Venus transita por las Pléyades en una conjunción espectacular


La Vanguardia

El espectáculo astral puede verse esta semana con prismáticos a la caída del sol

Washington. (EFE).- Venus pasa esta semana por las Pléyades, un grupo de estrellas en forma de racimo, en una conjunción poco común que puede verse con unos pequeños prismáticos a la caída del sol, según informó la NASA.

El encuentro ha comenzado esta noche del 2 de abril, cuando Venus ha entrado en el área del racimo y se puede identificar a través de prismáticos o un pequeño telescopio como el objeto más brillante mirando hacia el oeste.

Las Pléyades, también conocidas como las “Siete Hermanas“, son un cúmulo de estrellas jóvenes que Venus atraviesa aproximadamente cada 8 años.

Son relativamente jóvenes, ya que su formación data tan sólo de 100 millones de años atrás, durante la era de los dinosaurios en la Tierra.
Las estrellas más grandes y brillantes son de color azul-blanco y tienen un tamaño de unas cinco veces mayores que nuestro Sol.

Su distancia, también relativamente corta a unos 400 años luz de distancia, está dentro del límite de visibilidad del ojo humano.

El espectáculo cósmico de Venus y las Pléyades


El Mund0

Ahora que Júpiter ya se ha alejado y es más difícil de identificar en el cielo nocturno, otro espectáculo cósmico invita a mirar a las estrellas. La noche del lunes, Venus atravesará parte de las Pléyades (palomas, en griego), un cúmulo de jóvenes astros que se encuentran a 440 años luz de la Tierra.

El espectáculo, según la Red Española para la Divulgación de la Astronomía, podrá verse a simple vista, pero se disfrutará más con unos prismáticos o un pequeño telescopio, desde el atardecer hasta las 00.45 horas.

La Red Española para la Divulgación de la Astronomía, en un comunicado, explica que este acercamiento entre Venus y las Pléyades (oficialmente se denominan Messier 45), se debe a que el Sistema Solar se formó a partir de un disco protoplanetario y todos los cuerpos quedaron casi en el mismo plano.

Ese plano da la casualidad que atraviesa la constelación de Tauro, que es donde se encuentran las Pléyades, lo que hace posible que cada cierto tiempo sean visitadas por uno de los planetas de nuestro sistema. Lo especial de esta ocasión es que se trate de Venus, que es el más brillante desde la Tierra, y que prácticamente atraviese la nebulosa por el centro. “Es algo que sólo ocurre cada muchos años. La próxima será en abril de 2020“, explica Antonio Pérez Verde, miembro de la Red.

Durante el evento astronómico, Venus se encontrará a 97.56 millones de kilómetros de nuestro planeta. Su tamaño equivaldrá al de una moneda de un euro situada a 184 kilómetros, pero su intenso brillo, que se debe a que su atmosfera refleja gran parte de la luz que recibe del Sol.

Las Pléyades se encuentran bastante más lejos, a 440 años luz de distancia, y su tamaño en el cielo equivale al de tres lunas llenas. En total,el cúmulo está formado por unas 500 estrellas, aunque a simple vista sólo se ven ocho.

Se formaron hace apenas unos 100 millones de añosaproximadamente, durante la era Mesozoica en la Tierra, a partir del colapso de una nube de gas interestelar. Mitológicamente representan la familia del titán Atlas y la ninfa marina Pleione, siendo el resto de estrellas visibles a simple vista algunas de sus hijas: Alcyone, Electra,Maia, Merope, Taygeta y Celaeno.

Venus, Júpiter y Marte, de un vistazo en el cielo


El Mundo

Conjunción de planetas el próximo 27 de marzo. | Pedro Arranz y César González

Júpiter y Venus brillarán en el cielo hasta el próximo sábado y podrán ser observados, mirando hacia el oeste, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan, desde cualquier punto del planeta. La noche del martes, ambos planetas eran visibles, muy cerca uno de otro, desde cualquier punto de la geografía española sin nubes, incluso en el centro de las grandes ciudades. A la espalda, también será fácil distinguir al rojizo Marte.

