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  • Los nacionalistas han usurpado tradiciones y distorsionado el relato histórico para adaptarlo a sus reclamaciones actuales. La gaita, un instrumento antiguamente asociado como signo de barbarie, es ahora el símbolo más típico de Escocia
Los mitos de Escocia y Cataluña: la obsesión por inventarse un pasado

Wikipedia | Ilustración que muestra a Rafael Casanova al pie de las murallas en la defensa de Barcelona de 1714

La obra «La invención de la tradición» de Eric Hobsbawn y Terence Ranger generó una gran controversia política a finales del siglo XX por tratar de diseccionar el nacionalismo escocés. El proceso expuesto por estos autores ingleses guarda similitud con lo ocurrido en Cataluña, e incluso en el País Vasco, donde una serie de escritores, pocas veces historiadores, crearon en los siglos XVIII y XIX un pasado romántico para situarse como víctimas de la opresión castellana.

No en vano, la historia inventada de Escocia es la misma que en la actualidad usan los líderes nacionalistas para reivindicar mayor autonomía. El epicentro del relato está en el pasado celta de Escocia y su distinta relación con el Imperio Romano. Según argumenta el libro «La invención de la tradición», el origen del proceso inventivo coincidió, como en Cataluña, con el auge en Europa del Romanticismo, que vanagloriaba la figura del noble salvaje que, al igual que los piratas, los guerreros celtas o los sitiados de Barcelona en 1714, lucha por defender sus ideas y su patria hasta la muerte. Un relato eminentemente literario que el nacionalismo ha usado con fines políticos.

«Cuando los escoceses se juntan para celebrar su identidad nacional, la afirman abiertamente a través de un “kilt”, tejido en un tartán con los colores de su clan, y de una gaita. Este instrumento, al cual atribuyen gran antigüedad, es de hecho básicamente moderno. Su uso se desarrolló mucho después de la Unión con Inglaterra como símbolo de protesta», explica Hugh Trevor-Roper en el citado libro sobre la importancia que cobró el pasado celta de Escocia. Así, lo que era un instrumento rudimentario asociada como signo de barbarie por la mayoría de los escoceses y reservado a los «highlanders» (nobles escoceses de tradición celta) ha terminado por convertirse en el símbolo nacional por excelencia.

Pero el uso del «kilt», cuya forma actual también es de reciente creación, y de la gaita son la punta del iceberg en un proceso que ha colocado a los «highlanders», para nada representativos ni protagonistas de la historia de Escocia, como los supuestos padres de la nación escocesa. De hecho, los «highlanders» del norte de Escocia estaban considerados por la mayoría de la población como un apéndice de las tradiciones celtas de los irlandeses y su literatura era una copia de la Irlanda gaélica. Sin embargo, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX apareció una corriente pseudo histórica, repleta de personajes entre el folclore y el fraude, que se apropió de la cultura irlandesa y reescribió la historia de Escocia otorgando a los «highlanders» un papel clave. De la noche a la mañana, el incipiente nacionalismo proclamó que la Escocia celta era la «nación madre» e Irlanda su dependencia cultural.

Para sostener el relato: el mito de 1714

El caso del nacionalismo catalán tiene muchas similitudes con Escocia, pero fue desarrollado de forma más tardía. Muchos años después de la Guerra de Sucesión, el periodista Salvador Sanpere i Miquel escribió a finales del siglo XIX, coincidiendo con el desastre del 98, el libro «Fin de la nación catalana» que sentó las bases para crear el mito moderno sobre el asedio de Barcelona de 1714. No en vano, Salvador Sanpere i Miquel bebía en su texto de la literatura romántica que los exiliados de 1714 habían dejado escrita y presentaba a Cataluña como una nación agredida en la Guerra de Sucesión.

En palabras del hispanista Henry Kamen dentro de su libro «España y Cataluña: historia de una pasión», «sin ningún criterio, los catalanes se presentaron como defensores unívocos de la libertad contra las fuerzas militares foráneas». Eso a pesar de que una parte sustancial de la población en Cataluña, cerca de la mitad, apoyaba a Felipe V y que, además, los rebeldes fueran firmes partidarios de la unidad de España, que ellos entendían que representaba el reconocimiento de otro rey –el que hubiera sido Carlos III– y de unas comunidades autónomas que preservaran sus constituciones históricas.

A día de hoy, ese mito creado por un grupo de pseudo historiadores a finales del siglo XIX ha sido llevado a los términos que el nacionalismo moderno necesita para justificar su desafío soberanista. Esquerra Republicana distorsiona el pasado de Cataluña, afirma Kamen, como si el objetivo de 1714 hubiera sido la formación de una república; y CiU, por su parte, defiende que se trataba de un proyecto de república separatista. Un proceso que se basa en la idea romántica de que los habitantes de Cataluña eran los defensores de unas libertades que supuestamente Castilla aplastó en esa fecha.


