¿Qué fue de la Carta de ajuste?


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  • El «programa» más popular para varias generaciones de españoles nació en 1956 y dejó de verse en televisión en 2002

Qué fue de la Carta de ajuste

Los más jóvenes no pueden acordarse, pero hubo un tiempo en el que el «programa» más popular en televisión era la llamada «Carta de ajuste». Esa imagen estática, que solía comenzar a verse al menos una hora antes de comenzar las emisiones (cuando la tele no vomitada contenidos las 24 horas del día), era una señal de prueba que servía precisamente para ajustar la imagen de los televisores. Aquella «carta» (las primeras eran físicas, hasta que se generaron por ordenador) permitía comprobar tanto a la cadena emisora como al espectador que el brillo, la iluminación y el contraste eran correctos y que el aparato receptor no distorsionaba las líneas. La música que la acompañaba, por lo general antigua para evitar pagar derechos de autor, servía asimismo para calibrar el sonido. Y cuando incorporaron la hora, en la era pre-internet, poner la Carta de ajuste era la mejor manera de comprobar si los relojes de la casa atrasaban.

En España, TVE la utilizó hasta enero de 2001, en el caso de La 2, que en sus primeros tiempos apenas ofrecía cuatro horas de programación. En La 1, donde las emisiones continuas comenzaron mucho antes, desapareció en 1996. Las privadas también tuvieron la suya, hasta 1995, pero la que aguantó hasta una fecha más reciente fue la de Canal+, que pudo verse hasta la primavera de 2002. El canal de pago incluso siguió emitiendo un cartel del logotipo hasta 2005, según cuenta la Wikipedia. En internet, la última Carta de ajuste conocida es la de Canal 9 en la Comunidad Valenciana, que siguió utilizándose hasta su desaparición, en noviembre de 2013.

La primera vez que los espectadores españoles se encontraron ante tan enigmático «pantallazo» fue en octubre del 1956, por supuesto en blanco y negro, con el nacimiento de TVE, en lo que se conoció popularmente como VHF y ha terminado siendo La 1. Al principio el acompañamiento acústico era un simple pitido, bastante molesto, que pronto fue sustituido por opciones más agradables. Las imágenes se fueron haciendo más sofisticadas y con la llegada de las privadas se puede hablar casi del nacimiento de un arte, con cartas cada vez más creativas, dentro de las limitaciones del «género».

Clases de historia por capítulos


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La televisión se llena de ficciones históricas 

¿Quiénes fueron los Borgia? ¿Cuántas esposas tuvo Enrique VIII y por qué rompió con la Iglesia católica? ¿Qué presidente inició la carrera espacial en EEUU? Si tiene dudas no corra a la biblioteca, la moda televisiva de las series históricas da las respuestas. Pero cuidado, que no están libres de gazapos.

La Historia ha estado presente en la televisión con series que marcaron épocas. Fue el caso de “Yo, Claudio” (1976), una certera recreación del Imperio Romano, que se ganó el reconocimiento de la crítica y del público, a partes iguales.

Dos años después, “Holocausto” se convirtió en todo un fenómeno televisivo, que lanzó al estrellato a Meryl Streep y James Woods. Una miniserie que narraba de forma cruda el asesinato de millones de judíos a manos de los nazis y que ganó ocho premios Emmy y dos Globos de Oro.

Dos ejemplos de series históricas de éxito en las que, pese a las concesiones comerciales, la veracidad de los hechos nunca fue puesta en duda. Algo que no ha pasado con las actualesproducciones históricas que copan con éxito las televisiones.

De ‘Norte y Sur’ a ‘Rome’

Un paso intermedio fue “Norte y Sur”, una serie de 1985 sobre la guerra civil estadounidense, que dio fama a Patrick Swayze, y que estaba más cerca de un culebrón romántico que de una historia de guerra. Todo un precursor de lo que estaba por llegar.  Un boom de las series históricas, precedidas por el éxito de la novela histórica con mucho de ficción y de la versión de las películas de romanos con la que Ridley Scott arrasó en 2000, “Gladiator”.

