Armas y Símbolos de los Templarios


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El estandarte del Temple, que portaba un abanderado en las batallas, consistía en dos franjas horizontales: negra y más estrecha la de arriba; blanca, la inferior.

Se denominaba Beaussant o “la bella enseña”.

El armamento habitual portado por los Templarios en Tierra Santa, a lo largo de los siglos XII y XIII, consistía en:

Yelmo o casco cilíndrico de hierro, con visor rectangular estrecho.

Cota de malla en forma de caperuza. Se fabricaba sobre cuero, donde se insertaban anillas o placas metálicas. Recubría el cuello, los hombros, el torso y la espalda con faldeta para proteger los muslos.

Calzas , se prolongaban en las perneras de hierro.

Túnica de tela blanca. Recubría todo el conjunto para aliviar el calor. Sobre ella flotaba la capa blanca con la cruz roja al pecho.

Escudo , de forma elíptica con apunte triangular. Se construía con planchas de madera recubiertas de hierro y se acoplaba al brazo izquierdo.

Lanza larga, de hasta 4 metros, en madera con astil de hierro bien afilado.

Espada de doble filo y longitud variable.

Maza turca de plomo y bronce con aristas cortantes.

Machete ancho de un solo filo.

También se les entregaban tres tipos diferentes de cuchillos, una gualdrapa o manta para cubrir su caballo, un caldero, un cuenco para medir la cebada y seis alforjas. El conjunto superaba ampliamente los 40 kilos y requería un vigor extraordinario para soportarlo y manejarlo con soltura. El caballo también iba acorazado y protegido.


MITOS Y LEYENDAS DE LOS TEMPLARIOS

De esta historia de los Templarios surgen varios mitos y leyendas. La Orden del Temple fue una organización secreta. Para la mayoría del público, la Orden tenía una identidad misteriosa. Peter Partner escribe en su libro The Murdered Magicians; the Templars and Their Myths:

Muchas de las leyendas surgen por que los Templarios fueron una Orden secreta y por las acusaciones de practicar la magia.

EL BAFOMETO

El Bafometo es un diablo con una estrella de cinco puntas en su frente, tiene senos de mujer, un brazo es de varón y otro de hembra. Con una mano señala hacia la luna blanca, y con otra hacia la luna negra; el bajo vientre está velado, y los órganos sexuales están expresados por el Caduceo de Mercurio.

La cara del Bafometo es la de un macho cabrio. El cuadro del Bafometo encierra el secreto de la magia sexual. La estrella de cinco puntas sobre el entrecejo del Bafometo es el ojo de Brahma, es la clarividencia de los clarividentes, que es el “INTIMO”.

El Bafometo es una de las más famosas leyendas de los Templarios. “Aquí nos enfrentamos con el mayor misterio del Temple; abordamos lo que hizo temblar de horror a tantas buenas gentes: el Bafometo” . En la leyenda, se cree, tiene “una figura de macho cabrío, sentado en un trono y con una antorcha encendida entre los cuernos. En la frente, el signo del Pentagrama. Con la mano hace la señal del ocultismo” . El Bafometo tiene una figura de “macho cabrío”, es una figura hecha de animal (cabra), mujer, y hombre. La antorcha que lleva entre los cuernos, es la luz mágica del equilibro universal . El Bafometo es una figura monstruosa, es un demonio. La leyenda dice que los Templarios adoraban a este ídolo “como si fuese un Dios, como a su salvador” .

También hay varias leyendas sobre el Bafometo. Otros dicen que “representaba una cabeza humana” y estaba echo de plata, de cobre o de oro y llevaba una larga barba . Aunque algunos Templarios confesaron a las acusaciones sobre el Bafometo, es importante recordar que estas confesiones fueron obtenidas con el uso de la tortura. “It was not difficult to extract whatever confession was required by the use of torture” .

En 1309 las fuerzas militares de Felipe el Hermoso comenzaron “la requisa de las casas Templarias”, pero no encontraron nada del ídolo (Vignati 219).

OTROS MITOS: (gran tesoro, alquimia).

Otro mito era el enterramiento del “gran tesoro”. Se cree que debajo del castillo del Ponferrada “sin duda debe encontrarse algo de tanta importancia como el Arca de la Alianza”

A lo demás se piensa que los Templarios fueron Alquimistas. La alquimia es de la idea que se pueden convertir diferentes metales en oro. Los Templarios “se hicieron famosos por sus conocimientos y descubrimientos en el estudio de la Alquimia”

EN AMÉRICA

Por fin hay leyendas de que los Templarios ya tenían relaciones comerciales con las Americas. “Los Templarios iban con regularidad a América de donde traían de unas minas que hacían explotar no oro sino plata” . Es dicho que cuando Cristóbal Colón llegó a América sus compañeros “encontraron indígenas que ya conocían la cruz” . Otra evidencia es que durante la edad media la moneda de plata era muy escasa. No se podía encontrar plata en Europa ni en el Oriente. “En Oriente la plata tiene más valor que el oro” . Entonces la pregunta es ¿de dónde vino la plata que se conoció en Europa antes del descubrimiento de América por Colón? A lo mejor la plata llegó a Europa por la explotación de minas en México por los Templarios.

La Orden de los Templarios fue una orden secreta, por eso surge esta imagen misteriosa, mágica y poderosa. ¿Tenían magia? ¿Quién les dio esta magia? ¿El diablo?

Monumentos Templarios


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Tomar fue la ciudad de los Caballeros Templarios que después pasaron a ser los Caballeros de la Orden de Cristo en Portugal. Originalmente el rey Alfonso I cedió el castillo de Ceres en 1159 a la Orden del Temple; un año más tarde el gran maestre Gualdim Pais dio la orden de construir el castillo de Tomar. Después que la Orden del Temple fue suprimida, se fundó la Orden de Cristo en 1314. Esta nueva orden fue muy activa en las expediciones marítimas y como señal de tal presentaban la Cruz de Cristo en las velas de sus naves; la misma que adornaba las tres caravelas con que Cristóbal Colón llegó a las Américas.


