El Sahara, una «herida abierta» todavía en la historia de España


Noticia en ABC.es LUIS DE VEGAMadrid

  • «¿Por qué no quieren que se hable?», se queja el historiador José Luis Rodríguez Jiménez, autor de «Agonía, traición huida. El final del Sahara español»
  • Madrid, sin importar el color del gobierno, no muestra interés en el conflicto de la ex colonia, todo lo contrario que Rabat

 

Campamento de integrantes de la marcha verde en 1975

Campamento de integrantes de la marcha verde en 1975

Se cumplen cuarenta años de la salida del Sahara Occidental en un momento en el que en España, más que nunca, se habla de unidad, de soberanía y de territorio. Qué contraste entre la férrea defensa que Madrid hace de Cataluña y la absoluta pasividad que sigue mostrando con la que fue su provincia hasta 1975 y su población. Nuestros políticos, nuestros gobernantes y nuestros diplomáticos huyen de este conflicto como de la peste. Alguien se sigue encargando de que la memoria no sea tan fácil de remover.

«¿Por qué no quieren que se hable?». El que se queja de esta forma no es otro que el historiador José Luis Rodríguez Jiménez, autor de «Agonía, traición y huida. El final del Sahara español» (Ed. Crítica). Es el último que ha buceado en diversos archivos públicos, privados y hasta particulares. Y no siempre sin dificultades, a pesar de los años transcurridos. La obra recoge correspondencia entre Franco y Hasán II o entre Carlos Arias Navarro y Manuel Gutiérrez Mellado, que llega a solicitar abiertamente al presidente del Gobierno «una solución promarroquí y antiargelina» para el conflicto pocos meses antes de la muerte de Francisco Franco.

«Esto sigue siendo una herida abierta», señala el autor durante una entrevista con ABC. «Una herida abierta por cómo ha quedado España y su diplomacia ante el mundo. A la altura del betún. Las promesas a los saharauis de incumplieron de manera vergonzosa». «A los políticos y los diplomáticos les duele la palabra traición. Pero no solo se traicionó a los saharauis. También se traicionó a los intereses de España» en un momento «en el que el riesgo de guerra era múnimo por la superioridad aplastante de España», añade el historiador.

 Pero el trabajo de investigación no es sencillo, deja entrever este profesor de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, cuando se tienen entre manos asuntos del Sahara, Ceuta, Melilla, Ifni o Gibraltar. «Una recomendación, mejor no hablar de este tema, pues el gobierno español no quiere que se trate el mismo, puede molestar al de Marruecos», afirma Rodríguez en el libro. En efecto, el reino alauí es hoy aliado estratégico en asuntos diversos, entre ellos el espinoso terrorismo yihadista. Y el interés de Rabat en la cuestión de la ex colonia es inversamente proporcional al desinterés español.

Un lustro antes de organizar la Marcha Verde con el dictador Franco en el lecho de muerte, el rey Hasán II de Marruecos ya presionaba a Madrid para que saliera del Sahara sin hacer caso de las peticiones de la ONU para que organizase un referéndum de autodeterminación. En 1969 se monarca se presentó en la capital de España y los detalles de lo que habló con el Caudillo estaba recogido en la Real Academian de la Historia. Rodríguez Jiménez se apoya también en las cartas que se cruzaron en 1975 Franco y el soberano alauí. Las misivas se guardan en el archivo de la Fundación Franco. En el Archivo General Militar de Ávila se topó con «documentación muy interesante y completa de los servicios de inteligencia con, entre otros asuntos, referencias a las radios de diferentes países que iban escuchando».

De la Marcha Verde hasta hoy

El libro, nutrido de datos, citas y referencias de documentos sigue sin embargo sin llenar un vacío bibliográfico. ¿Qué ha ocurrido en la ex colonia española en estos cuarenta años? ¿Todo acabó con la Marcha Verde? ¿Qué ha cambiado en el territorio? ¿Cómo ha evolucionado el Frente Polisario? ¿Y los refugiados? ¿Y los saharauis que viven bajo la ocupación marroquí? ¿Y las Naciones Unidas?

Recordar que la administradora legal del Sahara sigue siendo, a falta de proceso descolonizador, España frente a la presencia de facto marroquí no está de moda. Seguramente sea una nueva casualidad del destino, pero mientras se escriben estas líneas el secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon se encuentra en Madrid y el rey Mohamed VI hace las maletas para celebrar en El Aaiún que hace 40 años su padre se aprovechó del desinterés español para ocupar el Sahara Occidental. En efecto, la herida sigue abierta.

