El Rijksmuseum cambiará los títulos de cerca de 200 obras para evitar términos ofensivos


ABC.es

  • El museo holandés ha iniciado un programa para evitar términos racistas que puedan herir sensibilidades

 

 «Jovencita negra» (c- 1900), de Simon Maris, ha pasado a llamarse «Mujer joven con abanico»

«Jovencita negra» (c- 1900), de Simon Maris, ha pasado a llamarse «Mujer joven con abanico»

El Rijksmuseum de Amsterdam ha decidido se el primer centro de arte europeo en adecuar los títulos de obras de arte que puedan resultar ofensivos por otros más políticamente correctos. Así, se consideran fuera de lugar términos considerados racistas como «negro», «indio», «moro» o «mahometano».

Como se podría prever, tras el anuncio de la medida, la polémica ha surgido de forma inmediata. Para defenderla, Martine Gosselink, jefa del departamento de historia en el Rijksmuseum y responsable del proyecto, explicó que «a los holandeses a veces nos llaman “cabezas de queso” (“kaas kop”), y no nos gustaría que ir a un museo y ver descripciones de cuadros como “Mujer cabeza de queso con niño cabeza de queso”, y eso es exactamente lo mismo que lo que está pasando aquí».

La idea, es evitar «nombres dados por los blancos al resto de las razas», según Gosselink, quin puso en evidencia que «solo en los Países Bajos hay un millón de personas que tienen raíces en antiguas poblaciones coloniales, como Surinam, las Antillas o Indonesia». De hecho, al programa, que se puso en marcha el pasado mes de diciembre, se denomina «Ajuste de la teminología colonial».

Entre las voces que han mostrado su desacuerdo, se encuentra la de el británico Julian Spalding, historiador del arte, crítico y escritor, quien declaró a «The Times» que estimaba «absolutamente equivocado eliminar palabras como” negro” (en español), e incluso “nigger” de los textos históricos. Por un lado, es deshonesto, ya que reescribe la historia. En el plano artístico, significa la censura».

Entre las obras que han experimentado modificaciones, se encuentran «Jovencita negra» (c. 1900), de Simon Maris, que ha pasado a llamarse «Mujer joven con abanico»; y la descripción del cuadro «Retrato de Margaretha van Raephorst con sirviente negra» (1668) por, simplemente, «Margaretha van Raephorst».

 

Vermeer lleva a Roma el esplendor burgués


El Mundo

La prosperidad de la burguesía holandesa del siglo XVII llega a Roma de la mano de Johannes Vermeer y otros pintores del llamado ‘Siglo de Oro’ de la pintura holandesa, en el que la independencia de la España de los Habsburgo dio paso al florecimiento de las artes y las letras en las ciudades holandesas.

La exposición ‘Vermeer. El siglo de oro del arte holandés’, que fue inaugurada este miércoles en las Escuderías del Quirinal, lleva a la capital italiana algunas de las obras más representativas de este período histórico, caracterizado por el protagonismo de la clase burguesa, pintadas por Vermeer y algunos de sus coetáneos.

A través de medio centenar de obras de una quincena de autores holandeses, el espectador recorre escenas cotidianas de uno de los países más prósperos y con mayor tasa de alfabetización de su tiempo, donde el protestantismo, el comercio y la vida cultural se constituyen como señas de identidad de la burguesía.

Johannes Vermeer es el protagonista indiscutible de la exposición, con ocho telas de una delicadeza exquisita (el artista no realizó más que medio centenar de obras durante toda su vida) como los conocidos retratos ‘Muchacha con sombrero rojo’ (1665) o ‘Mujer con laúd’ (1662). Sin embargo, la muestra recoge generosamente además los óleos de algunos de sus contemporáneos, con técnicas y temática similares.

Los coetáneos de Vermeer

Pieter de Hooch, Gabriel Metsu, Frans van Mieris, Ludolf de Jongh o Gerard ter Borch son algunos de los pintores cuyas obras se exponen junto a las de Vermeer, y que, lejos de verse ensombrecidas por las del maestro de Delft, complementan su visión de la sociedad en la que vivían.

El recorrido de la muestra adentra al público progresivamente en la realidad burguesa: así, de los exteriores de Jan van der Heyden, con ‘Vista del Ayuntamiento nuevo de Amsterdam’ (1667), y de Egbert van der Poel, con ‘Vista de Delft con la explosión de 1654’ (1654) se pasa a escenas de interior, típicamente burguesas.

Porque cuando Vermeer pinta ‘La callejuela’ (1658) no está sino reproduciendo una escena de interior al aire libre, con tres mujeres realizando tareas domésticas como si de una casa de muñecas se tratase.

