El calentamiento global se ha detenido por la acumulación de calor en el océano Atlántico


El Mundo

El efecto invernadero debido al aumento del CO2 en la atmósfera y el calentamiento del planeta durante la segunda mitad del siglo XX son una realidad científicamente incontestable. Pero desde el año 2000, el calor acumulado en la superficie terrestre parece haber desaparecido y las temperaturas medias globales han permanecido prácticamente inmutables durante los primeros años del presente siglo.

Una nueva investigación, realizada por expertos la Universidad de Washington (Estados Unidos) y que se acaba de publicar en la revista ‘Science’, muestra que ésta ausencia de calor se puede estar sumiendo en las profundidades del norte y el sur del Océano Atlántico y es parte de un ciclo natural. El calentamiento bajo la superficie del océano explica por qué las temperaturas medias mundiales del aire se han estancado desde 1999, a pesar de una mayor presencia de gases de efecto invernadero que atrapan el calor solar en la superficie de la Tierra.

Tras un rápido calentamiento en el siglo XX, este siglo ha visto hasta ahora muy poco aumento de la temperatura media de la superficie de la Tierra. Este cambio ha desatado más de una docena de teorías de la llamada interrupción del calentamiento global, que van desde la contaminación del aire a los volcanes o las manchas solares.

“Cada semana hay una nueva explicación de esta pausa -reconoce el autor Ka-Kit Tung, profesor de Matemáticas Aplicadas y profesor adjunto de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Washington-. Muchos de los documentos anteriores se han centrado en los síntomas en la superficie de la Tierra, donde vemos muchos fenómenos diferentes y relacionados. Nosotros nos fijamos en el océano para tratar de encontrar la causa subyacente”.

Los resultados muestran que una corriente de lento movimiento en el Atlántico, que transporta calor entre los dos polos, se aceleró a principios de este siglo para hundir el calor hacia casi 1.500 metros de profundidad. “El hallazgo es una sorpresa, ya que las teorías actuales han señalado al Océano Pacífico como el culpable de ocultar el calor -resalta Tung-. Pero los datos son bastante convincentes y demuestran lo contrario”.

Un ciclo natural

Tung y el coautor Xianyao Chen, de la Universidad del Océano de China, utilizaron observaciones recientes de temperaturas de aguas profundas de boyas Argo, que muestran el estado del agua a 2.000 metros de profundidad. Estos datos presentan un aumento de la disipación del calor hacia el año 1999, cuando se detuvo el rápido calentamiento del siglo XX.

“Hay ciclos recurrentes que son impulsados por la salinidad que pueden almacenar calor en la profundidad del Atlántico y los océanos del Sur -argumenta Tung-. Después de 30 años de rápido calentamiento, ahora es el momento de la fase de enfriamiento”. Estos expertos detectaron que la mitad del rápido calentamiento en las últimas tres décadas del siglo XX se debía al calentamiento global y la otra mitad al ciclo natural del Océano Atlántico que mantiene más calor cerca de la superficie.

Cuando las observaciones mostraron una alteración en el ciclo oceánico, alrededor del año 2000, la corriente comenzó a hundir el calor más profundamente en el océano, para contrarrestar el calentamiento inducido por el hombre. El ciclo se inicia cuando el agua más salada y más densa en la parte norte de la superficie del Atlántico, cerca de Islandia, hace que el agua se hunda, cambiando la enorme velocidad de la corriente en el Océano Atlántico que hace circular el calor por todo el planeta.

“Cuando llega el agua pesada a la parte superior de agua ligera, se sumerge muy rápidamente llevándose calor”, resume Tung. Observaciones recientes en la superficie del Atlántico Norte muestran salinidad récord, según Tung, mientras que, al mismo tiempo, el agua más profunda en el Atlántico Norte exhibe un aumento de las cantidades de calor.

