El increíble descubrimiento en Angkor Wat del primer cero escrito por el hombre


ABC.es

  • El arqueólogo matemático Amir Aczel halló el número 605 escrito en una estela del siglo VI, desaparecida durante la dictadura de los Jemeres rojos

AMIR ACZEL | La inscripción en antiguo Jemer dice que «la era Caka comenzó en 605, en el quinto día de la luna menguante»

En su número del mes de diciembre la revista de la Smithsonian incluirá un relato muy especial, el de la odisea vivida por un matemático en la búsqueda del origen del número más importante de todos los inventados por la humanidad: el cero. Para localizar esta primera expresión tuvo que internarse en el corazón de la jungla camboyana. Y lo halló -prácticamente podría decirse que en el libro de la selva- cuando ya lo daba por perdido, en un almacén cerrado al público a cuatro millas (unos 6 kilómetros) del célebre complejo de Angkor Wat.

El increíble descubrimiento en Angkor Wat del primer cero escrito por el hombre

Esta es la fabulosa historia: Amir Aczel, el científico que creció en un crucero por el mediterráneo, sintió pronto, según cuenta en Smithsonian.com, la fascinación por los números desde que los vio en aquel barco de lujo, donde nunca paraban de girar… en la ruleta. Mitad rojos, mitad negros, con excepción del verde «0». Más tarde su obsesión arqueológica le llevó a tratar de averiguar el verdadero origen de los guarismos de nuestro sistema numeral, yendo hacia atrás en el tiempo, desde su aparición en occidente en el siglo XIII, en una publicacíon de Fibonacci (Leonardo di Pisa), quien los había aprendido de los Árabes. ¿Y ellos? Se supone que los trajeron de oriente, de sus viajes hasta la India. El libro «Finding zero» es el resumen de esta odisea que narra Amir D. Aczel en la revista de Smithsonian.

Ni romanos ni egipcios

Los mayas tenían su propio cero pero ese guarismo nunca salió de América. Los romanos y los egipcios no lo utilizaban. Se ha pensado que el cero que conocemos en occidente procedía de un círculo inscrito en un templo de Gwalior, India, que data del siglo IX, un momento en que el comercio arábigo-hindú era intenso y continuo. Por ello, la verdadera procedencia podría estar en cualquier sitio, al este.

Nada hay más natural a la filosofía hindú que los conceptos de vacío, nada, nulidad. Son conceptos religiosos que definen su relación con el tiempo y el mundo. Hubo grandes matemáticos indios, como Brahamagupta, Bhaskara o Mahavira que se habían interrogado sobre este valor en sus tratados. El propio Brahamagupta, que vivió entre 598 y 668, había introducido el número cero como definición de una cantidad nula, pero fue mucho más allá al definir lasuma de cero y números negativos y positivos, reflexión de la que derivaron las operaciones de multiplicación y división por cero y, lógicamente, la necesidad del concepto de infinito.

En 1931, un investigador francés, George Coedès, identificó un relieve como K-127, una estela que se lee como una factura de compraventa, con referencias a esclavos, cinco pares de bueyes y sacos de arroz blanco. Aunque no se había descifrado completamente la inscripción, se documentó un claro 605, en relación al calendario antiguo que parte del año 78. Correspondería a nuestro año 683 después de Cristo, más de dos siglos anterior al del templo de Gwalior. Estamos en tiempos de Brahamagupta, aunque en Camboya.

Para terminar este apasionante relato de la odisea de Aczel, faltaba la existencia de un problema irresoluble. La estela, el fragmento, había desaparecido durante el régimen de terror de los Jemeres rojos.

Para hallar el K-127 entre 10.000 objetos sin identificar dentro del almacen en el que estaba, Amir Aczel tuvo que quemar las pestañas leyendo viejos documentos en bibliotecas desde Londres a Delhi y viajar a Camboya tantas veces como pudo a lo largo de los años. Cuando iba a rendirse, habiendo gastado sus propios ahorros en el empeño, recibió una beca que le ayudó a continuar la búsqueda. Fue entonces cuando el director general del Ministerio camboyano de Cultura le llevó a las dependencias de restauración y almacén de objetos de Angkor. Después de dos incursiones infructuosas, volvió a ser invitado. Era enero de 2013. Entonces, después de dos horas, halló una piedra catalogada con el famoso K-127. Tenía un metro por metro y medio y aún conservaba la inscripción, claramente.