El gusto por las artes tiene su reflejo en la gran cantidad de lienzos dedicados a retratar a los burgueses tocando instrumentos o leyendo, como en los cuadros ‘Mujer al clavicordio’ (1665), de Gerrit Dou, ‘Concierto de familia’ (1669), de Godfired Schalken, o ‘Mujer leyendo una carta’ (1666).

Estas escenas de una vida refinada con lujos fuera del alcance de la mayoría de los europeos del siglo XVII alcanza su máxima expresión en pinturas como ‘Mujer con pendiente de perla’ (1654), de Carel Fabritius, o el retrato de Frans van Mieris ‘Mujer dando de comer a un papagayo’ (1663), en el que el exotismo del pájaro traslada al espectador a un mundo de fantasía.

También quedan documentadas las relaciones familiares, desde la pose forzada de cara a los vecinos de ‘Retrato de familia en un patio en Delft’ (1660), de Pieter de Hooch, a la naturalidad del gesto del pequeño que llora ante el castigo de su madre de ‘El tamborilero desobediente’ (1655).

Aunque la mayor parte de las escenas corresponden a la vida civil, algunas de las pinturas son de temática religiosa, como el interior de una iglesia gótica realizada por Emanuel de Witte o las dos “Santa Práxedes”, una de Felice Ficherelli, de 1645, y otra de Vermeer, de 10 años después.

Precisamente, el valor que el propio Vermeer dio a la religión en su vida -convirtiéndose al catolicismo en un país de mayoría protestante- cierra la exposición con la ‘Alegoría de la fe’ (1672), uno de los lienzos de mayor formato entre los expuestos, en el que el rico simbolismo religioso rompe con la aparente simplicidad de la vida terrenal burguesa.

A esta exposición han contribuido las National Gallery de Washington y Londres, el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, el Rijksmuseum de Amsterdam y el Metropolitan de Nueva York. Las dos últimas grandes exposiciones consagradas al maestro de Delf fueron organizadas en el Prado, en 2003, y en el Metropolitan de Tokyo en 2008.


‘Vermeer. El siglo de oro del arte holandés’; en las Escuderías del Quirinal Del 27 de septiembre al 20 de enero

El nuevo Stedelijk Museum de Ámsterdam abrirá en septiembre


hoyesarte.com

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El Museo Stedelijk (Ámsterdam) ultima sus últimos detalles para su esperada reapertura el próximo 23 de septiembre en la Plaza de los Museos de la capital holandesa. Su edificio histórico, diseñado en 1895 por  A.W. Weissman, albergará amplios espacios expositivos para mostrar su colección permanente, mientras que el nuevo edificio de 10.000 metros cuadrados, diseñado por  Benthem Crouwel Architects, dotará al museo de un espacio para las exposiciones temporales y otras instalaciones como una cafetería, una librería o el auditorio.

El museo se orientará completamente hacia la Plaza de los Museos (Museumplein) reactivando una importante zona junto a sus otros vecinos: el Rijksmuseum  y el Museo Van Gogh.
Alberga una de las colecciones de arte moderno, contemporáneo y de diseño más importante del mundo, con más de 90.000 objetos que datan desde 1870 hasta nuestros días, incluyendo pinturas, esculturas, vídeos, filmes, instalaciones, obras sobre papel, fotografía, diseño gráfico, artes aplicadas y diseño industrial.

Muestra inaugural

El museo ha anunciado detalles sobre la muestra inaugural: Beyond Imagination mostrará los trabajos de 20 artistas holandeses y residentes en el país. Ocupará toda la segunda planta y se extenderá hacia el auditorio y los espacios públicos del nuevo edificio. En ella se presentarán grandes trabajos e instalaciones de artistas como Carl Andre, Rodney Graham, Joan Jonas, John Knight, Barbara Kruger, Melvin Moti y Diana Thater entre otros. El espacio diáfano y sin columnas brindará numerosas posibilidades para la presentación de piezas monumentales en un espacio cerrado.

Asimismo, la institución presentará la muestra retrospectiva sobre Mike Kelley que se inaugurará el 15 de diciembre y desde donde viajará a otros museos de Europa y América.

Colección permanente

La mitad de la planta baja del edificio histórico de 1895 estará dedicada al periodo de 1870 hasta la década de los 60 del S. XX. La selección comprenderá obras importantes de Vincent van Gogh, Wassily Kandinsky, Ernst Ludwig Kirchner, Franz Marc, Chaïm Soutine, Marc Chagall, Henri Matisse, Piet Mondrian, Theo van Doesburg, Kazimir Malevich, Charley Toorop, Max Beckmann, Jackson Pollock, Asger Jorn, Karel Appel y artistas del grupo CoBrA. Las salas interiores albergarán exposiciones de obras en papel (se inaugurará con Malevich) y de la destacada colección de fotografía del museo.

