Sacro Imperio Romano Germánico​


El Sacro Imperio Romano Germánico​ (en alemán: Heiliges Römisches Reich; en latín: Sacrum Romanum Imperium o Sacrum Imperium Romanum​—para distinguirlo del Reich alemán de 1871—, y también conocido como el Primer Reich o Imperio antiguo) fue una agrupación política ubicada en la Europa occidental y central, cuyo ámbito de poder recayó en el emperador romano germánico desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea.

Su nombre deriva de la pretensión de los gobernantes medievales de continuar la tradición del Imperio carolingio (desaparecido en el siglo X), el cual había revivido el título de Emperador romano en Occidente,3​ como una forma de conservar el prestigio del antiguo Imperio romano. El adjetivo «sacro» no fue empleado sino hasta el reinado de Federico Barbarroja (sancionado en 1157) para legitimar su existencia como la santa voluntad divina en el sentido cristiano. Así, la designación Sacrum Imperium fue documentada por primera vez en 1157,4​ mientras que el título Sacrum Romanum Imperium apareció hacia 11844​ y fue usado de manera definitiva desde 1254. El complemento Deutscher Nation (en latín: Nationis Germanicæ) fue añadido en el siglo XV.

El Imperio se formó en 962 bajo la dinastía sajona a partir de la antigua Francia Oriental (una de las tres partes en que se dividió el Imperio carolingio). Desde su creación, el Sacro Imperio se convirtió en la entidad predominante en la Europa central durante casi un milenio hasta su disolución en 1806. En el curso de los siglos, sus fronteras fueron considerablemente modificadas. En el momento de su mayor expansión, el Imperio comprendía casi todo el territorio de la actual Europa central, así como partes de Europa del sur. Así, a inicios del siglo XVI, en tiempos del emperador Carlos V, además del territorio de Holstein, el Sacro Imperio comprendía Bohemia, Moravia y Silesia. Por el sur se extendía hasta Carniola en las costas del Adriático; por el oeste, abarcaba el condado libre de Borgoña (Franco-Condado) y Saboya, fuera de Génova, Lombardía y Toscana en tierras italianas. También estaba integrada en el Imperio la mayor parte de los Países Bajos, con la excepción del Artois y Flandes, al oeste del Escalda.

Debido a su carácter supranacional, el Sacro Imperio nunca se convirtió en un Estado nación o en un Estado moderno; más bien, mantuvo un gobierno monárquico y una tradición imperial estamental. En 1648, los Estados vecinos fueron constitucionalmente integrados como Estados imperiales. El Imperio debía asegurar la estabilidad política y la resolución pacífica de los conflictos mediante la restricción de la dinámica del poder: ofrecía protección a los súbditos contra la arbitrariedad de los señores, así como a los estamentos más bajos contra toda infracción a los derechos cometida por los estamentos más altos o por el propio Imperio.

Entonces, el Imperio cumplió igualmente una función pacificadora en el sistema de potencias europeas; sin embargo, desde la Edad Moderna, fue estructuralmente incapaz de emprender guerras ofensivas, extender su poder o su territorio. Así, a partir de mediados del siglo XVIII, el Imperio ya no fue capaz de seguir protegiendo a sus miembros de las políticas expansionistas de las potencias internas y externas. Esta fue su mayor carencia y una de las causas de su declive. La defensa del derecho y la conservación de la paz se convirtieron en sus objetivos fundamentales. Las guerras napoleónicas y el consiguiente establecimiento de la Confederación del Rin demostraron la debilidad del Sacro Imperio, el cual se convirtió en un conjunto incapaz de actuar. El Sacro Imperio Romano Germánico desapareció el 6 de agosto de 1806 cuando Francisco II renunció a la corona imperial para mantenerse únicamente como emperador austríaco, debido a las derrotas sufridas a manos de Napoleón I.

 

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Bohemundo de Tarento


Bohemundo I de Tarento o Bohemundo I de Antioquía, (San Marco Argentano, 1058 – Canosa, 3 de marzo de 1111), Príncipe de Tarento y después príncipe de Antioquía. Junto a su padre, Roberto Guiscardo, luchó férreamente contra el Imperio bizantino. Fue uno de los más importantes líderes de la Primera Cruzada, en donde consiguió ser príncipe de los territorios recientemente conquistados de Antioquía. Tras ser apresado por los musulmanes y escapar a Francia, logró casarse con la hija del rey Felipe I de Francia. Tras ser derrotado en su último intento de atacar al emperador bizantino Alejo I Comneno, se vio obligado a firmar el Tratado de Diabolis, un humillante pacto que destruyó su carrera militar y política.

Caballero Frances, siglo XIII


Luis IX fue el último monarca europeo que emprendiera el camino de las Cruzadas contra los musulmanes. La primera vez, entre 1248 y 1254, en lo que luego se llamó la Séptima Cruzada, Luis desembarcó en Egipto y llegó a tomar la ciudad de Damieta, pero poco después sus tropas fueron sorprendidas por la crecida del Nilo y la peste. Combatiendo en terreno desconocido para ellos, los franceses, junto con su rey, cayeron prisioneros de sus enemigos y sólo se salvaron pagando un fuerte rescate. Irónicamente, la séptima cruzada de Luis IX corrió una suerte similar a la quinta cruzada de Andrés II de Hungría, quien un par de décadas antes también arribó a Egipto y al poco tiempo se vio forzado a regresar a su hogar.

