La huella de España: los sucesos de Fort Caroline


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  • El marino Pedro Menéndez de Avilés evitó que la penínsulade La Florida fuera ocupada y colonizada por Francia
 Monumento a Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín - Manuel Trillo

Monumento a Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín – Manuel Trillo

El marino Pedro Menéndez de Avilés se halla en Canarias aprestando una expedición para colonizar La Florida, cuando recibe un despacho apremiante de Felipe II. Debe partir cuanto antes, ya que ha recibido información secreta amenazadora: Francia pretende adelantarse a España en la ocupación de La Florida, enviando cientos de hugonotes, la rama francesa del protestantismo. Algo doblemente intolerable para Felipe II: por la instalación de una potencia enemiga en la península de Florida, a poca distancia del paso de los galeones cuajados de plata con rumbo a Sevilla; y por la penetración de la herejía en el Nuevo Mundo, cuyo dominio ha repartido el Papa entre España y Portugal, y que el Rey francés Francisco I ha cuestionado, pidiendo «que le enseñen el testamento de Adán».

Menéndez, con el título de Adelantado de La Florida, abrevia la partida. En el intento de ocupar Florida le han precedido otros como Narváez, Vázquez de Ayllón o Tristán de Luna, pero huracanes y naufragios han abortado una tras otra las expediciones, y La Florida es todavía una tierra de nadie, a merced de cualquier potencia europea.

Mas por mucho que navega a toda vela, las noticias al llegar a las costas floridanas son preocupantes: los franceses, al mando del capitán Jean Ribault, han llegado antes, e incluso han instalado un bastión, Fort Caroline, que pretende ser la base expansionista de Francia en Florida. ¿Qué hacer? Porque las instrucciones reales que lleva Menéndez son terminantes: expulsar a Francia y acabar con este brote de herejía en América.

Pero Menéndez de Avilés no es un marino cualquiera. Es un verdadero genio del mar. Costea en busca de los barcos franceses y, tras fundar el embrión de lo que será la primera ciudad de los Estados Unidos, San Agustín, descubre a los galeones franceses, muy superiores en número y armamento a los propios, fondeados en los contornos de Fort Caroline. Entonces diseña un plan. Colando sus pequeños bajeles entre los galeones franceses los dispersa, y luego se hace perseguir hasta las aguas más propicias de San Agustín.

Ya en ellas, una formidable tormenta obliga a los franceses a demorar su ataque. Y en un arranque de inspiración genial comprende Menéndez que es su oportunidad porque, sin la protección del capitán y sus galeones, Fort Caroline se hallará mermado de efectivos.

Y decide pasar a la acción. Ordena la marcha inmediata por tierra hacia el fuerte francés. Y, durante cuatro jornadas indescriptibles, los españoles, inasequibles al sufrimiento, avanzan bajo lluvias torrenciales, sin dormir, sin siquiera sentarse para comer sobre un suelo convertido en charcal.

Pero al amanecer del cuarto día arriban a Fort Caroline, cuyos vigilantes no sospechan poder ser atacados por la retaguardia boscosa, por donde precisamente los españoles acometen. En cuestión de minutos la plaza es suya, y tiene lugar un juicio sumarísimo en el que los niños y las mujeres son indultados, y los hombres ajusticiados.

Menéndez deja el fuerte, al que rebautiza como San Mateo, bajo guarnición española, y regresa a San Agustín. Las formidables tormentas han menoscabado a la flota francesa, y las tropas, al mando de Ribault, divagan por la región, errabundas y desorientadas.

De nuevo el Adelantado encuentra la ocasión para consumar su plan. Guiado por nativos localiza a la tropa francesa, la ataca y la reduce en otra breve refriega. La pieza más codiciada, el capitán Jean Ribault, se apresura a ofrecer cien mil ducados por su liberación, contestando Menéndez «que a él le corresponde la conquista y población de estas tierras en nombre de su Rey, y plantar en ellas el Santo Evangelio. Y que a ellos no les queda otra opción sino entregarse incondicionalmente». Al siguiente día se juzga y ejecuta sumariamente a los soldados, a excepción de 16 que se declaran católicos. En el lugar del patíbulo se colocó un cartel con la siguiente leyenda: «No por franceses, sino por luteranos». El saldo final fue que, de los 12 barcos y mil franceses llegados a estas costas, solo pudieron volver a Francia 50 personas y dos navíos.

La acción implacable solo puede enjuiciarse en el contexto del siglo XVI, cuando luchaban ferozmente por la hegemonía los nuevos Estados europeos, y en lo espiritual las religiones protestante y católica, de la cual España se erigió en adalid y brazo armado. Tan candentes ingredientes se vertieron sobre La Florida, y Felipe II agradeció que Menéndez, de un solo golpe, extirpara la herejía y la amenaza política, antes de que pudieran propagarse. Si fuera cierto que en política resultados justifican medios, en este caso la consecuencia fue que Francia se alejó de la Florida española, y tardó cien años en volver a asomarse por sus costas.