La segunda planta del edifico histórico mostrará de forma rotativa obras importantes de 1960 hasta nuestros días. Se podrán ver obras como La perruche et la sirène de Henri Matisse, The Beanery de Ed Kienholz, Charlene de Robert Rauschenberg y Bellevue II de Andy Warhol, pero también salas monográficas dedicadas a Willem de Kooning, Rineke Dijkstra, Marlene Dumas, Barnett Newman, Hanne Darboven y Wolfgang Tillmans. También se exhibirán obras que no se han visto durante años, incluyendo algunas de Lee Bontecou, Rene Daniels, Jan Dibbets, Lucio Fontana, Gilbert & George, Philip Guston, Yves Klein, Joseph Kosuth, Brice Marden, Bruce Nauman, Gordon Matta-Clark y Jean Tinguely, así como nuevas adquisiciones de Barbara Bloom, Stanley Brouwn, Marlene Dumas, Dan Flavin, Simone Forti, John Knight, Cady Noland, Martha Rosler, Ger van Elk, Danh Vo y Guido van der Werve, entre otros.

La otra mitad de la planta baja estará dedicada a la colección del museo de diseño industrial, diseño gráfico y artes aplicadas. Esta parte estará dividida en tres secciones: desarrollo del modernismo (1900-1950), modernismo de postguerra (1950-1980) y del postmodernismo hasta nuestros días. La muestra incluirá trabajo en cristal, cerámica, joyas, pósters, muebles y textiles, resaltando la cambiante relación entre la artesanía, el diseño y la tecnología en su contexto ideológico. Se incluirán nombres internaciones como Josef Hoffmann, Ettore Sottsass y Philippe Starck y también se dedicará especial atención a las obras de De Stijl o iniciativas comisionadas por el propio museo. Entre las obras más importantes podremos ver la obra de Gerrit Rietveld Harrenstein Bedroom(1926). Las salas dedicadas a exposiciones temporales de diseño se inaugurarán con una muestra sobre la influencia de la Bauhaus en Holanda.

La arquitectura del nuevo Stedelijk

El nuevo edificio que alberga la ampliación del museo es ya conocido con el apodo de “la bañera”. Consiste en un volumen blanco flotante que  se extiende hacia arriba en forma de tejado plano y alberga las salas de exposiciones de la segunda planta y el auditorio. El la planta baja está recubierto de cristal y recoge la entrada principal, la tienda y el restaurante.

En el hall de entrada del nuevo edificio resaltarán dos piezas espectaculares: Petra Blaisse, de la firma Inside Outside, ha creado una gran pieza textil que se extiende desde la entrada hasta la pared trasera del restaurante, con una altura de 14 metros hasta el techo, dando una espectacular bienvenida a los visitantes. Una de las elogiadas fotos de gran formato de Laouise Lawler completará también la grandiosidad del hall.

Rembrandt y Vermeer estrenan casa


El Pais

  • Los españoles Cruz y Ortiz concluyen una restauración del Rijksmuseum
  • Termina una batalla de 12 años contra el mar y las bicicletas de Ámsterdam
  • FOTOGALERÍA El nuevo Rijksmuseum

Cuando empezaron las obras en el Rijksmuseum, los albañiles tuvieron que recurrir a los trajes de buzo para poder trabajar en la cimentación del edificio. La construcción original del arquitecto holandés Pieter Cuypers fue literalmente levantada en volandas. Era la única manera de cimentar el edificio y garantizar su permanencia en la historia. Pero tener que trabajar en pozos de 10 metros de profundidad no fue más que una premonición de las dificultades que tendrían que sortear los arquitectos españoles Antonio Cruz y Antonio Ortiz. La gran complicación vino de la exigencia de los ciclistas que no quisieron renunciar a su histórico paso por la vía central: se produjo una larguísima trifulca que conllevó 80 nuevos permisos de obras y que desbarató todos los planes iniciales. Con cuatro años de retraso sobre lo previsto (12 en total) y bastante más dinero del presupuestado (375 millones de euros al final), el edificio ya está listo para volver a ser ocupado por las obras más amadas por los holandeses y el mundo del arte en general. Son los cuadros esenciales de Rembrandt y Vermeer junto a otros tesoros artísticos que ahora lucirán con el esplendor que el paso del tiempo les había robado y que no han podido ser contempladas por toda una generación de holandeses.

Al correrse el telón de grúas, plásticos y cementos, ha reaparecido lo más bello del viejo edificio decimonónico. La oscuridad y los laberintos que hacían imposible la circulación han dado paso a galerías luminosas organizadas en torno a dos patios y un impresionante atrio de 2.250 metros cuadrados. Con 80 salas de exposiciones, restaurante, café, tienda, auditorio y salas de reuniones, el nuevo Rijksmuseum está listo para recibir, sin traumas, dos millones de visitantes anuales, según las previsiones de sus responsables. El artista José Manuel Ballester, al igual que hizo con el Museo Arqueológico, ha fotografiado año tras año la transformación de este espacio único. En su trabajo, que será expuesto cuando el nuevo edificio esté totalmente listo, se narra con tensión cinematográfica el renacimiento de este importante museo.

