El barco de Scott, hallado en Groenlandia


El Pais

  • El ‘Terra Nova’ se hundió 30 años después de su viaje a la Antártida

Un siglo después de que su nombre quedara ligado a una gesta fracasada, la conquista del Polo Sur, el barco que llevó al británico Robert F. Scott a la Antártida ha sido hallado. El Terra Nova yace en aguas del sur de Groenlandia, donde se hundió en 1943 tras chocar con un iceberg. Para entonces, el velero se había convertido en un pesquero.

Lo ha encontrado un grupo de investigadores del Schmidt Ocean Institute (organización científica independiente). No lo buscaban, pero ahí estaba. “Fuimos afortunados”, cuenta por teléfono el director científico de la organización, Victor Zykov. El sónar que probaban (el motivo de su expedición) devolvió la imagen de una protuberancia de 57 metros de largo en el fondo del mar. La medida, coincidente con la del histórico barco, hizo sospechar que podría ser el Terra Nova. Para corroborarlo el equipo a bordo del Falkor —buque del Schmidt Ocean Institute— sumergió dos cámaras a más de 300 metros de profundidad. Y las imágenes lo confirmaron: la chimenea y los mástiles que se veían coincidían con los del Terra Nova.

Tampoco es que haya sido solo una cuestión de azar, según explica Zykov. “Uno de los expertos que viajaba en nuestro barco es un amante de la historia del Terra Nova y sabía dónde podía estar”, explica. Como el lugar que citaba, el sur de Groenlandia, era también un sitio adecuado para probar el sónar, la expedición puso rumbo hacia allí.

Pese a que el equipo del Schmidt Ocean Institute celebró el hallazgo, fue pocos días después de comunicarlo cuando se dieron cuenta de la importancia. Organizaciones, investigadores y arqueólogos de todo el mundo empezaron a llamarles interesados en el barco que utilizó Scott para viajar a la Antártida con el propósito de alcanzar el Polo Sur. El británico fracasó —el triunfo fue para el noruego Roald Amundsen— y murió en el empeño, en 1912.

“Ya hemos comprobado que nuestro equipo funciona bien”, dice Zykov. Los descubridores del pecio del Terra Nova han concluido su misión. El barco sigue donde estaba. ¿Dónde? La respuesta precisa solo la puede dar el Gobierno de Estados Unidos, según el director científico del Schmidt Ocean Institute. Sus descubridores han evitado difundir la localización exacta para “protegerlo de saqueadores”, explica Zykov.

Las circunstancias del hundimiento y el tiempo transcurrido han provocado que el Terra Nova, con casco de madera, esté muy deteriorado, a juzgar por las grabaciones. Tanto, que Zykov no cree que sea posible reflotarlo ni trasladarlo. Pero confía en que futuras investigaciones “den una perspectiva sobre como viajó Scott”.

Los fósiles más antiguos del sistema Bético


El Mundo

Un equipo de geólogos andaluces han encontrado, en el conocido como Complejo Maláguide, del municipio de Ardales (Málaga), los fósiles más antiguos que se conocen en la Cordillera Bética. Según sus dataciones, pertenecen al período Ordovícico final, hace entre 446 y 444 millones de años.

Durante este periodo, los días tenían únicamente 21 horas y no había animales en tierra firme debido a la escasez de oxígeno en la atmósfera. Pero los mares estaban llenos de vida y por ello abundan los fósiles, sobre todo de trilobites.

Según la geóloga Rosario Rodríguez-Cañero, una de las responsables de este hallazgo, su importancia radica no sólo en la antigüedad de los fósiles, y en que permitan datar la edad de los materiales que los contienen, sino también en “la valiosa información que proporciona para realizar una reconstrucción de la historia tectónica, de la paleogeografía, y de la historia geológica de la Cordillera Bética”.

La investigadora, de la Universidad de Granada, asegura en este trabajo que los fósiles que ha encontrado, muy escasos y difíciles de encontrar, son una herramienta imprescindible para desentrañar la historia geológica de las Bética, y para conocer las características del medio ambiente en el que se desarrollaron, y la historia térmica de las rocas en las que se hallaron.

Se trata de conodontos, unos animales exintos que tenían forma de pequeña anguila pero sin columna vertebral, cuya longitud era de unas decenas de milímetros y que habitaron los mares de la era Paleozoica, hasta que desaparecieron al finalizar el Triásico (hace unos 205 millones de años).

Los investigadores analizaron las características de sus restos, así como la presencia de unas especies y la ausencia de otras, comparando estos datos con los de la misma época en el macizo Ibérico y en otras cordilleras del entorno.

Sus resultados revelan que durante al final del Ordovícico, el Complejo Maláguide no estaba con el resto de la Península Ibérica en un margen del continente de Gondwana, sino que se situaba mucho más próximo a los Alpes, con cuya fauna tiene muchas similitudes.

Para el geólogo Juan Carlos Gutiérrez-Marco, del Instituto de Geología Económcia (CSIC-ucm), “la importancia de este hallazgo reside en que se trata de los primeros conodontos del Ordovícico terminal encontrados en la Península, donde los ambientes de sedimentación autóctonos no alcanzan regiones tan profundas como las de los registros equiparables de los Alpes”.

“Los bloques de roca fosilífera milagrosamente transportados y conservados en el basamento de la Cordillera Bética, derivan de un sedimento casi contemporáneo a la gran glaciación gondwánica africana, que casi acaba con los animales portadores de estos microelementos fosfáticos”.

Los fósiles de los conodontos no son completos, sino unas diminutas piezas de menos de un milímetro, de una composición similar a la de los dientes de los vertebrados que estos animales llevaban en la región cefálica y los utilizaban para atrapar y triturar los alimentos.

Aunque estos dientes son las únicas piezas mineralizadas que poseían los conodontos, y las únicas que suelen fosilizar, en otras zonas del planeta se han encontrado conodontos completos”, según la geóloga.

Estos fósiles béticos no solo son los más antiguos de la Cordillera Bética, sino los primeros que se encuentran de este tipo en todo el Mediterráneo occidental, desde Gibraltar hasta el sur de Italia.

El trabajo ha sido publicado en la revista ‘Terra Nova’