Un recorrido por la carrera espacial a través de los sellos


El Mundo

Un recorrido por la carrera espacial a través de los sellos

Durante décadas los sellos de correos han sido un indicador de los personajes y los acontecimientos que pasarían a la historia. Y las hazañas de los astronautas han sido un tema recurrente en la ediciones postales de muchos países, sobre todo de EEUU y la URSS.

El ingeniero de la NASA José Manuel Grandela ha logrado reunir una de las mejores colecciones filatélicas sobre la carrera espacial, una modalidad que se conoce como astrofilatelia. Una parte de su ‘tesoro’, compuesto por unos 5.000 documentos, se exhibe en la exposición ‘La aventura del espacio’ junto a cientos de objetos originales de la NASA y réplicas de las naves espaciales más emblemáticas. La muestra, en la Casa de Campo de Madrid, acaba de ser prorrogada hasta el 22 de julio.

Durante cuarenta años Grandela trabajó como ingeniero controlador de naves espaciales en el centro de control de la NASA en Madrid. Primero, en Fresnedillas y, posteriormente, en Robledo de Chavela.

“Cuando entré a trabajar en la estación tenía 23 años y el 99% de la plantilla era estadounidense. Sólo éramos cinco españoles. Nuestra misión no era sólo aprender ese mundo, que para nosotros era de ciencia-ficción y no se parecía en nada a lo que habíamos aprendido, sino ir reemplazando poco a poco a los estadounidenses”, recuerda Grandela, que en la actualidad tiene 66 años y ya está jubilado. La primera misión de este ingeniero fue la del ‘Apollo 11’, en la que la estación madrileña de Fresnedillas tuvo un papel clave, pues aquí fue donde se recibieron las primeras palabras de Neil Armstrong.

Cartas enviadas desde el espacio

Su trabajo en la NASA le ha permitido tener un acceso privilegiado a los sellos y sobres conmemorativos de las misiones espaciales y hacerse con una magnífica colección que incluye una carta manuscrita enviada desde la Estación Espacial Internacional (ISS) en 2004 y otra misiva que fue mandada desde la estación rusa Mir, ya desaparecida.

La ISS sigue contando con una oficina postal que gestiona las decenas de cartas que reciben los astronautas y las que ellos mismos envían desde la plataforma orbital. El comandante de la misión es también el cartero espacial. Con cada nave viajan entre 100 y 200 cartas.

Su afición a la filatelia comenzó cuando tenía unos 12 años, un hobbie que siguió cultivando en los años siguientes, cuando empezó a fraguarse la carrera espacial. En 1957 la URSS mandó al espacio el primer satélite, poco después a la perra Laika y en 1961, a su primer hombre, Yuri Gagarin. A diferencia de los estadounidenses, que no dedican sellos a ningún personaje vivo, los soviéticos se volcaron en ensalzar sus éxitos espaciales a través de la edición de sellos de correos dedicados a sus héroes, como Valentina Tereshkova, la primera mujer en viajar al espacio.

Los estadounidenses también lanzaron sellos de su carrera espacial aunque, en lugar de estampar la cara de John Glenn, el primer astronauta de la NASA que hizo un vuelo orbital, se lanzó una edición dedicada al Proyecto ‘Mercury’.

El sello de 10 centavos que conmemoró la misión del ‘Apollo 11’ fue diseñado por Paul Calle, que había sido el autor de otras ediciones dedicadas a la carrera espacial. Como era habitual, se imprimían con antelación y su diseño era secreto. Calle dibujó a un astronauta descendiendo del módulo lunar, sacando el pie izquierdo. Para asegurarse de que Neil Armstrong no sacaría primero el derecho, el dibujante solicitó una entrevista de urgencia a la NASA para que pidieran al astronauta que sacara el pie izquierdo.

Menos conocido es el correo por cohete, que se desarrolló a finales de los años 20 y principios de los 30. Durante este periodo algunos países usaron los cohetes para enviar medicinas, cartas y alimentos a zonas de difícil acceso (por ejemplo, debido a inundaciones o grandes nevadas). En la exposición se muestra una de las cartas que viajaron en el primer correo por misil (que fue lanzado desde un submarino el 1950).

Los visitantes podrán descubrir otras anécdotas poco conocidas de la carrera espacial. Por ejemplo, en 1983 un cargamento de 261.900 cartas sustituyó en la bodega del transbordador ‘Challenger’ a los experimentos biológicos que se habían echado a perder al ser pospuesta la misión. El ingeniero conserva uno de los sobres que se imprimieron a toda prisa para viajar en el ‘Challenger’. Es una de sus piezas favoritas.

Los matasellos de las cartas indican las fechas en las que se lanzaron o regresaron las misiones, por lo que según señala Grandela, estos documentos le resultan muy útiles como referencia y para recordar fechas: “Me gusta mucho investigar, sacar a la luz la historia que hay detrás de cada una de estas piezas”, señala.

La edición de sellos relacionados con la carrera espacial fue una buena fuente de ingresos de divisas para algunos países. En España, sin embargo, la carrera espacial pasó bastante inadvertida y los medios de comunicación informaron muy poco de ella. El propio Grandela fue el que solicitó la creación del primer sello relacionado con el espacio. Era de 25 pesetas y fue dedicado a la estación de control de la NASA en Madrid. Grandela hizo las fotos de las antenas que se utilizaron para el diseño: “Para mi fue una gran satisfacción”, asegura.