La octava Cruzada, en 1270, llevó a Luis frente a Túnez, ciudad a la que puso sitio. Si bien al rey lo impulsaban móviles religiosos, no era el caso de su hermano, el bastante más terrenal Carlos de Anjou,[cita requerida] rey de Nápoles, cuyos intereses en Italia, que lo vincularon estrechamente al papado, lo pusieron en situación de acabar con la competencia de los mercaderes tunecinos del Mediterráneo.

La expedición fue un desastre. Buena parte del ejército fue atacado por la disentería o, según el historiador Fernand Destaing, por la fiebre tifoidea,2​ al igual que el propio Luis IX, que murió sin haber conseguido su objetivo, el 25 de agosto de 1270.

Teutones


Teutones es el nombre que, recogido en la Edad Media, designa a los habitantes de un territorio europeo que actualmente forma parte de Alemania. Según el mapa de Ptolomeo, y de acuerdo con Pomponio Mela, los teutones habitaban en la península de Jutlandia, junto con los cimbrios.1​ Fue aproximadamente en el año 120 a. C. cuando, junto con los cimbrios, decidieron migrar de Escandinavia al sur de Europa.

Al este del Rin, los teutones han acusado siempre un origen celta, más precisamente galo, desde el nombre de sus jefes hasta el del mismo pueblo, ya que en lengua gala teuta significaba tribu y ona, agua, por lo que sería la tribu de las aguas (el Elba, en este caso). Su idiosincrasia belicosa y la amistad con tribus galas como los eburones —éstos les ceden un depósito para sus equipajes en la ciudad de Aduat cuando invaden la Galia Melenuda o central— y helvecios —quienes se unen a ellos con frecuencia) les hace fácilmente reconocibles como parte integrante del conjunto de pueblos que formaban la Galia Bélgica, con la mayoría de los cuales tenían tratados de amistad.

Los cronistas e historiadores latinos los confundieron con pueblos sajones, en particular germanos, al aceptar la división caprichosa que Roma hace de la región.2​ Determinaron que al este del Rin es país germano y, al oeste, país galo. Luego han incurrido durante dos milenios en este error todos los historiadores que se han basado en esos escritos, lo cual se ha desmentido arqueológicamente desde hace varias décadas.

A partir del año 113 a. C., los teutones y los cimbrios se unen para emigrar hacia la península ibérica, supuestamente debido a razones demográficas y sabiendo que las Galias estaban ya superpobladas. Es así que al tomar la dirección de la Galia Narbonense —la provincia romana que hoy es el sur de Francia hasta los Pirineos—, los romanos deciden detenerles temiendo que se instalen allí. Este corte del paso hacia la Hispania va a terminar suponiendo una invasión de territorios galos, que son realmente asolados por sus saqueos buscando reabastecimiento, lo que va a durar unos doce años. Hasta que Roma puede al fin detenerlos y hacerles tomar la decisión de regresar, habida cuenta de la redución de su número, debido a las cuantiosas pérdidas en combates.

A su vuelta, reencuentran a sus parientes en la cuenca del Elba, decidiendo muchos instalarse en el paso de los cimbrios, la actual Jutlandia, donde con los años terminarán predominando.

Unificación del Reino de Castilla y León


En 1230 con Fernando III El Santo se produciría la definitiva unión de los Reinos de León y de Castilla perseguida desde Fernando I. La reunificación territorial fue consecuencia lógica de la evolución de ambos territorios hacia modelos socio-económicos y jurídicos comunes y en la persecución de paralelos objetivos políticos. Los rasgos identificativos de la realidad leonesa como el Fuero Juzgo, la letra visigótica o la liturgia hispano-goda fueron diluyéndose progresivamente arrastrados por el empuje europeizante impulsado a través del Camino de Santiago. Como consecuencia de esta pérdida de identidad el reino de León poco a poco se irá “castellanizando” hasta asimilarse finalmente a la realidad castellana.

La unión castellano-leonesa coincidió con el final de la etapa almohade. El Reino de Castilla y León se beneficiaría de esta situación obteniendo una rápida expansión territorial; entre 1227 y 1262 se ocuparon las principales ciudades de Extremadura, del valle del Guadalquivir y de Murcia. El rápido avance territorial y la desafortunada política de Alfonso X “El Sabio” supuso el germen de un enfrentamiento entre la aristocracia castellana y la monarquía que marcaría la etapa siguiente. Durante el reinado de este monarca, entre 1252 y 1284, Castilla conoció un inusitado florecimiento cultural y literario aunque el engrandecimiento territorial engendraría graves desequilibrios económicos. Bajo su autoridad tuvo lugar la creación del “honrado Concejo de la Mesta” en 1273.