Mezquita de la Roca, también llamada cúpula de la Roca, es un santuario musulmán de planta centralizada que ocupa el mismo suelo que el antiguo templo de Salomón (destruido por los romanos en el año 90) en Jerusalén, situado sobre la roca donde Abraham ofreció el sacrificio de Isaac. La fe islámica también ubica en este montículo el lugar desde el que Mahoma ascendió a los cielos para recibir los mandatos divinos. El califa Omar ordenó erigir esta mezquita después de la toma de Jerusalén en el año 635.

El primer edificio era de madera y yeso y se demolió para comenzar hacia el 690 una construcción mucho mayor, la mezquita de Aqsa. El terremoto del año 746 destruyó el segundo templo, que fue reconstruido integrado en un conjunto religioso de peregrinación. A su vez, todos estos edificios sufrieron nuevas transformaciones durante las Cruzadas (estuvieron en manos de los templarios) y fueron definitivamente restaurados por el sultán Saladino I después de su conquista de Jerusalén.


El castillo de Caravaca, está construido sobre un cerro desde el que se domina toda la ciudad. En el se distinguen dos partes claramente diferenciadas: la zona amurallada, obra del siglo XV sobre otra anterior y el Santuario propiamente dicho. La fortaleza consta de 14 torreones entre los cuales cabe destacar la torre del homenaje, restaurada en el siglo XV por D. Juan Chacón, y la ermita de Santa María del Castillo, la edificación de carácter religioso más antigua de la ciudad. En la Edad Media diversas construcciones ocupaban el patio de armas, hoy ya no existen y el recinto amurallado se puede contemplar en toda su pureza. El castillo, junto con la villa, fue de la Orden del Temple en el siglo XIII, aunque quedan pocos testimonios de ese período. No ocurre así con la Orden de Santiago, posterior poseedora de la fortaleza y cuyo escudo aparece sobre la puerta principal de la misma.


Cehegín, su castillo perteneció a los templarios y fue posteriormente destruido por los franceses en la guerra de la Independencia española.



En Hondarribia, el castillo templario de San Telmo: situado en un acantilado junto al Cabo de Higuer para defender la entrada del Bidasoa de los ataques corsarios.


Aracena

Castillo y ruinas: El Castillo de Aracena, erigido en el siglo XIII sobre una antigua fortaleza musulmana es, según algunos estudiosos, de probable vinculación templaria aunque también parece haber sido de los Caballeros de la Orden de Santiago.

Iglesia Prioral de Nuestra Señora del Mayor Dolor: Es la parroquia más antigua de Aracena construida en las ruinas del castillo entre los siglos XIII y XV, de estilo gótico.


Benavente, se encuentran las iglesias románicas templarias San Juan del Mercado, del siglo XII, y Santa María del Azogue, que conserva unas notables esculturas.


Almansa,en el siglo XIII pasó a estar bajo la orden de los caballeros templarios, y se incorpora a la Corona de Castilla a principios del siglo XIV. Sin duda sobre fortificaciones anteriores, levantó don Juan Manuel su fortaleza en el siglo XIV. Así lo indican algunos documentos publicados por Aurelio Pretel. En uno de ellos, el 1338, sobre el aprovechamiento de aguas de Alpera, se establecen varias penas que, en todo o en parte se habían de destinar para el castillo de Almansa. Después en 1346, cuando don Juan Manuel hace merced al concejo de Almansa de tierras de riego de su posesión y del agua que le correspondía.


El de Peñíscola es un castillo de origen templario, situado en la población del mismo nombre, en la comarca castellonense del Bajo Maestrazgo. Su origen se remonta a 1294, año en que la Orden del Temple incorporó a sus dominios Peñíscola y su distrito territorial. A partir de dicha fecha y hasta 1307 tuvo lugar la construcción del castillo actual sobre los restos de la alcazaba árabe. Las obras fueron promovidas por Berenguer de Cardona, Maestre de la Orden en Aragón y Cataluña, y por Arnau de Banyuls, Gobernador de Peñíscola. Con la desaparición del Temple en 1319, el castillo se incorporaría a la Orden de Santa María de Montesa, recientemente creada. En 1329, Peñíscola encabeza una petición y consigue que en su castillo se cree el Priorato de San Jaime.


El alcázar o castillo de Olivenza conserva gruesas murallas del siglo XIV, sin almenas. Las torres conservan sus matacanes. La torre del homenaje, construida por orden de Juan II de Portugal mide 36 m de longitud y 18 m de lado, y tiene tres pisos, de los que destaca la decoración del último. Se accede a ella por diecisiete rampas con cubierta de bóveda. La puerta de Alconchel y la puerta de los Ángeles, están enmarcadas por dos torreones circulares y presenta un vano de medio punto abovedado; no aparecen elementos decorativos. Está protegido por el decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español. Cierra la ciudadela medieval las puertas del Duque de Cadaval y la de San Sebastíán, reconstruída en 2006.


El hoy llamado castillo templario se emplaza en lo que en origen fue un castro celta, en una posición similar a la de otros del Bierzo, y que durante toda la Edad Media sería la “puebla” fortificada de Ponferrada.

En 1196, ante el ataque de Alfonso VIII de Castilla, el rey de León, Alfonso IX reforzó su presencia en la zona con la “puebla” de Ponferrada. En 1211 Alfonso IX, tras hacer las paces con la Orden del Temple les dona la villa de Ponferrada. En 1226 los templarios ya habían fortificado la villa. Durante el reinado de Fernando IV se produjo en Francia el juicio contra los templarios, que ocasionó la disolución de la Orden. Para evitar la consiguiente confiscación de Ponferrada, el maestre castellano del Temple, Rodrigo Yánez, entregó la villa al infante don Felipe, hermano del rey.

