Los secretos de la ciudad fantasma que fue «aniquilada» hace 2.500 años


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  • Un grupo de arqueólogos está desenterrado los restos de Selinunte, cuyos habitantes fueron asesinados o esclavizados hace casi tres milenios

 

La ciudad se encuentra en Italia - C.C.

La ciudad se encuentra en Italia – C.C.

Al fin, después de más de 2.500 años, los arqueólogos afirman estar cerca de resolver el misterio de Selinunte (en Sicilia) una ciudad que fue abandonada en extrañas circunstancias después de que una buena parte de sus ciudadanos fuesen aniquilados o esclavizados por las tribus del norte de África a finales del siglo V a.C. Así lo afirma, al menos la versión digital del «The Independennt», donde también se señala que la urbe, conocida como la «Antigua Pompeya griega», se mantuvo intacta durante décadas a pesar de la tragedia que sobrevino a sus habitantes.

Selinunte, que fue enterrada gradualmente y a lo largo de las décadas por toneladas de tierra (y con la ayuda del viento), se mantiene rodeada de enigmas desde hace siglos. Entre ellos, el momento exacto en el que esta ciudad fue totalmente abandonada y se convirtió en una urbe fantasma. Algo que, ahora, pretenden desvelar los expertos. De momento parece que los arqueólogos van por buen camino, pues sus continuos hallazgos en la zona (entre los cuales se destacan desde comidas abandonadas hasta copas de mesa) indican que alguna desgracia tuvo que sobrevenirles repentinamente para dejar la zona.

Un antes y un después

Si por algo destaca Selinute, es porque ha supuesto un antes y un después en la investigación arqueológica. Y es que, cuenta con 2.500 viviendas, un ingente conglomerado de calles, un puerto y una zona industrial que, en su momento, contó con miles de personas. El buen estado de conservación en la que han sido hallados los restos permitió en su momento a los expertos elaborar uno de los primeros planos de una ciudad griega clásica completa. Por el contrario, antes solo había sido posible llevarlo a cabo de manera fragmentaria.

Selinute fue también la primera urbe de este tipo de la que los arqueólogos lograron obtener una imagen completa y concreta de como era en la antigüedad una zona industrial, lo que les permitió analizar la relación entre la población de una ciudad y su economía. «Selinunte también es la única ciudad griega clásica donde aún se conserva toda la metrópolis. Por lo tanto, nos da una oportunidad única para descubrir cómo funcionaba una antigua ciudad griega», ha señalado el profesor Martin Bentz, de la Universidad de Bonn y director de la excavación principal.

El misterio continúa

Sin embargo, y a pesar de los datos que se están obteniendo gracias a esta ciudad, lo cierto es que todavía no se ha logrado descubrir su mayor misterio: ¿Por qué fue abandonada? Y eso, a pesar de que se han encontrado objetos tan asombrosos como los ochenta hornos de cerámica que sirvieron para elaborar desde vasijas, hasta ataúdes de este material. Una increíble novedad con respecto a la época, pero que no ha averiguar el cuándo fue abandonada.

Según han podido establecer los expertos por el momento, Selinute dejó de ser un centro urbano en apenas una jornada. Concretamente, se cree que después de que la ciudad fuera asediada por las tropas de los cartagineses (en la actual Túnez), las cuales masacraran a más de 16.000 de los habitantes y soldados que residían en ella. Aunque no sería de extrañar que la urbe fuera abandonada en ese momento, pues los asaltantes se llevaron consigo también a 5.000 hombres, mujeres y niños como prisioneros. No obstante, ha sido imposible de corroborar.

 

La conspiración del duque de Medina-Sidonia: el intento de separar Andalucía de España


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  • Con el apoyo de los rebeldes portugueses y de las flotas de Francia y Holanda, el sobrino del todopoderoso valido del Rey organizó una conjura para crear un reino andaluz separado de Castilla en 1641

    Museo del prado Retrato del Conde-Duque de Olivares, por Diego de Velázque, cuyo sobrino estuvo detrás de la conspiración de 1641

    Museo del prado
    Retrato del Conde-Duque de Olivares, por Diego de Velázque, cuyo sobrino estuvo detrás de la conspiración de 1641

En el año 1640, prendió la mayor crisis del Imperio español en su historia cuando Cataluña, Portugal, Nápoles y Sicilia emprendieron, con suerte desigual, sendas rebeliones contra Felipe IV. A raíz de esta oleada de sublevaciones, Portugal conseguiría la independencia plena varias décadas después y Cataluña pasó un lustro enfrascado en un complejo conflicto. Entre estas acometidas contra el gigante herido que era la Monarquía hispánica, pasó inadvertido una peligrosa conspiración a cargo de un grupo de nobles andaluces que pretendían separar la región de Andalucía, en ese momento integrada en la Corona de Castilla, del resto de España. El IX Duque de Medina Sidonia –emparentado precisamente con el encargado de apagar la rebelión, el Conde-Duque de Olivares– fue quien estuvo detrás de un episodio olvidado que pudo cambiar la historia de España.

