La Gloria de Tiziano, el misterioso cuadro del Prado ante el que quiso morir Carlos V


ABC.es

  • Madrid guarda en su pinacoteca nacional el lienzo en el que el rey emperador pidió ser representado envuelto en un sudario suplicante, arrodillado y contemplativo ante la Trinidad
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Todos los cuadros guardan una historia que va más allá de la que representan sobre el lienzo. Los del Museo del Prado tienen además la suerte de haber recogido buena parte de la vida de personajes tan trascendentales como Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. El rey emperador está representado en varias telas que cuelgan de los muros de la Pinacoteca Nacional, pero ninguno tan misterioso como La Gloria de Tiziano.

El óleo, encargo directo de Carlos I, empezó a ser pintado en 1551. El pintor renacentista italiano tardó cuatro años en terminar los 8,3 metros cuadrados que mide. El rey emperador decidió representar su muerte –y la de la familia imperial de los Habsburgo–, 7 años antes de que falleciera. Envueltos en sudarios, suplicantes y contemplativos aparecen representados ante la Trinidad él, su esposa Isabel de Portugal, su hijo Felipe II, su hija Juana de Austria, María, reina consorte de Hungría, y Leonor, reina de Francia y de Portugal.

El monarca decidió llevarse el cuadro al Monasterio de Yuste (Cáceres) para pasar sus últimos momentos de vida. Pidió expresamente morir viéndolo y absorto ante él falleció. Tras su muerte, volvió de Yuste a Madrid y estuvo cologado en el Aula de Moral del Monasterio de El Escorial hasta 1837. Ese año ingresó en el Museo del Prado.

La National Gallery de Londres se rinde al genio del joven Tiziano


ABC

  • Tras la compra de «Diana y Calisto» exhibe, tras ser restaurada, su primera obra maestra, «La huida a Egipto», que sale por vez primera de Rusia desde 1768
 MUSEO HERMITAGE DE SAN PETERSBURGO «La huida a Egipto», de Tiziano


MUSEO HERMITAGE DE SAN PETERSBURGO
«La huida a Egipto», de Tiziano

Con permiso de Leonardo da Vinci, a quien dedicó una histórica exposición sin precedentes, Tiziano es el protagonista este año en la National Gallery de Londres. Hace tan solo unas semanas, la pinacoteca presentaba con orgullo su última adquisición: «Diana y Calisto», de Tiziano, uno de los cuadros más valiosos hasta ahora en manos privadas por el que se pagaron 45 millones de libras (unos 53,8 millones de euros). Comprado junto a la National Gallery de Escocia, fue pintado por el artista entre 1556 y 1559 por encargo del rey francés Carlos I como regalo para el monarca español Felipe II. En 2009, la National Gallery de Londres y la de Escocia ya habían adquirido conjuntamente la pareja de este cuadro, «Diana y Acteón» (1556-59).Y, desde el pasado día 4 y hasta el 19 de agosto, el museo exhibe el primer gran encargo que Tiziano recibió en su carrera, «La huida a Egipto», préstamo del Museo Hermitage de San Petersburgo. Ahora ve la luz tras una larga y compleja restauración. Además, es la primera vez que la obra sale de Rusia desde 1768, cuando la emperatriz Catalina la Grande adquirió la pintura al noble veneciano Leonardo Loredan, quien había encargado la pintura. A lo largo de su dilatada carrera, Tiziano disfrutó del mecenazgo de duques y reyes.

La exposición subraya la originalidad de Tiziano al crear uno de los primeros grandes paisajes de la pintura occidental y demuestra cómo el maestro veneciano adaptó las ideas de otros artistas con el fin de crear una composición sofisticada. «La huida a Egipto» se expone junto a una veintena de obras de sus contemporáneos, como Bellini, Giorgione, Sebastiano del Piombo o Durero.

Un artista precoz

La muestra analiza la creación del joven y talentoso artista veneciano, capaz de pintar una obra extraordinariamente ambiciosa e innovadora, «La Huida a Egipto». Se cree que es una de sus primeras obras. En ella, Tiziano tuvo la oportunidad de mostrar sus habilidades precoces en la representación del paisaje, así como su maestría en el uso del color y en el manejo del pincel, características de su estilo artístico.