Los autores desenterraron datos históricos para demostrar que el enfriamiento en las tres décadas entre 1945 a 1975, que hicieron a la gente preocuparse por un posible comienzo de una edad de hielo, fue durante una fase de enfriamiento. Las oscilaciones de temperatura tienen un interruptor natural, de forma que durante el periodo de calentamiento, las rápidas corrientes provocan que agua más tropical se desplace hacia el Atlántico Norte, calentando la superficie y las aguas profundas.

En la superficie, este calentamiento derrite el hielo, lo que, a la larga hace que el agua superior sea menos densa y, después de algunas décadas, pone freno a la circulación, lo que desencadena una fase de enfriamiento de 30 años. Esta explicación implica que la actual desaceleración en el calentamiento global podría durar otra década, o más, y luego volverá un rápido calentamiento.

Descubiertos dos planetas extrasolares tipo Tierra que podrían tener agua líquida


El Pais

  • Ninguna misión actual ni concebible por el momento podría averiguar si esos mundos son habitables, advierten los científicos

Ilustración del planeta extrasolar tipo Tierra Kepler-62f. / NASA/AMES/JPL/CALTECH

Gracias al fructífero telescopio espacial Kepler, un equipo de astrónomos ha descubierto la presencia de cinco planetas extrasolares en torno a una estrella, Kepler-62, a 1.200 años luz de la Tierra, y dos de esos mundos son especialmente interesantes porque podrían estar hechos de roca o de hielo, tendrían un tamaño algo superior al de nuestro planeta (1,4 y 1,6 veces el radio terrestre) y, por la distancia a la que orbitan en torno a su estrella, recibirían de ella una cantidad de radiación similar a la que reciben Venus y Marte del Sol. Están en lo que los científicos denominan zona habitable, es decir, la distancia al astro en la que un cuerpo podría tener agua en estado líquido. El científico de la NASA William J. Borucki y sus colegas explican el hallazgo en la revista Science. No es el primer planeta extrasolar hallado en zona habitable, ya que hace más de un año se encontró otro en esa situación en órbita de una estrella parecida al Sol, Kepler-22, pero su radio es 2,4 veces el terrestre y incertidumbres acerca de su composición.

Poco a poco, los científicos no solo están desentrañando cómo es la población de planetas en torno a otras estrellas (cuya misma existencia se desconocía hace menos de 20 años), sino que están estrechando el cerco al objetivo de encontrar mundos lo más parecidos al nuestro por su composición y condiciones.

El equipo de Boruki “destaca en su artículo que no sabe si su nuevo hallazgo tiene agua, atmósfera o una superficie sólida”, advierte el especialista Richard A. Kerr en Science, centrándose en uno de los dos mundos de tipo Tierra descubiertos que es especialmente interesante. “Es más, ninguna misión actual, planeada o tal vez incluso concebible podría demostrar que este exoplaneta es habitable”, añade. El objetivo del Kepler, recuerda, es determinar cómo de corrientes son los planetas de tamaño similar al de la Tierra terrestre en órbita en la zona habitable de estrellas como el Sol. “Y se han descubierto ya más de un centenar de tamaño terrestre y tan pequeños como la luna”.

Los planetas Kepler-62f y Kepler-62e son los dos más exteriores de los cinco descubiertos en torno a ese astro. “Por lo que podemos afirmar, dado su radio y su período orbital, estos dos planetas son los objetos más parecidos a la Tierra que hemos encontrado”, afirma uno de los astrónomos del equipo, Justin Crepp, de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos. “Los modelos teóricos del Kepler-62e y Kepler-62f […] sugieren que ambos planetas podrían ser sólidos: ya sea de una composición rocosa o de agua helada, en su mayor parte”, escriben los investigadores en su artículo de Science.

Los cinco planetas tardan en cumplir una vuelta a su sol entre seis días (el más cercano a la estrella y, por tanto, demasiado caliente) a nueve meses. La zona habitable, explica Kerr es el rango de distancias orbitales dentro del cual funcionaría el efecto invernadero en un planeta que tuviera una atmósfera de nitrógeno, dióxido de carbono y agua, con una frontera máxima exterior de distancia a la estrella a partir de la cual el dióxido de carbono estaría congelado y otra interior en el que la atmósfera se recalentaría en exceso, como en Venus. De los cinco exoplanetas descubiertos ahora, solo el Kepler-62f, con 1,4 veces el radio terrestre, está en este rango habitable estricto, mientras que el Kepler-62e, más cercano al astro, se escapa un poco fuera de la zona definida.