Este espectáculo astronómico, para el que no se necesita tener un telescopio a mano (aunque con este instrumento aún es más atractivo), tiene lugar cuando Venus y Júpiter se acercan hasta situarse a tres grados de distancia y a su vez no están lejos de nuestro planeta. De hecho, estos días son los dos objetos más brillantes del cielo nocturno después de la Luna, de manera que la conjunción que formarán los tres cuerpos son perfectamente visibles.

El mejor día para disfrutar de este fenómeno será el próximo 25 de marzo, cuando la Luna se encuentre en su fase creciente y se sitúe cerca de ambos planetas en el cielo nocturno, según adelanta a ELMUNDO.es Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional.

Pero, ¿cómo saber cuál es cuál? Bachiller recuerda que Venus se encuentra mucho más cerca de la Tierra y del Sol (nos separa un 70% de la distancia que hay desde nosotros a la estrella), mientras que Júpiter está cinco veces más lejos, por lo que su brillo es mucho menor, aún siendo mucho mayor su tamaño.

Por otro lado, mirando hacia el este, estos días también es fácil distinguir a Marte, el planeta rojo. “La diferencia entre los planetas y las estrellas es que las segundas titilan, mientras que los planetas son puntos fijos en el firmamento“, explica el astrónomo.

Y para aquellos que tengan prismáticos a mano, y un cielo limpio de nubes y de contaminación, hay un ‘extra’: también es visible, cerca de la Osa Mayor, un cometa con dos colas, una de gas y otra de polvo, bautizado como el cometa Garradd. También es posible observar Mercurio, al atardecer y al amanecer, aunque para ello es mejor contar con un mapa del cielo.

Desde el punto de vista científico, estas conjunciones son interesantes para el lanzamiento de misiones espaciales: se lanzan calculando la máxima cercanía de los planetas para que lleguen cuando están más cerca, lo que supone un gran ahorro de tiempo y, sobre todo, de combustible.

Este acontecimiento no volverá a producirse hasta junio de 2015, ya que en los próximos años, la coincidencia entre Júpiter y Venus tendrá lugar durante el día.

Las auténticas dimensiones del Sistema Solar


ABC.es

sistema_solar--644x362Todos hemos visto las láminas que ilustran los libros escolares, esas en que se representan los planetas del Sistema Solar como una serie de esferas de diferentes tamaños, todas situadas aproximadamente a la misma distancia de la que la precede. Esta escala -obviamente- es completamente errónea. Te proponemos tomar la calculadora y realizar un recorrido por las verdaderas dimensiones del Sistema Solar.

El Sistema Solar es enorme. Tanto, que sus dimensiones escapan a la capacidad que posee nuestro cerebro para imaginar lo que significan números tan grandes. Decir que la Tierra se encuentra a más de 149 millones de kilómetros del Sol no basta para darnos una idea de lo que realmente representa esa distancia. Cuando leemos que el Sol posee un diámetro de algo menos de un millón y medio de kilómetros, nuestra mente no alcanza a visualizar lo que ese tamaño significa. Y las láminas que mencionábamos antes poco nos ayudan en esta tarea, ya que nos dan la errónea sensación de que el Sol es unas cuantas veces más grande que la Tierra, o que Plutón se encuentra bastante más lejos del Sol que Marte. Pero las dimensiones del Sistema Solar son lo suficientemente impresionantes como para que resulte completamente imposible realizar una representación a escala e incluirla en una lámina de libro de texto: si lo hiciésemos, los planetas no serían visibles ni siquiera utilizando una lupa.

Para comprender mejor las distancias y tamaños implicados vamos a comparar los objetos más importantes del Sistema Solar con otros de uso cotidiano. Comenzaremos, como corresponde, con el par que más influye en nuestras vidas: la Tierra y el Sol. Sabemos que nuestro planeta posee un diámetro aproximado de 12.750 kilómetros, y que se encuentra a unos 150 mil millones de metros del Sol. Supongamos por un momento que la Tierra posee el tamaño aproximado de una pelota de tenis. En esta escala, el Sol sería una esfera de unos once metros de diámetro, que se encuentra a unos mil doscientos kilómetros de distancia. Ese es el desafío al que se enfrentan los encargados de ilustrar las dimensiones del Sistema Solar. Si seguimos haciendo cálculos manteniendo las distancias entre planetas y su tamaño en la misma escala del ejemplo anterior, volvemos a estar en problemas: si la Tierra se encontrase a mil doscientos kilómetros del Sol, Plutón estaría a unos cuarenta y siete mil y tendría el tamaño de una canica. Está claro quenecesitamos una escala para las distancias, y otra, completamente diferente, para el diámetro de los cuerpos del Sistema Solar.