Cuenta Mark Hudson, autor del libro «Tiziano, sus últimos días», en un artículo publicado en el diario británico «The Telegraph», que Tiziano pintó esta obra con 18 años y que, «desde el comienzo de su carrera, muestra una competitividad despiadada con otros artistas. Al llegar a Venecia en torno a 1500, con tan solo 10 años, irrumpió en la escena artística de la ciudad con una precocidad similar a la de Picasso. Su temprana carrera estuvo marcada por una voluntad de superar tanto a su venerado maestro, Giovanni Bellini -el pintor principal de Venecia en la época-, como a su amigo y mentor, el visionario romántico Giorgione».

Tiziano contra Tintoretto


El Mundo

  • Tiziano y Tintoretto vivieron una constante guerra de egos
Autorretratos de Tintoretto y Tiziano

Autorretratos de Tintoretto y Tiziano

“Es bueno, pero está claro que no es un Tiziano”. Durante un tiempo eso fue todo lo que escuchó decir Tintoretto de sus cuadros. Y pese a que Tiziano, el Maestro, como él solía llamarlo, trató de alejarlo tanto como pudo de su taller (al parecer y como creyó el propio Tintoretto toda su vida, para que no le hiciera sombra), el hijo del tintorero jamás le odió. De hecho, hizo todo lo contrario: venerarlo. De pequeño, más que cualquier otra cosa, habría querido ser aceptado en su estudio (temblaba de emoción cuando traspasó el umbral), pero Tiziano debió de olerse su ambición y lo hizo a un lado. Corría el año 1533. Tiziano había cumplido los 56 años, Tintoretto apenas alcanzaba los 16.

“Ese hombre lo tenía todo, era el faro del siglo, y sin embargo no soportaba ni la sombra de una hoja”. Melania G. Mazzucco pone en boca de Tintoretto una reflexión basada en años de estudio. La escritora italiana acaba de publicar ‘La larga espera del ángel’ (Anagrama), novela narrada por el mismísimo Tintoretto al final de sus días y que sirve de repaso a una vida marcada por la pobreza, la ambición y el amor desenfocado. Cuando tenía treinta y seis años se prometió a una niña de tres que apenas se llevaría ese tiempo con su propia hija (ilegítima), Marietta, la chica que vestiría como un chico y que se convertiría en el único orgullo del pintor.

Creía Tintoretto que Tiziano era inmenso. Y harto de escuchar una y otra vez que aquello que él pintaba parecía bueno pero que jamás sería un Tiziano, se dedicó a pintar Tizianos con sus propias manos. Alerta Mazzucco de que puede haber ‘tizianos’ dando vueltas por el mundo que sean en realidad ‘tintorettos’. Mientras, el Maestro se dedicaba a despreciarle. Ponía en contra a sus protectores y los obligaba a renegar de él. Habló mal de él a los poetas y los escritores de la época, que lo tachaban de mero artesano del pincel. Decía que su obra era “fácil y negligente”. Y cuando le preguntaban por la nueva generación, esa a la que había ensombrecido su gigantesca sombra, decía que “el arte en Venecia estaba en decadencia y que ninguno de los nuevos era digno de sus padres”. En ocasiones se propuso para hacer el mismo cuadro que ya había sido encargado a Tintoretto, y si alguien le preguntaba por él, fingía no recordar su nombre. Lo llamaba ‘Tintorello’.

De hecho, se cree que fue el propio Tiziano y su corte de admiradores y aprendices quienes decidieron que Jacomo Robusti jamás sería conocido por su propio nombre sino como el hijo del Tintorero. Por eso, Jacomo esperó con paciencia su muerte, porque creía que “la guerra la gana no el que gana una batlla sino el que vive una día más que su enemigo”. Sólo con su muerte, Tintoretto consiguió entrar en el Palacio Ducal y dejar de pintar para la pequeña burguesía, aquella a la que había regalado sus cuadros pensando más en su fama (y en los futuros encargos) que en el dinero. Tintoretto nunca pensó en el dinero, Tiziano no podía pensar en otra cosa.