Los bosquimanos y los hotentotes, los pueblos más antiguos del mundo


ABC.es

  • Un estudio genético desvela que estos individuos del África subsahariana son los descendientes de la primera diversificación ocurrida en la historia de la humanidad, hace 100.000 años

Bosquimanos en Botswana

Los bosquimanos y los hotentotes, dos pueblos estrechamente relacionados entre sí del África subsahariana, el lugar donde se cree se originó el moderno Homo sapiens, son los más antiguos que actualmente existen sobre la Tierra, según desvela un gran estudio genético realizado en el continente con 220 individuos de once poblaciones de diferentes regiones. En la investigación, que aparece publicada en la revista Science, fueron analizadas nada menos que 2,3 millones de variantes de ADN por individuo.

Los investigadores de las Universidad de Uppsala (Suecia) y de la de Witwatersrand (Johannesburgo) señalan que los Khoi-San, como también se conoce a estos dos grupos humanos, son descendientes de la más temprana diversificación en la historia de la humanidad, ocurrida hace unos 100.000 años, mucho antes de la migración fuera de África de los seres humanos modernos.

Los investigadores creen que este estudio ayudará a las poblaciones africanas a «reclamar su lugar en la historia del mundo». Además, pondrán los datos del genoma a disposición de la comunidad científica, ya que la información genética puede ser muy útil para fines médicos.

Los pequeños bosquimanos (hombres del bosque), tradicionalmente cazadores recolectores, y los hotentotes (hombres de los hombres), un pequeño grupo étnico nómada, se caraterizan por su lenguaje clic, unos chasquidos similares a los que hacemos para indicar fastidio.

El estudio arroja luz sobre la manera en que las poblaciones humanas modernas alrededor del mundo emergieron a partir de la compleja historia evolutiva en África y sugiere que estudios genómicos similares podrían descubrir más secretos sobre los orígenes de los humanos modernos.

Encuentran minúsculos fragmentos de meteoritos en rocas traídas por el ‘Apollo 16’


El Mundo

Estudio en ‘Science’ sobre la evolución del Sistema Solar

Las muestras recogidas por los astronautas de las misiones ‘Apollo’ siguen siendo una extraordinaria fuente de estudio para los científicos. Una investigación publicada esta semana en la revista ‘Science’ describe el hallazgo de minúsculos fragmentos de meteoritos en las rocas lunares que los tripulantes de la ‘Apollo 16’ trajeron a la Tierra en 1972.

Los científicos creen que tanto la Tierra como la Luna fueron bombardeados por una gran cantidad de objetos en los orígenes del Sistema Solar. Las colisiones, sostienen, debían ser mucho más frecuentes que en la actualidad. Sin embargo, desconocen si esta ‘lluvia’ de objetos se componía sobre todo de asteroides, cometas o una combinación de ambos. Su estudio tiene una gran importancia para intentar averiguar cómo se originó la vida en la Tierra.

Según sugiere esta nueva investigación, firmada por investigadores estadounidenses del Instituto Planetario y Lunar de Houston, los asteroides eran probablemente los objetos que con más frecuencia impactaban sobre la Tierra y la Luna.

La mayoría de los estudios sobre los impactos de objetos en cuerpos del Sistema Solar se han basado en datos indirectos recabados tras el hallazgo de elementos químicos en el manto y en la corteza que podrían haber tenido su origen en el choque de meteoritos y asteroides.

Los meteoritos que han impactado en la Tierra lo han hecho a velocidades grandes y, aunque los científicos no han podido localizar restos de estos objetos en las rocas terrestres que tienen miles de millones de años de antigüedad, tenían esperanzas de que estos restos se hubieran podido conservar en la superficie de la Luna.

