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¿Por qué no tiene letra el himno de España?

ARCHIVO Eduardo Marquina canta, junto a un coro, la letra del Himno de España que él escribió

El Himno Nacional tiene su origen en la «la Marcha Granadera», de naturaleza militar y autor desconocido, que se usa desde que el Rey Carlos III la declaró Marcha de Honor el 3 de septiembre de 1770. La enorme popularidad que tuvo desde el principio esta pieza musical es la culpable de que el Himno se haya mantenido sin letra durante más de dos siglos. Pese a que ha habido algunos concursos (como el convocado por el Comité Olímpico Internacional de 2007), el rechazo mayoritario del pueblo ha hecho que sus notas continúen sin acompañamiento.

La «Marcha Granera» se comenzó a popularizar bajo el nombre de «Marcha Real» tras ser interpretada siempre en actos públicos a los que asistía algún miembro de la Casa Real.

El COI no ha sido el único que ha intentado ponerle letra al Himno de España. El mismísimo General Prim puso en marcha un concurso en 1870 en el que se pedían propuestas para crear un Himno Nacional. Finalmente, tuvo que declarar desierto el concurso por la baja calidad del material propuesto.

«Gloria, gloria, corona de la Patria, soberana luz. que es oro en tu Pendón». Así comenzaba la letra que Eduardo Marquina escribió para el Himno durante el reinado de Alfonso XIII. Aunque no llegó a cuajar y nunca se convirtió, sí fue una de las propuestas que más aceptación tuvo posteriormente.

El único periodo en el que esta «Marcha Graneda» no ha sido Himno de España fue durante la II República, en la que se adoptó el Himno de Riego. Aunque durante la Guerra Civil, el general Franco la restableció en su bando y lo hizo en el resto de España tras ganar la Guerra.

Con la llegada de la Democracia Española y tras las aprobación de la Constitución se dió un soporte jurídico a la oficialidad del Himno y se encargó a Francisco Grau, Coronel Director de la Unidad de Música de la Guardia Real, su adaptación.

En la actualidad, el himno que escuchamos en los actos oficiales está regulado por el Real Decreto 1560/1997 de 10 de octubre, donde se describen con detalle hasta los compases musicales. Se establecen dos versiones: una más breve y otra más larga, bajo la exigencia siempre de interpretarse de una sola vez.


El Mundo

Arriba, comparación del tamaño de 'P. sandersi' con el de...

Arriba, comparación del tamaño de ‘P. sandersi’ con el de las mayores aves voladoras actuales. Abajo, fósiles hallados. LIZ BRADFORD / DANIEL KSEPKA

La encontraron durante las obras de construcción de una nueva terminal del aeropuerto internacional de Charleston, en Carolina del Sur (EEUU). La mayor ave marina conocida que ha surcado los cielos estaba enterrada desde hace unos 25 millones de años en la misma zona desde la que despegan aviones en la actualidad. Se trata del fósil de una criatura que tenía una envergadura de más de seis metros y que, según sostiene un estudio publicado esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), es el ave voladora más grande que ha sido descubierta hasta ahora. Según señalan los autores en su investigación, estas aves gigantes debieron extinguirse hace unos tres millones de años.

Aunque fue desenterrada en 1983, es ahora cuando un equipo de investigadores liderado por Daniel T. Ksepka ha descrito en profundidad a esta nueva especie, denominada Pelagornis sandersi, y ha reconstruido, a partir de modelos matemáticos basados en la morfología de aves actuales, cómo conseguía volar con un tamaño semejante. Hasta hace no mucho, los investigadores creían que unas alas muy largas impedían el vuelo. Así, estimaban que aquellos animales cuya envergadura superara los cinco metros no eran capaces de levantar el vuelo.

Un gran planeador

Sin embargo, tras analizar la morfología de Pelagornis sandersi no sólo se muestran convencidos de que podía volar. Afirman también que era un gran planeador y que era capaz de recorrer grandes distancias sin apenas mover sus alas, lo que posiblemente le permitía incluso cruzar océanos. Debido a su gran tamaño, no creen que pudiera comenzar a volar simplemente moviendo sus alas, sino que posiblemente tenía que recorrer unos metros para tomar impulso y aprovechar las corrientes de aire para desplazarse, como el ala delta.

Reconstrucción artística del aspecto que tenía el ave 'Pelagornis...

Reconstrucción artística del aspecto que tenía el ave ‘Pelagornis sandersi’.LIZ BRADFORD

Según detalla Daniel Ksepka a EL MUNDO, este ave gigante pesaba unos 40 kilogramos. «Probablemente, se alimentaba de peces y calamares, que cazaba cerca de la superficie del océano», añade.

Para hacer la estimación sobre su tamaño, han contado con el cráneo completo y diversos huesos de un ala y una pata. Su buen estado de conservación sorprendió a los investigadores, pues este tipo de huesos son muy delicados y suelen romperse con facilidad.

El récord de tamaño de un ave voladora lo tenía otra especie ya extinta llamada Argentavis magnificens, que vivió en el territorio que hoy es Argentina hace unos seis millones de años. La envergadura de este animal, cuya forma de volar fue reconstruida en 2007, también superaba los seis metros.

El doble de grande que las mayores aves actuales

Las mayores aves marinas voladoras que viven en la actualidad miden menos de la mitad que P. sandersi, bautizada así en homenaje a Albert Sanders, el conservador del Museo Bruce de Greenwich (EEUU) que recogió el fósil. La envergadura del albatros real (Diomedea epomophora) y del cóndor californiano (Gymnogyps californianus) ronda los tres metros de longitud, frente a los 6,4 metros del protagonista de este estudio. El cóndor californiano, por cierto, se encuentra en grave peligro de extinción. Para evitarla, el Gobierno de EEUU puso en marcha a finales del siglo pasado un proyecto para reproducir a esta especie en cautividad, pues ya no quedaban ejemplares vivos en la naturaleza, y un programa de reintroducción en el medio salvaje que está logrando recuperar a esta especie.

Según detalla el investigador, el equipo del Museo de Charleston recogió en la misma zona en la que se construyó el aeropuerto más fósiles de otras aves marinas, como pequeños albatros y alcatraces, un ave que se zambulle en el agua.

Los científicos creen que las aves marinas gigantes como P. sandersi vivieron durante decenas de millones de años, pero desaparecieron durante el Plioceno, hace tres millones de años. Ksepka admite que no saben por qué: «Sólo podemos especular sobre las causas», señala.