¿Descubiertos o inventados?

«No me atrevía ni a tocarla», relata Aczel, «por miedo a que sufriera el más mínimo daño». Después de toda la odisea que le llevó allí, aún ha tenido la paciencia de seguirse haciendo preguntas, y las ha compartido con numerosos matemáticos e historiadores. ¿Donde se inventaron, o fueron descubiertos, los números? Para muchos, existen fuera de la mente humana. Pero lo que les confiere su poder es el hecho de haberlos dado nombre. Por ello, Aczel trata ahora de que la piedra con el cero más antiguo jamás escrito acabe en un museo, en la capital camboyana. El número redondo, el más útil de la historia, el descubrimiento matemático cuya importancia es comparable al de la rueda, lo merece.

Desentierran un varamiento masivo de ballenas de hace 9 millones de años


ABC.es

  • Científicos explican uno de los fenómenos más misteriosos de los mares, por qué los grandes cetáceos quedan atrapados en tierra, que ya sucedía en la época del Mioceno

Desentierran un varamiento masivo de ballenas de hace 9 millones de años

Adam Metallo, Smithsonian
Esqueletos de ballena en el yacimiento Cerro Ballena

Los varamientos masivos de ballenas han intrigado al mundo desde los tiempos de Aristóteles. En la actualidad, estos sucesos pueden ser investigados y sus causas han sido relacionadas muchas veces con la actividad del ser humano. Sin embargo, un equipo de científicos chilenos y de la Institución Smithsonian (EE.UU.) ha examinado un antiguo cementerio de mamíferos marinos en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, el primer ejemplo confirmado de varamientos masivos repetidos en el registro fósil. El sitio refleja cuatro varamientos distintos ocurridos hace entre 6 y 9 millones de años, por una causa repetida: algas tóxicas.

El sitio fue descubierto por primera vez en 2010 durante las obras de un proyecto de ampliación de la Carretera Panamericana. Un año después, los paleontólogos examinaron los fósiles y registraron lo que quedaba antes de que el yacimiento, llamado «Cerro Ballena», fuera pavimentado.

Según publican en la revista Proceedings of the Royal Society B, el equipo documentó los restos de diez tipos de vertebrados marinos. Además de los esqueletos de más de 40 grandes ballenas barbadas que dominaron el lugar, fueron documentados los restos de una especie de cachalote y de una ballena-morsa, ambas ya extinguidas. También encontraron esqueletos de peces picudos, focas y osos perezosos acuáticos.

Pero lo que más intrigó a los investigadores fue cómo los esqueletos estaban organizados. Preservados en cuatro niveles diferentes, parecía que todos habían llegado allí por una causa repetida y similar. La orientación y las condiciones de los esqueletos indicaban que los animales murieron en el mar, antes de quedar enterrados en un humedal costero.

Algas tóxicas

En la actualidad, las toxinas de floraciones de algas nocivas, como las famosas mareas rojas, son una de las causas frecuentes de varamientos masivos de una amplia variedad de grandes animales marinos. «Hay algunos ejemplos modernos muy similares a lo que observamos en Cerro Ballena. En particular, uno de los casos ocurrió a finales de los 80, cuando más de una docena de ballenas jorobadas llegaron a tierra cerca de Cape Cod (Massachusetts, EE.UU.) sin signos de traumas, pero enfermas por la caballa cargada de toxinas de la marea roja», explica Nicholas Pyenson , paleontólogo en el Museo Nacional de Historia Natural y autor principal de la investigación del Smithsonian. «La proliferación de algas dañinas en el mundo moderno puede atacar a una variedad de mamíferos marinos y grandes peces depredadores La clave para nosotros fue su carácter repetitivo en Cerro Ballena».

