Los secretos que esconde el escudo de la Comunidad de Madrid


ABC.es

¿Por qué se apostó por el rojo carmesí para el fondo del emblema madrileño? ¿Por qué aparecen dos castillos y siete estrellas?

Los secretos que esconde el escudo de la Comunidad de Madrid

El escudo actual, vigente desde 1983

El rojo carmesí inunda los escenarios en los que la Comunidad de Madrid está presente desde que la región se convirtió en una Comunidad Autónoma. Pese a su independencia de Castilla, este color no es más que una reminiscencia de su pasado castizo, ya que castellana es la historia y la ascendencia de nuestra región.

Los secretos que esconde el escudo de la Comunidad de Madrid

El escudo hasta 1982

Sobre el campo rojo, se asientan dos castillos de color amarillo –oro en las ocasiones más célebres– que simbolizan la intención de la Comunidad de Madrid de servir de unión entre las dos Castillas. A su vez, ambas torres están sobrevoladas por siete estrellas de cinco puntas, en color blanco –o plata– procedentes del Escudo de la Capital, que recuerdan la Osa Menor, muy visible en el cielo de Madrid. La configuración de cinco puntas hace alusión a las cinco provincias limítrofes. Todo ello rematado por la Corona Real de España, en color amarillo u oro, que simboliza a la capital de la Comunidad como Real Sitio.

El poeta Santiago Amón definía con estas palabras el diseño de José María Cruz Novillo: «De un solo cuartel de gules y en él, de oro, dos castillos pareados, almenados, donjonados, aclarados de azur y mampostados de sable, surmontados en el jefe por siete estrellas de plata, colocadas cuatro y tres. Al timbre, corona real, cerrada, que es un círculo de oro engastado de piedras preciosas, compuesto de ocho florones de hojas de acanto, visibles cinco, interpoladas de perlas y de cuyas hojas salen sendas diademas sumadas de perlas, que convergen en un mundo de azur, con el semimeridiano y el ecuador de oro, sumado de cruz de oro. La corona, forrada de gules».

Los secretos que esconde el escudo de la Comunidad de Madrid

El escudo hasta 1983

Escudos de las localidades integrados

La provincia de Madrid tuvo dos escudos de este tipo, el primero, otorgado en 1872, se componía de los escudos municipales de Alcalá de Henares, Navalcarnero, San Lorenzo de El Escorial, Colmenar Viejo, Chinchón, San Martín de Valdeiglesias, Getafe, Torrelaguna y el antiguo escudo de Madrid.

Tras el reajuste de partidos judiciales a mediados del siglo XX, el escudo pasó a componerse de cuarteles con los escudos de Alcalá de Henares, Navalcarnero, San Lorenzo de El Escorial, Colmenar Viejo, Aranjuez y el escudo simple y actual de Madrid. Este escudo estuvo vigente hasta el fin de la Diputación provincial, en 1983.

Zonas Vitivinícolas, Madrid, en busca de su personalidad


El Mundo

TRES SUBZONAS MUY DISTINTAS, POCO CONOCIDAS

Madrid es una metrópoli llena de tabernas, bares, restaurantes y mesones donde, desde siempre, se ha bebido vino, más tinto que blanco: el manchego que subían, en sus pellejos, los arrieros que pernoctaban en la Cava Baja y, a partir del primer tercio del siglo XX, el rioja al que se aficionó la burguesía del barrio de Salamanca. Lo que en la capital se ha desconocido generalmente han sido los vinos de su entorno inmediato, unos vinos madrileños que van mereciendo más atención desde que nuevos elaboradores han venido a enriquecer el panorama, a menudo redescubriendo terruños y castas olvidados o arrinconados.

Esta semana se inicia la publicación de nuestras primeras catas dedicadas específicamente a la Comunidad de Madrid en ocho años, un lapso de tiempo largo durante el cual el panorama ha cambiado sustancialmente.

La única Denominación de Origen, Vinos de Madrid, con sus 8.000 hectáreas de viñedos y más de 40 bodegas, fue creada en 1990 y es, como tantas otras en España (La Mancha, Rioja, Navarra, Alicante, Ribera del Guadiana, Costers del Segre… y más) una entidad más político-administrativa que vitícola, ya que no representa una unidad de terruño reconocible. Sus tres subzonas son, pues, las tres verdaderas denominaciones.

Al oeste, San Martín de Valdeiglesias representa el sector madrileño de esa verdadera unidad geográfica y vitícola que es la sierra de Gredos, la del renacimiento de las menospreciadas viñas de garnacha y albillo sobre suelos bastante fértiles (humus) con base granítica en una zona serrana que es la más húmeda de la región. Sin peso en nuestras catas de 2004, nombres como Marañones, Bernabeleva y Comando G han adquirido hoy renombre internacional.

Al sur, la subzona de Navalcarnero prolonga, como la de San Martín, el viñedo toledano de Méntrida y es la más variada de la región, con áreas de claro tipo manchego y enclaves (Aldea del Fresno) de carácter más serrano.

Al este, la subzona de Arganda del Rey es la más grande y la más importante en volumen de producción: más del 60%. Aquí fluyen los ríos Tajuña, Henares, Jarama y Tajo, con vegas feraces, pero las viñas suelen ocupar las laderas y las mesetas de suelos pobrísimos. Las temperaturas son las más extremas de la región, y la pluviometría, la más escasa.

Mientras que al oeste un estilo propio se abre paso con la garnacha y el albillo por delante, las grandes bodegas del este apostaron hace tiempo por el tempranillo (tinto fino o tinto Madrid, según las partes de la región) y cada vez más por las castas francesas (merlot, cabernet sauvignon, petit verdot y syrah) y por un estilo bastante internacional de vinos. Las variedades y la crianza son más evidentes en ese estilo que el terruño, y es difícil adscribir una personalidad definida, reconocible, a esos vinos -algunos muy bien hechos- del este de Madrid.

Se olvidaron casi, salvo en un par de bodegas, técnicas tradicionales como las del vino sobremadre (blanco largamente macerado en sus propios hollejos, como los tintos), que justamente hoy renacen en otros lugares como Friuli (Josko Gravner) para dar lugar a esos ‘vinos naranja’ que ya ocupan un nicho en los mercados, sobre todo, norteamericanos. El trabajo que desarrolla en ese sentido un muy modesto viticultor escocés instalado en Villarejo de Salvanés, Fabio Bartolomei, en particular con la uva malvar que es la más propia de esa subzona madrileña, nos da una idea de uno de los caminos que se podrían emprender para aumentar el carácter propio y la personalidad reconocible de la zona.

Enlace de interés:  http://www.vinosdemadrid.es/es/