A la muerte de Alfonso X se desató la crisis. Los infantes de la Cerda, descendientes del primogénito de Alfonso X, reclamaron sus derechos al trono en un ambiente dominado por las reacciones del poder nobiliario ante el poder real. Las luchas nobiliarias se acrecentaron durante las minoridades de Fernando IV y Alfonso XI, a pesar de lo cual éste último pudo hacer frente a la amenaza de los benimerines en la batalla de Salado del año 1340, propiciando un breve paréntesis de estabilidad institucional. Su sucesor Pedro I tuvo de nuevo que actuar contra una aristocracia castellana apoyada por el rey de Aragón en un período de crisis económica y demográfica agravada por la Peste Negra. La sublevación señorial encabezada por Enrique, conde de Trastámara y hermano bastardo de Pedro I, motivó la intervención de Francia e Inglaterra en los asuntos castellanos; de esta forma se amplió la Guerra de los Cien Años al solar castellano-leonés. El conflicto finalizó con el triunfo y establecimiento de la dinastía de los Trastámara en la Corona de Castilla. El advenimiento de Enrique IV significó la victoria de la nobleza sobre la autoridad real. El estamento señorial recibió por ello sustanciosos beneficios. La política francófona de los primeros Trastámara llevaría a la derrota de Aljubarrota en 1385 contra los portugueses en la pretensión de Juan I de alcanzar el trono lusitano; y la posterior invasión de Castilla y León por las tropas inglesas del duque de Lancaster.

Juan I emprendería importantes reformas como la creación del Consejo Real de Castilla y la reforma de la Audiencia, institución creada por Enrique II; antecesora de la futura Cancillería que se establecerá en Valladolid en 1436. En el siglo XV Castilla y León experimentaron una recuperación demográfica y económica. La conquista del territorio andalusí se reiniciaría con la toma de Antequera en 1410; así como la ocupación de las islas del archipiélago canario. Aunque en el terreno político social este período continuó caracterizándose por las enconadas disputas entre los grupos nobiliarios y la monarquía. Juan II habría de soportar nuevos enfrentamientos entre los partidarios de la monarquía encabezados por D. Álvaro de Luna y la aristocracia castellana auspiciada por los infantes de Aragón. La victoria realista en Olmedo en 1445 consolidaría temporalmente el poder real y de D. Álvaro de Luna aunque su influencia iría declinando hasta el punto de ser condenado a muerte por el propio rey en 1453. Con Enrique IV la denominada “Farsa de Ávila”, representación por parte de la alta nobleza del destronamiento del rey, significó el momento de máximo desprestigio de la autoridad real. A pesar de ello el monarca reaccionó imponiéndose en la segunda batalla de Olmedo en 1467. Los últimos años del reinado de Enrique IV estuvieron marcados por el problema sucesorio que se decidiría raíz de la guerra civil entre los partidarios de Juana la Beltraneja y los de Dña. Isabel, hermana del rey Enrique y casada con Fernando de Aragón, los futuros Reyes Católicos. A pesar de la inestabilidad institucional el Reino castellano-leonés disfrutó a lo largo de la segunda mitad del siglo XV de un auge económico que repercutiría en su futuro político y en su posterior difusión supraterritorial.

En 1479 derrotados, los partidarios de la Beltraneja, Isabel iniciaría su reinado gobernando conjuntamente con Fernando en Castilla y Aragón. La política interior de los Reyes Católicos en la Corona de Castilla se configuró en la búsqueda de una mayor autonomía regia con respecto a la nobleza y el clero, en el objetivo de consolidar el poder monárquico. La generalización de la figura de los Corregidores en las ciudades castellano-leonesas significó la injerencia real en los asuntos concejiles enmarcado en esa intención de controlar todos los estamentos políticos e institucionales. El descubrimiento de América y sobre todo la conquista de Granada en 1492, empresas organizadas y sufragadas por la Corona de Castilla principalmente, tendrán una trascendencia decisiva para el futuro del Reino castellano-leonés. Tras la muerte de Isabel “La Católica” en 1504 y la conflictiva regencia de Fernando de Aragón y del cardenal Cisneros desembarcó en las tierras castellanas Carlos I hijo del que fuera rey de Castilla durante el año 1506 Felipe El Hermoso y de Juana I, hija de los Reyes Católicos. Este nuevo monarca, rodeado de una corte de consejeros flamencos, centró su actividad primera en obtener la investidura del Sacro Imperio Romano. La fuerte presión ejercida para conseguir subsidios de la Corona de Castilla con el fin de acometer el proyecto y la injerencia real en la política de las ciudades castellanas llevó a la rebelión del Reino. La insurrección se inició en Segovia y se extendió desde allí a las más importantes ciudades castellanas; Burgos, Ávila, León, Palencia, Soria… irían incorporándose progresivamente a la rebelión. En Ávila se nombró Capitán General de la “Santa Junta de los Comuneros” a Juan de Padilla. El incendio de Medina del Campo efectuado por los partidarios realistas agravaría el conflicto. Carlos I tras un primer período conciliador reaccionó enérgicamente. La toma de Tordesillas en 1520 y la decisiva batalla de Villalar en 1521 marcaron el ocaso de la rebelión comunera. Los cabecillas del movimiento: Padilla, Bravo y Maldonado serían ejecutados, únicamente Toledo resistió hasta 1522. La derrota comunera vino a señalar el fortalecimiento del poder real en detrimento de las instituciones y oligarquía urbana castellanas, así como su sumisión a los objetivos imperiales que caracterizarían a la dinastía Habsburgo.

