El parte meteorológico que cambió la Segunda Guerra Mundial (y la historia)


el confidencial

Imagen en primera persona del desembarco de Normandía. (Robert F. Sargent)

El general Eisenhower y sus consejeros pasaron mucho tiempo pensando cuál era el día perfecto para invadir la costa de Normandía y liberar a Francia de las garras de Hitler. Las variables a tener en cuenta para realizar el desembarco en las mejores condiciones eran muy numerosas, y no sólo en lo que respecta a los planes de los alemanes, también en lo relativo al tiempo. Su intención era programar los aterrizajes poco antes del amanecer, a medio camino entre la marea baja y la alta, pero con esta subiendo, y en un día de luna llena.

Tras numerosas discusiones encontraron el día perfecto. A las cuatro de la madrugada del 5 junio de 1944 todo estaba preparado para ejecutar la Operación Overlord, que supondría la estocada definitiva al Tercer Reich: unos 150.000 hombres con 30.000 vehículos –en su mayoría de los ejércitos británico y estadounidense– esperaban la orden para cruzar el Canal de la Mancha y lanzarse sobre las tropas nazis.

Pero el desembarco de Normandía (del que se cumplen hoy 70 años) tuvo que esperar un día más. Harold Checketts, un experto meteorólogo de la Armada británica, que trabajaba bajo las órdenes del capitán James Martin Stagg, meteorólogo jefe de la Royal Air Force, dio la voz de alarma: el viento era demasiado fuerte y las nubes estaban demasiado bajas para asegurar el éxito de la invasión. Pero su parte era esperanzador: en 24 horas, la situación iba a calmarse.

Una decisión muy compleja

Eisenhower se planteó retrasar la invasión dos semanas, entre el 18 y 20 de junio, cuando volvía a cumplirse la combinación de mareas necesarias (aunque sin luna llena). Pero al final se fió de los meteorólogos británicos y retrasó la invasión al día siguiente, una decisión que salvó al ejército aliado, pues entre el 19 y 22 de junio estalló una tormenta imposible de prever que habría dado al traste con sus planeas.

“Todos nos dimos cuenta de que el tiempo y el estado de la mar en las playas podía ser un asunto de vida y muerte para las tropas que se acercaran al territorio enemigo”, explicó Checketts en sus memorias. “Nuestro objetivo era reducir los riesgos en la medida de lo posible”. Y lo lograron. Aunque cuando cayó la noche el seis de junio habían muerto 9.000 soldados aliados, más de 100.000 lograron llegar a tierra y tomar las aldeas costeras francesas.

Numerosos comandantes de la Whermacht habían dejado sus puestos en Normandía para participar en unos juegos de guerra en Rennes, pensando que, con tal mal tiempo, nadie iba a acercarse a la costa

Acertar con el parte meteorológico no fue tarea fácil. En aquella época no había satélites, no había LIDAR (una tecnología que permite determinar la distancia desde un emisor láser a un objeto o superficie), y los radares estaban en pañales. La meteorología misma apenas había comenzado su recorrido como ciencia.

Pero además, Stagg y Checketts tuvieron que lidiar con otro problema. El meteorólogo jefe de la American Air Force, Irving P. Krick, insistió hasta el final en que el tiempo de la madrugada del 5 de junio era perfecto para la invasión y no merecía la pena retrasarla. Pero, por suerte, no convenció a Eisenhower.  Como explica John Ross en su libro The Forecast of D-Day, “esa era la noche en la que Ike, basándose en el parte del equipo de Stagg, decidió retrasar la invasión. Si hubiera dado por bueno el consejo de Krick, la invasión se habría realizado con la mar revuelta, muchísimo viento y espesas nubes. Estoy seguro de que habría sido un fracaso”

La torpeza de los meteorólogos nazis también jugó a favor de los aliados. Dado que los alemanes no contaban con estaciones meteorológicas en el Atlántico, no pudieron prever que la madrugada del 6 de junio los vientos iban a calmarse. Los hombres del tiempo de la Luftwaffe, que tenían su cuartel en París, habían predecido otras dos semanas más de tiempo tormentoso, por lo que no esperaban ningún tipo de invasión esos días. De hecho, numerosos comandantes de la Wehrmacht habían dejado sus puestos en Normandía para participar en unos juegos de guerra en Rennes, pensando que, con tal mal tiempo, nadie iba a acercarse a la costa. Se equivocaron de lleno.