El Mundo

  • Cruz Roja española celebra sus 150 años de existencia con varios eventos en Madrid
  • La ONG se ha ido transformando en el tiempo para atender a las necesidades de la gente

Las heridas han ido cambiando con el paso del tiempo. Ya no son las que se producen en el campo de batalla sino las ocasionadas por los zarpazos del desempleo, la soledad, la violencia de género, la vejez o la pobreza.

La institución sigue siendo la misma. Se llama Cruz Roja y este viernes celebra sus 150 años de existencia dedicados a la atención de los colectivos más vulnerables. Siglo y medio da para mucho y la organización ha tenido que ir mudando de piel y transformándose según las necesidades del momento.

De la rudimentaria atención a los heridos durante la guerra franco-prusiana en 1870 se ha pasado a los modernos servicios de teleasistencia móvil en la actualidad, un abismal salto tecnológico que ha permitido a la ONG estar cada día más cerca de los usuarios.

Paradojas de la vida, sin la guerra no hubiera existido la Cruz Roja. La ONG surgió del desastre de la contienda de Solferino, (que enfrentaba al Ejército austriaco con las tropas de Napoléon III de Francia y de Víctor Manuel II, de Cerdeña), y de la desesperación de Henry Dunant al contemplar a 40.000 heridos abandonados a su suerte en el campo de batalla.

Germen de la Convención de Ginebra

Fue este empresario suizo quien dio la voz la alarma ante el espectáculo dantesco y acudió al pueblo cercano de Castiglioni a pedir ayuda. Con la colaboración de las mujeres de la localidad italiana, Dunant logró montar un improvisado hospital de campaña con el fin de paliar los dolores de los heridos, ya fuesen del bando que fuesen.

Aquella experiencia quedó plasmada en 1862 en el libro ‘Recuerdo de Solferino’, un texto que reclamaba la creación de un cuerpo de voluntarios al servicio de los heridos de guerra y que, luego, se convirtió en el germen la Convención de Ginebra. Un año después, nació el Comité Internacional de Cruz Roja con el objetivo de convertirse en una institución respetada con una bandera neutral para entrar en el campo de batalla. Hasta entonces sólo podían introducirse en la contienda los servicios sanitarios de uno u otro bando.

En España fueron dos navarros, el doctor Nicasio Landa y el conde de Ripalda, los impulsores de la Cruz Roja española que se fundó en 1864. Su primera gran intervención fue en la tercera guerra carlista, durante la batalla de Oroquieta de 1872.

El doctor Landa, apodado el ‘Henry Dunant español’, trató de buscar una solución al grave problema del transporte de heridos desde el lugar de la contienda hasta las ambulancias. Los enfermos eran trasladados en brazos en condiciones penosas y muchos de ellos morían por el camino. Para paliar esta situación, el médico inventó el denominado mandil Landa, que consistía en un lienzo, una vara de madera y unas correas. Esta especie de delantal permitía a dos camilleros trasladar a los heridos con más agilidad, lo que supuso un gran avance para la época.

A finales del s. XIX y comienzos del siglo XX, Cruz Roja tuvo que afrontar su primera metamorfosis y pasó de atender a los lesionados en el campo de batalla a construir los seis primeros hospitales en España y a fundar una Escuela de Enfermería.

En la década de los 60 y 70, gracias a la mejora de la red de comunicaciones, la ONG dio un nuevo salto y comenzó a crear una red de puestos de primeros auxilios en carretera y a fundar la Cruz Roja del mar.

Desde los años 90, la organización humanitaria más extensa del mundo se ha centrado en trabajar en la acción directa y en reforzar la proximidad con los colectivos más vulnerables: refugiados, damnificados por las catástrofes, niños, ancianos, víctimas de violencia de género y, ahora, más de tres millones de personas afectadas por la crisis.

La historia de Cruz Roja española no hubiera sido posible sin la ayuda de los más de 200.000 voluntarios anónimos que se dejan la piel día tras día en ayudar a los más desfavorecidos. Como María Eugenia, que cura la soledad de muchas personas mayores atendiendo llamadas en el centro de coordinación de la ONG en Madrid o como María Teresa, una anciana que antes de irse a vivir a una residencia decidió donar todas sus pertenencias a Cruz Roja.

La frase de un voluntario que trabaja con niños inmigrantes en casas de acogida de la capital resume el sentir de muchos de sus compañeros en Cruz Roja: “No soy yo los que les ayudo a ellos sino ellos los que me ayudan a mí”.

Este viernes es su gran día. Más de 6.000 voluntarios llegados desde toda España ocuparán el Retiro, la Plaza Mayor, la Puerta del Sol y el Paseo del Prado en Madrid con exposiciones de los equipos de emergencias o de la unidad canina, talleres de primeros auxilios, murales de grafitis, simuladores de vejez, cuentacuentos y numerosas actuaciones. La tarta de este 150 aniversario es para ellos.

El mandil Landa fue inventado para trasladar a los heridos. | Cruz Roja


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  • Una peculiar teoría apunta a la burla hacia un alto funcionario del siglo XVI como probable origen de este insulto

El posible origen castizo de la palabra «gilipollas»

Posiblemente gracias a su sonoridad, en los últimos años el adjetivo «gilipollas» se ha convertido en un insulto de uso muy extendido entre los españoles. Según el Diccionario de la Real Academia Española, esta palabra es una vulgarización del adjetivo «gilí», término que designa a una persona tonta o lela y que procede del vocablo caló «jilí», cuyo significado es «inocente o cándido».

Sin embargo, el blog «Secretos de Madrid» nos desvela un posible origen mucho más castizo e interesante para esta peculiar palabra. De acuerdo con esta teoría, tenemos que retroceder hasta finales del siglo XVI, época en la que don Baltasar Gil Imón de la Mota ocupaba el cargo de fiscal del Consejo de Hacienda.

Según narran las crónicas de la época, Gil Imón aprovechaba su posición para acudir acompañado de sus dos hijas a todos los eventos y fiestas en los que se daba cita lo más granado de la sociedad madrileña. Su intención era encontrar en alguno de esos actos algún joven en edad casadera que pudiera emparejarse con sus descendientes.

El problema era que Fabiana y Feliciana, las hijas de este personaje, eran muy poco agraciadas físicamente, a lo que se sumaba que poseían una inteligencia muy poco desarrollada. Debido a las escasas dotes de las muchachas, los pretendientes no abundaban. Por ello, cada vez que el alto funcionario aparecía en una fiesta junto a sus hijas, las malas lenguas comenzaban a comentar entre sí «Ahí va de nuevo don Gil con sus pollas», palabra que era empleada en la época para referirse a las mujeres jóvenes.