Orden hospitalaria


Una orden hospitalaria es un tipo de orden religiosa que tenía por objeto admitir y cuidar a los viajeros, peregrinos, pobres y enfermos. También se encargaban de defender a los peregrinos en algunos caminos peligrosos.

Las órdenes hospitalarias deben generalmente su origen a alguna necesidad apremiante e imprevista, a algún azote destructor que no se puede combatir con los medios ordinarios como el fuego de San Antón, la peste negra, etc y al hospedaje y protección de peregrinos a Tierra Santa, por ejemplo; lo cual las diferencia de las órdenes militares cristianas, que tenían un objetivo espiritual centrado en la cruzada contra los infieles y la conquista (reconquista en España) y cristianización de paganos e infieles.

Las órdenes hospitalarias comprendían dos clases: las dedicadas exclusivamente a la hospitalidad (hospedaje y sanación de enfermos: curar cuerpos curando almas, con el trasfondo medieval cristiano de la dualidad enfermedad-pecado) y las que a la vez eran hospitalarias y de protección militar a peregrinos (ayuda y socorro al viajero que se desplaza por motivos religiosos por territorios agrestes o peligrosos).

La más antigua de ellas fue fundada en Siena a finales del siglo IX por un piadoso habitante de dicha ciudad que abrió en ella un hospital llamado Della Scala.

Órdenes hospitalarias

Entre las órdenes hospitalarias son notables:

  • Caballeros de Jerusalén, más conocidos con el nombre de Hermanos hospitalarios
  • Caballeros teutónicos
  • Congregación de San Juan de Dios o de hermanos de la Caridad
  • Congregación de los Buenos Hijos, fundada en 1645 en Armentières.
  • Caballeros de la Orden de Constantino, de la Orden Dorada, de la Orden Angélica o de la Orden de San Jorge, fundada por Isaac II Ángelo a finales del siglo XII.
  • Canónigos y Caballeros del Santo Sepulcro.
  • Hospitalarios del Monte de San Bernardo.
  • Hospitalarios de Nuestra Señora del Monte Carmelo.
  • Hospitalarios de San Lázaro de Jerusalén, de Rodas y de Malta.
  • Hermanos Hospitalarios de San Antonio, fundada en 1095 en el Reino de Arlés y canónicamente unida a la de Malta en 1777, perdiendo sus últimos monasterios y hospitales en 1803, durante el periodo de
  • Mediatización y Secularización del Sacro Imperio Romano Germánico.
  • Caballeros de la Milicia del Temple o Templarios.
  • Hospitalarios de Burgos.
  • Hospitalarios de San Juan de Dios.
  • Hermanos enfermeros, Mínimos u Obregones, instituidos en España en 1567.
  • Orden de la Caridad de San Hipólito, establecida en México.
  • Hospitalarios de Tierra Santa.

Existían también comunidades de Hermanas hospitalarias, y entre ellas, las más conocidas son:

  • Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul
  • Hermanas de la Casa de Dios
  • Hermanas hospitalarias de Nuestra Señora de París, congregación fundada en 1624 por Francisco de la Croix
  • Hermanas de la Caridad, agregadas a la orden tercera de San Francisco de Asís

Saladino


Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb (en kurdo: Selahedînê Eyûbî, y en árabe: صلاح الدين يوسف بن أيوب), más conocido en Occidente como Saladino, Saladín, Saladin o Saladine (1138, Tikrit (Irak)-4 de marzo de 1193, Damasco), fue uno de los grandes gobernantes del mundo islámico, siendo sultán de Egipto y Siria e incluyendo en sus dominios Palestina, Mesopotamia, Yemen, Hiyaz y Libia. Con él comenzó la dinastía ayubí, que gobernaría Egipto y Siria tras su muerte.

Defensor del islam y particularmente de la ortodoxia religiosa representada por el sunismo, unificó política y religiosamente el Oriente Próximo al combatir y liderar la lucha contra los cristianos cruzados y acabar con doctrinas alejadas del culto oficial musulmán que representaba el Califato abasí. Es particularmente conocido por haber vencido en la batalla de Hattin a los cruzados, tras lo cual volvió a ocupar Jerusalén para los musulmanes y se tomó Tierra Santa. El impacto de este acontecimiento en Occidente provocó la Tercera Cruzada liderada por Ricardo I de Inglaterra que se convirtió en mítica tanto para occidentales como para musulmanes.

Su fama trascendió lo temporal y se convirtió en un símbolo de caballerosidad medieval, incluso para sus enemigos. Sigue siendo una figura muy admirada en la cultura árabe, kurda y religión musulmana.

