1094 – Batalla de Cuarte


Se conoce como batalla de Cuarte al encuentro bélico que se desarrolló el 21 de octubre del año 1094 entre las fuerzas de Rodrigo Díaz el Campeador y el Imperio almorávide en las proximidades de las localidades de Mislata y Cuart de Poblet, situadas a pocos kilómetros de Valencia.

Tras haber conquistado el Cid la ciudad de Valencia el 17 de junio, el Imperio almorávide reunió a mediados de agosto un gran ejército al mando de Muhammad ibn Tasufin, sobrino del emir Yusuf ibn Tasufin, con objeto de recuperarla. Hacia el 15 de septiembre Muhammad sitió la ciudad, pero Rodrigo salió a romper el cerco en batalla campal obteniendo una victoria decisiva que rechazó a los almorávides y aseguró su principado valenciano.

Fue, posiblemente, la más importante de las victorias del Cid y la primera contra un gran ejército almorávide en la península ibérica; además frenó su avance en Levante durante los años restantes del siglo XI. En el diploma de 1098 de dotación de la nueva Catedral de Santa María consagrada sobre la que había sido mezquita aljama Rodrigo firma «princeps Rodericus Campidoctor» considerándose un soberano autónomo pese a no tener ascendencia real, y el preámbulo de dicho documento alude a la batalla de Cuarte como un triunfo conseguido rápidamente y sin bajas sobre un número enorme de mahometanos.

Antecedentes

El 17 de junio de 1094, la Valencia musulmana (de nombre Balansiya) cayó en manos de Rodrigo Díaz. Yusuf ibn Tasufin, caudillo de los almorávides, ordenó reclutar unos 4.000 jinetes de caballería ligera y entre 4.000 y 6.000 soldados de infantería en Ceuta, a cuyo mando puso a su sobrino Abū ˁAbdallāh Muḥammad ibn Ibrāhīm ibn Tāšufīn, para emprender una expedición que intentara recuperar la ciudad. Destacaba en la hueste almorávide la guardia imperial, de carácter permanente y formada en parte por esclavos negros, que eran soldados de caballería o infantería bien equipada de élite que se distinguían por su valor y lealtad, y podían organizarse en cuerpos especializados, como arqueros. Además el ejército almorávide contaba con algunos cientos de guerreros de caballería pesada andalusí, de características similares a la caballería cristiana, que quizá incorporaran algún cuerpo de ballesteros, un arma usual en los sitios que los árabes llamaban qaws al ˁaqqār, qaws rūmī o ifranğī (‘arco mortífero’, ‘arco cristiano’ o ‘franco’). En total, el ejército almorávide sumaba un máximo de 10.000 efectivos.

Según el Albayān almuġrīb (‘Historia de los reyes de al-Ándalus y el Magreb’) de Ibn ˁIḏārī Almarrākušī, que recoge los relatos de Ibn ˁAlqamah, y probablemente el de Ibn Al-Farağğ (que fue wazīr, alguacil o ministro de Hacienda del régulo Al-Qadir, y del Cid durante su protectorado de 1089-1091), ambos testigos de los hechos, también fue desencadenante del conflicto la queja de los habitantes de la provincia almorávide de Denia, que pidieron ayuda al emperador Yusuf ante las continuas razias que sufrían por parte de los destacamentos de la Valencia cidiana.

Los contingentes almorávides desembarcaron en la península ibérica entre el 16 y el 18 de agosto de 1094. Al pasar por Granada (cinco días más tarde), se les unió parte de la guarnición del gobernador almorávide de esta provincia ˁAlī ibn Alḥāğğ, y del ejército regular de la antigua taifa zīrī integrado en el contingente militar granadino, y más adelante es bastante seguro que se sumaran tropas andalusíes de las taifas de Lérida (no más de trescientos caballeros al mando de su gobernador Ibn Abīlḥağğāğ Aššanyāṭī), Albarracín (que no llegarían al centenar de caballeros armados comandados por ˁAbd al-Malik ibn Huḏayl ibn Razīn, longevo señor de la taifa entre 1045 y 1103), y quizás también de Segorbe —a las órdenes de Ibn Yāsīn— y Jérica —cuyo señor era Ibn Yamlūl—, en cuyo caso aportarían unas decenas de soldados a caballo cada una, pues el Levante andalusí en esta época estaba fragmentado en fortalezas regidas por caídes o señores que dominaban poco más que su alfoz; a esto habría que sumar los peones que aportaran: entre 3 y 5 por cada caballero contando los escuderos, pajes y acemileros. La presencia de las guarniciones personales de las taifas andalusíes aún no sometidas al poder almorávide tenía sobre todo una finalidad política, y subrayaría la subordinación de las taifas respecto del Imperio magrebí. Además, las tropas hispanoárabes eran muy útiles por su conocimiento de las técnicas bélicas cristianas (junto a esta caballería habían peleado en numerosas ocasiones) y de las características de una guerra por asedio.

Tras el reclutamiento en Ceuta, el ejército almorávide cruzó el Estrecho mediante varios viajes, ya que no poseían la flota de alrededor de un centenar de barcos necesaria para transportar simultáneamente todo el ejército, y desembarcó seguramente en Algeciras. Desde allí emprendió una marcha de alrededor de 750 km a través de Málaga, Granada y Murcia, adonde llegaron veintidós días después del paso del Estrecho, entre el 7 y el 9 de septiembre de aquel 1094. A continuación tomó la ruta interior por Villena o Alcoy, y desde una de estas dos localidades a Játiva, aunque también era practicable la exterior que transitaba por la costa y Denia. Finalmente las tropas acamparon en la llanura situada entre Cuart de Poblet y Mislata, entre 3 y 6 km al oeste de Valencia, hacia el 15 de septiembre, e iniciaron el asedio justo antes del comienzo del mes de Ramadán, aunque de modo pasivo durante el mes sagrado musulmán. Terminado el periodo de ayuno el 14 de octubre, el ejército islámico empezó a incrementar las hostilidades.

Trazado de la muralla islámica de Valencia y localización de sus principales puertas. El primer contingente cidiano salió al mando del Campeador por la noche a través de la puerta sur-sudoeste de la ciudad (Puerta de Baytala, Buyatallah o Boatella, en el plano con el n.º 4) y se situó casi a espaldas de la retaguardia y el Real almorávide, al sur de Cuarte. Tras emplazarse emboscado el grueso del ejército cristiano, un segundo contingente de caballería más exiguo salió por la puerta de Bāb al-Ḥanaš, Bab al Hanax o Puerta de la Culebra (n.º 2 del plano) y avanzó directamente hacia la vanguardia del enemigo, situada al este de Mislata, con el fin de provocar el avance de la caballería almorávide y emprender una rápida retirada que la atrajera hacia Valencia en una maniobra de distracción similar al tornafuye. Con ello se debilitó la cohesión de la formación almorávide extendida ahora a lo largo de unos cinco kilómetros de longitud entre Cuarte y Valencia. A continuación el Cid, al mando del contingente principal, atacó la retaguardia almorávide, ante lo que se produjo la desbandada musulmana, tomó el Real y obtuvo una rápida victoria.

En cuanto el Campeador tuvo noticia de que el ejército almorávide se dirigía a Valencia, lo que sucedió en los primeros días de septiembre, comenzó a tomar medidas para resistir el asedio. Para ello revisó y reparó los muros de la ciudad y quizá construyó nuevas defensas amuralladas de tapial que protegieran los arrabales y las puertas de la urbe. Procedió, asimismo, a aprovisionarse de viandas, pertrecharse de armas y a reunir la mayor cantidad de guerreros posible, tanto cristianos como musulmanes, con un llamamiento a los señores y alcaides de la zona a unirse a su hueste. Aunque la estimación de los efectivos del Cid es insegura, se calcula que pudo allegar entre 4.000 y 8.000 combatientes, la mitad de ellos de caballería pesada, contando con cristianos y andalusíes. Formarían el ejército cidiano entre 2.000 y 4.000 caballeros aproximadamente y otro número similar de peones que contaría, además, con arqueros y ballesteros. Por otra parte, se aseguró de evitar en lo posible el riesgo de rebelión interna o quintacolumnistas dentro de la propia Valencia, un peligro muy considerable en una ciudad que albergaba a 15.000 habitantes aproximadamente y una facción proalmorávide numerosa, que había contribuido a derrocar al rey Al-Qadir en 1092 y a encumbrar al cadí Ibn Yahhaf inmediatamente antes de la conquista de Rodrigo Díaz. Por esta razón, el Cid confiscó todas las armas y objetos de hierro de la población y expulsó de la ciudad a todo sospechoso de mostrar simpatías hacia los almorávides. Más adelante, ya iniciado el asedio, procedió a deshacerse también de «bocas inútiles» haciendo salir a la mujeres e hijos de los musulmanes, a quienes envió hacia el campamento almorávide, un procedimiento habitual en situaciones de sitio, ya que se procuraba mantener en la ciudad solo a aquellos que estuvieran en condiciones de combatir.

Pero uno de los aspectos más alabados en el Cid por todas las fuentes, tanto cristianas como musulmanas, es su capacidad para la guerra psicológica. En este sentido Rodrigo Díaz llevó a cabo varias estrategias. Propagó la amenaza de que iba a ejecutar a los musulmanes que aún permanecían en Valencia si los almorávides la sitiaban, con lo que mantenía en estado de sumisión por terror a esta población que hubiera podido ser proclive a la colaboración con el enemigo; además, con esta medida elevaba la moral de la propia hueste. Para reforzarla todavía más, el Cid, conocido por sus facultades para la ornitomancia, divulgó el pronóstico de que la victoria iba a ser suya. No debe desecharse tampoco su capacidad para arengar adecuadamente a sus hombres. Sin embargo, lo más efectivo fue que difundió la noticia (fuera falsa o verdadera) de que iban a acudir al socorro tropas de Pedro I de Aragón y de Alfonso VI; de estos auxilios, que en el caso de Alfonso VI fue probablemente solicitado en realidad, solo el rey de León, Castilla y Toledo acudió (según fuentes árabes) a la llamada, aunque la batalla decisiva se produjo cuando este monarca se encontraba aún a medio camino. Independientemente de que se produjera históricamente la petición de socorro a estos reyes, la divulgación del rumor de que un ejército salvador acudía no solo reforzaba el ánimo de combate de los sitiados, sino que sembraba inquietud en el ejército enemigo acampado; lo que sumado a las dificultades logísticas propias de un ejército tan numeroso y heterogéneo y la prolongada baja actividad durante todo el mes de Ramadán en campaña, generó desconfianza, impaciencia y finalmente disensiones entre sus filas, que acabaron en deserciones y debilitaron el cerco. Ante la llegada del enemigo, Rodrigo dio también ejemplo con su propia actitud inmutable y serena ante la contemplación del enorme campamento enemigo, hecho recogido tanto por Ibn Alqama como por la Historia Roderici, y que en el Cantar de mio Cid —que en las partes correspondientes a la batalla de Cuarte sigue a la Historia Roderici y a otra fuente que «remontaría de forma independiente a los sucesos mismos […] por lo que su relato podría ponerse al servicio de la reconstrucción histórica, aun con las cautelas que exige su naturaleza poética»— se convierte incluso en un optimista humor irónico, cuando dice a su mujer que el campamento enemigo es solo riqueza que acrecentará sus bienes y ajuar que ofrecen a sus hijas casaderas, pues las victorias siempre eran seguidas de la captura del botín (vv. 1644-50):

Su mugier e sus fijas subiolas al alcácer,
alçavan los ojos, tiendas vieron fincar:
—¿Qué’s esto, Cid, sí el Criador vos salve?—
—¡Ya mugier ondrada, non ayades pesar!
Riqueza es que nos acrece maravillosa e grand;
á poco que viniestes, presend vos quieren dar,
por casar son vuestras fijas, adúzenvos axuvar.
A su mujer y sus hijas las subió al alcázar
alzaban los ojos, tiendas vieron plantar
—¿Qué es esto, Cid así os salve el Criador?
—¡Ay mujer honrada no tengáis pesar!
Nuestra riqueza se acrecienta grande y maravillosa;
hace poco que vinisteis, un presente os quieren dar,
por casar están vuestras hijas, os traen el ajuar.
Cantar de mio Cid, vv.1644-1650

Desarrollo de la batalla

Desarrollo de la batalla de Cuarte.

Finalizado el Ramadán, los almorávides iniciaron las hostilidades el 14 de octubre con estruendo de tambores, añafiles y alaridos, saqueando las huertas y destruyendo, en lo posible, los barrios extramuros de la ciudad, y acompañando sus cotidianos ataques con lanzamiento de flechas por parte de los arqueros.

Sin embargo, los efectos de la guerra psicológica y la propaganda del Cid de que era inminente la llegada del ejército de Alfonso VI ya habían causado la defección de varios cuerpos almorávides, con lo que la zona sur y sudoeste de Valencia quedó sin cercar. La desmoralización y las bajas del ejército sitiador dio al Cid la oportunidad de preparar una salida para vencer en batalla campal a los sitiadores y romper así el asedio.