La primera serie televisiva de esta tendencia fue “Rome”, una coproducción de la BBC (Reino Unido), la cadena de pago HBO(EEUU), y la RAI (Italia). Una serie que, según su creador, Bruno Heller, se centraba más en la psicología de los personajes que en la historia en sí misma. Y que se saltaba la línea real de los hechos para dar agilidad al relato, además de permitirse licencias como no mencionar la batalla de la Dyrrhachium, en la que Pompeyo venció a Julio César.

Errores también menores en “John Adams” (2008), una miniserie realizada por el oscarizado Tom Hooper (“The King’s speech”) sobre ese presidente estadounidense, en la que deslices de fechas y alguna que otra confusión de personajes no deslucen el fantástico trabajo de Paul Giamatti. Poca cosa comparada con la flexibilidad histórica de otras series.

‘The Tudors’, mucho sexo para una ficción que rodea la historia

Es el caso de “The Tudors”, que “en sí no es una serie histórica, si no una mezcla entre ficción y realidad“, como señalan desde los canales que la emiten. Esta preciosista producción de HBO, protagonizada porJonathan Rhys Meyers, que ya desde su primera emisión, en 2007, causó un fuerte revuelo por el exceso de sexo en esta recreación de la vida de Enrique VIII.

Un rey poco agraciado, y pelirrojo, según los datos históricos de que se dispone. Y que en la versión televisivaadquiere el rostro del guapo Rhys Meyers, que además viste al estilo isabelino, y cuyas dos hermanas –María y Margarita– se fusionan en una -Margarita- para la ficción televisiva. Portugal es un país pobre y no un reino poderoso con territorios en ultramar; Ana Bolena es ejecutada sin cubrirle los ojos y se habla del Vaticano con ligereza, un Estado que no se fundó hasta 1922.

Un portavoz de la BBC, tras la emisión del primer episodio en el canal británico y ante las quejas recibidas, señaló: “‘The Tudors’ no es un documental dramático y, como todas las series, es razonable esperar una cantidad adecuada de licencias artísticas y permitir a los escritores que interpreten e inventen hechos históricos”.

La historiadora y escritora Alison Weir, autora de “Las seis viudas de Enrique VIII”, comparó la serie con “un cuento de hadas de Hollywood”. Tal ha sido el revuelo que hasta hay blogs en internet que se dedican a buscar los errores de la serie.

‘The Kennedy’, más allá de la realidad

Pero aún peor ha sido la recepción de la serie sobre la vida de la familia Kennedy en lo que a veracidad se refiere. Esta esperada ficción, protagonizada por Greg Kinnear y Katie Holmes, fue rechazada en enero por el Canal Historia de EEUU, que fue uno de los impulsores del proyecto. Una campaña popular tuvo parte de la culpa del rechazo.

Theodore Sorensen, el que fuera asesor y portavoz de John Kennedy, se quejó a la revista Times, poco antes de fallecer, de la poca exactitud del guión cuando el proyecto estaba aún en preparación y afirmó que el enfoque era“vengativo y malicioso”.

Además, la web StopKennedySmears.com alentaba a los visitantes a boicotear al Canal Historia hasta que se negara a emitir la serie, lo que finalmente hizo al considerar que la ficción no encajaba en el esquema sobre Historia de la cadena.

La recién llegada, ‘The Borgias’

Con un espíritu de mayor permanencia, al estilo de “The Tudors”, acaba de llegar a las pantallas “The Borgia”, dirigida por Neil Jordan y protagonizada nada menos que por Jeremy Irons. Una cuidada adaptación y un vestuario de lujo no esconden los primeros errores detectados en esta serie sobre la famosa y retorcida familia renacentista.

Desde la aclamación de un papa español -en lugar de valenciano, término que se usaba en aquel momento- hasta el hecho de que la relación de Alejandro VI con una mujer -la madre de sus hijos- fuera un escándalo, cuando eran hechos aceptados normalmente por la sociedad.

Y la tan comentada relación incestuosa entre César y su hermana Lucrecia es un hecho que nunca se ha podido verificar. Naderías en comparación con el placer que ofrecen estas ficciones televisivas, que añaden todos los elementos necesarios para satisfacer a una audiencia cada vez más difícil. Lo único que no hay que olvidar es que, partan de donde partan estas series, no dejan de ser ficción, y no pueden sustituir a las lecciones de Historia.