En 1340, Alfonso XI donó Ponferrada a Pedro Fernández de Castro, su mayordomo mayor, quien seguramente comenzó la construcción del llamado castillo viejo de Ponferrada. Ponferrada y su castillo continuaron en poder de la rama gallega de los Castro hasta 1374. A partir de ese año permaneció en poder de diversos y sucesivos miembros de la familia real.

En 1440, Ponferrada pasó a Pedro Álvarez Osorio, primer conde de Lemos, que venía reclamándolo desde hacía tiempo. Fue este importante personaje gallego del siglo XV quien realizó las grandes obras que configuran la actual fortaleza de Ponferrada, que comprende: un castillo, el llamado Castillo Viejo, un recinto amurallado con sus barreras y un palacio renacentista.

Tras diversas disputas y pleitos entre los herededos de Pedro Álvarez Osorio, Juana Osorio -la hija habida de su segundo matrimonio con María de Bazán- y Rodrigo Osorio, segundo Conde de Lemos -su nieto bastardo-, los Reyes Católicos adjudicaron Ponferrada a Juana Osorio. Rodrigo Osorio no acató la resolución y tras poner cerco a la fortaleza se apodero de ella en 1485, iniciando así una rebelión contra los reyes. La Corona reaccionó formando un importante ejército -600 lanzas y de cinco a seis mil peones- bajo la dirección del Almirante de Castilla con el fin de tomar todas las plazas y lugares del Bierzo que apoyaban al conde. Al no rendirse el éste, se emprendió un duro asedio con artillería a la fortaleza de Ponferrada, que fue tomada al asalto en el verano de 1486. Tras pasar Ponferrada a los Reyes Católicos -previamente al cerco de la fortaleza había comprado los derechos sobre la villa de Ponferrada a doña María de Bazán y sus hijos por 23 millones de maravedís-, se iniciaron obras de reparación y refuerzo de la fortaleza.


Templo de la Vera Cruz en Segovia, templo románico (de inicios del siglo XIII) con sencilla torre cuadrada y portadas austeras.

Su origen pudo ser templario, y llama la atención su enigmática estructura: forma poligonal, organizado en torno a un edículo central de dos pisos. El bajo semeja una cripta, en tanto que el alto es airoso, con un ara en el medio, decorado con arcos de inspiración árabe o visigótica.

El conjunto interior resulta sumamente misterioso.

Templarios: la sangrienta defensa de San Juan de Acre durante la última Cruzada


ABC.es

  • El 5 de abril de 1291 los «Pobres caballeros de Cristo» lucharon contra un gigantesco ejército musulmán liderados por Guillaume de Beaujeu
  • Cruzadas y Santo Grial

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Hablar de los templarios es hacerlo también -y de forma irremediable- de sus mitos y sus misterios. De su leyenda negra y del ocultismo que les rodea. Sin embargo, la realidad es que fueron una orden formada por monjes guerreros que destacaron por su arrojo en decenas de batallas. Una de ellas fue, precisamente, la defensa de la última ciudad cristiana de envergadura en Tierra Santa: San Juan de Acre.

Y es que, el 5 de abril de 1291 los «Pobres caballeros de Cristo» se vieron obligados a defender esta región ubicada en la actual Israel de un gigantesco ejército musulmán. Semanas después perdieron la urbe, la batalla y la guerra. Con todo, no perdieron su honor, pues lucharon espada en mano hasta la última gota de sangre liderados por Guillaume de Beaujeu, su Gran Maestre.

Un nuevo Gran Maestre

«Guillaume de Beaujeu, ese es tu nombre. Tienes 40 años y acabas de ser nombrado Gran Maestre de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo este 25 de marzo de 1273. Fuiste en otro tiempo comendador de Trípoli y de Apulia. Pero la tarea que acometes ahora no tiene comparación con aquellas. Debes proteger las escasas tierras que quedan a los Templarios en Tierra Santa, cada vez más virgen de cruzados. El estandarte de tu orden apenas ondea ya en algunas regiones como Sidón, pero has jurado proteger a los peregrinos que emigran hasta la zona en la que vivió Jesucristo para expiar sus pecados, y lo harás hasta tu muerte».

Acre pasó a ser la principal ciudad cruzada tras la pérdida de Jerusalén

Cuando Guillaume de Beaujeu fue elegido Gran Maestre de la Orden del Temple la situación no podía ser peor para los cristianos en Tierra Santa. Todo había comenzado en 1187 con la pérdida de la ciudad de Jerusalén -sagrada para los cristianos por ser en la que murió Cristo- a manos de Saladino. A partir de ese momento las derrotas se generalizaron en territorio cristiano.

Primero cayó la ciudad de Antioquía en 1268. Luego fueron las fortalezas de Chastel Blanc, el Krak y Monfort en 1272 (todos importantes enclaves de los cruzados). Para terminar 16 años después -en el marco de una nueva ofensiva musulmana- le tocó el turno a Trípoli. Poco podían hacer los cristianos para resistir aquella avalancha militar. De hecho, tan solo lograron llegar a un acuerdo (una tregua) para evitar que los hombres de la media luna atacasen Acre. Una ciudad ubicada a orillas del Mediterráneo en la que residían las principales órdenes religiosas y militares.