El Cid, tras soportar una semana de acoso por parte del ejército almorávide, decidió atacar el 21 de octubre de 1094. Salió de noche o madrugada de ese día comandando el grueso de su ejército por las puertas del sur de la ciudad (la puerta de Baytala, Buyatallah Boatella) y dando un amplio rodeo para alejarse lo más posible del ejército almorávide y no ser descubierto, para situarse tras la retaguardia y el real enemigo de modo que, cuando lanzaran el ataque desde aquel punto, a los almorávides les pareciera que efectivamente llegaban los refuerzos de Alfonso VI desde Castilla.

Al alba (hacia las 6:30 h), otro grupo menos numeroso de caballería cristiana salió de la ciudad por la puerta oeste (la de Bāb al-Ḥanaš, Bab al Hanax o Puerta de la Culebra), la más cercana a la vanguardia almorávide, simulando una espolonada o ataque rápido y con pocos efectivos de las que eran habituales en los cercos para procurarse algún respiro con escaramuzas en campo abierto que mitigaran las penurias del asedio. En realidad se trataba de una maniobra de atracción, para realizar algo similar a un tornafuye y, una vez que el grueso de la caballería almorávide de vanguardia saliera en persecución de este cuerpo, iniciar el ataque con el grueso de la caballería cristiana por la retaguardia.

Así se hizo y la parte principal del ejército cristiano tomó por sorpresa el real almorávide, posiblemente con el general Muhammad en él. Creyendo que era Alfonso VI quien había llegado, la retaguardia almorávide, ya de por sí con baja moral, fue vencida en el choque y huyó en desbandada en todas las direcciones. Pese a que el resto de los cristianos de la espolonada tuvieron problemas para defenderse de la vanguardia del ejército almorávide y sufrieron en su retirada algunas bajas, al percatarse el grueso de las tropas musulmanas de que un importante ejército atacaba por la retaguardia, vacilaron y probablemente se dividieron y desorganizaron. Al mediodía el Cid había conseguido una rápida victoria sin bajas y expulsado del campamento al sitiador.

De este modo el ejército del Cid, gracias a un hábil y astuto planteamiento de la batalla, logró una victoria decisiva arrancando del campo al ejército sitiador y, aunque no hubo alcance (persecución para aprovechar la victoria obteniendo el botín de los huidos) debido a que la huida se produjo en desorden y hostigar a los fugitivos hubiera desorganizado la mesnada cidiana, además de que la mayor riqueza en despojos era precisamente la que saquearon los cristianos a costa del campamento real almorávide, fue una victoria decisiva que obligó a una retirada sin paliativos del ejército sitiador.

Consecuencias

Las consecuencias inmediatas de la victoria de Rodrigo Díaz fueron la obtención de un extraordinario botín en riquezas, caballos y armas y la recuperación de la hegemonía en esta zona. En efecto, ya en 1098 había conquistado las importantes plazas fuertes de Almenara y, sobre todo, Murviedro (la actual Sagunto).

La victoria permitió a Rodrigo, que firmó el documento de dotación de la nueva catedral de Santa María en 1098 como «princeps Rodericus Campidoctor», asegurar y reforzar la posesión del principado de Valencia como plaza cristiana hasta su muerte a mediados de 1099 e impidió la expansión musulmana hasta 1102 en el Levante, que se replegó hacia Játiva. Todo ello facilitó la expansión del Reino de Aragón hacia el sur, al quedar aislada la Taifa de Zaragoza del auxilio almorávide. Dos años después de la batalla de Cuarte, Pedro I de Aragón conquista Huesca y se alía con el Cid, colaborando ambos soberanos en rechazar a un nuevo ejército almorávide en 1097 en la batalla de Bairén. No será hasta 1110, tras la muerte del Campeador, que la Taifa de Zaragoza caiga en manos almorávides, aunque solo pudieron mantener por espacio de ocho años la capital del valle medio del Ebro bajo el dominio islámico.

A la muerte del Campeador su esposa Jimena consiguió defender la ciudad con la ayuda de su yerno Ramón Berenguer III de Barcelona hasta mayo de 1102, en el que el rey Alfonso VI ordenó su evacuación y Valencia volvió a pasar a manos de los almorávides.

Batalla de Cuarte
Reconquista

Fecha 21 de octubre de 1094
Lugar Cuart de Poblet, Mislata, Valencia
Coordenadas 39°28′50″N 0°25′50″O (mapa)
Casus belli Conquista de Valencia por parte de Rodrigo Díaz y algaras del castellano por tierras de Denia
Resultado Victoria de Rodrigo Díaz el Campeador
Beligerantes
Principado de Valencia Almorávides
Comandantes
Rodrigo Díaz, llamado el Campeador Abū ˁAbdallāh Muḥammad ibn Ibrāhīm ibn Tāšufīn
Fuerzas en combate
De 4.000 a 8.000 combatientes. Aproximadamente la mitad caballeros (caballería pesada) De 8.000 a 10.000 combatientes. 4.000 jinetes almorávides de caballería ligera, unos 300 andalusíes de caballería pesada y aproximadamente 6.000 peones.

1465 – Batalla de Montenaken


La batalla de Montenaken tuvo lugar el 20 de octubre de 1465 en las afueras de Sint-Truiden en la localidad de Montenaken, situado entre Landen y Waremme, actualmente en Bélgica, entre las milicias del principado de Lieja, que esperaban el apoyo de Luis XI de Francia, contra las tropas de Felipe III de Borgoña, conducidas para su hijo Carlos, duque de Charolais.

La batalla

Los liejanos, conducida por Raes de la Rivière, señor de Heers se sublevó contra la autoridad del príncipe-obispo Luis de Borbón impuesto contra la voluntad del capítulo de la catedral de San Lambert.

La batalla acabó en victoria del ducado de Borgoña.

Consecuencias

Tras la derrota en la batalla de Montenaken y la destrucción de varias villas como Grand Hallet y Petit Hallet, Carlos el Temerario impuso la paz de Sint Truiden, por lo que los liejanos tuvieron que aceptar la autoridad del ducado de Borgoña que estableció un régimen dictatorial ejecutando muchos rehenes, aboliendo los derechos y las libertades del principado, e imponiendo a las villas el derribo de sus murallas.

Batalla de Montenaken
Subyugación de principado de Lieja
Fecha 20 de octubre de 1465
Lugar Montenaken, Bélgica
Coordenadas 50°43′20″N 5°08′04″E (mapa)
Resultado Victoria del ducado de Borgoña
Beligerantes
Blason fr Bourgogne.svg Ducado de Borgoña Wappen Bistum Lüttich.png Principado de Lieja
Comandantes
Blason fr Bourgogne.svg Carlos el Temerario Wappen Bistum Lüttich.png Raes de la Rivière

202 a.C. – Batalla de Zama


La batalla de Zama (19 de octubre del 202 a. C.) representó el desenlace de la Segunda Guerra Púnica. En ella se enfrentaron el general cartaginés Aníbal Barca y el joven Publio Cornelio Escipión, «el Africano Mayor», en las llanuras de Zama Regia.

A pesar de que Aníbal estaba en superioridad numérica al comienzo de la batalla, Escipión concibió una estrategia para confundir y derrotar a sus elefantes de guerra. Las caballerías de Masinisa y Lelio atacaron y provocaron la huida de la caballería numida de Tiqueo, mientras que los veteranos de Aníbal comenzaban a ganar terreno. Sin embargo, luego de perseguir a Tiqueo, tanto Masinisa como Lelio volvieron al campo de batalla y atacaron a los veteranos de Aníbal por la retaguardia, provocando su casi completa aniquilación y el final de la batalla. A pesar de la humillante derrota, Aníbal logró huir a Cartago.

Preludio

Cruzando los Alpes, Aníbal llegó a la península italiana en el año 218 a. C. y logró varias victorias importantes contra los ejércitos romanos. Al no haber podido derrotar a Aníbal o expulsarlo de Italia, los romanos cambiaron de estrategia y decidieron atacar directamente a Cartago, obligando a los cartagineses a llamar de vuelta a Aníbal, el cual estaba todavía en Italia, aunque estaba confinado al sur de la península. Escipion finalmente desembarcó en África en el año 203 a. C.

Unos cuantos años antes de la invasión, la decisiva victoria de Escipión en la batalla de Ilipa en España en el año 206 a. C. había asegurado a Roma el control de la península ibérica. En 205 a. C., Escipión regresó a Roma, donde fue elegido cónsul por voto unánime. Escipión, que ahora era lo suficientemente poderoso, propuso poner fin a la guerra al invadir directamente la tierra natal del cartaginés.

El Senado, persuadido por Fabio Máximo, se opuso inicialmente a este ambicioso plan. No obstante, Escipión y sus partidarios pudieron convencer al Senado de que ratificara el plan, y a Escipión se le dio la autoridad necesaria para intentar la invasión.

La batalla

Aníbal regresó a África desde el sur de Italia en auxilio de Cartago, que en aquellos momentos había perdido batalla tras batalla contra el ejército romano que había desembarcado en 204 a.C. bajo el mando de Publio Cornelio Escipión. El general cartaginés consiguió unir a los hombres que pudo traer de Italia, los restos del ejército cartaginés en África, los evacuados del ejército de su hermano Magón en Liguria, los 4000 soldados macedonios enviados por Filipo V y nuevos contingentes de caballería númida de jefes tribales que aún permanecían fieles a Cartago. Igualmente añadió un importante contingente de elefantes hasta un número cifrado en 80 paquidermos, quienes protagonizarían la carga inicial de la batalla. Los romanos realizaron la estrategia de abrir pasillos entre sus filas para dejar pasar a las bestias, aprovechando la ocasión para saetearlas. Los que no fueron alcanzados y muertos huyeron despavoridos hacia el desierto.

Neutralizado el ataque de los elefantes, la caballería romana y de sus aliados númidas maesilios (Numidia Oriental) comenzaron a perseguir a la caballería cartaginesa y de sus aliados númidas masesilios (Numidia Occidental). Tras esto, se desarrolló una batalla de infantería en tres fases, en la cual los infantes romanos fueron destrozando cada una de las dos primeras líneas cartaginesas, hasta que se produjo el encuentro con la tercera línea, formada por los veteranos italianos de Aníbal. Este último combate permaneció igualado hasta que regresaron Cayo Lelio y Masinisa al mando de la caballería y el ejército púnico sucumbió, decidiéndose la batalla. Aníbal huyó con los restos de sus tropas.

Disposición inicial

Aníbal formó a sus 37 000 infantes (50 000, según Apiano) en tres líneas, 3000 jinetes a los flancos y alrededor de 80 elefantes en el frente. Este número de elefantes es mucho mayor que el que normalmente utilizaba Aníbal. Escipión formó alrededor de 20 000 legionarios, más 14 000 auxiliares y la caballería, que comprendía 4000 jinetes númidas traídos por Masinisa y 2700 equites romanos.

Los cartagineses formaron tres unidades, colocando a los 80 elefantes al frente. La primera unidad estaba formada por 12 000 mercenarios infantes entre ligures, galos, mauritanos y baleares; la segunda, por africanos y cartagineses, de los cuales había 10 000 ciudadanos que iban a luchar para defender su tierra, y una legión de 4000 macedonios al mando de Sópatro; la tercera unidad estaba formada por 15 000 a 18 000 infantes veteranos de Aníbal, en su gran mayoría brutios, directamente bajo sus órdenes.

Los romanos adoptaron la disposición clásica de batalla de la legión, denominada triplex acies: con los lanceros hastati en primera línea, los veteranos príncipes en segunda y los lanceros triarii, armados con lanzas largas, detrás. Las unidades se encontraban separadas por pequeños pasillos que les permitían maniobrar, por los cuales debían escapar los hostigadores vélites cuando la carga cartaginesa se hiciera insostenible, al mismo tiempo que evitarían que los elefantes rompieran la formación.

De acuerdo a Apiano, entre los mandos romanos y aliados númidas que secundaron a Escipión durante la batalla, estaba el propretor de la flota con base en Cerdeña, Cneo Octavio, un legado llamado Minucio Termo, Cayo Lelio, Dacamas y Masinisa.

Primera fase

Disposición de los ejércitos

Con ambos ejércitos frente a frente, los romanos soplaron los cuernos de batalla. Cundió el nerviosismo entre algunos de los elefantes, pues habían sido capturados recientemente, que retrocedieron en estampida contra la propia caballería númida de Tiqueo, creando un gran desorden.

Escipión tomó dos medidas geniales para contrarrestar el ataque de los elefantes: ordenó a sus hombres bruñir corazas, cascos y cualquier cosa de metal, de tal modo que el sol se reflejara en ellos y deslumbrara a los animales, y se hizo acompañar por músicos y los llevó a vanguardia, donde sus cuernos y trompetas espantaron a los animales de la izquierda, de tal modo que retrocedieron y sembraron la confusión entre la caballería númida.

Masinisa ordenó cargar a su caballería númida contra la menos numerosa de Tiqueo. Los elefantes, lanzados a la carga contra la infantería romana, tuvieron un efecto limitado gracias a los pasillos que había dejado Escipión. Atacados desde los flancos por las lanzas de los legionarios, los elefantes murieron o retrocedieron hacia las líneas cartaginesas. La caballería italiana de Lelio atacó, persiguiendo a los jinetes cartagineses fuera del campo de batalla.