De acuerdo con esta teoría, la asociación de ideas fue inevitable y, muy pronto, los personajes de la época más proclives a la sorna y el ingenio fundieron en un solo concepto la estupidez y las hijas del fiscal. Así, cuando se quería señalar que alguien parecía alelado o era corto de entendederas, se aludía a las «pollas» de don Gil Imón. De este modo, habría nacido la palabra «gilipollas» que conocemos hoy en día.

Aunque lo más probable es que este peculiar insulto posea la etimología que le atribuye la Real Academia Española, la historia de aquella pareja de hermanas poco agraciadas estética e intelectualmente sigue proporcionándole un origen mucho más romántico y acorde con el ingenio español.

A pesar de que no sabemos si finalmente consiguió el objetivo de casar a sus hijas, la figura de Gil Imón da nombre a una pequeña vía cercana a la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid.


ABC.es

  • Un centro histórico situado junto al antiguo poblado de Santa Elena rescatará del olvido el pasado hispano de Estados Unidos

MUSEO NAVAL. MADRID Mapa de las posesiones españolas en Norteamérica, en el que figura la antigua Santa Elena

Mucho antes de que los anglosajones cubrieran el paisaje de campos de algodón cultivados por esclavos, Carolina del Sur era territorio español. En 1566, el asturiano Pedro Menéndez de Avilés fundó allí un enclave llamado Santa Elena, la primera colonia europea de carácter civil. Se trataba de la primera capital de la Florida española y, de alguna manera, la primera capital de lo que llegaría a ser Estados Unidos.

Pocos en Carolina del Sur y en el resto del país conocen sus raíces españolas, a pesar de los más de 300 años en que nuestro país fue dueño y señor de buena parte de lo que hoy son los Estados Unidos. Ahora, un proyecto impulsado por una entidad sin ánimo de lucro de Carolina del Sur, la fundación Santa Elena, pretende acabar con este injusto olvido. Prevé crear en 2016 -coincidiendo con el 450 aniversario de la antigua colonia- un gran centro histórico en la isla de Parris, junto a los restos del antiguo asentamiento español, que explique a los estadounidenses y al resto del mundo la «historia completa» del país, poniendo el foco en el «siglo perdido» de la historia de los españoles en Norteamérica.

«Habitualmente se cuenta que Ponce de León descubrió Florida en 1513 y de ahí se pasa directamente a la fundación de la primera colonia inglesa en 1607. Hay un salto de casi cien años sobre los que no se dice nada», explica Daryl Ferguson, presidente de la fundación Santa Elena, que recientemente visitó España para dar a conocer el proyecto a distintas instituciones y abrir vías de colaboración.

Tras la llegada de Ponce de León a la península de Florida, los españoles tardaron más de cuatro décadas en vencer las dificultades de aquel territorio hostil y crear su primer asentamiento estable. El marino Pedro Menéndez de Avilés barrió sin miramientos a los intrusos franceses que se habían asentado en la zona y fundó en 1565 San Agustín, en la costa este del actual estado de Florida.

Sin embargo, en aquel primer momento San Agustín era tan solo un puesto militar. En cambio, el asturiano decidió llevar más al norte la capital civil de la Florida, nombre que entonces se daba al conjunto de las posesiones españolas en Norteamérica. Así fue como creó al año siguiente la colonia de Santa Elena, que llegó a contar con una población de doscientos civiles.

Este nuevo emplazamiento podía proporcionaba una salida al mar para las riquezas de Nueva España, que «podían ser transportada hasta allí por tierra», explica otro de los representantes de la fundación, Richard Stewart.

La historiadora Sylvia Hilton, de la Universidad Complutense, explica a ABC que «hubo otros intentos anteriores de asentar colonos europeos en la costa norteamericana, que fracasaron o fueron de duración efímera, así que los veinte años de existencia de Santa Elena merecen que se le considere como el primer asentamiento civil europeo de importancia en Norteamérica».

Santa Elena fue la principal población europea de Norteamérica durante más de veinte años, en los que tuvo que enfrentarse al acoso de los indígenas, que obligaron a evacuar Santa Elena en 1576. Sin embargo, las causas de su abandono definitivo en 1587 no están del todo claras y se espera que las excavaciones en el yacimiento arqueológico puedan aclararlas. Según Hilton, un factor que llevó a esa decisión pudo ser «la determinación inglesa de ocupar la bahía de Chesapeake», así como la presencia del corsario Francis Drake, «que incendió el pueblo de San Agustín en 1586».

Cuando Carolina del Sur era española

FUNDACIÓN SANTA ELENA Excavaciones en el antiguo asentamiento de Santa Elena

La fundación Santa Elena espera contar ya el próximo año con unas instalaciones provisionales, aunque el centro definitivo se prevé para el año siguiente. El viaje de sus representantes a España –en el que la Fundación Carolina, dedicada a recuperar la historia de los españoles en Norteamérica, les ha servido de guía– permitirá ir afinando los detalles del proyecto.

ABC acompañó a la expedición al Museo Naval, en Madrid, donde sus responsables ofrecieron prestar parte de sus fondos, entre los que hay mapas, pinturas, documentos y piezas históricas relativos a la historia común de España y EE.UU. Este diario también asistió a un encuentro con el conde de Güemes, Álvaro Armada, propietario de un extraordinario archivo con miles de legajos clave en la historia española en Norteamérica, y incluida abundante correspondencia entre Felipe II y Pedro Menéndez de Avilés.

Durante su estancia en Madrid, se celebraron encuentros también con responsables de los Archivos Estatales, incluido el Archivo de Indias, la Biblioteca Nacional, Acción Cultural Española (AC/E) -entidad dependiente del a Ministerio de Cultura-, la Secretaría de Estado de Turismo, la Embajada estadounidense, el Museo Arqueológico y el Consejo Superior de Cámaras de Comercio, además de Sylvia Hilton. Asimismo, visitaron en Toledo el Museo del Ejército y en Cantabria al alcalde Santillana del Mar, Isidoro Rábago.

La Fundación Santa Elena está convencida de que el futuro centro será un revulsivo para el turismo en el condado de Beaufort, donde estará ubicado, pero también una oportunidad para que España incremente el relativo escaso porcentaje de visitantes norteamericanos.