Acre, el nuevo reino de los cielos

«Ya han pasado 13 años desde que fuiste nombrado Gran Maestre. Tus posaderas se asientan en Acre Guillaume, la última gran ciudad cristiana en una región en la que antes la enseña con la cruz se extendía hasta donde abarcaba la vista. La tregua con el enemigo es precaria. Sabes que no durará mucho. Pero contra más tiempo se evite la lucha, menos sangre cruzada se derramará en la arena. Se que intentas mantener la paz, pero hay algo contra lo que ni tu podrás luchar: los pendencieros cruzados italianos».

En 1290 los cristianos se esforzaban por no romper la tregua con los musulmanes. Y no porque no quisieran, sino porque sabían que enfrentarse al poderoso ejército del sultán significaría la destrucción. Sin embargo, el destino quiso que ese mismo año desembarcara en Acre una partida de cruzados italianos que fueron definidos como bebedores, revoltosos y difíciles de mandar.

Desesperados por no conseguir riquezas, los recién llegados faltaron a su honor robando y asesinando a multitud de mercaderes musulmanes en la ciudad. La situación fue aprovechada por el Sultán Qalawun, que armó un ejército de 160.000 infantes y 60.000 jinetes para tomar, de una vez por todas, Acre. El 5 de abril Al-Ashraf (nombrado líder tras la muerte de Qalawun) posicionó a sus tropas frente a la ciudad. La batalla iba a comenzar y los cristianos, viendo el contingente que llegaba a sus puertas, eligieron a Guillaume de Beaujeu para dirigir las defensas.

Comienza la batalla

«Poco puedes hacer ante un ejército musulmán tan grande Guillaume. Apenas tienes a 20.000 valientes bajo tus órdenes. Y sumando entre ellos a tus caballeros templarios y a los hospitalarios. Muchos de ellos temblando por el repicar de los tambores enemigos. Pero deberás defender los muros de Acre hasta tu último aliento si quieres ganarte un lugar en el Paraíso. Prepárate para la batalla. Será la última en la que blandas tu espada».

A mediados de mayo los musulmanes se lanzaron contra la muralla interior

El día 7 comenzó el asedio musulmán, cuyo ejército se apoyó en sus máquinas de guerra para, en menos de un mes, atravesar la primera muralla y llegar hasta la Torre Maldita, una de las defensas más destacadas. El 16 de mayo fue tomada la Torre del Rey, lo que dejó el paso franco a los hombres del sultán para lanzarse en tromba contra la muralla interior de la ciudad dos días después. La última defensa correría a cargo -principalmente- de los Templarios y su Gran Maestre.

«Apenas acaba de salir el sol y los musulmanes ya han disparado el fuego griego y han arrasado las murallas con sus arqueros Guillaume. La carga ha comenzado y la lucha es encarnizada. Atento a tu izquierda, esas espadas árabes son rápidas y pueden acabar contigo en un santiamén. Si, lo que oyes es cierto. Los hombres del sultán están a punto de atravesar la puerta de San Antonio. Ya puedes correr con un puñado de tus hombres o la ciudad caerá».

La muerte de un héroe

Al acudir con un venablo a la puerta de San Antonio, el Gran Maestre recibió el impacto en la axila izquierda de una flecha envenenada. La herida le causó unos daños tan severos que tuvo que ser trasladado por varios de sus hombres hasta el cuartel de su orden. Murió por la noche, a los 60 años. Por suerte, sin ver cómo sus enemigos tomaban y saqueaban Acre.

«”Señores, no puedo más, pues muerto estoy”. Esas han sido tus últimas palabras antes de morir Guillaume. Pero no te preocupes, tienes mi bendición para entrar en el paraíso como gran valedor del Temple. Te lo dice tu Señor»

 

Buscando a los templarios en los Montes de Toledo


ABC.es

  • En las localidades de San Martín de Montalbán, Navahermosa y Hontanar se puede rastrear las huellas de la Orden del Temple
Buscando a los templarios en los Montes de Toledo

JUAN GAVANCHA | Castillo de Montalbán

La constatación de la presencia templaria en la comarca de los Montes de Toledo nos viene dada por la documentación existente de la encomienda de Montalbán y las crónicas de las órdenes de Alcántara y Monfragüe, primeras en la repoblación del territorio delimitado por los ríos Cedena y Torcón durante el siglo XII.

La ruta, que la Asociación Cultural Montes de Toledo ha propuesto a ABC, puede iniciarse por el norte, desde Toledo, y por el sur, viajando desde Ciudad Real hasta el Puerto del Milagro y Las Ventas con Peña Aguilera. Si optamos por salir desde Talavera de la Reina, la referencia es el pueblo de Los Navalmorales.

Tanto si elegimos una u otra opción, el punto de partida es el municipio de San Martín de Montalbán, desde donde, por la carretera CM-4009 hacia la Puebla de Montalbán, nos desviaremos a la derecha para visitar la iglesia y complejo monacal de Melque. En este edificio, de origen visigodo, la Orden del Temple instaló un convento en 1197.

Volviendo a la CM-4009, frente a la carretera estrecha que dejamos, comienza un camino que nos lleva hacia el Castillo de Montalbán,cabeza de la encomienda templaria que comprendía un extenso territorio que, partiendo desde Cebolla, el castillo de Villalba y Ronda en el valle del Tajo, se prolongaba hasta los Montes de Toledo.

Cañón del Torcón

El Castillo de Montalbán, uno de los más grandes de España, ya existía cuando los templarios aparecen en el territorio que había sido ocupado por la Orden de Alcántara y Monfragüe. Cabe destacar sus majestuosas torres albarranas y el sistema defensivo. Impresionantes son también las vistas sobre el profundo cañón del río Torcón.

Dejamos el castillo y nos dirigimos nuevamente hacia San Martín de Montalbán, desde donde podemos practicar una ruta a pie de 3 kilómetros hasta el Puente Canasta, de origen romano, que comunicaba las posesiones de Montalbán en la cordillera y que salva profundos tajos que muestra el paisaje del entorno.