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  • «Son los catalanes aborto monstruoso de la política», recita en una de sus obras. Las redes sociales han rescatado fuera de contexto las citas del poeta del Siglo de Oro, donde se muestra muy crítico con los habitantes de esta región de España
¿Cuál fue el origen de la hostilidad de Francisco de Quevedo hacia los catalanes?

wikipedia | Retrato de Francisco de Quevedo

Madrileño de nacimiento, pero descendiente de unos hidalgos cántabros, Francisco Gómez de Quevedo Villegas se movió durante toda su vida con precariedad por la corte castellana. Para mantener su estatus de poeta oficioso de Madrid, el autor de «La vida del Buscón» tuvo que claudicar en numerosas ocasiones a favor de la opinión impuesta por el Conde-duque de Olivares, al cual no profesaba especial simpatía. Sin embargo, no parece que la hostilidad hacia los catalanes fuera forzada por nadie, sino representativa del clima de opinión que imperó en el contexto de la Sublevación de Cataluña en 1640.

El poeta vivió en primera persona el proceso de decadencia del Imperio español, que en el año de su nacimiento, 1580, estaba a punto de alcanzar su máxima expansión con la conquista de Portugal. No en vano, a su muerte en 1645 el panorama era muy distinto con la rebelión iniciada por los catalanes consumiendo tropas y recursos a un ritmo desconocido en España desde tiempos de la Reconquista.

La Sublevación de Cataluña tuvo su raíz en la hoja de reformas con la que el Conde-duque de Olivares buscaba repartir los esfuerzos y exigencias de mantener un sistema imperial entre los territorios que conformaban la Monarquía hispánica. Hasta entonces, Castilla había cargado de forma desproporcionada con los compromisos en Europa de la dinastía Habsburgo, y a esas alturas una profunda crisis demográfica azotaba las tierras castellanas. Las reformas fueron recibidas en Cataluña con gran hostilidad. Así, en mayo de 1640 se produjo un alzamiento generalizado de la población del principado de Cataluña contra la movilización de los tercios del ejército real. Esta tensa situación desembocó el 7 de junio de 1640 en el conocido como día del «Corpus de Sangre», cuando un pequeño incidente en la calle Ample de Barcelona entre un grupo de segadores precipitó la revuelta.

«En tanto en Cataluña quedase un solo catalán, y piedras en los campos desiertos, hemos de tener enemigos y guerra», escribió Quevedo sobre un conflicto que se complicó por momentos. Los gobernantes catalanes se aliaron con el máximo enemigo de la Monarquía hispánica: el Reino de Francia. El cardenal Richelieu no desperdició una oportunidad tan buena para debilitar a la corona española y apoyó militarmente a los sublevados. Cuando las tropas de Felipe IV dieron la vuelta a la situación y estalló otra revuelta popular –en este caso, en apoyo a la corona hispánica–, los gobernantes rebeldes forzaron una alianza con Francia, donde Cataluña se constituía en república independiente bajo la protección de Francia. No obstante, ese mismo año, 1641, anunciaron que el nuevo conde de Barcelona sería Luis XIII de Borbón, rememorando el antiguo vasallaje de los condados catalanes con el Imperio Carolingio.

Luis XIII nombró un virrey francés y llenó la administración catalana de conocidos pro-franceses Pronto, la población de Cataluña se dio cuenta de su error. El pulso al Conde-duque de Olivares había desembocado en una guerra cuyos gastos militares estaban financiando ellos, justo la razón por la que iniciaron la revuelta. Durante casi una década, la región de Cataluña permaneció bajo control francés hasta que el final de la Guerra de los Treinta años, y el enfriamiento del choque hispano francés, permitió a Felipe IV recuperar el territorio perdido. Conocedor del descontento de la población catalana por la ocupación francesa, un ejército dirigido por Juan José de Austria rindió Barcelona en 1651.

Mientras tanto en Madrid, donde cada vez era más evidente que el Imperio español se desmoronaba a pasos agigantados, un ambiente de nostalgia y derrotismo invadió el clima de opinión. Francisco de Quevedo, que había renunciado a la corte y estaba retirado en un pueblo de Ciudad Real, apuntó a los catalanes como los causantes de todos los males del imperio, junto a otros muchos autores castellanos. Antes de fallecer el 8 de septiembre de 1645, el poeta dejó escrito: «Son los catalanes aborto monstruoso de la política. Libres con señor; por esto el conde de Barcelona no es dignidad, sino vocábulo y voz desnuda. Tienen príncipe como el cuerpo alma para vivir y como éste alega contra la razón apetitos y vicios, aquéllos contra la razón de su señor alegan privilegios y fueros. Dicen que tienen Conde, como el que dice que tiene tantos años, teniéndole los años a él. El provecho que dan a sus reyes es el que da a los alquimistas su arte; promételes que harán del plomo oro, y con los gastos los obligan a que del oro hagan plomo».