La escala de los cuerpos

Comencemos por el tamaño relativo de los cuerpos principales del sistema, asumiendo que la Tierra con sus 12.750 kilómetros de diámetro la podemos imaginar como una pelota de tenis de unos 10 centímetros de diámetro. En esta escala, el Sol (1.400.000.000 kilómetros de diámetro) sería la mencionada esfera de unos once metros de diámetro,Mercurio (4,800 kilómetros de diámetro) sería algo así como una pelota de golf y Venus (12,100 kilómetros de diámetro) no sería muy diferente a la pelota elegida para representar a nuestro planeta. Si seguimos avanzando hacia el exterior del Sistema Solar, nos encontramos con Marte y sus 6,800 kilómetros de diámetro. En nuestra escala tendría un diámetro de unos 5,3 centímetros.

Más allá de Marte se encuentra el denominado “cinturón de asteroides”, compuesto por algunos miles de millones de cuerpos rocosos de tamaños extremadamente variables. El más grande de todos ellos, que posee aproximadamente la tercera parte de toda la masa de ese cinturón es Ceres, que tiene un diámetro de 952 metros. En nuestra escala sería más o menos como un guisante. Más allá de Ceres se encuentra el planeta más grande de todos: Júpiter. Este gigante gaseoso tiene un impresionante diámetro de 143 mil kilómetros, solo unas 10 veces menos que el del Sol. Si la Tierra fuese una pelota de tenis, Júpiter sería una esfera de algo más de un metro de diámetro. El siguiente planeta que encontraríamos en nuestro viaje también es un gigante gaseoso, a pesar de que “culpa” de lo majestuoso de sus anillos generalmente olvidamos su tamaño. Saturno tiene un diámetro de 115 mil kilómetros, y en nuestra escala sería una esfera de 90 centímetros de diámetro.

Urano y Neptuno, los dos planetas siguientes, también son gaseosos. Sus tamaños son bastante aproximados –51 mil y 49 mil quinientos kilómetros de diámetro respectivamente- pero más pequeños que los dos anteriores. En nuestra escala, serían esferas de 40 y 39 centímetros de diámetro, bastante más grandes que una pelota de baloncesto. En cuanto a Plutón, recientemente convertido en un “planeta menor” como Ceres, es un pequeñín de la mitad del diámetro de Mercurio (unos 2.390 kilómetros) y tendría en nuestro sistema ficticio el tamaño deuna canica grande. Como puedes ver, es casi imposible dibujar en una misma página objetos con tamaños tan dispares manteniendo la escala. Y con las distancias ocurre exactamente lo mismo.

La escala de las distancias

Por comodidad, vamos a suponer que la distancia que separa la Tierra del Sol -unos 149.597.870.961 kilómetros son 100 metros. Eso convierte los 58 mil millones de kilómetros existentes entre Mercurio y nuestra estrella en sólo 38 metros. Venus, que en realidad está poco más de 108 millones de kilómetros del Sol se encontraría a unos 72 metros, y Marte -227 millones de kilómetros- estaría a unos 150 metros del Sol. A partir de aquí las distancias se incrementan rápidamente, lo que explica la relativa facilidad con la que las agencias espaciales han enviado misiones a los planetas mencionados y la prácticamente inexistencia de misiones al resto de los integrantes de nuestro sistema. Ceres, el gigante de los asteroides, se encontraría a unos 270 metros del Sol. Y Júpiter, que en realidad está a más de 778 millones de kilómetros de nuestra estrella, estaría a unos 520 metros.