Segunda fase

Los supervivientes del ejército de Magón se lanzaron contra los hastati, acabando con gran número de ellos. Aníbal ordenó avanzar a la segunda unidad para apoyar el ataque; sin embargo, los legionarios romanos comenzaron el contraataque antes de que llegara el apoyo. Provistos de sus escudos corporales, consiguieron rechazarles. Esta falta de cooperación sembró la semilla del caos en las filas púnicas, que se vieron obligadas a retroceder. Mientras tanto, los legionarios de Escipión acosaron a sus enemigos en retirada hasta que recibieron la orden de repliegue.

Una vez establecidos los cartagineses en posiciones más retrasadas, los romanos lanzaron una nueva ofensiva. Aníbal, deduciendo que sería necesaria una defensa firme, dispuso a su infantería veterana al frente, formando una fila perfecta de lanzas. Los oficiales púnicos dieron órdenes a las tropas en retirada de bordear a la tercera unidad.

El campo se hallaba cubierto de sangre y cadáveres, de modo que los veteranos hubieron de mantenerse a la defensiva. La entrada en combate de los veteranos de la guerra en Italia, desgastadas las menos numerosas tropas de infantería romanas, inclinó la balanza del lado de Aníbal, cuyas tropas empezaron a ganar terreno.

Conclusión

La caballería romana de Lelio y los jinetes númidas de Masinisa, ya reorganizados tras la persecución de los jinetes de Tiqueo, regresaron en aquel momento al campo de batalla. Atacaron la formación compacta de los cartagineses desde la retaguardia, de manera que se produjo el colapso del ejército de Aníbal, quien hubo de huir a Hadrumentum ante el temor a una posible persecución por parte de las tropas de Escipión. Tras unos días regresarían a Cartago derrotados.

Las bajas cartaginesas se elevaron a alrededor de 20 000 muertos, junto con 11 000 heridos y 15 000 prisioneros. Los romanos capturaron también 133 estandartes militares y once elefantes. Por otro lado, entre las filas romanas hubo 1500 muertos y 4000 heridos.

Consecuencias

Esta derrota marcaba el final de la Segunda Guerra Púnica. Las condiciones impuestas a Cartago fueron humillantes. Aníbal, que había ganado numerosas batallas en Italia operando durante 16 años en territorio enemigo, había sido derrotado en África, su tierra natal. Tras esto ejerció como funcionario del tesoro en Cartago, pero los sufetes le acusaron de robar fondos del Estado. Sintiéndose amenazado, huyó de la ciudad, pues sus dirigentes pretendían entregarle a Roma, en la cual había rumores de que el cartaginés se rearmaba para entrar nuevamente en guerra.

Como consecuencia de la derrota en la Segunda Guerra Púnica, Cartago sería forzada al desarme militar, y con la misma condición impuesta al ser derrotada en la Primera Guerra Púnica, prohibiéndosele tener una flota de guerra, algo que rompía su estatus de potencia. Sus acciones militares quedarían condicionadas a la autorización romana, algo que, junto con diversas humillaciones, terminaría desembocando en la Tercera Guerra Púnica, en la que la ciudad de Cartago sería finalmente arrasada.

Batalla de Zama
Fecha 19 de octubre de 202 a. C.
Lugar Zama Regia, cerca de Cartago (actual Túnez)
Coordenadas 36°17′56″N 9°26′57″E (mapa)
Conflicto Segunda Guerra Púnica
Resultado Victoria romana decisiva
Beligerantes
República romana
Reino de Numidia (Masilios)
República cartaginesa
Masesilos
Comandantes
Escipión el Africano
Masinisa, rey númida
Aníbal Barca
Tiqueo †
Fuerzas en combate
30 000-34 000 infantes
6000-6500 jinetes
(6000 infantes y 4000 jinetes eran númidas)
34 000-45 000 infantes
2000-5000 jinetes
80 elefantes de guerra
(2000 jinetes eran númidas)
Bajas
Total: 8000-9000
4000-5000 muertos y 4000 heridos
Total: 28 500-45 000
20 000-25 000 muertos y 8500-20 000 prisioneros

1816 – Batalla de Ibirocaí


La batalla de Ibirocaí también conocida como la batalla de Ibiracohý o Combate de la Capilla de Ñancaý, fue un enfrentamiento ocurrido el 19 de octubre de 1816 en el actual territorio del estado brasileño de Río Grande del Sur, en el marco de la invasión lusobrasileña.

Tropas lusobrasileñas alistándose para sitiar Montevideo

Cuando el comandante portugués Joaquín Javier Curado se enteró de los avances de las tropas orientales sobre el territorio lusobrasileño, en cumplimiento del plan de contra-invasión concéntrica, creado por José Gervasio Artigas, decidió atacar al teniente José Antonio Berdún, que estaba avanzando hacia el norte de la Banda Oriental y ya había cruzado el río Cuareim, destacando a Juan de Dios Mena-Barreto el día 13 de octubre de 1816. Después de 5 días de marcha se enteró de la posición de Berdún, que avanzaba hacia el norte procurando proteger al comandante guaraní Andresito Guazurarí y a Pantaleón Sotelo.

Enterado de la aproximación de los portugueses, Berdún se atrincheró en una posición ventajosa ―cerca de la capilla de Ñancaí―, donde decidió esperar el ataque de Mena Barreto, quien el 19 de octubre de 1816 se lanzó sobre él, derrotándolo después de una sangrienta lucha. Los soldados de Berdún fueron obligados a retroceder, con fuertes pérdidas. En el parte de Mena Barreto se reconoce que «estos insurgentes pelejam como desesperados».

A pesar de que Mena Barreto buscaba que las fuerzas de Berdún no se pudieran unir a las tropas de Andresito Guazurarí en su plan de contraataque de las Misiones Orientales, esto no fue posible: a pesar de la derrota, Berdún se unió a las fuerzas del comandante Andresito.

Batalla de Ibirocaí
la invasión lusobrasileña
Fecha 19 de octubre de 1816
Lugar Actual territorio de Río Grande del Sur, Brasil
Resultado Victoria luso-brasileña
Beligerantes
Provincia Oriental Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve
Comandantes
José Antonio Berdún Brigadier Juan de Dios Mena Barreto (I)
Fuerzas en combate
700 Desconocidos

1066 – Batalla de Hastings


La batalla de Hastings fue el enfrentamiento entre las tropas del último rey anglosajón de Inglaterra, Harold el Sajón, y el ejército del duque de Normandía, Guillermo el Bastardo. El encuentro sucedió el 14 de octubre de 1066 en la colina de Senlac, a 11 km al norte de Hastings, al sur de Londres. La batalla terminó en una victoria pírrica aunque decisiva para los normandos, muriendo Harold en la misma y permitiendo a Guillermo reclamar el trono inglés, pasando a ser conocido como Guillermo I el Conquistador. A partir de entonces quedó unida políticamente al Ducado de Normandía, en el norte de Francia. Las disputas en torno al gobierno de este último territorio serían las causantes últimas de la guerra de los Cien Años entre las coronas de Francia e Inglaterra.

Antecedentes

La campaña de Guillermo fue parte de las disputas sucedidas tras la muerte del monarca inglés Eduardo el Confesor, quien carecía de herederos directos. El duque normando basaba su reclamación en una promesa que le hizo el soberano anglosajón muchos años antes, tras apoyarlo durante su exilio.

En 1064 Guillermo obligó a jurar a Harold Godwinson, conde de Wessex, vice-regente del rey y cuñado de Eduardo, que le cedería el trono inglés, sin embargo, éste nunca estuvo dispuesto a cumplirlo. El conde era un hombre con personalidad y capacidades que se fueron ganando el apoyo del rey y la nobleza hasta convertirse en el heredero de facto de Eduardo, aumentando su poder frente a posibles rivales en las islas, y hasta el propio Eduardo lo recomendó activamente ante el Witenagemot (asamblea general).

Tras la muerte del rey inglés el 5 de enero de 1066 Harold fue proclamado su sucesor y coronado al día siguiente en la Abadía de Westminster. Sin embargo, había otros pretendientes al trono. Además de Guillermo, que una vez enterado de la noticia y de que Harold había roto el “juramento” utilizó aquello como justificación para emprender una invasión, empezando a reunir un poderoso ejército entre sus propios hombres y sus aliados y mandando a construir o arrendar una flota de más de 500 barcos a partir de inicios del verano, estaba el reclamo de Harald III, rey de Noruega, pariente de Eduardo, quién se había mantenido en el trono inglés gracias al apoyo danés y noruego.

Además de este pretexto, Guillermo contaba con la ventaja moral que le brindaba el apoyo de la Iglesia de Roma (que buscaba aumentar su influencia en un reino sin religión oficial como Inglaterra).

Harold, que estaba decidido a mantener su trono, movilizó a su cuerpo de élite, sus 4.000 huscarles, y a la milicia anglosajona, los fyrd, reuniendo a 4.000 de ellos (aunque en teoría podían llegar a 20.000). Dividió su ejército por toda la costa sur inglesa esperando la llegada de los normandos. Ante la llegada de la época de cosecha, Harold licencia a sus milicianos el 8 de septiembre; sin embargo, fue entonces cuando su rival noruego desembarco en el norte del país, uniéndosele también el propio hermano de Harold, Tostig. Mientras Harold reunía apresuradamente a sus hombres y marchaba al norte con marchas forzadas, Harald derrotaba al conde Morcar de Northumbria en Fulford Gate el día 20. A pesar de esto Harold derrotó y aniquiló a los vikingos en la Batalla de Stamford Bridge cinco días después, muriendo en el combate Harald y Tostig.

En Francia en tanto, el duque Guillermo se había tenido que quedar en Normandía esperando la llegada de vientos favorables para poder zarpar. Llegado el 12 de septiembre pudieron partir hasta el pequeño puerto de Saint-Valery-sur-Somme y desde ahí a los quince días partir a Inglaterra, cruzando el Canal de la Mancha en sólo un día. El 28 de septiembre desembarcó en Pevensey (Sussex) con probablemente 6.000 a 9.000 hombres.

Se desconoce el número de caballos que se incorporaron al ejército de Guillermo, pero se sabe que fue una gran cantidad, no acostumbrada en la logística militar de la época. Hasta entonces nadie había embarcado tantos equinos con vistas a una invasión, pero a pesar de las críticas, Guillermo fue consciente del importante papel de la caballería en las operaciones militares. Este hecho resultó, a la postre, decisivo en el enfrentamiento con los sajones y determinante para la victoria normanda.

Al poner el pie en tierra, se cuenta que Guillermo perdió el equilibrio y cayó de bruces en la arena, frente a la mirada atónita de sus soldados. Éstos interpretaron la caída como un mal augurio en su invasión. No obstante, uno de sus nobles se apresuró a salvar la incómoda situación diciéndole «Ahora tiene en sus manos la tierra de Inglaterra». Frase de oportunidad que inspiró al Duque de Normandía, quien pronunció unas palabras para, dando solemnidad a tan involuntario acto, tomar posesión de Inglaterra en tanto sostenía en su mano un puñado de arena de la playa.

Posteriormente, sus tropas se dirigieron al norte hasta Hastings, en el camino de Londres, donde decidió acampar. Se construyó entonces un fuerte de madera de gran tamaño como base para las tropas hecha con materiales portátiles traídos desde Normandía en piezas. Guillermo empezó inmediatamente a saquear todos los pueblos y aldeas cercanas en busca de información, alimentos, forraje y llamar la atención de su rival.

Las noticias del desembarco normando llegaron a oídos de Harold el 1 de octubre, cuando celebraba su victoria sobre los noruegos; de inmediato volvió a toda velocidad al sur reclutando hombres en el camino, hasta reunir probablemente cerca de 6.000 ó 7.000 hombres, alcanzando Londres el día 11. A partir de ahí avanzó por el camino que unía Hastings con Londres, con el fin de bloquear la previsible marcha normanda sobre la capital del reino. Harold entonces llegó a la colina de Senloc, que había elegido anteriormente como posible campo de batalla durante el verano. La colina tenía una pendiente suave, con pantanos al sur y el arroyo de Atsen, los flancos oriental y occidental los protegían profundos barrancos cubiertos de maleza espesa y por el norte una colina aún más pronunciada le daba protección.

Ejércitos

Aproximadamente la mitad de las fuerzas anglosajonas (compuestas únicamente por infantería) estaban compuestas por los huscarles (Housecarls), tropas de élite sajonas fuertemente armadas que dependían directamente del rey, siendo el resto miembros de la milicia rural, los fyrdmen o fyrd. El equipamiento bélico de los segundos, con escasas excepciones, era notablemente inferior al de los huscarles. Ciertos autores sostienen que si Harold hubiese llamado a la batalla a la milicia londinense, The Furth, habría ganado el combate sin problemas, pero el caso es que el rey inglés no lo hizo. Es probable que la falta de tiempo y las prisas por bloquear el paso a Guillermo le impulsaran a marchar a la batalla sin la demora que supondría esperar a que los londinenses acudieran a su llamada y se armasen. Por otra parte, acababa de aplastar sin problemas una sublevación en toda el área de Yorkshire, apoyada además por una invasión noruega; todo ello únicamente con los hombres que, en ese momento, estaban bajo su mando. Es probable que no creyera necesario llamar a más soldados, pues si su ejército había vencido a Tostig y Harald juntos, era de esperar que también lograra la victoria sobre Guillermo.