Tratado de Tordehumos (1194)


Tratado de Tordehumos. fue un tratado firmado el día 20 de abril de 1194 entre Alfonso IX de León y Alfonso VIII de Castilla, por mediación del legado papal Gregorio, cardenal titular de Sant Angelo y sobrino del Papa Celestino III, a fin de poner término a la guerra que los reinos de León y de Castilla mantenían desde el año 1191, en que fue acordada la Liga de Huesca por varios reinos cristianos peninsulares para hacer la guerra al reino de Castilla.

Antecedentes

Tras la defunción del rey Fernando II de León, acaecida en 1188, y la posterior subida al trono leonés de Alfonso IX de León, Alfonso VIII de Castilla invadió el reino de León y se apoderó de varias fortalezas, que desde ese momento le fueron reclamadas por el soberano leonés a su homólogo castellano.

En 1191 Sancho I el Poblador, rey de Portugal, propuso al rey aragonés un pacto para hacer frente al reino de Castilla. Alfonso II de Aragón, que aceptó la propuesta, comunicó al soberano portugués que deseaba que el pacto de alianza frente al reino de Castilla se extendiera al Reino de Navarra y al Reino de León. El pacto entre los cuatro reinos fue llamado la Liga de Huesca, y fue firmado el 12 de mayo de 1191, en la ciudad de Huesca. Tras el acuerdo sellado en la ciudad de Huesca, los reyes de Aragón y Navarra invadieron el reino de Castilla, atacando el territorio soriano.

En 1194 el cardenal Gregorio, legado del Papa Celestino III, se dispuso a mediar en el conflicto que dividía a los reinos de Castilla y León, consiguiendo que los soberanos de ambos reinos se aviniesen a firmar un tratado de paz, que fue rubricado en el municipio vallisoletano de Tordehumos el día 20 de abril de 1194.

Tratado de Tordehumos

En el tratado de Tordehumos se acordó que el rey de Castilla devolvería al monarca leonés las fortalezas que había ocupado durante la guerra entre ambos reinos, y que eran los castillos de Alba, Luna y Portilla. El resto de los castillos que habían sido ocupados por las tropas castellanas serían restituidos al reino de León tras la defunción de Alfonso VIII de Castilla, siendo dichos castillos los de Valderas, Bolaños de Campos, Villafrechós, Villarmenteros, Siero de Riaño y Siero de Asturias. Así mismo el legado ordenaba una pesquisa a Santervás de Campos para averiguar si anteriormente había dependido del castillo de Melgar, si hubiera dependido del castillo de Melgar, Santervás continuaría en poder el rey de Castilla, en caso contrario sería entregado al rey de León.

El legado papal confirmó que los castillos que habían constituido la dote matrimonial de la reina Teresa de Portugal serían considerados propiedad del reino de León, a pesar de la separación de ambos cónyuges. Además, se dispuso que en caso de conflicto se recurriría al arbitraje de la Santa Sede.

Se acordó también que en caso de que Alfonso IX de León falleciese sin dejar descendencia legítima el rey de Castilla heredaría su reino. El Maestre de la Orden del Temple, por parte del reino de León, y el Maestre de la Orden de Calatrava por la de Castilla, se comprometieron a cuidar los castillos que fueron entregados por ambos reinos como garantía de la paz, disponiéndose además que los dos Maestres obligarían a los dos soberanos a mantener la paz entre ambos reinos.

Banderas estados de EEUU


Se denomina estado de los Estados Unidos a cada una de las 50 entidades subnacionales de los Estados Unidos que comparten soberanía con el gobierno federal. Aunque su estatus legal es idéntico a los demás, cuatro estados (Massachusetts, Pensilvania, Virginia y Kentucky) utilizan el título oficial de «mancomunidad» (commonwealth) en lugar de estado. A causa de esta soberanía compartida, un estadounidense es un ciudadano tanto de la entidad federal como del estado en que tenga fijado su domicilio. Sin embargo, la ciudadanía estatal es muy flexible, y no requiere de ninguna aprobación gubernamental para mudarse o trasladarse entre estados (a excepción de convictos en libertad condicional).

La Constitución de los Estados Unidos asigna el poder entre los dos niveles de gobierno en términos generales. Ratificando la Constitución, cada estado transfiere ciertos poderes soberanos al gobierno federal. De acuerdo con la Décima Enmienda a la Constitución, todos los poderes no explícitamente transferidos son retenidos por los estados o el pueblo. Históricamente, las competencias en materia de educación pública, salud pública, transporte y otras infraestructuras han sido consideradas responsabilidades principalmente estatales, aunque todas tengan tanto una regulación como una financiación federal significativa.

En diversas ocasiones la constitución estadounidense ha sido enmendada, y la interpretación y la aplicación de sus provisiones ha cambiado. La tendencia general ha sido hacia la centralización, con el gobierno federal desempeñando un papel mucho más amplio cada vez que esto sucedió. Hay un debate persistente sobre los «derechos de los estados», relativo al grado y la naturaleza de los poderes y soberanía de los estados con relación al gobierno federal, y su poder sobre los individuos.