El bravo asturiano Menéndez de Avilés

 


La Vanguardia

  • Una estudiante de doctorado, que investiga el claustro de Santa Maria la Nova de Nápoles, es la responsable del descubrimiento
Afirman haber hallado la tumba de Drácula en Nápoles

Imagen del príncipe Vlad III, también conocido como Vlad el Empalador / Youtube

Muchos pensaban que la tumba de Drácula estaría en Transilvania. Pero investigadores de la Universidad de Tallin, en Estonia, aseguran haberla hallado en Nápoles. Afirman haber encontrado los restos de Vlad III, figura en la que supuestamente se basa el famoso personaje de terror ideado por Bram Stoker.

Realmente, el hallazgo de la tumba fue obra de una estudiante de doctorado, Erika Stella, que investiga el claustro de Santa Maria la Nova, ubicada en Nápoles, para su tesis. Al detectar la extraña tumba, dio la voz de alarma a historiadores de la universidad que han llevado a cabo meses de investigación.

El príncipe Vlad III, también conocido como Vlad el Empalador, nació en Transilvania en 1431 en el seno de una familia noble y se le conocía como Vlad Draculea, que en rumano significa hijo del dragón.

Al parecer, este noble era conocido por castigar de manera salvaje a sus enemigos. Son muchos los historiadores que aseguran que cuando fue príncipe de Valaquia, principado rumano hasta mediados del XIX, acabó con la vida de entre 40.000 y 100.000 personas.

Hasta ahora se suponía que Vlad III perdió la vida en una batalla. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Tallin, en Estonia, aseguran que han descubierto evidencias que sugieren que el conde fue capturado por los turcos tras un combate. Asimismo, señalan que su hija María, que había contraído matrimonio con un noble napolitano, pagó un rescate por la liberación de su padre, que más adelante fue trasladado a Nápoles.

El experto en historia medieval Raffaello Glinni, explicó al diario italiano Il Mattino,que la lápida hallada estaba cubierta de imágenes y símbolos de Transilvania, lo que resultaría extraño para un noble italiano.

“Si uno se fija en las esculturas en bajo relieve, el simbolismo es obvio [...]. El dragón significa Drácula y las dos esfinges opuestas representan la ciudad de Tebas, también llamada Tepes. En estos símbolos está escrito el nombre del propio conde: Drácula Tepes”, agregó.


El Pais

  • La sepultura, de la Dinastía XI, ha sido encontrada en la necrópolis de Dra Abu el Naga por el equipo del proyecto Djehuty

Tumba encontrada por el equipo del Proyecto Djehuty en Luxor. / CSIC

A veces ocurre que la arqueología en Egipto es tal y como la imaginamos o la soñamos. El equipo del Proyecto Djehuty que excava en la necrópolis de Dra Abu el Naga (Luxor) bajo dirección del madrileño José Manuel Galán, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha anunciado el hallazgo de una tumba de la Dinastía XI —hace cuatro mil años— realizado en circunstancias dignas de una novela de aventuras. El descubrimiento se produjo al final de la última campaña, la 13ª, cuando tras excavar un pozo funerario en el patio de la sepultura de Djehuty que daba acceso a dos cámaras sepulcrales los investigadores dieron inesperadamente con un agujero en la pared de una de estas que conducía a una gran tumba. Al pasar a este nuevo recinto los egiptólogos se encontraron con el suelo literalmente cubierto de momias, cerca de un centenar de ellas. La tumba, que había sido saqueada, debe pertenecer a un personaje de la realeza o a un alto funcionario de la corte, “un responsable del Estado”, según el ministerio de antigüedades de Egipto. Aunque las momias, al parecer, son de clase media.

“Hay varias decenas de momias, quizá un centenar”, ha explicado a este diario Galán. “Las momias, por la numerosa cerámica que hemos encontrado junto a ellas, las fechamos en la Dinastía XVII, pero la tumba es 500 años más antigua, de la Dinastía XI, como prueban sus características. El recinto fue claramente reutilizado como sepultura colectiva, casi como fosa común, de personas corrientes”.

Galán, hombre cabal poco dado a entusiasmos, explica que el hallazgo fue “muy emocionante” y narra así el episodio: “Entramos a la tumba por un agujero que nos llevó a un pasillo de veinte metros de largo, dos de alto y dos de ancho, que conducía a un pasaje descendente hasta una cámara sepulcral. Todo estaba sembrado de cuerpos revueltos, un amasijo de restos humanos y lino”. Los investigadores no han encontrado aún la puerta de la tumba. “Hemos accedido por el medio del pasillo. La puerta permanece tapiada por escombros, no se la ve aún. Hay otras cámaras que también están llenas de escombros”.

Objetos encontrados por el equipo del Proyecto Djehuty que excava en la necrópolis de Dra Abu el Naga (Luxor). / CSIC

La tumba es de dimensiones muy grandes y está muy bien tallada. No tiene pinturas ni relieves, como es habitual en la Dinastía XI. Galán encuentra paralelos en la que halló Howard Carter en 1909 en el vecino Deir el Bahari —y en la que también encontró muchos cuerpos—, y en las del también cercano El Tarif, pertenecientes a la familia real o a la élite. De la nueva tumba, Galán dice que no tienen aún “ni idea“ de a quien pertenecía. “De momento solo hemos hecho una inspección preliminar, tomado las medidas, realizado foto y una filmación”. De hecho, el descubrimiento fue “en directo”. Se produjo mientras filmaba los trabajos de excavación Javier Trueba, que prepara un documental para TVE que se estrenará en otoño (En busca de Djehuty, entre tumbas, momias y jeroglíficos). “Bajamos al pozo que habíamos excavado, me asomé al agujero, Javier me pasó un foco y entré mientras el me seguía filmando con la cámara, así que captó todo el hallazgo incluidas mis expresiones de asombro, con alguna interjección fuerte, justificable por la intensidad del momento”, explica Galán.

De la significación del descubrimiento, el investigador señala que confirma que “en egiptología no es bueno simplificar; tradicionalmente se considera que Dra Abu el Naga es el lugar de enterramiento de la Dinastía XVII y El Tarif de la XI, pero nuestra excavación demuestra que en realidad los enterramientos se van superponiendo, que el cementerio es usado en todas las épocas”. Galán recuerda que ya antes, hace cinco años, encontraron el enterramiento del arquero Iker, un individuo de tiempos de la Dinastía XI metido en un ataúd de madera.