La conspiración secesionista de Andalucía fue un episodio a la sombra de la Sublevación de Portugal. Así, cuando dio comienzo la primera sublevación de Portugal en agosto de 1637, las operaciones para pacificar el Algarve le fueron encomendadas al IX duque de Medina Sidonia, en el ejercicio de sus funciones como Capitán General del Ejército de Andalucía. Y aunque esta primera rebelión fracasó, la pasividad de Medina-Sidonia volvió a repetirse en 1640. Frente a la rebelión general y la proclamación del Duque de Braganza como Rey de Portugal, Felipe IV y el Conde-Duque empezaron a preparar la reconquista de Portugal el 1 de diciembre de 1640. Para ello encomendaron al duque de Medina-Sidonia la capitanía general de un ejército que debía atacar a los rebeldes y derrocar Juan II de Braganza. No obstante, la lentitud y falta de iniciativa del noble andaluz dejaron entrever sus planes ocultos. Tampoco ayudó el hecho de que la nueva Reina de Portugal, Luisa de Guzmán, fuera hermana del duque de Medina-Sidonia y, de hecho, quien había convencido a su marido Juan II de Braganza para que aceptara la Corona diciendo, según la tradición: «Más vale ser Reina por un día que duquesa toda la vida!».

Las razones detrás del intento de secesión andaluz serían meramente particulares –como de hecho ocurría en Cataluña y Portugal–, sin que hubiera ningún trasfondo nacionalista, dado que Andalucía había sido repoblada durante la Reconquista por colonos castellanos y no albergaba ambiciones de separarse de una estructura política, la Monarquía hispánica, donde Castilla jugaba un papel protagonista. Fue, en esencia, los caprichos de un arruinado duque de Medina-Sidonia que se oponía a contribuir a que su hermana perdiera la corona lusa y buscaban recuperar la gloria de su casa. Pese a la inmensa fortuna familiar de los Medina-Sidonia, las finanzas de la casa pasaban por dificultades y la mayoría de su patrimonio estaba hipotecado.

Al parecer, la primera idea del levantamiento andaluz partió del marqués de Ayamonte, Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga –titular de una de las ramas menores de la casa de Medina-Sidonia–, quien convenció a su primo para coordinarse con Portugal y las flotas de Francia y Holanda, las cuales debían tomar el puerto clave de Cádiz, y sublevar Andalucía. Un espía de La Haya fue el primero en alertar a Felipe IV de lo que se gestaba en el sur de España. Las sospechas desde Madrid quedaron confirmadas cuando en el verano de 1641 uno de los hombres de confianza de Felipe IV, Antonio de Isasi, interceptó en la frontera con Portugal una carta remitida por Ayamonte a Medina Sidonia en la que quedaba al descubierto la trama de la conspiración. Los «guzmanes» (llamados así por el apellido) fueron llamados a la Corte, pero el duque se excusó alegando razones de salud mientras conseguía tiempo para que acudiera la flota franco-holandesa a las costas portuguesas.

Medina-Sidonia se salva de la ejecución

La flota nunca hizo acto de presencia y todos los nobles castellanos sondeados se negaron a participar en una temeraria empresa que ni siquiera contaba con el apoyo de las clases populares. Sin que hubiera prendido todavía el levantamiento, Luis de Haro y Guzmán –el gran protegido del Conde-Duque– se presentó con presteza en Andalucía a conocer el alcance de la conjura y detener a Medina-Sidonia. El duque andaluz escapó a tiempo hacia Madrid para dar explicaciones en persona a su pariente el Conde-Duque. El hecho de que los principales cabecillas estuvieran emparentados con el valido amenazaba con complicar todavía más el asunto y con generar un conflicto de intereses, pero nada más lejos de la realidad. El Conde-­Duque persuadió a su sobrino para que confesara la conspiración a cambio de inmunidad, cuando en realidad no tenía la menor intención de usar su poder para proteger al responsable de una acción tan grave.