Continuamos el viaje en dirección a Navahermosa por la carretera CM-401. Llegados a esta población, deberemos salir de ella por detrás de la iglesia y recorrer 2 kilómetros por un camino compactado antes de llegar al Castillo de Dos Hermanas, enclavado en un paraje que tiene algo de mágico, tranquilo y espectacular.

Buscando a los templarios en los Montes de Toledo

ABC | Castillo de Dos Hermanas

En las cercanías de este paraje existió la aldea de Dos Hermanas, posiblemente fruto de la repoblación templaria y posteriormente, en el siglo XIII, se levantó el castillo con el fin de proteger la frontera sur de Montalbán. Desde esta población podemos optar por realizar una ruta a pie o continuar en automóvil hacia el municipio de Hontanar.

Una vez llegados a este pintoresco pueblecito rodeado de las montañas del macizo de Corral de los Cantos, podemos encaminarnos al despoblado de Malamoneda. El camino se hace a pie a partir del cruce de la carretera de Hontanar y Navas de Estena. Son aproximadamente 6 kilómetros por un camino jalonado de barrancos.

El caminante debe estar atento para tomar, a unos 4 kilómetros, un camino que se desvía a la izquierda entre algunas encinas y chaparros; dejando el principal, continuamos por ese otro, que por estos parajes, lo llaman «de la Torre», y llegaremos a un vallejo con una chopera. Al final del mismo divisaremos la Torre de Malamoneda con los restos del caserío de su antigua población. Al norte de la torre se extiende una necropólis tardorromana que continúa por el oeste y hacia el sur hallaremos las construcciones del antiguo despoblado.

Volviendo al camino principal junto a la torre, se cruzan restos de calles y casas de la primitiva Malamoneda, hasta llegar a un arroyuelo llamado Pasadero, afluente del río Cedena. Prosigue el camino entre las huertas donde estuvo el barrio de Buenamoneda, con la desaparecida iglesia y pequeño cenobio que fue templario.

Entre los campos de cultivo se levantan las ruinas de un antiguo recinto de origen impreciso, convertido en castillo durante la repoblación. El camino avanza hasta el río Cedena, que podemos vadearlo y seguir su curso hasta encontrarnos con una presa que, cruzándola, llega de nuevo a la Torre de Malamoneda. De vuelta a Hontanar, podemos dirigirnos a nuestro punto de partida por Navahermosa, dando por finalizada la ruta.

 

El día que murió en la hoguera Jacques de Molay, último gran maestre templario


ABC.es

  • «¡Pagarás por la sangre de los inocentes, Felipe, rey blasfemo! ¡Y tú, Clemente, traidor a tu Iglesia! ¡Dios vengará nuestra muerte, y ambos estaréis muertos antes de un año!», proclamó antes de morir
El día que murió en la hoguera Jacques de Molay, último gran maestre templario

cg. simon/E. Segura | Ilustración sobre Jacques Bernard de Molay

Despunta el alba en la Isla de los Judíos, pero el sol apenas clarea de gris el lúgubre recodo del Sena. Las orillas están a rebosar de rostros curiosos, tanto en el lado del mercado como en el que linda con los jardines del Palacio del Rey. Hay risas, y vino, y putas trabajando bajo los mantos. Porque toda ejecución es un espectáculo y todo espectáculo es una fiesta.

Y toda fiesta tiene un invitado de honor. Este ha pasado la noche en la isla, en una jaula improvisada hecha con maderos. Un niño hubiese podido escapar de ella en cuestión de minutos, pero el despojo balbuceante que los alguaciles sacan de su interior apenas es capaz de tenerse en pie, cuanto ni más huir. Le conducen frente al preboste de París, que aguarda inquieto frente a la pira. Cambia el peso de un pie a otro, incómodo por la humedad y por la tarea ingrata. Cuando desenrolla la sentencia y se la lee al reo, lo hace con voz trémula y ojos esquivos.

-Jacques Bernard de Molay, vigésimo tercer Gran Maestre de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y el Templo de Salomón, conocidos como templarios. Has sido juzgado y hallado culpable por tu propia confesión de los delitos de herejía, idolatría, simonía y blasfemia contra la Santa Cruz. Por ello has sido condenado a morir en la hoguera.

-Fui condenado a cadena perpetua, no a muerte. Y me retracté de esa confesión, obtenida bajo tortura -susurra el anciano.

El preboste mira a Molay con compasión no exenta de culpabilidad. Sabe que la confesión ha sido arrancada de forma cruel. Tras siete años de prisión, el anciano ha quedado reducido a una sombra de lo que fue. Pese a ello, cuando la sentencia se proclamó en firme, Molay fue tan torpe de no aceptarla con la sumisión esperada.

-Rechazasteis la misericordia del rey Felipe proclamándoos inocente cuando ya habíais sido hallado culpable. Añadisteis el pecado de la soberbia a los que ya poseíais. Y os condenasteis a vosotros mismos y a los templarios a la desaparición.

-Ya no existen, mis hermanos ya no existen -replicó el anciano, meneando la cabeza-. Pero la orden vivirá para siempre.

113 caballeros templarios habían sido ya asesinados en la hoguera por los hombres de Felipe. Aquel era el último que quedaba en Francia.

-Es voluntad del rey y de Su Santidad que la Orden sea erradicada, y su nombre sea maldito y caiga en el olvido.

-No le será tan fácil -repuso Molay, tirando torpemente de la túnica deshilachada y mugrienta que era toda su vestidura. La mano huesuda descubrió un hombro escuálido. Allí, cerca del corazón, el anciano había lacerado su carne, dibujando una cruz, la misma que había guiado su espíritu durante los 71 años de su existencia. Había usado el mango de una cuchara hacerlo, afilándolo contra una piedra suelta en la pared de su celda.

