso fue lo que le ocurrió precisamente a Alonso I de Fonseca (1418-1473) por hacerle un favor a su sobrino nieto que pasaría a la historia como Alonso II de Fonseca. Tal y como relata Diego Enríquez del Castillo en su «Crónica del rey Enrique IV», el primero, arzobispo de Sevilla, había logrado que la sede del arzobispado de Santiago de Compostela que había quedado vacante en 1460 le fuera concedida a su sobrino nieto.

No fue una etapa de fácil gobierno. «A don Alonso le tocó en suerte negociar y aun disputar privilegios eclesiásticos que lo enfrentaron con la oligarquía local», señala la biografía de Alonso II de Fonseca del Centro Virtual Cervantes. Otras fuentes añaden que a estas revueltas contribuyó el mismo arzobispo con su mal gobierno y sus abusos que encresparon aún más los ánimos. El hecho es que en uno de los enfrentamientos armados entre la iglesia y los nobles gallegos en 1465, Bernaldo Yáñez de Moscoso tomó preso al arzobispo y lo encarceló en la fortaleza de Vimianzo, en Noya (La Coruña).

Allí pasó recluido dos años Alonso de Fonseca «El Mozo» hasta que fue liberado por las armas, pero se vio obligado a exiliarse de su diócesis durante diez años.

Trueque con su tío

Alonso II de Fonseca acordó entonces un intercambio temporal de sedes con su tío para que éste fuera a pacificar la situación en Galicia. Él se haría cargo mientras del arzobispado de Sevilla, según el acuerdo que con permiso regio y pontificio se llevó a efecto en 1467.

Dos años tardó Alonso de Fonseca «El Viejo» en sofocar las revueltas en la diócesis de Santiago, pero cuando trató de volver a Sevilla para deshacer el trueque con su sobrino, éste se negó a abandonar la silla hispalense, más rica y tranquila según los cronistas.

Enríquez del Castillo narra que de nada valieron los ruegos y razonamientos de Alonso I de Fonseca ni el mandamiento del Papa Pío II que éste solicitó. Hubo que intervenir el mismo rey Enrique quien envió al ejército real al mando Duque de Medina Sidonia y su valido Beltrán de la Cueva. Algunos de los partidarios del avispado sobrino acabaron ahorcados y Alonso II de Fonseca se vio obligado a retornar a Compostela en 1469.

«Sin duda, el hecho hubo de ser muy comentado en la época y pronto fue incorporado al acerbo popular reducido a un simple tópico», señala el filólogo José Antonio Molero en la revista Gibralfaro.

Pedro Felipe Monláu señaló en «Las mil y una barbaridades» (1869) que de esta historia se deduque que «el refrán debe decir que la ausencia perjudica, no al que se fue a Sevilla, sino al que se fue de ella». El olvido de estos hechos y el habitual empleo de la frase hizo que con el tiempo ésta sufriera esta pequeña, pero importante modificación.

Hay quien completa la frase diciendo «… y quien se fue a León, perdió su sillón», aunque según el profesor Molero, «esto último obviamente de origen popular y sin fundamento histórico que lo sustente». Aún hay más adiciones que recoge el Centro Virtual Cervantes: «… y quien fue a Aragón se la encontró», «… y quien fue a Jerez, la perdió otra vez», «…quien fue y volvió, a garrotazos se la quitó», o quien fue a Morón (o a Padrón) perdió su sillón.

Alonso II de Fonseca cedió el arzobispado de Santiago a su hijo, Alonso III, en 1507 y falleció cinco años después. Está enterrado en el Convento de las Úrsulas de Salamanca.

 


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  • Alfonso III derrotó a las tropas musulmanas en el año 878 en la batalla de la Polvoraria
La Polvorosa de la que huyeron los moros

Wikipedia | Tropas cristianas y musulmanas durante la Reconquista

Aunque lo más probable es que «Poner pies en polvorosa» surja del habla de germanía con la que rufianes y delincuentes designaban al camino, la calle o la senda llena de polvo, hay una versión sobre el origen de esta expresión que se apoya en un hecho histórico que se remonta a la Reconquista, a la época de Alfonso III de Asturias, llamado El Magno (838-912).