3.800 millones de años

Al analizar varias muestras de rocas (brechas regolíticas) recogidas por astronautas en la Luna, los científicos encontraron minúsculos restos de meteoritos junto a otras partículas. Las brechas regolíticas proceden del regolito lunar (la capa de rocas sueltas y fragmentos minerales que no forman suelo).

Según calculan los investigadores, los minúsculos fragmentos detectados son muestras de los pequeños objetos celestes que cruzaron el Sistema Solar hace entre 3.400 y 3.800 millones de años. La autora principal del artículo, Katherine Joy, y sus colegas creen que se trata de restos de asteroides y no de cometas.

Según señalan, la textura y los minerales hallados en estos restos es parecida a los de los fragmentos procedentes de condritas carbonáceas (asteroides primitivos). También señalan que su composición es muy diferente a la de otras rocas recogidas en la Luna que tienen una mayor cantidad de hierro. Asimismo, las rocas analizadas en este estudio son más ricas en magnesio (Mg) y más pobres en níquel (Ni) que las rocas ígneas terrestres lo que, según sugieren, indicaría que estas muestras no han resultado contaminadas al ser manipuladas y trasladadas a la Tierra.

La ciencia en la misión ‘Apollo 16’

La misión del ‘Apollo 16’, en abril de 1972, fue la penúltima del histórico programa de la NASA y una de las más fructíferas desde el punto de vista científico. Charlie Duke -el astronauta más joven que viajó a la Luna- y John Young pasaron más de 20 horas explorando la superficie lunar a bordo de un ‘rover’ con que batieron también un récord de velocidad al alcanzar los 18 kilómetros por hora. En total, recorrieron unos 27 kilómetros de la región denominada ‘Descartes’ durante los tres paseos lunares que hicieron en esta misión. El tercer miembro de la tripulación fue Thomas K. Mattingly.

Entre las numerosas muestras que los astronautas trajeron destaca la roca lunar más grande recogida (pesaba casi 12 kilogramos y fue apodada Big Muley, en homenaje al geólogo principal de la misión). Recogieron casi 100 kilos de rocas, que siguen siendo estudiadas por los científicos.

El cambio climático no causó la desaparición de selvas tropicales en África


La Razon

El cambio climático no fue, a pesar de lo que se creía, el único causante de la desaparición, hace 3.000 años, de algunas selvas tropicales de África Central que fueron reemplazadas por sabanas, según un estudio divulgado hoy que apunta a la acción de las tribus bantú como segundo factor.

El estudio, que aparece publicado en el número del 10 de febrero de la revista Science, sugiere que el cambio climático por sí mismo no podría haber producido un cambio tan drástico y que los humanos deben también haber jugado un papel en la transición.

El profesor Germain Bayon, geólogo y geoquímico del Instituto Francés de Investigaciones para Exploraciones Marinas (IFREMER), y su equipo analizó un núcleo de sedimento marino de la boca del río Congo y descubrieron que, hace alrededor de 3.000 años, el sedimento ahí había estado bajo la influencia de fuerte erosión química.

Esta mayor descomposición, basada en la química de las rocas y minerales en el área, coincidió con la llegada de campesinos bantúes provenientes de la región que ahora es parte de Camerún y Nigeria.

Las tribus bantúes trajeron con ellos tecnologías agrícola y de fundición de hierro a la región, por lo que el estudio sugiere que la presencia de estos granjeros primitivos probablemente también tuvo un impacto en las selvas tropicales centro-africanas.

Según los investigadores, en ese periodo los Bantú intensificaron el uso de la tierra y facilitaron el proceso de la erosión, ya que talaron árboles para crear tierra que pudieran arar para la agricultura y fundiciones de hierro primitivas.

Dichas acciones, junto con el cambio climático, probablemente provocaron el declive de las selvas tropicales en esa región, pero no sólo fue el cambio climático, como se había creído hasta ahora.