 

Desentierran un varamiento masivo de ballenas de hace 9 millones de años

Paleontólogos usan un escáner láser de alta resolución para preservar
digitalmente los fósiles en su contexto geológico original
Smithsonian

La proliferación de algas dañinas es común a lo largo de las costas de los continentes. Los científicos concluyen que, muy probablemente, las toxinas generadas por las floraciones de algas nocivas envenenaron a muchos vertebrados en alta mar cerca de Cerro Ballena a finales del Mioceno (hace entre 5 y 11 millones años) a través de la ingestión de presas contaminadas o por inhalación, causando la muerte relativamente rápida en el mar.

Después, los cadáveres flotaban hacia la costa, donde quedaban varados. Una vez atrapados en la marisma, los animales muertos o moribundos estaban protegidos de los carroñeros marinos y como tampoco había grandes carroñeros terrestres en América del Sur en este momento, los cuerpos terminaban enterrados en la arena. Debido a que hay cuatro capas en Cerro Ballena, los científicos creen que este evento ocurrió en cuatro ocasiones diferentes en la misma zona durante un período de 10.000 a 16.000 años.

Según los investigadores, Cerro Ballena es uno de los yacimientos de ballenas fósiles y otros mamíferos marinos más impresionantes del mundo, ya que conserva restos de animales que nos son familiares hoy en día y de otros extintos más extraños. «El sitio es una increíble y rara instantánea de los antiguos ecosistemas marinos a lo largo de la costa de América del Sur», apunta Pyenson.

Los investigadores utilizaron tecnología 3-D para analizar los fósiles. Las imágenes han sido incluidas en una web donde los usuarios pueden contemplar o descargar los modelos de los fósiles, escanear mapas de Google Earth de las canteras de la excavación o realizar un tour de 360º por el yacimiento.

El Smithsonian habla español


El Pais

La exposición ‘American Stories’ relata episodios del pasado y de la actualidad norteamericana

Desde un busto del presidente Lincoln, pasando por el prototipo del teléfono de Graham Bell, la chaqueta de Bob Dylan o los zapatos de rubí que usó Dorothy en El Mago de Oz, todos ellos son objetos que han marcado la historia norteamericana y de los que se puede disfrutar en el Museo de Historia Americana en Washington desde el pasado día 12 de abril.

La muestra se titula American Stories y su eslogan es Venid con nosotros a descubrir qué se puede aprender a partir de los objetos. Es una colección que hace un repaso de la historia norteamericana desde 1620 hasta las elecciones del año 2008. Piezas que han conseguido dar identidad a un país cuya historia es relativamente breve comparada con otras culturas como la europea o la china.

Esta es la primera exposición grande del Smithsonian que se transcribe completamente en español y en la que se crean servicios multimedia para teléfonos móviles en ese mismo idioma. “Principalmente, estos servicios van dirigidos a personas con discapacidad, como ciegos o que padecen problemas de movilidad, pero cualquiera puede disfrutar de la muestra en su casa”, asegura Magdalena Mieri, directora del programa cultural e histórico del mundo latino en el museo. La aplicación denominada accessamericanstories es gratuita. El programa es sencillo, una voz masculina traslada al oyente a los entresijos de la exposición. “La principal razón de haber creado estas aplicaciones es que, aunque no es oficial, el español es la segunda lengua más importante en EE UU”, agrega Mieri.

La muestra es un viaje en el tiempo también para aquellos que la visitan en el Museo de Historia Americana. ¿Qué tienen de especial los zapatos de rubí de Dorothy -artefacto que abre y define la exposición-?. “La veneración a este objeto, como a otros expuestos, es una prueba de cómo estos pueden atrapar nuestra imaginación y conectarnos con el pasado”. La película El Mago de Ozse estrenó al final de la Gran Depresión en 1938, justo un mes antes de la invasión a Polonia que desató la Segunda Guerra Mundial. “Su mensaje de amistad y del triunfo sobre la maldad impactó a millones de ciudadanos”, señalan desde el museo.

Los norteamericanos son muy dados a recopilar piezas que marcan la memoria. “Los artefactos consiguen conocimiento y sobre todo lo desafían”, según definen en el museo. Las adquisiciones más recientes son una muñeca de 1870 y una máquina de escribir utilizada por el poeta y editor perteneciente a la generación beat, Lawrence Ferlinghetti, en 1960.