Reconocido entre sus contemporáneos como “el sol entre las estrellas”, Tiziano, hijo de un distinguido concejal y militar, tuvo una vida fácil. Se trasladó a Venecia porque quería pintar, aunque en su familia nadie antes lo había hecho. Una vez allí ingresó en el taller de Sebastiano Zuccato, donde se formó la primera generación de la Escuela de Venecia, a las órdenes de Giovanni Bellini. Y Bellini fue la sombra que oscurecía el futuro del Maestro hasta que desapareció (en 1516). Entonces quedaban aún dos años para que naciera Tintoretto, que, al contrario que Tiziano, tuvo una vida bastante complicada. Para empezar, era el mayor de 21 hermanos. Vivió en la estrechez económica hasta el último de sus días (de hecho, dejó a su mujer, la niña a la que se había prometido, y a sus nueve hijos, en la ruina), fiel a sus principios, dio lo poco que tenía a quienes no eran tan afortunados como él, que se contentaba con pintar en una habitación sin ventanas y con dormir en un colchón en el suelo.

“A Tintoretto siempre le gustaron los desafíos, se crió como autodidacta cuando descubrió que no podía ser discípulo de Tiziano. Se formó con pintores menores y desde las altas esferas siempre se le reprochó esa parte artesanal”, cuenta Mazzucco. “Le consideraban un plebeyo y nadie lo quería en palacio. Se limitaba a hacer cuadros para los pescadores, que le pagaban muy poco”, asegura la escritora, y añade: “De hecho, cuando murió Tiziano y el Palacio Ducal le hizo su primer encargo, Tintoretto se lo pasó a su hijo, como una forma de desprecio”. Cuando finalmente se le abrieron las puertas de la Gran Venecia “igualmente tuvo una relación ambigua con el poder” porque “él siempre prefería ayudar a los pobres que pintar para los ricos”, concluye la escritora.

Felipe II visita la National Gallery


EFE – El Mundo

EXPOSICIÓN DEDICADA AL RETRATO

  • La muestra ha sido organizada con el Prado y es similar a la del museo madrileño
  • Hay varias obras que no estuvieron en Madrid, como ‘El matrimonio Arnolfini’
'Retrato de Felipe II en el día de San Quintín (1560)', de Antonio Moro. (Foto: EFE)

‘Retrato de Felipe II en el día de San Quintín (1560)’, de Antonio Moro. (Foto: EFE)

LONDRES.- Felipe II, en los fabulosos retratos del Tiziano y de Antonio Moro y en las esculturas de los Leoni, ha llegado a la National Gallery de Londres en una exposición dedicada a la época de esplendor del género renacentista por excelencia.

“Tiziano y Moro son los dos grandes maestros del retrato cortesano”, ha señalado el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza, mientras recorría la exposición londinense, y la comparaba con la celebrada anteriormente en la pinacoteca madrileña.

“Hay obras que no han podido viajar entre las dos capitales por cuestiones de conservación”, dijo Zugaza.

Así, el autorretrato juvenil de Alberto Durero o el gran retrato ecuestre de Carlos V en la batalla de Mühlberg, de Tiziano, no han ido a Londres, y a la inversa no pudieron viajar a Madrid algunas obras maestras de la National Gallery.

Entre ellas están el maravilloso retrato del matrimonio Arnolfini, de Jan Van Eyck, y el apodado ‘Los Embajadores’, de Hans Holbein el Joven, con su famosa calavera anamórfica como “memento mori”.

Tampoco pudieron verse en El Prado dos retratos de pontífices de profunda penetración psicológica: el de Julio II della Rovere, de Rafael, que se conserva en la propia galería de la plaza de Trafalgar, y el de Pablo III, de Tiziano, procedente del Museo de Campidonte (Nápoles).

“Sólo falta el de Inocencio X, de Velázquez (del museo Doria-Pamphili, de Roma)”, comentó Zugaza al ver esos dos retratos de papas juntos en la misma sala.

Uno de los comisarios de la exposición, Luke Syson, especialista en el Renacimiento italiano de la National Gallery, ha explicado que en el Prado hubo toda una sección dedicada a la difusión del retrato por Europa gracias a las nuevas técnicas de impresión y al grabado.

Ese aspecto falta en la National Gallery, que ha puesto el acento, por el contrario, en el dibujo original, del que hay aquí extraordinarios ejemplos de artistas como Pontormo, Ghirlandaio, Durero, Giovanni Bellini, Giulio Romano o Hans Holbein el Joven.

Una de las obras maestras que ha figurado en ambas exposiciones, según el director del Prado, es el retrato que hizo Ghirlandaio de un anciano y su nieto, que se conserva en el Louvre.

