La ‘Indiana Jones’ del espacio triunfa en la Conferencia TED


El Mundo

Una astrónoma ciega que escucha a las estrellas convirtiendo las curvas matemáticas en sonido. Un doctor alemán que repara corazones de niños bolivianos en media hora y sin cirugía con “tapones” de aleación tejidos por mujeres indígenas. Una terapeuta que inventa maneras de hackear juguetes para que los puedan utilizar niños con discapacidades.

Sarah Parcak, la 'Indiana Jones' del espacio. MARLA AUFMUTH/TED

Sarah Parcak, la ‘Indiana Jones’ del espacio. MARLA AUFMUTH/TED

La pregunta más común entre los 1.400 asistentes a TED 2016 es quizás “¿Cuál ha sido tu charla favorita de esta última sesión?” Imposible elegir.

Detrás de esa pregunta suele haber una necesidad de conectar con el prójimo. Porque si el escenario de TED sirve para inspirar, la verdadera transformación ocurre en los intermedios. Aquí se codean famosos con ciudadanos anónimos, actores con científicos, inversores con psicólogos. En los alrededores del auditorio fluyen las ideas, los contactos, las revoluciones tecnológicas, los lazos que crearán nuevas empresas. Y se habla de temas más allá de las charlas. Los ponentes comparten ideas tanto con veteranos de TED como con neófitos.

Por ejemplo, la oceanógrafa Sylvia Earle, creadora de la ONG Ocean Blue y ganadora del Premio TED hace unos años, le cuenta a Norman Lear, guionista y productor, cómo en 60 años hemos acabado con el 95% del atún en los océanos y el 90% de los tiburones, mientras comparten soluciones para educar al consumidor de lo importante que son estos animales para la captura del CO2 en la atmósfera, entre otras cosas. “Tenemos que dejar de comer pescado, darle al mar un descanso,” explica Earle. “Todavía tenemos una oportunidad.”

Sus palabras encontraron eco en la charla Ken Lacovara. El paleontólogo que descubrió el gigantesco Dreadnoughtus (literalmente Notienemiedoanadie) recordó que los dinosaurios no supieron lo que se les venía encima y no tuvieron opción alguna cuando un meteorito causó su extinción después de más de 12 millones de años de dominio terrestre. “Nosotros sí lo sabemos y tenemos opción,” explicó. “La sexta gran extinción está a la vista, y podemos hacer algo para evitarla”.

El largo día de conferencias concluyó el Premio TED 2016 a Sarah Parcak, la autodenominada Indiana Jones del espacio, quien busca ruinas arqueológicas a través de imágenes de satélites y recibirá un millón de dólares para hacer su sueño realidad. Para este verano habrá nacido un sistema de crowdsourcing para que todos podamos ser arqueólogos y ayudar a encontrar yacimientos tanto vírgenes como los que han sido profanados. Estos últimos descubrimientos servirán para frenar el tráfico ilegal de restos arqueológicos.

Se quedan dentro del tintero muchas de las experiencias del segundo día de TED 2016. Pero para todos aquéllos que tengan interés en profundizar en la visión de todas estas fascinantes personalidades, las charlas se irán publicando en TED.com, muchas de ellas con subtítulos al español.

Europa suma dos nuevos satélites a su sistema de navegación Galileo


El Mundo

  • La constelación ya cuenta con diez de los veintiséis dispositivos que estarán en funcionamiento en 2020 para competir con el GPS estadounidense
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Europa suma dos nuevos satélites a su sistema de navegación Galileo

La Agencia Espacial Europea (ESA) colocó hoy en órbita una nueva pareja de satélites para el sistema de navegación Galileo, constelación que ya cuenta con diez de los veintiséis dispositivos que estarán en funcionamiento en 2020 para competir con el GPS estadounidense.

El lanzamiento de “Alba” y “Oriana”, a bordo de un cohete ruso Soyuz operado por el consorcio europeo Arianespace, tuvo lugar desde el Centro Espacial Europeo de Kurú, en la Guayana francesa, a las 02.08 GMT.