Sin embargo, había una importante diferencia entre los ejércitos normandos y los de los vikingos o los anglosajones. Mientras éstos disponían de un ejército a la antigua, formado por infantería poco diferenciada o especializada en un método de lucha, el de Guillermo era un exponente de los nuevos ejércitos imperantes en Europa Occidental. Contaba con cuerpos diferenciados de arqueros y ballesteros, hombres de armas a pie y caballería pesada. Su caballería fue más efectiva gracias a la incorporación efectiva del estribo como adelanto tecnológico a través del cual los jinetes lograban mayor energía en el golpe de lanza. Además de sus vasallos normandos, Guillermo contaba también con los hombres y caballos aportados por sus aliados bretones (un tercio de su ejército), franceses y flamencos.

El tamaño de las fuerzas enfrentadas no está claro, las estimación varían enormemente entre ellas, en la siguiente tabla se muestran las cifras dadas por diversos autores respecto del número de hombres de los ejércitos:

Fuente Anglosajones Normandos
Wilhem Spatz (1896) 6.000-7.000 6.000-7.000
F. H. Baring (1898) 10.000-13.000 8.000-10.000
Stephen Morillo (1996) 6.000-8.000 6.000-8.000
Thomas Keefe (1983) 6.000-8.000 s/i
Bernard Bachrach (1986) s/i 10.000
Alfred H. Burne (1950) s/i 10.000
Christer Jorgensen (2007) 6.300 6.000

La batalla

Preparativos

Mapa que muestra los despliegues iniciales de los ejércitos en la batalla de Hastings

Guillermo fue informado rápidamente de los movimientos de sus enemigos: como éstos habían llegado al final del día era obvio que descansarían esa noche y atacarían sorpresivamente a la mañana siguiente. Sabiendo esto, el duque se les adelantó y marchó con sus hombres al amanecer, llegando a los pies de la colina. Antes de marchar Guillermo les dijo a sus hombres: “No lucháis solo por la victoria, sino también por la supervivencia”. La frase era muy cierta, ya que sus hombres no tenían muchas oportunidades de cruzar con éxito el Canal de la Mancha si eran derrotados.Era la mañana del 14 de octubre cuando ambos ejércitos se desplegaron para la batalla.

Los normandos quedaban por el terreno obligados a atacar de frente y cuesta arriba, lo que otorgaba una gran ventaja de partida a las fuerzas anglosajonas. Harold dispuso en los flancos a los Fyrd, mientras que en el centro se apostaron los veteranos y bien pertrechados huscarles, apoyando sus defensas con una línea de estacas afiladas de madera adelante.

Por su parte, Guillermo dispuso a los arqueros (armados tanto con arcos normales como con el arco largo —longbow—, cuerpo especializado que sería la estrella de los ejércitos ingleses posteriores) y a los ballesteros en primera fila, seguidos por la infantería. Por último, situó la caballería (la conroi), comandada por él mismo, en la retaguardia. Los infantes y jinetes bretones se dispusieron en el flanco izquierdo, mientras que los franco-flamencos se dispusieron en el flanco derecho, todos ellos protegidos a su vez por las líneas de arqueros y los normandos mismos en el centro.

Primera fase

A las nueve de la mañana las tropas de Guillermo iniciaron su subida de la colina; los arqueros que iban delante iniciaron una lluvia de flechas sobre el enemigos, esperando debilitar la filas enemigas, sin tener mucho éxito. Mejor le fue a la respuesta de los sajones, quienes lanzaron jabalinas, flechas y hachas arrojadizas llamadas franciscas. Tras esto se produjo el choque entre ambas fuerzas. Cerca de las diez y media, los sajones finalmente forzaron a huir a los bretones, quienes fueron los primeros en chocar porque su pendiente era la más suave; tras esto los fyrd les persiguieron. Guillermo tuvo entonces que auxiliarlos con su caballería, los sajones quedaron aislados en campo abierto y cogidos por sorpresa por tropas mejor equipadas, resultando aniquilados. Después de esto ordenó retroceder a sus otras dos divisiones.

Segunda fase

Tras fracasar la infantería Guillermo decidió usar su caballería pesada, comandada por él mismo y su medio hermano Odo de Bayeux, apoyados por los arqueros e infantes, avanzando de forma más lenta y deliberada, pero también más entorpecida por que el terreno estaba resbaladizo por la matanza previa. Durante dos horas se sucedieron los ataques, cada vez que los normandos lograban abrir una brecha los sajones la cerraban y les lanzaban una lluvia de proyectiles.

Tercera fase

Cerca de las trece horas, los flamencos y franceses empezaron a huir de la colina, cansados de la lucha. Su comandante, Eustaquio, con el estandarte papal los reagrupó y conminó a regresar a pelear. Guillermo había perdido a su caballo y estaba luchando a pie cuando se propagó el rumor que había muerto, Eustaquio le dio un caballo y el duque se quitó el casco ante sus soldados y gritó: “Miradme bien. ¡Todavía estoy vivo y por la gracia de Dios aún resultaré vencedor!”. Sin embargo, en ese momento los anglosajones estaban a punto de ganar la batalla, lo que habrían logrado de haber mantenido su línea indefinidamente.

Cuarta fase

Cerca de las catorce horas, Guillermo decidió retroceder y reagrupar a sus hombres, dándoles de comer. Harold utilizó ese tiempo para acortar su línea, que se hallaba muy diezmada por las bajas; sin embargo, seguía manteniendo la ventaja. El ejército normando había perdido un cuarto de sus hombres y muchos de sus caballeros tenían que luchar a pie por la falta de caballos.

A las quince horas se inició el último ataque normando, que tardó media hora en llegar a la cima de la colina, porque la ladera estaba llena de residuos. El duque había ordenado a sus arqueros que dispararan lo más alto posible, mientras que sus restantes tropas atacaban la línea de escudos sajones. Ésta finalmente empezó a flaquear y a romperse en algunos sectores.

Los normandos empezaron a lanzar ataques para luego retirarse, motivando a los milicianos sajones a perseguirlos, para que luego los caballeros montados rodearan a sus enemigos e impidieran que recibieran auxilio; de este modo unidades enteras de sajones fueron masacradas y su muro de escudos empezó a perder demasiados hombres como para reemplazarlos, abriéndose brechas imposibles de cerrar.

Una vez rota la línea los normandos entraron en masa, atacando el interior del ejército sajón. Cerca de las cuatro de la tarde la fuerza sajona se deshizo en varios grupos separados. Cerca de una hora y media después los fyrd empezaron a huir a los bosques o a retirarse en tanto que los huscarles continuaron resistiendo hasta que los masacraron. Un gran grupo se reunió en torno al estandarte de su rey continuando de forma desesperada su resistencia. Finalmente Harold fue muerto por una flecha y con él cayeron sus principales comandantes.

Los últimos sajones que quedaron resistieron hasta que pudieron escabullirse en los campos cercanos de Oakwood Gill, donde se reagruparon y emboscaron a los normandos enviados en su persecución y para asegurar los bosques cercanos. Así lograron matar a Eustaquio de Bolonia.

Durante el resto del día y en los sucesivos hubo escaramuzas entre los sajones supervivientes y las tropas normandas, que fueron enviadas a asegurar los bosques de los alrededores. La batalla había finalizado con una indiscutible victoria normanda.

Consecuencias

Figura representando a Guillermo el Conquistador tras ser coronado rey de Inglaterra, en el museo de Bayeux

Guillermo aplastó cualquier resistencia hasta llegar a Londres, donde se coronó rey de Inglaterra el día de Navidad de 1066 en la Abadía de Westminster. La mayoría de los reyes ingleses y luego británicos han continuado esta tradición.

Inglaterra, especialmente en el norte y centro, fue devastada durante los nueve años siguientes por las guerras entre los normandos de Guillermo y los sajones, apoyados otra vez por los daneses. Finalmente, el ahora rey Guillermo I el Conquistador se hizo con el control absoluto del reino e introdujo numerosas reformas en Inglaterra, a imagen y semejanza de las que imperaban entonces en Francia y países limítrofes. Las tierras de los nobles sajones que se negaron a someterse fueron repartidas entre los caballeros normandos del rey, que pasaron a administrarlas en calidad de señores feudales. Se construyeron también numerosos castillos en Inglaterra, edificados tanto por su función como baluartes frente a escoceses (derrotados y sometidos a vasallaje por Guillermo en 1072) y galeses, como instrumentos para someter de forma más eficaz al pueblo inglés.

El ejército se reformó a imagen y semejanza del normando y el cristianismo fue elevado a religión oficial del reino de Inglaterra, donde hasta entonces había convivido junto a toda clase de cultos paganos de origen celta, germano o vikingo. La Iglesia romana también consiguió importantes lotes de tierra y un gran número de siervos que trabajasen en sus nuevos monasterios. Finalmente, los nobles normandos pasaron a ser una clase social totalmente separada del resto de la población: eran los únicos que podían ser nombrados para cargos de responsabilidad y los dueños de numerosos privilegios, entre ellos la propiedad de los bosques y el permiso exclusivo para recoger leña o cazar en ellos (algo que, hasta entonces, había sido una actividad libre en la isla). Los nobles pasaron a ser los dueños absolutos de la vida de sus siervos, a los que podían castigar como quisieran si no respetaban las leyes que se les imponían. Un cambio fundamental entre la relativamente mayor igualdad anterior y un sistema de tipo feudal.

La naturaleza electiva de la monarquía fue abolida y sustituida por otra hereditaria, por lo que a la muerte de Guillermo éste fue sucedido por sus hijos Guillermo II y posteriormente Enrique I. Los descendientes de Guillermo trasladaron cada vez más la base de su poder a Normandía, a la que consideraban una parte más de su reino; esto condujo a la larga al prolongado enfrentamiento con Francia conocido como Guerra de los cien años, pues los franceses seguían considerando el ducado de Normandía como una parte de su país donde el rey de Inglaterra no era más que un señor feudal al servicio del monarca francés como cualquier otro.

Batalla de Hastings
Conquista normanda de Inglaterra
Fecha 14 de octubre de 1066
Lugar Hastings, Inglaterra
Coordenadas 50°54′43″N 0°29′15″E (mapa)
Resultado Victoria normanda decisiva
Beligerantes
430px-FlagOfWessex.svg Inglaterra anglosajona Blason_Normandie Ducado francés de Normandía
Bretones
Flamencos
Franceses
Poitou
Angevinos
Le Mans
Comandantes
Haroldo II de Inglaterra †
Gyrth de East Anglia †
Leofwine de Kent †
Guillermo II de Normandía
Odo de Bayeux
Eustaquio de Bolonia †
Fuerzas en combate
Desconocidas, estimaciones varían entre 4.000 y 30.000 Desconocidas, estimaciones varían entre 3.000 y 30.000
Bajas
Más de 2.000 muertos Alrededor de 2.000 muertos y heridos

69 a. C. – Batalla de Tigranocerta


La batalla de Tigranocerta se libró el 6 de octubre de 69 a. C. entre la República Romana y el rey Tigranes el Grande de Armenia. Las fuerzas romanas estaban dirigidas por el cónsul Lucio Licinio Lúculo que derrotó a Tigranes y tomó Tigranocerta, su capital, tras la batalla.

La batalla fue parte de la Tercera Guerra Mitridática entre la República de Roma y Mitrídates VI del Ponto, suegro de Tigranes. Mitridates huyó en busca de apoyo de su yerno tras ser batido, y Roma invadió Armenia. Habiendo sitiado la ciudad de Tigranocerta.

Mapa antiguo de Anatolia

El asedio

El general romano Lúculo y su ejército avanzaron rápidamente en Armenia, sorprendiendo al propio rey Tigranes, quien mandó 3.000 jinetes más infantería al mando del general Mithrobarzanes pero sus fuerzas fueron derrotadas por 1.600 jinetes romanos al mando de legado Sextilius. Al saber de la derrota el rey armenio mandó al general Macaeus con tropas para defender su ciudad y atacar por sorpresa a los romanos desde los Montes Taurus siendo encontrados por Lúculo y masacrados. En vez de atacar al ejército armenio en las montañas los romanos sitiaron su capital esperando atraerlos hacia ellos, estos avanzaron a fin de liberar su capital.