«Viendo Alfonso III, el Magno, gallego de naturaleza, los progresos que en las fronteras de sus reinos hacían los moros, acudió con sus tropas a contener los adelantos del sarraceno. Presentó a los enemigos la batalla cerca del río Orbigo, provincia de Palencia, en los campos de Polvorosa (Pulvararia o Pulveraria, según otras crónicas), y allí el valor de nuestros soldados, unido al temor que infundió a los moros un eclipse de luna, hizo que Alfonso III consiguiese una completa victoria, dispersando en precipitada derrota a los hijos del Corán que pudieron sobrevivir a la derrota. Desde entonces hízose proverbial Polvorosa, encerrando primitivamente dicha frase una amarga ironía por todo ejército fugitivo y aplicándose después a la persona que se ausenta apresuradamente de algún lugar», señalaba José María Sbarbi en El Averiguador Universal.

Sbarbi debía referirse a la batalla de la Polvoraria que libraron los cristianos contra los musulmanes comandados por Al Mundir en el año 878. Fue cerca del río Órbigo, pero en Zamora, a unos tres kilómetros de Benavente junto a la actual Santa Cristina de la Polvorosa que precisamente recuerda en su denominación a la batalla y no junto a Polvorosa de Valdavia, en Palencia.

Según el relato del historiador Claudio Sánchez Albornoz, «caminaban los sarracenos descuidados por los campos yermos y polvorientos que llamaban Polvoraria los cronistas, cuando del encinar vecino de Socastro saldrían de repente, impestuosas, las vanguardias de astures y gallegos».

«El casual encuentro junto al sitio nominado Polvoraria, sobre el río Orbigo, causa el quebranto de la morisma, que pierde más de quince mil soldados», señalaba Ricardo Velasco Ayllón en «El romancero de los once Alfonsos» (1863).


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Acabamos de conocer la muerte de la Duquesa de Alba, desde aquí nos sumamos al luto y aprovechamos para contaros la historia y el patrimonio de la Casa de Alba.

Escudo de la Casa de Alba

La Casa de Alba de Tormes es una casa nobiliaria española, originaria de la Corona de Castilla, que se remonta al siglo XIV. Su nombre proviene del ducado de Alba de Tormes, título de nobleza con Grandeza de España otorgado a los Álvarez de Toledo, perteneciente al linaje de la Casa de Toledo, denominación más conocida de la casa de Álvarez de Toledo. Tradicionalmente el heredero del ducado de Alba de Tormes ostenta el ducado de Huéscar. Su actual titular es Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, XIX duque de Alba de Tormes.

La Casa de Alba correspondió a la familia de los Álvarez de Toledo durante trescientos años hasta que a la muerte sin descendencia de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, la XIII duquesa, pasó al linaje de los Fitz-James Stuart, en la persona de Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, sobrino-bisnieto de Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, XII duque Alba de Tormes y abuelo de la XIII duquesa. La Casa de Berwick es una rama ilegítima de la Casa de Estuardo del Reino de Escocia, que son duques de Berwick en el Reino de Inglaterra y duques de Liria y Jérica en el Reino de España.

A lo largo de su historia, la casa entroncó con la dinastía portuguesa y con importantes casas nobiliarias españolas, teniendo como ancestro al Conde-Duque de Olivares y a los duques de Veragua, y con estos últimos, a Cristóbal Colón. Los títulos nobiliarios de la Casa de Alba propiamente dicha son el ducado de Alba de Tormes y el ducado de Huéscar. Sin embargo el jefe de la casa ostenta otros muchos títulos por incorporación de otras casas nobiliarias, debido a casamientos y herencias.

La Casa de Alba es la principal estirpe de la nobleza del Reino de España. Goza de la característica de ser una de las familias más antiguas de la aristocracia de la sociedad española y, asimismo de ser una de las más famosas, prestigiosas y populares del Reino de España.

Su importante papel histórico y gran fortuna hacen a la Casa de Alba propietaria de una de las mejores colecciones privadas de arte de la península, conservada en más de veinte palacios y castillos repartidos por toda la geografía española, algunos de los cuales están cedidos a instituciones públicas para su mejor conservación y uso. A lo largo de la historia, su posición prevalente le ha permitido relacionarse con lo más granado del mundo de las artes y las letras españolas.

Su invalorable patrimonio cultural ha llevado a la familia a establecer la Fundación Casa de Alba, dedicada a su administración y gestión, con sede en el Palacio de Liria en Madrid.

Historia

La Casa de Alba surgió en la historia de la nobleza castellana al obtener en el siglo XIV los señoríos de Oropesa y Valdecorneja como recompensa por los servicios prestados al rey Enrique II de Castilla, aunque el ascenso de la familia vino, fundamentalmente, a partir del siglo XV, merced al apoyo prestado a la corona en sus conflictos con la nobleza castellana.