 

El Sahara se formó por la contracción del antiguo mar de Thetys hace 7 millones de años


ABC.es

  • La desecación de ese mar, precursor del Mediterráneo, debilitó la acción del monzón africano provocando la expansión de las condiciones de aridez del desierto

El Sahara se formó por la contracción del antiguo mar de Thetys hace 7 millones de años

El desierto del Sahara no siempre fue tal y como lo conocemos hoy. Hace millones de años fue una pradera verde salpicada de pantanos y lagos. Cómo y cuándo se convirtió este Sahara verde en el desierto cálido más grande del mundo, con 9,4 millones de kilómetros cuadrados, sigue siendo objeto de discusión en la comunidad científica. Aunque en los últimos años ha habido un amplio consenso en situar su aparición hace 2 o 3 millones de años, el reciente hallazgo de depósitos de dunas de arena con 7 millones de años de antigüedad sugiere que la formación del Sahara es bastante anterior a lo que se pensaba, aunque los científicos no habían encontrado un claro mecanismo de aridez para esa época.

Ahora, un estudio publicado en la revista «Nature», apunta a que laaridificación del Sahara puede haber ocurrido hace 7 millones de años y que ese proceso fue probablemente el resultado de la desecación y contracción del mar de Tethys -el antececesor de los modernos mares Mediterráneo, Negro y Caspio- durante el Mioceno final.

Los investigadores, liderados por Zhongshi Zhang, del Bjerknes Centre for Climate Research, en Bergen (Noruega), utilizaron simulaciones de modelos climáticos para demostrar que la desecación del mar de Tethys pudo haber debilitado sustancialmente el monzón africano de verano en el norte del continente, haciendo que las condiciones de aridez del desierto se extendieran por el norte de África, lo que llevó a la formación del desierto del Sahara aproximadamente hace 7 millones de años. Las simulaciones identificaron la etapa Tortoniense (hace 7-11 millones de años), dentro del Mioceno final, como el periodo crucial para la activación de ese mecanismo de aridez que fue «moldeando» el desierto.

Aparición de los primeros homínidos

Los autores también sugieren que la reducción del mar de Tethys hizo que el monzón africano fuera más sensible a los cambios en la orientación del eje de la Tierra con respecto al Sol, que posteriormente se convertiría en el principal motor de las fluctuaciones en la extensión del Sahara. Estos importantes cambios climáticos probablemente causaran también los cambios en la flora y fauna tanto de África como de Asia observados durante el mismo periodo, con posibles vínculos con la aparición de los primeros homínidos en el norte de África, apunta el estudio.

Los saurópodos, gigantes con muy buen equilibrio


El Mundo

Un equipo internacional de investigadores, liderados por científisoco del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha realizado la reconstrucción en tres dimensiones del cráneo de un saurópodo, el ‘Spinophorosaurus nigeriensis’ (‘lagarto portador de espinas’), que ha permitido revelar que aquellos gigantes del Jurásico tenían un gran sentido del equilibrio.

La investigación, publicada en la revista ‘PLoS ONE’, concluye que ese género de dinosaurios poseían un oído interno muy desarrollado, lo que implica que tenían una gran coordinación sus ojos y su cabeza.

Los fósiles utilizados en este trabajo fueron localizados en Níger, en el desierto del Sáhara, en una campaña de excavaciones del año 2006, al sur de Agades, y pertenecen al Jurásico medio, hace unos 165 millones de años. Fue el primer dinosaurio de este tipo encontrado en esta zona del mundo.

Poca agilidad física

“A pesar de tratarse de un animal cuya agilidad física se había reducido dramáticamente con respecto a la de sus ancestros, el ‘Spinophorosaurus’ disponía de un aparato para el equilibrio que estaba muy bien desarrollado“, apunta Fabien Knoll, investigador en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), que ha dirigido este trabajo.

Lo que han averiguado gracias a la reconstrucción en 3D es que esta parte del oído interno del saurópodo tiene tres canales semicirculares, que son los encargados de detectar la aceleración angular de la cabeza. Son unos canales que son de forma alargada en animales de gran agilidad, como los lémures mangosta, y cortos en los que son lentos, como el aí (‘Bradypus tridactylus’).