Harold Checketts y Jean Farren, la pareja de meteorólogos que logró acertar con el parte.Harold Checketts y Jean Farren, la pareja de meteorólogos que logró acertar con el parte.

“Fue un trabajo razonablemente bien hecho”

Uno de los hombres del tiempo que lograron que el desembarco de Normandía se realizara con éxito, Harold Checketts, tiene hoy 94 años y vive en una residencia de ancianos en Disley (Reino Unido), según ha podido saber The Guardian. Y se acuerda perfectamente del día de la invasión.

Sólo unas horas antes de que las tropas aliadas desembarcaran en las costas francesas, en la noche del 5 de junio, Checketts acudió con su mujer, Jean Farren –también meteoróloga–, a una fiesta de cumpleaños. Los invitados no estaban especialmente alegres, pues sabían que la invasión del territorio francés era inminente y había demasiado nerviosismo en el ambiente. Pero sólo Checketts y su mujer conocían que la operación se iba a llevar a cabo esa misma madrugada.

“Sabíamos exactamente lo que estábamos haciendo y éramos conscientes de lo que significaba”, ha reconocido Checketts a The Guardian, 70 años después. “Estoy muy orgulloso de haber estado en el centro de la operación”. Pero no se considera un héroe. “Fue un trabajo razonablemente bien hecho”, explica. “Esto es todo”.

La curiosa historia del barco militar que fabricaba helados durante la II Guerra Mundial


ABC.es

  • El reparto de miles de litros de helado ayudó a elevar la moral de las tropas estadounidenses que luchaban contra Japón
La curiosa historia del barco militar que fabricaba helados durante la II Guerra Mundial

abc | La curiosa historia del barco militar que fabricaba helados durante la II Guerra Mundial

 

 

En momentos de depresión o baja autoestima, alimentos como el chocolate o los helados son un recurso habitual para tratar de elevar la moral de quien sufre esa apatía. En periodos de conflictos bélicos, donde casi cualquier solución es válida para mantener contentos a los soldados, esta perla de la sabiduría popular no podía ser ignorada por los mandos militares.

De hecho, tal y como podemos leer en el blog «La Aldea Irreductible», el poder reconstituyente del helado fue tomado tan en serio que, en plena Segunda Guerra Mundial, la marina de Estados Unidos construyó un buque, el «Ice Cream Barge», encargado de fabricar y distribuir miles de toneladas de este producto entre los barcos y bases que tenía desplegados en el Pacífico Sur.

Todo comenzó, cuando la cúpula militar buscaba soluciones para los principales problemas que el clima caluroso de la zona y la baja moral causaba entre las tropas. El consumo de helados, habitualmente prescrito por los médicos a los soldados para recuperarse de la fatiga, era una respuesta ideal, ya que atacaba ambos problemas a la vez.

Así, a partir de 1943, se distribuyeron más de 61.000 toneladas de helado deshidratado entre todas las bases militares del Pacífico Sur. Con un poco de agua y siguiendo las instrucciones que indicaba la lata del producto para diluir el polvo, cualquier soldado podía obtener su propio helado de vainilla.

Sin embargo, el secretario de la Marina de los Estados Unidos, James Forrestal, estaba convencido del enorme beneficio de incluir este alimento en la dieta de los soldados. Por ello, decidió dar máxima prioridad a su distribución y, en 1945, se las ingenió para convencer a la Comisión Nacional de Presupuestos para que apoyaran su plan.

Con el millón de dólares que obtuvo, Forrest ordenó construir el barco más insospechado de la Segunda Guerra Mundial: uno destinado única y exclusivamente a la fabricación de helados. Conocido como «Ice Cream Barge», era una barcaza remolcada capaz de producir alrededor de 300 litros de helado cada hora que distribuía por todas las bases del Pacífico Sur.