Relación de Castilla y Cataluña

En el contexto de una guerra que costó miles de muertos, la enemistad entre castellanos y catalanes era compartida. En 1640, un diplomático italiano informó que Barcelona se había convertido en «una ciudad sediciosa, rebelde y violenta». El odio flotó en ambas direcciones, sin que al final del conflicto quedaran grandes cuentas pendientes. En 1653, cuando los campesinos de la Cerdaña organizaron una incursión militar para reconquistar el valle que Francia se había negado a devolver al final de la guerra, su grito principal fue «¡Visca Espanya!» en apoyo a su relación con España.

De hecho, más allá de estos inevitables episodios de tensión entre los distintos reinos de la península, la relación entre Castilla y Cataluña fue de cooperación mutua desde la unión de las coronas de Castilla y León con Aragón. Como recuerda Henry Kamen en su último libro, «España y Cataluña: Historia de una pasión», en 1479 la ciudad de Barcelona comunicó a Sevilla: «Ahora somos todos hermanos». Fue muy posteriormente, a partir del siglo XIX, cuando algunos autores catalanes comenzaron a culpar a los castellanos y a la unión de coronas de haber causado perjuicio a las iniciativas empresariales de Cataluña durante siglos. Y la propaganda nacionalista sigue argumentando que la castellanización de Cataluña destrozó la economía de la región y atacó su cultura.


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  • No busquen su tumba. El ataúd de Don Mendo Méndez de Peláez o de D. César de Zafra, según la versión, se perdió arrastrado por las aguas
Zafra y la maldición de la lluvia

«Hay un refrán que dice: “Va a llover más que cuando enterraron a Zafra”. Este refrán nació de la verídica historia que dejo relatada», escribía Eduardo Montesinos el 11 de agosto de 1897 en la revista «Nuevo Mundo» que se publicaba los miércoles. Su relato, titulado «El Conde de Zafra», cuenta que «allá por los años de 1460» existía en la ciudad extremeña de Zafra un castillo feudal «cuyo señor era el famoso D. Mendo Méndez de Pelaez, conde de Zafra, apodado Bigotes por el inmenso bigotazo que adornaba su ceñudo semblante de pocos amigos».

Montesinos describe a Méndez de Pelaez como un «digno émulo de los señores de horca y cuchillo» que ejercía el poder absoluto sobre sus dominios y con «sanguinarios instintos» que hacían que todo el mundo le odiara y le temiera.

Un caluroso mes de agosto, ocurrió que todas las fuentes y pozos de Zafra se secaron. Todas, menos la fuente del castillo que provenía de un manantial lejano, pero el conde de Zafra se negaba a dejar que las gentes de Zafra bebieran de su fuente «porque el espectáculo de desesperación de los infelices que se acercaban a su castillo para apagar su sed le divertía», prosigue la narración.

Una gitana logró colarse un día y llenó una alcarraza de agua, pero fue sorprendida antes de escapar y llevada a presencia del conde como un criminal. De poco sirvió que implorara su perdón asegurando que su anciana madre moría de sed. La gitana fue castigada con siete palos, tantos como los pedazos en que se rompió la alcarraza tras ser lanzada al aire por los centinelas. Arrojada del castillo, la gitana se volvió y en tono profético dijo: «¡Siete pedazos, siete! ¡Los días de la semana! ¡Hoy es martes, te emplazo para el martes próximo! ¡Tanta agua tendrás que navegarás sobre ella! ¡Maldito seas!».

En vano persiguieron a la gitana, que logró huir. Aquella noche, D. Mendo no pudo dormir recordando su maldición y al día siguiente cayó enfermo de fiebre y murió el lunes siguiente. Su cuerpo fue colocado «sobre un riquísimo catafalco» y expuesto en una sala baja del castillo, pero el cielo «envió tan fuertes lluvias» que, según el relato, en pocas horas el castillo se inundó. «El cadáver del conde, en su caja, que le servía de barco, flotando sobre el agua y siguiendo la corriente, salía de la puerta del castillo en dirección a las vertientes de la montaña, donde oscilando, subiendo y bajando, llegó al borde de un precimio en el que el agua formaba una inmensa catarata y allí se detuvo breves instantes».

Zafra y la maldición de la lluvia

biblioteca nacional | Ilustración del Conde de Zafra en «Nuevo Mundo» (1897)

Montesinos refiere que entonces apareció entre las nubes el fantasma de la gitana, que alegrándose de que su maldición se cumpliera le dijo: «¡Ahora húndete en los abismos, albergue de todos los tiranos!».