1945 – Batalla de Berlín


La Batalla de Berlín fue la batalla final entre la Alemania Nazi y la Unión Soviética, que trajo como consecuencia directa la rendición incondicional de Alemania ante el Ejército Rojo, el Ejército Rojo tuvo que pelear casa por casa durante toda batalla a pesar de su superioridad numérica. Durante la batalla, el Canciller de Alemania Adolf Hitler se suicidó, así como su Ministro de Propaganda Joseph Goebbels. Se cree que el secretario personal de Hitler, Martin Bormann también murió intentando escapar del cerco.

Hasta el inicio de 1945 el Frente Oriental se había mantenido relativamente estable desde Agosto de 1944 tras las consecuencias de la Operación Bagration. Rumania y Bulgaria habían sido forzadas a rendirse y declarar la guerra a Alemania, además los alemanes habían perdido Budapest y la mayor parte de Hungría. De esta manera el llano polaco fue abierto al Ejército Rojo.

Los comandantes soviéticos, después de su inacción durante el Alzamiento de Varsovia, avanzaron finalmente sobre la capital polaca en enero de 1945. Durante 3 días, con un amplio frente, cuatro ejércitos soviéticos comenzaron una ofensiva a través del río Narew y desde Varsovia. Después de cuatro días de lucha el Ejército Rojo logró vencer la resistencia alemana y comenzó a moverse hacia el oeste, recorriendo hasta 40 kilómetros por día, tomando los estados bálticos, Danzig o Gdan’sk, Prusia del Este, Poznan’, trazando un nuevo frente a sólo sesenta kilómetros al este de Berlín, a lo largo del río Oder.

Un contraataque fallido llevado a cabo el 24 de febrero por el recién creado Grupo del Ejército Vístula, bajo el mando nominal de Heinrich Himmler, permitió al Ejército Rojo apoderarse de Pomerania y eliminar toda la resistencia en la orilla derecha del Oder. Mientras tanto en el sur, los continuos intentos alemanes de levantar el sitio de Budapest fallaron y finalmente la ciudad cayó ante los rusos el 13 de febrero. A pesar de que la derrota era inevitable Hitler seguía ordenando contraataques imposibles, así como la ejecución de tareas irrealizables. Una ofensiva para capturar el Danubio fue llevada a cabo el 16 de marzo sin cumplir su objetivo. El 30 de marzo los soviéticos entraron a Austria y el 13 de abril tomaron Viena.

A pesar de que la producción militar alemana había caído a niveles desesperantes y las reservas de combustible eran más que insuficientes, las tropas alemanas peleaban con mayor fiereza que nunca y por diversas razones. El fanatismo nacionalista y anti-comunista, la humillación que suponía una rendición incondicional y los millones de refugiados que iban a ser capturados por los rusos eran las principales razones que tenía el soldado alemán para oponer resistencia al Ejército Rojo. De esta manera la ofensiva hacia Berlín resultaba más lenta de lo que a Stalin le gustaba. Además la negativa de Hitler a abandonar la capital del Reich obligaba a los generales alemanes a defenderla a todo costo, ya que habían hecho un juramento de lealtad al Fuhrer, el cual también había ordenado no evacuar la ciudad.

Stalin por su parte, hacia creer a Eisenhower que la ofensiva sobre Berlín era una distracción para una real ofensiva sobre Dresde, pero al mismo tiempo urgía a los generales Zhukov y Koniev a capturar la capital del Reich lo más pronto posible para capturar todo lo posible de tecnología nazi en la capital. Durante un tiempo los americanos planearon enviar paracaidistas sobre Berlín para capturarla, pero Eisenhower no tenía deseos de capturar la ciudad antes que los rusos y asegurando que las bajas serían elevadas abandonó el plan.

Preparación de la ofensiva soviética

El 9 de abril de 1945 la ciudad prusiana de Königsberg se rindió al Segundo Frente Bielorruso al mando del General Konstantin Rokossovsky. Inmediatamente después Rokossovsky y sus tropas avanzaron al frente del Oder. La orden de Stalin a sus generales había sido la de avanzar velozmente por un amplio frente, sin dejar espacios en la orilla derecha el río Rin que los aliados occidentales pudieran ocupar primero. Debido a dicha orden se realizó el despliegue de los Frentes de la siguiente manera: El Segundo Frente Bielorruso al mando de Rokossovsky avanzó por el norte, cubriendo el territorio desde el mar hasta Seelow, el Primer Frente Bielorruso al mando de Zhukov avanzó por el área frente a Seelow ya que a él se le había concedido el privilegio de llegar a Berlín primero, por último el Primer Frente Ucraniano de Koniev avanzaba al sur. El ejército polaco aportaba unos 79.000 hombres a los Frentes soviéticos, que sumaban 2,5 millones de hombres en total. La ofensiva también incluía 6.250 tanques, 7.500 aviones, 41.600 piezas de artillería y morteros, 3.255 cohetes Katyusha y casi 100.000 vehículos, la mayoría prestados por los Estados Unidos. Sumándose a esto, los rusos desplegaron unos 143 reflectores de luz que debían cegar a los defensores, así como iluminar el camino a Berlín.