La batalla

Los dos ejércitos convergieron hacia el río Batman-Su, al suroeste de Tigranocerta. Tigranes ejército se colocó en la orilla oriental del río, mientras Lúculo dejo 6.000 tropas en la retaguardia para continuar el sitio a cargo de Murena. El ejército armenio se formó en tres secciones: una en flanco izquierdo, un centro y un flanco derecho. Dos reyes vasallos de Tigranes comandaron los flancos, Tigranes fue con su catafractos en el centro y el resto de su ejército se situó delante de una colina que Lúculo pronto pudo explotar a su ventaja. Las tropas romanas trataron de disuadir a su general de no luchar por ser aniversario de la derrota de Arausio, pero este no hizo caso. El general romano ordenó a su infantería correr para limitar el daño de los arqueros armenios, pero notando el peligro de los catafractos, ordenó a sus caballerías gala y tracia distraerlos, las tropas romanas se dirigieron a la zona baja del río donde era más fácil cruzarlo, el ejército armenio creyó que se retiraban. Dos cohortes cruzaron el río mientras los auxiliares distraían a los catafractos, los flanquearon por detrás de la colina, subiendo a la cima y atacaron por la retaguardia, los catafractos huyeron y sus filas perdiendo el orden.

Lúculo llegó a la cima de la colina y diciendo “El día es nuestro, el día es nuestro, mis compañeros soldados!”. La confusión reinó en las tropas armenias que huyeron, siendo capturado el equipaje y el oro del rey. El ejército armenio fue masacrado. Plutarco dice que en el lado romano “sólo un centenar de heridos, y sólo cinco muertos”, aunque tales cifras son muy bajas y poco realistas.

Mapa del desarrollo de la batalla

Batalla de Tigranocerta
la Tercera Guerra Mitridática
Fecha 6 de octubre de 69 a. C.
Lugar Tigranocerta, Armenia (actual Turquía)
Resultado Victoria romana decisiva
Beligerantes
República de Roma Reino de Armenia
Comandantes
Lucio Licinio Lúculo Tigranes el Grande
Fuerzas en combate
Estimación de Plutarco:
10.000 legionarios
1.000 jinetes
1.000 auxiliares
Total: 12.000 hombres
Estimación moderna:
24.000 legionarios
3.300 jinetes romanos
10.000 auxiliares
Total: c. 40.000 hombres
Estimación de Plutarco:
150.000 infantes
55.000 jinetes
20.000 auxiliares
Total: 225.000 hombres
Estimación moderna:
80.000-100.000 hombres
Bajas
Estimación de Plutarco:
5 muertos y 100 heridos
Estimación de Plutarco:
100.000 infantes muertos y casi toda la caballería aniquilada
Estimaciones modernas:
10.000-100.000 muertos

105 a.C. – Batalla de Arausio


La batalla de Arausio tuvo lugar el 6 de octubre de 105 a. C. en algún lugar entre el poblado de Arausio, actual Orange (Francia), y el río Ródano. Roma envió a dos ejércitos para interceptar a las tribus migratorias de cimbrios y teutones, dirigidos por Boiorix y Teutobod. Uno de los ejércitos iba al mando del cónsul Cneo Malio Máximo, y el otro, del procónsul Quinto Servilio Cepio el Viejo.

Sin embargo, amargas diferencias entre los comandantes impidieron una estrecha cooperación, con resultados devastadores. Las pérdidas romanas se elevaron hasta 80.000 legionarios (entre 10 y 12 legiones) y prácticamente la totalidad de tropas auxiliares y personal no combatiente (alrededor de 40.000 más). Esta derrota desbancó a la batalla de Cannas (con alrededor de 70.000 muertos), como el peor desastre militar de la historia de Roma.

Preludio

Las migraciones de las tribus de cimbrios y teutones por territorio galo tras la batalla de Noreia alteraron el equilibrio de fuerzas en la zona, absorbiendo a tribus menores e incitando o provocando a otras tribus, como los helvecios, a un conflicto con Roma.

Una emboscada a un pequeño contingente de tropas romanas y una rebelión temporal en Tolosa hizo movilizar al Senado tropas al lugar. Los germanos, según los historiadores romanos, eran aproximadamente 800.000 personas, de estos, 200.000 eran guerreros, aunque esta cifra debe ser una exageración.

Tras recuperar Tolosa partiendo desde la Galia Narbonense, el procónsul Quinto Servilio Cepio adoptó una estrategia defensiva, esperando a ver si los cimbrios iban a irrumpir en territorio romano, hecho que ocurrió en octubre de 105 a. C. Por otro lado, el Senado envió al cónsul Malio Máximo con su ejército a unirse con Cepio a las orillas del Ródano, para acabar con la amenaza cimbria y teutona.

Una escaramuza y dos derrotas

Cepio era un patricio de antigua estirpe, y Malio era un “hombre nuevo” sin antepasados. Cepio debía subordinarse a Malio por ser éste el cónsul en ejercicio, pero su orgullo se lo impedía, hasta el punto de acampar en la orilla opuesta del río con tal de no estar bajo su mando.

Mientras tanto, Malio envió a su caballería de unos 5.000 jinetes, bajo las órdenes de Marco Aurelio Escauro, a que acampara 55 km al norte, con el doble objetivo de vigilar y desanimar al enemigo, pero consiguió el efecto contrario. Los germanos rodearon el campo, penetraron en él y acabaron con la resistencia romana. Escauro fue capturado vivo y llevado ante Boiorix, rey de los cimbrios, a quien de forma arrogante le dijo que diera la vuelta si no quería ver su pueblo vencido y aniquilado por Roma. En respuesta, fue quemado vivo en una jaula de mimbre.

Mientras tanto, unos representantes del Senado habían llegado para intentar unir los dos ejércitos, pero cuando parecía que Cepio iba a ceder, este cruzó el río y acampó a 35 km de Malio, dejando a los germanos entre los dos ejércitos romanos.

Boiorix, al verse rodeado de dos ejércitos, se replanteó la situación y comenzó unas negociaciones con Malio. Cepio, temeroso de que Malio obtuviera el éxito en las negociaciones y regresara a Roma como un héroe, lanzó un ataque unilateral contra el campamento cimbrio el 6 de octubre. Sin embargo, la naturaleza precipitada del asalto unido a la tenaz resistencia cimbria causó la aniquilación del ejército de Cepio. Además, los cimbrios también arrasaron el campamento del procónsul, que había quedado prácticamente desprotegido.

Los cimbrios, ante la perspectiva de una victoria fácil, se abalanzaron contra las legiones del cónsul Malio, moralmente hundidas tras presenciar la masacre de Cepio y sus hombres. Malio desplegó sus legiones frente al campamento apoyando su flanco izquierdo en el río, pero no pudo proteger su lado derecho al no tener caballería que maniobrara en esa área para evitar un flanqueo, por lo que su ejército fue desbordado por la derecha, llevado contra el río y masacrado, produciéndose una gran mortandad entre los legionarios al no poder huir a nado por el río (el peso de las armaduras los arrastraba hasta el fondo).

Tito Livio estima en 80.000 el total de bajas romanas en esta contienda, y Theodor Mommsen suma a éstas unos 40.000 más entre tropas auxiliares y personal no combatiente. Tanto el cónsul Malio como el procónsul Cepio sobrevivieron. Ambos fueron juzgados en Roma bajo los cargos de “pérdida del ejército”, siendo deshonrados y desposeídos de todos sus honores. Cepio además fue condenado al exilio.

 

Consecuencias

Roma era un pueblo guerrero, acostumbrado a los reveses. Sin embargo, la reciente cadena de desastres militares (a las catástrofes de Noreia y Arausio se sumaban derrotas menores contra tribus galas) causaron una gran alarma social en Roma. La derrota los dejó apenas sin ejército y con un temible enemigo al otro lado de los Alpes. Además, era opinión generalizada que la culpa del fracaso militar la tenía Cepio, y no las carencias del ejército romano. El descontento popular con las clases predominantes creció.

Mientras tanto, los cimbrios iniciaron una guerra contra una tribu arverna, y tras ganarla, inexplicablemente se dirigieron a los Pirineos, adentrándose en Hispania, en vez de entrar en Italia.

Esto dio tiempo a los romanos a reorganizar el ejército y a encontrar un héroe que los salvara de los bárbaros, ambos retos superados por un mismo hombre, Cayo Mario.

Batalla de Arausio
la Guerra Cimbria

Fecha 6 de octubre de 105 a. C.
Lugar Arausio, actual Orange, Francia
Resultado Victoria germana
Beligerantes
República romana Cimbrios
Teutones
Comandantes
Cneo Malio Máximo
Quinto Servilio Cepión
Marco Aurelio Escauro†
Rey Boiorix (cimbrios)
Rey Teutobod (teutones)
Fuerzas en combate
Fuerzas de Máximo:
55.000 legionarios
30.000 auxiliares
5.000 jinetes
Fuerzas de Cepión:
40.000 legionarios
15.000 auxiliares
Total: 145.000 hombres
300.000 guerreros
(según Plutarco)
Bajas
Estimación antigua
80.000 legionarios y 40.000 auxiliares y no combatientes muertos
Estimación moderna:
20.000 legionarios muertos
Desconocidas

1263 – Batalla de Largs


La Batalla de Largs fue un enfrentamiento militar entre los ejércitos de Noruega y Escocia que tuvo lugar cerca de la actual localidad de Largs en North Ayrshire, en el Firth of Clyde (Escocia), el 2 de octubre de 1263. Fue el principal enfrentamiento de la breve guerra noruego-escocesa. Las tropas noruegas estaban dirigidas por el rey Haakon IV de Noruega y las escocesas por Alejandro III de Escocia; el resultado de la batalla no fue concluyente, pero a largo plazo fue favorable a los escoceses.

Antecedentes

El reino de Súðreyjar (“Las islas del sur”), que comprendía las Hébridas Exteriores e Interiores, así como Kintyre y la Isla de Man, estaba bajo soberanía noruega desde aproximadamente el 1100, ya que sus reyes eran vasallos del rey de Noruega. Desde 1240, el rey Alejandro II de Escocia había intentado comprar estas islas al rey noruego, pero este lo había rechazado continuamente. El sucesor de Alejandro II, Alejandro III de Escocia, continuó con esta política, pero de nuevo el rey Haakon se negó. En el verano de 1262, las fuerzas escocesas comandadas por el Conde de Ross lanzaron un ataque contra la Isla de Skye. Las noticias de estos saqueos llegaron a oídos del rey noruego, junto con informes de que el rey de Escocia planeaba conquistar todas las islas. Håkon respondió equipando una flota de leidang (campesinos reclutados a tal efecto). De acuerdo con los anales islandeses, Haakon reunió “la mayor flota que nunca salió de Noruega”, y partió desde Bergen hacia Escocia en julio de 1263. En las Hébridas, dicha flota se reunió con las de los reyes Magnus III de la Isla de Man y Dougal de las Hébridas. Los historiadores estiman que dicha flota estaba compuesta por unos 120 barcos, y entre 12.000 y 20.000 hombres. Tras establecer el control de las Hébridas, se dirigieron a la isla de Arran, en el Fiordo de Clyde, donde recibió a emisarios del rey de Escocia para establecer conversaciones de paz. Dichas conversaciones no produjeron resultados, y finalmente el rey Haakon decidió concluirlas, y enviar a los reyes Magnus y Dougal con 40 barcos al Loch Long y hasta el Loch Lomond. El resto de la flota se desplazó más cerca del territorio escocés, entre las islas Cumbrae y la localidad de Largs.

La batalla

Mientras estaban anclados en esta posición, la flota noruega se vio sorprendida por una tormenta, por culpa de la cual al menos cinco drakkars y un barco mercante encallaron. Los supervivientes fueron atacados con armas de largo alcance por un reducido número de escoceses, pero no se produjo un enfrentamiento abierto.

Al día siguiente, el 2 de octubre, el rey Haakon desembarcó con algunos de sus hombres, presumiblemente para evitar posibles ataques mientras se desencallaban las naves. Uno de sus comandantes, Ogmund Crouchdance, se situó en una colina que dominaba la playa con unos 200 hombres, mientras que las fuerzas desplegadas en la playa sumarían alrededor de 600. Durante el día, un ejército escocés comenzó a aproximarse. Las sagas afirman que el ejército escocés estaba formado por 500 caballeros armados y un gran número de soldados de a pie, de forma que las tropas noruegas se vieron superadas en una proporción de aproximadamente 10 a 1 (es decir, 8.000 escoceses frente a 800 noruegos).

Vista su inferioridad, el rey Haakon fue transportado a un lugar seguro a bordo de su barco. Ogmund Crouchdance por su parte comenzó a retirarse de la colina para evitar quedarse aislado; mientras lo hacía, fueron atacados por los escoceses, de forma que la retirada amenazaba con convertirse en una matanza. Los noruegos se apresuraron a subir desordenadamente a sus barcos, lo que hizo que muchos se hundieran por sobrepeso. Pese a todo, los noruegos lograron reorganizar sus tropas y organizar la resistencia en la playa. Haakon no logró enviar refuerzos a tierra a causa de la tormenta, pero al menos un barco de la flota principal logró desembarcar. Cuando los refuerzos llegaron a la playa, los escoceses se replegaron colina arriba. Tras una breve batalla a larga distancia, con arcos y piedras, los escoceses se retiraron, y los noruegos consiguieron embarcar finalmente y unirse a la flota principal.