«La gitana desapareció y el cuerpo del conde se precipitó en el torrente, rebotando de piedra en piedra, hasta perderse en el fondo», finaliza el escritor de «Nuevo Mundo».

La leyenda de Granada

Un resumen de esta leyenda de Zafra apareció en 1900 en la revista «Por Esos Mundos», firmada por B. Fernández y recogió José María Iribarren en «El porqué de los dichos» junto a otra versión que sitúa los hechos en Granada. Según ésta, que figura en «El Libro de las Tradiciones de Granada» de Francisco de Paula Villa-Real y Valdivia, el protagonista es un caballero llamado Zafra, cuyo hijo se enamoró de una gitana que vivía en una casa a espaldas de la suya. Al no lograr cortar estos amoríos, el hombre cortó el agua de la que se surtían la gitana y su madre. «Premita Dió que l’agua lo entierre», maldijo la gitana.

Cuando el caballero murió y pusiéronle de cuerpo presente en una sala baja, «empezó a tronar y llover por las angosturas del Darro de tal manera, que sufrió el río una de las mayores crecidas; invadió la población y arrastró cuanto encontró a su paso», relata Iribarren. También penetraron las aguas en el palacio de Zafra y sacaron la caja llevándose el cadáver. «No ha vuelto a saberse de su paradero», finaliza esta historia de grandes similitudes con la anterior.

Una carta de J. Sánchez Gerona publicada en la sección «El Averiguador Universal» del periódico «El Liberal» en 1900 señalaba que el tal señor de Zafra llegó junto a los caballeros que se avecindaron en Granada después de que los Reyes Católicos la tomaran a los moros «y a éste o a alguno de sus descendientes aconteció».

José J. Soler de la Fuente le llega a poner nombre en «El Museo Universal» de 30 de mayo de 1857. Según esta versión, publicada cuarenta años antes que la de Montesinos, el protagonista de la leyenda es «don César de Zafra, descendiente de aquel D. Hernando de Zafra señor del Castril y del que dicen era secretario de la reina Isabel la Católica», su hijo se llamaba Alfonso y Azucena, la joven gitana. Cuenta que el padre encerró al hijo en una torre de la Alhambra y que la gitana no hizo pública la maldición y nunca se supo si tuvo parte en la muerte de don César, cuyo ataúd se perdió.

Llama la atención que en Cádiz se diga «llovió más que cuando enterramos a Bigote», con el mismo apodo que Montesinos da al conde de Zafra extremeño, aunque según Iribarren y Luis Montoto este Bigote alude a un zapatero conocido por este apodo. Para el historiador José María Lama, las dos terminaciones en Zafra y Bigotes son variantes del mismo dicho.

Lama, que contempló todos los escritos sobre ambas leyendas en un artículo publicado en «Zafra y su Feria» (2009), «estamos ante la misma leyenda con dos desarrollos distintos». En cualquier caso, prosigue, «lo de “Llueve más que cuando enterraron a Zafra” o “a Bigotes”, y las variantes que cada una de esas expresiones atesora, expresa la hibridación del saber popular, que de todo hace mezcla». Resulta curioso, sin embargo, que Zafra nunca llegara a ser enterrado.


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  • Este extraño hombrecillo hallado en la isla de Flores en 2004 podría revolucionar lo que se sabe sobre el origen de nuestra especie y su salida de África
El «hobbit» cumple diez años rodeado de misterios

ABC | Reconstrucción de un ejemplar fenenino de los “hobbit” hallados en la isla de Flores

Con un volumen cerebral un tercio del nuestro y un metro de estatura, el esqueleto de una hembra adulta hallado en la isla de Flores en 2004 trae de cabeza a los paleontólogos una década después de su descubrimiento. Hace diez años se presentó como una nueva especie humana, que vivió hace 18.000 años y descendía del Homo erectus, el primero de nuestros antepasados que se aventuró fuera de África.

Tenía otra intrigante peculiaridad, era el primer ejemplar de la familia humana que había menguado de tamaño para adaptarse a la vida en un pequeña isla del tamaño de Flores (Indonesia). Esta merma provocada por la escasez de recursos es algo común en las especies animales, pero insólito en la nuestra. Además, el pequeño tamaño de su cráneo, semejante al de un chimpacé, iba también en contra de la tendencia general en nuestra especie a incrementar el tamaño del cerebro.

Este extraño ejemplar fue enseguida bautizado con el apodo de “el hobbit”, por su pequeño tamaño, en un guiño a los personajes de ideados por Tolkien. Y ese apodo es lo único que parece mantenerse firme una década después de su descubrimiento. Y es que el exhibía también rasgos modernos, para mayor desconcierto.