El 20 de marzo Hitler designó al General Gotthard Heinrici como reemplazo de un inoperante Himmler en el mando del Grupo de Ejército Vístula, Heinrici, que era un hábil estratega adivinó las intenciones de Zhukov y preparó tres cinturones defensivos cerca de Seelow, protegiendo una autopista que llevaba directamente a la capital de Reich. Debilitando el frente del Oder en otros puntos, trasladó soldados a Seelow y ordenó inundar la planicie que se extendía entre la población y el río Oder. Dándose cuenta de lo inútil que sería intentar defender esta planicie, movió a todos sus hombres a la colina detrás de ésta y dejó a un puñado para disimular la retirada. La localidad de Seelow era defendida por jóvenes soldados de la Novena División de Paracaidistas, otorgados por Hermann Goering a Heinrici, estos inexpertos soldados sólo tenían dos semanas de entrenamiento en la Infantería y eran dirigidos por expertos pilotos, que no tenían ningún conocimiento de las tácticas de combate terrestre.

Primeras ofensivas

A las dos de la mañana del 16 de abril 22.000 cañones rusos de largo alcance abrieron fuego a lo largo de todo el frente, concentrándose la mayor intensidad frente a Seelow, barriendo cada palmo de terreno en la planicie entre la localidad y el Oder. Para aquel momento Heinrici había retirado el grueso de sus tropas y las bajas fueron pocas. A la luz del alba los tanques rusos acompañados de infantería empezaron a cruzar la pantanosa planicie y a acercarse a la colina, pero los cañones anti-aéreos colocados en la cima de la misma empezaron a diezmar a los tanques rusos y los alemanes empezaron a despedazar a la infantería rusa que se batió en lenta retirada debido al lodo. Por si fuera poco, la espesa niebla que cubría el terreno atenuaba la luz de los reflectores rusos y servía para delatar las formaciones del Primer Frente Bielorruso, más no era suficiente para cegar a los alemanes, como se había planeado…

Mientras tanto en el sur, el Primer Frente Ucraniano de Koniev iba avanzando de acuerdo al plan, empujando hacia atrás al IV Ejército Panzer del Grupo de Ejército Centro al mando del General Ferdinand Schörner, dicha acción estaba afectando peligrosamente tanto a Heinrici como a Schorner, ya que sus Grupos de Ejército se arriesgaban a ser envueltos.

Stalin, molesto por los contratiempos en Seelow, dio permiso a Koniev para liberar Berlín, presionando a Zhukov, que envió sus reservas a combatir, logrando avanzar solamente seis kilómetros. Sin embargo Zhukov siguió presionando, sufriendo enormes pérdidas, y en la noche del 18 de abril sus tropas finalmente llegaron al último cinturón defensivo que Heinrici había levantado. Para el anochecer del 19 de abril el Frente Oriental había dejado de existir y los restos del 9º Ejército y el IV Cuerpo Panzer corrían el riesgo de ser rodeados por el I Frente Ucraniano que avanzaba desde el sur y el I Frente Bielorruso desde el este. Éste último se encontraba a menos de sesenta kilómetros de Berlín y ningún fuerza importante se les oponía. Sin embargo para lograr esto las bajas fueron elevadas, en lo que iba el mes de abril los rusos habían perdido 2.807 tanques.

El sitio de Berlín

El 20 de abril Hitler cumplió 56 años y la artillería rusa alcanzó a Berlín, ocasionando grandes destrozos que superaron a los causados por los bombardeos aliados. El I Frente Bielorruso de Zhukov empezó a rodear la capital alemana por el noreste y el este. En el sur el I Frente Ucraniano de Koniev quebraba el flanco norte del Grupo de Ejército Centro de Schörner. Al mismo tiempo el III Cuerpo Panzer era atacado por el II Frente Bielorruso de Rokossovsky, que se abría paso entre Stettin y Schwedt.

Cuando Hitler se enteró que ciertos elementos del 9º Ejército había tenido éxito defendiendo Cotthus o Cottbus, ordenó que dicho ejército después de derrotar a las columnas soviéticas que se encontraban al norte, regresara al sur y junto con el IV Cuerpo Panzer que se encontraba más al sur, envolvieran al I Frente Ucraniano y lo destruyeran. Después de lograr esta proeza militar Hitler deseaba que las tropas se dirigieran al norte para formar la tenaza inferior que envolvería al I Frente Bielorruso, mientras que el IV Cuerpo SS Panzer comandado por Felix Steiner sería la tenaza superior. Hitler, completamente ajeno a la realidad deseaba que Steiner con 10 mil hombres y unos pocos tanques acabara con una fuerza acorazada diez veces más poderosa. Cuando Heinrici se enteró de esta orden imposible de cumplir, le hizo ver a Hitler que el 9º Ejército lejos de envolver a los rusos iba a ser envuelto por ellos, además pidió permiso para retirar este ejército al oeste, de lo contrario él pediría su remoción del mando.