El «Ice Cream Barge», además de ser la primera heladería flotante y ambulante del mundo, sin duda hizo las delicias de muchos de los soldados, a la vez que les sirvió de cierto apoyo moral mientras combatían en unos campos de batalla muy alejados de su hogar. Un curioso uso de los helados, quizá solo superado por el de los caramelos de chocolate que salvaron la vida de un batallón de marines en la Guerra de Corea.

El día que naufragó J.F.Kennedy


ABC.es

  • Se cumplen 70 años del hundimiento de la lancha torpedera que comandaba Kennedy en el Océano Pacífico durante la II Guerra Mundial

El día que naufragó J.F.Kennedy

abc | El teniendo John F. Kennedy, de pie a la derecha. con miembros de la tripulación del PT-109 en 1943

En las primeras horas del 2 de agosto un grupo de lanchas torpederas norteamericanas intentaron emboscar a un grupo de destructores japoneses que llegaban para prestar refuerzo en las Islas Salomón. Así detalla la web II World War Today uno de los episodios más publicitados de la Segunda Guerra Mundial, donde John F. Kennedy fue condecorado con la Medalla de la Armada y del Cuerpo de Marines gracias a su comportamiento durante el suceso.

En plena oscuridad y durante una operación que ponía en riesgo a ambos bandos, fue el PT 109 (Patrol Boat) quien salió peor parado en el choque con el destructor japonés Amagiri. La lancha quedó partida por la mitad y dos hombres de la tripulación murieron en el acto, pero los supervivientes lograron nadar hasta la isla más cercana, quedando sin provisiones y sin ningún medio de comunicación con la base. El comandante del PT 109, John F. Kennedy, decidió nadar hacia el Ferguson Passage en un intento de interceptar lanchas procedentes de las zonas de patrullaje. Nadó hasta una pequeña isla al sureste, pero no llegó a ver ninguna, por lo que comenzó su regreso en la misma ruta que había utilizado anteriormente.

Mientras nadaba de vuelta a la isla donde estaban el resto de supervivientes, fue atrapado en una corriente que le arrastró dos kilómetros llevándole de nuevo a mediados del Ferguson Passage, deteniéndose a dormir en una pequeña isla al sureste donde tuvo que iniciar su viaje de regreso otra vez, pese a que estaba completamente agotado y febril.

Al día siguiente, el Alférez Ross decidió repetir la búsqueda de PT emprendiendo la misma ruta que Kennedy había tomado el día anterior, con resultado idénticos, salvo que al volver, se detuvo sabiamente en mismo islote que usó Kennedy para dormir.

Como el suministro de coco del que se servían se estaba agotando y con el fin de estar más cerca de Ferguson Passage, el grupo salió de la Isla de Aves (así llamaron a su islote debido a los numerosos excrementos de pájaro que había) al mediodía del 4 de agosto, y se dirigieron a un pequeño islote al oeste de la Isla de Santa Cruz.

A la mañana siguiente Kennedy y Ross decidieron nadar para cruzar la isla en busca de comida, botes o cualquier otra cosa que puediera ser útil a su partida. Los dos oficiales se internaron entre la maleza y al llegar a la playa encontraron una pequeña caja de galletas con escritos en japones. Justamente, un poco más arriba de la playa, junto a un cobertizo, avistaron una canoa con varios hombres que a todas luces parecían nativos. Pero a pesar de todos los esfuerzos de Kennedy y Ross para atraer su atención, los hombres se alejaron remando rápidamente hacia el noroeste.

Esa noche, Kennedy tomó la canoa y volvió la isla donde estaban refugiados, pero dejó Ross que había decidido ir nadando a la mañana siguiente. Cuando Kennedy llegó a la base se encontró con que los dos nativos que él y Ross había avistado cerca de la isla de Santa Cruz, habían rodeado la isla hasta dar con el resto del grupo, que encabezados por el Alférez Thom les habían convencido para que realizaran todos los servicios posibles para ayudarles.

Al día siguiente, 6 de agosto, todos remaron para cruzar la isla e interceptar a Ross y enviar a los nativos con mensajes al guardacostas. Uno de ellos era una nota escrita a lápiz el día anterior por Alférez Thom, y el otro fue un mensaje escrito en una cáscara de coco verde por Kennedy, informando al guardacostas que él y Ross estaban en la Isla de Santa Cruz.

