El queso más antiguo


El Mundo

Recipiente en el que se fabricaba el queso. | M. Salque

Recipiente en el que se fabricaba el queso. | M. Salque

 

Los seres humanos ya eran amantes del queso hace 7.500 años. Así lo ha demostrado un equipo científico liderado por la Universidad de Bristol (Reino Unido) que ha hallado evidencias inequívocas de la fabricación del primer queso en un yacimiento arqueológico de Polonia.

Los investigadores llegaron a estos resultados tras analizar los ácidos grasos incrustados en una especie de ‘filtros’ fabricados en cuencos de cerámica. La Unidad de Geoquímica Orgánica de la Universidad de Bristol junto a investigadores de la Universidad de Princeton (EEUU) detectó productos lácteos en estos agujeros, muy parecidos a los modernos coladores de queso. Una evidencia clara, según los científicos, de que era usado para fabricar quesos.

“La presencia de residuos de leche en filtros constituye la primera evidencia directa de fabricación de queso. Hasta ahora, las evidencias eran solamente iconográficas, a través de murales que mostraban el procesamiento de la leche”, explica Melanie Salque, una de las autoras del paper, publicado en ‘Science’.

Hasta el momento, se habían descubierto restos de leche en recipientes en Libia, hace también 7.000 años, y aún más antiguos en Anatolia (8.000 años). Sin embargo, fue imposible detectar que esta leche fuera procesada para hacer queso.

Sofisticadas tecnologías de procesamiento de alimentos

Este descubrimiento muestra una profunda sofisticación a la hora de procesar alimentos. “Es realmente notable la profundidad de conocimientos en la dieta humana antigua y las tecnologías de procesamiento de alimentos que estas cerámicas nos han mostrado”, explica el profesor Richard Evershed, el líder del equipo de Bristol.

Además, los análisis de otras muestras evidencian una especialización a la hora de fabricar los diferentes productos. En otros recipientes de cerámica, utilizados como botellas u ollas no se detectaron restos de leche procesada. Sí se toparon con restos de grasas de rumiante en las ollas, que revelaban su uso como recipiente para cocinar carne o cera de abeja en las botellas que sugerían un sellado para almacenar agua. Las cerámicas, por tanto, se moldeaban de distintas maneras según el uso que le quisieran dar.

El procesamiento de la leche y en particular, la producción de queso, supuso un acontecimiento crítico en las primeras sociedades agrícolas ya que les permitió preservar la leche de un modo no perecedero y de fácil transporte, así como hizo de la leche un producto más digerible para los primeros agricultores.

Peter Bogucki, coautor del estudio, va más allá en el análisis de estos resultados: “Muestran la evidencia del consumo de productos lácteos bajos en lactosa. La fabricación de queso permitía reducir la lactosa contenida en la leche. Fue una manera eficiente de explotar los beneficios nutricionales de la leche para aquellos que no toleraban la lactosa“.

El primer ‘mapa’ del deshielo en Groenlandia


El Mundo

Imagen aérea desde el vuelo hacia Qaanaaq (Groenlandia). | A. Mahoney

La fusión de las capas de hielo polar es el mayor contribuyente al aumento del nivel del mar a escala global. La amenaza que esto supone para muchas poblaciones costeras y países enteros situados en archipiélagos del océano Pacífico ha convertido esta consecuencia del cambio climático en uno de los principales objetos de estudio de las ciencias climáticas. Una de las últimas formas de estudiar la cantidad de hielo que pierde cada año el casquete de hielo que cubre Groenladia ha sido analizando, mediante datos tomados por satélite, cómo afecta el derretimiento de hielo a la gravedad terrestre.

En la última década se han realizado un buen número de investigaciones en esa línea y, aunque los resultados varían dentro de unos límites razonables, ninguno de ellos ha logrado establecer un patrón geográfico de las zonas que más hielo pierden cada año. Un estudio publicado en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (PNAS) acaba de publicar la primera estimación de la masa de hielo que pierde cada año Groenlandia con un patrón geográfico que indica cómo las zonas de mayor derretimiento van cambiendo de un año a otro.