Consecuencias

El relato de las sagas insinúa que la mayor parte de la caballería escocesa no llegó siquiera a entrar en batalla, y también que es dudoso que el total de la artillería llegase a tomar parte. Del mismo modo, el grueso de las fuerzas noruegas permanecieron en sus barcos, sin poder entrar en acción a causa de la tormenta. Al día siguiente, los noruegos volvieron a la playa para enterrar a sus muertos y quemar los restos de los barcos encallados, cosa que pudieron hacer sin ser atacados. Las sagas sólo mencionan los nombres de nueve de los muertos noruegos, así como de un caballero escocés, Perus, pero también señala que los nórdicos no pudieron saber cuántas bajas habían sufrido los escoceses, ya que estos habían retirado ya sus cadáveres. Unos pocos días después, la flota noruega abandonó el Fiordo de Clyde.

El invierno se acercaba, el ejército estaba escaso de provisiones, y las tropas escocesas estaban prácticamente intactas en la costa, por lo que era impensable intentar saqueos para aprovisionarse. Así pues, Haakon navegó hacia el norte, hasta las Órcadas, para pasar el invierno, mientras que sus vasallos, Magnus y Dougan, volvieron a sus respectivas posesiones. La mayoría de su flota de campesinos volvió a Noruega. Largs no había sido una derrota clara de las tropas noruegas, pero sí supuso que no lograra ninguna victoria clara antes del invierno, algo que probablemente debería haber hecho para asegurarse sus objetivos militares. Siempre quedará la duda de si Haakon habría podido reanudar sus expediciones militares en primavera de 1264: durante su estancia en el “Palacio del Obispo” de Kirkwall cayó enfermo, y murió el 15 de diciembre de 1263. Al año siguiente Alejandro III de Escocia invadió con éxito las Hébridas, y en 1265 las negociaciones entre los enviados escoceses y el sucesor de Haakon, Magnus VI de Noruega, condujeron a un acuerdo por el que la soberanía de las islas Hébridas y de Man pasaba a manos del rey de Escocia, a cambio de una suma de 4000 marcos y otros 100 anuales a perpetuidad. Estas condiciones fueron confirmadas por el Tratado de Perth firmado en 1266. En cambio, Noruega conservó el control de las Órcadas.

La batalla de Largs en la historia

Los historiadores escoceses de los siglos siguientes exageraron enormemente la importancia de la batalla de Largs. George Buchanan, en el siglo XVI, afirmó que los noruegos habían desembarcado con 20.000 hombres, de los que 16.000 habrían muerto en combate, al igual que 5.000 escoceses. Actualmente, los historiadores consideran la batalla de Largs más como una escaramuza que como una batalla como tal. La principal fuente de información sobre este enfrentamiento es un extenso pasaje de la Saga de Håkon Håkonssons, escrita por orden de su hijo Magnus, y por ello está escrito presentando únicamente el punto de vista noruego. Pese a ello, como fue escrita sólo cinco años después de los hechos, es generalmente considerada como una fuente fiable, ya que debió ser escrita mediante a recopilación de testimonios de testigos directos de la batalla. La interpretación de estos datos en cambio sí que varía enormemente, hasta el punto de que la batalla suele ser considerada un triunfo escocés en Escocia, y uno noruego en Noruega. Los historiadores contemporáneos generalmente están de acuerdo en que esta batalla terminó en lo que se podría denominar un empate, pero que, a largo plazo, favoreció a los intereses escoceses, ya que los noruegos habrían necesitado una victoria más contundente para lograr sus objetivos.

Festival vikingo de Largs

La batalla de Largs se recuerda en la zona, en primer lugar con un monumento en la costa, en forma de cilindro con una pinta cónica (muy similar a una torre irlandesa), y que se conoce coloquialmente como “el lapicero”. Además, cada año en Largs se celebra un festival vikingo, que tradicionalmente era una exaltación de la defensa escocesa de su soberanía, pero que se ha convertido ahora en una celebración de la amistad entre las dos naciones contendientes, por lo que los dignatarios noruegos suelen hacer apariciones regulares en el evento. Este festival incluye un desfile, un mercado de comida y armas, así como una reconstrucción de la llegada de los noruegos a la costa.

331 a.C. – Batalla de Gaugamela


Esta batalla tuvo lugar el 1 de octubre de 331 a. C. en Gaugamela, en la ribera del río Bumodos, tributario del Gran Zab. Dicho lugar se encuentra a unos 27 km al noreste de Mosul y a 52 de Arbela. En la batalla se enfrentaron el ejército persa a las órdenes de su rey Darío III y el ejército macedonio bajo el mando de Alejandro Magno. Darío eligió esa localidad porque era una amplia llanura que favorecía a sus numerosas fuerzas montadas. Esta batalla marcó el final del Imperio Persa y es considerada una obra maestra en la táctica militar y la mayor victoria de Alejandro.

Antecedentes históricos

Macedonia era un país “bárbaro” helenizado, de organización social feudal y que poseía un espíritu guerrero. Era un reino hereditario con nobleza y una Asamblea del ejército. En el año 359 a. C. estaba gobernado por Filipo II, quien en el 358 a. C. había logrado la unificación de Macedonia y cuyo objetivo era proporcionarle a su reino una salida al mar. Poseía una excelente organización militar basada en una falange compuesta por infantes – pastores y campesinos – y una caballería integrada por nobles. Para combatir adoptaban la “línea oblicua”. No conquistaban ciudades mediante prolongados sitios, sino que empleaban máquinas de origen asirio. Obtenían sus recursos financieros de la explotación de las minas de oro de Pangeo, al este de Estrimón.

En el año 356 a. C., Macedonia inició una guerra santa (Tercera Guerra Sagrada) contra los focidios acusándolos de haber profanado el santuario de Delfos.

En el año 352 a. C. conquistaron Tesalia y en 343 a. C. la Tracia.

En el año 338 a. C. obtuvieron la victoria en la batalla de Queronea contra los griegos, victoria que fue decidida por la acción de la caballería al mando del joven Alejandro, hijo de Filipo II.

En el año 337 a. C. se formó la Liga de Corinto bajo la hegemonía de Macedonia. La integraban todas las ciudades griegas excepto Esparta. El objetivo de la Liga era apoderarse de Persia y liberar las ciudades griegas en Asia. En la Asamblea constituyente se acordó que la sede sería Corinto, se designó como jefe vitalicio al rey de Macedonia y se acordó emprender la guerra contra Persia.

En el año 336 a. C., Filipo II murió asesinado, siendo sucedido en el trono por su hijo Alejandro de 20 años de edad.

En el año 335 a. C., Alejandró sofocó la rebelión de Tebas, Atenas y el Peloponeso. En castigo destruyó Tebas y sus habitantes fueron sometidos a la esclavitud.

En el año 334 a. C. comenzó la campaña contra Persia, campaña que para los griegos era de venganza y para Macedonia de conquista. El ejército estaba compuesto por 30.000 infantes y 5.000 jinetes.

En mayo de 334 a. C., Alejandro cruzó el Helesponto y obtuvo la victoria en la batalla de Gránico.

En noviembre de 333 a. C., Alejandro venció en la batalla de Issos contra las tropas persas mandadas por Darío III.

En el año 332 a. C., Alejandro sometió a Siria conquistando Tiro y luego entró en Egipto, donde fundó la ciudad de Alejandría.

Movimientos previos a la batalla

En la primavera de 331 a. C., Alejandro dejó Egipto regresando a Tiro donde estaba su flota. De allí se dirigió a Antioquía, cruzando el valle del río Orontes, y llegó al Río Éufrates a la altura de Tapsaco, donde fundó la ciudad de Niceforio para que fuera una plaza fuerte y depósito de los suministros del ejército. Aquí supo que Darío se encontraba en Arbelas, por lo que cruzó el Tigris y se dirigió hacia el norte bordeando la ribera oriental del río.

Darío había reclutado un nuevo ejército tras su derrota en Issos. Desde Babilonia avanzó hacia el norte, pasó a la orilla izquierda del Tigris y continuó hacia Arbelas, donde estableció su aprovisionamiento y su harén. Luego dirigió el ejército a Gaugamela, lugar que tenía una amplia llanura que favorecería el movimiento de sus numerosas tropas montadas. Incluso procedió a nivelar el terreno y eliminar los obstáculos, convirtiendo Gaugamela en un inmenso campo de maniobras apto para que se desplazaran sus carros provistos con guadañas en las ruedas.

El ejército persa

Como ocurre frecuentemente con el tamaño de los ejércitos que combatieron en la época antigua, los historiadores modernos dudan de las cifras dadas por los historiadores antiguos.

Según Arriano, el ejército persa estaba compuesto por 40.000 jinetes, 1.000.000 de infantes, 200 carros armados con guadañas y unos cuantos elefantes de guerra.

Juniano Justino comenta que eran 400.000 los infantes y 100.000 los jinetes; Quinto Curcio Rufo refiere que constaba de 45.000 caballos y 200.000 hombres; Diodoro Sículo y Plutarco, que eran 1.000.000 de hombres en total.

Los historiadores modernos han estimado que el ejército persa estaba compuesto por unos 250.000 combatientes. Aunque siguiendo datos modernos se puede estimar que de esos 250.000 combatientes, tan sólo 92.000 eran soldados propiamente dichos. Entre los soldados profesionales el ejército persa contaba con 5.200 mercenarios griegos y 10.000 infantes pesados, en la época denominados Inmortales. Además, unos 20.000 caballeros eran considerados propiamente como caballería pesada profesionalizada, el resto de los guerreros se consideran reclutas ocasionales con cierto entrenamiento: arqueros y caballería ligera. Otros 22.000 combatientes fueron campesinos reclutados a toda prisa y prácticamente sin entrenamiento, por lo que su importancia militar fue escasa y ni siquiera llegaron a combatir, puesto que huyeron a la vez que Darío.

Unidades Número Número
Peltastas 10.000 30.000
Caballería 20.000 40.000
Inmortales 10.000 10.000
Hoplitas griegos 8.000 10.000
Caballería de Bactria 1.000 2.000
Arqueros 1.500 1.500
Carros falcados 200 200
Elefantes de guerra 15 15
Total 52.930 92.215

La batalla

Disposición de los ejércitos

Disposición inicial

En la noche del 30 de septiembre, los ejércitos se encontraban apostados en el campo de batalla, preparados para la confrontación. Alejandro se dedicó a efectuar un reconocimiento del terreno y a planificar la batalla, y sabiendo que Darío era el que tenía que defender la posición, ordenó a sus tropas descansar, mientras que Darío, nervioso por temor a un ataque nocturno, ordenó la posición de guardia para sus soldados.

  • Persas: Formaban una larga línea. Su ala izquierda al mando de Bessos estaba formada por las tropas bactrianas, daeas, persas, escitas y cadusianas. Tenían 100 carros con guadañas.

En el ala derecha, al mando de Maceo, se hallaban las tropas sirias, mesopotamias, medas, partas, sucianas, tibarianas, hircanias, albanias y sacesanias.

En el centro estaba el rey Darío con las tropas persas propiamente dichas, que se distinguían del resto por llevar lanzas con manzanas doradas en la empuñadura, los indios y los carios. Detrás de ellos, en formación cerrada, se encontraban los uxianos, babilonios, las tribus del mar Rojo y los sitacenios. Delante del escuadrón real había 15 elefantes indios y 50 carros con guadañas.

  • Macedonios: El ejército sumaba 7.000 jinetes y 40.000 infantes. La caballería pesada de élite de Alejandro eran los Hetairoi (Compañeros) y estaba formada por la nobleza macedonia, que acompañaba a Alejandro en esta batalla y fueron el factor decisivo en la batalla. El resto de la caballería se dividía en jinetes tesalios (pesados), caballería tracia (ligera) y algunos jinetes griegos.

La infantería de Alejandro se dividía en pesada, la falange y los hipaspistas (cuerpo especializado que cubría los huecos de la poco flexible falange) y la infantería ligera, tracios, agrianos (estos últimos lanzadores de jabalinas que destrozaron a los carros en esta batalla) y hoplitas griegos que intervinieron para cubrir la retaguardia de la falange.

El ejército se dividió en dos partes: El ala derecha estaba bajo el mando directo de Alejandro e integrada por la caballería de los “compañeros” y la caballería ligera de los macedonios. La caballería mercenaria fue dividida en dos grupos: los veteranos en el flanco derecho y el resto se colocó al frente de los arqueros agrianos y macedonios, que se ubicaban al lado de la falange que iba al centro reforzada con otra formación a retaguardia para que, en el caso de que fueran rodeados, pudieran dar media vuelta y enfrentarse al enemigo desde la dirección contraria.

El flanco izquierdo estaba al mando de Parmenio, con los jinetes de Farsalia, los mercenarios griegos y las unidades de caballería tracia.

La novedad de la formación macedonia fue la colocación de una reserva tras la primera línea. Consistía en dos columnas volantes, una detrás de cada ala. Estaban colocadas formando ángulo con el frente, a fin de coger de flanco al enemigo si éste intentaba rodear las alas. Si no se daba dicho caso, se replegarían hacia el centro para reforzar el frente.

Alejandro dispuso su ejército de modo que diera frente a todas partes, formaba un gran rectángulo que podía enfrentarse a ataques provenientes desde cualquier lugar. Esta disposición fue la que le hizo obtener la victoria, pues intuyó los movimientos que haría el adversario y se preparó para enfrentarlos y contrarrestarlos.