Se trata de dos dispositivos fabricados por OHB y Surrey Satellite Technology y reciben su nombre en honor a dos niñas europeas que ganaron un concurso de dibujo para promover el interés en las ciencias aeroespaciales.

La Agencia Espacial Europea cuenta con poner en órbita a finales de año otra nueva pareja de satélites para reforzar un sistema que ya está operativo, aunque lejos de su plena capacidad, y que es compatible con el GPS.

Se trata del primer servicio de navegación de uso civil y no controlado por las fuerzas armadas, como su competidor estadounidense, en el que Europa lleva trabajando dos décadas y que aspira a ser mucho más preciso que el GPS.

Tras numerosos sobrecostes y los retrasos, los primeros satélites del sistema Galileo entraron en órbita en octubre de 2011 y los dos precedentes el pasado mes de marzo.

En agosto de 2014, el lanzamiento de los dos primeros satélites operativos, ya que los anteriores tenían por misión validar las órbitas, se lanzaron en 2014 y supusieron un sonado fracaso para el proyecto.

Un problema con el carburante del Soyuz hizo que “Doresa” y “Milena” terminaran en una órbita errónea, a unos 17.000 kilómetros de la Tierra, en lugar de la que les correspondía, una circular a 23.000 kilómetros.

Los siguientes lanzamientos, sin embargo, no presentaron ningún fallo y permitieron continuar con el despliegue previsto de la constelación, que aportará ventajas en gestión de transporte (aumento de la seguridad, agilización de las operaciones o reducción de la congestión), agricultura, pesca, sanidad o lucha contra la inmigración ilegal.

Vía despejada para llegar a Plutón


ABC.es

  • La sonda New Horizons, a 18 millones de km de su destino, detecta metano en el mundo más remoto del Sistema Solar
nasa Recreación de la sonda News Horizon en su camino a Marte

NASA | Recreación de la sonda News Horizon en su camino a Marte

A medida que la New Horizons se aproxima a su histórica cita del próximo 14 de julio con Plutón y sus cinco satélites, sus instrumentos han empezado ya a investigar y a recabar datos de las características de uno de los mundos más desconocidos del Sistema Solar. Y ahora acaban de confirmar que sobre su gélida superficie abunda el metano, algo que se ya se sabía desde 1976 gracias a observaciones con telescopios basados en Tierra y que, por aquel entonces, sorprendió mucho a los astrónomos.

El espectrómetro de infrarrojos de la nave ha realizado las primeras mediciones directas de este gas. Y los investigadores se preguntan por su origen. «Sabíamos que había metano en Plutón –afirma Will Grudy, que dirige el equipo que se encarga de estudiar la composición de la superficie del planeta enano–, pero estas son nuestras primeras detecciones directas. Y pronto sabremos si hay diferencias en cuanto a la presencia de hielo de metano entre unas zonas y otras del planeta».

El metano, cuya fórmula química es CH4, es un gas incoloro e inodoro que está presente tanto en el subsuelo como en la atmósfera de la Tierra. En nuestro planeta, sin embargo, una buena parte del metano que existe es de origen orgánico. Es decir, que es emitido por las distintas formas de vida. En Plutón, sin embargo, el metano tiene por fuerza que tener otro origen. Y podría, en efecto, proceder de la nebulosa solar primigenia a partir de la cual se formó nuestro Sistema Solar, hace más de 4.500 millones de años. Aunque para saber eso habrá que esperar aún un tiempo.

Composición de la atmósfera

La New Horizons se encuentra ahora «solo» a menos de 15 millones de kilómetros de su objetivo. Un paso, si tenemos en cuenta que la distancia media entre Plutón y la Tierra es de casi 6.000 millones de kilómetros.

Durante estos días, la nave está llevando a cabo una serie de observaciones críticas para prepararse, por ejemplo, para el estudio detallado de la atmósfera de Plutón cuando llegue el momento. Apenas unas horas antes de su máxima aproximación el 14 de julio, las cámaras de la nave podrán ver cómo la luz del Sol pasa a través de la atmósfera del planeta, lo que ayudará a los científicos a determinar su composición. «Será como si Plutón fuera iluminado desde detrás por una bombilla de un billón de vatios», explica Randy Gladstone, uno de los científicos de la misión.