Mezcla de rasgos

El diminuto Hombre de Flores comparte rasgos con otros más modernos, como el grosor de los huesos del cráneo, los dientes pequeños y la cara poco prominente, de ahí la hipótesis de que podría ser un Homo Sapiens con alguna enfermedad que justificase su pequeño tamaño, como cretinismo o microcefalia. Un artículo reciente publicado en PNAS apunta incluso a que tiene rasgos que recuerdan el síndrome de Down. Por el contrario, sus extremidades son más parecidas a las de los grandes simios africanos, una morfología que no favorecía la carrera ni la talla de delicadas herramientas.

Sin embargo, las primeras conclusiones sobre el linaje de hobbit han ido perdiendo apoyo en la década transcurrida desde el hallazgo. La búsqueda de una explicación plausible ha abierto nuevos interrogantes que podrían poner patas arriba todo lo que se sabe y admite sobre nuestros orígenes.

En un análisis publicado en el último número de Nature, el experto en el origen de nuestra especie Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, cree, como otros colegas suyos, que el Hombre de Flores podría estar más emparentado con los australopitecus, un linaje prehumano cuyo representante más famoso es Lucy, con una antigüedad de 3,2 millones de años. Australopithecus afarensis y el Hombre de Flores tienen en común su pequeño tamaño y el reducido volumen cerebral, que salvaría el interrogante de la regresión en tamaño y volumen cerebral que habría ocurrido si fuera posterior a Homo erectus.

Migración más temprana

Esta semejanza con linajes más antiguos cuestiona de paso que el Homo erectus fuera el primero de nuestros ancestros en salir del continente africano. Y adelantaría el momento de esta migración en varios cientos de miles de años sobre lo admitido hasta ahora. Una hipótesis muy sugerente que va ganando apoyos. Esto supone que el Hombre de Flores podría haber evolucionado en África, de donde habría salido hace unos dos millones de años, ya con su reducido tamaño, que tal vez podría haber mermado ligeramente en sucesivas generaciones para adaptarse a la escasez de recursos de la isla.

En realidad, Peter Brown and Mike Morwood, que dirigían las excavaciones en la gran cueva de Liang Bua, donde apareció el hobbit, dada la mezcla de rasgos primitivos y modernos, quisieron catalogar el pequeño esqueleto con el nombre Sundantrhopus floresianus, pero los revisores del artículo que apareció en 2004 en Nature les hicieron cambiar de opinión, explica Stringer.

“Si el linaje del Homo floresiensis tiene un origen más primitivo que los fósiles más antiguos hasta ahora descubiertos en Asia de Homo erectus, tendríamos que replantearnos la explicación dominante de cómo los humanos surgieron y se expandieron desde África”, señala Stringer. Hasta ahora se asumía que la primera dispersión desde el continente africano era anterior a los cráneos encontrados en Georgia, pero un origen aún más antiguo de los esqueletos de Flores supondrían una dispersión más temprana, uno 200.000 mil años antes, y compleja de nuestra especie, concluye el investigador.


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  • Fósiles descubiertos en Mongolia y otros recuperados de coleccionistas revelan cómo era en realidad el aspecto de esta enigmática especie de hace 70 millones de años
Resuelto el misterio del dinosaurio de las «manos horribles»

Michael Skrepnick El Deinocheirus mirificus tenía una extraña combinación de rasgos

En julio de 1965, una expedición paleontológica polaca encontró en Mongolia un par de patas delanteras monstruosamente grandes: 2,4 metros de largo, el récord para un animal bípedo. No aparecieron más restos, apenas unas vértebras y unas pocas costillas, pero los científicos tenían algo suficientemente distintivo para concluir que esos huesos pertenecían a una especie hasta entonces desconocida bautizada como Deinocheirus mirificus (rara mano horrible), un dinosaurio terópodo, del mismo grupo del que descienden las aves modernas. Eso sí, aparte de que tenía unos brazos gigantescos, era imposible recrear el resto de su anatomía.

Cincuenta años después, científicos del Instituto de Geociencia y Recursos Minerales de Daejeon, en Corea del Sur, y de la Universidad de Maryland (EE.UU.) han conseguido completar el puzzle de este misterioso dinosaurio. Con piezas desenterradas de Mongolia y la recuperación de un cráneo y una mano que habían sido vendidos a coleccionistas privados, los investigadores han dado forma a los esqueletos de dos especímenes casi completos.

Resuelto el misterio del dinosaurio de las «manos horribles»

Recreación del dinosaurio | Yuong-Nam Lee (KIGAM)

El resultado es un animal de peculiar aspecto, el miembro más grande de los ornitomimosaurios, un grupo de dinosaurios que recuerda a las modernas avestruces. Destaca en su fisonomía un hocico prolongado, sin dientes, ensanchado hacia los lados, como también lucían sus contemporáneos hadrosaurios (como los herbívoros pico de pato); una mandíbula inferior particularmente masiva y una gran vela sobre la espalda formada por su espina neural. Sus caderas generosas y anchos y cortos pies indican que se movía despacio. Los autores del estudio, publicado en la revista Nature, creen que uno de los ejemplares medía 11 metros de longitud y tenía un peso estimado de 6.358 kilos.