El siguiente planeta, Saturno, se encontraría a 950 metros de distancia del Sol. Urano y Neptuno estarían a 1980 y 3100 metros respectivamente, y el frío Plutón a casi 4 kilómetros. Realmente, el Sistema Solar es un sitio enorme, difícil de apreciar en toda su magnitud. Pero así y todo, es prácticamente despreciable frente a las dimensiones de nuestra galaxia: en nuestra escala, Próxima Centauri-la estrella más cercana- se encuentra a 26 mil kilómetros de distancia.El centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, estaría a unos impresionantes 167 millones de kilómetros del Sistema Solar. Como puedes ver, la tarea de representar nuestro Sistema Solar en una lámina y con la escala correcta prácticamente carece de sentido.

Indicios de volcanes en Venus


El Pais

La nave espacial europea ‘Venus Express’ detecta en el planeta vecino zonas similares a Hawai

Venus tiene una densa atmósfera que impide, o dificulta mucho, la observación y estudio de su superficie, pero gracias a un detector especial de la sonda espacial Venus Express, que está allí en órbita desde 2006, se han obtenido registros que indican -aunque aún con un cierto grado de incertidumbre aún- que es un planeta volcánicamente activo. Sólo en dos cuerpos del sistema solar, la Tierra y la luna de Júpiter Io, se ha observado vulcanismo en la actualidad.

Gracias a la información enviada por esa sonda de la Agencia Europea del Espacio (ESA), los científicos han identificado nueve puntos calientes en ese planeta, “áreas análogas a Hawai, con vulcanismo”, afirman en la revista Science. En tres de esos puntos calientes (áreas con cámaras de magma en el subsuelo), se observan flujos de lava solidificada que emiten cantidades anormalmente altas de calor respecto a la emisión de su entorno . “Estimamos que esos flujos tienen menos de 2,5 millones de años, y probablemente mucho menos, incluso unos 250.000 años”, añaden. “En términos geológicos, esto significa que [los flujos de lava] son prácticamente actuales”, explica Joern Helbert, uno de los investigadores. Entre los puntos calientes, las dos regiones Themis y Dione, con elevaciones de 0,5 y 2,5 kilómetros respectivamente son las mejores candidatas a tener vulcanismo activo.

Venus y la Tierra se formaron hace unos 4.500 millones de años, pero evolucionaron de modo diferente hasta el punto de que el primero tiene una atmósfera, compuesta sobre todo de dióxido de carbono, que provoca un potentísimo efecto invernadero, con temperatura en la superficie suficiente para fundir el. “La historia geológica de Venus siempre ha sido un misterio. Naves espaciales precedentes nos proporcionaron indicios de vulcanismo, pero no sabíamos hace cuánto tiempo, mientras que ahora tenemos pruebas de erupciones recientes”, afirma Sue Smrekar, investigadora del Jet Propulsion Laboratory (California) y líder del equipo de investigación.

Lo cierto es que, se planteaban los científicos hace tiempo, algo estaría alisando la superficie venusiana, porque allí sólo hay unos mil cráteres provocados por el impacto de meteoritos, una cifra muy baja en comparación con las marcas que hay en otros cuerpos del Sistema Solar. Los volcanes son una buena explicación, porque sus erupciones renuevan la superficie. Además, las zonas de flujos de lava están especialmente poco erosionadas.

A bordo de la Venus Express, que sigue una órbita elíptica alrededor del planeta vecino acercándose hasta 300 kilómetros a su superficie, va instalado un sensor que es el que se ha utilizado en esta investigación ya que permite ver la superficie venusiana a través de la densa atmósfera y registrar los patrones de su radiación en infrarrojo. Se trata del espectrómetro Virtis (Visible and Infrared Thermal Imaging Spectrometer), que está permitiendo hacer un mapa de la emisión térmica de Venus.

Venus y Mercurio, juntos en el cielo y a la vista


El Pais

Se observan hasta el 10 de abril mirando hacia el oeste

Venus y Mercurio, los dos planetas más próximos al Sol, estarán aparentemente muy cerca el uno del otro en el cielo durante 10 días. Se observan a simple vista en el cielo crepuscular despejado, mirando hacia occidente entre media hora y un ahora tras la puesta de Sol. Desde el sur de Europa, Estados Unidos y Canadá se ve Mercurio, hasta el 3 de abril, debajo y a la derecha de Venus -el más brillante de los dos-, mientras que a partir del 4 de abril se verá justo a la derecha. “Es muy difícil ver Mercurio la mayor parte del tiempo, así que mucha gente no lo vería jamás en su vida, pero ahora se da una buena oportunidad gracias a que Venus hace de guía”, explica Alna MacRobert, director de la revista Sky & Telescope, que alerta acerca de esta ocasión astronómica.

