La nueva luna de Neptuno


El Mundo

ASTRONOMÍA | Hallazgo del Instituto SETI

Recreación del planeta Neptuno y sus satélites en órbita. | NASA

Recreación del planeta Neptuno y sus satélites en órbita. | NASA

Un científico del Instituto SETI ha anunciado el descubrimiento de la luna más pequeña hallada en la órbita de Neptuno, la número 14, analizando imágenes tomadas por el telescopio Hubble hace varios años.

La nueva luna, conocida como ‘S/2004 N1’, tiene un diámetro de apenas 19 kilómetros y orbita fuera del sistema de anillos del pequeño planeta a unos 105.250 kilómetros de distancia y ni siquiera fue detectada por el vuelo cercano en 1989 de la sonda ‘Voyager 2’.

Mark Showalter, del Instituto de Investigaciones sobre Inteligencia Extraterrestre (SETI), encontró el leve punto blanco de la nueva luna de Neptuno el pasado 1 de julio, mientras estudiaba imágenes de larga exposición en el sistema de anillos del octavo y último planeta del sistema solar.

Showalter revisó un punto blanco que aparecía insistentemente en más de 150 instantáneas tomadas entre 2004 y 2009 por el telescopio orbital Hubble.

Revisión de 150 fotografías

“Las lunas y arcos del planeta orbitan muy rápidamente, así que se ha tenido que encontrar una manera de seguir su movimiento para poner de manifiesto los detalles del sistema”, ha apuntado. Showalter ha indicado que se trata de algo parecido a “un fotógrafo de deportes que hace un seguimiento de un atleta corriendo: el atleta se mantiene en foco, pero falta la definición del fondo”.

Así, el método implicaba seguir el movimiento de un punto blanco que aparece una y otra vez en más de 150 fotografías de archivo de Neptuno tomadas por Hubble desde 2004 hasta 2009. Fue entonces cuando Showalter notó que ese punto blanco se encontraba entre las órbitas de las lunas de Neptuno Larissa y Proteus y que completaba una vuelta alrededor de Neptuno cada 23 horas.

“Ésta es una luna que nunca se queda quieta en el mismo sitio para que se le pueda hacer una foto”, explicó Showalter sobre la gran velocidad con la que orbita este pequeño satélite.

Los otros 13 satélites

Tras declarar que Plutón no era un planeta en 2006, Neptuno se ha convertido en el planeta más lejano del sistema solar. El mayor de sus satélites es Tritón, con 2.700 kilómetros de diámetro, que además posee una órbita retrógrada, algo excepcional dentro de los grandes satélites. Por su parte, la luna Nereida, con 340 kilómetros de diámetro, tiene la órbita más excéntrica de todos los satélites del Sistema Solar: su distancia a Neptuno varía entre 1.353.600 y 9.623.700 kilómetros.

Antes de la llegada de la sonda espacial Voyager 2, sólo se conocían estos dos satélites, pero la nave de la NASA descubrió otros seis más: Náyade, Talasa, Despina, Galatea, Larisa y Proteo. Estos seis satélites, todos con menos de 200 kilómetros de diámetro, son los más próximos al planeta y poseen una órbita más interior que la de Tritón.

Después de eso, se han descubierto cinco pequeñas lunas más (mediante sondeos telescópicos) entre 2002 y 2003, situadas en órbitas lejanas al planeta, las cuales han recibido los nombres de Halímedes, Sao, Laomedeia, Psámate y Neso. Todas ellas poseen órbitas con elevada inclinación y tres tienen una órbita retrógada.

El nuevo satélite debería ser nombrado siguiendo las convenciones para los satélites de Neptuno (dios romano de los océanos), por lo que se buscaría entre deidades griegas o romanas relacionadas.

Contactaremos con extraterrestres en dos décadas


ABC.es

  • Decenas de especialistas han analizado en California las posibilidades de encontrar, en un futuro próximo, vida fuera de la Tierra
Contactaremos con extraterrestres en dos décadas

Tenemos mejores condiciones que nunca para detectar vida fuera de la Tierra. Y también para captar señales de una posible inteligencia extraterrestre, algo que probablemente sucederá a lo largo de laspróximas dos décadas. Estas son algunas de las conclusiones de la conferencia SETICon 2, celebrada en Santa Clara, California, durante el pasado fin de semana.

Durante dos días, decenas de especialistas se han reunido en Santa Clara para compartir ideas y analizar las posibilidades de encontrar, en un futuro próximo, vida fuera de la Tierra. Algo que, según la opinión general de los participantes, podría estar a punto de suceder.

La conferencia SETICon 2 se centró en esta ocasión en los recientes hallazgos del telescopio espacial Kepler, de la NASA, dedicado en exclusiva a buscar planetas parecidos al nuestro y que lleva desde 2009 “peinando” sistemáticamente miles de estrellas a nuestro alrededor y queha descubierto ya 2.300 exoplanetas (muchos de ellos a la espera aún de confirmación) en los que no se descarta la posibilidad de que haya surgido alguna forma de vida.