La exposición ha logrado reunir ese retrato al óleo con el dibujo, procedente del Museo Nacional de Estocolmo, de un anciano muerto que fue el modelo utilizado por Ghirlandaio para el retrato del abuelo, algo realmente extraordinario, según Zugaza.

Otra de las obras que no viajaron al Prado es el retrato que hizo el pintor flamenco Quentin Massys de una mujer vieja y grotesca, popularmente conocido como ‘La Duquesa Fea’.

Los expertos, que han investigado el cuadro con motivo de esta exposición, llegaron a una doble conclusión: la mujer sufría una deformación facial, consecuencia de una rara forma de enfermedad de Paget, y el pintor no copió una caricatura de Leonardo da Vinci, sino que fue más bien al revés.

Tanto los representantes de la National Gallery como el director del Prado han querido hacer hincapié en el “gran espíritu de colaboración” existente entre ambas pinacotecas, que se complementan en muchos aspectos, y se dicen dispuestos a continuar esa cooperación en próximas exposiciones.

Dos ‘tizianos’, a la venta a precio de ganga


EFE – El Pais

Si Reino Unido no paga 124 millones, el propietario subastará los cuadros

Estas dos obras se exponen en la sede escocesa de la National Gallery. Arriba, Diana y Acteón; a la izquierda, Diana y Calisto, de Tiziano

Estas dos obras se exponen en la sede escocesa de la National Gallery. Arriba, Diana y Acteón; a la izquierda, Diana y Calisto, de Tiziano

De no mediar una urgente y sustanciosa inyección de fondos, el público británico se arriesga a perder el privilegio de contemplar dos de las obras más celebradas del Tiziano, descritas en su día por Lucien Freud como “las pinturas más bellas del mundo”. Diana y Acteón y Diana y Calisto, que llevan la firma del gran maestro renacentista, se exhiben desde hace medio siglo en la sede escocesa de la National Gallery, gracias al generoso préstamo del duque de Sutherland. El propietario ha decidido venderlas, si bien anteponiendo los intereses de la nación: pide 62 millones de euros por cada una de las pinturas, oferta que el museo considera una “auténtica ganga” habida cuenta de que su actual valor en el mercado al menos triplica esa cifra. El problema reside en que el presupuesto de la institución museística no alcanza para cubrir ese precio, mientras los marchantes y coleccionistas de medio mundo permanecen a la expectativa.

Ése es el argumento esgrimido por la National Gallery para emprender una campaña recaudatoria que apunta a generosos y altruistas donantes, al público de a pie y también al propio Tesoro británico. “Sería difícil exagerar la desgracia que supondría la pérdida de los dos tizianos”, declaraba el director de la galería de Edimburgo, quien equiparaba esa tragedia a que el museo parisiense del Louvre se viera despojado de la Mona Lisa o la galería veneciana de los Uffizi se quedara sin sus botticellis.

A la cabeza de la iniciativa para retener esas joyas de la pintura figura la propia prensa del Reino Unido, que ayer procuraba amplio eco al ultimátum planteado por el aristócrata: exige una respuesta positiva del museo para adquirir Diana y Acteón antes del año nuevo, plazo que prolongaría cuatro años en el caso de Diana y Calisto. Si la operación acaba cerrándose, el duque accedería a mantener durante otras dos décadas el préstamo del resto de la colección, de la que forman parte -conocida como Bridgewater- 27 obras de los grandes maestros de la pintura que hoy penden de las paredes de la National Gallery de Escocia. En caso contrario, el propietario se dispone a poner en el mercado los tizianos, a la espera de la mejor puja.

A pesar del maltrecho estado del presupuesto público británico -el país está a un paso de la recesión económica-, el Ministerio de Cultura se ha movilizado para intentar convencer al canciller del Exchequer, Alistair Darling, de que conceda al museo un crédito de urgencia de entre 12 y 24 millones de euros. Esa cantidad -que de plasmarse significaría el primer préstamo de esa naturaleza desde 1972- se sumaría a otra importante aportación del Patrimonio Británico, acostumbrado a captar donaciones a cambio de importantes exenciones fiscales.