El Deinocheirus parecía bien provisto para vivir junto a los ríos. Su pico de pato podía haberle ayudado a buscar comida en el fondo de las corrientes y los huesos romos y aplastados bajo sus garras podían haberle evitado resbalar en el suelo húmedo. Restos de peces fueron encontrados en lo que debía de ser el estómago, pero este animal también tenía rasgos relacionados con el consumo de vegetales, lo que sugiere que era omnívoro.


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  • El cuaderno de George Murray Levick apareció gracias al deshielo de la zona de la base de Terra Nova
Hallan en la Antártida el diario de un explorador después de un siglo bajo el hielo

AFP | George Murray Levick

Durante un siglo ha permanecido perdido, congelado y olvidado en la Antártida uno de los diarios que escribió el naturalista George Murray Levick (1876-1956), durante la expedición que comandó el capitán Robert Falcon Scott entre 1910 y 1913.

Según informa el Antartic Heritage Trusth (Nueva Zelanda), el cuaderno apareció durante el deshielo de la primavera del año pasado en la zona de la base de Terra Nova que estableció Scott en 1911, y desde entonces los expertos de la citada sociedad han trabajado para restaurar el documento histórico, en cuyas páginas delanteras aparece con claridad el nombre del autor.

Así, el librito recoge escrito a lápiz las anotaciones, datos y comentarios de las fotografías que Levick obtuvo en cabo Adare hace más de cien años cuando que acompañó a Scott en la British Antarctic Expedition 1910 o Expedición Terra Nova, la tercera de las exploraciones británicas a la Antártida el siglo pasado.

«Es un descubrimiento fascinante. El diario es una pieza que faltaba del registro oficial de la expedición», señaló el director ejecutivo de Antartic Heritage Trust, Niguel Watson, a través de un comunicado de la institución.

Levick fue una de las seis personas que formaron el llamado Northern Party (grupo del norte) para pasar el verano austral de 1911-12 en cabo Adare y además sobrevivieron el invierno de 1912 en una cueva de hielo.

El diario, una vez restaurado, ha sido devuelto a la Antártida para acompañar a más de 11.000 objetos encontrados a lo largo de los años de las distintas expediciones que intentaron desentrañar ese continente.


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¿Qué sabes de la tabla periódica de los elementos?

 Agua, tierra, fuego y aire. Esos eran los elementos en las que estaba dividida toda la materia antes de que la Química descubriera que, en realidad, la materia es mucho más compleja. La tabla periódica de los elementos clasifica, organiza y distribuye toda esa complejidad, los distintos elementos químicos, según sus propiedades y características.

El origen de la tabla periódica se remonta al siglo XIX, cuando los químicos empezaron a ordenar los elementos que se iban conociendo por su masa o volumen atómico. En 1869, el ruso Dmitri Mendeléyev presentó la primera versión de su tabla periódica al darse cuenta de que clasificando los elementos (solo había 63) por masas atómicas aparecía una periodicidad de ciertas propiedades químicas.

Esta primera clasificación tuvo sus detractores, así que después de varias modificaciones Mendeléyev publicó en el año 1872 una segunda edición formada por ocho columnas desdobladas en dos grupos cada una, que al cabo de los años se llamaron familia A y B. Esta tabla fue completada a finales del siglo XIX con un grupo más, el grupo cero, constituido por los gases nobles descubiertos durante esos años.

Mendeléyev demostró una gran capacidad para pronosticar la existencia de elementos desconocidos. Dejó casillas vacías para situar en ellas elementos cuyo descubrimiento le darían la razón años después.

Actualmente, los elementos se ordenan de acuerdo con el número atómico creciente, que es la cantidad de protones existentes en el núcleo del átomo. El nombre de tabla periódica se debe a que, cada cierto número de elementos, las propiedades químicas se repiten. La columna vertical reúne los elementos que presentan propiedades similares, formando un grupo. Los períodos están formados por un conjunto de elementos que, teniendo propiedades químicas diferentes, mantienen en común el presentar igual número de niveles con electrones en su envoltura. El número de período corresponde al total de niveles. Esta es la forma para ubicar un elemento dentro de la tabla.


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  • El extraño cuerpo sobrevoló la capital durante dos horas, tenía forma de globo esférico iluminado y se movía contra el viento
El gigantesco atasco que provocó un ovni en la Gran Vía en 1968

archivo abc | El titular de la información que salió en el diario ABC

Jueves 5 de septiembre de 1968. Son las 6 de la tarde. El sol está a punto de esconderse por el horizonte de la capital cuando un objeto volador no identificado se alza en el cielo. El extraño cuerpo tiene forma de un globo esférico, permanece estático e iluminado. Conforme el tiempo pasa, los conductores y transeúntes madrileños se aglomeran. Nadie sabe de qué se trata. La noche empieza a caer, pero parece imposible retirar la vista del firmamento y el asombro del gentío termina por provocar un gigantesco atasco paraliza Gran Vía.