“Mira, hijo, ¿conoces a este hombre? ¿Sabes quién era George Washington? Fue un presidente y este era uno de sus trajes”, explica Dylan a su hijo de seis años, mientras éste escucha con atención y asombro las palabras de su progenitor. “¡Mary, cuando vi a Bob Dylan en concierto llevaba esta chaqueta puesta!”, dice con ilusión Ashley de unos 50 años a su hija de 16.

Objetos que ayudarán al visitante a entender mejor “nuestra personalidad y cultura”, puntualiza el museo. “¿Usted se acuerda de dónde estaba el 11 de septiembre de 2001?”, pregunta la portavoz. “La mayoría de los estadounidenses, así como usted o millones de personas en el planeta, siguieron el despliegue informativo por televisión, radio o Internet”, prosigue la portavoz. La colección cuenta con una videograbadora donada usada aquel día. “La dramática cobertura de los hechos está grabada en la conciencia de todos los americanos. Es simbólico”, prosigue.

Tres trabajadores son los encargados de explicar cada objeto a cualquiera que pueda tener una duda. Situados en medio de la exposición cuentan con herramientas multimedia que ayudan “a que las personas sean parte de la exposición”.

La colección se quedará de forma permanente en el museo. El objetivo es que la adquisición de artefactos vaya en aumento. Cada visitante puede dejar una nota indicando cuál falta o cuál le gustaría que estuviera expuesto, añade la portavoz. Cientos de peticiones que nombran y que no se olvidan de personajes como Elvis Presley, episodios históricos como el hundimiento del Titanic, la invención del teléfono móvil o disfrutar de los teleñecos al completo -la colección ya cuenta con un muñeco de la famosa rana verde, Gustavo- .

El póster como elemento artístico


EFE – ADN

  • El museo Smithsonian de Washington alberga una exposición que recoge la trayectoria del póster en su faceta propagandística, comercial y reivindicativa

UnclesamwantyouEl museo Smithsonian de Washington retrata a partir de este sábado la trayectoria del póster como elemento artístico, tanto en su faceta propagandística como comercial o reivindicativa. Bajo el nombre de Dale bombo: el póster como retrato, la muestra recorre, de la mano de sesenta carteles, destacadas obras que dibujan la historia popular de los Estados Unidos desde finales del siglo XIX.

De este modo, la exposición que alberga la Galería Nacional del Retrato del Instituto Smithsonian empieza su recorrido con el cartel de búsqueda y captura de los asesinos del presidente Abraham Lincoln en 1865. A principios del siglo XX, los pósters se situaron como una de las principales formas de publicidad del país, en su mayoría, protagonizados por celebridades quienes prestaban su imagen para todo tipo de comunicaciones.

Los pósters de Loïe Fuller (1893), Jules Chéret (1896) y Edward Penfield (1896) ilustran la primera era de la póstermanía, donde estas láminas empezaron a coleccionarse como trabajos de arte. Sesenta años más tarde renacería este afán de coleccionar los carteles de la mano de piezas de Bob Dylan o ilustraciones psicodélicas de grupos de música.

Herramienta de Hollywood

Asimismo, la exposición incluye pósters de celebridades en inusuales roles como el campeón de los pesos pesados Joe Louis en un cartel gubernamental de la segunda guerra mundial o las actrices Bette Davis, Shirley MacLaine y Judy Garland envueltas en unos visones para tres anuncios de la compañía peletera Blackglaa.

La poderosa industria de Hollywood tampoco escapa a los encantos de este elemento con gran poder comercial, reflejados en la muestra con los carteles de las versiones italianas de los filmes La ley del silencio (1954) con Marlon Brando o Alguien voló sobe el nido del cuco (1975), protagonizada por Jack Nicholson.

El tenista Pete Sampras concluye el recorrido de la exposición con la instantánea captada por los flashes de la célebre Annie Leibovitz en una conocida campaña publicitaria de leche. Y como salido de la nada, un póster a tamaño natural de Johnny Depp en el personaje del Capitán Jack Sparrow de Piratas del Caribe despide a los visitantes de la muestra, expuesta hasta el próximo 8 de febrero.