En el caso del ‘Spinophosaurus’, era un hervíboro cuadrúpedo de cuello largo. Podía alcanzar hasta los 15 metros de longitud y su cola tenía protuberancias ósesas, como si fueran espinas, de donde le viene su nombre.

El origen de esta especie se remonta a los sauropodomorfos más antiguos, caracterizados por su tamaño relativamente pequeño, su delgadez y su bipedismo, y que presentaban un vestíbulo bien desarrollado.

El hallazgo de esta especie tuvo lugar durante las actividades de prospección del proyecto PALDES (Paleontología para el Desarrollo en Níger) en una zona al sur de Agadez (centro de Níger), en la Comunidad rural de Aderbissinat, llevadas a cabo por paleontólogos del Museo Paleontológico de Elche y del Museo de Historia Natural de Braunschweig. Poco después, el grupo de trabajo alemán rescataba los restos de un segundo ejemplar.

Un predador gigante del Cámbrico, hallado en el Sáhara


El Pais

Los ejemplares fósiles de anomalocaris alcanzan un metro de longitud

Las arenas del Sáhara han brindado a los investigadores ejemplares gigantes de anomalocaris, uno de los animales más extraños del Cámbrico y el de mayor tamaño, hallado por primera vez en el yacimiento de Burgess Shale (Canadá). Peter van Roy y Derek Briggs, que estudian la fauna fósil de los yacimientos marroquíes de Fezouata, publican en Nature su hallazgo y señalan que se trata de los anomalocaris de mayor tamaño y más recientes hallados hasta la fecha.

Estos animales son artrópodos marinos y recuerdan a los calamares por su aspecto. Los ahora presentados tienen entre 488 millones y 472 millones de años de antigüedad, por lo que ya no son del Cámbrico sino del Ordovícico. Su estudio permite conocer mejor estos organismos de cuerpo blando, cuyos apéndices al principio se consideraron gambas gigantes. En los hallados en Marruecos se han encontrado rasgos morfológicos que podrían funcionar como agallas.

“Los anomalocaris son los animales predadores de mayor tamaño de aquella época, aunque luego surgieron otros mayores. Los ejemplares que describimos tienen más de un metro de longitud”, explica Van Roy a este periódico, y matiza: “No fueron los primeros carnívoros, el comportamiento depredador surgió mucho antes, en animales mucho más pequeños, por ejemplo los trilobites, pero siempre en el medio marino antes que en el medio terrestre”.

“Estos predadores gigantes invertebrados se han convertido en un símbolo de las extrañas formas de los organismos que se apartaron pronto de los linajes de los animales marinos modernos y luego se extinguieron”, señala Briggs. “Ahora sabemos que desaparecieron mucho después de lo que creíamos”.

Hasta ahora se pensaba que estos animales desaparecieron 30 millones de años antes. “El hallazgo es importante porque muestra que estos predadores gigantes continuaron dominando la cadena alimentaria durante mucho más tiempo, así que siguieron teniendo un gran impacto en los ecosistemas de la época”, explica Van Roy.

Del polo Sur al Sáhara, un largo camino para unos extraños fósiles


El Pais

Unos animales de hace casi 500 millones de años aclaran la evolución primitiva

Atrapados hace centenares de millones de años en capas y capas de sedimentos en el frío océano profundo del polo Sur, una amplia variedad de extraños animales marinos de cuerpo blando acaba de resurgir para la ciencia como fósiles muy bien conservados en las arenas del Sáhara. Los yacimientos de Fezouata, cerca de la ciudad marroquí de Zagora, están proporcionando un riquísimo muestrario de una fauna similar, aunque posterior en el tiempo, a la famosa de Burgess Shale (Canadá), retratada en el libro La vida maravillosa de Stephen Jay Gould, con sus exóticos Marrella, Opabinia o Hallucigenia.Así está cambiando ya el conocimiento de las primeras etapas de la evolución animal en la Tierra, tras la llamada explosión del Cámbrico, aunque la investigación de estas formaciones apenas ha empezado.