El preboste ahogó un quejido de repugnancia al ver aquello. Los bordes irregulares de la herida se habían infectado y estaban llenos de gusanos.

-Felipe y Clemente me matarán, pero no me impedirán morir con la cruz en el lugar donde siempre ha estado -añadió el anciano.

-Sea pues. Morid con la cruz, y que la orden muera con vos -dijo el preboste, haciendo un gesto al verdugo.

El encapuchado arrastró a Molay hasta el poste, alrededor del cual se habían dispuesto haces de madera seca por todas partes excepto donde debían ir los pies del prisionero. Al verlo, el templario pidió al preboste que se acercase.

-Me gustaría morir mirando a Notre Dame.

El preboste dio unas cuantas órdenes, y los guardias cambiaron de sentido los haces de leña a regañadientes. Ataron al anciano al poste, y finalmente colocaron algo más de combustible sobre las canillas blanquecinas y llenas de costrones del viejo guerrero.

El verdugo se acercó entonces al lugar donde apilaba sus enseres, y cogió un cubo donde guardaba paja húmeda. Iba a acercarse a la pira con él, pero el preboste le detuvo.

-Dejad eso.

Incluso a través de la capucha de cuero se percibió el desagrado del verdugo. No era un hombre que disfrutase haciendo daño a otros. Había perfeccionado su trabajo para matar con el mínimo dolor posible, y eso incluía la paja húmeda cuando alguien era condenado a la hoguera. El fuego arrancaba gran cantidad de humo de la paja, provocando que el reo se ahogase mucho antes de que el fuego le abrasase la carne.

-Sólo es un viejo inútil -dijo.

-El rey ha dicho que no -zanjó el preboste.

¿Qué terribles delitos había cometido aquel anciano para que la condena fuese tan dura? Ninguno, si hemos de juzgar su proclamación pública de inocencia, lejos de las lancetas y las cuerdas de los torturadores. Pero no eran sus crímenes los que habían enfurecido al Papa Clemente y al Rey Felipe el Hermoso. Era la existencia de los templarios la que significaba una amenaza para los poderes de París y de Avignon, donde estaba entonces la sede de Pedro.

Origen de la orden

Desde que dos siglos atrás nueve cruzados se comprometiesen a salvaguardar a los peregrinos que visitasen Tierra Santa, la orden de los Templarios no había dejado de crecer en poder e influencia. Poco a poco se habían extendido por Europa, y los templarios no combatientes habían librado una batalla distinta con las monarquías del continente. Sabedores de que la auténtica fuerza de una espada está en el brazo que la empuña, y la de este en el estómago que lo alimenta, y la de este en la bolsa que lo llena, habían decidido servir a Dios y a la Orden amasando oro a manos llenas. Inspirados por las prácticas ancestrales de judíos y fenicios, los templarios crearon una forma primigenia de banco, que servía de puente entre los monarcas siempre ávidos de dinero para sus guerras y francachelas de caza. Ello aumentó aún más el poder de la órden, que además era completamente independiente del papado.

Y cuando alguien crece demasiado a su aire, se crea enemigos. Y si además sus deudores tienen el poder para aniquilarlos, pueden caer en la tentación de hacerlo. Y así fue como los monjes guerreros se labraron la inquina del rey Felipe el Hermoso, cuyas deudas eran cada vez mayores y sus posibilidades de saldarlas, más pequeñas. Y del Papa Clemente, que envidiaba la libertad de los templarios y rabiaba porque estos no le apoyasen en las escaramuzas que deseaba librar. Se reunieron y confabularon. Pensaron en una excusa, desde los secretos rituales de iniciación dentro de la Orden, que dicen que incluían escupir sobre la Cruz, hasta los pecados de usura y simonía. Cualquier cosa que pudiese invertir las simpatías del pueblo por los poderosos y misteriosos templarios, cuyas virginales túnicas blancas y fiereza en el combate despertaban la admiración de los comunes. Aunque si hay algo a lo que el vulgo está más dispuesto que a admirar a un héroe es a vilipendiarlo a la mínima ocasión.

Les persiguieron, les arrestaron, les torturaron, les hallaron culpables y les encerraron. Uno a uno, eran vulnerables. Uno a uno, fueron cayendo los guerreros mejor entrenados de la Cristiandad, bajo los perros del rey, campesinos con espada que sólo tenían a su favor el número; pero no la razón, ni la justicia ni el honor.

Corrupción, antes y ahora

Repasar la historia y repasar nuestros titulares del siglo XXI no es un ejercicio demasiado distinto. Entonces y ahora la corrupción en lo alto era y es el pan nuestro de cada día. Entonces y ahora los poderes públicos se doblaban al servicio de quienes carecen de escrúpulos. Pero entonces, además, había un señor con una capucha de cuero que podía atajar el problema de raíz convirtiéndolo en ceniza.

Ya se acerca el verdugo a Jacques de Molay, con la antorcha encendida en la mano. En el amanecer grisáceo, la bola de fuego anaranjado arranca ocasionales tonalidades azuladas del cielo encapotado. El viejo templario, que tiembla de frío y de miedo, casi agradece el calor de la antorcha cuando prende la base de la pira, mandando una engañosa y agradable sensación a sus pies helados.

«Dieu vengera notre mort!», musita el anciano varias veces, como ensayando para sí mismo, antes de tomar aire y repetirlo a gritos. Y su garganta reseca encuentra fuerzas para proclamar su inocencia. La voz cascada se aclara por última vez, y el viejo semidesnudo vuelve a ser un príncipe de la cristiandad. Un gigante poderoso cuya maldición vuela por encima de las cabezas de la gente, espanta a las palomas que anidan entre las gárgolas de Notre Dame, y se alza hacia el cielo para convertir el epitafio en presagio.