 

De las nuevas momias, dice que han aparecido muy revueltas y que aún hay que estudiarlas aunque parece claro que se trata de enterramientos de personas de clase media depositados en una tumba más antigua para aprovecharla, con lo que la sepultura se convierte en un cachette, un escondite de momias. “Todo un regalo para los paleopatólogos, que tienen mucho material humano para estudiar”. El ocupante original de la tumba podría haber sido un miembro de la familia real de la Dinastía XI pero las cerámicas muestran que las momias halladas son de la XVII. No se han encontrado ataúdes ni sarcófagos, ni sus trozos. “Pero hay toda una parte de la tumba aún por desescombrar incluida una sala lateral, así que puede haber nuevos descubrimientos”.

Galán recalca que lo más importante del hallazgo es que la nueva tumba “es la punta de un iceberg, nos anuncia lo que nos espera que es sin duda nuevas tumbas de la Dinastía XI, posiblemente todo un cementerio”. El Proyecto Djehuty, al que ha confirmado un año más su patrocinio Unión Fenosa, retomará las excavaciones la próxima temporada.

El egiptólogo explica que la Dinastía XI, 2.000 años antes de Cristo, en la transición del I Período Intermedio al Reino Medio, con Mentuhotep como faraón principal, fue la primera en convertir Tebas en la capital del Alto y Bajo Egipto tras vencer a los gobernantes de Heracleópolis Magna (donde precisamente excava la misión española que dirige Mari Carmen Pérez Die). La posterior Dinastía XVII, que 500 años después, en otro período intermedio, el segundo, devolvió la capital a Tebas dando paso al Imperio Nuevo, buscó su inspiración en la Dinastía XI, tomándola como modelo. Por su parte, los grandes faraones de la Dinastía XVIII, como la reina Hatshepsut, de la que era alto funcionario Djehuty, y Tutmosis III, también miraron hacia la XI.


El Confidencial

Tesoro de la fragata 'Mercedes' (AC/E)

Las metáforas y la actualidad son malas compañeras: hoy se inaugura en el novísimo Museo Arqueológico Nacional la exposición temporal dedicada a la fragata Mercedes, cuyo tesoro desembarca –con una gran montaña de más de 500.000 monedas de plata y oro al estilo tío gilito rescatada de las manos del Odyssey– en una institución que necesita una inyección económica con urgencia, para garantizar los servicios a la comunidad.

A casi cien días de la apertura de la reforma, en la que el Estado invirtió más de 60 millones de euros, el nuevo y lujoso trasatlántico de la arqueología española hace aguas porque mantiene los mimbres de su viejo cascarón: pocos recursos y una administración dependiente de Hacienda. La biblioteca todavía no ha abierto al público, porque no hay suficiente personal para atenderla. En cuanto a la calidad de fondos se trata de la segunda más importante del país, después de la del Instituto Alemán.

La biblioteca permanece todavía cerrada al público, casi 100 días después de su inauguración, por falta de personal

Más de dos meses después de la inauguración de la sede tampoco funcionan los apoyos educativos. Al subir el telón se puso mucho énfasis en la innovadora plataforma de divulgación y el propio director lo definió como un “museo del siglo XXI”. Del siglo XXI español, donde las estrecheces económicas mandan, porque la banda ancha contratada es tan pequeña, explican fuentes de la institución, que se colapsa cuando varias personas consultan una misma pieza. La guía multimedia ofrece por 2 euros explicaciones del recorrido, a través de imágenes y vídeos. Las multimedia son herramientas que utilizan museos, como el MOMA o el Louvre, pero están en países que viven en otro siglo.

Sin embargo, la situación más inestable de todas es la que se encuentra el equipo de vigilantes, con una plantilla muy reducida, sin refuerzos y al borde de la huelga. De hecho, este periódico ha podido saber que el conato de parón fue detenido por los sindicatos la semana pasada ante la perspectiva de reunión con el subdirector general de Museos Estatales, Enrique Varela, que finalmente mandó a un subordinado. Al no corregirse ninguna de las deficiencias que los trabajadores han detectado en este tiempo, la sombra de la huelga vuelve a extenderse sobre un museo que ha tenido una acogida muy superior a la prevista.

La situación más inestable de todas es la que se encuentra el equipo de vigilantes, con una plantilla muy reducida, sin refuerzos y al borde de la huelga

Ese ha sido uno de los mayores problemas y el MAN muere de éxito. En los cuatro primeros días entraban casi 5.500 personas por jornada. Los 21 días de gratuidad con los que se celebró la vuelta de uno de los baluartes culturales de este país se cerraron con algo más de 100.000 visitantes. Los únicos que no celebran la victoria es el personal (dos turnos de 35 personas cada uno) que se encarga de la vigilancia de las salas (40). Cinco de ellos atienden las taquillas y guardarropa. Así que a cada uno le corresponde preservar la seguridad de dos o tres salas del recorrido.

Fines de semana, en el aire

Una de las peticiones de CC.OO. es, precisamente, el refuerzo de personal de atención al público los fines de semana y vacaciones “con el fin de que los trabajadores puedan disfrutar de los días de descanso legalmente establecidos”. Aseguran que están trabajando por encima de sus posibilidades. Es justo el fin de semana cuando más visitas llegan, pero cuando menos recursos hay.

Por ejemplo, sólo cuenta con una persona de limpieza el sábado y el domingo. “Suficiente ajetreo tiene con estar atenta de cambiar el papel higiénico de los servicios”, explica una de las fuentes del museo, que subraya que esta persona debe limpiar 600 vitrinas ella sola. “Es imposible mantener limpio todo el museo”, cuentan. Seguimos en el siglo XXI español.

En la categoría surrealismo español está el caso de los walkie-talkies inexistentes. Los trabajadores no pueden comunicarse entre ellos y si quieren hacerlo deben llamarse al teléfono móvil. En el guardarropa sólo hay un trabajador encargado por turno, con lo que los días que libran o están de baja… no hay guardarropa. Otra de las exigencias es el arreglo de las puertas de cristal de acceso a la exposición “para así evitar tener que poner un vigilante en dicho puesto y restarlo de la vigilancia de las salas”.

Una exposición por sorpresa

La Administración prometió contratar más gente para reforzar el fin de semana, pero la promesa no se ha cumplido. No es de extrañar su malestar ahora, que con la inauguración de la exposición del tesoro de la Mercedes (con el apoyo de AC/E, el Ministerio de Defensa y el Museo Naval) se contraten a seis personas nuevas para atender la muestra temporal durante los seis meses que estará abierta. “¿Por qué no se contratan para reforzar?”, preguntan.