En 1429 Gutierre Álvarez de Toledo, obispo de Palencia y arzobispo de Sevilla y Toledo, obtuvo de Juan II el señorío de Alba de Tormes, localidad próxima a Salamanca, heredado por su sobrino Fernando Álvarez de Toledo y Sarmiento, al que Juan II convirtió en conde de Alba de Tormes en 1438; y fue con su hijo García Álvarez de Toledo, marqués de Coria y conde de Salvatierra, cuando el título se elevó a ducado, trocándose, por tanto, en el primer duque de Alba de Tormes en 1472 por concesión de Enrique IV de Castilla.

El segundo duque de Alba de Tormes, Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez, y el tercero, Fernando Álvarez de Toledo, conocido como el Gran Duque de Alba, fueron los que tuvieron mayor notoriedad histórica.

El título dejó de corresponder a la antigua familia de los Álvarez de Toledo y pasó, merced a matrimonios y defunciones, a una rama de la Casa de Fitz-James Stuart, duques de Berwick, pues a la muerte de la XIII duquesa de Alba sin descendencia, sucedió en Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, sobrino-bisnieto de Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, XII duque Alba de Tormes y abuelo de la XIII duquesa.

Con el tiempo, en virtud de herencias y esponsales, la casa de Alba ha incorporado otras casas nobiliarias, como la casa de Lemos, Olivares, El Carpio, Híjar, Berwick-Liria y Jérica, Villanueva del Fresno y Villanueva del Río, entre otras y se ha convertido en la casa noble europea con mayor cantidad de títulos en su haber. Los Alba constituyen el linaje más noble entre los nobles del Reino de España.

De los dieciocho duques que ha tenido la Casa de Alba a lo largo de la historia únicamente en tres oportunidades su titularidad estuvo en cabeza de una mujer.

Patrimonio

La Casa de Alba posee una de las fortunas más grandes de España, conformada por palacios, terrenos agrícolas, propiedades inmobiliarias, sociedades, participaciones bursátiles y una extraordinaria colección de arte. Su valor estimado, ya que muchas de sus posesiones tienen valor incalculable, supera con creces los 600 millones de euros. Se calcula que posee unas 34.000 hectáreas, equivalentes a más de 170 veces el Principado de Mónaco, muchas de ellas vestigio de los antiguos señoríos jurisdiccionales, que la familia conservó bajo su propiedad tras la supresión de los mismos.

Edificios

Entre sus posesiones inmobiliarias destacan algunos de los castillos y palacios más relevantes del patrimonio histórico español, en su mayoría hoy integrados en la Fundación Casa de Alba.

  • En Madrid: el Palacio de Liria, edificio del siglo XVIII con 3.500 metros cuadrados en el centro de la capital española y vecino al Cuartel del Conde-Duque. Alberga la mayor parte de los fondos artísticos y documentales de la familia.
  • En Sevilla: el Palacio de las Dueñas, donde nacieron el poeta Antonio Machado, hijo del administrador, y Carlos Falcó y Fernández de Córdoba, V Marqués de Griñón y XII Marqués de Castel-Moncayo, Grande de España. En Olivares se conserva el Palacio del Conde-Duque de Olivares, que hoy en día es la sede del ayuntamiento del municipio, vendido por la duquesa Cayetana de Alba, quien lo ha tenido en su poder hasta los años setenta cuando fue vendido, junto con las tierras que poseían, a particulares.

El Ayuntamiento de Olivares para solventar esta situación poco apropiada se marcó un objetivo preferente: intentar unificar y adquirir, en la medida de lo posible, la mayor parte del edificio. Se conseguirá unificar la zona central y parte de la zona oeste; el resto del palacio, aunque no es propiedad del Ayuntamiento, tiene un uso social para lo que está catalogado., y en Loeches, se conserva la portada de su palacio. Las fincas “La Pizana” en Gerena y “Las Arroyuelas” en Carmona.

Propiedades agrícolas

Los terrenos que la casa ha destinado a la explotación agrícola están administrados por sociedades de las que son accionistas los miembros de la familia, destacando Euroexplotaciones Agrarias S. A., Eurotécnica Agraria S. A. e Inversiones Princesa, todas domiciliadas en el Palacio de Liria. Por concepto de cultivos, las sociedades reciben subvenciones por parte de la Política Agraria Común (PAC) de la Unión Europea. Aunque España es uno de los países de la UE que no publica datos acerca de estas ayudas, exceptuando las comunidades de Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía, a partir de esos únicos datos publicados, se ha podido corroborar que entre 2001 y 2002 las explotaciones agrarias de los Alba recibieron ayudas por importe total de 1,8 millones de euros. El propósito que la familia da a parte de estos recursos se resume en la mejora de la producción y cabe destacar que parte de los procesos productivos, se llevan en su gran mayoría por trabajadores, siendo una destacable fuente de empleo para los lugareños colindantes a sus fincas. Actualmente la Casa de Alba recibe una subvención por parte de la UE de 3 millones de euros anuales.