«–Es un globo.

–No. Es un satélite.

–Se mueve.

–No. Está quieto.

–¿No me dirás que crees en los platillos volantes?

–No. Solo creo en lo que veo».

Comentaron en la redacción de este diario el día del suceso. Desde los ventanales de la antigua sede que daban al Paseo de la Castellana también se veía. Minutos después de las ocho de la tarde, dos horas después del primer avistamiento, el ovni se esfumaba por la Casa de Campo.

Los vientos de la troposfera superior y la baja estratosfera soplaban del este y del sureste respectivamente, mientras que el objeto parecía desplazarse lentamente hasta el sureste. «Ello hace suponer que poseía un movimiento propio, se movía contra el viento o que su altura era mucho mayor», explicaba el redactor de ABC en su crónica.

«Indudablemente se trata de un ovni», declaraba entonces un portavoz del Observatorio de Meteorología. Según su versión no se trataba de un globo meteorológico, ni ningún globo cautivo experimental, ya que los sondeos realizados desde el aeropuerto de Barajas no lo habían detectado. Tampoco dejó un rastro visible para los aparatos de la base de Torrejón de Ardoz. Ni desde Robledo de Chavela se había podido precisar la identidad del objeto. Lo más extraño de todo era que ni tan siquiera el radar de Paracuellos del Jarama había captado la señal de este ovni.


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  • No sabía leer y puso escuela, reza un popular dicho con el que se censura a quien habla sin saber mientras que el segundo alude a un ilustre matemático español del siglo XVI
El tonto maestro Ciruela y el listo Ciruelo

wikimedia | Medallón a Pedro Ciruelo en la Antigua Facultad de Medicina de Zaragoza

Nada tienen que ver las ciruelas con este popular dicho «Como el maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela» del que ya José María Sbarbi y Osuna (1834-1910) da cuenta en su «Gran diccionario de Refranes».

«El vulgo dice el Maestro Ciruela, fundado quizá en el sonsonete, pues a mi juicio no hay semejanza alguna entre la enseñanza y los ciruelos», señala el ilustre filólogo español que no descarta que hubiera existido en la localidad de Siruela, en Badajoz, «algún dómine de aquellos antiguos (o moderno, relativamente) que por su “ciencia” hubiese originado el refrán que nos ocupa».

Sería, por tanto, «un dicho corrompido», a juicio de José María Iribarren. El maestro Ciruela habría sido en un principio el maestro de Siruela, aunque no hay registro en la localidad pacense que hable de tal profesor.

Así lo nombra Antonio Rodríguez Moñino en su libro «Dictados tópicos de Extremadura» (1931), que añade variantes del dicho como «el maestro de Algodor, que no sabía leer y daba lección» o «el maestro del Campillo, que no sabía leer y tomaba niños».

El erudito Pedro Ciruelo

Distinto es el dicho del maestro Ciruelo, en masculino, que da cuenta de los conocimientos de alguien, como aquel de Lepe. Saber más que el maestro Ciruelo debe su origen a la notoriedad que alcanzó Pedro Sánchez Ciruelo, el más célebre de los matemáticos españoles del Renacimiento, según señalan Margarita Candón y Elena Bonnet en «A buen entendedor…»

Nacido en Daroca (Zaragoza) hacia 1470, estudió en su localidad natal y posteriormente en Salamanca y en París, donde se doctoró en Teología y fue profesor de matemáticas. Pedro Ciruelo fue preceptor de Felipe II y catedrático de Teología de la Universidad Complutense. Entre sus muchas e importantes obras, destaca el «Cursus quatuor mathematicarum… » (Alcalá, 1516).

Los estudiosos no se ponen de acuerdo en la fecha de la muerte en Salamanca de este erudito (1550?) que sabía también de humanidades, filosofía, astronomía, música, historia… y al que de forma irónica se alude cuando alguien llama «ciruelo» a alguien necio o incapaz, según Candón y Bonnet.


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  • Investigadores daneses dan un nuevo paso para diseñar de sistemas vivientes artificiales
Crean en laboratorio un posible precursor de la vida

Archivo | Interior de una célula

¿Cómo surgió la vida? Se trata de una de las grandes cuestiones de la Ciencia y, hoy por hoy, no tiene aún una respuesta clara. ¿Y podrían los científicos crear vida en sus laboratorios? En este sentido, se han llevado a cabo ya un buen número de experimentos, pero los resultados, hasta ahora, no han sido concluyentes. El origen de la vida, sin embargo, no es algo que interese solo a los biólogos, sino también a los investigadores que se dedican al desarrollo de las tecnologías del futuro. Si fuera posible crear sistemas vivientes artificiales, no solo se lograría comprender cómo pudo originarse la vida, sino que se revolucionaría el futuro de la tecnología.