El belga Peter Van Roy es uno de los principales estudiosos de este abundante nuevo material, que ya ha sido objeto de una publicación en Nature y cuyo valor ha aumentado mucho en los últimos años. Van Roy explicó a este periódico cómo va la investigación durante su participación en el Simposio Internacional sobre el Ordovícico (el periodo entre los 500 y los 435 millones de años en la historia de la Tierra) que se celebró la pasada semana en Alcalá de Henares (Madrid), organizado por el CSIC y el IGME. Un congreso de éxito al que asistieron 120 especialistas de 24 países, que pudieron participar en tres excursiones de campo para ver algunos de los lugares de interés de esta época en la península Ibérica, como explica el presidente de su comité organizador, el paleontólogo Juan Carlos Gutiérrez Marco, que ha acompañado a Van Roy en alguno de sus viajes a Marruecos.

“Hablamos de fósiles de hace entre 480 y 472 millones de años, o sea al menos 30 millones de años posteriores a Burgess Shale”, dice Van Roy, de la Universidad de Gante, que se inició en el tema al descubrir en una feria de fósiles en Bélgica un ejemplar que le llamó la atención. La edad indica que las comunidades del tipo de Burgess Shale no se restringieron, como se creía, a las primeras etapas del Cámbrico para luego desaparecer súbitamente, sino que pervivieron mucho más tiempo, convivieron con la fauna posterior y eran “el tipo de fauna normal de las profundidades marinas en todo el planeta”, indica el investigador. Entonces Marruecos era un océano y estaba sobre el polo Sur.

El que primero se dio cuenta, alrededor de 2002, de la singularidad de los extraños restos hallados fue el marroquí Mohammed Ben Moula, que colecciona fósiles en esa área, parte de los cuales vende como negocio a otros coleccionistas. Van Roy insiste en destacar la importancia de este experto autodidacta, sin educación formal, que hace años que guarda para los investigadores los mejores ejemplares que encuentra y les guía en sus expediciones, aunque no pueda firmar los artículos científicos.

Los ejemplares se exportan legalmente y se coleccionan en el museo Peabody de la Universidad de Yale, con el que trabaja Van Roy (además de con investigadores de la Universidad de Marraquech), aunque Marruecos tiene planes para mostrar parte de su gran patrimonio paleontológico. Mientras tanto, los ejemplares que se venden en el extranjero valen cada vez más. Los coleccionistas se los rifan.

Y eso que hace solo dos años (cuando se hallaron los mejores ejemplares) que los investigadores llegaron a la conclusión de que estaban ante un nuevo Burgess Shale, un “yacimiento de ensueño”, según Van Roy, en el que ya se han identificado “100 taxones [grupos de organismos emparentados] diferentes, excepcionalmente conservados, y siguen saliendo”.

“Los afloramientos de la época ocupan una extensión enorme y los sedimentos con abundancia de fósiles pueden llegar a los dos metros de espesor”, explica el investigador belga, quien considera que le puede dedicar toda su vida, aunque, reconoce, “me gustaría hacer otras cosas”. La vida maravillosa fue uno de los dos libros regalo de su padre (falleció hace unos años y se emociona al recordarle) que le encaminaron a la paleontología. Ahora sabe que se ha quedado “bastante antiguo”, pero no cree que vaya a reescribirlo, por lo menos en los próximos años.

Fezouata no es el único yacimiento que explora Van Roy en Marruecos. Cerca de Erfoud está el de Tafilalt, igualmente abundante, con fauna del tipo Ediacara (anterior al Cámbrico, de hace 570 millones de años). Estos son los fósiles que constituyen toda una industria en Marruecos, ya que se procesan para venderlos como mesas o incluso lavabos. Pero también otros se extraen con infinito cuidado artesano o se entregan a los investigadores para su estudio. Son restos de animales -algunos de cuerpo blando, otros no- que vivían en un ambiente marino de aguas someras.

La investigación de los restos de cuerpo blando arroja más luz sobre la evolución de la vida en la Tierra. Derek Briggs, de la Universidad de Yale, se plantea ahora, por ejemplo, si los dos eventos de diversificación más importantes, la explosión del Cámbrico y la subsiguiente Gran Biodiversificación del Ordovícico pudieran ser en realidad uno solo continuado. Sin embargo, visto en perspectiva, resulta que la biodiversidad en aquella época no era tan rica como lo fue después y lo es actualmente.

Descubren dos nuevas especies de dinosaurio en el desierto del Sáhara


CET – El Mundo

  • VIVIERON HACE 100 MILLONES DE AÑOS
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Dos paleontógos examinan el hueso de saurópodo hhalado en el Sáhara. (Foto:AP)

Un equipo de científicos ha descubierto dos posibles especies nuevas de dinosaurio durante una expedición al desierto del Sahara. Según ha informado la Universidad de Portsmouth (Reino Unido) en un comunicado, el hallazgo constituye uno de los hallazgos “más apasionantes que ha dado la paleontología en África en los últimos 50 años”.