La casa ha sufrido la expropiación de algunas propiedades y cesiones a lo largo de su historia. En septiembre de 1991 la Junta de Extremadura expropió por interés social las fincas Cabra Alta y Cabra Baja en la provincia de Badajoz, que eran explotadas desde 1940 por una asociación de arrendatarios de la localidad de Zahínos (Badajoz). La Duquesa de Alba recibió 400 millones de la antiguas pesetas (2,404.048 euros) en concepto de indemnización.

Colección de arte

La colección de arte de la Casa de Alba es una de las más grandes de España, aunque por diversos avatares no conserva todos los tesoros que pasaron por ella. El espléndido Palacio de Liria, en Madrid, contiene la mayor y más valiosa parte de la herencia cultural de los Alba. Más de 30.000 libros conforman la biblioteca, destacando la famosa Biblia de Alba de 1433, primera traducida al castellano y 21 documentos autógrafos de Cristóbal Colón. En la pinacoteca lucen pinturas de Tiziano, Rubens, Goya, Murillo, El Greco o Rembrandt -del que conserva uno de los 15 paisajes que pintó a lo largo de su vida-.

También es digno de mención que todo el jardín del Palacio de Liria se encuentra sembrado de estatuas y tumbas de animales.

La pinacoteca fue iniciada por Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel. En esa época, la documentación mencionaba obras de Domenichino, Allori, Gentileschi, Ribera, Velázquez, Rafael o Correggio.

Más tarde, en el siglo XVIII, ingresaron importantes lienzos encargados a Raphael Mengs y, gracias al mecenazgo de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, la XIII Duquesa de Alba, amiga y modelo de Goya, se enriqueció con varios lienzos de este artista, entre los que destaca la obra La Duquesa de Alba en blanco, una de las más populares y reconocidas pinturas de la colección de la Casa de Alba. El fallecimiento de la XIII Duquesa produjo el desmembramiento de casi toda la pinacoteca: algunas obras fueron expropiadas y pasaron a manos de Manuel de Godoy y otras las legó la duquesa a diversos allegados. Por ello, la colección perdió joyas esenciales como la Venus del espejo de Velázquez y la Madonna de Alba de Rafael Sanzio; y el nuevo duque Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva apenas recibió una treintena de obras.

De todas formas, este duque adquirió en un largo viaje por Europa múltiples piezas italianas, de Fra Angelico, Perugino, Tiziano y otros maestros, y encargó pinturas a Ingres y esculturas a José Álvarez Cubero y Antonio Solá. La colección se completó con algunas obras inglesas (Joshua Reynolds, George Romney) a las que, ya entrado el siglo XX, se sumaron pinturas de Madrazo, Sorolla, Zuloaga y Sotomayor, mayormente retratos por encargo.

La actual duquesa reforzó la colección de manera muy relevante con ejemplos del impresionismo francés adquiridos cuando no eran aún demasiado caros: Renoir, Henri Fantin-Latour, Eugène Boudin. También sumó a otros autores: Francesco Guardi, Corot, Picasso, Dalí, Marc Chagall…

Heráldica

Desde la unión con la Casa de Fitz-James Stuart, junto a las armas de la casa de Toledo se muestran los emblemas heráldicos de Inglaterra, Escocia, Irlanda y la leyenda perteneciente a esta familia castellana: Tv in ea et ego pro ea que puede traducirse como Tu en ella y yo en su favor o Tu en ella y yo por ella, que significa Dios en la patria y yo por la patria.

Fundación Casa de Alba

La Fundación Casa de Alba es una institución española dedicada a la cultura que fue constituida el 14 de mayo de 1975 por María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart, la XVIII duquesa de Alba, consciente del importante patrimonio que posee la Casa de Alba que ella misma preside.

La Fundación tiene como objetivos:

  • La exposición permanente al público en los palacios de Liria en Madrid y Monterrey en Salamanca, de las obras de arte pertenecientes a la Fundación.
  • La conservación y difusión del patrimonio histórico-artístico de la Casa de Alba.
  • La descripción y conservación de sus fondos bibliográficos y documentales.
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