El primer hijo bastardo del castellano, el de Alfonso XI


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  • Aunque en sentido figurado, hace referencia al individuo ruin que degenera de su origen y naturaleza, la ofensa más generalizada guarda relación con el rechazo del parentesco
 VALERIO MERINO Tumba del Rey Alfonso XI, en la iglesia de san Hipólito, en Córdoba


VALERIO MERINO
Tumba del Rey Alfonso XI, en la iglesia de san Hipólito, en Córdoba

Si una cosa ha quedado plasmada a lo largo de la historia, es la gran cantidad de hijos no reconocidos que han ido surgiendo entre sus páginas. Reyes, nobles, plebeyos, famosos, anónimos… no importa la condición social del individuo a la hora de entrar en este menester. Aunque el Diccionario de la Real Academia Española define el término bastardo en su primera acepción como un sujeto «que degenera de su origen o naturaleza», la ofensa más generalizada guarda relación con el rechazo del parentesco.

Pancracio Celdrán, en «El Gran Libro de los Insultos», publicado por la editorial La Esfera, explica que en primer lugar se alude al hijo ilegítimo o borde, pero en sentido figurado, hace referencia a la persona baja, ruin y villana, que no es auténtica ni fetén. «Sujeto vil, de mala inclinación y natural avieso capaz de cualquier traición o trastada ya que no guarda la fe debida a otro».

A mediados el siglo XIV surge este calificativo estableciendo que los hijos ilegítimos de noble cuna eran bastardos y los de baja cuna hi(jos)deputa. «Comenzó a utilizarse en castellano en tiempos de Pedro I apareciendo como aposición a nombre propio en la Crónica de Pedro el Cruel para referirse al hijo bastardo de Alfonso XI, Enrique (II) el de las Mercedes».

Celdrán menciona al escritor español Sebastián de Covarrubias, quien en su Tesoro (1611) otorga a la la ofensa el valor semántico de ‘grosero y no hecho con orden, razón y regla’, y, en relación a su etimología, alude al arabista de su tiempo, Padre Guadix, para quien el origen de la palabra es arábigo: «De baxtaridu, es decir, hijo de quien se quiera, ya que no se sabe de cierto quién sea el padre».

El sainetista madrileño del siglo XVIII Ramón de la Cruz emplea así el término:

Ésa es una presunción

hija de un bastardo pecho.

El vocablo posee procedencia francesa. «Deriva del francés antiguo bastart», apunta el autor aunque incide en que no hay seguridad en cuanto al significado de esa raíz: «Algunos piensan que acaso proceda del alemán bankert: hecho sobre un banco, ya que estos individuos no eran hijos de matrimonio legítimo y por ello no se los engendraba en la cama; otros opinan que pudo derivar del escandinavo arcaico hormung: generado en un rincón. En la lengua occitánica se decía sebenc: engendrado junto a un seto. Mientras que los griegos llamaban a los nacidos en cópula ilegítima lazremaios: hecho en la oscuridad y por los rincones».