Tras la huella genética de Alejandro Magno en las momias egipcias


El Mundo

  • El ADN de los cuerpos embalsamados revela el parentesco de los pobladores del Nilo
  • Los antiguos egipcios están más emparentados con las poblaciones de Oriente Próximo, mientras que los actuales lo están con poblaciones subsharianas

 

Sarcófago de Tadja encontrado en Abusir el-Meleq NATURE COMMUNICATIONS

La genética supone un arma poderosa para establecer relaciones de consanguinidad. A partir de un pequeño frotis de la boca los científicos realizan sin mayores problemas el análisis de nuestro material genético mediante técnicas convencionales para proceder a su estudio. Extraer el ADN de un habitante de otra época y poder estudiarlo, requiere sin embargo de unas técnicas más sofisticadas que solo se pueden aplicar cuando ese ADN ha llegado inalterado hasta nosotros.

Encontrar estas marcas y poder observar el paso de las civilizaciones en los genes de sus habitantes es el objetivo de un equipo de investigadores del Instituto Max Plank , que ha analizado el ADN de las momias del antiguo Egipto en busca de la huella genética que dejaron a su paso otros pobladores, como los de la época de Alejandro Magno.

El estudio aporta sin embargo otro tipo de relaciones y concluye que los egipcios del pasado están más emparentados con las poblaciones de Oriente Próximo de lo que los egipcios modernos lo están ahora, una relación que ha podido diluirse con el tiempo debido a las constantes interacciones producidas en el Mediterráneo entre las culturas africanas, asiáticas y europeas desde la época anterior a Cristo. Los egipcios actuales han adquirido por otro lado un aporte genético subsahariano después del periodo romano.

Los investigadores, que han publicado sus conclusiones en la revista Nature Communications, usaron el ADN mitocondrial (el que se conserva en una parte de la célula distinta al núcleo) de 90 individuos de la antigüedad procedentes del yacimiento arqueológico de Abusir el-Meleq y el genoma completo de tres momias de la época pre-ptolemaica, ptolemaica y romana, cubriendo así un periodo de 1.300 años.

El cálido clima de Egipto, los altos niveles de humedad de muchas tumbas y los productos químicos utilizados en las técnicas de momificación contribuyen a la degradación de este ADN y a que su conservación en las momias egipcias sea poco probable. No obstante, la aplicación de técnicas modernas de secuenciación y nuevos métodos de autentificación de ADN antiguo ha contribuido al éxito de este estudio y entender el parentesco de las antiguas poblaciones egipcias a partir de unos restos que datan del año 1.400 a.C. al año 400 d.C.

A modo de investigación arqueológica a nivel molecular, el equipo liderado por el genetista Johannes Krause quería identificar si los relatos que conocemos por la historia sobre la conquista y el dominio de las civilizaciones habían dejado alguna marca en los genes de estas poblaciones. “Queríamos probar si la conquista de Alejandro Magno y otras potencias extranjeras ha dejado una huella genética en la población egipcia antigua”, ha explicado en una nota de prensa Verena Schuenemann, coautora del grupo de investigación de Krause, en el que también participa la Universidad de Tubinga en Alemania.

El estudio ha revelado sin embargo que los antiguos egipcios están relacionados con las poblaciones del Levante del pasado, así como con los habitantes del neolítico de la Península de Anatolia y Europa. “La genética de la comunidad de Abusir el-Meleq no sufrió ningún cambio importante durante los 1.300 años que hemos estudiado, lo que sugiere que la población estuvo relativamente poco afectada a nivel genético por la conquista y el dominio extranjeros“, ha afirmado Wolfgang Haak, del Instituto Max Planck.

Los datos que aporta el grupo de Krause apuntan además a que los egipcios modernos comparten aproximadamente un 8% más de ancestros con las poblaciones africanas subsaharianas que con los antiguos egipcios. “Esto sugiere un aumento en el flujo de genes subsaharianos en Egipto en los últimos 1.500 años”, ha añadido Stephan Schiffels, coautor del estudio.