Se trata de un hasta ahora desconocido saurópodo, un dinosaurio vegetariano de enormes proporciones, y de una nueva especie de pterosaurio, el primer reptil que desarrolló la habilidad de volar, que se considera que vivieron hace casi 100 millones de años.

Los fósiles de ambas especies prehistóricas fueron encontrados por un equipo conjunto de investigadores de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), el University College de Dublin y la Universidad Hassan II de Casablanca (Marruecos).

El hallazgo se produjo en el sureste de Marruecos, cerca de la frontera con Argelia, y los investigadores subrayaron que es “extremadamente raro” descubrir restos de estas características.

Los fósiles encontrados corresponden a un gran fragmento del pico del pterosaurio y a un hueso de un metro de longitud del saurópodo, que indica que perteneció a un animal de 20 metros de longitud.

El trabajo en el desierto del Sahara estuvo dirigido por el profesor Nizar Ibrahim, del University College de Dublin, quien destacó que “encontrar dos especímenes en una expedición es sorprendente, sobre todo teniendo en cuenta que pueden representar especies completamente nuevas”.

David Martill, paleobiólogo de la Universidad de Portsmouth, destacó que “los animales vegetarianos son poco comunes en esa región, por lo que encontrar uno de este tamaño es muy emocionante”.

“Se trata de un gran descubrimiento”, añadió Martill, quien subrayó que el hallazgo es la culminación de una búsqueda que comenzó en 1984, cuando una tormenta de arena le impidió poder excavar en el lugar donde ahora se han encontrado los restos.

El profesor Ibrahim será a partir de ahora el encargado de analizar en detalle los fósiles y determinar de manera fehaciente lo que ahora mismo es una certeza casi absoluta.

“Tras nuestro primer examen sobre el terreno, estamos casi seguros de que tenemos dos nuevas especies en nuestras manos“, dijo Ibrahim, quien estudiará los restos durante los próximos seis meses y elaborará una tesis con los resultados de la investigación.

Los paleontólogos estuvieron un mes en el desierto y recorrieron en un todoterreno más de 8.000 kilómetros, atravesando las montañas del Atlas y luchando contra tormentas de arena e inundaciones, en lo que describen como una aventura “al estilo Indiana Jones”.

Tras descubrir el hueso del saurópodo tuvieron que ir al pueblo más cercano para conseguir yeso con el que protegerlo de las fuertes lluvias que caían, lo que implicó cruzar varios ríos inundados de noche con el agua entrando por las puertas del todoterreno.

Las lluvias también les tuvieron aislados durante 4 días en la cordillera del Atlas por la crecida del río Ziz y tuvieron que bajar el hueso del saurópodo de una montaña, encima de una carretilla de madera, tras retirar miles de piedras del camino.

“Hubo un momento en el que nos cuestionamos si podríamos salir del desierto con el hueso, pero habíamos trabajado tan duro para encontrarlo que nos resistimos a dejarlo atrás. Nos costó cinco días desenterrarlo y bajarlo de la montaña”, relató Ibrahim.

Pero los problemas no terminaron ahí, añadió el profesor, porque el peso del hueso hundía constantemente las ruedas del todoterreno en las dunas, lo que convirtió el regreso en un via crucis.

Todo por la ciencia y por tener nuevas evidencias, afirmó el profesor Ibrahim, de que “hace millones de años el Sahara era un vergel tropical, en el que vivían dinosaurios gigantes, un lugar totalmente distinto al desierto de polvo que podemos ver hoy”.

Tras su estudio en Dublin, los huesos viajarán a Marruecos para ser expuestos en un museo de ciencias naturales por determinar.

Un cementerio de la Edad de Piedra confirma que el Sáhara fue verde


Reuters – El Mundo

  • ESTUDIO PUBLICADO EN LA REVISTA ‘PLOSONE’
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El bioarqueólogo Chris Stojanowski revisa el esqueleto de una mujer encontrado en la zona. (Foto: REUTERS)

 

WASHINGTON.- Un cementerio de la Edad de Piedra ubicado en las orillas de un antiguo lago seco en el Sáhara rebosa con esqueletos de personas, pescados y cocodrilos que prosperaron en la zona cuando, por un breve periodo, el desierto africano ‘fue verde’, según afirma un grupo de investigadores.