Otro de los hitos importantes de estos días es que la New Horizons ha comprobado que no se encontrará con obstáculos imprevistos de aquí al final de su viaje. Tras siete largas semanas de búsqueda de nubes de gas y polvo, anillos y otros peligros potenciales, el equipo de control de la misión ha comprobado que todo está despejado y ha decidido que la nave siga su trayectoria prevista, sin necesidad de llevar a cabo modificación o corrección alguna.

A su actual velocidad (49.600 km. por hora) el impacto inesperado con cualquier pequeña mota de polvo en el camino podría resultar letal para la nave. «Hemos dado todos un suspiro de alivio al saber que el camino parece estar libre –ha asegurado Jim Green, director de Ciencias Planetarias de la NASA–. La recompensa científica será más rica si podemos mantener la trayectoria óptima de vuelo en vez de tener que hacer observaciones desde una de las trayectorias alternativas».

Medidas de seguridad

Para garantizar al máximo la seguridad de la misión, los científicos han venido utilizando desde mayo la más potente de las cámaras de a bordo, la Long Range Reconnaissance Imager (LORRI), para tratar de identificar cualquier peligro, como alguna pequeña luna desconocida, anillos no descubiertos alrededor del planeta, nubes de polvo… «No encontrar ninguna luna o anillo nuevo ha sido una sorpresa científica para la mayoría de nosotros –asegura Alan Stern, el investigador principal de la misión–. Pero gracias a eso, no hará falta encender los motores para evitar algún peligro potencial».

En caso de ser necesario, el último día para llevar a cabo con éxito cualquier cambio de trayectoria sería el 4 julio. El equipo que analiza las posibles amenazas para la misión se creó en 2011, justo después del descubrimiento de la cuarta luna de Plutón, Cerbero. Fue entonces, al comprobar que este pequeño satélite estaba lleno de cráteres de impacto, cuando surgió la preocupación de que rocas procedentes del cinturón de Kuiper, en la zona externa del Sistema Solar, pudieran cruzarse de pronto con la trayectoria de la New Horizons, poniendo en peligro toda la misión.

Así que los ingenieros volvieron a poner a prueba las diferentes partes de la nave, de las que hay copias exactas en la Tierra, para comprobar hasta qué punto serían capaces de resistir eventuales impactos de partículas y pequeñas piedras a la deriva. Los investigadores elaboraron también detallados modelos del sistema plutoniano para averiguar las posibles localizaciones de anillos y residuos. Pero desde el mes pasado, cuando la New Horizons estuvo lo bastante cerca de su objetivo como para utilizar sus cámaras, el equipo pudo estimar que las posibilidades de un accidente catastrófico eran inferiores al uno por ciento.

Las imágenes utilizadas para llegar a esta conclusión son muy recientes, y fueron tomadas los pasados 22, 23 y 26 de junio. En ellas, tanto Plutón como sus cinco lunas conocidas son perfectamente visibles, pero no hay ni rastro de lunas o nubes de escombros nuevos y que pudieran constituir un peligro para la misión.

«El suspense -afirma John Spencer, que dirige el equipo de análisis de amenazas- ha quedado atrás, por lo menos en su mayor parte. Como científico, estoy algo decepcionado por no haber encontrado nuevas lunas para estudiar, pero como miembro del equipo de New Horizons estoy mucho más tranquilo de no haber encontrado nada que pueda dañar la nave».