Tal y como dijeron muchos de los oradores, la misión Kepler ha permitido a los “cazaplanetas” encontrar mundos situados lejos de sus estrellas, y no pegados a ellas como sucede con la mayor parte de los descubrimientos anteriores. Y lo que es más, los nuevos telescopios son capaces, también, de encontrar planetas pequeños, del tamaño del nuestro y de composición similar, lo que aumenta las posibilidades de que por lo menos algunos de ellos sean aptos para la vida tal y como nosotros la conocemos.

«¿Solo la Tierra? ¡Qué atrevido!»

Algunos de los participantes fueron incluso más allá y aseguraron queconfían en que se produzca el primer contacto con seres inteligentes en el plazo de dos décadas. Kepler, dicen los defensores de esta idea, está permitiendo analizar un gran número de planetas en los que ya se dan algunas de las condiciones necesarias para la vida. A partir de ahí, los equipos de SETI podrán enfocar sus sofisticados equipos de escucha en objetivos mucho más concretos y probables.

“Hay unos 500.000 millones de planetas ahí fuera -dijo Seth Shostak, un astrónomo del proyecto SETI- y pensamos que hay otros 100.000 millones de galaxias. Pensar que la Tierra es el único lugar donde ha sucedido algo interesante es un punto de vista, como mínimo, atrevido”.

Investigan el origen de la lluvia de meteoritos que se ve cada año nuevo


CET – El Mundo

EN UN AVIÓN SOBRE EL CIELO CANADIENSE

Se cree que proceden de un cometa que se rompió hace medio milenio

actualidad080110.jpgMADRID.- Cada nuevo año, alrededor de los días 3 o 4 de diciembre, puede verse en el hemisferio norte una intensa lluvia de meteoritos llamados Cuadránticos, que se registraron por primera vez en el siglo XIX. Los científicos aún no saben de dónde vienen, pero sí tienen una idea y están a punto de ponerla a prueba.

Un puñado de fanáticos de los meteoritos procedentes de diversas instituciones (NASA, Caltech, SETI, Lockheed Martin, DLR…) acaban de regresar de una misión que les ha tenido varias horas en un avión sobre el cielo de Canadá observando con diversos instrumentos la lluvia de Cuadránticos de este año.

Ahora están analizando los datos para poner a prueba la que parece la tesis más viable: que provienen de un meteorito llamado 2003 EH1, el cual, a su vez, podría haberse fragmentado de un cometa mayor hace unos 500 años.

De hecho, el mencionado cometa, denominado C/1490 o, más coloquialmente, ‘el cometa de 1491’, fue visto a comienzos de ese año sobre China, Corea y Japón.

Se cree que pasó a tan sólo 0’0094 unidades astronómicas (AU) de la Tierra, más cerca que ningún otro, en el que fue el primer paso de un cometa debidamente registrado de la historia.

Debió ser poco después cuando el cometa se fracturó, lo que explicaría que no haya vuelto a ser visto y que la lluvia de Cuadránticas tampoco se registrara hasta hace dos siglos, mientras que otras similares se conocen desde la Antigüedad.

“Un total de 846 Cuadránticas fueron registradas en tiempo real durante las observaciones”, señaló al regreso de la expedición Peter Jenniskens, investigador del Instituto SETI y autor de la teoría de que estos meteoritos son fragmentos del 2003 EH1.

Los meteoritos cayeron en esta ocasión a un ritmo de entre 50 y 130 por hora durante el tiempo de máxima actividad (otros años han alcanzado hasta los 200 por hora), y atravesaron el firmamento a más de 40 kilómetros por segundo.

“Mirar los meteoros desde el avión ofrece una perspectiva diferente que mirarlos desde el suelo. Parecen rozar la atmósfera y moverse más despacio, lo que da tiempo para apreciar su belleza y también para observarlos científicamente”, relató a su regreso la investigadora Barbara Vance, del Instituto SETI.

Los investigadores han presentado una imagen compuesta en la que pueden verse la aurora boreal (verde, a la derecha) y multitud de rastros de meteorito atravesando el cielo nocturno. (También se observa, en la esquina inferior izquierda, una luz roja del avión).

Los científicos tendrán ahora que cotejar sus observaciones para ver si su órbita es compatible con la del asteroide del que se cree que proceden, el cual sufre grandes perturbaciones debido a la atracción gravitatoria de Júpiter.

La lluvia de Cuadránticas recibe su nombre de la pseudo-constelación ‘Quadrans Muralis’, la cual domina la región del firmamento de la que parecen surgir los meteoritos.

Cuando la lluvia fue bautizada en honor a ‘Quadrans Muralis’, ésta estaba considerada toda una constelación, cuyo nombre provenía del cuadrante gigante que se usaba para medir la distancia entre las estrellas y a cuya forma se asemejaba. En los años 20, ‘Quadrans Muralis’ fue rebajada de categoría y ya no es una constelación oficial, pero la lluvia de meteoros aún mantiene su nombre.