Inicio del combate

Alejandro se movió oblicuamente hacia el ala izquierda persa en lugar de avanzar directamente hacia ellos, y al continuar avanzando en esa dirección, se colocó más allá del terreno nivelado por los persas. Darío entonces ordenó que su ala izquierda contuviera el movimiento lateral de Alejandro realizando una salida envolvente. Alejandro, a su vez, inició un ataque hacia el centro de las tropas envolventes y dio comienzo a una serie de ataques y contraataques hasta que las formaciones persas quedaron rotas. Darío envió sus carros contra la falange para sembrar el desorden en ella, pero la infantería macedonia, que estaba delante de la caballería para protegerla de los carros, arrojó sus jabalinas, flechas y demás armas arrojadizas y abrió sus filas quedando aisladas las cuadrigas que atravesaron las líneas macedonias. Darío, en un nuevo intento para detener el avance de Alejandro, envió a la caballería persa del sector central, con el resultado de que se abrió una brecha en su línea. Así terminó la primera fase de la batalla.

Ataque decisivo de Alejandro

Movimiento decisivo de Alejandro y ataque final

Alejandro ordenó a su caballería de reserva atacar a las fuerzas que estaban rodeando su ala derecha y él, al frente de sus «Compañeros», en una formación en cuña, galopó hacia la brecha abierta en la línea persa por el avance de su propia caballería. Luego se dirigió contra Darío, quien abandonó el campo aterrorizado ante la embestida de Alejandro. La caballería persa del ala izquierda, que estaba siendo atacada por la reserva macedonia, también emprendió la huida, siendo perseguida por los macedonios, que los masacraron.

El ala izquierda

Debido a la marcha oblicua de Alejandro, el ala izquierda se encontraba retrasada con respecto a la derecha, y a causa del impetuoso avance de Alejandro se había producido una brecha entre ambas alas. La caballería india y persa irrumpió por esta brecha dirigiéndose hacia el tren de bagajes macedónico con el propósito de rescatar a la familia de Darío que estaba presa, pero la madre de Darío se negó a ser liberada. La falange de reserva dio media vuelta y los atacó por la retaguardia matando a gran número. Esta penetración coincidió con un movimiento envolvente de la caballería persa del ala derecha, con lo cual el ala izquierda macedonia quedó rodeada. Parmenio envió un mensaje a Alejandro informándole de su crítica situación. Este cesó inmediatamente la persecución de Darío y se lanzó con sus Hetairoi a socorrer su ala izquierda, derrotando a los persas.

Libre Parmenio, se reanudó la persecución que se prolongó hasta la noche, iniciando una marcha forzada sobre Arbelas, pero Darío logró escapar.

Consecuencias

Es imposible calcular las bajas de esta batalla. Los historiadores antiguos van desde 300.000 persas muertos y solamente 100 macedonios y 1.000 caballos, hasta otros más modernos que las estiman en 40.000 muertos persas y 5.000 macedonios.

Alejandro se dirigió desde Arbelas a Babilonia, donde ordenó reconstruir el templo de Marduk. Luego tomó Susa, donde se apoderó de 120.000 talentos, y más tarde conquistó Persépolis, donde en un acto ritual de venganza quemó el palacio de Jerjes.

En el invierno del año 330 a. C. partió de Persépolis a Ecbatana, donde se apoderó de 180.000 talentos, pero Darío lo eludió nuevamente. Por fin, tras recorrer 585 km en once días, logró alcanzar a la comitiva de Darío para enterarse que éste había sido asesinado por Besso. Con la muerte de Darío se cumplió el objetivo político de Alejandro: imponer su voluntad en el Imperio y establecer su dominio sobre las satrapías del este.

La batalla en la ficción

La batalla aparece representada bastante fiel a la realidad en la película de Oliver Stone llamada Alexander , esta es la mejor representación de la batalla hasta el momento.

Batalla de Gaugamela
Fecha 1 de octubre del 331 a. C.
Lugar Tel Gomel (Gaugamela), cerca del actual Mosul en Irak.
Coordenadas 36°22′N 43°15′ E
Casus belli Invasión macedonia al Imperio Persa
Conflicto Campañas de Alejandro Magno.
Resultado Victoria decisiva de Macedonia.
Cambios territoriales Babilonia; Susa; Persépolis y Ecbatana caen en manos de Alejandro sin oponer resistencia. El Imperio Persa es destruido.
Beligerantes
Reino de Macedonia
y aliados griegos
Imperio persa
Comandantes
Alejandro Magno Darío III
Fuerzas en combate
Total: 47.000
31.000 falangistas
9.000 peltastas
7.000 jinetes
Total: 250.000
200.000 infantes
40.000 jinetes
10.000 Guardias reales
(estimación moderna)
Bajas
500 muertos y 3.000 heridos 50.000 muertos

Origen del Ferrocarril


En el siglo XVIII, los trabajadores de diversas zonas mineras de Europa descubrieron que las vagonetas cargadas se desplazaban con más facilidad si las ruedas giraban guiadas por un carril hecho con planchas de metal, ya que de esa forma se reducía el rozamiento. Los carriles para las vagonetas sólo servían para trasladar los productos hasta la vía fluvial más cercana, que por entonces era la principal forma de transporte de grandes volúmenes.

La Revolución Industrial, en la Europa de principios del siglo XIX, exigió formas más eficaces de llevar las materias primas hasta las nuevas fábricas y trasladar desde éstas los productos terminados.

Los dos principios mecánicos, guiado de ruedas y uso de fuerza motriz, fueron combinados por primera vez por el ingeniero de minas inglés Richard Trevithick, quien el 24 de febrero de 1804 logró adaptar la máquina de vapor, que se utilizaba desde principios del siglo XVIII para bombear agua, para que tirara de una locomotora que hizo circular a una velocidad de 8 km/h arrastrando cinco vagones, cargados con 10 toneladas de acero y 70 hombres, sobre una vía de 15 km de la fundición de Pen-y-Darren, en el sur de Gales.

Transcurrieron dos décadas durante las cuales se desarrollaron los raíles de hierro fundido que soportaban el peso de una locomotora de vapor. La potencia necesaria para arrastrar trenes, en lugar de uno o dos vagones, se aseguró colocando una locomotora de vapor sobre dos o más ejes con las ruedas unidas mediante bielas.


Inaguración del tren Stockton – Darlington el 27 de Septiembre de 1825

Tren Liverpool–Manchester

La primera vía férrea pública del mundo, la línea Stockton–Darlington, en el noreste de Inglaterra, dirigida por George Stephenson, se inauguró en 1825. Durante algunos años esta vía sólo transportó carga; en ocasiones también utilizaba caballos como fuerza motora. La primera vía férrea pública para el transporte de pasajeros y de carga que funcionaba exclusivamente con locomotoras de vapor fue la de Liverpool–Manchester, inaugurada en 1830. También fue dirigida por George Stephenson, en esta ocasión con ayuda de su hijo Robert Stephenson.

El éxito comercial, económico y técnico de la línea Liverpool–Manchester transformó el concepto de vías férreas, y no sólo en Gran Bretaña. Algo que antes se veía como medio para cubrir recorridos cortos, beneficioso sobre todo para la minería, se consideraba ahora capaz de revolucionar el transporte de largo recorrido, tanto de pasajeros como de mercancías.

Desde mediados de la década de 1830 se desarrolló con rapidez en Gran Bretaña y en la Europa continental la construcción de vías férreas entre ciudades. Los ferrocarriles ingleses fueron construidos por empresas privadas, con una mínima intervención del gobierno, pero en Europa continental casi siempre la construcción estuvo controlada, y en ocasiones fue realizada, por los gobiernos nacionales o estatales. . La participación del gobierno estaba orientada a impedir la duplicación innecesaria de la competencia en las rutas más lucrativas —como ocurrió en Gran Bretaña— y a garantizar que los ferrocarriles se expandieran de la mejor forma para el desarrollo social y económico del estado o del país del que se tratara. También eran importantes las consideraciones técnicas, económicas e incluso militares.

La intervención estatal se consideró primordial a la hora de elegir y unificar el ancho de vía, que es el parámetro que mejor define una vía ferroviaria, la mínima distancia entre las caras interiores de los carriles, ya que limita los tipos de material móvil que lo pueden utilizar y condiciona las conexiones posibles con otros ferrocarriles.

Los constructores de Europa y de Norteamérica adoptaron en general el ancho de 1.435 mm del proyecto de George Stephenson, que se basó en los tendidos de vía para vagonetas de mina desde su lugar de origen; empíricamente se había demostrado que era la dimensión más adecuada para el arrastre por medios humanos o con caballerías. La normalización internacional de este ancho no se produjo hasta la Conferencia de Berna de 1887.

Diferentes ancho de vía usados en el mundo

Pero España optó deliberadamente por el ancho de 1.668 mm . Se ha especulado que esta adopción de ancho obedecía a una forma de protección contra la invasión francesa pese a estar ya en la segunda mitad del siglo XIX. Argumentos más técnicos apuntan a que, siendo España un país de orografía accidentada, las fuertes pendientes de los trazados exigirían que las locomotoras, para aumentar su potencia, tuviesen un cajón de fuego más amplio que el resto de las europeas, lo que obligaría a ensanchar el conjunto mecánico y por ende la vía.

Portugal adoptó el ancho español. Otros países tampoco siguieron estos modelos; la normalización rusa a 1.520 mm se debió a que el zar eligió a un estadounidense defensor de la vía ancha para que dirigiera el primer ferrocarril del país, y Finlandia adoptó el mismo ancho. En la actualidad, el tráfico ferroviario internacional entre países con diferentes anchos de vía se resuelve con vagones provistos de ejes de ancho variable que en las estaciones fronterizas, al cruzar un tramo de transición, automáticamente adoptan el nuevo ancho; no obstante también se mantienen los clásicos transbordos de tren en estas estaciones. En Estados Unidos, la vía ancha se adoptó en muchas líneas, sobre todo en el sur, y la normalización a 1.435 mm no se aplicó en el ámbito nacional hasta después de la Guerra Civil estadounidense (1861-1865).

La construcción de vías férreas se expandió a tal ritmo en la década de 1840 que al terminar la misma se habían construido 10.715 km de vía en Gran Bretaña, 6.080 km en los estados alemanes y 3.174 km en Francia. En el resto de Europa Central y del Este, excepto en Escandinavia y los Balcanes, se había puesto en marcha la construcción del ferrocarril. Los viajes en tren pronto se hicieron populares, pero hasta la segunda mitad del siglo XIX la rápida expansión de los ferrocarriles europeos estuvo guiada sobre todo por la necesidad de la naciente industria de transportar productos y la capacidad del ferrocarril para hacerlo a un precio que garantizaba buenos beneficios a los inversores. En 1914 ya existía casi, excepto en Escandinavia, la red de vías férreas que hoy tiene Europa, una vez terminados los túneles de la gran vía transalpina: el Mont Cenis (o Fréjus) entre Francia e Italia en 1871, el San Gotardo en Suiza en 1882, el Arlberg en Austria en 1883 y en Suiza también el Simplon en 1906 y el Lotschberg en 1913.

En Estados Unidos el desarrollo del ferrocarril se vio espoleado por el deseo de llegar al interior del país desde las ciudades de la costa este, fundadas por los primeros colonos británicos. Tras la inauguración en 1830, en Charleston (Carolina del Sur) del primer ferrocarril de vapor para pasajeros, la construcción de vías férreas pronto avanzó hacia el oeste desde todos los rincones de la costa este. Al cabo de pocos años, los ferrocarriles habían convencido a los comerciantes de su superioridad sobre los canales, no sólo por velocidad y por ser más directos, sino porque funcionaban con cualquier clima, mientras que las vías de agua podían congelarse en invierno y descender a niveles no aptos para la navegación durante el verano. En 1850 el continente tenía ya 14.500 km de vías férreas. En la década siguiente un número cada vez mayor de empresas privadas construyó más vías férreas que en el resto del mundo, con lo que el total de Estados Unidos pasó a más de 48.300 km; Chicago, en el Medio Oeste, convertido de pequeña población en gran ciudad, fue la plataforma de una rápida expansión hacia el sur y el oeste.

La idea de enlazar el este de Estados Unidos con la costa del Pacífico, se vio fomentada por los pioneros establecidos en la costa oeste, que decidieron a su vez iniciar la construcción del ferrocarril hacia el este, convirtiéndose la empresa de ambos tendidos en una carrera por conseguir el mayor número de kilómetros hasta el punto de encuentro; esto convirtió la construcción del ferrocarril en una gesta más que en una obra de ingeniería. Diez mil obreros de la Union Pacific salieron en diciembre de 1865 de Omaha al encuentro de los doce mil de la Central Pacific que partieron en enero de 1863 de Sacramento. El encuentro tuvo lugar el 10 de mayo de 1869 en Promontory Point con el último remache de oro que el presidente Grant clavó con esta oración: “Ojalá siga Dios manteniendo unido a nuestro país como este ferrocarril une los dos grandes océanos del globo”. Con ello quedó establecido el primer ferrocarril transcontinental, que dio paso a otras líneas, como la primera canadiense, Transcontinental Canadiense, Montreal–Vancouver de 1886, y posteriormente el transeuropeo Orient Express (3.186 km) y el Transiberiano (actualmente 9.297 km).