Antonio Cruz y Antonio Ortiz,con despacho en Madrid y Ámsterdam, son autores de edificios tan conocidos como los estadios de La Cartuja en Sevilla o La Peineta en Madrid. Satisfechos con el resultado final pese a las dificultades, explican que su trabajo ha consistido en devolver al edificio su grandeza original, a sus proporciones y al tamaño de sus espacios iniciales, eliminando las inadecuadas intervenciones a las que había sido sometido a lo largo de los años.

“Para conseguir más espacio expositivo”, explican Cruz y Ortiz, “la construcción original se había trasformado radicalmente. Cuando los holandeses puedan volver a entrar en el museo van a encontrar algo prácticamente desconocido para ellos: un edificio luminoso, claro, inteligible, frente a la situación anterior oscura y absolutamente laberíntica. El propósito del concurso y el propósito de la dirección del Museo siempre estuvieron muy claros: no querían tener un museo mayor sino un museo mejor. A partir de la reapertura, el museo va a tener menos superficie dedicada a la exposición de la que tenía antes. Sin embargo, el edificio va a recuperar su carácter, una luminosidad y una apariencia que estaban completamente perdidas”.

La historia de los Paises Bajos es una batalla constante por ganar terreno al mar. Cimentar de nuevo el viejo edificio ha tenido momentos dramáticos. Superadas las dificultades, los arquitectos españoles hablan ya con tranquilidad de las imposiciones del agua. “Buena parte de la intervención que se ha ejecutado ha sido subterránea. Se han construido varias plantas bajo rasante que han permitido resolver muchas carencias que el museo tenía, y en Ámsterdam basta con profundizar un poco para encontrar no ya el nivel freático, sino el nivel del mar. Las obras en este aspecto han sido muy complicadas porque se ha excavado hasta 10 metros de profundidad con el propósito de albergar depósitos de obras de arte. Por lo tanto, las dificultades técnicas han sido enormes”.

Pero las complicaciones de la Naturaleza se quedaron en pañales cuando Cruz y Ortiz tuvieron que enfrentarse a los ciclistas en una ciudad en la que la bicicleta prima incluso sobre los derechos de los peatones. El proyecto original suprimía el histórico pasaje para ciclistas. La respuesta de la población fue tan contundente que las obras se pararon totalmente por dos años durante los que el plan se recondujo. Protestas y la laboriosa tramitación de 80 nuevos permisos de obras hicieron temer por un final feliz. “Toda la discusión se centró en si las bicicletas tenían que seguir pasando por el pasaje central del edificio o si podrían compartirlo con el nuevo acceso al museo. El resultado provisional de esta discusión hizo imposible la ejecución de la solución de acceso al museo que nosotros proponíamos como óptima. Al final, solo muy recientemente, el Ayuntamiento y el Distrito han decidido que las bicicletas no van a poder pasar nunca más por el pasaje. Es una historia larga y absurda que ha conducido a que la solución final del acceso no sea la óptima”.

Pese a ello, aseguran, no odiar las bicicletas. “Sería insensato. De hecho, nosotros la utilizamos habitualmente en Sevilla, y desde luego en Ámsterdam cuando estamos allí”.

Por todo lo anterior, un trabajo que tendría que haber durado ocho años se ha alargado a 12. Del presupuesto final, se estima que supera los 375 millones de euros. “Los incrementos del precio han sido producidos por el aumento de los plazos, las interrupciones del proceso ligadas a la tediosa batalla ciclista”, argumentan los arquitectos.

Con todo, aseguran que no han estado tentados de abandonar. “Hemos tenido momentos más difíciles, momentos más felices, pero una de las virtudes de un arquitecto debe ser la tenacidad. No es tan infrecuente el verse envuelto en procesos de muy larga duración y entendemos que hay que saber resistir. Y que hay que reunir las condiciones de resistencia y constancia acordes a la importancia de lo que estamos haciendo. Las dificultades no nos han sorprendido, se trata del museo nacional, algo sobre lo que todo el mundo tiene derecho a opinar. Estamos muy satisfechos con el resultado”.

Ahora hay que dar paso a los interioristas y de volver a colocar los cuadros. No se expondrán más del millar que históricamente se exhibían, pero la contemplación de los cuadros promete ser sorprendente. Paredes negras y una iluminación revolucionaria multiplicarán la belleza del genio de los grandes maestros neerlandeses: Rembrandt, Vermeer con Antonio Moro, El Bosco, Brueghel, Gossaert o Patinir… Pero para verlo todavía hay que esperar hasta la primavera del año que viene.