El 22 de abril Hitler se enteró de que Steiner no había podido avanzar como se había planeado, sufrió un colapso. Después de culpar a los generales de cobardes y traidores, Hitler aceptó finalmente que la guerra se había perdido. Además anunció que se iba a quedar en Berlín hasta el final y que moriría allí. El General Alfred Jodl sugirió que el 12º Ejército de Walther Wenck podría abandonar el Frente Occidental y dirigirse a Berlín para unirse al 9º Ejército al mando de Theodor Busse, Hitler, más calmado, aceptó la idea y envió las órdenes a Whenck y a Heinrici.

Cuando Busse recibió la orden de dirigirse al oeste para encontrarse con Whenck y luego regresar a Berlín, se dio cuenta que el regreso llevaría a un inútil derramamiento de sangre y decidió escapar al oeste para rendirse a los norteamericanos, Whenck estuvo de acuerdo y después de sufrir numerosas bajas pasando de Halbe, Whenck y Busse se dirigieron al Elba, donde los aliados occidentales los capturaron.

Mientras tanto en Berlín, los tanques rusos ya estaba llegando al anillo defensivo de la ciudad, mientras que en el norte el II Frente Bielorruso había avanzado 15 kilómetros más allá del Oder y tenía ocupado al III Cuerpo Panzer. Cottbus se había perdido y para el 23 de abril el 9º Ejército había quedado separado de la ciudad, y parte del I Frente Ucraniano había partido al oeste a encontrarse con el 12º Ejército de Whenck.Para el 24 de abril Berlín quedo sitiada. Hitler encargó al General Helmuth Weidling la defensa de la ciudad.Al día siguiente, el II Frente Bielorruso finalmente cruzó la línea de defensa del III Cuerpo Panzer, y los rusos y los norteamericanos hicieron el primer contacto cerca de Torgau en el río Elba.

Batalla en Berlín

Las fuerzas disponibles para la defensa de Berlín, ahora que Busse había escapado al oeste con el 9º Ejército, eran varias divisiones de la Waffen-SS, restos de varias unidades de la Wehrmacht, jóvenes sin mayor experiencia de las Juventudes Hitlerianas, ancianos reclutados en el Volkssturm, policías, y veteranos de la Primera Guerra Mundial. A pesar de las superioridad numérica del Ejército Soviético la lucha en la ciudad fue muy feroz y se tuvo que pelear casa por casa hasta llegar al Reichstag.

Para la defensa de Berlín se dispusieron las pocas tropas disponibles de la siguiente manera: En el oeste la XX División de Infantería, en el norte la IX División de Paracaidistas, al noreste la División Panzer Müncheberg, al sureste la División Nordland de las SS, al este del aeropuerto Tempelhof, mientras que la XVIII División de Panzergranaderos estaba como reserva en el distrito central.

El resultado de la batalla ya estaba sellado, pero el fanatismo germano impedía la rendición, de esta manera la ciudad sufrió graves daños mientras que el Ejército Rojo avanzaba desde el sureste por la avenida Frankfurter, desde el sur por la avenida Sonnen, desde el sur por la Plaza Potsdamer, y desde el norte acercándose peligrosamente al Reichstag, y por ende acercándose al búnker de la Cancillería donde estaba Hitler. Los lugares donde la lucha fue más intensa fue en el Reichstag precisamente, así como el puente Moltke, y la Alexanderplatz, una fuerte batalla también se libró por la captura de los puentes en Spandau. Los combatientes extranjeros en las SS peleaban con mayor fiereza, ya que sabían que en sus países serían juzgados como traidores y ejecutados.

El 28 de abril Heinrici se negó a obedecer la orden de Hitler de retener Berlín sin importar las bajas e inmediatamente fue relevado del mando y reemplazado por el General Kurt Student.

El 30 de abril los soviéticos llegan al centro de Berlín, y Adolf Hitler se casa con Eva Braun, luego ambos se suicidan.

Finalmente, el General Weidling rinde Berlín el 2 de mayo.

Consecuencias

Los tanques perdidos por los soviéticos superaron todos los cálculos realizados, debido a la eficaz utilización del Panzerfaust, que no fue suficiente para detener el avance blindado sobre la capital. La tenaz resistencia alemana fue quebrada al acabarse las municiones y las tropas.

Una vez conquistada Berlín, los soldados del Ejército Rojo se entregaron a una orgía de saqueos, asesinatos y violaciones, comportándose de la misma manera que los alemanes se comportaron en Rusia. Eventualmente las autoridades soviéticas tuvieron que intervenir y en ese año unos 4.000 oficiales fueron juzgados por maltratos a los civiles. Los soviéticos reportaron unos 25.000 muertos en Berlín, así como 250.000 heridos o enfermos, por su parte unos 450.000 alemanes murieron, incluyendo los civiles, y 100.000 mujeres fueron violadas, desde niñas hasta ancianas.

Los últimos deseos de Hitler, ordenaban que el Almirante Karl Dönitz se convirtiera en Presidente del Reich, mientras que Joseph Goebbels sería el nuevo Canciller de Alemania, sin embargo el suicido de éste último, junto con toda su familia, dejó a Donitz con la responsabilidad de la guerra. Finalmente, el 8 de mayo de 1945, el Alto Mando Alemán se rindió incondicionalmente a Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Soviética finalizando la guerra en Europa.

Fuente: Exordio