El personal del Museo Arqueológico Nacional también se queja de la manera en la que esta exposición ha sido programada. El pasado viernes por la tarde se informó que el martes siguiente sería inaugurada. De hecho, el propio director del museo, Andrés Carretero aseguraba a este periódico, en la primera entrevista que concedió tras la inauguración, que a pesar de que el plan inicial para la muestra era abril, él prefería esperar al nuevo arranque de temporada, en otoño. “Yo no empezaría con la campaña de temporales hasta dentro de ocho meses. Esa es mi visión personal, pero hay otras personas que deciden”. Y han decidido, pero sin planificación. Muy siglo XXI… español.


el confidencial

Imagen en primera persona del desembarco de Normandía. (Robert F. Sargent)

El general Eisenhower y sus consejeros pasaron mucho tiempo pensando cuál era el día perfecto para invadir la costa de Normandía y liberar a Francia de las garras de Hitler. Las variables a tener en cuenta para realizar el desembarco en las mejores condiciones eran muy numerosas, y no sólo en lo que respecta a los planes de los alemanes, también en lo relativo al tiempo. Su intención era programar los aterrizajes poco antes del amanecer, a medio camino entre la marea baja y la alta, pero con esta subiendo, y en un día de luna llena.

Tras numerosas discusiones encontraron el día perfecto. A las cuatro de la madrugada del 5 junio de 1944 todo estaba preparado para ejecutar la Operación Overlord, que supondría la estocada definitiva al Tercer Reich: unos 150.000 hombres con 30.000 vehículos –en su mayoría de los ejércitos británico y estadounidense– esperaban la orden para cruzar el Canal de la Mancha y lanzarse sobre las tropas nazis.

Pero el desembarco de Normandía (del que se cumplen hoy 70 años) tuvo que esperar un día más. Harold Checketts, un experto meteorólogo de la Armada británica, que trabajaba bajo las órdenes del capitán James Martin Stagg, meteorólogo jefe de la Royal Air Force, dio la voz de alarma: el viento era demasiado fuerte y las nubes estaban demasiado bajas para asegurar el éxito de la invasión. Pero su parte era esperanzador: en 24 horas, la situación iba a calmarse.

Una decisión muy compleja

Eisenhower se planteó retrasar la invasión dos semanas, entre el 18 y 20 de junio, cuando volvía a cumplirse la combinación de mareas necesarias (aunque sin luna llena). Pero al final se fió de los meteorólogos británicos y retrasó la invasión al día siguiente, una decisión que salvó al ejército aliado, pues entre el 19 y 22 de junio estalló una tormenta imposible de prever que habría dado al traste con sus planeas.

“Todos nos dimos cuenta de que el tiempo y el estado de la mar en las playas podía ser un asunto de vida y muerte para las tropas que se acercaran al territorio enemigo”, explicó Checketts en sus memorias. “Nuestro objetivo era reducir los riesgos en la medida de lo posible”. Y lo lograron. Aunque cuando cayó la noche el seis de junio habían muerto 9.000 soldados aliados, más de 100.000 lograron llegar a tierra y tomar las aldeas costeras francesas.

Numerosos comandantes de la Whermacht habían dejado sus puestos en Normandía para participar en unos juegos de guerra en Rennes, pensando que, con tal mal tiempo, nadie iba a acercarse a la costa

Acertar con el parte meteorológico no fue tarea fácil. En aquella época no había satélites, no había LIDAR (una tecnología que permite determinar la distancia desde un emisor láser a un objeto o superficie), y los radares estaban en pañales. La meteorología misma apenas había comenzado su recorrido como ciencia.

Pero además, Stagg y Checketts tuvieron que lidiar con otro problema. El meteorólogo jefe de la American Air Force, Irving P. Krick, insistió hasta el final en que el tiempo de la madrugada del 5 de junio era perfecto para la invasión y no merecía la pena retrasarla. Pero, por suerte, no convenció a Eisenhower.  Como explica John Ross en su libro The Forecast of D-Day, “esa era la noche en la que Ike, basándose en el parte del equipo de Stagg, decidió retrasar la invasión. Si hubiera dado por bueno el consejo de Krick, la invasión se habría realizado con la mar revuelta, muchísimo viento y espesas nubes. Estoy seguro de que habría sido un fracaso”

La torpeza de los meteorólogos nazis también jugó a favor de los aliados. Dado que los alemanes no contaban con estaciones meteorológicas en el Atlántico, no pudieron prever que la madrugada del 6 de junio los vientos iban a calmarse. Los hombres del tiempo de la Luftwaffe, que tenían su cuartel en París, habían predecido otras dos semanas más de tiempo tormentoso, por lo que no esperaban ningún tipo de invasión esos días. De hecho, numerosos comandantes de la Wehrmacht habían dejado sus puestos en Normandía para participar en unos juegos de guerra en Rennes, pensando que, con tal mal tiempo, nadie iba a acercarse a la costa. Se equivocaron de lleno.

Harold Checketts y Jean Farren, la pareja de meteorólogos que logró acertar con el parte.Harold Checketts y Jean Farren, la pareja de meteorólogos que logró acertar con el parte.

“Fue un trabajo razonablemente bien hecho”

Uno de los hombres del tiempo que lograron que el desembarco de Normandía se realizara con éxito, Harold Checketts, tiene hoy 94 años y vive en una residencia de ancianos en Disley (Reino Unido), según ha podido saber The Guardian. Y se acuerda perfectamente del día de la invasión.

Sólo unas horas antes de que las tropas aliadas desembarcaran en las costas francesas, en la noche del 5 de junio, Checketts acudió con su mujer, Jean Farren –también meteoróloga–, a una fiesta de cumpleaños. Los invitados no estaban especialmente alegres, pues sabían que la invasión del territorio francés era inminente y había demasiado nerviosismo en el ambiente. Pero sólo Checketts y su mujer conocían que la operación se iba a llevar a cabo esa misma madrugada.

“Sabíamos exactamente lo que estábamos haciendo y éramos conscientes de lo que significaba”, ha reconocido Checketts a The Guardian, 70 años después. “Estoy muy orgulloso de haber estado en el centro de la operación”. Pero no se considera un héroe. “Fue un trabajo razonablemente bien hecho”, explica. “Esto es todo”.


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Si a alguien totalmente ignorante de lo que se mueve en la esfera científica hubiese que explicarle cuál es la importancia de los Premios Nobel, le diríamos que son como los Óscar de la ciencia. Estos galardones, que entrega cada año la Real Academia Sueca de las Ciencias, son el máximo reconocimiento que puede obtener un investigador en su campo, y obtener uno significa entrar en un selecto club de grandes genios.