Imagen tomada por la web cam del Polo Norte en julio de 2010. | NOAA

Imagen tomada por la web cam del Polo Norte en julio de 2010. | NOAA

Entre abril de 2002 y agosto de 2011, Groenlandia perdió casi 200.000 millones de toneladas de masa cada año a causa del calentamiento inducido por fusión capa de hielo polar, según la investigación. Para averiguarlo, los científicos del Departamento de Geociencias de la Universidad de Princeton (EEUU) Christopher Harig y Frederik Simons usaron datos del experimento climático espacial (GRACE), en el que dos satélites vuelan en formación para obtener mediciones de la gravedad de la Tierra.

“Aunque la masa total de hielo perdido cada año tiende a ser lineal, las costas sureste y noroeste concentran áreas activas cambiantes de temporada a temporada donde la pérdida de hielo es mayor“, explican Harig y Simons en el artículo. “En cambio, la masa de hielo de la zona central de Groenlandia ha crecido de forma continuada durante la última década”.

Mapa del efecto Albedo, | NSIDC

Pero el estudio no se basa en observaciones al uso, como sucede en la gran mayoría de los trabajos realizados con datos de satélite. Los autores utilizaron esos datos del experimento GRACE para realizar funciones matemáticas sensibles a Groenlandia, lo que les permitió estimar la pérdida de la masa de hielo del país en el espacio y el tiempo.

Durante 2003 y 2004, según los autores, la pérdida de masa se concentró a lo largo de toda la costa oriental de Groenlandia. Sin embargo, durante los siguientes dos años, la pérdida de masa disminuyó en el noreste, pero aumentó en el sureste. Después, desde 2007 a 2010, la pérdida de masa comenzó a aumentar a lo largo de la costa noroeste.

La masa en el centro de Groenlandia, sin embargo, aumentó constantemente durante la década. Según el artículo, los resultados confirman los datos previamente documentados sobre las grandes zonas de derretimiento del hielo de Groenlandia: las costas sureste y noroeste.

Dado que los autores extrajeron la información sobre la pérdida de hielo únicamente de mediciones de la gravedad, en el futuro el método podría desempeñar un papel importante en el estudio de los datos de gravedad de la Tierra, de la Luna y de los sistemas planetarios, según concluyen los autores.

Hallan un telescopio de Einstein en Jerusalén


EFE – El Mundo

Hallan un telescopio de Einstein en Jerusalén

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Einstein y el telescopio con algunos científicos. (Foto: Universidad Hebrea de Jerusalén)

Cuando el genio científico Albert Einstein donó su telescopio a la Universidad Hebrea de Jerusalén difícilmente hubiera podido imaginar que acumularía polvo durante décadas en un sótano hasta su descubrimiento por un apasionado de su legado.

El Nobel judío alemán ordenó en vida la cesión de todos sus escritos, incluidos los de la teoría de la relatividad, a este centro académico, que ostenta en la actualidad sus derechos de autor.

También hizo lo propio, junto con otros artefactos, entre ellos su telescopio, incluido en los registros de la universidad que nadie se molestó en consultar durante décadas, según informa el diario israelí ‘Yediot Ahronot’.

Einstein había recibido el telescopio de Zvi Gezri, un colega científico al que conoció en la Universidad de Princeton (EEUU).

Durante más de diez años el instrumento permaneció almacenado en el edificio del planetario de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ubicada en desuso, hasta que Eshel Ofir, director del Centro Belmonte de Ciencias de Laboratorio de la institución, se lanzó a su búsqueda.

“Sabía que teníamos el telescopio que Einstein donó a la escuela y siempre me había preguntado qué había pasado con él”, explicó Eshel. “Uno de los lugares donde decidí buscar fue el antiguo edificio del planetario. Estaba, literalmente, poniendo orden entre los escombros cuando lo encontré“, recuerda.

Ahora, el autor del hallazgo espera que el telescopio suponga una “oportunidad para los jóvenes estudiantes de entrar en contacto directo con el legado de este gran hombre”, cuya “curiosidad no tenía límites”.

La Fundación Jerusalén y el Centro Científico Joseph Meyerhoff de la ciudad santa han aportado fondos para la restauración del instrumento que perteneció al padre de la Teoría de la Relatividad.