El sitio, de 10.000 años de antigüedad, fue descubierto en el 2000 en Níger y fue llamado ‘Gobero’ debido al nombre tuareg de la zona.

Ahora, un grupo de la Universidad de Chicago, dirigido por el paleontólogo Paul Sereno, ha logrado reunir suficiente información para realizar un análisis completo del lugar. El equipo se topó con el depósito de artefactos y huesos humanos y animales mientras buscaba fósiles de dinosaurios. “Me di cuenta de que estábamos en lo que alguna vez fue el Sáhara verde”, dijo Sereno, quien descubrió el sitio mientras trabajaba para National Geographic.

El lugar contiene al menos 200 tumbas que parecen haber sido dejadas por dos asentamientos separados por unos 1.000 años de diferencia. Quizás, la más impresionante es la de una mujer y dos niños, con sus brazos entrelazados, que fueron depositados en una cama de flores hace unos 5.000 años.

El grupo más antiguo era de cazadores-recolectores altos y robustos conocidos como ‘Kiffian’, quienes aparentemente abandonaron la zona durante una prolongada sequía que vació el lago hace unos 8.000 años, sostiene el equipo de Sereno en un artículo publicado en la revista ‘PLoS ONE’.

Un segundo grupo se asentó en el área hace unos 7.000 y 4.500. Los ‘Tenerian’. como se les conoce, eran personas de menor estatura que cazaban, pastoreaban y pescaban.

Ambos asentamientos dejaron muchos artefactos, entre ellos herramientas, anzuelos, cerámicas y joyas, explican los investigadores. “A primera vista, es difícil imaginar dos grupos de personas con diferencias biológicas sepultando a sus muertos en el mismo lugar”, dijo Chris Stojanowski, un bioarqueólogo de la Universidad estatal de Arizona que ha estado trabajando en el lugar.

El Sáhara es el desierto más grande del mundo y lo ha sido por decenas de miles de años, pero los cambios en la órbita de la Tierra hace 12.000 años trasladaron a los monzones hacia al norte durante un tiempo.

El equipo tomó muestras de esmalte dental de los esqueletos, polen y huesos y examinaron el suelo y las herramientas para fechar la antigüedad del sitio, los artefactos y los restos.

“Los datos de ‘Gobero’, al ser combinados con sitios existentes en el norte de África, indican que apenas estamos comenzando a entender la compleja historia de la evolución biológica de esta zona en relación con sus severos cambios climáticos”, explican los investigadores en su informe.

El desierto del Sáhara se terminó de formar hace tan sólo 2.700 años


CET – El Mundo

 REVELA UN ESTUDIO DE CIENTÍFICOS ALEMANES

actualidad080510.jpgMADRID.- La transición del norte de África de un Sáhara verde a uno de los desiertos más grandes del mundo ocurrió “lentamente” en vez de ser un cambio abrupto como hasta ahora se pensaba.

Así lo afirma un estudio dirigido por científicos del Instituto de Arqueología Prehistórica de la Universidad de Colonia en Alemania publicado por la revista ‘Science’.

Los resultados señalan que el paisaje extremadamente árido del Sáhara se consolidó hace tan sólo 2.700 años.

La mayoría de los registros físicos que documentan la evolución del paisaje del Sáhara se han perdido con el tiempo, pero al estudiar uno de los lagos más grandes de la zona, el lago Yoa al noreste del Chad, fue posible llegar a estas conclusiones.

Los investigadores, dirigidos por Stefan Kröpelin, lograron construir un registro continuo y bien datado del cambio en el clima y el ecosistema en esa localización en los pasados 6.000 años.

En el estudio se utilizaron datos de una secuenciación de alta resolución de sedimentos y lecturas geoquímicas, así como indicadores biológicos como el polen, esporas y los restos de organismos acuáticos.

Los resultados proporcionan evidencias de que la transformación del paisaje del Sáhara en los pasados 6.000 años supuso una reducción gradual en la abundancia de la vegetación tropical, seguida por la pérdida de la cubierta de hierba y finalmente por el establecimiento de la actual comunidad de plantas de desierto.

Estos descubrimientos están en oposición con algunos resultados previos que indican un colapso rápido de la vegetación y un final repentino del periodo húmedo africano.