Aunque como todo premio que distingue a uno sobre los demás es en ocasiones injusto y polémico, es un reconocimiento innegable que señala a aquellos científicos que han trabajado por mejorar la vida y el conocimiento de la humanidad en su conjunto. Y sin embargo, existen grandes nombres que han sido olvidados por el jurado que elige a los ganadores.

En ocasiones por rencillas personales, otras por incompatibilidades con las normas de los premios (que entre otras cosas establecen que habrá un máximo de tres galardonados por categoría y no se puede conceder un Nobel a una persona fallecida) y otras sin ninguna explicación, recogemos algunos de esos casos con los que la Historia, y en concreto los Premios Nobel, están en deuda.

1. Dmitri Mendeléyev, creador de la tabla periódica

Nacido en Tobosk, en la actual Rusia, en 1834, el químico Dmitri Mendeléyev ha pasado a la historia por ser el creador de la representación gráfica más importante de la química moderna: la tabla periódica de los elementos. A pesar de que su concepto lleva en vigor desde 1869, y de que es utilizado a todos los niveles de la formación científica, desde la enseñanza obligatoria hasta los estudios universitarios, la Academia Sueca de las Ciencias nunca le otorgó el Nobel de Química.

La tabla periódica es una clasificación de todos los elementos químicos conocidos, tanto los naturales como los creados por el hombre. Mendeléyev se propuso ordenarlos de alguna forma, guiándose por su masa atómica y agrupando aquellos que tuviesen propiedades parecidas. Su tabla no era exactamente igual que la que conocemos hoy, ya que otros la perfeccionaron después, pero el químico ruso tuvo un mérito indiscutible: aventuró la existencia de elementos que aún no se conocían en su época. “Falta un elemento en este sitio y, cuando sea encontrado, su peso atómico lo colocará antes del titanio. El descubrir la laguna colocará los últimos elementos de la columna en los renglones correctos; el titanio corresponde con el carbono y el silicio.”

En 1906 el Comité de Química de los Nobel propuso a Mendeléyev como candidato al premio en esta disciplina por el descubrimiento del sistema periódico. La Sección de Química de la Academia Sueca apoyó esta opción, por lo que solo quedaba que la dirección de la Academia lo confirmase, como suele hacer. Sin embargo, el ruso nunca fue premiado. Según algunos, porque su sistema periódico, que publicó en su obra Principios de la Química en 1869, era ya algo antiguo, demasiado como para ser reconocido como un descubrimiento. Según otros, porque el químico sueco Svante Arrhenius habló en su contra, como venganza personal ante las críticas que Mendeléyev había hecho anteriormente sobre algunas de sus teorías.

2. Rosalind Franklin, la olvidada del ADN

2014 ha sido declarado por la ONU como el Año de la Cristalografía, una disciplina científica en la que destacó Rosalind Franklin. Esta británica, nacida en Londres en 1920, jugó un papel clave en el descubrimiento de la estructura del ADN, aunque fue injustamente tratada por sus colegas y su participación no fue reconocida adecuadamente hasta años después.

Nacida en una adinerada familia judía, Franklin siempre supo que quería estudiar ciencias. Se matriculó en Cambridge, donde se doctoró en Química y Física. Se especializó en cristalografía, es decir, en la toma de imágenes de la estructura de la materia sólida cristalizada, para lo que aprendió a utilizar la difracción de rayos X. Este talento fue clave para la observación por primera vez de la estructura del ADN. En 1951, Franklin entraba a trabajar en el King’s College de Londres como investigadora asociada. Allí, gracias a sus conocimientos, desarrolló la técnica y el instrumental para fotografiar muestras de ADN que permitían reconocer su misma estructura.

Cuando en 1962 se otorgó el premio Nobel de Fisiología a James Watson y Francis Crick por este hallazgo, Franklin ya había fallecido a causa de un cáncer de ovarios

La aportación de Franklin, sin embargo, fue menospreciada y olvidada. En 1953 las imágenes fueron divulgadas sin su permiso, y su aportación no fue reconocida. Cuando en 1962 se otorgó el premio Nobel de Fisiología a James Watson y Francis Crick por este hallazgo, Franklin ya había fallecido a causa de un cáncer de ovarios, provocado probablemente por las largas horas de exposición a los rayos X sin la protección necesaria. Ninguno de los dos mencionó el mérito de Franklin, algo que salió a la luz años después y que les convirtió en dos de las personalidades más despreciadas del panorama científico.

3. Douglas Prasher, de investigador a conductor de autobuses

En algunas ocasiones, el comité que elige a los merecedores de un premio Nobel decide seleccionar, no al autor de un descubrimiento espectacular, sino a aquellos que han dado pasos cruciales para facilitar la investigación en general. Es un premio a los obreros de la ciencia, por decirlo de alguna forma, a aquellos que dieron con procesos que han servido a sus colegas en todo el mundo. Douglas Prasher habría estado en esta categoría, de haber sido premiado alguna vez.

Lo que Prasher consiguió fue descubrir, aislar y reproducir el gen que expresa la proteína verde fluorescente (GFP), una proteína que produce la medusa Aequorea victoria y que se utiliza como marcador en investigaciones biomédicas, ya que permite ver procesos que antes eran invisibles al ojo humano. Solo hay que asociarla a aquello que se quiera observar y buscar el brillo verde fluorescente que emite. Su uso es muy común en la boratorios de todo el mundo, y fue Prasher el primero que logró hacerla útil en este sentido. Pero no solo eso, sino que además, en un gesto de generosidad y vocación por el avance científico, compartió su descubrimiento libremente.

Proteína verde fluorescente utilizada para 'teñir' colonias de bacterias con motivos navideños

Proteína verde fluorescente utilizada para ‘teñir’ colonias de bacterias con motivos navideños

En el año 2008, el Premio Nobel de Química fue para los descubridores tanto de la GFP como del proceso para producirla. Y sin embargo, Prasher no estaba entre ellos. Por entonces, había perdido su trabajo como científico y trabajaba como conductor de un autobús en Alabama, Estados Unidos, para paliar los problemas económicos de su familia. Por qué quedó excluido del galardón sigue siendo algo sin aclarar. Según Roger Tsien, uno de los premiados, y amigo y admirador de Prasher, “los únicos que lo saben no lo quieren decir. Supongo que lo sabremos dentro de unas décadas, cuando no quede nadie a quien le importe”.