«¡Pagarás por la sangre de los inocentes, Felipe, rey blasfemo! ¡Y tú, Clemente, traidor a tu Iglesia! ¡Dios vengará nuestra muerte, y ambos estaréis muertos antes de un año!»

Las llamas muerden los pies del anciano, convirtiendo el final de su proclama en un alarido de dolor, que sella su destino y firma con sangre la maldición. Una maldición que se cumplirá al pie de la letra, pues tanto el Papa como el rey de Francia mueren a los pocos meses. Castigo divino o no, desde ese 19 de marzo de 1314 vivirá para siempre en la imaginación de todos nosotros la leyenda de los valientes y abnegados defensores del Santo Sepulcro, de los monjes que partían a mandoblazos cráneos de sus semejantes sin sentir ni por asomo la ironía: La leyenda de los caballeros templarios.

El retorno de los Templarios: “siempre aparecen cuando se habla de historias secretas”


El Confidencial

El retorno de los Templarios: “siempre aparecen cuando se habla de historias secretas”

Fresco de un caballero templario en la Batalla de Bocquee. (Corbis)

Los Templarios vuelven a estar de actualidad, y esta vez no se trata de una nueva novela histórica o de ninguna película ambientada en el Medievo. El acontecimiento que ha devuelto a la vieja Orden a los medios de comunicación es la apertura al público de la mítica ermita de San Bartolomé, en el Cañón del Río Lobos (Soria), vinculada con el Temple. Hasta la fecha, el lugar religioso sólo se abría el 24 de agosto de cada año, el día de San Bartolomé, cuando se celebra una romería en honor del santo, pero la diócesis de Osma-Soria acaba de anunciar la apertura del edificio a lo largo de varios días en 2013. Las fechas en las que el edificio puede visitarse son esta Semana Santa, así como todos los fines de semana hasta finales de junio. En verano, la ermita permanecerá abierta todos los días (excepto los lunes).

Es la oportunidad perfecta para visitar uno de los que ha sido considerado como mejores ejemplos del simbolismo iniciático pétreo templario, y que ha estado siempre rodeado por la leyenda. Hoy en día, se cree con casi total seguridad que este templo era uno de los cinco bajo el poder del Temple en Castilla cuando fue disuelto en 1312. Una de las razones para defender esta tesis es que, junto a los otros cuatro lugares religiosos bajo el control de la orden, dibujan sobre el mapa español una Cruz de Malta, lo que explicaría la peculiar ubicación de la ermita. Además, está localizada a la misma distancia de los dos puntos que en la época se pensaban que se encontraban en el oriente y el occidente de la península, el cabo de Finisterre en Galicia (que sólo más tarde se descubrió que no era el auténtico “fin del mundo” europeo) y el de Creus en Cataluña.

Como ocurre con todo lo relacionado con los Templarios, se han generado un gran número de mitos alrededor de su papel durante el Medievo. También en España, donde tuvieron un papel muy diferente a otros países de Europa. La literatura histórica relacionada con este tema, muchas veces compuesta a partir de mitos sin confirmar y de ficcionalizaciones con un alto grado de libertad poética no han ayudado precisamente a esclarecer la andanza de la orden en España. Sólo ha sido en tiempos recientes cuando libros como Los Templarios en los Reinos de España (Planeta) de Gonzalo Martínez Díez han contribuido a arrojar una luz más rigurosa sobre la Orden del Temple. Ya el propio Umberto Eco hacía chanza de las leyendas que rodeaban a la organización, al señalar en El péndulo de Foucault (DeBolsillo) que “las historias secretas venden, y en todas ellas aparecen los templarios”. Pero, ¿qué ocurrió realmente con ellos, y qué ha sido producto de las leyendas urbanas?