La olvidada historia de los españoles en Estados Unidos, en diez hitos


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  • Nuestro país dominó durante tres siglos amplios territorios norteamericanos desde el Atlántico hasta el Pacífico
 M. TRILLO Estatua de Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín (Florida), que los Reyes visitan este viernes

M. TRILLO | Estatua de Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín (Florida), que los Reyes visitan este viernes

España dominó vastísimos territorios de lo que hoy son los Estados Unidos de América durante más de tres siglos. Desde que Ponce de León puso sus pies en la península de Florida en 1513 hasta que en 1821 se arrió la última bandera rojigualda, fueron 308 años de dominio hispano que se extendió desde el Atlántico hasta el Pacífico. Hay incluso quien sitúa el inicio de esa historia unos años antes, en 1508, con la llegada a la isla de Puerto Rico, hoy considerado suelo estadounidense.

La presencia española se extendió por la mitad de lo que ahora es EE.UU. e incluyó una amplia franja en el sur norteamericano, en los actuales estados de Texas, Luisiana, Arizona o Nuevo México, pero también mucho más al norte, hasta la propia Alaska.

Sin embargo, la posterior hegemonía anglosajona, primero en las colonias británicas de la costa este y luego en los Estados Unidos nacidos tras la Guerra de la Independencia (1775-1783), eclipsó esa importante parte de la historia norteamericana. Tampoco en los españoles, más volcados en su legado en Iberoamérica, han prestado mucha atención a su pasado al norte de México y hoy son desconocidos para muchos de ellos grandes figuras de aquellos siglos como Pedro Menéndez de Avilés o Bernardo de Gálvez.

En los últimos años, sin embargo, distintas publicaciones y acciones divulgativas a ambas orillas del Atlántico están reivindicando esa parte de la historia. La visita de los Reyes a Estados Unidos este viernes a San Agustín -la ciudad más antigua del país, fundada por los españoles hace 450 años- tiene también, entre otros objetivos, rescatar del olvido aquella etapa fundamental.


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Recreación en Florida del desembarco de Ponce de León en 1513

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Mapa de 1707 de Pieter van der Aa sobre la expedición de Vázquez de Ayllón

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Un enorme mojón marca el comienzo de la ruta de Hernando de Soto en 1539 en la bahía de Tampa

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El Gran Cañón del Colorado, descubierto por López de Cárdenas en 1540

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La bandera con el aspa de Borgoña ondea sobre el castillo de San Marcos en San Agustín (Florida)

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La misión de El Álamo, en San Antonio (Texas), tiene origen español

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Nueva Orleáns pasó en 1763 a manos de los españoles con el resto de la Luisiana francesa

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Pintura en Los Ángeles de fray Junípero Serra, figura clave en la historia de California

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Augusto Ferrer-Dalmau da las últimas pinceladas a la figura de Bernardo de Gálvez en un cuadro

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La ciudad Cordova, en Alaska, lleva en su nombre una inequívoca impronta española

El galeón ‘San Pelayo’, de vuelta a La Florida


web

  • El proyecto, encargado en 2009 a la Asociación Asturiana de Modelistas Navales, fue rematado por personal del Museo Marítimo de Asturias
  • En la réplica del barco se emplearon más de 3.000 horas de trabajo y otras mil de investigación

Réplica del galeón real San Pelayo

La réplica, a escala 1:30, del galeón real ‘San Pelayo’ que trasladó a Pedro Menéndez de Avilés a las costas de Florida en 1565, recibe estos días los últimos retoques en el Museo Marítimo de Asturias, con sede en Luanco. La pieza será un regalo del Ayuntamiento de Avilés a la ciudad hermanada de San Agustín de la Florida, en un acto que se celebrará a finales de febrero, con la participación de una delegación avilesina para su entrega.

No se trata de un simple obsequio, ni de una simple maqueta. Es una pieza única en cuya construcción fueron empleadas más de 3.000 horas de trabajo y otras mil más en su investigación, durante cinco años. El proyecto fue encargado por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Avilés a la Asociación Asturiana de Modelistas Navales en 2009. Los encargados de su ejecución fueron José Luis Méndez y Santos Yagüe, siendo rematada por el personal del museo. Para su confección, se hizo preciso consultar numerosos archivos, tanto del país como de Portugal, para recabar toda la información precisa y reproducir al mínimo detalle el barco original.

Así, explica Santos Yagüe, al no conocer los datos originales, existían discrepancias sobre la documentación existente respecto al tonelaje de la nave, que llevaba a bordo 600 personas entre marinería y colonos.

Las dimensiones reales del ‘San Pelayo’, construido en Guipúzcoa eran de 34,27 metros de eslora; la manga de 10,03 metros y un puntal de bodega, de 5,01 metros. En cuanto a los materiales empleados, son los empleados en la época: la quilla de haya, la obra viva de roble y el resto de elementos, de abeto y nogal. Desde su punto de vista, la réplica es una reproducción fidedigna de lo que en su día pudo ser el barco con los datos del arqueo a los que hubo acceso.

Para resumir, dicen los expertos, es una nave dotada de una gran bodega para barcos de carga de guerra para protegerse de los ataques. Por su lado, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Avilés, Román Álvarez, aseguró que la iniciativa surge con motivo de la conmemoración de los 450 años de la fundación de la ciudad de San Agustín de la Florida. «El encargo del trabajo es muy importante por la rigurosidad de los norteamericanos con estas piezas históricas para que puedan ocupar un espacio museístico. Estamos orgullosos del trabajo espléndido realizado. Es un barco emblemático».