Dos caras bien distintas del planeta enano

Dos naves espaciales gemelas se estrellarán en la Luna el próximo lunes


El Pais

  • Las GRAIL chocarán contra una montaña cerca del polo Norte, tras realizar el mapa del campo gravitatorio de mayor resolución de un cuerpo celeste
Trayectoria final de los robots gemelos de la misión Grail hasta chochar contra una montaña de la Luna. / NASA/JPL-Caltech/GSFC/ASU

Trayectoria final de los robots gemelos de la misión Grail hasta chochar contra una montaña de la Luna. / NASA/JPL-Caltech/GSFC/ASU

Ebb y Flow son las dos naves gemelas de la misión espacial GRAIL. Han estado dando vueltas a la Luna durante un año, en formación una tras otra, para hacer el mapa gravitatorio de ese cuerpo celeste, pero ya han terminado, y los especialistas de la NASA han planeado su destrucción controlada en el suelo lunar. Chocarán contra una montaña, cerca del polo Norte, el próximo lunes. Primero impactará Ebb, a las 21.28 (hora peninsular) y después Flow, 20 segundos más tarde. Cada uno de estos artefactos tiene el tamaño de una lavadora y 200 kilos de masa; se estrellarán a 1,7 kilómetros por segundo.

Las GRAIL han trabajado en órbita a una altura de 55 kilómetros sobre la superficie de la Luna durante la mayor parte de la misión, pero el 30 de agosto pasado descendieron hasta 23 kilómetros. Ahora, antes de su final destructivo, tienen que hacer un último experimento, esta vez de ingeniería. Recibirán la orden de mantener encendidos sus motores hasta que consuman todo el combustible, lo que permitirá a los expertos conocer con precisión cuánto queda en sus depósitos, un dato importante para calcular el consumo en futuras misiones y operarlas más eficazmente, explica la NASA.

Ebb y Flow llegaron a la Luna el pasado 1 de enero y, en su particular formación de trabajo una siguiendo a otra a una distancia de hasta 225 kilómetros, han estado midiendo con gran precisión las variaciones del campo gravitatorio lunar, lo que proporciona valiosa información a los investigadores para conocer lo que hay en el interior de ese cuerpo celeste. Conociendo su estructura interna se avanza en la comprensión de su formación y evolución. Los primeros resultados científicos se dieron a conocer a principios de este mes en la revista Science, destacando el hecho de la corteza de la Luna es más delgada de lo que se había estimado: tiene un grosor de entre 35 y 43 kilómetros y no 50 o 60. El mapa del campo gravitatorio realizado es el de más alta resolución que se ha hecho hasta ahora de un cuerpo celeste, según la NASA.

Mapa gravitatorio de la luna trazado por la misión Grail. / NASA/JPL-Caltech/MIT/GSFC

Mapa gravitatorio de la luna trazado por la misión Grail. / NASA/JPL-Caltech/MIT/GSFC

La técnica para medir las variaciones del campo gravitatorio se basa en el vuelo de los dos artefactos, uno tras otro y conectados por radioseñales. Unos equipos de altísima precisión que llevan a bordo permite medir la distancia que los separa en todo momento, de manera que cuando Ebb cae ligeramente, por ejemplo, porque sobrevuela una zona de rocas más densas –en el subsuelo o en la superficie- la distancia con Flow aumenta, aunque sea ligerísimamente.

En la última fase de la misión, las dos naves descenderán gradualmente durante varias horas y casi rozarán la superficie lunar hasta que se estrellen en el terreno elevado de la montaña elegida para el impacto. No habrá imágenes porque la zona estará en sombra en ese momento.

Una flotilla de satélites para ver cómo es la Tierra por dentro


El Pais

La misión europea Swarm medirá los campos magnéticos del planeta

Los científicos de la misión espacial Swarm la definen como un viaje al centro de la Tierra, e incluso recuerdan la novela de Julio Verne para ilustrar su investigación. Pero no van a viajar hacia las profundidades, sino al contrario, van a poner en órbita una flotilla de satélites para captar con gran detalle el campo magnético terrestre, en el que podrán leer qué pasa dentro del planeta. Los tres satélites de la flotilla Swarm, de la Agencia Europea del Espacio (ESA), están casi listos para su lanzamiento, fijado para julio.