  • Dieron origen a la masonería. Una de las leyendas más extendidas, a pesar de que no exista ningún dato histórico que permita afirmar esta relación, más allá de las toneladas de libros que especulan con la posibilidad de que los templarios fundasen en Tierra Santa la masonería. Sin embargo, declaraciones como la del masón escocés Andrew Mitchell Ramsay, que en el siglo XIX afirmó que la masonería no es otra cosa que la Orden del Temple, no ayudan a esclarecer el asunto.
  • Adoraban al bafometo. ¿Existió realmente el culto a este macho cabrío, sentado en un trono y que portaba una estrella de cinco puntas en su frente? La leyenda afirma que una parte de los templarios rendía tributo a dicho Dios, debido a la influencia en Tierra Santa de los sarracenos. Lo que es seguro es que un gran número de ellos fueron sometidos a juicio por herejía y torturados por el culto a dicha deidad. Algunos confesaron haber rendido culto a este ser, aunque la tortura probablemente tendría mucho que ver en su declaración. Cómo no, la criatura realiza un breve cameo en El código Da Vinci (Planeta) de Dan Brown.
  • El Vaticano acabó con los Templarios. El código da Vinci defendía una tesis que ha sido repudiada por la mayor parte de los historiadores especializados en el Medievo, ya que no se sostiene de ninguna manera. La novela de Dan Brown afirmaba que la auténtica desaparición del Temple fue obra del Vaticano, que había sido chantajeado por los caballeros, que conocían la relación entre Jesucristo y María Magdalena, un secreto gracias al cual obtuvieron su amplio poder. En realidad, su fin fue organizado tanto por el papa Clemente V como por Felipe IV, que solicitó financiación a los templarios para una de sus campañas y estos se la negaron. Este fue uno de los hechos desencadenantes del fin de la orden, según un gran número de historiadores.
  • Llevaban barba y la cabeza rasurada. ¿Cómo lucían los templarios? ¿Como James Purefoy en la película Templario (Jonathan English, 2011), es decir, con una recortada barba y el pelo un poco revuelto, a lo Russell Crowe? En realidad, parece ser que no hay nada más lejos de la realidad. Según señala Martínez Díez en su libro, los templarios solían portar un poblado vello facial y la cabeza afeitada por completo. Desde luego, un look mucho más moderno del que cabría pensar.
  • El Gran Maestre maldijo al papa, que moriría poco después. Esta es una de las leyendas más extendidas respecto a los templarios. La historia cuenta que Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la Orden del Temple, fue detenido por el papa Clemente V y condenado a la hoguera bajo acusaciones de sacrilegio, simonía y herejía. En definitiva, una manera rápida de terminar de deshacerse de los templarios. Según cuenta el mito, De Molay maldijo mientras ardía frente a la Catedral de Nôtre Dame al papa, a Felipe IV y a Guillermo de Nogaret, que morirían en el plazo de menos de un año. Sin embargo, esta maldición parece pertenecer al mundo de la leyenda, aunque circulase de manera amplia durante los siglos posteriores, contribuyendo a dibujar esa imagen ocultista de la Orden. Esta se ha recuperado de manera recurrente a lo largo de los siglos, como cuando en el siglo XIX Fabré Palaprat falsificó un hipotético documento que presentaba a todos los maestres que sucedieron a De Molay.
  • Custodiaban el Santo Grial. A todos nos gusta Indiana Jones, pero esta idea es simplemente producto de la mente de Joseph von Hammer-Purgstall, que en El misterio revelado del bafometo, publicado a comienzos del siglo XIX –la era del gran revival templario– además de dar pábulo a la teoría de la adoración del macho cabrío, señalaba que los templarios eran devotos mahometanos y que tenían en su haber la custodia del Grial y del conocimiento gnóstico asociado a él.
  • No pueden cazar. Parece ser que los templarios tienen prohibida la caza, tal y como aparece contemplado en sus votos, salvo en caso de extrema necesidad y con la única excepción de un animal: el león, ya que era considerada una de las bestias más peligrosas del Oriente y simbolizaba el mal.
  • Los templarios denunciaron al Papa Benedicto XVI. Efectivamente, esto ocurrió en 2008, cuando la llamada Asociación Orden Soberana del Temple de Cristo presentó una demanda en un juzgado de Madrid ante el papado de Roma, exigiendo la rehabilitación de la organización, y la devolución de los bienes incautados, valorados en alrededor de 100.000 millones de euros. La disolución de la orden en 1307 hizo que los templarios fuesen desposeídos de sus bienes y sus territorios, pero resulta un tanto extemporáneo pensar que este tipo de cuentas se pueden ajustar siete siglos más tarde.

El volumen ‘Processus contra Templarios’ reúne los documentos sobre el fin de esta Orden, que fue perseguida por Felipe el Hermoso y absuelta por el papa Clemente V


Jueves 25/10/07 22:50 EFE- ADN

  • El Vaticano redime a la Orden del Temple

En un elegante estuche de piel y al precio de 5.900 euros, los Archivos Secretos Vaticanos han puesto a disposición de los pocos privilegiados que lo podrán adquirir la verdadera historia del proceso que supuso el fin de la Orden de los Templarios. Se trata de Processus contra Templarios , un volumen que recoge todos los documentos sobre el juicio a esta Orden a comienzos del siglo XIV.

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El Folio de Chinon , uno de los documentos más relevantes, corrige las leyendas sobre los Templarios y sobre la actuación del papa Clemente V, tal y como asegura la historiadora que descubrió el pergamino, Barbara Frale. Durante siglos, añadiós, “se aseguró que el Papa estuvo de acuerdo y consintió la destrucción de la Orden, y este documento prueba que no fue así”.

Campaña de Felipe el Hermoso

La persecución a esta Orden no fue más que una maniobra del rey de Francia, Felipe el Hermoso , que avariciaba los bienes que poseían los templarios. Realizó una campaña en su contra, acusándolos de herejes y sodomitas, y una redada la noche del viernes 13 de 1307. Obligados por la torturas, los templarios confesaron las mentiras de las que se le acusaban.

El Folio de Chinon explica que “el Gran Maestre del Temple, Jacques de Molay, y el resto de templarios arrestados fueron absueltos por el Papa”, dijo Frale. Y que, además, el Pontífice les permitió “recibir los sacramentos cristianos y ser acompañados de un capellán” hasta los últimos momentos de su vida, cuando fueron quemados en la hoguera.

Frale explicó que cuando tuvo en sus manos por primera vez el pergamino le invadió la emoción pero también “el miedo a poder estar equivocada sobre la importancia del descubrimiento”. “Siempre se ha hablado de este documento, unos decían que se había perdido y otros que nunca existió, que era un mito, y sin embargo aquí está. Es un pergamino bien conservado y que se lee muy bien”, comentó.

La historiadora explicó la gran importancia, además del Folio de Chinon , de todo el volumen del Processus contra Templarios . Va más allá ya segura que esta publicación no es un “punto final” en la historia de la Orden “sino que abre un sin fin de nuevas investigaciones sobre su historia”.

Ejemplares

Por su parte, el prefecto del Archivo Secreto Vaticano, Sergio Pagano , dejó claro que esta publicación “no revela nada”, ya que todos estos documentos eran ya conocidos, “no es una exclusiva”, y tampoco se pretende “rehabilitar” a los templarios.

La principal novedad de este volumen es su “tipología, su carácter artístico y la originalidad”, además de que por primera vez se publican agrupados todos los documentos que los Archivos Vaticanos tienen sobre los templarios, añadió Pagano.

Jeques árabes, diseñadores de moda y las principales bibliotecas del mundo ya han reservado una de las 799 copias del Processus que saldrán a la venta. El ejemplar número 800 será regalado al Papa Benedicto XVI, como se informó hoy durante la presentación.