El máximo acercamiento aparente de Venus y Mercurio será el 3 y 4 de abril, cuando estarán separados por unos tres grados (el ancho de dos dedos juntos elevados hacia el cielo con el brazo extendido). A partir del 10 de abril, Mercurio dejará de verse, ya que será cada vez menos visible desde la Tierra su cara iluminada.

Este emparejamiento de los dos planetas no es real, se aprecia sólo al verlos desde aquí. Venus está estos días mucho más lejos de la Tierra (unos 235 millones de kilómetros) que Mercurio (151 millones de kilómetros), lo que significa que la luz que emiten tarda 14 y 8,4 minutos, respectivamente, en llegarnos, explica Sky & Telescope. Pese a ello, Venus es más brillante debido a tres razones: que su diámetro es el doble del de Mercurio, que esta cubierto por una capa de nubes blanca muy brillante en comparación con la superficie oscura de rocas y polvo de Mercurio, y que el lucero del alba muestra hacia la Tierra una mayor parte de su cara diurna.

Las ¿misteriosas? montañas de Venus


El Pais

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Viajando bajo una atmósfera aplastante, sometidos a una temperatura de horno, los primeros robots exploradores de Venus han salido de la llanura de Lakshmi, han atravesado las fosas de Rangrid, y se encuentran ahora al pie de una pared de 5.000 metros. Los Montes Maxwell, 11 kilómetros sobre el radio medio del planeta. Más altos que el Himalaya, y con una importante diferencia respecto a aquél: los geólogos planetarios no pueden explicar su origen. Constituyen la mayor incógnita de un planeta bien surtido de ellas.

Las montañas terrestres fueron el gran quebradero de cabeza de los geólogos clásicos. Alfred Wegener y sus seguidores a principios del siglo XX, y medio siglo después los geólogos y geofísicos que revolucionaron las Ciencias de la Tierra, demostraron que los continentes, y también los fondos de los océanos, eran piezas rígidas (placas) pero que se movían con respecto a sus vecinas. Ese movimiento (tectónica de placas) era suficiente para explicar las montañas, como arrugas en una alfombra que empujamos contra una pared. La cadena andina, por ejemplo, está recibiendo el empuje del fondo del Pacífico, que se introduce bajo ella. Su elevación, así como los volcanes, o la raíz de rocas que se forma en su base, las grandes fallas, o los violentos seísmos que se producen a causa del movimiento de éstas últimas, son consecuencias de ese simple proceso.

Azares del destino, la revolución coincidió en el tiempo con la primera oleada de exploración del Sistema Solar. Si León Trotsky quería exportar sus ideas de subversión social a todos los países, los científicos de la Tierra estaban decididos a inflamar con las suyas el conjunto del sistema, empezando por los planetas más parecidos a la Tierra: Marte y Venus. El fracaso, en la Tierra como en el cielo, fue estrepitoso, aunque mejores análisis de Marte podrían cambiar el diagnóstico [ver EL PAÍS, 3/1/2007]. Pero Venus sigue irreductible: sus tierras bajas no presentan los relieves, como son las dorsales o trincheras oceánicas, que en la Tierra expresan movilidad; y sus miles de volcanes activos no están alineados, como lo están, Por ejemplo, los andinos. En suma, carece de huellas de una tectónica de placas presente o pasada. ¿Cómo, entonces, se generan relieves de la envergadura de Maxwell Montes?