Las protocélulas son los sistemas vivientes más simples y primitivos que existen. De hecho, el precursor más antiguo de la vida en la Tierra fue una protocélula, y ese es precisamente el motivo por el que estos organismos fascinan a los científicos de todo el mundo. Si la Ciencia pudiera crear una protocélula, se habrían conseguido las bases para crear formas de vida artificial más avanzadas.

No se trata de una tarea sencilla, y hasta el momento nadie ha conseguido aún llevar a cabo esa hazaña científica. Uno de los principales desafíos para conseguirlo es el de crear las cadenas de información que deberán heredar los descendientes de esa primera célula, o protocélula. Una información que los organismos vivientes transmiten a través del ADN y el ARN y que es imprescindible, también, para controlar el metabolismo celular y para dar a las células las instrucciones de cómo deben dividirse.

Ahora, un grupo de investigadores de los departamentos de Física, Química, Farmacia y del Centro de Tecnologías Vivientes Fundamentales (FLINT) de la Universidad del Sur de Dinamarca, describen en un artículo publicado en Europhysics Letters cómo han logrado descubrir algunas de esas líneas de información gracias a un modelo computerizado.

Para Steen Rasmussen, director del FLINT, “Hallar los mecanismos para crear cadenas de información resulta esencial para los investigadores que trabajan en vida artificial“.

Rasmussen y sus colegas se han tenido que enfrentar a dos problemas. Primero, que las cadenas moleculares muy largas se descomponen en el agua, lo que significa que las cadenas de información demasiado largas se rompen muy deprisa en presencia del líquido elemento, y dan lugar a una serie de cadenas más cortas. Y segundo, resulta muy difícil conseguir que estas moléculas se repliquen sin utilizar enzimas modernas. Resulta más sencillo llevar a cabo una “ligadura”, esto es, combinar dos cadenas cortas en una más larga. Y ese es precisamente el mecanismo utilizado por los investigadores.

“En nuestra simulación informática -explica Rasmussen- o dicho de otra forma, en nuestro laboratorio molecular virtual, las cadenas de información empiezan a replicarse más deprisa y de forma más eficiente de lo que esperábamos. Sin embargo, nos llamó mucho la atención comprobar que se desarrollaban rápidamente y por igual el mismo número de cadenas de información cortas y largas, y que en el proceso se apreciaba, además, un fuerte patrón selectivo. Pudimos ver, en efecto, que solo patrones muy específicos de información de las cadenas podían encontrarse en las cadenas supervivientes. ¿Cómo podía darse esta selección tan coordinada, cuando nosotros no la habíamos programado? La explicación hay que buscarla en el modo en que las cadenas interactúan unas con otras”.

Como en una sociedad

Según Rasmussen, se creó una “red autocatalítica autoorganizada” en el interior de la probeta virtual en la que él y sus colegas habían colocado los ingredientes para que se formaran las cadenas de información. Una red autocatalítica es una red de moléculas que catalizan las unas lo que producen las otras. Cada molécula puede formarse a partir de por lo menos una reacción química en la red, y cada reacción puede ser catalizada por lo menos por otra molécula de la red. El proceso dará lugar a una red que muestra una forma primitiva de metabolismo y un sistema de información que se replica a sí mismo generación tras generación.

“Una red autocatalítica -afirma Rasmussen- trabaja como una comunidad. Cada molécula es un ciudadano que interactúa con otros ciudadanos y todos juntos ayudan a crear una sociedad”.

La red autocatalítica observada por los investigadores evolucionó ràpidamente a un estado en el que las cadenas de cualquier longitud existían en concentraciones iguales, lo cual es poco común de ver.

“Podríamos haber descubierto un proceso similar a los que dieron origen a las primeras formas de vida -sostiene el investigador-. Aunque, por supuesto, no sabemos si la vida se originó de esta manera, aunque sí que podría haber sido uno de los pasos. Puede que un proceso similar creara una concentración lo suficientemente alta de cadenas de información largas como para que surgiera la primera protocélula”.

Pero los mecanismos de formación y selección de cadenas de información no interesan solo a los investigadores que estudian el origen de las protocélulas. Sino que resultan del máximo interés para los que trabajan en las tecnologías del futuro.

Para Rasmussen, “buscamos maneras de desarrollar tecnología que se base en los mismos procesos que la vida. Si lo conseguimos, tendremos un mundo en el que los dispositivos tecnológicos podrán repararse a sí mismos, desarrollar propiedades nuevas y ser reutilizados.”

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