Ballenas en el desierto


EFE – El Mundo

  • TIENEN MÁS DE 40 MILLONES DE AÑOS
  •  La depresión de Wadi Rayan es uno de los conjuntos más ricos en fósiles marinos
Imagen del esqueleto fosilizado de una ballena en Wadi al Hitan. (Foto: EFE)

Imagen del esqueleto fosilizado de una ballena en Wadi al Hitan. (Foto: EFE)

AL FAYUM (EGIPTO).- Es lugar común oír que casi toda la Tierra estuvo cubierta por los océanos, pero pocos saben que en lugares tan áridos como el desierto del Sáhara nadaron un día hasta las ballenas. Sus esqueletos, fosilizados, son la prueba palpable. Tienen nada menos que 40 millones de años.

Estos esqueletos se encuentran a 200 kilómetros al suroeste de El Cairo, en la depresión de Wadi Rayan (provincia de Al Fayum), que es uno de los conjuntos más ricos del mundo en fósiles marinos: todo tipo de conchas, caracolas, erizos y estrellas de mar, cangrejos, tortugas y dientes de tiburón.

Los fósiles han sobrevivido casi intactos gracias al extraordinario poder conservador de la arena, la misma que ha permitido también la recuperación de numerosos templos faraónicos sencillamente sepultados entre las dunas durante siglos.

El llamado Valle de las Ballenas, o Wadi al Hitan en árabe, es sólo una esquina de los 1.759 kilómetros cuadrados que ocupa Wadi Rayan, pero la existencia de estos esqueletos fósiles y su paisaje único hicieron que en 2005 la UNESCO lo declarase Patrimonio Natural de la Humanidad.

Hace solo cuatro años, recorrer el valle con todoterrenos era diversión frecuente en los fines de semana entre la comunidad de expatriados en Egipto, y en más de una ocasión ha habido quien se ha llevado cual trofeo de caza una vértebra fósil de ballena para decorar su salón.

Pero desde la inclusión del valle en el listado de la UNESCO, las autoridades egipcias cerraron todos los accesos con hileras de piedras, impusieron una tarifa de acceso y crearon una unidad de 28 guardias equipados con “jeeps” encargados de recorrer sus confines en busca de infractores.

Junto a esto, construyeron una pista de arena a la que se accede desde el asfalto y que es transitable para cualquier tipo de vehículo, para poder entrar en el valle sólo desde un trazado bien delimitado. Los egipcios, generalmente temerosos del desierto, pueden acercarse ahora a hacer pic-nic en una sencilla excursión de un día.

Un paisaje estremecedor

El desierto y los fósiles, conservados durante milenios en el secreto que garantiza la arena, se han convertido en una atracción turística más de Egipto, si bien dista mucho de tener la popularidad de las ruinas faraónicas o de los corales del Mar Rojo.

Y eso que el paisaje del Valle de las Ballenas es sobrecogedor: surgidos como hongos de entre la arena, montículos de formas caprichosas se elevan contra un cielo libre de nubes. El viento, que ha modelado el desierto y creado las dunas, ha dibujado extrañas cavidades en las rocas del valle.

Los esqueletos de las ballenas no son el único vestigio del Eoceno, también pueden verse manglares fosilizados, que fueron los que permitieron que hubiera una fauna tan rica en las orillas del Mar de Tethis, el enorme océano que cubría gran parte de lo que hoy es desierto.

Las ballenas del Wadi al Hitan fueron descubiertas a principios del siglo XX y bautizadas como “Zeugledon”, aunque más tarde se establecieron en realidad cuatro especies distintas de estos cetáceos, la mayor de ellas de hasta 21 metros de longitud.

Lo más curioso desde el punto de vista científico es que a través de sus esqueletos se ha confirmado que estas ballenas poseían pequeñas patas que sobresalían apenas del vientre y que demuestran que estos mamíferos descendían en realidad de antepasados terrestres.

Cuando la tierra fue cubierta por las aguas, las ballenas sencillamente adaptaron su cuerpo y perdieron poco a poco unas patas que ya no tenían ninguna función.

Luego, cuando las aguas se retiraron hasta el Mediterráneo y su hábitat se transformó en desierto, ya era demasiado tarde: las ballenas quedaron varadas entre las arenas del Sáhara y esta vez sólo pudieron convertirse en fósiles.