En juego está no sólo el orgullo nacional, sino sobre todo la pérdida de dos de las pinturas más importantes de la oferta cultural de las islas. Su concepción nació del encuentro entre Tiziano Vecelli (1485-1576) y Felipe II, quien encargó al artista una serie de “poesías” que mostraran la belleza de la mujer desnuda para decorar su cámara privada. El resultado fueron seis lienzos, entre ellos las dos Dianas ahora objeto de pugna, sendos óleos sobre lienzo de 188 – 206 centímetros, a los que el autor dotó de elementos similares porque los concibió para ser colgados en la misma pared. Si la campaña de la National Gallery no llega a buen puerto, los caprichos del mercado del arte podrían acabar bifurcando sus caminos.

Cuatro grandes maestros ocultos durante casi cien años lucen de nuevo


EFE – El Pais

Un museo de Nueva York expone seis obras maestras de Holbein, Bellini, Tiziano y El Greco que poseía un millonario en un salón de su mansión desde 1915 

actualidad080813ny.jpgSeis pinturas de Bellini, Tiziano, Holbein y El Greco, consideradas entre las obras maestras de esos artistas, se pueden ver desde hoy y hasta el 28 de agosto en el museo Frick de Nueva York. Se trata de seis pinturas que forman parte de los fondos de la prestigiosa institución neoyorquina y que desde 1915 estaban colgadas en las paredes del salón de la mansión de Henry Clay Frick sin que desde entonces se hubieran expuesto en público, a excepción del San Jerónimo, de El Greco.

Durante solo dos semanas y mientras se hacen unas obras, esas seis obras maestras se colocarán en la sala oval”, un lugar privilegiado del museo Frick, para que puedan ser vistas por el público, indicó la organización. Entre estas obras que se pueden contemplar ahora destaca la enigmática San Francisco en el Desierto, de Giovanni Bellini (1430-1516), situada en la pared central de la sala. Esta pintura de Bellini, que se considera la obra renacentista más valiosa que existe en Estados Unidos y una de las más misteriosas porque los expertos no aciertan a ponerse de acuerdo sobre su interpretación, está escoltada en la muestra por dos pinturas de Tiziano (1477/1490-1576).

Son Retrato de hombre con capa roja, pintado por Tiziano hacia 1516, que corresponde a un joven caballero y cuya luminosidad contrasta con otro retrato del mismo artista, Pietro Aretino, realizado hacia 1548, una imagen del autor de numerosas vidas de santos y del inventor de la literatura pornográfica moderna. Frente a ellas, el museo Frick ha colocado una pintura de El Greco (1541-1614), titulada San Jerónimo y que de las seis es la única que ha sido vista por los neoyorquinos, hace siete años, cuando la institución organizó una exposición dedicada a ese artista del Renacimiento español, Doménicos Theotokópoulos. Se trata de una pintura, que forma parte de las varias versiones de ese santo realizadas por El Greco y la única que lleva su firma, indicó el museo. Esa obra, colgada durante años sobre la chimenea del salón de la mansión Frick en Nueva York, refleja a un San Jerónimo vestido con ropa de color naranja brillante y en la que destaca la mirada penetrante del personaje, que posa su mano sobre una Biblia.

El multimillonario industrial Henry Frick (1849-1919), un gran amante de la obra de El Greco e introductor de ese artista en EEUU, adquirió esa pintura en 1905, reuniendo en su colección privada buena parte de la obra artística del pintor español, en la que también se incluyen la Purificación del templo y el retrato de Vincenzo Anastagi. Bajo el título de Cara a cara: retratos de dos grandes adversarios, el museo ha colocado los retratos que Hans Holbein el Joven (1497-1543) realizó de dos enemigos irreconciliables como fueron Thomas More, en 1527, y Thomas Cromwell, hacia 1532-1533.

Desde 1915, recordó la institución, los retratos de los dos hombres que se enfrentaron en el surgimiento de la Iglesia Anglicana, bajo el reinado de Enrique VIII, y que tuvieron finales similares, condenados a muerte por traición, han estado colocados uno frente a otro, cruzándose las miradas.

La institución, según indicó su directora, Anne Poulet, trabaja en la reconstrucción de una de sus salas más importantes -lo que era el salón de la mansión-, en donde se están restaurando los paneles de madera, al igual que los suelos y las alfombras, que serán una réplica de las originales. “Mientras tanto, nos complace exponer estos grandes tesoros”, dijo Poulet, que agregó que el museo completará esta muestra con la celebración de varias charlas sobre esas obras de arte.