Escape marítimo

Después de la marcha de los nativos, Ross y Kennedy se mantuvieron en la isla hasta la noche, cuando volvieron a probar suerte con la canoa para interceptar alguna lancha en Ferguson Passage. Remaron lejos y como de costumbre no encontraron nada, pero esta vez quedaron atrapados en una repentina tormenta que finalmente volcó la canoa. Pero volver a nado con un mar traicionero no fue nada fácil. Ross recibió numerosos cortes y contusiones, pero ambos se las arreglaron para hacer tierra donde permanecieron el resto de la noche.

El sábado 7 de agosto ocho indígenas llegaron trayendo un mensaje del guardacostas con instrucciones para el oficial de mayor graduación de ir con los nativos a Wana Wana. Los nativos viajaron con Kennedy y Ross a la isla donde esperaban el resto de los supervivientes, que recibieron de manos de los indígenas alimentos y otros artículos, como una estufa, para hacer que los supervivientes se sintieran cómodos.

Esa tarde, Kennedy viajó oculto bajo los helechos en la canoa nativa y fue llevado a la guardia costera y, finalmente, logró hacer contacto con la lancha torpedera, subiéndose a bordo y dirigiéndola al resto de los supervivientes. El rescate se llevó a cabo sin contratiempos, y se llegó a la base Rendova la madrugada del 8 de agosto, siete días después de la embestida del PT 109 en el Estrecho de Blackett.

Una paloma mensajera pone en jaque a los servicios secretos británicos


El Mundo

El misterioso código hallado en una vivienda de Surrey en 1982.

El misterioso código hallado en una vivienda de Surrey en 1982.

  • El misterioso código hallado en una vivienda de Surrey en 1982.

Los servicios secretos británicos han pedido ayuda a la ciudadanía para descifrar un código atado a los restos de una paloma mensajera de la Segunda Guerra Mundial que, tras semanas de estudio, continúa “indescifrable” para los expertos.

El código fue descubierto en 1982 entre los restos de la chimenea de una casa en Surrey (sur de Inglaterra) por el dueño de la vivienda, que halló un pequeño escrito dentro de un tubo rojo atado a la pata de una paloma muerta, según informa la cadena británica BBC.

En la pieza de papel, bajo el título “servicio de paloma“, había escrito a mano hasta 27 códigos.

Desde el descubrimiento, hace un mes, el servicio de escuchas y decodificación de los servicios secretos en Cheltenham (oeste de Inglaterra), más conocido por sus iniciales en inglés GCHQ, ha estudiado sin éxito estos códigos, por lo que pide ayuda a la población para resolver un rompecabezas que les tiene “perplejos”.

Complejidad

Un historiador de este departamento, Tony, que prefirió no revelar su apellido, dijo a la BBC que todo indica que el mensaje se realizó durante la Segunda Guerra Mundial (1939-45), y ahí radica la complejidad para descifrarlo.

“Ese tipo de códigos creados para ser usados en operaciones fueron diseñados para que sólo pudieran ser entendidos por los emisores y los receptores del contenido”, explicó Tony.

Por este motivo, aseguró, a menos que tengan “una mayor idea de quién mandó el mensaje y a quién estaba dirigido” no averiguarán “qué se esconde tras los números”.

Los expertos barajan -además de esta opción de decodificación entre dos individuos, que haría al mensaje indescifrable- la posibilidad de que su contenido se base en un libro de señas utilizado en la época para una misión en concreto que ahora probablemente esté destruido.

‘Día D’

Entre las teorías sobre su cometido, algunos sugieren que fuera una prueba de mensajería de cara al llamado ‘Día D’, uno de los días claves en la Segunda Guerra Mundial, cuando los aliados desembarcaron en la costa francesa de Normandía.

Durante el conflicto bélico se utilizaron en el Reino Unido hasta 250.000 palomas mensajeras, cada una de ellas con un número de identificación único para cada mensaje que portaban.

Sin embargo, en este documento se han encontrado hasta dos series de números -NURP.40.TW.194 y NURP.37.OK.76- por lo que también se desconoce cuál de ellos corresponde a esta paloma.