La mejora de la movilidad a lo largo del río Nilo, el aumento del comercio a larga distancia entre el África subsahariana y Egipto y la trata de esclavos transahariana que comenzó hace aproximadamente 1.300 años pueden estar detrás de estos resultados.

Engaño a los dioses del Antiguo Egipto


El Mundo

  • Un estudio de la Universidad de Manchester revela que alrededor de un tercio de las momias de animales que se ofrecían como ofrendas están vacías
  • Se llegaron a embalsamar 16.000 perros al año
 La momia de un gato vista a través de una radiografía. BBC/ University of Manchester

La momia de un gato vista a través de una radiografía. BBC/ University of Manchester

En el antiguo Egipto los humanos muertos se embalsamaban para llegar intactos a la otra vida; los animales, en cambio, eran momificados para ser ofrecidos a los Dioses. Se han localizado e identificado una treintena de catacumbas, clasificadas según las especies, en los valles colindantes al río Nilo llenas a rebosar de momias de animales. En total, se calculan 70 millones de ellos: perros, gatos, cocodrilos, ibis, peces, serpientes, pájaros o monos.

Un equipo de radiólogos y egiptólogos de la Universidad de Manchester ha escaneado más de 800 momias zoológicas repartidas en diferentes museos del mundo (en su mayoría en Egipto) llegando a la conclusión de que un tercio de los animales embalsamados se ha conservado en buenas condiciones, otro tercio contiene en su interior alguna parte de la especie y otro tercio contiene material totalmente ajeno al animal. Así lo ha revelado el programa de la BBC Horizon emitido la noche del lunes por la segunda cadena de la televisión citada.

Los primeros animales momificados datan del año 800 a. C. A pesar de que en el Antiguo Egipto se llegaron a embalsamar 16.000 perros al año, “algunas momias no contienen restos animales, básicamente están repletas de tierra, arena, barro, pedazos de madera, juncos y materiales que debían amontonarse en los talleres de los embalsamadores” afirma la egiptóloga Lidija McKnight. “También contienen cáscaras de huevo y plumas que son artículos asociados a ciertos animales, pero que no son parte interna de ellos”.

Para entrar en el interior de las momias sin desatar el tejido que las envuelve, los científicos han utilizado sistemas de rayos X y un escáner de hospital con los que han analizado con meticulosidad y ahínco el contenido de los fardos de vendajes sin necesidad de deshacerlos. El proyecto ha sido el mayor escaneo nunca hecho a este tipo de animales disecados.

También se han descubierto varias promesas que hicieron antiguos ciudadanos egipcios a los Dioses con la intención de ofrecer un animal disecado si un enfermo de la familia recuperaba la salud. El ritual de ofrecer animales, a los que se les consideraba con poderes sobrenaturales como el volar, generó una auténtica industria de embalsamar en la que la demanda por momias era mayor que la oferta con lo cual los embalsamadores empezaron a adulterar sus trabajos disecados. John Fletcher, de la Universidad de York (norte de Inglaterra), ha estudiado los ingredientes utilizados para momificar especies y concluye que las resinas con las que cubrían la piel -y los órganos vitales extraídos para ser colocados de nuevo en el interior del cuerpo- de los animales momificados mataban la bacteria y los protegían de los insectos.

“Los antiguos egipcios eran devotos a Dioses en forma de animales, de ahí que poseer una momia zoológica era una forma de conectar con Dios”, explica el profesor Campbell Price en el programa de televisión en el que muestran cómo en la universidad de Swansea (Gales) han recreado en tres dimensiones, de un material flexible tipo plástico, un cráneo de gato a partir de un análisis escaneado en tres dimensiones de un felino del antiguo Egipto.

Otra de las sorpresas que ha producido la investigación llevada a cabo en los últimos años ha sido identificar una momia que yacía junto al cuerpo embalsamado de la hija de un faraón. El bulto con el que fue enterrado la joven ha resultado ser un chimpancé que, a tenor de los expertos, pudo ser su animal de compañía y su juguete preferido.