“Swarm nos proporcionará el mejor rastreo del campo electromagnético y su evolución temporal para adquirir un nuevo conocimiento del sistema terrestre y su entorno”, explicó la semana pasada el danés Eigil Friis-Christensen, investigador principal de la misión, durante una visita a la empresa IABG, en Múnich (Alemania), donde los satélites están pasando las últimas pruebas antes de ir al espacio.

Son tres satélites idénticos, de nueve metros de longitud (incluido un mástil de cuatro metros que se despliega en órbita) y 500 kilos de masa cada uno. En una gran sala limpia de pruebas dos de los artefactos están colocados verticalmente, en la posición que tendrán en la punta del cohete y uno está tumbado ante los ordenadores de los técnicos. Son satélites de forma triangular, poco habitual en los artefactos espaciales.

En IABG los someten a los obligatorios ensayos de vacío, radiación, temperatura, vibraciones, etcétera. Y en ese caso el trabajo se complica porque es muy estricta la protección frente a los campos magnéticos, que pueden alterar los ultrasensibles equipos de a bordo. Por ello, antes de entrar en el inmaculado gran taller, vestidos con los obligados gorros, batas y fundas para el calzado, es obligatorio pasar ante un sensor magnético que detecta si uno se ha olvidado de dejar en el vestuario aparatos como el móvil, el libro electrónico o la tableta.

“Los Swarm no llevan ningún material magnético, absolutamente nada que tenga hierro, y las fijaciones metálicas imprescindibles son de titanio”, explica Hans Bestler, responsable técnico del proyecto. La estructura de los satélites es de fibra de carbono y el mástil desplegable trasero aleja el magnetómetro del cuerpo principal de cada artefacto, donde van algunos equipos que podrían alterar sus lecturas. “Incluso ha habido que evitar algunos materiales como pegamentos y cerámicas que contienen impurezas férricas”, añade Evert Dudok, responsable de equipos de observación de la Tierra de la empresa Astrium, que ha fabricado los Swarm.

El campo magnético de la Tierra —que protege el planeta frente al bombardeo continuo de partículas cargadas emitidas por el Sol— se origina, sobre todo en su interior más profundo, en el gran océano de hierro fundido y rotante de su núcleo, que actúa como la dinamo de una bicicleta y provoca continuos cambios en el campo electromagnético. Pero también las rocas, el océano, la ionosfera y la magnetosfera intervienen. Swarm irá midiendo con una precisión sin precedentes la fuerza, la orientación y las fluctuaciones del campo magnético y, a partir de las variaciones temporales y espaciales registradas, los científicos deducirán los procesos internos del planeta y su estructura. Asimismo, estos satélites permitirán comprender mejor el sistema Tierra-Sol captando con alta resolución el efecto del viento solar.

“La Tierra tiene un complicado campo magnético que influye en nuestra vida y en nuestro clima”, señaló Volker Liebig, director de exploración de la Tierra en la ESA. “Necesitamos mejorar las predicciones del tiempo magnético para proteger satélites en órbita, radiocomunicaciones, sistemas de navegación e infraestructuras eléctricas”, que periódicamente se ven afectadas por tormentas magnéticas desencadenadas por la actividad solar, destacó Vliebig.

La misión Swarm, con un coste de 220 millones de euros (incluido el cohete ruso Rockot que pondrá en órbita los tres satélites) más 30 millones de operación durante los cuatro años de funcionamiento previsto, es heredera de la experiencia adquirida con otros satélites, pero aportando una enorme resolución espacial y temporal gracias a sus sensores de a bordo y a la configuración de flotilla espacial, explicaron los expertos en Múnich.

Dos de los satélites Swarm, alejados unos 125 kilómetros uno de otro, seguirán órbitas contiguas (a 460 kilómetros de altura), de manera que convergerán sobre los polos, viajando a una velocidad de siete kilómetros por segundo, y cruzándose cada 45 minutos. “Los márgenes para evitar las colisiones polares son muy pequeños: unos cinco kilómetros de altura entre un satélite y otro y 10 segundos de desfase temporal”, destacó Bestler. El tercer satélite volará separado y a más altura (530 kilómetros).