Los continuos avances relativos a tamaño, potencia y velocidad de la locomotora de vapor durante los primeros cien años de historia del ferrocarril ofrecieron los resultados más impresionantes en Norteamérica. En la década de 1920, la necesidad de que algunas vías férreas de Estados Unidos soportaran de 4.000 a 5.000 toneladas recorriendo largas pendientes en zonas montañosas impulsó el desarrollo de la locomotora de vapor con chasis articulado, en la que una sola caldera de gran tamaño alimentaba a dos motores independientes que se articulaban entre sí, de modo que podía inscribirse en las curvas sin grandes problemas. Los últimos ejemplos de estas locomotoras, con sus grandes ténderes de numerosas ruedas para aumentar la reserva de carbón y el agua, pesaban más de 500 toneladas y generaban de 7.000 a 8.000 caballos de vapor. La más grande de las construidas en Estados Unidos y del mundo fue la Big Boy de 1941, de Union Pacific Railroad. Tenía una disposición de ejes 2-4-4-2, de forma que cada motor independiente actuaba sobre un grupo tractor de dos ejes (cuatro ruedas) y un bogie. Pesaba en orden de marcha 345 toneladas sin el ténder. A finales de la década de 1930, en las líneas principales más o menos llanas del Este y el Medio Oeste había locomotoras aerodinámicas de ruedas grandes que llevaban trenes de pasajeros entre las ciudades a una velocidad media de hasta 145 kilómetros por hora.

La velocidad máxima con locomotora de vapor se registró en Europa, y la alcanzaron las locomotoras aerodinámicas de Gran Bretaña y Alemania, construidas para servicios de largo recorrido y que lograron una velocidad media de 115 km/h o algo más entre dos paradas. En una prueba realizada en 1936, una locomotora German de Clase 05 con disposición de ejes 2-3-2 alcanzó los 200,4 km/h. La última marca de velocidad con vapor fueron los 203 km/h de la locomotora Mallard de Clase A y ejes 2-3-1, de la empresa británica London and North-Eastern Railway, en una prueba realizada en julio de 1938.

El último eslabón que marca el máximo desarrollo de una máquina de vapor se dio en la década de 1950, coincidiendo con el cenit de la tracción a vapor en España, uno de los países que más se benefició de su uso. Se trata de la locomotora Confederación, una máquina de dimensiones excepcionales para Europa, comparable con las gigantescas locomotoras norteamericanas, que con un solo motor desarrollaba 4.226 caballos de potencia, muy superior a las diesel de mediados de la década de 1950 que ofrecían entre 1.600 y 1.800, superior incluso a eléctricas muy modernas de 3.000 caballos. A la Confederación le cupo el honor de ser la locomotora más rápida de España (150 km/h). Pesaban en orden de carga 400 t, con ruedas de tracción de 1,92 cm de diámetro y una disposición de ejes 2-4-2; fueron construidas en Escocia, aunque los últimos modelos ya se hicieron en Barcelona. Circularon por las fuertes pendientes entre Ávila y Miranda de Ebro, remolcando trenes de 700 a 800 toneladas. La Confederada, como popularmente se la llamaba, fue retirada de servicio en la década de 1970, y fue el gigante de una generación que se acabó, dando paso a nuevas tecnologías que desde años atrás venían abriéndose paso y compitiendo con el vapor tradicional.

En paralelo con el desarrollo de la potencia y la velocidad de las locomotoras, los fabricantes entendieron que a los viajeros había que darles una cierta comodidad, máxime en viajes largos en los que deben pasar mucho tiempo dentro de los departamentos de los vagones.

El desarrollo de los modernos trenes de pasajeros para largo recorrido empezó en la década de 1860, cuando George Pullman convenció a las empresas de ferrocarril de Estados Unidos para que le permitieran añadir a los trenes sus propios coches-cama, y luego también coches-restaurante y coches-salón. Estos vagones, en los que se cobraba un recargo, marcaron cotas de comodidad desconocidas hasta entonces en los trenes. La iniciativa de Pullman fue copiada en Europa por un belga, Georges Nagelmackers, que fundó en 1876 la International Sleeping Car Company. En consecuencia, al terminar el siglo, el mobiliario, el servicio y la cocina de los trenes de largo recorrido estadounidenses y de algunos trenes internacionales europeos (como el Orient Express) justificaron su renombre de “hoteles sobre ruedas”. Al terminar el siglo, y gracias al entusiasmo por los viajes, los trenes normales mejoraron de modo muy notable.

El Ferrocarril en España y Latinoamérica

La primera línea ferroviaria de España data de 1848; el proyecto fue promovido por Miguel Biada Bunyol, un catalán residente en Inglaterra que regresó a su tierra natal para poner en marcha junto con José María Roca la línea Barcelona–Mataró, inaugurada el 28 de octubre de ese año. Un año después, la reina Isabel II inauguraba la línea Madrid–Aranjuez, promoción de José de Salamanca, marqués de Salamanca, tramo que suponía los primeros 45 km de la concesión de la línea Madrid–Alicante.

No obstante, aunque la fecha citada figura en los anales del ferrocarril en España, conviene añadir, que ya en Cuba, a la sazón provincia española de ultramar hasta 1898, funcionó la línea ferroviaria La Habana–Güines, que con una longitud de 16 leguas (unos 90 km) fue inaugurada el 10 de noviembre de 1837, por lo que resulta ser así la primera línea ferroviaria española. Se entiende este momento de progreso que vivía Cuba, dada la proximidad de Estados Unidos y sobre todo por el apoyo que recibió esta iniciativa por parte de sociedades cívicas como la de Amigos del País y otros círculos industriales y mercantiles. La línea estaba destinada al transporte de frutas y tabacos desde los campos del sur hasta la capital.

El ferrocarril siguió extendiéndose en España de forma que en menos de dos décadas estaban concedidas, y varias en explotación, la mayoría de las líneas fundamentales de la red española.

En la América hispana, hecha la salvedad del caso cubano, el primer ferrocarril se inauguró el 15 de septiembre de 1850 en México. Se trataba de un tramo de menos de 20 km que unía el puerto de Veracruz con la vecina población de San Juan. Más tarde, en 1873, se completó la línea que unía el famoso puerto con la capital del país. Las inversiones importantes para el desarrollo de las redes ferroviarias en América Latina se realizaron a través de concesiones que otorgaban los gobiernos en especial a empresarios británicos y estadounidenses, como ocurrió en Argentina. En 1857 se inauguró el primer ferrocarril de ese país con el propósito de enlazar los centros de producción ganadera y minera con el puerto desde donde se exportaba la materia prima a Europa y Estados Unidos.

En términos generales, el inconveniente de los ferrocarriles en América Latina hasta las primeras décadas del siglo XX fue que se desarrollaron en función del comercio con el exterior, más que como una vía interna de comunicación. No obstante, la Revolución Mexicana de 1910 puso de manifiesto la capacidad de este medio de transporte para llevar y traer no sólo ejércitos, armas y pertrechos, sino también ideas que pretendían instaurar la modernidad. Se ha dicho que la Revolución Mexicana no hubiera sido posible si no hubiera existido el ferrocarril.

OCASO DEL VAPOR. NUEVAS ENERGÍAS

Un inconveniente de la locomotora de vapor es la interrupción de servicio por las paradas técnicas que impone su frecuente mantenimiento. Por esta causa y por la fuerte competencia del transporte por carretera surgida en la segunda mitad del siglo XX, el transporte por ferrocarril tuvo que reajustar sus costes, operación que se vio favorecida con la utilización de nuevas energías como alternativa al vapor.

Así empieza la era de las locomotoras equipadas con motor diesel (véase Motor de combustión interna), que precisan menor tiempo de mantenimiento, y sobre todo las de tracción eléctrica, que pueden funcionar sin descanso durante días. Con estas técnicas la explotación de una línea llega al máximo rendimiento, al hacer los trenes mayor número de viajes con tiempo mínimo de entretenimiento, lo que equivale a mantener las líneas con una máxima ocupación. Con este principio económico, empezó la decadencia del vapor en favor del desarrollo del diesel y de la electrificación de las líneas.

UN FERROCARRIL PARA EL TERCER MILENIO

Toda la experiencia acumulada durante la electrificación de las redes francesa y japonesa de la posguerra ha desembocado en los trenes de fin de siglo en los que domina la idea de gran comodidad y alta velocidad, tratando de competir en largo recorrido no ya con el automóvil sino con el avión.

En Europa occidental los núcleos urbanos con alta población están relativamente cercanos; por ello, para utilizar su interconexión ferroviaria se ha tendido a la modernización de las vías y en consecuencia a su señalización junto a la nueva tecnología de tracción, con lo que las velocidades entre 160 y 200 km/h son habituales. Los trenes de largo recorrido han logrado mantener un tráfico frecuente y regular, a lo que hay que añadir importantes mejoras en la comodidad: los avances en la suspensión y la supresión de las uniones de las vías gracias a la técnica de la soldadura continua de los carriles hacen que los trenes de pasajeros se deslicen con gran suavidad, y los vagones suelen estar dotados de aislamiento acústico, aire acondicionado y servicios de telefonía y audiovisuales, además de los clásicos de restauración, ducha personal y la posibilidad de transporte en el propio tren del automóvil del viajero. La viabilidad del servicio de pasajeros para viajes de más de 400 km ha precisado desarrollos tecnológicos que permitan su funcionamiento a velocidades muy superiores.

A partir de la década de 1960, el primer tren bala japonés demostró que las grandes velocidades eran posibles. Los franceses perfeccionaron su TGV (Train à Grande Vitesse, ‘Tren de Alta Velocidad’). La primera vía para TGV, desde el sur de París hasta Lyon, se terminó en 1983 lográndose una velocidad comercial de 270 km/h. En 1994 se habían terminado otras cuatro líneas para TGV, que ampliaban el servicio de trenes de alta velocidad desde París hacia el norte y oeste de Francia y se iniciaron las líneas hacia el sur y la frontera española, que se concluirán, sin duda, a finales de este siglo. Su velocidad ha superado los 300 kilómetros por hora.

Pero la investigación aplicada por parte de la SNCF (Société Nationale des Chemins de fer Français, ‘Sociedad Nacional de Ferrocarriles’), no se detuvo aquí y en pruebas con tren real efectuadas en mayo de 1990, un TGV alcanzó la marca mundial de velocidad sobre raíles con un registro de 515,3 kilómetros por hora.

En España, para el ferrocarril de alta velocidad se adoptó la tecnología TGV (seleccionada entre la alemana, italiana y japonesa) con ancho de vía internacional para su primera línea Madrid–Sevilla, donde se consiguen los 300 km/h; pronto tendrá una segunda línea entre Madrid y Barcelona, que se prolongará hasta la frontera francesa, y una tercera entre Madrid y Valladolid.

Los italianos y los alemanes han desarrollado su propia tecnología para las nuevas líneas de ferrocarril de alta velocidad y largo recorrido que ya han construido y están ampliando. La Unión Europea desea conectar estas nuevas líneas nacionales para poder ofrecer viajes internacionales en tren de alta velocidad sin interrupciones. El primer país no europeo, además de Japón, que ha decidido construir una línea de alta velocidad y largo recorrido para pasajeros es Corea del Sur, que empleará la tecnología TGV francesa en su proyecto de unir la capital Seúl con Pusan en el sureste peninsular.

Una de las deudas que el ferrocarril moderno tiene con la electrónica es su contribución a la tecnología de tracción. Ha permitido lograr la gran potencia que hace falta para que un tren eléctrico desarrolle y mantenga una velocidad de 300 km/h porque, por distintos caminos, la electrónica ha reducido el volumen y el peso de la unidad generadora, además de permitir el desarrollo de las comunicaciones y la seguridad. Mientras que en 1950 una locomotora avanzada de 4.000 caballos de vapor pesaba 88 toneladas, en 1994 había locomotoras suizas de 8.000 caballos de vapor de sólo 80 toneladas. Estas características también permiten en los trenes autopropulsados, en los que algunos o todos los vagones están provistos de motor, colocar todo el equipo de tracción bajo el piso para aumentar el volumen destinado a la comodidad de los viajeros. La señalización y la regulación del tráfico en estas líneas se comprende que es muy diferente a las convencionales. Hoy, gracias a la informática, se puede controlar y localizar a distancia un tren así como realizar conexiones automáticas de trenes, procesando instantáneamente datos sobre velocidad, circulación y otros, y transmitiéndolos. Un centro de control de tráfico cubre una zona amplia; al introducir el código de un tren en la unidad de control de tráfico, se muestra su situación en la línea de modo automático, y las computadoras indican a los controladores la mejor forma de corregir el horario de un tren, en la hipótesis de que alguno esté fuera de su plan de ruta. Gracias a esta tecnología pudo inaugurarse en 1989 la primera línea de pasajeros totalmente automatizada con trenes sin tripulantes: el metro de Lille, al norte de Francia.