Pese a ello, la debilidad de la Monarquía hispánica quedó retratada cuando en un primer momento pareció que el único castigo lo iba a sufrir el marqués de Ayamonte. El marqués fue interrogado en Illescas y confinado en el Alcázar de Segovia. En los interrogatorios se declaró culpable cargando, no en vano, la mayor parte de la responsabilidad en el duque, a quien dijo haber advertido de que no le permitiría proclamarse Rey de Andalucía y que solo le apoyaría en la formación de una república andaluza. Tras un prolongado juicio, el marqués de Ayamonte fue condenado a la confiscación de sus bienes y a la pena de muerte. Si bien durante un tiempo se sopesó computar la pena de muerte por la cadena perpetua, la conspiración aragonesa del duque de Híjar en 1648 hizo necesario un castigo ejemplar para que no siguieran reproduciéndose actos de rebelión entre la nobleza. Ayamonte fue ejecutado en el Alcázar de Segovia, siendo degollado como correspondía a los traidores a la Corona.

El Rey perdonó la vida al Duque de Medina por su alto rango, aunque tuvo que pagar una multa de doscientos mil ducados como donativo a la Corona y sufrió el destierro de sus dominios andaluces. Solo cuando violó estas prohibiciones en 1642, coincidiendo con la presencia de una flota franco-holandesa en las proximidades de Cádiz, fue arrestado y encarcelado en el castillo de Coca. En 1645 se le privó del Señorío de Sanlúcar, que revirtió a la Corona, y de la Capitanía General del Mar Océano y Costas de Andalucía, que pasó a su rival el duque de Medinaceli. En un desesperado intento por lavar su imagen, Medina-Sidonia tuvo la estrafalaria idea de retar a duelo al Rey de Portugal. Le convocó a comparecer en Badajoz, cerca de Valencia de Alcántara, donde se desplazó el duque y su séquito, que esperó inútilmente ochenta días a la comparecencia del soberano.

Los griegos antiguos creían en los zombies


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  • Aparecen en un pueblo de la Sicilia helena restos de personas anclados a sus tumbas para impedir que se levantaran

    abc Desde luego, hay noches que no son nada aburridas

    abc | Desde luego, hay noches que no son nada aburridas

Los antiguos griegos creían en las versiones fantasmales de los muertos, zombies, para hablar en cristiano, dispuestos a, en una terrorífica noche de los muertos vivientes, liarse a mamporros y dentelladas con los seres vivivos. Vamos, como en la terrorífica «Yo anduve con un zombie», de Tourneur, o, más recuente, «El sexto sentido»: «En ocasiones veo muertos, parecen personas normales, pero están muertos».

Conocido como Passo Marinaro, el cementerio cerca de la ciudad costera de Kamarina en el sureste de Sicilia, se usa desde el siglo V. a. d. C., y en esta necrópolis se han realizado unos 3.000 entierros, entre los que más de la mitad contenían ajuares funerarios, en su mayoría jarrones de terracota, pero también figuras y monedas de metal.

Un cuerpo, encontrado en una tumba marcada del año 653 a.C. contenía una persona de sexo desconocido, que al parecer vivió un período de desnutrición o enfermedad grave en su vida.

Lo que es inusual es que la cabeza y los pies de la persona están completamente cubiertos por grandes fragmentos de ánfora,, según Carrie Sulosky Weaver, arqueólogo de la Universidad de Pittsburgh.

Los fragmentos de ánforas ncontrados en la Tumba 653 estaban destinados supuestamente a la clavija del individuo a la tumba y evitar que se vean, dijo Sulosky Weaver.

El otro entierro, etiquetado 693, contenía los restos de un niño de sexo indeterminado alrededor de 8 a 13 años. No hay signos de enfermedades, sin embargo, el niño fue enterrado con cinco grandes piedras colocadas en la parte superior del cuerpo.

«Parece que estas piedras se utilizaron para atrapar el cuerpo en su tumba», dijo Sulosky Weaver.

Se desconoce por qué los ocupantes de esos entierros fueron puestao en sus tumbas, pero «el trato especial sugiere que las creencias y prácticas Necrophobic estaban presentes en Sicilia cuando era una colonia griega», dijo Sulosky Weaver.