Los únicos que lo saben no lo quieren decir. Supongo que lo sabremos dentro de unas décadas, cuando no quede nadie a quien le importe

Como contrapartida, y aunque sea un consuelo menor frente a la falta de un Nobel, desde entonces Prasher ha vuelto a investigar, precisamente en el laboratorio de Tsien. Asegura que de su trabajo como conductor de autobuses le queda algo muy positivo: “Ahora no me tomo la vida tan enserio, y descubrí que disfruto mucho hablando con la gente. Bueno, al menos con casi toda la gente”.

5. Jocelyn Bell, escuchando el espacio

Son varias las mujeres incluídas en esta lista, porque fueron muchas las veces en las que su aportación a grandes descubrimientos fue omitida a la hora de ser premiados. Nacida en Belfast, Irlanda, en 1943, Jocelyn Bell era hija de un arquitecto y ávido lector en cuya biblioteca comenzó a enamorarse de la astronomía. En 1965 se graduó en Física por la Universidad de Glasgow, y más tarde comenzó su doctorado en la Universidad de Cambridge. Fue durante este periodo cuando descubrió los púlsares.

Los dos primeros años en Cambridge, Bell se dedicó a colaborar en la construcción de un radiotelescopio que captaba señales de radio y las representaba como gráficas. Utilizó el instrumento para analizar un total de 120 metros de gráficos impresos en papel cada más o menos cuatro días. Tras varias semanas, Bell descubrió unas extrañas marcas en el papel, producidas por una señal demasiado rápida y demasiado regular para provenir de un quásar. A pesar de su insignificante apariencia, la joven reconoció la importancia de esa señal. Acababa de detectar la primera evidencia de la existencia de un púlsar.

Ella y su director de tesis, Anthony Hewish denominaron la señal LGM, las iniciales de Little Green Men (pequeños hombres verdes). Pensaron que podían perfectamente ser señales de extraterrestres

Claro que en aquel momento no sabía lo que era aquella señal. Ella y su director de tesis, Anthony Hewish denominaron la señal LGM, las iniciales de Little Green Men (pequeños hombres verdes). Pensaron que podían perfectamente ser señales de extraterrestres.

En 1968 el descubrimiento de Bell fue publicado en la revista Nature. Investigaciones posteriores identificaron las señales como provenientes de estrellas de neutrones girando a gran velocidad. Recibieron el nombre de púlsares. En 1974 Hewish y Martin Ryle recibieron el Nobel de Física por el descubrimiento de los púlsares, el primero dado a un trabajo astronómico. Bell no fue incluida en el reconocimiento, algo a lo que ella siempre ha quitado importancia.

6. Nikola Tesla, el falso rechazo del Nobel

Existe la falsa creencia, bastante generalizada, de que Nikola Tesla fue elegido para ganar el Nobel de Física en 1915 junto a Thomas Edison, pero que el primero lo rechazó debido al profundo enfrentamiento que mantenía con el inventor estadounidense. También hay quien afirma que lo rechazó ya que no estaba de acuerdo con que el italiano Guillermo Marconi lo hubiese recibido en 1909, ya que le acusaba de haberle robado la patente de la radio.

Lo cierto es que, según cuenta Francisco R. Villatoro, en los archivos históricos de la Academia de Suecia sobre los Nobel solo hay una entrada referida a Tesla, y fue una nominación para el premio en 1937. Lo de 1915, por tanto, no es más que un bulo.

Sin embargo, el premio a Marconi, aunque indiscutiblemente merecido, quizá habría sido justo que se compartiese con Tesla. Él fue el primero en postular la posibilidad de que comunicarse a través de ondas de radio en 1891, y fabricó sus primeros prototipos poco después. Debido a problemas administrativos con el reconocimiento de las patentes, no fue hasta la década de los 40 cuando un tribunal estadounidense determinó que los trabajos de Tesla eran efectivamente anteriores a los de Marconi, y por tanto, el mérito era compartido.

7. El CERN, la aportación colectiva

En el año 2013, la Academia Sueca de las Ciencias decidía reconocer a Peter Higgs y François Englert por el descubrimiento del bosón de Higgs. Este elemento de la física de partículas, considerablemente compleja de entender para cualquiera que no tenga unos conocimientos científicos medianamente avanzados, ejerce sin embargo una fascinación innegable entre el público. El término higgsteria bautiza con humor este interés mediático por el descubrimiento.

El trabajo de Higgs y Englert fue sin embargo llevado a cabo en 1964, décadas antes de la concesión del premio. ¿Por qué el retraso? Porque el suyo fue un trabajo teórico. Propusieron la existencia de esta partícula y conjeturaron sus propiedades, pero no pudieron probarla, no con los instrumentos disponibles por entonces.

El trabajo de estos equipos fue tan crucial como el de los dos premiados, y sin embargo, el CERN quedó fuera del reconocimiento

Hoy, sin embargo, las herramientas son otras. Fue gracias al trabajo de centenares de científicos en el CERN, que propusieron y llevaron a cabo los experimentos para probar la existencia del bosón de Higgs, que Higgs y Englert vieron confirmadas sus teorías. El trabajo de estos equipos fue tan crucial como el de los dos premiados, y sin embargo, el CERN quedó fuera del reconocimiento. Esto es por que, según las normas de los Nobel, los galardones serán entregados a un máximo de tres científicos, lo que supone un problema a la hora de premiar descubrimientos colectivos como fue el del bosón de Higgs.

8. Albert Shatz, un nuevo antibiótico

En los años 20 del siglo XX, Alexander Flemming se convirtió en uno de los grandes héroes de la humanidad al descubrir el efecto de la penicilina, un hongo capaz de matar a algunas de las bacterias más peligrosas para el hombre. Pero no para todas. La tuberculosis, una enfermedad infecciosa del sistema respiratorio, seguía causando miles de muertes al año en todo el mundo, y la penicilina no tenía efecto sobre la bacteria que desencadenaba la infección.

Esto es así porque las bacterias que causan enfermedades pueden dividirse en dos categorías: las que tienen la pared celular más fina, y las que la tienen más gruesa. La penicilina solo funciona con las segundas, y la que causa la tuberculosis encaja en el primer grupo. Era necesario otro agente antibiótico que completase el trabajo de la penicilina. Albert Schatz lo descubrió en la década de los 40, y lo bautizó como estreptomicina.

En 1952, Selman Waksman, supervisor de Schatz, fue nombrado ganador del Nobel en Medicina por el descubrimiento de la estroptomicina. Schatz había cedido todos los derechos comerciales sobre el medicamente, y no era mencionado por la Academia como merecedor del galardón. Demandó a su supervisor, y ganó, obteniendo la mitad de los royalties y siendo reconocido como coautor del descubrimiento, pero nunca fue incluido dentro del Nobel.

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