Al abordar hace unos años este complejo problema decidimos seguir una táctica envolvente: estudiar primero relieves menores, antes de dirigirnos hacia Maxwell. Elegimos como primera etapa Lavinia Planitia, una llanura en el hemisferio sur cruzada por una serie de cadenas de 700 a 2.000 metros de altura y más de 1.000 kilómetros de longitud. La hipótesis oficial sobre estas alineaciones es que se trata de arrugas producidas a favor del hundimiento de la llanura; o bien como el efecto del desplazamiento lateral de los relieves que rodean a ésta. Sin embargo, al estudiar estas cadenas menores hallamos rasgos imposibles de explicar mediante las ideas citadas.

Por ejemplo, Molpadia Linea, con sus 1.200 kilómetros de longitud, muestra fallas transcurrentes (o sea, de movimiento en la horizontal) de varios kilómetros de desplazamiento. En la Tierra, las fallas transcurrentes aparecen tanto en el interior de las placas como en sus bordes, en cuyo caso reciben el nombre de fallas transformantes, estructuras con las que es mejor guardar las distancias. La más famosa es la transformante de San Andrés, en California; otra, menos conocida pero más mortífera, es la falla Noranatolia, que en el último siglo ha causado 80.000 víctimas en Turquía, 17.000 de ellas debidas al terremoto de Izmir, sucedido en agosto de 1999. Las fallas transformantes se producen cuando las placas se deslizan lateralmente: ni el hundimiento de Lavinia Planitia ni el desplazamiento de los relieves que la rodean pueden justificar estas gigantescas estructuras transcurrentes.

Una contradicción semejante, aunque menos aguda, la proporcionan las estructuras llamadas cabalgamientos. Como indica su nombre, se trata de superficies a lo largo de las cuales un bloque de rocas monta sobre el bloque adyacente como resultado de la compresión. Molpadia Linea y las otras cadenas próximas muestran cabalgamientos de hasta 500 kilómetros de desarrollo que no tienen nada que envidiar a los andinos. Presentan también una característica típica de las cadenas de montañas terrestres: sus cabalgamientos se transforman lateralmente en fallas transcurrentes.

A nuestro juicio, las ideas propuestas hasta ahora sobre las cadenas venusinas están condicionadas por la ausencia de indicios de tectónica de placas en el planeta. Son, por tanto, lo que se llaman en Ciencia hipótesis defensivas. Explican algunas de las características de relieves como Molpadia Linea, pero dejan en la sombra las más importantes, las que permitirán, en el futuro, determinar qué clase de mecanismo dinámico generó los relieves. En último término, si volvemos hacia el Norte nos encontraremos de nuevo con Maxwell Montes. Aquí ya no estamos ante cadenas menores, sino enfrentados a una mole de envergadura himaláyica.

Las montañas de Maxwell muestran una desconcertante combinación de rasgos familiares y exóticos: como las cadenas de la Tierra, presentan cabalgamientos paralelos a sus bordes; sin embargo, no existe nada parecido a la imponente línea de volcanes que caracteriza a los Andes, ni tampoco una raíz de corteza como las que hay bajo las cadenas terrestres. Los geólogos planetarios refinan sus técnicas de observación e interpretación para resolver estos enigmas, mientras esperan que las nuevas misiones espaciales aporten los datos que les ayuden a establecer una teoría general de evolución planetaria. De ello depende que seamos capaces de entender mejor nuestro propio planeta.

La Tierra podría chocar con Mercurio, Martes o Venus en los próximos 5.000 millones de años


EP – Cadena Ser

Al parecer la naturaleza caótica del Sistema Solar conduce a cambios en las órbitas planetarias que pueden conducir a una colisión de la Tierra

La Tierra podría chocar con Mercurio, Martes o Venus en los próximos 5.000 millones de años, según un estudio del Observatorio de París en Francia que se publica en la revista ‘Nature’.

Los investigadores explican que la naturaleza caótica del Sistema Solar conduce a cambios en las órbitas planetarias y ha influido en el pasado en la arquitectura del Sistema Solar que observamos en la actualidad.

Según un nuevo estudio numérico, estas desviaciones pueden literalmente ser más importantes y conducir a una colisión de la Tierra con Mercurio, Marte o Venus. Aunque si una colisión de este tipo se produjera, además de que las posibilidades son relativamente pequeñas, no sería hasta dentro de miles de millones de años.

Los estudios sobre las órbitas planetarias que se han realizado con anterioridad estaban basados en simulaciones estadísticas que utilizaban ecuaciones de promedio para el movimiento de los planetas. Sin embargo, estas ecuaciones se vuelven deficientes cuando se tiene en cuenta a planetas que podrían colisionar.

Escenarios

En el presente estudio, el equipo de Jacques Laskar y Mickael Gastineau utiliza un modelo no promediado del movimiento planetario que considera al Sistema Solar al completo en los próximos 5.000 millones de años y que tiene en cuenta la relatividad general.

La simulación examinó 2.501 escenarios en los que alrededor de 25, o un 1%, conducía a una alteración de la órbita de Mercurio y uno a una colisión con la Tierra. Otro escenario en alrededor de 3.000 millones de años estimaba que las órbitas de Marte y la Tierra se encontraban a 794 kilómetros entre sí. Los resultados también mostraron cinco casos en los próximos 5.000 millones de años en los que Marte podría ser expulsado del Sistema Solar.

La Luna y Venus bailan esta tarde con Júpiter


ADN – Agencias

La alineación de nuestro satélite con los dos planetas será visible sin telescopio: bastará con mirar hacia el suroeste poco después del atardecer

Estos días serán visibles en los cielos de Cantabria dos fenómenos astronómicos que podrá observarse a simple vista: una conjunción de Venus y Júpiter, y la ocultación de Venus por la Luna.

Así, entre finales de esta semana y principios de la que viene se podrá observar, siempre que las nubes lo permitan, una “vistosa” conjunción entre los planetas Venus y Júpiter.

Para verlos hay que mirar al Suroeste, donde se pone el sol, y entre las 6 y las 7 de la tarde. Ambos astros son fácilmente reconocibles, pues serán dos puntos notablemente brillantes en la luz crepuscular, en especial Venus.

Hoy 1 de diciembre, además, tendrá lugar el otro fenómeno “bastante espectacular e inusual”, en el que la Luna, al moverse en su órbita alrededor de la Tierra, pasa por delante de Venus, ocultando este planeta a la vista durante más de una hora.

Con unos prismáticos basta

El inicio de la ocultación será a las 16 horas 40 minutos, en pleno día, así que su comienzo es difícil de ver. Sin embargo, la reaparición de Venus por detrás de la Luna se producirá a las 18 horas 15 minutos, cuando ya el Sol se ha puesto, de manera que podrá observarse fácilmente a simple vista.

Para verlo, hay que mirar a la Luna, que se encontrará sobre el horizonte Suroeste, en la zona de la puesta de Sol. Junto a ella habrá un punto brillante, que será Júpiter. A las 18.15 horas, por detrás de la Luna (concretamente por su parte iluminada), aparecerá otro punto, el planeta Venus.

Mercurio, Venus, Saturno y Marte se alinean en el firmamento


EFE – El Mundo

Hacia las 22 horas podrá verse también el paso de la Estación Espacial Internacional como un punto muy brillante cruzando el cielo

actualidad080808.jpgLa alineación de cuatro planetas -Mercurio, Venus, Saturno y Marte- en la constelación de Leo será observable a simple vista el viernes desde toda España justo en el momento del crepúsculo, entre las 21.15 y las 22.00 horas, según han informado fuentes del Planetario de Madrid.

En un primer momento, y como un punto brillante, podrá distinguirse Mercurio muy cerca del horizonte occidental; algo más alto y mucho más brillante se divisará Venus y, justo encima, resplandecerá Saturno con sus anillos, mientras que Marte aparecerá más elevado aún.

Ya entrada la noche, se podrá contemplar Júpiter, visible en la dirección de la constelación de Sagitario, hacia el sudeste, mientras que la Luna se podrá ver en cuarto creciente en la constelación de Libra.

El fenómeno se produce cuando pueden verse en el cielo dos o más planetas muy próximos entre sí por un efecto de perspectiva al mirar desde la Tierra, aunque pueden estar realmente a millones de kilómetros de distancia unos de otros.

Según el Planetario, que ha organizado una observación con telescopios, hacia las 22 horas podrá verse también el paso de la Estación Espacial Internacional como “un punto muy brillante que recorre el cielo”.